Opinión

 

Papá: En los días pasados hemos constatado que los 33 millones de peruanos estamos en un avión, y tú como piloto de este avión, recién estás aprendiendo a conducirlo. Para manejar este avión, te has acompañado de gente que no solamente es incompetente, sino que también, existen indicios que está amarrada con la corrupción. Papá, si seguimos así, inexorablemente el país te va a tener que pedir que renuncies. ¿Qué es lo que yo te aconsejaría hacer?

En primer lugar, imagínate que hay que estabilizar el vuelo de este avión. Esto se consigue generando estabilidad jurídica y estabilidad política. Para ello, tienes que tirar al tacho ese proyecto de Asamblea Constituyente. Este proyecto, lo único que está trayendo es incertidumbre, ahuyentando la inversión y la generación de trabajo. Si tú decidieras tirar ese proyecto al tacho, automáticamente, las fuerzas políticas mayoritarias del Congreso te estarían apoyando. Con eso generarías la estabilidad que te permitiría gobernar. Tienes que sacar a la gente incompetente y corrupta que se está aprovechando del aparato estatal y de ti.

 

Seguidamente, lo que hay que hacer es prender los motores de la reactivación económica. Tenemos más de 56 mil millones de dólares en proyectos mineros. De esta cartera, tenemos proyectos por alrededor de 3 mil millones de dólares que se pueden destrabar en el corto plazo. Proyectos en Ica, Puno, Cajamarca, Ayacucho, Apurímac, Cuzco y Moquegua. Estos proyectos mineros pueden no solamente generar trabajo y nuevos ingresos fiscales, sino también reactivar los sectores de industrias y servicios conectados a la minería.

 

Se tiene que activar el segundo motor de la economía, la agro exportación. Gracias a los tratados de libre comercio que ha firmado el Perú, tenemos acceso ventajoso a más de 3 mil millones de consumidores alrededor del mundo. Los productos del agro peruano tienen que llegar a los paladares de esos consumidores. Para favorecer a nuestros agricultores, no solamente de la costa, sino también a los de la sierra y de la selva, tenemos que establecer cadenas productivas de valor para que ellos también se puedan beneficiar de estos mercados.

El tercer motor que se tiene que activar es el de la pesca. El cuarto, los productos industriales y servicios de los sectores no tradicionales. El quinto motor, el de la construcción. El reto es cerrar esa brecha de infraestructura física de más de 56 mil millones de dólares. Hay en cartera grandes proyectos de infraestructura como Chavimochic o Majes Sihuas II que deben desentramparse pronto. Tenemos la Reconstrucción del Norte, pero también la alternativa de sacar adelante obras por impuestos para construir y reconstruir las escuelas, las postas médicas, los hospitales, o la infraestructura productiva por todo el país. Me podría pasar horas hablándote de lo que se puede hacer. Por razones de tiempo me quedo aquí.

 

Papá: El progreso y bienestar de los peruanos no se va a conseguir cambiando radicalmente de Constitución, sino básicamente reformando el Estado, para que el Estado se ocupe de aquello que es su competencia: la justicia, la seguridad, la infraestructura, la educación y la salud de los peruanos, pero también y -sobre todo- liberando las fuerzas del mercado, para que la iniciativa privada de los empresarios de las micro, pequeñas, medianas y grandes empresas se encarguen de crear esa nueva riqueza con la que podremos derrotar a la pobreza.

Piénsalo bien tocayo. De lo contrario, me temo, que si no le haces caso al pueblo, el pueblo pronto te estará diciendo: Por amor al Perú, renuncia. Y los que pierdan la paciencia te dirán: ¡Por amor de Dios, renuncia ya!

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Pedro Castillo

Las autoridades una vez más demuestran el poco interés que tienen en lograr cambios favorables y sostenidos para alcanzar una educación de calidad y una sociedad más igualitaria. A puertas de cerrar la actual legislatura el Congreso de la República, mediando una perversa alianza entre la derecha más reaccionaria y la izquierda patriarcal se trajeron abajo la reforma universitaria, con la excusa de devolverle “autonomía” a las universidades, le devuelven – en realidad- la libertad a estas para hacer de la educación un negocio sin ninguna clase de ética ni fiscalización.

