Opinión

Después de 16 meses, la mayoría del pueblo peruano ha estado confinada por una pandemia criminal y globalizada. Pero menos mal que no hay mal que dure cien años y se calcula que la disminución efectiva de contagios y que la “inmunidad de rebaño” se lograrán el 2023, en buena medida gracias al proceso de vacunación.

Adelantándose a esa victoria, poco a poco empiezan a organizarse eventos presenciales con la tranquilidad de estar vacunados y de seguir manteniendo los protocolos de rigor, como el uso de mascarillas y el respeto a la distancia física. Esto sin duda, se debe a que el riesgo de contagio es menor así y porque ya estamos todos más que hartos de llevar una vida por Zoom u otra plataforma, con el consiguiente cansancio visual y el estrés que eso conlleva. Simplemente queremos salir de nuestras casas, ver gente y respirar algo de aire libre.

En ese sentido, la Cámara Peruana del Libro ha organizado en formato mayormente presencial la Feria de Libro de Miraflores “Comparte la tradición” del 23 de julio al 4 de agosto. El evento se realiza en un lugar emblemático, el céntrico Parque Kennedy, y tiene como país invitado a Colombia.

En celebración al Bicentenario de nuestra República habrá una presencia importante de autores peruanos y convivios y conversatorios sobre figuras y temas actuales. Por ejemplo, destacan las presentaciones honrosas como la que se hará en homenaje al gran escritor Miguel Gutiérrez de Aníbal Meza Borja (editor), titulado Miguel Gutiérrez (1940-2016). En este caso los comentarios estarán a cargo de Maynor Freyre y Jorge Valenzuela.

Otra actividad que estará a la altura de una mega celebración Bicentenaria es la presentación del libro El zorro y la luna del poeta José Antonio Mazzotti. Los comentarios los harán la poeta y crítica Andrea Cabel y el narrador del Bicentenario y de la migración a los Estados Unidos, el profesor Eduardo González Viaña.

Asimismo, para seguir con el género lírico, tenemos la presencia de Miguel Idelfonso quien comparte la publicación de su nuevo libro, los Comentarios irreales, en clara alusión paródica al Inca Garcilaso. En esta actividad, serán los poetas Paolo de Lima y Paul Forsyth quienes presentarán la obra de Idelfonso.

Esta inspiradora feria también cuenta con invitados especiales de Colombia, como los poetas Jotamario Arbeláez, Andrea Cote Botero, Amparo Osorio, José Luis y Federico Díaz-Granados y Ramón Cote Baraibar.

Será una buena ocasión para ir pulseando el ambiente y disfrutar de novedades editoriales en carne y hueso, o en papel y tinta. Después de casi año y medio de virtualidad, bien nos merecemos un descanso.

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Feria de Libro de Miraflores, Pandemia

El IEP es contundente en su última encuesta: 85% pide que Cerrón (es decir, el ala radical) no participe en el nuevo gobierno; 58% aprueba algunos cambios constitucionales y solo el 23% quiere una nueva Carta Magna; 61% pide mantener el modelo económico y apenas el 23% pide un cambio total.

Lo mismo sucede con la última medición de Datum. Sobre las prioridades que debe tener el gobierno de Castillo, el 44% estima que debe ser la reactivación económica, 41% mejorar el sistema de salud, 35% mejorar la calidad de la educación, 35% luchar contra la corrupción, 21% luchar contra la delincuencia, y un reducidísimo 9% convocar a una Asamblea Constituyente.

Por si fuera poco, un 72% considera que el gobierno debería seguir un modelo de libre empresa, solo 12% el plan de Francke y un misérrimo 4% el programa de Cerrón.

Asimismo, Pedro Castillo empieza su gobierno con una actitud desfavorable del 19% y muy desfavorable de 16% de la opinión pública. En general, positiva de 40% y negativa de 35%. No va a tener luna de miel por parte de la ciudadanía.

Finalmente, respecto de la conformación de la Mesa Directiva del Congreso un 52% considera que debe serlo por alguien que no pertenezca a Perú Libre y solo un 35% que la debe ocupar algún adscrito al partido de Cerrón.

A buen entendedor, pocas palabras. Parece difícil que Castillo renuncie de facto a su pretensión constituyente y todo hace suponer que aprovechará su mensaje de Fiestas Patrias para anunciarlo, pero pronto deberá recalar en que socialmente es indeseable y políticamente es inviable (ni siquiera la bancada más izquierdista del centro, como es la de Acción Popular, le ha dado apoyo en ese tema).

