Opinión

Violencia de género [1]

  • En el mundo, alrededor de 81,000 mujeres y niñas fueron asesinadas en el 2020. El 58% a manos de sus parejas o familiares. Esto equivale a una mujer o niña asesinada cada 11 minutos por personas que conocen.
  • Aproximadamente 736 millones de mujeres -alrededor de una de cada tres- ha experimentado alguna vez en su vida violencia física o sexual.
  • La mayor parte de la violencia contra las mujeres es cometida por sus maridos o parejas íntimas actuales o pasados. Más de 640 millones de mujeres de 15 años o más han sido objeto de violencia de pareja (el 26% de las mujeres de 15 años o más).
  • Aún más, una de cada siete mujeres ha experimentado violencia física y/o sexual por parte de su pareja o marido en los últimos 12 meses (el 13% de las mujeres de 15 a 49 años). Estas cifras de 2018 no reflejan el impacto de la pandemia de COVID-19, que ha aumentado los factores de riesgo de violencia contra las mujeres.
  • Los datos anteriores no incluyen el acoso sexual -en cuyo caso la proporción puede llegar al 70 por ciento de las mujeres-.
  • A nivel mundial, la violencia contra las mujeres afecta de forma desproporcionada a los países y regiones de ingresos bajos y medios-bajos. El 22% de las mujeres que viven en los «países menos desarrollados» han sido objeto de violencia de pareja intima en los últimos 12 meses, un porcentaje sustancialmente superior a la media mundial del 13%.
  • Menos del 40% de las mujeres que experimentan violencia buscan algún tipo de ayuda. Entre quienes buscan ayuda, la mayoría acude a familiares y amistades. Menos del 10 por ciento de quienes buscan ayuda acuden a la policía.
  • En EE. UU., dos de cada diez mujeres jóvenes de entre 18 y 29 años han experimentado acoso sexual en línea y una de cada dos ha recibido imágenes explícitas improcedentes.

 

En la pandemia, la situación empeoró[2]:

  • 4 de cada 10 mujeres se sienten más inseguras en lugares públicos y 1 de cada 5 se siente insegura de caminar sola durante el día. De noche esta proporción aumenta a 1 de cada 2.
  • 3 de cada 10 mujeres considera que la violencia contra la mujer se ha incrementado. 56% conoce a alguna mujer víctima de violencia desde que inició la pandemia y el 58% sienten mayor inseguridad en los hogares desde ese momento.
  • Durante la pandemia, si bien tanto las mujeres como los hombres dedicaron el doble de tiempo al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, las mujeres dedicaron unas dos horas más al día que los hombres a estas actividades.

Se ve, en cifras tan simples como desoladoras por qué la necesidad y urgencia de contar con políticas e instituciones que promuevan, regulen y se orienten a la igualdad. Hemos tocado apenas algunos números a nivel global. Se pueden revisar las fuentes y lograr entender de mejor manera esto.

En el Perú, los investigadores Josefina Miró Quesada y Hugo Ñopo han lanzado recientemente Ser mujer en el Perú. Un fascinante y valiente compendio de la situación de la mujer en el país, que debería ser bibliografía obligada en centros educativos por la trascendencia de lo que muestra. Animo a que lo adquieran por la potencia y rigurosidad de sus cifras y solo los dejo con algunas, para complementar esta mirada[3]:

  • En el país, cada mes 13 mujeres son asesinadas por ser mujeres.
  • Los estereotipos de género están muy presentes en el mundo de las creencias peruanas: más de la mitad de la población considera que las mujeres deben cumplir su rol de madres y esposas y luego sus sueños. Un tercio considera que si es infiel debe ser castigada por la pareja.
  • Hombres y mujeres ascienden en el mundo laboral de forma diferenciada.

Es muy importante acceder a esta información. Repetirla. Cansarse. De nada servirá que el 8 de marzo usemos la tarjeta de crédito en un regalo a una pareja, a una familiar, a una amiga, si ese regalo solo tiene como fin un impulso comercial y no la reflexión por una sociedad más inclusiva.  Tal vez que las brechas comiencen a cerrarse cuando entendamos la dimensión de estas. Cuando evaluamos la información que existe. Tal vez.