Pero no solo este escenario amenaza la educación, también lo hace el Proyecto Legislativo 904/2021, presentado por el congresista Edras Medina del grupo parlamentario Renovación Popular, denominado “Ley que impulsa la calidad de los materiales y recursos educativos en el Perú”; pero que en realidad busca desconocer la autonomía del Ministerio de Educación y hacer depender a este de la opinión y conformidad de los padres y madres de familia. Tal como suena, la educación de los niños estaría definida por algunas organizaciones de padres/madres quienes podrán vetar contenidos sin mediar aquí los criterios de especialistas en temas de educación.

 

Esta propuesta, que es bien vista por los sectores más conservadores (antiderechos) del congreso, distorsiona el derecho a participar de los padres/madres de familia en el proceso educativo, que por cierto se encuentra ya establecido a través de las APAFAS y de los Consejos Educativos Institucionales (CONEI).

 

¿Què hay detrás de esta propuesta?, el interés de grupos parlamentarios vinculados a sectores fundamentalistas que se oponen al enfoque de igualdad de género y a la educación sexual integral. A estos operadores de la discriminación no les interesa la calidad educativa, les importa mantener los cimientos de una sociedad excluyente y tutelar, que reproduzca la discriminación. Utilizando discursos tendenciosos, como “la defensa de la familia” o su oposición a una supuesta “ideología de género” mal informan, generan miedo y ahora operan a nivel del ejecutivo y el legislativo para fortalecer una agenda perversa que sostenga la desigualdad..

 

Diversas instancias se han pronunciado con preocupación frente a la probable aprobación de una iniciativa legislativa contraria a los compromisos del Estado Peruano en materia de educación e igualdad. Se han manifestado la Defensoría del Pueblo, el Sistema de las Naciones Unidas, organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres, organizaciones de jóvenes y del derecho a la educación, el Ministerio de la Mujer, el Ministerio de Educación, así como instancias de la cooperación internacional.

 

Este escenario de riesgo se agrava tras la reciente designación de Kathy Ugarte, congresista de Perú Libre, como Ministra de la Mujer; la nueva titular del sector se ha opuesto públicamente al enfoque de igualdad de género y ahora lidera el ente rector de las políticas de género, una paradoja peligrosa que hace temer retrocesos que repercutirán en la vida y bienestar de millones de mujeres y niñas.

 

El escenario es adverso, a nivel del legislativo y también del ejecutivo, el presidente Pedro Castillo  ha demostrado su nulo compromiso con los derechos de las mujeres y ayer envió un mensaje claro de oposición a los avances en materia de igualdad. Se anuncian tiempos de muchos retrocesos que solo podrán ser bloqueados con una clara y contundente respuesta ciudadana.

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Congreso, SUNEDU

De vez en cuando vale la pena destinar múltiples horas para consumir una historia larga en la televisión. Ozark es un buen ejemplo de cómo invertir ese tiempo con calidad. Es también una nueva demostración de que las mejores historias del cine o la televisión llevan consigo el ingrediente de la familia. No se engañe por el elemento narcotráfico, esta es una serie sobre la vida misma.

Porque la vida empieza, continua y termina alrededor de las familias. Ya sea por la ausencia de ellas o por la extrema presencia. Por la comidad que generan o por el caos. Contar historias donde el protagonista tácito pero elemental es la unión entre familiares siempre tiene mayores posibilidades de capturar la atención. Y aquí no solo hay una, más bien las familias no dejan de aparecer.

En Ozark, una típica familia estadounidense de padre, madre y dos hijos transforman su vida por completo cuando se cruzan con un cartel mexicano. Están obligados a lavar dinero para sobrevivir. En ese intento, llegarán hasta una localidad de vacaciones en el centro del país donde abudan los lagos, pero por delante de ello la pobreza mental, la escasez de valores y la mezquindad.

Ahí se encuentran con otra familia. Esta sobrevive pero frente a las carencias. No tienen nada y sueñan con tenerlo todo, pero están incapacitados para lograr algo. Y por ello algunos se conforman, pero otros quieren salir adelante como sea. Esta es la historia de cómo entre los mismos familiares hay espacio para destruirse entre sí, carcomerse hasta desaparecer.