Los arrestos radicales deberían quedar como un saludo a la bandera, un intento que de antemano se sabe inocuo, al que Castillo quizás se sienta obligado para cumplir con una parte de sus electores, pero con la conciencia clara de que va a abortar prontamente. Claramente, el país no acompaña a Castillo en ese proyecto y felizmente el Congreso parece que tampoco lo hará en lo que claramente es un dislate político.

Castillo debe entender ello no como una traición a sus postulados sino como un necesario giro al centro que la realidad le impone. Es de buenos políticos entender que la ideología no puede estar por encima de los hechos.

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Asamblea Constituyente, Congreso, Pedro Castillo

El 23 de enero de 1822 el General Don José de San Martín instituyó la “Orden del Sol” para reconocer a las mujeres que se habían distinguido por sus contribuciones a la gesta independentista. Fueron condecoradas en total 193 mujeres con el grado de Caballeresas del Sol y el decreto acordado señalaba:

Las Patriotas que más se hayan distinguido por su adhesión a la independencia del Perú, usarán el distintivo de una BANDA DE SEDA BICOLOR BLANCA Y ENCARNADA que baje del hombro izquierdo al costado derecho, donde se enlazarán con una pequeña borla de oro con las armas del Estado en el anverso y esta inscripción en el reverso: “AL PATRIOTISMO DE LAS MÁS SENSIBLES”

Este fue el primer y único reconocimiento hasta la primera mitad del siglo XX que de manera oficial la naciente República del Perú le confirió a las patriotas en recompensa a sus hazañas y sacrificios. Entre las premiadas se encontraron valerosas mujeres que realizaron labores de espionaje, logística, acciones armadas y algunas que empeñaron sus bienes para apoyar la causa patriótica.

Las acciones en las que se involucraron trastocaron los roles tradicionales de madres, esposas e hijas, así como sus ámbitos de acción que traspasaron de lo doméstico a lo público. A pesar de ello, sus hazañas fueron interpretadas desde el contexto social y político del patriarcado, en el que las mujeres eran sujetos subordinados en su relación con un otro, es decir, en tanto; esposas, madres o hijas.

Un fragmento de la argumentación del decreto señalaba lo siguiente:

“El sexo más sensible naturalmente debe ser el más patriota; el carácter tierno de sus relaciones en la sociedad, ligándolo más al país en que nace, predispone doblemente en su favor todas las inclinaciones. Las que tienen nombres expresión de madres, esposas e hijas no pueden menos que interesarse con ardor en la suerte de los que son su objeto.

El bello sexo del Perú, cuyos delicados sentimientos revelan sus atractivos no podía dejar de distinguirse por su decidido patriotismo al contemplar que bajo el régimen de bronce que no han precedido, sus caras relaciones en general sólo servían para hacerle sufrir mayor número de sinsabores de parte de los agentes de un gobierno que a todos hacía desgraciados a su turno…”

Las patriotas condecoradas fueron mujeres que arriesgaron sus vidas en campos de batalla o formando parte de las complejas redes de información y espionaje a través de las cuáles se logró adelantar los pasos del ejercito realista. Un ejemplo de ello es Manuela Sáenz quien participó activamente de las batallas de Pichincha y Ayacucho o Rosa Campusano y Brígida Silva de Ochoa quienes organizaron importantes corredores de información, entrando a peligrosas prisiones como la del Real Felipe.

Los valientes actos que protagonizaron fueron cubiertos por la aparente naturaleza de lo “bello”, lo “delicado” y lo “tierno”, un corset que fue enterrando progresivamente sus roles históricos en el tiempo y en un horizonte de sentido patriarcal y machista que terminó por hacerlas desaparecer.

Casi un siglo después, durante el centenario de la independencia, el Presidente Leguía deslizó que la condecoración concedida por San Martín le fue otorgada a varias mujeres que no lo ameritaban, sobre ello señaló lo siguiente: “se distribuyó con más galantería que discreción, haciéndola extensiva a las más bellas y amables damas, lo que dio motivo a murmuraciones mujeriles que no se han apagado todavía”, agregó refiriéndose a Manuela Sáenz que “vegetaba por su escandalosa conducta, sumida en plena excomunión social”.

Cabe preguntarse a casi 200 años de ese primer reconocimiento el por qué no somos capaces de recordar y reconocer sus nombres y sus hazañas a diferencia de las de los héroes varones. Cabe preguntarse también el por qué ese reconocimiento no se transformó en una conmemoración anual como tantas fechas que nos recuerdan los protagonismos masculinos.

A 200 años de esa primera y bien intencionada condecoración, toca hacer el intento de exhumar esas 193 historias de coraje, es tiempo de leerlas y reinterpretarlas desde el presente, de restituirles la agencia de quienes decidieron formar parte de la construcción de una nación con autonomía e integridad.

