Opinión

¿Qué se hace cuando un ministro, como el de Educación, Carlos Gallardo, lanza un lamentable comunicado respaldando en la práctica el golpe institucional que se ha perpetrado contra la Sunedu y la reforma universitaria en la Comisión de Educación del Congreso, mientras su jefa, la premier Mirtha Vásquez señala que el gobierno respalda dicha reforma?

¿Con qué autoridad moral, el ministro de Economía pide delegación de facultades legislativas y señala explícitamente que gran parte de los recursos que se obtendrían, irán al sector Educación, si vemos al titular del pliego tirándose abajo la reforma magisterial, una de las más importante efectuadas en los últimos años en el país, consagrando así la mediocridad en el sector?

Corre intensamente el rumor de que sobrevendría un cambio de gabinete en los próximos días, no se sabe si inclusive de la Premier o solo de algunos ministros. Sea cual fuera al escenario, lo cierto es que el ministro de Educación no puede seguir un día más en el cargo que ocupa. Es el Atila de las reformas magisterial y universitaria peruana. Solo está en el cargo para favorecer irregularmente al sindicato apócrifo del Fenatep, vinculado al Movadef, y que pretende golpear en la línea de flotación al sindicato histórico del magisterio, el Sutep. Ese es su principal propósito, pero en el camino está destrozando el sector.

Causa sorpresa mayúscula, por cierto, que un importante núcleo político y tecnocrático de la izquierda, que acompañó durante más de una década los cambios positivos que se han ido emprendiendo en el sector Educación, guarde sepulcral silencio respecto de los desmanes de este gobierno en el mismo, desplegando una contrarreforma de tal envergadura que ni siquiera la ultraderecha se atrevió a plantear entre sus propuestas.

Causa igual o mayor sorpresa, que el Congreso, mayoritariamente opositor, no haya procedido ya a censurar a un ministro que carece de las condiciones mínimas para ejercer el cargo y, lo que es más grave, que muchos de sus miembros (al menos de la Comisión de Educación; ojalá que en el Pleno ello varíe) se sumen al lobby turbio de las universidades bamba que, sin duda, debe estar corriendo importantes sumas de dinero para convencer a algunos parlamentarios de que les permitan una nueva oportunidad de volver a las andadas de la mediocridad y corrupción académicas, sin tutelas ni exigencias.

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carlos gallardo, fenatep, Movadef

Producto de un contexto de imputaciones, de una política del veto, de desprestigio del adversario y, también, de políticos inexpertos y ambiciosos que pululan por nuestro medio nacional es que podemos apreciar una baja confianza ciudadana en la clase política del país. “Clase política”, ¡qué gran oximorón!

Efectivamente, desde los años noventa en adelante, hemos podido apreciar en el Perú que el activismo, el sindicalismo y la protesta no basta para hacer política. Lo que el país requiere, frente a los grandes problemas que lo aqueja, es tener nociones de estadistas (vale decir, nociones de plazos para las reformas que requerimos), de constructores de diálogo y de vocación de servicio, algo tan simple y sencillo, pero que no se aplica.

Eso lo podemos apreciar en los graves errores que viene teniendo tanto el ejecutivo como el legislativo. Errores que se traducen en realizar estrategias políticas que priorizan la coyuntura, el enfrentamiento constante y la desidia para afrontar la crisis económica y social que vivimos producto de la pandemia que generó la covid-19. 

Otro ejemplo, durante el gobierno de Martin Vizcarra en la que se judicializó la política al extremo, perdimos la oportunidad del gran proyecto del tren bioceánico que hubiese generado directamente al país entrada de capitales y conexión al Asia pacífico, pero no. Dicho proyecto, frente al error de nuestra “clase política”, fue acogida por los chilenos que, pese a también tener enfrentamientos, lograron unirse para que Piñera atraiga ese proyecto importante al vecino país del sur.  

En tiempos de normalidad política se precisan de reformas para cambiar dicha situación, pero en tiempos turbulentos como el que vivimos, acechados por los populismos que detestan cualquier atisbo de participación política activa y fiscalizadora, es que precisamos de acercarnos a la profesionalización de la política y los políticos. 

¿Cómo? Es importante para dicho cometido, volver a acciones del origen de los partidos, y una de ellas es el de generar escuela política. Escuela política entendida como la capacidad de enseñar a la militancia y ciudadanía la otra cara de la política partidaria. Sí, la otra cara, la de políticos con visión de estadistas, con vocación de diálogo y con convicción por el servicio social. 