Hay más familias. Los que están unidos por la locura, por la codicia, por el miedo, por la frustración. Los que están nutridos por la ausencia. Y la motivación para avanzar siempre es cuidar a los propios, o los que cada personaje considere como familia. Cuando la serie alcanza el mayor éxito nos encontramos entre líos morales de defensa de los propios versus el bien común de la sociedad.

Ozark es un viaje hacia el abismo de la condición humana sometida siempre al escrutinio del éxito. Todos los personajes de esta serie quieren lograr algo mejor de lo que tienen. Ya sea para salir o para entrar al caos. Y en ellos se presenta una pelea campal en cada episodio donde la sangre y la violencia chorrean por los márgenes de la pantalla, pero en tonos y ritmos pausados, contemplativos y ténues.

El personaje principal interpretado por Jason Bateman lleva la batuta. Su pasividad ante toda situación extrema es capaz de conectar los puntos sueltos cuando la narrativa se hace muy improbable. Ahí siempre está la cara noble, la normalidad, para volver a pensar que todo aquello es posible o, más precisamente, podría pasarle a cualquiera.

Pero es su pareja en la ficción, interpretada por una magnífica Laura Linney, quien se lleva todos los méritos. La transformación que da su personaje, desde una madre ama de casa salida de Desperate Housewives hasta convertirse es un completo monstruo es el camino del anti héroe natural cuya narrativa conocemos al milímetro, desde que se estrenó The Godfather hace cincuenta años. Ese que va de indeciso a convencido y que logra su trascendencia a partir del exceso, los bajos instintos y el deseo por lo prohibido.

Por encima de todo, Ozark es un éxito por su gran nivel de impredictibilidad. Esa receta de Netflix llevada aquí a su máxima expresión al crear narrativas donde todo el tiempo pasa algo, en un torbellino emocional sin posibilidad de distinguir qué viene luego.

Y es que Ozark presenta una narrativa que podríamos bautizar aquí como el espiral de mierda. Todo el tiempo pasa una nueva desgracia. Absurdas, incómodas, o que pueden pararte los pelos de punta. Es en su más notable esencia, una serie emocionante sobre cómo son auténticamente las familias estadounidenses en todo su esplendor, sometidas a cualquier situación específica.

Absolutamente desmedido el endiosamiento que están recibiendo el exministro del Interior, Avelino Guillén y la expremier Mirtha Vásquez, por parte de cierto sector de nuestra izquierda, que estima sus renuncias como un acto de alta dignidad y algunos llegan a hablar, inclusive, de un parteaguas en el gobierno luego de que el presidente Castillo confirmara su salida.

Cuando una renuncia digna es tardía, deja de serlo. Guillén se prestó a shows xenófobos como el que Palacio diseñó con la fallida deportación de venezolanos y avaló la designación de Prefectos que no reunían las condiciones para el cargo y solo estaban allí, con su anuencia, por ser allegados del Fenatep -el sindicato magisterial radical del que forma parte el Primer Mandatario-, y junto con Mirtha Vásquez hicieron mutis político sobre todas las tropelías que desde la casa presidencial se han venido exhibiendo con fruición desde el inicio del régimen (incluyendo el nombramiento de pares ministeriales francamente impresentables e inaceptables).

Si Guillén y Vásquez querían hacer de la renuncia un acto principista, debieron pues hacerlo a los pocos días de haber juramentado. Es más, dado que cuando fueron designados ya se conocía buena parte de las denuncias de corrupción que rozan al Primer Mandatario, debieron haberlo pensado bien antes de aceptar el encargo.

La izquierda moderada peruana está jugando un papel lamentable respecto del régimen castillista. Le echa agua tibia a toda la mediocridad e indolencia gubernativas, al amparo de la consecución de ciertas cuotas de poder, y solo reacciona, malhumorada y digna, cuando los afectados, como en el caso de la expremier Mirtha Vásquez o el exfiscal Avelino Guillén, son de los suyos.

Vásquez y Guillén son los mejores símbolos de la obsecuencia de la izquierda presuntamente moderna del país, respecto de un gobierno que está echando por el traste no solo la reactivación económica que el contexto internacional nos debería y podría generar, sino que está deteriorando las calidades institucionales de nuestra democracia y labrando, en términos de políticas públicas, el inminente colapso del Estado.