Es este Bicentenario una oportunidad para reconocer en ellas el coraje que tuvieron en dar batalla a algo más grande que una guerra, pues ellas lucharon contra un sistema, un sentido común y un horizonte cultural. Estoy segura que hoy en día, la banda bicolor que tuvieron como condecoración llevaría la frase: “Al patriotismo de las más rebeldes”

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José de San Martín, Manuela Sáenz, Orden del Sol

Inmediatamente después de la proclamación como Presidente de la República del profesor de Primaria Pedro Castillo Terrones, natural de Chota (una de las trece provincias de la histórica y hermosa región Cajamarca), una melodía, alegre y saltarina, tocada con acordeones y guitarras acústicas, comenzó a sonar. Frente a la Casa del Maestro, en Paseo Colón. En la Plaza de Armas de Chota. En las redes sociales. Un huayno de carnaval que muchos jóvenes limeños conocimos, a comienzos de los años noventa, a través del comercial de una conocida marca de cerveza, grabado precisamente para Fiestas Patrias.

«Tenemos un desafío, paisano. Tenemos un desafío, paisano. Hay que hacer un Perú grande, paisano. Para todos nuestros hijos, paisano…» entonaban, acompañados por la Orquesta Sinfónica Nacional, Los Campesinos, un conjunto cusqueño/andahuaylino muy popular en toda la sierra sur y en los enclaves de migrantes integrados a la capital desde los años cincuenta –Wilfredo Quintana, uno de sus fundadores, falleció en junio del año pasado– pero que, para el público limeño de la época, eran solo unos señores sin nombre, quizás actores, y su aparición en la tanda publicitaria de los cuatro o cinco canales de televisión que existían en esos años (no había cable ni internet) no trascendía más allá de la anécdota, la tonadilla pegajosa, el mensaje positivo, la superficial y siempre dudosa intención “inclusiva” de publicistas con buen ojo oportunista para aprovechar las olas de patriotismo que se levantan cada mes de julio para vender más.

El tema, que lleva por nombre El Cilulo (o simplemente Cilulo), es el más representativo del cancionero folklórico cajamarquino, infaltable durante las festividades de la última semana de febrero, en pasacalles, coliseos y patios de casas donde el carnaval se celebra(ba) a todo dar. La paternidad del Cilulo se la disputan, desde hace décadas, las provincias de Celendín y Cajabamba, aunque según los expertos hay más de una evidencia de que se trata de un himno “shilico” (así se autodenominan los nacidos en Celendín, cuyo gentilicio oficial es celendino).

Una de las particularidades del Cilulo es que no tiene una letra fija. Las coplas, de tono pícaro y costumbrista, cambian según la inspiración de las comparsas, aunque siempre conservan elementos comunes, usados para describir un tradicional cortamonte. Hay distintas versiones del significado de “cilulo”. Mientras que algunos dicen que es un árbol, otros dicen que se trata de uno de los aparejos del jinete de caballos de paso. Una tercera teoría afirma que “cilulo” era un muñeco que se ubicaba junto al árbol durante la danza, previa al ritual de echárselo abajo a machetazos. Toda una interesante discusión en la que confluyen elementos artísticos, simbologías locales, costumbres familiares y leyendas rurales, en el marco de una celebración pagana, el carnaval, en su versión mestiza de sabor nacional.

Este contraste de la popularidad del Cilulo –máxima en Cajamarca; mínima en Lima-, es solo una de las tantas muestras de la profunda y normalizada desconexión entre lo provinciano y lo capitalino que nos caracteriza como país desde hace mucho tiempo. Un himno en toda Cajamarca, que corona las fiestas carnavalescas desde los años cuarenta (hace 80 años) pero que en Lima apenas es reconocido por algunos círculos de estudiosos, melómanos y gente más o menos interesada en la música nacional. Eso sin mencionar, por supuesto, a los miles de descendientes de cajamarquinos nacidos y establecidos en Lima, limeños de padres y abuelos provincianos. No es que sea una novedad esa desconexión. O un descubrimiento. Es, sencillamente, una lamentable demostración de la grieta cultural que aún está pendiente de resanarse en nuestro país. Nos divierte la tonada, pero no sabemos ni su nombre ni su origen. No es el único caso.