Para ello es necesario que los partidos salgan de sus cuatro paredes y comiencen a realizar actividades itinerantes, acercar la política así a los vecinos y ciudadanos. Motivar mentes y corazones mediante la creación de proyectos de ley o políticas públicas y haciendo entender que la creación de riqueza y del capital es necesario para que haya un Estado efectivo y eficiente sin ser tan elefanteasico. Todo eso requerimos para reconstruir los lazos de confianza entre políticos y ciudadanos, así como para reconstruir la gobernabilidad que nuestra joven democracia requiere. 

 

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Política, Profesional

¿Recuerda las películas de hace varios años donde nos hablaban de un futuro salvaje, donde la ley del más fuerte se imponía y la anomia era la regla? Por ejemplo, Mad Max, el personaje de Mel Gibson que tiene que pelear por todo en una sociedad donde las pandillas (así como La Resistencia) tienen el control de las carreteras y hay una crisis general de recursos. En Total Recall, un desconcertado Schwarzenegger tiene que enfrentarse a un régimen totalitario, en una sociedad en la que el control social se ejerce por encima de la voluntad racional. En Mundo Acuático, Kevin Costner es el héroe que en un mundo distópico consigue agua. No hablaré de Blade Runner. Y muchas más. 

Todos estos, blockbusters hollywoodenses que imaginaron un futuro similar: sociedades desarticuladas, autoridades represivas totalmente corrompidas manteniéndose en el poder en función a discursos mesiánicos, falta -y control- de recursos básicos para la subsistencia. Y mucha impunidad. Muchísima impunidad. Cada uno, con dinero o fuerza, hace lo que quiere. Sin esas dos condiciones la supervivencia se hacía complicada o pasiva. No existe ley que pueda cumplirse.

La impunidad siempre será una característica de lo que no queremos, ejemplo de lo malo que puede tener una sociedad. El primer diagnóstico de que algo se pudrió y que debemos atenderlo antes de que sea tarde. En su artículo dominical, Marco Sifuentes se cuestiona qué entendemos los peruanos por “normal” y sí pues, me temo que la impunidad es algo que hemos aprendido a considerar normal, algo con lo que convivimos y asumimos.¹

Claro, podemos hablar de la impunidad desde el Estado, desde las esferas macro, donde nuestro querido Perú es una mazamorra para sancionar penalmente básicamente a nadie. Siempre hay una forma de salir bien librado, a partir de juicios interminables, de terminar presentando recursos y recursos legales para dilatar las cosas o directamente organizando acciones de robo de pruebas incriminantes. De hecho, la Universidad de las Américas, Puebla, en México, ha desarrollado un Índice Global de Impunidad², con datos abiertos para el análisis de la información, donde Perú aparece con un nivel de impunidad media alta, solo superado por Paraguay en Sudamérica y México y Honduras si ampliamos el espectro. Lamentablemente no se contó con información de Brasil, Argentina y Venezuela, que hubieran sido dignos rivales de nuestro país.

Se nos podrían ocurrir miles de ejemplos que podrían ejemplificar como la impunidad desde el Estado, a partir de dimensiones estructurales y funcionales definidas en el Índice señalado, opera y nos hace sentir como ciudadanos. Pero conviene también repasar aspectos que son más mundanos, que pasan hoy frente a nuestros ojos y que “así son” pues, vamos a otra cosa.

Lo primero que se opera a nivel micro es el cuestionamiento de lo que existe como base del funcionamiento social: la interpretación auténtica de la ley que nos gobierna o de las reglas comunes. El señor que considera que la regla de sacar a pasear a su perro con correa es una soberana estupidez y se lo grita al sereno que se lo recuerda. Cómo le va a hacer caso a la estupidez. Al ser responsable de que su perro haya mordido a otro o a un niño, su respuesta siempre será “qué raro, es un perro tranquilo”. Pero ¿infractor de la norma? No exageremos.

El ciclista que considera que la ciclovía no cumple sus requisitos, las características que requiere para considerarla una vía apropiada y se mete por la vereda donde impaciente les pide a los caminantes que se hagan a un lado para que pase. Cuando tropieza con una señora y la lastima, siempre pensará que fue ella la que debió correrse, porque nadie sabe los peligros a los que los ciclistas se exponen en las pistas y si no le gusta hay mucha vereda para todos.

El vacunado que lo hizo “por si acaso” pero que ahora se muestra tan indignado con el carnet de vacunación que se planta frente a los locales y no quiere mostrar ningún carnet de nada y que la Constitución y su exención firmada por la doctora Mejía. Cuando los responsables del ingreso del público le señalan que no va a pasar, prepotente trata de hacerlo a la fuerza porque “le parece que…”. Frente a cámaras defiende su derecho individual y su libertad que ningún gobierno comunista le va a quitar. No cree que la regla es para cumplirse. Siempre está el albedrío para hacerlo. El vigilante, cede, porque el que pierde al final siempre es él.

