Opinión

Acabo de terminar mi sesión de historia en la PUCP, tocaba el primer gobierno de Alan García, para muchos el gobierno maldito, el peor de todos los tiempos, el que mayor griterío provoca de la derecha, aún peor que con Velasco. A este último le reconocen a regañadientes que a los gamonales se les había acabado el tiempo y que fue la historia la que los dejó atrás.

De Alan, en cambio, dicen que es el socialista a destiempo, el progre desfasado, quien leyó el Antimperialismo y el APRA, debiendo haber leído Treinta Años de Aprismo: “imperdonable, no aprendió de su viejo y sabio maestro”. Lo que pocos recuerdan es que más allá de su heterodoxa postura de destinar el 10% del valor de las exportaciones para pagar la deuda externa y de la obsoleta subvención de precios para aliviar la economía de las familias peruanas, Alan García buscó a la derecha para reactivar la economía a mediados de la década de 1980.

El joven líder aprista se reunió con los 12 hombres más ricos del Perú, encabezados por Dionisio Romero, tan dueño del BCP como su homónimo hijo, el del maletín con los tres millones de dólares para Keiko Fujimori, y acordaron crear un dólar más barato, el recordado dólar MUC, para el empresariado si este se invertía en insumos industriales y colocaban sus ganancias en el Perú. La apuesta era clara: el capital extranjero no llegaría jamás a un país con terrorismo, había que animar al empresariado local y García lo hacía así, de la manera más irresponsable posible pues, sin adecuados mecanismos de fiscalización, el resultado era previsible.

Además, había que conocer un poco la historia del Perú para vaticinar fácilmente el final, los 12 apóstoles no reinvirtieron nada, difícil pedirle al escorpión que no muerda a la rana, e imposible pretender vocación de desarrollo en una clase económica cuyo pingüe negocio, a través de los tiempos, no hemos sido otros sino nosotros. De esta manera, las reservas del Estado, vía dólar MUC, fueron a parar por miles de millones a cuentas privadas en bancos suizos y no volvimos a verlas jamás.

Pero si en algo se equivocó el joven Haya, fue en pensar que las clases medias podían formar parte de un frente revolucionario. De hecho, a la sangría de millones del MUC, se sumaron perro, pericote y gato, y no hacía falta apellidarse Romero para cambiar 4X5 las divisas de la nación. El resultado: para 1987 el Perú se quedó sin reservas y llegaron el caos, la hiperinflación y la nacionalización de la banca. El país estaba quebrado.

Por eso, cuando veo la blanquirroja peruana asociada a una candidata, solo puedo colegir que se trata de los de siempre, de los que gritaron “libertad” a los cuatro vientos cuando les quitaron sus bancos después de que nos dejaron sin un duro, los mismos cuyo negocio somos nosotros y que ahora, una vez más, quieren confundir sus intereses con los de toda la nación. Yo no sé si el hombre del sombrero es una alternativa, pero sí sé distinguir una garrapata cuando la veo.

 

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Alan García, Historia, Perú

De mantenerse las tendencias, Keiko debe estar llevándose el triunfo en la jornada del 6 de junio. Quizás ajustadamente, pero favorable a ella. Hay, sin embargo, imponderables que podrían romper el curso de las tendencias señaladas. Aquí, algunos de ellos:

1.- Escándalo por denuncia periodística. Puede surgir de algún medio opositor y armar tal escándalo que le cueste votos. El 2016 la feble denuncia de Cuarto Poder le costó la elección a Keiko.

2.- Sentencia condenatoria ante acusación fiscal contra Keiko o esposo. Es muy improbable, ya que la acusación fiscal recién se ha presentado y tendría que haber una especial indisposición para que el juez acelere el caso sin previo juicio oral.

3.- “Chicharrón” o “nosotros matamos menos”. Keiko no comete errores, por lo general, pero un dislate, un exabrupto, suyo o de algún vocero cercano a la cúpula, puede ocasionarle daño y quitarle pocos puntos, pero decisivos en una elección tan ajustada.

4.- Que siga hablando López Aliaga. El líder de la DBA peruana está aprovechando, oportunistamente, para mejor su posición política en vista de la campaña edil en la que ya ha anunciado que será candidato. Pero su violencia verbal, lo único que hace es refrescar en el pueblo la memoria de los últimos cinco años de virulencia keikista en el Congreso. El comando de campaña de Keiko debería implorarle que se calle o se vaya de viaje.