Algunas canonjías (sueldos y puestos públicos) han bastado para devaluar ética y políticamente a la izquierda. En los hechos, han terminado por corroborar que sus ostentosas propuestas de cambios institucionales, reformas redistributivas, transformación del Estado en favor de los pobres y demás, solo eran fullerías. Fugaces y etéreas cuando al frente se les ha ofrecido el salival poder político.

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Avelino Guillén, Mirtha Vasquez

En una reciente entrevista, el presidente Pedro Castillo declaró que “para llegar a la presidencia de la República no fui preparado, a mí nadie me entrenó”. Su sinceridad provocó críticas furibundas entre sus detractores que lo calificaron de ignorante e incapaz para gobernar. Lo dicho, por el contrario, revela la precaria situación de los partidos políticos realmente existentes en el país. 

Como se sabe, Vladimir Cerrón Palomino invitó al entonces dirigente sindical magisterial para que postulara, junto a él, en la plancha presidencial de Perú Libre sin mayor aspiración que pasar la valla electoral. Antes de afiliarse a Perú Libre en el 2020, Castillo había militado 12 años en Perú Posible y fue su candidato a una alcaldía distrital en las elecciones municipales del 2002. Todo partido político que se precie de tal, forma y capacita a sus afiliados para competir en la arena electoral y, de ganar, para el ejercicio del cargo al cual fue electo. 

Históricamente, han sido pocos los partidos políticos que no solo han formado y capacitado a sus militantes sino también que, gracias a su desarrollo y fortaleza institucional, facilitaron que hicieran carrera en sus organizaciones como el Partido Aprista Peruano, Partido Comunista Peruano, el Partido Popular Cristiano y Acción Popular. De los cuales, solo Acción Popular mantiene hoy su inscripción vigente. En mayor o menor medida, cada uno poseía una particular ideología, un programa, consignas, valores,  principios y una forma de organizarse en el territorio. Todo lo cual confería a sus militantes identidad y un sentido de pertenencia a sus respectivas comunidades políticas. Usualmente, cada partido elegía a sus candidatos para cargos de elección popular entre sus militantes más destacados. Los cuales resultaban electos regidores, alcaldes distritales o provinciales, presidentes de la República o congresistas. Ganaban y acumulaban experiencia en diferentes niveles de gobierno y en el legislativo. Una memoria institucional que se socializaba entre su militancia. Sin embargo, esta situación cambiaría radicalmente en los 90s con el reinado de la “antipolítica”. 

Como bien analizó Carlos Iván Degregori, desde el 1990 al 2000, una de las columnas vertebrales del régimen fujimorista fue la anti política. El discurso gubernamental de aquel entonces asoció a la política como confrontación y a los partidos políticos como férreos opositores al “cambio” y receló de cualquier institución democrática buscando instaurar una política autoritaria y tecnocrática. Esto último asociado a que “los políticos” no saben cómo enfrentar y resolver los problemas del país y, en tanto, “los tecnócratas”, sí. Es más, aquella búsqueda del “bien común” y de cómo lograrlo respondió en buena cuenta a la voluntad e intereses del entonces presidente y sus tecnócratas. Aquella denostada “vieja política” fue reemplazada por una “nueva” cuyas señas de identidad no fueron otras que la ausencia de la ética, el abuso y la prepotencia, la arbitrariedad y la amenaza contra políticos, jueces, fiscales, funcionarios, periodistas, entre otros. Esa manera de entender y hacer política fue asumida por no pocos ciudadanos. ¿Debate público, disensos, consensos entre comunidades políticas? No, no fue la tónica. Y así se fue gestando y consolidando en los ciudadanos un rechazo creciente a la política en general. 