Veinticinco ancianos necesitan ser trasladados a un albergue que el INABIF ha podido habilitar en lo que fue la casa de un narco en La Molina. Los vecinos deciden que no quieren. Como hay una reja de acceso, bloquean el acceso de funcionarios. ¿Qué les preocupa? Que el valor de sus predios baje, dicen. O que haya viejitos indigentes cerca, que siempre malogra las estampitas navideñas porque no se saben el yingelbels. Ellos se sienten -explícitamente- dueños de la decisión, dueños de la calle, dueños de la zona. Controlan el acceso. Los funcionarios que quieren pasar no pueden. Con impudicia, los señorones ratifican hablando a los micrófonos que es su barrio y que se vayan a otro lado. El funcionario y los veinticinco viejitos se van, decepcionados. La reja vale más que la ley.

Una empresaria que conoce a medio mundo y que tiene muchos juicios ha conseguido el número del presidente de la república nada menos. Queda con él, lo visita, hablan de manera secreta, seguramente del clima y de lo caras que están las cosas y de pronto gana una licitación con el Estado. Pero, además, mira qué suerte, solo por ofertar centavos más que su competencia. Ese día sí que se levantó con el pie derecho. Cuando otros empresarios quieren proveer ese servicio, pasan por un increíble viacrucis de documentación y términos de referencia engorrosos. Piña pues. En tu agenda no está el número del secretario de Palacio, de repente pa la próxima. Ten fe.

Un periodista del que se revelan correos pidiendo al presidente una entrevista y si no, que atienda sus servicios profesionales de asesoría en comunicación, al no tener respuesta se dedica a atacarlo con ferocidad en cuanto espacio tiene. Siempre desde luego con independencia de opinión y pluralismo democrático. El mismo que ha recibido millones desde el gremio empresarial más importante para dirigir un grupo de opinión que tiene la firme tarea de tumbarse al régimen desde el día uno, escribe ayer que la ultraderecha es una ficción y que nadie puede acusarlos a ellos de que quieran tumbarse la democracia. En otros tiempos, frente a tales conflictos de interés, el medio no lo consideraría como comentarista. Pero qué va, si es brillante. Mejor lo tengo como parte del equipo asesor de mis canales de noticias y comentarista invitado desde el desayuno a la cena.

¿Qué tienen en común todas estas historias? Lo primero es que son reales, pasan todos los días porque sí, porque me acostumbré a que las cosas son desde mi perspectiva, siempre desde ahí. Lo segundo es que como Sifuentes señala, son “normales”, no sorprenden a nadie. Son reales y ocurren. Para qué mueves las cejas si todos lo hacemos pillín, ¿o eres perfecto? No seas tan tonto por hacer que esto sea un escándalo. Mientras más calladito más bonito, ¿no dicen?

Pero hay al menos dos cosas más. La primera es que siempre hay una víctima, alguien que sufre por eso que haces, por lo que interpretas como “tu derecho”, siempre aplasta a alguien. Directamente y también por asociación. Ese guachimán que gritaste, ese sereno que ignoraste, ese vigilante que empujaste. O a quien atropellaste. O los viejitos que dejaste durmiendo donde no deben ni pueden. Esas víctimas no tienen voz. Solo les queda acostumbrarse. La siguiente vez, pasas viejo, para qué me voy a hacer problemas si pierdo. 

Pero también están las otras víctimas. Las que se quedan sin o dejan de recibir algo porque pasaste por encima de ellos. Y lo más peligroso de todo: también son víctimas aquellos que aprenden que esto es normal, porque eso se reproduce. Tanta campaña de minimización del presidente termina en que es parte de fiestas infantiles como la piñata de un burro, y se aplaude y celebra. Una congresista puede mandar al carajo en prime time nacional y no hay UNA sola manifestación desde el Ejecutivo sobre ello. Como sociedad aprendemos a hacer comunes estos gestos. Para qué existe la policía si no es más que para recibir coimas. Para qué existen los jueces si no es más que para acordar un precio.

El que haya víctimas es grave. Porque quiere decir que no hay nadie que vele por ellos. El Estado, el gobierno, la autoridad deja de existir y opera la impunidad. Vamos construyendo una semántica de la ley de la selva. Qué carajos. Nadie va preso, nadie sale perdiendo. Un verdadero del cambio debería ser quien nos enseñe a comprender que la impunidad no se tolera, no la propicia con la ausencia de respuestas o la pasividad de su acción. 