5.- Que a Keiko le dé Covid. Es un hecho fortuito, pero muy posible dada la cercanía y contacto a la que se obliga la candidata en sus mítines y visitas. Si sale fuera de la campaña dos o tres semanas, pierde la elección.

6.- Que vaquen a Sagasti y se genere una crisis política de envergadura. Ya un congresista vinculado a Castillo pidió su censura. A mayor zozobra, quien cosecha es el candidato disruptivo antisistema, Pedro Castillo. Felizmente no prosperó la peregrina idea, pero harían bien las bancadas mayoritarias en estar advertidas del torvo proyecto detrás de este tipo de iniciativas.

7.- Un debate funesto. Que le vaya pésimo a la candidata de Fuerza Popular en el debate. No parece probable. Por el contrario, quien seguramente va a perder es Pedro Castillo, pero ya vimos que un debate puede incidir (Chota, el segundo debate Keiko-PPK del 2016).

8.- Reactivación del antifujimorismo. Que Keiko haya subido al punto de alcanzar a su contendor ha movilizado a todos los colectivos de izquierda antifujimorista, que suelen ser muy activos en redes sociales y en creatividad publicitaria. El antivoto de Keiko ya no es tan alto y se equipara al de Castillo, así que no parece que vaya a tener mayor impacto, pero siempre es un imponderable que puede mellar su desenlace.

 

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Elecciones 2021, Keiko Fuj, Perú

Patrimonio, género y memoria

Cuando pensamos en las figuras protagónicas de nuestra historia, se nos vienen a la mente, las ilustraciones, láminas y pinturas que nos enseñaron en la escuela durante nuestra niñez.  También pensamos en los grandes monumentos y en los nombres de calles y plazas que día a día recorremos. Estos espacios, que habitamos cotidianamente, cumplen la misión de tendernos puentes sensibles con nuestra identidad y nuestro pasado.

De acuerdo a la arquitecta española Nuria Álvarez Lombardero, el paisaje urbano alimenta la memoria pública de los ciudadanos y ciudadanas en forma de “territorio común”, sin embargo, advierte, que las mujeres, no cuentan con una representación material que corresponda a sus hazañas y contribuciones, por lo tanto, carecen de memoria histórica en el espacio urbano.

Agregaría a lo dicho por Álvarez Lombardero, que el escaso repertorio monumental que guarda las memorias de las mujeres en nuestra ciudad, se ubica en los márgenes con respecto a los espacios centrales. Basta con hacer el ejercicio de pensar en los nombres de las grandes plazas de Lima, y tendremos la respuesta. Esta representación periférica y marginal, es sin duda, una metáfora con lo que ha sucedido con las mujeres en los relatos históricos.

Los monumentos más populares, que ocupan las plazas principales de Lima, fueron construidos y/u obsequiados, durante el gobierno de Augusto B. Leguía en el contexto de las conmemoraciones del Centenario. Algunos de los más conocidos son; La Plaza San Martín, El Monumento a Manco Cápac, La Plaza Dos de Mayo, La Plaza Alfonso Ugarte, el monumento a Hipólito Unanue en el Parque Universitario y el monumento a la Libertad en la Plaza Francia.

Es interesante notar, que las únicas representaciones de mujeres en las esculturas antes mencionadas, se constituyeron a través de alegorías. Me refiero, al monumento de la Plaza Francia que presentó a una mujer encarnando la libertad, y el monumento de la Plaza 2 de Mayo, cuya figura principal es, una mujer representando los laureles de la victoria. A ellos, le podemos sumar, el signo Libra en la Alameda de Los Descalzos, y otras alegorías zodiacales en el Parque Neptuno.

En abril del 2018 fueron declaradas Patrimonio Cultural de la Nación, 91 esculturas monumentales ubicadas en el Centro Histórico Lima y entre el extenso listado de héroes de la patria, presidentes, personajes ilustres, grandes pensadores y profesionales, solo hay dos mujeres con nombres propios; Juana Alarco de Dammert, benefactora y fundadora de las cunas maternales y Elisa Rodríguez Parra de García Rossell, luchadora por los derechos políticos de las mujeres.

Es muy importante y necesario, el proyecto de rescate y restauración monumental, que actualmente viene implementando el municipio de Lima por la celebración del Bicentenario, sin embargo, también es necesario preguntarse dónde están las mujeres y por qué a 200 años de vida republicana, no hemos sido capaces de generar un otro relato que se vea reflejado en el paisaje urbano.