[1] Fuente: Naciones Unidas. Hechos y cifras: Poner fin a la violencia contra las mujeres. En: https://www.unwomen.org/es/what-we-do/ending-violence-against-women/facts-and-figures

[2] Fuente: Women Count (2021). VIOLENCE AGAINST WOMEN DURING COVID-19. En: https://data.unwomen.org/sites/default/files/documents/Publications/Measuring-shadow-pandemic.pdf

[3] Fuente: Miro Quesada, Josefina y Ñopo, Hugo (2022): Ser Mujer en el Perú. Dónde estamos y a dónde vamos. Editorial Planeta.

 

 

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Día Internacional de la Mujer, feminismo

Esto resulta paradójico y sorprendente pues el Poder Judicial ha establecido la obligación del Estado de consultar los lotes petroleros y las concesiones mineras que se superponen en territorios de los pueblos indígenas. En efecto, la Corte Superior de Justicia de Puno, en el caso Atuncolla, estableció la obligación del Estado, de MINEM y sobre todo de Ingemmet, de consultar de concesiones mineras en territorio de la comunidad de Atuncolla. Asimismo, la Corte Superior de Justicia de Lima estableció la obligación del MINEM de consultar el lote petrolero 116 ubicado en la región de Amazonas. Los pueblos indígenas están notificados.

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IDL, TC

Si queremos que el Perú deje de ser una sociedad tan conservadora en temas como el respeto a los derechos sexuales y reproductivos (aborto, por ejemplo), despenalización de las drogas, matrimonio gay, equidad de género, debemos construir una sociedad capitalista liberal, el mejor poder disolvente del statu quo mercantilista, autoritario y conservador que nos rige.

Capitalismo es libertad y contestación. Está en su código genético revolucionarse desde dentro, si los Estados no lo coactan y le permiten explosionar sin ataduras, como no sean -las únicas aceptables- las que precisamente eviten que se distorsione su espíritu competitivo e igualitario de origen.

La del estribo: vale la pena visitar la experiencia “Beyond Van Gogh, The Inmersive Experience”, que se exhibe en la Videna. Ilustrativa, llamativa, propiciadora de interés por el genial artista, siempre es bienvenida cualquier brizna de globalización cultural en una ciudad al respecto tan provinciana como Lima. Entradas en Teleticket.

 

 

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capitalismo, Liberalismo, sociedad

¡Qué difícil es llevar así adelante una vida laboriosa y responsable, razonablemente honesta, articulada alrededor de algunos principios orientadores que sabemos nunca aplicaremos en olor de santidad, con preferencias y simpatías legítimas pero que no se pueden sustentar de manera absoluta, más o menos exitosa y gratificante!

Nunca he escuchado a tantas personas tan distintas en casi todo expresar con tanta fuerza desánimo, cinismo, descreimiento, aburrimiento, irascibilidad y descalificación de todo y todos aquellos que supuestamente representan a alguien. Es pasividad agresiva que combina  desprecio por el espectáculo y sus actores con algo de placer vicariante por sus pequeños éxitos y desgracias. Es poco e impredecible aquello que va hacer reventar el hartazgo y mostrar a los que dirigen lo impotentes que son. Ya no tienen confianza. Se van a quedar sin ninguna lealtad.

 

 

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Gobierno, Pedro Castillo, Vacancia

Por eso, ellas, que llevan la carga más pesada de sus hogares, muchas veces sin una pareja que las apoye, sino haciendo malabares para llegar al final del día siquiera con un pan en la boca de sus hijos; ellas, las mujeres indígenas, mestizas, afrodescendientes, todas a las que eufemísticamente se llama «mujeres del pueblo»; ellas, las peruanas que peor la pasan, porque encima a veces tienen que soportar a un hombre que las maltrata; ellas, pues, las mujeres por las que sí tiene sentido conmemorar el 8 de marzo, merecen nuestro máximo respeto.