La segunda es que no ocurre que tengamos tantos ideólogos que toman una posición tan radical basados en una estructura de pensamiento original. Uno de los miembros más conspicuos de La Resistencia es llamado el figuretti por la prensa que cubre las calles, porque donde había hecho público aparecía para robar cámaras, desde hace varios años. ¿Creen que maduró y transformó su afán de figuración en una apuesta política? ¿O más bien el señor y varios otros han encontrado la forma de ser reconocibles en un mundo que los condenaba a ser anónimos?

Funciona muy bien el modelado de conducta. Ejemplos hay todos los días. Un presidente que nombra autoridades cuestionables favorece la impunidad. Una cabeza del congreso que se va a España a hablar tonterías favorece la impunidad. Un ministro del Interior y de Justicia que permiten la acción de La Resistencia y de operativos Olimpo favorecen la impunidad. Congresistas con conflictos de intereses presidiendo comisiones y votando con descaro favorecen la impunidad. Una prensa que es tan acuciosa para un lado y para el otro, silba con descaro, favorece la impunidad. Si permitimos la impunidad, tendremos un país tomado. Las películas dejarán de ser de Hollywood y se rodarán en Lima, Perú.


  1. En: https://www.patreon.com/posts/59817747
  2. En: https://www.udlap.mx/cesij/files/indices-globales/0-IGI-2020-UDLAP.pdf

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impunidad

Si es cierto que Castillo está siquiera elucubrando la posibilidad de darle salida soberana al mar a Bolivia por territorio peruano, como ha denunciado un importante grupo de diplomáticos peruanos, encabezados por el excanciller Allan Wagner, bastaría y sobraría como causal, no solo de vacancia, sino de acusación de traición a la patria.

Finalmente, gracias a la presión política desplegada, la cumbre Runasur, prevista para los próximos días, ha sido cancelada. En ella, bajo el liderazgo de Evo Morales y so pretexto de un discurso anticolonial y anticapitalista, se buscaba infiltrar a la región de un espíritu antirepublicano que, como cereza del postre, contenía dicho “obsequio territorial” del Perú a Bolivia.

No es broma lo que se está queriendo gestar, porque supondría la destrucción de las democracias representativas en la región -máxima aspiración republicana- y su reemplazo por asambleas plurinacionales, que a la postre ocultan una vocación dictatorial, como las que se aprecian en los países contaminados por su ideología de base.

Geopolíticamente, es menester actuar preventivamente respecto de semejante proyecto. Hay una clara insatisfacción subregional por parte del mundo andino -en particular del sur- en relación a la dinámica social capitalina o costeña, que ya es aprovechada por caciquismos regionalistas que aparecen y triunfan en cuanto proceso electoral local existe (los partidos nacionales hace tiempo han sido borrados del mapa electoral en estas regiones), y que podría crecer si se le soslaya.

Por lo pronto, se necesita modificar sustantivamente tres temas cruciales: uno, la descentralización, que solo ha dado pie, en muchos casos, a ineficiencias pavorosas en el manejo administrativo de los recursos públicos que en estas localidades se manejan; dos, la legislación del canon y las regalías mineras, que han permitido que buena parte de los dineros que provee la actividad capitalista moderna termine en los bolsillos de autoridades corruptas y no directamente en los que deberían ser beneficiarios (quizás la propuesta de Keiko Fujimori de hacer entregas monetarias directamente a los ciudadanos, pecaba de individualista y por eso fue rechazada por los propios electores locales, pero el reparto directo, soslayando a los gobiernos subnacionales, es una buena idea que debería cuajar, tal vez en favor de las comunidades y no de los individuos); y, tres, debe emprenderse una cruzada nacional contra las mafias delictivas que prosperan en las zonas mencionadas, atentando directamente contra el Estado-Nación (quizás Puno sea el mejor ejemplo: allí coexisten el contrabando, el narcotráfico, la tala ilegal, la trata de personas y la minería informal, todas contestatarias del ente estatal).

-La del estribo: emocionante ver el documental Get Back del director neozelandés, Peter Jackson, sobre imágenes inéditas del proceso creativo del álbum Let it be, de The Beatles, y que se propala en Disney Channel, pero que, faltaba más, ya su proveedor favorito tiene. Quien escribe es un flamante sesentón que siempre prefirió a los Rolling Stones -vieja “querella” entre aficionados-, pero que se rinde ante la genialidad de los de Liverpool, más aún luego de ver las casi ocho horas estupendas que dura este documental que muestra las entrañas, ya finales (culmina con su última actuación en vivo en la famosa azotea de Apple, poco antes de su ruptura definitiva), del grupo musical británico.

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Bolivia, Castillo, patria, vacancia presidencial

¿Para qué sirve el lenguaje? Muchos responderán que para comunicar. Definitivamente transmitir información es una de sus funciones. Pero todos los estudiantes de psicología saben que las abejas tienen poderosos sistemas de comunicación que no tienen nada que ver con el verbo que, como sabemos, fue el principio de todo.