Hace meses que recorro la ciudad en busca de esa respuesta, visitando las huellas de las grandes mujeres de nuestra historia, esa búsqueda ha dado como resultado el documental El Patrimonio Invisible. La realización de este proyecto, fue una invitación a mirar Lima con nuevos ojos, descubrir las pequeñas plazas, bustos, parques y monumentos que rescatan historias relegadas al olvido, muchos de estos espacios están descuidados y otros son poco conocidos o visitados.

Un busto me sorprendió en particular, el de la notable pedagoga e intelectual Elvira García y García en la Alameda Magisterial en Breña. Su escultura, era la única dedicada a una educadora mujer, y a la vez, era la única, a la que, en un acto vandálico se le había cercenado la cabeza. La imagen era realmente triste y violenta.

La ciudad, es reflejo del proyecto social y político de una nación, así como de sus aspiraciones y proyecciones futuras. A puertas de conmemorar el Bicentenario de nuestro país, cabe reflexionar sobre el paisaje urbano desde el enfoque de género, y en los desafíos que implica, que las memorias de las mujeres, empiecen a ocupar un lugar más digno y democrático en la representación patrimonial y simbólica de una ciudad, que nos pertenece a todas y todos.

https://cultural.upc.edu.pe/galeria/el-patrimonio-invisible?fbclid=IwAR3neXM_hyXJtVsPF8x4rwY8HrvGNVQgwH9faVe0i3lJOkarLlRijGM3sIM

 

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Historia, Lima

Ubicado en el puesto #6 del último listado de los 100 mejores guitarristas de todos los tiempos, hecho por la revista especializada Total Guitar, y reconocido como uno de los diez «shredders» más rápidos del mundo -el término alude a aquellos músicos poseedores de una capacidad sobrenatural para tocar a velocidades imposibles-, Buckethead (en español «Cabeza de Balde») ha logrado mantener intactas las capas de denso misterio que lo rodean y, aun cuando es totalmente desconocido para la gran masa, congrega a toda una legión de seguidores, fascinados por su extravagante estilo y estremecedora habilidad con las seis cuerdas.

Su nombre real es Brian Patrick Carroll y nació el 13 de mayo de 1969 en la soleada California (esta semana cumplió 52 años). Desde su primera aparición, EN 1991, con la oscura banda de hard-rock experimental Deli Creeps, Buckethead impactó a la comunidad guitarrística por su destreza y un atuendo sin el que, hasta hoy, nadie lo ha visto: una inexpresiva y dura máscara blanca de plástico y diversos sombreros o bandanas que, finalmente, evolucionaron hasta convertirse en un balde de Kentucky Fried Chicken, con la inscripción “FUNERAL” sobre su cabeza. De allí su alias.

Todo alrededor de él es un enigma. En tres décadas de carrera, nadie lo ha logrado desenmascarar –como Banksy, el muralista británico– y su voz apenas se ha escuchado en dos o tres entrevistas, una de ellas un extenso podcast del 2017 con Barry Michaels, conocida personalidad radial de los EE.UU., en la que se muestra como un hombre sumamente introvertido y sensible, algo disperso, antisocial y desconectado de todo aquello que consideramos convencional. Varios pasajes de aquella entrevista son citados en internet como fuente principal de información sobre el perfil de este huraño personaje que parece sacado de una película de horror serie B, con sus jumpsuits de colores, sus extremidades dislocadas y una Flying V pegada al cuerpo.

Las pocas crónicas serias que circulan en la web lo describen como una persona espiritual, que tuvo una infancia profundamente feliz junto a sus padres y que, desde los 12 años, se encerró en su habitación para practicar con una guitarra acústica. A los 18 fue alumno de Paul Gilbert, uno de los guitarristas de hard-rock, heavy metal y fusión instrumental más prestigiosos, ex integrante de Mr. Big y Racer X. También hay quienes inventan alocadas historias -que usa la máscara hasta cuando come y duerme, que fue criado en un galpón de pollos, que no habla absolutamente con nadie-, para alimentar su leyenda.

Domina, además de las guitarras y sus múltiples efectos y técnicas, el bajo, el violín, el piano y el banjo. Sobre el escenario, realiza extraños movimientos de baile robótico, mezcla de break dance y caminata lunar, regala juguetes y máscaras terroríficas y sorprende con su experto manejo del nunchaku, la legendaria arma de artes marciales, una de sus obsesiones junto con la imaginería cómic, el baloncesto, el cine de terror y el manga japonés.