Este fue uno de los factores, entre otros más, que contribuyeron a la crisis de los partidos políticos en el país. Lo que vino después han sido organizaciones políticas cuyo objetivo principal ha sido ganar las elecciones cueste lo que cueste. Han devenido en meras “máquinas electorales” que se alquilan o venden al mejor postor para tentar la presidencia de la República o una curul en el parlamento. En la selección de sus candidatos al Congreso o a la presidencia de la República, ya no interesa la carrera partidaria de sus militantes mucho menos sus capacidades. El dueño o dueños del partido determinan quién postula y quién no, a quién invitan y a quién no. Pensar en una visión de país, en el bien común, un programa o en el personal más idóneo en caso de que ganaran la elección es irrelevante. Lo que importa son los réditos inmediatos de hacer uso de su “franquicia”. Y, si no pierden la inscripción, su presencia y quehacer político partidario se reduce a la mínima expresión e ingresan a una especie de letargo hasta el siguiente proceso electoral.  

Desde hace unas semanas se inició una crisis en el Ministerio del Interior, cuyos protagonistas fueron el ex ministro del Interior, Avelino Guillén, y el ex comandante general de la PNP, Javier Gallardo. Guillén denunció en una entrevista en “Epicentro TV” una serie de ascensos y traslados policiales conducidos por Gallardo en la PNP, donde se ha tratado de remover a generales de reconocida trayectoria, reubicando a otros integrantes de la policía al mando de direcciones clave, y cuya trayectoria es cuestionada para ejercer esos cargos. Asimismo, ha buscado recortar el presupuesto y reducir miembros de la DIVIAC.

Al parecer esto sería parte de una mafia que cobra por estos movimientos en la PNP, y como denunció el general Javier Bueno, en varios casos se habría pagado, según la posición a la que se postulaba, desde 25 mil dólares para lograr el ascenso. Y lo más cuestionable es cómo llega Gallardo a ser comandante general de la PNP. Según IDL, el congresista cajamarquino por Perú Libre, Américo Gonza Castillo, lleva a Gallardo a reunirse con el presidente Castillo antes de ser comandante, y poco después se anuncia su ascenso.

No solo habría una mafia que cobra por ascensos, sino un escándalo de corrupción por presuntos contratos corruptos en la Policía durante la pandemia, por lo cual la ex suboficial de la PNP, Patricia Sovero, está siendo investigada por la Fiscalía. Aun así, ella se ha reunido varias veces con Pedro Castillo, y en una de esas reuniones estuvo presente el ex comandante general Javier Gallardo.

Avelino Guillén trató de luchar contra todo lo antes mencionado. Observó las listas de ascensos presentadas por Gallardo, aunque este último habría hecho caso omiso a los cambios solicitados, y al tener contacto directo con Palacio de Gobierno, pasaba por alto al ex ministro del Interior en todas las coordinaciones. Guillén denunció esto ante Castillo, sin recibir respuesta alguna, lo que llevó a su irrevocable renuncia, admitida el domingo pasado en la noche.

¿Qué hizo Castillo? Brilló por su silencio, un silencio que podría representar un blindaje a la corrupción, y de ser así, sería una puñalada en la espalda al “pueblo” que tanto dice representar. El pueblo pide a gritos seguridad ciudadana, el pueblo pide a gritos luchar contra la corrupción. ¿Esperar dos semanas para actuar y recién oficializar el pase al retiro de Gallardo? Muy tarde señor presidente. 

Avelino Guillén ha sido en mi opinión de lo más destacado de este gabinete. Trató de defender la institución de la PNP, fue un político fuerte que denunció las irregularidades de las que fue testigo, no se prestó a ser parte de la presunta corrupción organizada por Gallardo, y, para reforzar la lucha contra el crimen organizado en el país, buscó impulsar que la DIVIAC sea considerada como una dirección al interior de la PNP. Durante su gestión se han desarticulado diversas bandas criminales, y, aun así, no recibió el respaldo del mandatorio del Perú.

Nuestro presidente parece estar más preocupado por darle mar a Bolivia que por mejorar la seguridad ciudadana. Se olvida que representa al “pueblo”. Lamentablemente ya nos estamos acostumbrado a su silencio, a su falta de mano dura, a su poco accionar en temas relevantes para la ciudadanía. Parece que Castillo sigue usando al Perú como su escuela de gobernabilidad. Me pregunto, ¿cuánto más tiempo tiene que pasar para que se tome en serio su cargo y comience a gobernar en beneficio del “pueblo”?