Tú y yo podemos decir “caballo” para referirnos a ese cuadrúpedo que tenemos al frente, o que uno ve y el otro no, o que ninguno está viendo. Incluso podemos decir unicornio que, a menos que no hayamos consumido algún alucinógeno, ninguno está viendo en carne y hueso, ni jamás verá. Además de sonidos como esos pronombres que abren el párrafo —tú y yo—, que son más locos que cualquier quimera en la medida que cambian de referente en cuestión de segundos. 

Por ahí, creo que fue Robin Dunbar —psicólogo, antropólogo y biólogo— afirmó que el lenguaje, básicamente es un instrumento para… chismear. Y la verdad es que un porcentaje mayoritario de nuestras interacciones verbales tienen que ver con qué hace quién, con quién, si nos gusta y nos conviene. 

No deja de tener sentido si pensamos que nuestra especie se desarrolló en grupos de alrededor de 120 individuos que necesitaban llevar una suerte de contabilidad social, de balance permanente del estado de las relaciones de las que dependía todo. Pero era una chismografía que tenía sentido para las redes sociales que iban de la intimidad a la comunidad, y tenía relevancia ceñida a reglas de reciprocidad, lealtad, alianza y competencia. No había manera de engañar a todos todo el tiempo sin correr el riesgo de ser marginado o poner en peligro al grupo. 

Se acabó con Internet y sus redes. En ellas estamos hablando con todos, todo el tiempo, quedando registro de todas las chácharas, que se amplifican hasta el infinito fuera de contexto. Y contrariamente a lo que ocurría hasta hace poco, sin que haya un control por parte de editores consagrados, medios formales, gobiernos, partidos políticos, congregaciones religiosas o grandes corporaciones. 

En esas condiciones, en las que cualquiera puede llegar a uno como si fuera, al mismo tiempo, un líder consagrado y un amigo íntimo, produciendo impactos afectivos intensos y profundos, muchas vidas pueden verse arruinadas. En las actuales redes sociales virtuales —más cuando la pandemia ha reducido los contactos directos y disminuido las señales que acompañan la interacción humana y le dan sentido, la vida se ha convertido en una mezcla de fragilidad y crueldad inmediatas.

Sí, se ha perdido intermediación. 

¿Alguien puede sorprenderse que los partidos políticos, por ejemplo, para mencionar solo una de las estructuras señaladas párrafos arriba, hayan caído en descrédito y no sean más capaces de canalizar la participación de los ciudadanos en la vida colectiva y que los líderes que la conducen lleguen sin ellos o a pesar de ellos al poder?

Entonces, como muchos lo soñaron, ¿son los individuos que ahora, por fin, se encuentran en relación directa, empoderados y libres? En mi opinión la respuesta es decididamente negativa. Esa actividad que nos hizo humanos, hablar con algunos sobre algunos acerca de algo, ahora es hablar a todos sobre cualquier cosa todo el tiempo. Nos incitan a hacerlo, pero solamente porque genera pistas que son rastreadas permanentemente y categorizadas sin pausa para, luego, vender nuestra atención, nuestra mirada, a quienquiera ofrezca algo que calce con nuestros perfiles. 

Antes que ver el triunfo de la libertad, el éxito de la comunicación, la victoria del debate, estamos viendo la miserable devaluación y el terrible fracaso de esos ideales.  

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Comunicación, habla, Lenguaje

La cultura peruana anda últimamente de historieta en historieta. Con lo sucedido el último domingo 5 de diciembre, la nueva historieta estuvo vinculada a un intento golpista contra el gobierno de Pedro Castillo, orquestado desde América TV o Canal 4, un conocido canal de televisión perteneciente al conglomerado de El Comercio, de la familia Miró Quesada. El viernes 10, en su columna del semanario Hildebrandt en sus 13, el periodista Carlos León Moya lo sintetizó de esta manera: “Cuarto Poder, o lo que queda del programa, anunció un reportaje que contenía un audio, y nada más escandaloso en el Perú que un audio. Lo anunciaron con tiempo. Vinculaban al Presidente. Ponían imágenes de su casa en Breña. De seguro uno de los visitantes a la casa de Castillo había grabado algo ilícito. Era la excusa –la preciada excusa– para que el pleno del Congreso admita la moción de vacancia. Pero el reportaje fue un desastre. Una estafa”.