Su rango de estilos es tan amplio como sus extravagancias: puede tocar, a mil por hora, Smooth criminal, el clásico de Michael Jackson de 1987, y pasar a la suite de Star Wars en cuestión de segundos, sin perder ritmo ni fluidez. Ha tocado metal, funk, jazz, bluegrass, hard-rock, blues, country, música barroca y neoclásica. Ha escrito y grabado bandas sonoras para películas de terror y acción como Saw II (2005) o Mortal Kombat (1995-1997), entre otras. Con su otro alter ego, Death Cube K, una versión “en negativo” de su personaje principal, desata pesadillescas tormentas de dark ambient y new age. A juzgar por cómo toca, es evidente que se trata de un músico extremadamente disciplinado y exigente. Lo único seguro es su virtuosismo y obsesión por el trabajo.

El año 2001, ya establecido como artista de culto y con extenso kilometraje en proyectos de toda índole, Buckethead confundió a sus fieles al unirse a Guns N’ Roses. Los seguidores de «la banda más peligrosa del mundo» se sorprendían al ver, en el lugar del sudoroso, semidesnudo y expresivo Slash, a esta especie de maniquí alto, ultra flaco y de cara fría como una máquina. Pero cuando lanzaba esos solos vertiginosos y casi extraterrestres, las audiencias quedaban estupefactas. Buckethead salió del grupo de W. Axl Rose en el 2004, debido a sus erráticos hábitos, su salud quebradiza y su mínima capacidad para establecer relaciones interpersonales. Sus explosivos solos y arreglos grabados durante ese tiempo, recién vieron la luz el 2008, año en que apareció –más de una década después de haber sido anunciado- el sexto y último álbum oficial de GN’R, Chinese democracy (ver aquí a Buckethead con Guns N’ Roses, en Rock In Rio III, 2001).

Es difícil encontrar una sola puerta de ingreso al universo sonoro de Buckethead. Sus estrambóticas composiciones de hard-rock y progressive metal, lo colocan al nivel de otros virtuosos como Steve Vai, Guthrie Govan, Jason Becker o John Petrucci. Ejemplos de ello son Nottingham lace -CD Enter the chicken, 2005, junto al vocalista de System Of A Down, Serj Tankian-, Soothsayer (Dedicated to aunt Suzie) –incluido en Crime slunk scene, del 2006- o Jordan, un homenaje al ídolo del baloncesto Michael Jordan, que los adictos al videojuego Guitar Hero conocen bastante bien. Pero también están sus colaboraciones con el bajista Les Claypool (Primus) y la leyenda del funk setentero Bernie Worrell (Parliament Funkadelic). El supergrupo, llamado Colonel Claypool Bucket of Bernie’s Brains, lo completó el baterista Bryan «Brain» Mantia, quizás la persona que más conoce al guitarrista (aquí en el Festival Bonnaroo, año 2004).

Pero Buckethead también posee un lado sensible y acústico, apreciable en álbumes como Colma (1998) –que escribió para consolar a su madre mientras se encontraba en el hospital, operada de un cáncer; o el díptico Electric tears/Electric sea, lanzados en 2002 y 2012, respectivamente, en los que incluso interpreta melodías de Johann Sebastian Bach, Joaquín Rodrigo y Miles Davis. En este último destaca The homing beacon, un sentido homenaje a Michael Jackson, tras su fallecimiento. O su sociedad con el actor danés Viggo Mortensen, orientada a la reflexión política y filosófica, como en el alucinante Pandemoniumfromamerica (2003), dedicado a Noam Chomsky. O sus inicios con otra superbanda, Praxis, que armó el prestigioso bajista y productor de jazz fusión y música electrónica Bill Laswell e incluyó a Bootsy Collins (otro legendario integrante de P-Funk), Bernie Worrell y Brain. Discos como Transmutation (1992) y Profanation (2008) son los mejores secretos guardados del rock norteamericano de vanguardia.

Pero lo más sorprendente es la gigantesca cantidad de material que ha grabado. En el año 2007 lanzó su primer proyecto de formato amplio, un boxset de 13 discos, titulado In search of the…, una edición limitada con dibujos y textos a mano, hechos por el guitarrista. Luego, el 1 de octubre de 2015 inició una cuenta regresiva de 31 discos inspirados en la noche de brujas, 31 days ‘til Halloween, a razón de un título por día. Pero es la colección Pikes, cuyo primer ítem apareció el año 2011, con la que Buckethead se saltó todas las bardas.