Guillermo Salazar Pajares es un nombre que al limeño promedio no le suena absolutamente a nada. En Cajamarca es conocido como «El Frank Sinatra del Carnaval». Desde los años setenta, Salazar Pajares compone y canta huaynos, parrandas y carnavales para que salgan las patrullas cada febrero a encender calles y plazas, con sus animadas rondas y coloridos trajes típicos. Don Guillermo y su Conjunto ha puesto la música en los festejos de su tierra desde muy joven, siempre con su güiro en la mano y flanqueado por sus principales vocalistas: Violeta Valdez y Carlos Izquierdo, con quienes compartía micrófono en grabaciones para sellos como Odeón del Perú e Iempsa. Lamentablemente, don Carlos –a quien llamaban cariñosamente “Che Carlitos”- falleció en el 2014 y doña Violeta, en febrero de este año, víctima de COVID-19. Aquí los vemos en una de las tantas versiones que hizo Don Guillermo y su Conjunto del popular Cilulo.

Otro importante intérprete de folklore cajamarquino fue Miguel Ángel Rubio Silva, más conocido en el ambiente artístico como El Indio Mayta. Sus LP, publicados por la desaparecida compañía discográfica Fabricantes Técnicos Asociados (FTA), junto a su grupo Los Huiracochas, tuvieron mucho éxito en la década de los setenta, en que la migración del campo a la ciudad y el gobierno de Velasco dieron mucho espacio a opciones musicales vernaculares. Pero, otra vez, las sombras de la discriminación y el centralismo convirtieron al Indio Mayta en poco más que un personaje pintoresco. Los niños limeños supimos de su existencia por la imitación que, de él, hacía el recordado cómico Miguel Ángel «Chicho» Mendoza, en el programa Risas y Salsa, de gran parecido físico con el cantante. Siempre con su bombo y vestido de campesino, El Indio Mayta soltaba su característico saludo «usshhhaa» y cantaba (La) Matarina, otra melodía clásica de las fiestas cajamarquinas. El popular cantautor falleció el 2010, a los 78 años, en la más absoluta pobreza y abandono estatal.

Aunque su popularidad en Lima es infinitamente más pequeña que en el interior, Matarina –composición del violinista cajamarquino César Ramiro Fernández Bringas-, tuvo en algún momento cierta presencia entre públicos capitalinos más jóvenes. Pepe Alva y Jean Paul Strauss, cantautores pop surgidos en los años noventa, la grabaron en el 2001 y 2008, respectivamente. Mientras que la versión de Alva, quien inició su carrera en los Estados Unidos, tuvo mediana aceptación entre los consumidores de pop-rock convencional en onda «fusión»; la de Strauss es un mamotreto intragable, un insulto a años de tradición musical de la Capital del Carnaval en el Perú.

Así como Don Guillermo y su Conjunto o El Indio Mayta y Los Huiracochas, agrupaciones como Los Reales de Cajamarca, Los Alegres de Bambamarca (Hualgayoc) o Los Tucos de Cajamarca, con trayectorias que superan, en el caso de los primeros y los últimos, las cuatro décadas, son extremadamente populares entre sus paisanos, pero han pasado desapercibidas para la “oficialidad” capitalina. Esta dinámica se cumple, por cierto, en todas y cada una de las regiones del interior del país, con casos excepcionales de personajes que lograron instalarse en los gustos limeños, ya sea por su talento, logros artísticos o por simple y llana casualidad, usados como símbolo efectista de la engañosa “inclusión” con la que muchas veces se trata de asolapar la discriminación y racismo aun vigentes entre nosotros. Así, por ejemplo, tenemos el caso de Silverio Urbina, cuya canción Mi linda flor –escrita por el cantante Tomás Pachecho, hermano de Lucio Pacheco, conocido intérprete de huaynos en arpa- se convirtió, desde el 2005, en el equivalente moderno de La Matarina, un huayno alegre que se coló entre las cumbias norteñas, el Jipi Jay y Bareto en discotecas, setlists de Spotify y horas locas faranduleras.

Pero no todo es folklore en Cajamarca. Bandas como Gredel (pop-rock), Karikatumba, Parque Catarsis (hard-rock), Nueva Dirección, Padme (punk), Kaliko y sus Kaliches (rock), La Kuchanguita (reggae), Ruido Negro o Ácido Instinto (new wave) son conocidas por las juventudes rockeras de la región, pero totalmente invisibles en Lima. Lo mismo ocurre con un interesante proyecto de música electrónica llamado DMTH5, de la cineasta y comunicadora Irma Cabrera Abanto, que ha tenido repercusión en diversos festivales de arte vanguardista en otros países. Estos exponentes del pop-rock cajamarquino, son solo las puntas del iceberg de una escena en eterna búsqueda de espacios para mostrarse, aun cuando algunos suenan incluso mejor que muchos encumbrados grupos limeños (gracias a mis amigos/informantes Carlos Terán, Wilder González y John Pereyra por la información sobre esta activa escena regional).