Precisamente, esta última palabra fue la que utilizó ese mismo domingo 5 el periodista Juan Carlos Tafur en el programa de la competencia Panorama, en Canal 5, aficionado a su vez a los mismos afanes progolpistas. Consultado sobre el reportaje de Cuarto Poder, Tafur afirmó, contundente, ante la cara adolorida de la conductora Roxana Cueva: “Califica como estafa periodística. Creo que se generaron expectativas a lo largo de la semana, promovidas por el propio canal de televisión”. Al día siguiente, lunes 6, el periodista Umberto Jara, conocido por su paso como editor periodístico en Canal 4 del fujimorista programa La revista dominical de los 90 y del fujimontesinista Hora 20 en el 2000, escribió en su muro de Facebook: “La emisión de anoche del programa Cuarto Poder tiene detrás un tema de fondo muy grave. Está demás decir que ha sido una muestra del peor periodismo y una burla al país. […] Sin embargo, desde mi punto de vista, la responsabilidad central no está en los periodistas. Me explico. Actualmente, Cuarto Poder está a cargo de tres personas: Gilberto Hume, Christian Sotomayor y Oscar Malca, ninguno de los tres tiene calidades periodísticas destacables. En otros rubros probablemente tengan algún talento (oculto). Entonces, pedirle peras al olmo es inútil. Hacen lo que pueden y lo que vimos es lo que pueden. En cambio, la responsabilidad central está en el sector de la familia Miró Quesada que controla América Televisión. Ellos son los responsables de la línea informativa que tiene ese canal”.

El martes 7, la periodista Laura Grados anunciaba desde su cuenta de Twitter el despido de los conductores de Cuarto Poder, Sebastián Salazar y Tatiana Alemán, así como de los productores Christian Sotomayor y Oscar Malca. “Laura, de verdad ¿Oscar Malca? ¿En serio?”, inquirió una sorprendida Rocío Silva Santisteban de inmediato. Efectivamente, se trataba del conocido escritor ligado a los grupos ochenteros Macho Cabrío y Ómnibus de Arequipa. Malca, autor de una sola novela y dedicado toda su vida al periodismo y la intriga política, acaba de publicar a mediados de este 2021 (junto con Mario Molina) la historieta o novela gráfica En la cara no, “uno de los títulos puntales del género en nuestro país” como aseveraría por esas mismas fechas José Carlos Yrigoyen Miró Quesada desde El Comercio.

Pues bien, ahí los tenemos. Malca, empleado de los Miró Quesada (además, exeditor de Somos, suplemento de El Comercio) e Yrigoyen Miró Quesada. Todo queda en familia. 


* Desde Madrid nos llega información de que otro miembro de los Macho Cabrío, íntimo de Malca, el gestor cultural Alonso Ruiz-Rosas, y el encargado de la Embajada del Perú en España, Eduardo Pérez del Solar, sostuvieron conversaciones con la progolpista presidenta del Congreso María del Carmen Alva durante la visita de esta a la capital española. Literatura y poder: hay mucho gato encerrado aquí.

Enlaces: 

https://www.facebook.com/umberto.jara.5/posts/2150364455142373

https://larepublica.pe/politica/2021/12/06/juan-carlos-tafur-sobre-audio-de-cuarto-poder-califica-como-estafa-periodistica/

https://twitter.com/Lauletras/status/1468345614517870594?t=8zW-1xF-Vb-SKQATRi2nOw&s=07&fbclid=IwAR3IPYdG9Ow0lekuJ0tNdnLOPJ-eC3UZr1kJJDMuOfqpTYG_3m8VWO0dFXM

https://twitter.com/Lauletras/status/1467831028727304198?t=oyZDgchk_A-FuOH7uCKusg&s=07&fbclid=IwAR2cqR-tgXPE3AX0ToYp1yVOz3FwOqDA49am3ata5Ds0rIRvvuI012Qr5g8

https://elcomercio.pe/eldominical/columna/ciudad-horror-jose-carlos-yrigoyen-noticia-535623-noticia/?fbclid=IwAR3_Oj2tcdZhwn0BfBXuEsvkH6d5R661daLYSU0qevszT_yT_JLlOHBBU0M 

https://elcomercio.pe/luces/libros/en-la-cara-no-el-nuevo-comic-peruano-por-que-el-critico-de-luces-le-puso-4-de-5-estrellas-oscar-malca-mario-molina-noticia/?outputType=amp&fbclid=IwAR1-0LGZr8M3rdNQ-UuMkrlCTMLEpTzuZiULGzJaN1jwjHxtV4Q0uu1iRRs

https://elcomercio.pe/luces/comic/mario-molina-y-el-fenomeno-de-en-la-cara-no-con-este-libro-quiero-reinventarme-como-dibujante-oscar-malca-peru-novelas-graficas-noticia/?fbclid=IwAR3jaL_yXUQB-5sJvSAa5QlUB3eAIAnYPE68p3jEXECbPl3kZStaMGdx_SA 

https://www.facebook.com/EmbajadaPeruEnEspana/photos/pcb.4714629058595006/4714627368595175/

https://larepublica.pe/politica/2021/12/11/maria-del-carmen-alva-presidenta-del-congreso-denigra-al-peru-en-espana-vox-pedro-castillo/?fbclid=IwAR1dIz52xXSLknSwhCUXxUbq_Fc-vdMC4e7E1jeqhELQ33nbo3A3xKq0rW8

 

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Canal 4, Cuarto Poder, Grupo El Comercio, Miró Quesada

El Dr. Ali Binazir, biólogo de Harvard, hizo un cálculo de la probabilidad de que tu existas, el cual reveló que estas probabilidades son muy bajas. 