La serie ha acumulado, en diez años, la alucinante cantidad de 291 volúmenes (solo en el 2015 salieron 118), la mayoría disponibles como descargas digitales en https://music.bucketheadpikes.com/music. Cada uno contiene entre 30 y 45 minutos de música original, compuesta y grabada íntegramente por él, en sus estudios y cuarteles oficiales, Bucketheadland. En total, sumando todas sus producciones como solista, en sus diversos grupos y proyectos, Buckethead ha lanzado más de 400 discos. Es el artista vivo más prolífico de la historia de la música grabada, un récord que ostentó, hasta el año 2007, otro guitarrista, Frank Zappa, que llegó a publicar más de 70 discos, entre 1966 y 1993, año de su fallecimiento. Las seis últimas entregas de Pikes están fechadas entre enero y abril de este año.

Como Jack, el entrañable personaje del clásico de cine de animación de Tim Burton, The nightmare before Christmas (1993), Buckethead es el monarca de su extraño mundo, una criatura indescifrable que es, la mayor parte del tiempo, intimidante y oscura pero que puede también sorprender por su atípica fragilidad emocional.

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#Rock, Música

El simulacro de votación de Datum arroja un 44% para Castillo y un 41% para Keiko, en la práctica un empate técnico, pero la encuesta de intención de voto es más reveladora porque nos permite comparar las tendencias con las anteriores mediciones de la misma encuestadora.

Y allí Castillo tiene 42% y Keiko 40%. Se acorta a 2 puntos la diferencia que en la medición anterior estaba en 5 puntos. Los múltiples errores de Castillo están haciéndole perder votos y, sobre todo, haciendo que los indecisos terminen sumándose al bando keikista (cae de 12% a 7% el “No sabe”).

Según la encuesta de Datum, donde más sube Castillo es en mujeres (+5), entre 45 y 54 años (+6), Lima (+6), Centro (+6) y sector C (+8). Keiko, en cambio, crece más en jóvenes entre 18 y 24 años (+6), de 55 a 70 años (+5), se dispara en el norte (+11), en el A/B (+8) y en el crucial sector E (+8).

Si las tendencias se mantienen es dable pronosticar un triunfo ajustado de Keiko. Cuenta con la ventaja de tener un equipo y una estrategia afinada, a diferencia de su contendor, que en esta semana ha dado un espectáculo superlativo de improvisación.

Castillo no solo no tiene un plan de marketing electoral sino que en términos de sus equipos técnicos ha armado un despelote descomunal, con grupos en disputa por adueñarse del programa, en un desenlace final que parece confirmará la línea radical cerronista, alguito atenuada por los técnicos de Juntos por el Perú, pero no tanto como para hablar de un Castillo con el polo blanco.

Ese Castillo radical, improvisado y soberbio, le va a costar la campaña. Va a ocurrir, según todo lo hace prever, lo mismo que en Ecuador, donde el candidato de la derecha ganó sobre todo por los gruesos yerros cometidos por el candidato correísta.

Se vienen tres semanas decisivas, donde el papel más crucial podrá jugarlo el desempeño de ambos en los dos debates ya acordados. Lo más probable es que allí se defina la elección. Keiko cuenta a su favor con una masa crítica centroderechista que debiera, al final, inclinarse por ella, pero todo hace suponer que igual va a ser una definición de fotografía que va a depender de quién cometa la menor cantidad de errores.

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Datum, Elecciones 2021, Keiko Fujimori

Una mujer chino estadounidense salió con las manos llenas en la última edición de los premios Oscar. Su nombre es Chloe Zhao, primera realizadora asiática y segunda mujer en llevarse la estatuilla a la mejor dirección por el film Nomandland. Sin maquillaje, en unas cómodas zapatillas blancas y con dos simples trenzas como peinado se acercó al estrado a recibir los galardones, lejana al glamour que acostumbra la gala hollywoodense. 

La directora pertenece a esa comunidad también de realizadores minimalistas, conectados con la humanidad y bondad que ella insiste en defender. Nació en China, se crió en Brighton, Inglaterra y estudió la carrera de ciencias políticas y cine en EE.UU donde obtuvo su nacionalidad, aún así evita discursos políticos. 