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Avelino Guillén, PNP

 

La frase que le da título a este artículo es la recomposición de una frase muy famosa de la película Star Wars Episodio 3: La venganza de los Sith, que narra el momento en el cual Ben Kenobi le dice a Anakin Skywalker, después de dejarlo muy malherido en el planeta Mustafar, que él era el elegido por la profecía para salvar al mundo, para recomponer la fuerza. 

Esta frase tiene lugar en el Perú ahora porque durante la última semana y más precisamente en los últimos días hemos asistido a una profundización de la desconfianza y del deterioro de la imagen del presidente Castillo ya no ante la derecha sino ante sectores moderados de la izquierda que lo empiezan a ver de manera diferente. Incluso sus aliados en el gobierno han salido con comunicados bastante elocuentes con respecto a la acción política del presidente.

tweet Verónika Mendoza
El punto de inicio de este nuevo conflicto que afronta el presidente Castillo tiene que ver con la renuncia del ministro del Interior Avelino Guillén en circunstancias en las cuales lo que el ministro saliente solicitaba era la autorización presidencial para la remoción del Comandante General de la Policía Nacional, que colisionaba con una gestión transparente del ministro. 

La indecisión del presidente ha sido considerada como ponerse de costado frente a la evidencia de la corrupción dentro de la Policía Nacional y eso ha generado que incluso sectores que habían manifestado un apoyo notorio al presidente hoy estén cuestionando al mismo y estén presionando para que desde el Gobierno se genere una corriente o de ruptura o de cambio profundo en la composición de los principales cuadros del Poder Ejecutivo.

Por fin ayer en la noche el presidente tomó una decisión y parece “salomónica”: aparta tanto al ministro como al director general de la policía. Sin embargo genera algunas interrogantes y algunos problemas que trataremos de resolver en los siguientes días pero no es ese el objetivo central de este artículo. 

Lo que vamos a tratar de considerar esta semana es cuál es el rol que juega la otra izquierda dentro del Gobierno de Perú libre y el presidente Castillo, cuál es el rol que desde el Movimiento Nuevo Perú y desde otros actores de la izquierda se está cumpliendo; si se trata de un rol que está llegando a su fin o si es que se tiene más músculo para continuar acompañando al Gobierno actual.

Aparentemente la primera ministra Vasquez, quien avalaba a Guillén, se ha conformado con la decisión presidencial, estando presente en la reunión del domingo por la noche que determinó la decisión final presidencial. Y ayer los ministros Durán y Francke acompañaron a Castillo en su recorrido por las provincias del oriente, mostrando incluso selfies alegres en sus redes sociales. Lo que daría por sentado que desde los aliados del gobierno se trata de un impase que como otros (la crisis Barranzuela, la crisis Pacheco, por citar solo dos, pero van varias) se da por superado. 

Como en otras ocasiones vamos a tratar de hacer un artículo colaborativo con la participación de algunos que tuvieron la gentileza de colaborar con un mensaje que se colocó ayer en el Twitter. Desde luego la mirada que le damos se sujeta a lo que este autor considera qué es el norte del tema, pero respetando la pluralidad de opiniones que se plantean.

Alonso Gurmendi, conocido abogado e hiper estrella del Twitter nacional, considera que este problema no nace acá y que más bien la izquierda no ha logrado plantear desde un inicio una toma de posición más principista. Lo que Gurmendi plantea es por qué recién ahora la izquierda se preocupa de tener principios con respecto a la corrupción y antes no levantó la mano frente a temas de homofobia, misoginia y otros que desde el inicio del gobierno se dejaron ver: por qué desde la izquierda moderada recién ahora hace cuestión de Estado por el tema Guillén, pero se permite la compañía en un gobierno que en otras líneas se mostró contrario a sus propias banderas fundamentales. 

Es un buen punto de partida: si se está cómodo con A por qué no está cómodo con B. Sin embargo, consideramos desde este espacio que son momentos diferentes para evaluar la acción desde los socios del gobierno, pues al inicio de este periodo se podía considerar que había una curva de aprendizaje y de correlación que hacía ser posible pensar en cambios desde adentro y que por eso la toma de posición podía irse dando en los hechos. 

De hecho, Gurmendi no considera que con respecto por ejemplo a la composición paritaria del gabinete sí hubo cambios. La llegada de Mirtha Vásquez generó varios cambios al interior del mismo gabinete y que se ha ido avanzando -con el Ministerio de la Mujer sobre todo- en el desarrollo de una política bastante más inclusiva. Estamos lejos todavía de pensar que estamos en una plataforma de izquierda, pero que hubo avances, los ha habido. 