Es importante tener en cuenta que la probabilidad de que tu existas es distinta a la probabilidad de que cualquier hijo de tus padres exista. En el primer caso la persona existente eres tú mientras que en el segundo caso pueden ser todas las posibles versiones de hermanos tuyos.

Es un cálculo aproximado, pero nos da una buena idea de las magnitudes y nos permite entender todos los pasos que se debieron dar para que exactamente tú, y no otro, este aquí.

El primer paso es calcular la probabilidad de que tu padre haya conocido a tu madre (o que tu madre haya conocido a tu padre). Digamos que a través de 25 años tu padre podría haber visitado países que comprendan una población total de 200 millones de mujeres, pero que conoció alrededor de 10 mil mujeres. Por ende, la probabilidad de que tu madre estuviera en este grupo y conociera a tu padre es de 1 en 20 mil. 

El segundo paso es calcular la probabilidad de que tus padres, una vez que se conocieron, permanezcan juntos y tengan hijos. Hay una probabilidad de 1 en 10 de que hablen entre sí. Hay una probabilidad de 1 en 10 de que tengan una segunda cita. Hay una probabilidad de 1 en 20 de que después de esa segunda cita permanezcan juntos el tiempo suficiente como para tener hijos. Por lo tanto, la probabilidad de que el encuentro de tus padres resulte en hijos es de 1 en 2 mil.

Hasta ahora, las probabilidades combinadas de que estés aquí son: 1 en 40 millones.

El tercer paso es calcular la probabilidad de que el óvulo y el espermatozoide que te hicieron a ti (y no a tu hermano o hermana) se encuentren. Las mujeres tienen alrededor de 100 mil óvulos en su vida. Los hombres producen alrededor de 4 billones de espermatozoides durante los años en los que podrías haber nacido. Por ende, esta probabilidad es de 1 en 400 mil trillones (aproximadamente la cantidad de granos de arena en todas las playas del planeta).

Podríamos continuar con un cuarto paso que calcule la probabilidad de que cada uno de nuestros antepasados haya vivido hasta la edad reproductiva y se haya reproducido empezando desde el primer Homo habilis (es decir desde hace 2.5 millones de años, lo cual equivale a 100 mil generaciones). Y un quinto paso que calcule para cada generación la probabilidad de que las parejas correctas se encuentren y reproduzcan. Y un sexto paso que calcule la probabilidad de que el esperma correcto se encuentre con el óvulo adecuado para cada uno de esos antepasados. Y un séptimo paso que calcule lo mismo, desde el primer organismo unicelular hasta llegar al Homo habilis (es decir desde hace 4 mil millones de años). Y finalmente un octavo paso que calcule la probabilidad de que la vida se haya podido dar en el planeta Tierra. Pero creo que estos pasos adicionales son innecesarios. Está claro que la probabilidad de que tú, exactamente tú, existas es infinitesimal.

Me gustaría simplificar y que nos concentremos en el tercer paso. Asumamos que tus padres viven, son pareja y deciden tener hijos. La probabilidad de que nazcas tu y no un hermano tuyo es de 1 en 400 mil trillones, es decir un grano de arena entre todos los granos de arena de playa de la tierra. 

¿Cómo entender esa probabilidad? Antes de nacer no existías, naciste y existes. ¿Por qué naciste tu y no tu hermano? ¿Es que todas las personas que existieron y existen ganaron una lotería casi imposible de ganar? Había 400 mil trillones de versiones posibles de hermanos tuyos y la versión que apareció fuiste tu.

Las demás personas en este planeta pueden ser total o parcialmente distintas a ti, eso no suma ni resta a tu existencia. Lo relevante es que tu estés aquí y no una posible versión de tu hermano en vez de ti.

¿Cuáles son las implicancias de este resultado? 

La primera conclusión pareciera ser que somos increíblemente afortunados de estar vivos. Pero sin duda hay implicancias adicionales, más complejas, que no me quedan claras. 