Su película Nomandland cuenta el viaje de Fern (Frances McDormand) luego de haberlo perdido todo. La travesía va desde Empire, Nevada a lo largo de los Estados Unidos en una casa rodante. Con una propuesta visual que pasa de los grandes paisajes naturales a planos cerrados e intimistas de sus protagonistas trascendiendo el orden geográfico, pero sobre todo el orden en las formas de vida habituales y establecidas. 

Chloe es sinónimo de sencillez, a pesar de esto, llevar el libro de Jessica Bruder a la pantalla no resultó ser una experiencia simple. Necesitaron cinco meses para grabar, de los dos que normalmente se habitúan, se hizo en 5 diferentes Estados del país del norte, esperando en cada uno de ellos por el clima adecuado para filmar, aún así el resultado de toda esta espera ha sido aplaudido en el mundo. Este film ha conseguido tres Oscar de la Academia: mejor película del año, mejor dirección, mejor actriz principal y un sinfín de reconocimientos en diversos festivales y premiaciones de los que destacan el Globo de Oro, El León de Oro en Venecia, El Bafta de Londres y así la lista continúa. 

Esta galardonada cinta del 2021 basada en el libro Nomandland, sobreviviendo en Estados Unidos en el siglo XXI fue adaptada al guión e incluso editada por la misma Zhao, poniendo bajo su lente a la comunidad de nómadas de los Estados Unidos desde un punto de vista diferente y más cercano, contando además con personajes reales como el youtuber Bob Wells, Linda May y Charlene Swankie, conocidos por llevar esta forma de vida itinerante y haciendo de ellos mismos.  

Mientras gran parte del mundo aún se debate en la crisis generada por el coronavirus, el viaje de Fern, personaje principal del film, representa un canto a la libertad, no solo de manera literal, sino de la apuesta que significa una forma de vida diferente, al margen de los créditos inmobiliarios en el país que hoy preside Biden y que ya experimentó en el 2008 una situación similar por la burbuja inmobiliaria, experiencia que también es un referente en esta historia. Los miles de ciudadanos que hoy se suman a esta forma de vida porque también lo han perdido todo, se resisten a continuar las reglas de juego que una sociedad consumista que los ha ido esclavizando, tema que subyace pero evitando los discursos y compromisos políticos. 

En un mundo hoy virtualizado, Chloe Zhao nos ha presentado en la pantalla esta comunidad de personas que andan en sus vehículos, se vinculan entre ellos, se alejan y se reencuentran siempre en el camino. Quizás para huir de todo o encontrarse a sí mismas, con grandes paisajes naturales como marco de esta reflexión interna que también es la reflexión de nuestra relación con el mundo, como personas y como especie. 

A Chloe Zhao le gusta asumir el control de sus películas, como lo ha hecho ya en las tres que ha realizado, desde la escritura, dirección y edición. Hoy de la mano de Marvel, se prepara para el estreno de lo que será su cinta más comercial con Angelina Jolie como protagonista, Eternals.  

No es nueva, ni tan experimentada tampoco, pero desde la sencillez y autenticidad que proyecta el mundo le ha sido amigable.

 

 

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Chloe Zhao, Nomandland, premios Oscar

Eguren ve donde no vemos. Da color a la sensación. Estoy contemplando con absoluto deleite las páginas de un libro recientemente editado por la Biblioteca Nacional del Perú y que contiene algo digno de maravilla y aplauso: las acuarelas de José María Eguren, un conjunto de “metáforas visuales” a decir de Luis Eduardo Wuffarden, distinguido crítico de arte en el prólogo del álbum.

No escapa a la vista el universo de vasos comunicantes ni el diálogo secreto que se produce entre estas imágenes y la escritura de su autor. En Motivos, un libro único en su fascinante extrañeza, Eguren reflexiona con frecuencia sobre la pintura. Allí se lee, por ejemplo: “El paisaje es un compuesto de silencio y de luz; es un misterio extensivo” (p.56) o “la belleza es tenue, impalpable, la azul neblina que tamiza los molinos de viento y los castillos almenados” (p.59)[1].

Hagamos el simple ejercicio de pensar en estas afirmaciones mientras ponemos ante nuestra mirada las sutiles y misteriosas líneas que traza Eguren en sus acuarelas. Y surgirá la impresión de que el poeta ha traducido sus palabras en paisaje y color, que ha traducido sus impresiones y las ha llevado, con esa misma delicadeza, al lienzo.