Por eso celebro el Día Internacional de las Mujeres, pero de las mujeres trabajadoras, no de las otras. Porque la lucha nunca debe ser solamente entre los géneros, sino sobre todo contra la discriminación de clase, raza y etnia. Y contra lo más despiadado del neoliberalismo, que deshumaniza a todas las personas, hombres y mujeres por igual.

Hay, hermanas, muchísimo que hacer.

 

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feminismo, sociedad

La élite política limeña debe sacarse las vendas de los ojos de una vez, principalmente el centro político, o quienes pretendemos construirlo, me incluyo, sin duda. El Perú, tras de Velasco hasta la fecha, se ha organizado a espaldas del republicanismo, ha desarrollado otros códigos de comunicación. A las normas republicanas y sus valores se les superpone absolutamente todo, lo que equivale a su inexistencia, salvo por el ademán de votar cada 5 años y cada 4 años.

Pero pensar, como señaló Neira, en construir la república desde nuestra propia realidad, al día de hoy, es una ecuación dolorosísima a fuer de realista, por eso la evitamos y, los que más, se limitan al populismo patrimonial. Es decir, a administrar lo que hay con parches, obras dispersas, mucha coima y harta corrupción. ¿Qué sistema podríamos crear partiendo de la realidad si nuestra realidad es una sociedad que hace quinientos años se relaciona con el Estado a través de la corrupción? Ya no importa si a la clase política la mató Fujimori, o si se disolvió dentro de su propia incapacidad.

¿Qué estamos dispuestos a hacer? ¿Qué batallas estamos dispuestos a librar si lo que enfrentamos no es una realidad en la que hay corrupción, sino un escenario en el que la realidad es la corrupción, acompañada de decenas de otros malos hábitos arraigados por siglos en la sociedad? Y la clase política que había, zozobrante tabla de salvación, yace en el fondo de nuestros sueños republicanos. En el Perú, primero es la revolución -y no me refiero a la marxista sino a la moral- y después es la república, ténganlo presente aquellos que todavía sueñan con sus togas y sus grandes oradores.

 

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Gobierno, Pedro Castillo


La apuesta por un proyecto liberal, que consolide la democracia y construya un capitalismo competitivo, choca, más que con intereses ideológicos adversos (
que, de hecho, existen), con la gangrena incontenible de la corrupción, que golpea en la línea de flotación a cualquier proyecto político que quiera hacer del Perú un país instalado en la modernidad.

 

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corrupción, Gobierno

Afortunadamente, el P. Teullet no se dejó doblegar. Casi tres años después vuelve a la carga, esta vez con todo lo que había averiguado sobre Figari, y el 10 de mayo de 2012 le comunica a Baertl lo siguiente sobre el caso en cuestión:

«Para algunos, las autoridades no lo han abordado como se debe para que explique las cosas malas que hizo. Creo que de allí parte todo. Entonces creo que lo que debo pedir antes que nada (pues lo demás se dará por su propio peso) es una investigación formal y oficial de LFF [Luis Fernando Figari] en materia sexual, de actos ilegales, y de maltrato y abuso. Para todo ello hay ejemplos y hermanos que están dispuestos a firmar. Creo por lo menos, eso veo, ir a la verdad para bien de todos: de la verdad, de la Iglesia y el SCV [Sodalitium Christianae Vitae]».

Baertl le responde el mismo día, replicando que mida «bien esto de “muchos hermanos”… ¿¿¿cuántos son muchos??? ¿¿¿qué significa disgustados???» Asimismo, le indica al respecto:

“Estas denuncias formales lo único que hacen es enrarecer el ambiente… no es así como creo que se sanan las heridas, sino con más caridad y reconciliando con cariño a todos… eso de que la verdad sana y nos hace libres es verdad, pero hay que discernir, pues también la verdad dicha en un mal momento o en tal o cual circunstancia puede hacer mucho daño y tú lo sabes bien. […] Lo de Erwin yo estoy seguro de que no estará en el próximo consejo (si está en éste, ya te dije que yo soy el culpable, pues fui yo el que lo sugerí). Así que la investigación hará explícito lo que ya se sabe: que trató mal a tal o cual, que dividió, que chuponeó y ya… nada nuevo…”

Esto explicaría por qué las autoridades del Sodalicio nunca presentaron ninguna denuncia canónica contra Luis Fernando Figari ni contra ninguno de los abusadores que formaron o forman parte de la institución. Eso explicaría también por qué cuando comencé a publicar mis textos de denuncia del Sodalicio en noviembre de 2012 a través de mi blog Las Líneas Torcidas, me enviaron a una persona que trató de convencernos a mí y a mi mujer de que yo sufría de una forma de autismo —el síndrome de Asperger—, por lo cual poseía una inteligencia social disminuida y no era consciente del daño que hacía a muchas personas con mis escritos.