Laura Arroyo, por su parte, comunicadora e intelectual, señala más bien que ese pedido de coherencia suele ser siempre orientado a las izquierdas y nunca a las derechas. Pero, además, considera que se trata de un proceso no lineal, que genera contradicciones y que lo importante es dar la pelea desde adentro y que ese espacio es el que Nuevo Perú y la Premier están dando.

Con ese punto de partida la pregunta seguía abierta: qué es aquello que todavía mantiene el vínculo entre sectores más institucionales de la izquierda como el Movimiento Nuevo Perú y el gobierno del presidente Castillo. La hipótesis optimista que plantean algunos comentaristas es que el vínculo se mantiene por la necesidad que se tiene de asegurar la viabilidad de algunas conquistas que se pueden hacer desde el gobierno. El mantener carteras claves de apoyo social y del manejo de la economía mantienen el optimismo de poder hacer una gestión adecuada y tratar de ir conquistando otros cambios desde adentro. 

El otro aspecto optimista es que en realidad se trataría de un sacrificio de la dirigencia y militancia de estos sectores de la izquierda, que con su presencia hacen que el gabinete mantenga una composición progresista y así se evita la llegada de determinadas corrientes que puedan ser dañinas para el desarrollo del ejercicio del gobierno: concretamente que se tome un rumbo más radical o que por el contrario se alíe explícitamente con Acuña, Acción Popular o incluso el fujimorismo. 


Otra posición es la del pragmatismo. Esta posición -señalada por varios de los analistas que han comentado la pregunta inicial- lo que sostiene es que un sector de la izquierda ve en los sectores que manejan la oportunidad de mantener una cuota de poder, de desarrollar líneas de trabajo que puedan servir de plataforma a posteriori y de poder ratificar su influencia dentro del Poder Ejecutivo. Es decir: se plantea la posibilidad de que la comodidad de permanecer en el gabinete se explique por la posibilidad de obtener beneficios adicionales posteriores. Se trataría de un cálculo hacia adelante más que de una apuesta por el presente.  

Particularmente creo que esto es una visión poco ubicada en la realidad: a los ojos de la opinión pública es poco probable que se pueda separar la paja del trigo en una gestión vista como polémica y la verdad es que es poco lo que se pueda considerar como ganancia a futuro en términos de imagen si es que los indicadores generales del Gobierno no mejoran a ojos de la opinión pública.

Finalmente, la mirada de “interés” que nunca falta: de mantienen ahí porque son parásitos, por el sueldo, porque solo les interesa le poder, etc. Incluso el excongresista Arce tiene palabras duras para sus ex correligionarios:

En concreto, no existe una forma de entender cuál es el juego que desde los aliados del gobierno están desempeñando. Lo que sí parece claro es que su presencia genera una mejor imagen a favor de Castillo y aseguraría cierta racionalidad en sectores relevantes. No sabemos si sea un tema que a la interna de los movimientos de la izquierda se esté discutiendo o si vayan a existir más renuncias luego de esto. Pero lo que es claro es que el presidente no da para muchos más traspiés. 

Por cierto, en la película, si bien Kenobi derrota a Skywalker, este es acogido por el lado oscuro y reconstruido como Darth Vader, implacable y malvado general del imperio. Kenobi se ve forzado a exiliarse en el desierto de Tatooine donde décadas después conocerá a Luke. Pero eso es otra parte de la historia.

 

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Izquierda, Nuevo Perú, Pedro Castillo


Un reciente artículo publicado en Foco Económico, bajo la autoría de los brillantes economistas peruanos, Roberto Chang y César Martinelli, trata de dilucidar el impacto económico que tiene un liderazgo mediocre, conducido por alguien no preparado para el cargo presidencial (como el propio presidente Castillo se ha esmerado en autocalificarse en las tres entrevistas que diera recientemente).