La imagen de poeta-pintor cobra, entonces, pleno sentido. Y permite vislumbrar una tradición en el Perú, donde nos encontraríamos con César Moro, Jorge Eduardo Eielson o Luis Hernández, por citar a tres poetas que extendieron, en diverso grado, su labor creativa más allá de las palabras.

En el caso de Eguren, hay que destacar una idea que menciona Wuffarden y que sin duda merece atención: Eguren creía en un lenguaje capaz de integrar y sintetizar las artes y acaso en ello radique su pertenencia a la modernidad. Esto implicaba también la incorporación de un pensamiento sinestésico al momento de reflexionar en torno a la práctica artística.

“Guiado por una visionaria concepción integradora de las artes” –dice Wuffarden—“el autor insiste en que los lenguajes han dejado de ser privativos y excluyentes: la música puede ser lineal o gráfica, en tanto que el dibujo expresa ideas musicales; otro tanto sucedería entre ambas artes y la poesía, en todas las direcciones probables, lo que concluye difuminando las fronteras entre la vida y el arte” (p.18).

De manera que la lectura de la poesía de Eguren no puede darse fuera de este marco integrador, que concilia las posibilidades del arte como una totalidad de formas expresivas. Es lo que se percibe en un poema como “La danza clara”, que concentra color, movimiento, luz, sombra, trazo y palabra: “Es noche de azul obscuro…/ en la quinta iluminada/ se ve multicolora/ la danza clara./ Las parejas amantes,/ juveniles,/con música de los sueños,/ ríen./ Hay besos, harmonías,/lentas escalas;/ y vuelan los danzarines/ como fantasmas./ La núbil de la belleza/ brilla/como la rosa blanca/ de la India; /ríe danzando /con el niño de la Muerte/cano”.

El mundo poético-visual de José María Eguren queda pues a nuestra disposición en esta bella edición de la Biblioteca Nacional del Perú. Página a página, se acrecienta esa sensación que va mezclando misterios insondables, emociones infantiles, intuición de lo surreal, sueños de diversos tonos y colores, melancolía y visión.

 

Acuarelas. Un álbum de José María Eguren. Lima: Biblioteca Nacional del Perú (Colección Imagen y Memoria), 2021.

 

[1] Motivos. Edición de Ricardo Silva Santisteban. Lima: Biblioteca Abraham Valdelomar, 2014.

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José María Eguren, Motivos, poesía

Si gana Keiko Fujimori, como todo lo hace prever, y no realiza un gobierno extraordinario, la derecha se podrá ir despidiendo por una buena cantidad de años de la posibilidad de acceder nuevamente al poder.

Un gobierno superlativo de derecha implica no solo efectuar un shock de inversiones privadas, un golpe capitalista a la vena, que saque al país de la recesión y lo lleve a tasas de crecimiento capaces de reducir la pobreza y las desigualdades de modo significativo.

Eso no basta. Lo que mejor lo demuestra es el gobierno de García, que tuvo eso, pero por no emprender ninguna sola reforma, le dejó el camino servido a un izquierdista como Ollanta Humala en el 2011.

Junto al shock capitalista mencionado deberá desplegarse una batería moderna y eficaz de programas sociales, capaces de aliviar rápidamente la pobreza generada por la pandemia y compensar la tragedia vivida por los peruanos más indefensos.

Implicará, además, reemprender una reforma del Estado, que incluye una reingeniería de sectores públicos básicos, como salud, educación y seguridad interna. Una salud que no ofenda a los millones de peruanos que acuden a ella y son tratados como ciudadanos de quinta categoría, como ilegales dentro de su propio país. La salud pública en el Perú genera disidencias y antisistemas.

Que continúe la reforma educativa, en el sentido de otorgarle infraestructura y apoyo logístico suficiente para que se convierta en herramienta de equidad y no de mayor diferencia social. Y una política agresiva de lucha contra la delincuencia, que a quienes más afecta es a los más pobres del país.

Si Keiko no hace todo ello en el lapso de cinco años, el 2026 seguramente veremos a Mario Vargas Llosa apoyando a una Indira Huillca para evitar que triunfe una opción ultrarradical como la de Antauro Humala.

El modelo necesita cambios con urgencia. Nos hemos pasado los 21 años de la transición democrática perdiendo el tiempo, sin hacer las reformas pertinentes. Y si bien también son corresponsables políticos originalmente de izquierda, como Ollanta Humala, claramente lo que ha salido perdiendo a ojos de la ciudadanía es el modelo estrenado en los 90, frente al que la gente de a pie muestra legítima insatisfacción e irritación. Si mañana vota por Keiko, será la última ocasión de la derecha para hacer lo que corresponde hacer si quiere mantener al país en la senda de las libertades económicas y políticas.