Solo 900 kilómetros separan a Cajamarca de Lima pero, en términos de reconocimiento e identidad, estamos a años luz de distancia. Y es que en realidad no importa cuántas veces se hable, mediáticamente, del orgullo y la pluriculturalidad. Estos artistas y sus canciones siguen siendo vistos, desde Lima, como esfuerzos artísticos ajenos, lejanos, exóticos, que una gran mayoría de limeños ve casi con ojos de turista o investigador desapegado de aquello que no consideran propio porque no es igual a ellos. Una patética metáfora que también explica el rechazo visceral de ciertos sectores hacia el Presidente electo, a escasos días de que asuma su puesto en Palacio de Gobierno.

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Cajamarca, Música, Pedro Castillo

Si la necedad de algunos líderes parlamentarios de Fuerza Popular o Renovación Popular, en el afán de presidir sí o sí la próxima Mesa Directiva del Congreso, hace que naufraguen las negociaciones con las bancadas del centro y éstas terminen acercándose a Perú Libre, la ausencia de contrapesos al Ejecutivo será directa responsabilidad de la derecha peruana.

En la práctica, luego de la deserción del congresista Héctor Valer, la izquierda tiene 43 parlamentarios, el centro 44 y la derecha 43. Las negociaciones, tal cual se han planteado hasta el momento, incluyen la pretensión de Perú Libre de presidir el Congreso y lo propio por parte de la derecha, pero ha surgido la intención de los congresistas del centro (Acción Popular, Alianza para el Progreso, Podemos, Somos Perú y morados), de unirse y aspirar a lo propio.

Lo sensato por parte de la derecha es ceder en sus pretensiones maximalistas y entender que lo más importante en estos momentos es consolidar un grupo parlamentario de centroderecha que sume 87 votos, una cifra políticamente significativa, porque basta ese número de parlamentarios para elegir magistrados del Tribunal Constitucional, directores del BCR… y para vacar al presidente Castillo.

Ese mensaje es potente si el presidente electo se pretende zurrar en la Constitución para llevar a cabo el malhadado intento de convocar a una Asamblea Constituyente por fuera de los cánones que la propia Constitución establece. Y además sería muy importante que la mayoría del país encuentre cabal representación en la primera Mesa Directiva (todas las encuestas muestran con claridad que las tesis radicales de Perú Libre son aprobadas por una minoría).

Castillo debe entender que la moderación de sus propuestas económicas y su acotamiento de una Asamblea Constituyente son la piedra de toque básica para poder gobernar sin sobresaltos. Si el Congreso soberanamente le da el mensaje de contrapeso necesario con una Mesa Directiva no oficialista habremos empezado ese camino posible en mejor término que si la terquedad de algunos congresistas de la derecha termina entregándole el triunfo al lápiz.

Se vienen tiempos difíciles. El gobierno entrante está demasiado cargado ideológicamente y alberga un sector radical que pretende imponerse al resto. Si desde adentro Castillo no sabe cómo resolver ese problema, pues desde fuera deberá recibir un mensaje político claro y contundente que por ese sendero no se llega si no a punto muerto de gobernabilidad.

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Asamblea Constituyente, Hector Valer, Pedro Castillo

Marvel lo hizo de nuevo, estrenó Black Widow, film sobre la superheroína de los Avengers, pero terminó dejando bajo la sombra a uno de los personajes femeninos más populares del séptimo arte. La película de empoderamiento femenino que se convirtió en una propaganda americana, sobre una guerra que ya dejó de ser fría muchas décadas atrás, enterró al personaje más sexualizado de las historietas de cómic cuando pretendía salir de esa clasificación. Repitiendo el fracaso que tuvo con La Capitana Marvel en el 2019. 

Los fans del personaje de Marvel cumplieron el sueño de ver a la actriz Scarlett Johansson en su propia película. La ansiada cinta por la que sus seguidores esperaron 10 años, hoy viene luchando por consolidar el buen resultado que obtuvo en la primera semana. Sin embargo, las cifras de recaudación van descendiendo.

El film nos cuenta una historia que no aparece en los cómics. El origen de Natasha Romanoff y de su hermana Yelena Belova, esta última se entiende tomará la posta luego de la muerte de la protagonista en Avengers: Endgame. Ambos personajes aún niñas huyen de Ohio para refugiarse en la isla de Cuba con quienes han fungido de ser sus padres en tierras gringas. 