Eso explicaría también por qué los Informes sobre Abusos y Respuesta en el Sodalicio de Vida Cristiana (febrero de 2017) de los tres expertos internacionales (Ian Elliott, Kathleen McChesney y Monica Applewhite) buscaron lavarle la cara a los principales responsables de encubrimiento, afirmando que respecto a la conducta abusiva de Figari «sólo un pequeño número de sodálites, por ejemplo, Doig, Regal, el P. Jaime Baertl, y algunos de los secretarios más cercanos a Figari, se sintieron empoderados para confrontarlo sobre su conducta». Y eso tal vez explique por qué el actual Superior General del Sodalicio, el colombiano José David Correa, quien nunca ha salido públicamente a dar la cara como representante de la institución y tampoco ha accedido a dialogar con ninguna de las víctimas, parece una marioneta donde son otros los que jalan los hilos. Entre ellos probablemente el P. Jaime Baertl, quien sería actualmente el poder en la sombra, el titiritero en ese grand guignol de ilusiones que es el Sodalicio.

 

 

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sociedad, Sodalicio

¿Quién no ha pensado, al escuchar Nathalie, aquella inolvidable balada de 1982 del español Julio Iglesias (del LP Momentos) en una melodía rusa? Quizás los más jóvenes no -ni siquiera la de Julio Iglesias deben haber escuchado-, pero quienes venimos del pasado sabemos, perfectamente, que ese coro se basa en una conocida canción folklórica. Su nombre original, en grafía cirílica, es О́чи чёрные, castellanizado comúnmente como “Ochi chernia” que significa, literalmente Ojos oscuros, compuesta a mediados del siglo 19 por el poeta y músico Yevgeny Grebyonka. Y pensábamos, por supuesto, que provenía de Rusia o la URSS que, para nosotros, era lo mismo. Resulta que Grebyonka nació en Ucrania en 1812, en pleno apogeo de los zares, quienes gobernaban a su antojo desde Moscú y San Petersburgo, en tiempos en los que aún no se avizoraba la llegada de ninguna revuelta proletaria. Vladimir Ilych Ulianov, Lenin, nacería 58 años después.

Mientras recorríamos, en octubre del 2015, los estrechos pasillos y salones de la fantástica Catedral de San Basilio, en la Plaza Roja de Moscú, escuché a lo lejos un fantástico coro masculino que hacía retumbar una de las capillas del ancestral templo bizantino. Cuando llegamos al umbral, aparecieron frente a nosotros cuatro extraordinarios vocalistas elegantemente vestidos de negro. Se hacían llamar Doros y eran, desde luego, una atracción turística que recoge una de las tantas formas de música rusa pre-socialista: el canto coral. El mismo que inspiró aquella hilarante rutina de los entrañables Les Luthiers, titulada Oiga Doña Ya! (1977), en la que un conjunto de presuntos barqueros del Volga juega con palabras en español que simulan la característica fonética rusa. 

La música rusa ha estado más cerca de nosotros que su país de origen, con canciones populares como Moscú (1980) grabada en español por el francés Georgie Dann, fallecido el año pasado. Sin embargo, la versión original fue registrada primero en alemán y luego en inglés por el conjunto de pop electrónico germano Dschinghis Khan, en 1979. Moscú es una adaptación pop de Kozachok, una saltarina composición del siglo 16 que identifica a los cosacos y es la pieza musical más representativa del folklore tradicional de Ucrania, tocado con balalaikas, acordeones y panderetas.