 

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Derecha, Elecciones 2021, Keiko Fujimori

Ayer nuestra universidad mayor cumplió 470 años de existencia. Anterior a la república, San Marcos no sólo configura parte esencial de nuestra historia, sino que el destino del Perú se ve reflejado también en el de su primera universidad. Pues estamos ante algo más que una institución educativa. San Marcos es también todos los rostros del Perú. En ella se expresan las grandezas y miserias de lo que somos como país. Ingresar a San Marcos es algo más que iniciar estudios profesionales, significa entrar en contacto con el Perú real, diverso, multiforme, desigual, serio, informal, valiente, felón, inteligente, fanático. En suma, con todo lo que somos, queremos ser y tal vez nunca podremos llegar a ser.

En más de cuatro siglos nuestra universidad ha podido conocer épocas de gloria y también muchas crisis, por eso sabemos que lo coyuntural no trasciende. Tantas veces intervenida, clausurada y aquí está siempre con su voz incómoda para los que detentan el poder. Es muy cierto aquello del espíritu inconforme e indomable de los sanmarquinos, y lo es porque ese debe ser el espíritu de todo auténtico universitario y de todo aquel que, pese a la adversidad, ha sabido mantenerse firme en sus convicciones. A un sanmarquino nada le ha sido dado fácilmente, estudiando en medio de la carencia y muchas veces indiferencia de nuestras autoridades, lidiando además con una marca puesta por un sector de la sociedad que no es capaz de mirar más allá de sus narices, tiene el doble esfuerzo de ser el mejor y demostrarlo.

En San Marcos se fraguó la independencia intelectual, moral y espiritual que dio origen al Perú como república, pero también se cayó en las miserias del fanatismo. Y es que no se puede identificar al sanmarquino con un solo modo de ser y vivir la universidad. La verdadera riqueza de San Marcos, en sus casi cinco siglos de historia, es su diversidad. En ella habitan por igual la excelencia académica y la mediocridad, progresistas y conservadores, liberales y socialistas, creyentes y no creyentes, un crisol de razas, lenguas y culturas que se juntan, se entienden y no se entienden, se buscan y se desencuentran.

Nuestro sabio tres veces rector, Luis Alberto Sánchez, -injustamente silenciado y conducido al olvido por algunas mezquinas y pequeñas mentes que no han sido capaces de igualar siquiera su grandeza- solía decir de San Marcos que era una universidad liberal, laica y alharaquienta. Tres características que le confieren su carácter de indómita. A San Marcos le corresponde ser la perpetua voz crítica de nuestro país. La llamada, con la fuerza de la inteligencia que la compone, a señalar los caminos por donde tendría que transitar la patria. Por ello, todos los poderes políticos, económicos y mediáticos han querido siempre silenciarla. Pese a todo ello, sigue siendo la primera universidad del país, la que más investigadores tiene, la que mayores publicaciones ostenta y la que mejor comprende la realidad del Perú.

Hoy nuestra universidad mayor vive aturdida por la desidia del Estado que, desde la intervención de los tanques fujimoristas busca su privatización, por la ignominia de sus autoridades que escogieron el camino fácil de la trampa para vacunarse por lo bajo, por los profesores, estudiantes y trabajadores que han partido por el embate de una pandemia que nos ha dejado desolados. Son muchos y muy grandes los problemas de San Marcos, pero también está el tesón de su comunidad universitaria, que no ha ahorrado ningún esfuerzo en vencer a la adversidad. San Marcos, es sinónimo también de fe, esfuerzo, trabajo duro y entrega al Perú.

Tal vez por ello, el día central de su aniversario lo inicia con una serie de actos litúrgicos de ofrenda y agradecimiento a sus padres fundadores y a Dios. No podemos, ni debemos, olvidar de dónde venimos para saber a donde vamos. Y San Marcos se creó con la finalidad de compartir la exquisita cultura occidental con el nuevo mundo, el gran aporte de la iglesia católica. Nuestra universidad nació como real y pontificia, laica y eclesiástica, rebelde y conservadora y a 470 años de su fundación aún está construyendo su identidad, porque como en el Perú y toda América Latina, es una identidad en la diversidad. Fortuna dies natalis San Marcos.

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