Para ponernos en contexto, en el universo Marvel, las viudas negras son mujeres secuestradas desde la infancia en Rusia con el fin de convertirlas en asesinas profesionales. Para tal propósito, reciben entrenamiento en la Habitación Roja que se encuentra en la isla caribeña. Natasha Romanoff es una desertora de esta organización soviética y convertida en agente de S.H.I.E.L.D. junto a los Avengers.

American Pie, la popular canción de Don MacLean se convierte en leitmotiv en este film, a pesar que el significado cuestiona el sentido del sueño americano. Además se inicia la cinta bajo los acordes de  Smell Like Teen Spirit de Nirvana, interpretada por Malia J. Tema que escribió el desaparecido Kurt Cobain, representación emblemática del grunge. También contrario al mensaje de esta historia. 

David Harbour que da vida a Alexei Schostakov, el Guardián Rojo, se le conoce por su papel de Jim Hopper en Stranger Things e interpreta al papá en esta historia. Por otro lado la oscarizada Rachel Weisz caracteriza a Melina Vostokoff, una viuda negra que finge ser la madre de las menores. Si Eric Pearson, el guionista, pretendía exhibir dimensiones antes no vistas en los personajes de cómics. Quizás concentró sus esfuerzos en esta dupla y no en la estelar. 

El Guardián Rojo transita por una línea de tiempo que marca cambios significativos dentro de su conducta y accionar. Existe un primer personaje que es el padre abnegado, luego el traidor que entrega a sus niñas a las que primero defiende con su propia vida. Para por último convertirse en un redimido hombre cantando American Pie. Sin embargo, derrocha una energía sobrenatural capaz de arrancar un portón de metal en la prisión donde se encontraba, sin explicar por qué no lo hizo antes para evitar sus años de reclusión. Sumado al primer escape que protagoniza abrazado en el ala de un avión que llegó hasta Cuba.

El mismo proceso lo tiene quien simulaba ser la madre: Melina y aunque resulte predecible las letras de su guión, genera más interrogantes a lo largo de la historia. En un primer momento se desconoce si su personaje ha sobrevivido al escape hacia Cuba, en el reencuentro, tampoco se tiene en claro si será una aliada o no. Así transcurre el devenir de una científica que busca controlar las mentes femeninas en beneficio del general Dreykov.

Por más que esta esperada entrega haya sido dirigida por una realizadora, Cate Shortland, como fue la voluntad de la misma Scarlett. Las escenas principales transcurren en un sinfín de peleas que poco hablan de la esencia del personaje y más bien mucho de las destrezas físicas de la misma. No hay un punto divergente en lo que ya se ha visto antes, salvo por un par de situaciones comunes como el brindis, cerveza en mano de ambas protagonistas o la burla de Yelena ante la postura de pelea de Natasha. 

Florence Pugh quien interpreta a Yelena Belova en cambio, es un personaje al que se le ha permitido explorar de manera más natural en sus emociones. La propia actriz además se rehusó a bajar de peso para este largometraje, en clara respuesta a la cosificación que Marvel Studios impone aún a sus personajes femeninos. A pesar de pretender exhibir esta entrega  como una película feminista. 

Black Widow era la carta que tenía MCU bajo la manga para contrarrestar la crisis producida por la pandemia. Los estudios cinematográficos no habían presentado ningún estreno por más de un año. Hoy con los números en contra, la plataforma de Disney, dedicada a su distribución,  evalúa liberar el film para sus suscriptores. Mientras tanto Johansson celebra el poder presentar un personaje con mayor profundidad, según sus declaraciones. Aunque en la pantalla se traduzca otra cosa. 

BLACK WIDOW, Scarlett Johansson as Black Widow, 2021. © Walt Disney Studios Motion Pictures / © Marvel Studios / Courtesy Everett Collection

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Black Widow, Marvel, Scarlett Johansson

“Es breve como un haiku y en cada palabra se oculta parte de un tesoro”. ¿Qué es? La adivinanza (bueno, en este caso una meta adivinanza). Nada como una buena adivinanza para revivir la nostalgia por la infancia, etapa en la que el comercio con textos de esta laya es fluido y, por qué no decirlo, natural.

Las adivinanzas son textos breves que, como su nombre indica, invitan a un desciframiento basado en la asociación y en el destejido de las imágenes. En el fondo, yace un acertijo. Y un acertijo es la mejor vitamina que existe para la curiosidad por revelar algo que permanece oculto.

La adivinanza requiere de varios elementos. La brevedad sería uno muy distintivo de su naturaleza textual: su lectura debería tomar menos de un minuto y en rigor, no exceder cuatro o cinco versos cortísimos. Otro es el humor, el sentido lúdico que implica acercarse a un objeto desde conceptos sorpresivos o insospechados.