En cuanto a la música clásica, sus obras maestras siguen vigentes. Por ejemplo, el ballet navideño Cascanueces (1876), El lago de los cisnes (1892), presente en largometrajes como Black swan (2010) o Billy Elliott (2000), o la atronadora Obertura 1812 (1880), popular entre los amantes del cómic por su uso en la versión fílmica de V for Vendetta (2005), todas de Tchaikovsky. El vuelo del abejorro (1899) de Rimsky-Korsakov, identificó a la serie de televisión setentera El avispón verde. Cuadros de una exhibición (1874) de Mussorgsky, fue transformada en una suite rockera por el trío británico Emerson, Lake & Palmer en 1972. La sinfonía infantil Pedro y el lobo (1936), de Prokofiev, y sus usos educativos. La lista podría continuar.

A los ecos de la grandilocuencia sinfónica del siglo 19 se sumó la desafiante creatividad de un colectivo de autores que, entre 1856 y 1870, se apartó del concepto tradicional de la música orquestal para crear sonidos más radicales, incorporando conceptos nacionalistas y orientalistas. Me refiero al famoso «grupo de los cinco»: Mily Balakirev (Novgorod, Rusia, 1837-1910), César Cui (Vilnius, Lituania, 1835-1918), Alexander Borodin (San Petersburgo, Rusia, 1833-1887), Modest Mussorgsky (Karevo, Rusia, 1839-1881) y Nikolai Rimsky-Korsakov (Tikhvin, Rusia, 1844-1908), quienes, con un promedio de edad que iba de los 18 a los 25 años, fueron sentando las bases para la música instrumental contemporánea de autores como Sergei Prokofiev (Donetsk, Ucrania, 1891-1953), Nicolas Slonimsky (San Petersburgo, Rusia, 1894-1995) y, especialmente, Igor Stravinsky (San Petersburgo, Rusia, 1882-1971), el más influyente autor de música sinfónica neoclásica y serialista. Aquí, un pasaje de La historia de un soldado (1918), una de sus más reconocidas óperas.

Las referencias a la música rusa están por todas partes: desde la balada Nathalie (1964) del divo francés Gilbert Bécaud hasta Caballos caprichosos (1971), poderosa canción acústica de Vladimir Vysotsky (Moscú, Rusia, 1938-1980), maestro del canto gutural, usada en White nights (1985), película protagonizada por los bailarines Mikhail Barishnikov (Riga, Letonia, 1948) y el norteamericano Gregory Hines. Asimismo, rockeros como The Beatles, Elton John o Scorpions han rendido homenaje a la historia y tradiciones rusas en canciones como Back in the U.S.S.R. (1968), Nikita (1985) o Wind of change, respectivamente. Por otra parte, las familias de los integrantes de System Of  A Down, banda de metal moderno formada en 1998 en California, provienen de Armenia, tan golpeada tras la Primera Guerra Mundial. Su vocalista Serj Tankian declaró en el 2013 que “Ucrania y Armenia, como todas las demás ex repúblicas soviéticas, merecen la verdadera independencia, no solo de la influencia rusa sino también de toda esa manipulación táctica y mercantil de Occidente”.  

Hoy, que el mundo asiste a un nuevo y lamentable capítulo de aquellos conflictos cuyas profundas raíces atraviesan la vida de los habitantes de los países involucrados, con consecuencias que sobrepasan las angurrias de políticos ocasionales, los sonidos rotundos de la música rusa acuden, en bloque, a nuestros oídos como soundtrack perfecto para la confusión, la tristeza, la emoción nacionalista y la desolación, una metáfora de lo que ha sido desde siempre la historia de Rusia, equivalente a las monumentales y desgarradoras narraciones realistas de Fedor Dostoievsky o León Tolstoi, ambos moscovitas (nacidos en Moscú). Como habrán podido notar, los personajes más importantes de la cultura que identificamos como “rusa” no tienen un solo origen, sino que hay rusos, ucranianos, lituanos, georgianos, etc., una diversidad que puede enriquecer la vida en sociedad pero, como es evidente, también puede ser una verdadera maldición cuando se interponen mezquinos intereses económicos y políticos.

 

M

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Música, Rusia, Ucrania
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