En dicho artículo (http://ow.ly/MiYi30s97Mk), se hace mención a un estudio de Tim Besley, José Montalvo y Marta Reynal-Querol, en el que se concluye que “tener que reemplazar a un jefe de Estado con educación superior (estudios universitarios o de posgrado) causa una caída de 0.7-0.9 puntos porcentuales de crecimiento económico anual en los cinco años siguientes (…). Las magnitudes son más marcadas si un país tiene la mala suerte de pasar de un líder con educación superior a uno sin ella. De acuerdo con Besley et al., dicho evento resulta en una pérdida de 1.7 puntos porcentuales en el crecimiento anual por cinco años”.

En el estudio se supone que la educación recibida es un indicador confiable, lo cual en el Perú es relativo, dado el paupérrimo nivel de muchas universidades locales, pero el estudio no pierde filo ni vigencia, y adquiere particular relevancia en la medida que mide, finalmente, cuánto impacta el buen grado de preparación y efectivo liderazgo de un Presidente, en comparación a la situación que se genera cuando el referido liderazgo es, como el de Castillo, inexistente o mediocre.

Haciendo un cálculo somero en base a dicho estudio, se puede concluir que Castillo, por sí solo, sin contar las deficientes políticas públicas que despliega en casi todas las áreas de la administración estatal, nos cuesta más de un punto porcentual de pérdida del PBI cada año, es decir, alrededor de dos mil millones de dólares. En los cinco años de su mandato, el Perú dejará de crecer la friolera de 10 mil millones de dólares, exclusivamente por su personalidad esquiva, poco diligente, timorata, indecisa y pueril.

Es terrible que casi treinta años de crecimiento sostenido, a pesar de haber sufrido gobernantes corruptos, se puedan ir por la borda por la indolencia y levedad del personaje que llegó a Palacio por la azaroza conjunción de factores vinculados a una pandemia, que empujó a la ciudadanía, incauta, a votar por un candidato antiestablishment, sin importar sus nulas credenciales para ejercer el cargo para el que postulaba y que hoy, como era inevitable, mal regenta.

Lo sucedido en las últimas elecciones que acaba de suceder hace unos siete meses merece una lectura en perspectiva. A la luz de los datos presentados por la ONPE, la situación política del país pasa por una representación social y política con limitaciones, aún sin proyección real a largo plazo. Sobre todo, después de dos décadas y media de crecimiento económico, el cual generó nuevas clases medias, nuevos sectores ricos del país y una dinámica popular ligada a la creación de riqueza sin canalización de demandas por parte de un Estado ineficiente en medio de una descentralización que necesita un segundo reimpulso. 

Carlos Meléndez escribió en su columna para El Comercio (16/05/2015), el cual nos puede servir como referente para explicar mi argumento lo siguiente: “los canales de intermediación política y social en el Perú están rotos”, y que “los dirigentes sociales ven reducidas a las de simples operadores políticos […] sin capacidad real de control, ascendencia y dirección del movimiento social”. Detengámonos aquí que tengo mis observaciones. 

Estando en un sistema postcolapso del sistema de partidos a nivel nacional, ¿aún seguimos con los canales de intermediación política y social rotos como sostiene Meléndez? Hace unos años realicé un estudio sobre formación partidaria a nivel subnacional para mi maestría, y los resultados que encontré son que, después de dos décadas y media de intensa actividad minera en el Perú, se está configurando el escenario político en algunas regiones del país (como Cajamarca la parte sur del país) que pueden tener repercusión a nivel nacional. 

En ese sentido, no se puede seguir sosteniendo que los canales de intermediación están rotos, sino que están reconfigurándose en un contexto político que gira en torno al resquebrajamiento y la organización mínima, en donde las minorías activas cobran fuerza que la situación de crisis de toda índole lo permite para polarizar escenarios electorales. Así llegó -por ejemplo- Pedro Castillo al gobierno. 

El pésimo manejo de las empresas mineras en casos emblemáticos como Conga y Tía María y –ahora- Las Bambas formaron un cúmulo de descontento social de décadas, que ha devenido en división política, que están aprovechando algunas minorías activas que cuentan con organización mínima.

Recalco: tengamos en cuenta cómo de ciertas coyunturas se están formando representación política y social aún con limitaciones que es aprovechada por minorías activas en ciertas coyunturas críticas que nos presenta el escenario político peruano. 

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2021, elecciones presidenciales, ONPE
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