Cada adivinanza, además, es un banco de oro retórico que pone a prueba el ingenio de creadores y lectores para desentrañar símiles, metáforas, sinécdoques o hipérboles, un campo en el que el lenguaje es juego y diálogo, un espacio en el que la interpretación se parece muchísimo a una aventura.

Esta práctica, tan antigua como el lenguaje usado con fines imaginarios, ha dado lugar a términos como “adivinancero” (acuñado por Concha Fernández y José Luis Garfer), que siguen la pauta de similares como “cancionero” o “romancero”. Con total humildad propongo aquí el de “adivinario”.

Estos apuntes y su evidente entusiasmo vienen motivados por la lectura de Adivinación. Adivinanzas de la costa, sierra, selva y mar peruano, del docente José Respaldiza Rojas, un repertorio de adivinanzas de tema nacional, muy propicio en esta coyuntura, en la que adivinar será una actividad muy intensa.

Las adivinanzas creadas por Respaldiza, autor de referencia en la literatura infantil peruana, cumplen cabalmente y más con la alquimia del género. Breves, ricas en asociaciones ingeniosas, metáforas sugerentes y, sobre todo en humor curativo y satisfactorio, en esa impecable sonrisa que provoca llegar –sin tropiezos o con ellos– a la solución.

Un poco de intriga y de ludismo no mata en este bicentenario. Sobre todo si se trata de adivinanzas que nos permiten revelar criaturas, plantas, personajes e incluso algunos platillos de ese mosaico a veces incomprensible pero siempre fascinante que es el Perú. Y para celebrar este adivinario, les dejo aquí unos botones de Respaldiza. Soluciones la próxima semana (aunque si se compra el libro se ahorrará la espera). Aquí vamos:

1

Plumaje muy blanco,

un pico con bolsa,

de vuelo rasante,

gran ave verás.

2

Esbelta, preciosa, 

de fino pelambre,

es viajera andina

de veloz pezuña.

3

Obrera molesta,

mielera oscura,

recoge volando

pero es muy bravaza

4

Nacido marino,

cabalgo en el agua,

jamás yo relincho,

tras algas acampo.

José Respaldiza Rojas. Adivinación. Adivinanzas de la costa, sierra, selva y mar peruano. Lima: Intermezzo Tropical, 2021.

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Adivinación, Adivinario, José Respaldiza Rojas

El último mensaje de Keiko Fujimori es políticamente equívoco. Si bien reconoce el triunfo de Castillo luego de la proclamación del Jurado Nacional de Elecciones, lo considera a la vez ilegítimo ya que nacería de un presunto fraude en el que la excandidata no deja de insistir con terquedad digna de mejor causa.

A nadie le quedan dudas de que si Castillo se ensoberbece y cree que haber ganado con las justas le otorga el derecho de refundar la República en base a una cuestionable Asamblea Constituyente y además desoye los mandatos de moderación económica, ameritará una dura y férrea oposición democrática desde el Congreso y desde las calles movilizadas, ya que la inmensa mayoría del pueblo peruano no está de acuerdo con la deriva chavista ni nada que se le parezca.

Pero si Castillo se modera efectivamente y además recula en el tema de la Constituyente y la acota a lo que decida el Congreso o a algunas reformas constitucionales puntuales, lo que merece es libertad política para poder trabajar y desplegar un programa económico de centroizquierda dentro de los márgenes de lo viable. Y para ello va a necesitar de cierto respaldo congresal que en principio debería incluir también a la derecha parlamentaria donde recala el keikismo.

Pero Keiko no anuncia eso. Ella anuncia guerra anticipada a un gobernante que considera espúreo. Una vez más no reconoce su derrota, creyendo quizás, equivocadamente, que con ello no va a irritar a las huestes ultras que la han acompañado, sin percatarse de que ese esfuerzo es inútil (ya de inmediato, luego de su reconocimiento bamba a Castillo, han salido voceros extremistas a considerarla una rendida y tibia).

Comete un grosero error político Keiko Fujimori prestándole oídos a la ultraderecha peruana, que por más bulliciosa que sea, es minoritaria y lo seguirá siendo. Es más, fue por haber conservadurizado en extremo al fujimorismo, luego del 2016, que Keiko casi destruyó el partido. Solo una buena campaña de marketing en primera vuelta, sumada al acierto político de reconducirse al centro, le volvieron a dar vida en esta última elección. Debería aprender de su reciente historia si quiere seguir teniendo vigencia política en el Perú.

Lo que corresponde es una oposición keikista firme y hasta recia, pero leal. Y eso pasa, en principio, por considerar su derrota legal y legítima, sin cortapisas ni argucias verbales. A diferencia de algunos politólogos, no creo que Keiko sea ya un cadáver político, pero los pasos que está dando la conducen a pie firme al cementerio.

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Asamblea Constituyente, Keiko Fujimori, Pedro Castillo

Tras quinientos años de resistencia parece que un nuevo tiempo se abre en nuestro continente. Si atendemos a los procesos transformadores que se van suscitando en la región, podemos advertir la puesta en marcha de un movimiento de reivindicación donde el pueblo se empieza a saber dueño de su propio destino. Así lo indica el franco proceso constituyente que se está dando en Chile y que empieza abrirse camino en el Perú.

Que en el Perú, que siempre fue considerado el nudo del imperio, un profesor rural representante de un partido de izquierda llegue por primera vez en la historia a ocupar la presidencia de la república en elecciones limpias y democráticas, que otra profesora, esta vez Mapuche (una de las culturas que más embates ha recibido y que mejor ha sabido resistir al colonialismo) presida la asamblea constituyente en Chile, que en Bolivia haya vuelto a ganar democráticamente el gobierno el partido de izquierda de Evo Morales; que en Argentina nuevamente la izquierda haya llegado al gobierno, que el pueblo colombiano haya despertado de un largo letargo y haya tomado las calles para dar inicio a un nuevo movimiento de generación de poder popular. Todos esos son signos que un nuevo tiempo se abre ante nosotros.

Un nuevo proceso de giro a la izquierda se ha inaugurado en nuestro continente. Uno que reclama un nuevo pacto social que termine de derrumbar las viejas estructuras de dominación (mercantilismo, corrupción, desigualdad, injusticia, etc.). Se abre paso un tiempo constituyente donde el pueblo, consciente por primera vez de su real poder y decidido a ser el dueño de su destino, pugna por nueva renovar las constituciones, muchas de ellas hijas de la dictadura, que se impusieron a fuego y sangre.

Las fuerzas conservadoras y reaccionarias de una oligarquía que sólo sabe cuidar sus propios intereses prefieren cerrar los ojos ante esta marea incontenible de cambio. No soportan haber perdido el control de un pueblo insumiso que se sabe el protagonista de la nueva hora que vivimos. Hoy como ayer es presa del temor de perder sus privilegios porque son incapaces de aceptar la igualdad entre los individuos y ciudadanos. Cuando hace doscientos años construyeron una república a su medida, montada sobre la base de la sociedad colonial, no imaginaron que sus herederos dos siglos más tarde siguieran manteniéndose tan ciegos como ellos. Creyeron que las cifras macroeconómicas, esas que ocultaban el dolor, el espanto y la indignidad de la pobreza, eran suficientes para seguir ejerciendo su poder. La pandemia saco a luz la fragilidad de una sociedad construida a base de intereses privados y en soslayo del pueblo. Nunca fuimos capaces de construir ciudadanía.

Hoy toda esa fuerza embalsamada por siglos se ha desbordado. La única manera de encausarla es a través de un proceso constituyente. Existe entre nosotros la necesidad histórica de darnos la chance de decidir sobre nuestro propio destino, de que todas las voces, especialmente las postergadas, puedan ser escuchadas y sus decisiones acatadas. Nunca en la historia del Perú los pueblos indígenas y nativos pudieron participar de una asamblea constituyente. Por eso, seguimos siendo el país excluyente, racista y conservador de siempre.

En el Perú, darle paso al proceso constituyente no sólo significa estar a tono con los nuevos procesos sociales y populares que se van dando en la región, sino que significa también acatar la voluntad popular que votó masiva y mayoritariamente por la opción que trajo como propuesta una nueva constitución. Ahora quienes perdieron las elecciones quieren seguir gobernando y cerrando las puertas a la decisión popular de una nueva constitución, para continuar manteniendo sus privilegios. Se trata de respetar una decisión democrática y abrir el paso a una discusión donde todos podamos participar en condición de igualdad.

Con el nuevo gobierno del profesor Pedro Castillo, se abre la posibilidad real de que el proceso constituyente que ya vivimos encuentre su expresión una asamblea que sea fruto de la voluntad popular y vayamos en el camino de decidir nuestro propio destino. Querrán frenar este proceso aduciendo formalidades legales, pero la discusión en este plano no es sólo legal y jurídica, sino política y social. Más que abogados, que siempre defienden intereses, es momento de escuchar lo que los ciudadanos ya han expresado con la voz y la fuerza de sus votos. Por ello, se torna ineludible arribar a un nuevo pacto donde todos podamos participar y tomar las riendas de nuestro destino.

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Asamblea Constituyente, Pedro Castillo
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