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probabilidades, vida

Las últimas semanas he referido el fenómeno global de la radicalización de derechas populistas-autoritarias e izquierdas culturales. Una amalgama de circunstancias, desde el advenimiento de la segunda década del nuevo milenio, logró desplazar a la democracia liberal, con sus propias izquierdas y derechas, del centro de la discusión pública y de su otrora zona de confort. Paulatinamente, el debate político y cultural se trasladó desde los medios de comunicación a las redes sociales, espacio sin duda horizontal pero carente de filtro y mediación, donde no fue difícil que posiciones extremistas se apropiasen de todo el espectro.

De esta manera, la izquierda cultural estableció la cultura de la cancelación, destinada a pulverizar en redes a todo aquel artista, escritor, personaje público o lo que fuere que se saliese de los márgenes de lo “políticamente correcto”. Fue así como diversas personalidades sufrieron escraches y linchamientos públicos por opiniones mal dichas, mal interpretadas, o sencillamente, discordantes. La misma suerte han corrido autores de otros tiempos, que ya no están aquí para defenderse, así como las estatuas de personajes del pasado cuyos escritos o prácticas, normalizados en los tiempos en que vivieron, no resultan aceptables el día de hoy.

Un caso emblemático fue el retiro de las plataformas de HBO de la cinta “Lo que el viento se llevó”, producida en la década de 1930 y ganadora de varios premios Oscar, por sus contenidos y diálogos que hoy podrían considerarse racistas. HBO, con criterio, decidió reponer la película con un disclaimer que contiene una explicación del contexto histórico y una denuncia explícita del racismo, lo que parece ser una buena alternativa para no asesinar el pasado desde el presente, como en un lúgubre ministerio orwelliano.

En el otro extremo, los sectores conservadores dejaron de sentirse seguros en el marco de la democracia y los derechos fundamentales, transgredidos impune y corrientemente por vanguardias instaladas en las redes sociales que marcaban tendencias mucho más que los medios de comunicación tradicionales. Estos últimos, acorralados, comenzaron paulatinamente a acomodarse a las nuevas formas difundidas en las redes para asegurarse vigencia y audiencia. 

Entonces el apego a la tradición surgió como respuesta, y no solo el apego a la tradición, sino una explosiva amalgama de expresiones sociopolíticas e ideológicas que abarcan desde nacionalismos extremos, xenofobia, posturas antinmigración, posiciones anti LGTBIQ+, misoginia, esencialismos de todo tipo, integrismos de todo tipo, identitarismos étnicos y un largo etc. ¿Qué tienen en común todos estos grupos bastante bien distribuidos a nivel mundial? Su rasgo distintivo: son conservadores, no quieren el matrimonio igualitario, coquetean abiertamente con el autoritarismo, mientras que la democracia, y siglos de construcción de una sociabilidad basada en derechos igualitarios que giran a su alrededor, les interesan muy poco.  

Entre estas dos posiciones, que hoy han abarcado casi todo el espectro del debate político, se ubica el centro liberal, democrático, con sus izquierdas y derechas sistémicas, y al que no le faltan representantes que se ufanan de presentarse a si mismos como centro moderado que es donde radica la razón de su estruendoso fracaso al amanecer de la tercera década del tercer milenio. No se puede proceder “socráticamente” cuando el debate político genera sus contenidos en el infierno de las redes sociales, no se puede seguir pensando la democracia como un ágora de ciudadanos togados que escuchan admirados a Pericles o Damocles lucirse en el ágora ateniense para luego escribir su voto en un óstracon. 

La democracia, sus principios, sus instituciones ameritan ser defendidas a gritos e invectivas en las redes sociales para, en primer lugar, generar un público dispuesto a defenderlas tal y como lo tienen los dos extremos que he referido en estas líneas. La democracia es también política y en la política es irreversible, es la derrota autocumplida, ceder el espacio al contrincante, y, hoy, ese espacio son las redes. 

Debe comprenderse que las redes sociales representan un escenario no solo en tanto que lugar virtual donde se genera la opinión, sino en tanto que lenguaje común que moviliza a los ciudadanos. Ese lenguaje hoy se expresa en voz alta, de maneja simple, tenaz, binaria, buscando llevar al público a una respuesta obvia, previamente concebida.

Es posible que se señale que una apuesta así, desde posturas demócratas y centristas, significaría su desnaturalización e implicaría convertirse en lo que se combate, que un centro democrático debería ser, ante todo, docente y versado. Grave error, la política del siglo XXI consiste en ganar la calle y la calle se gana desde las redes para una vez desde allí apuntar hacia el poder y aplicar los ideales a través del gobierno y el control del Estado. Lo que no puede hacerse es luchar una guerra sin armas con el enemigo armado hasta los dientes y cuya orden directa es la destrucción de la democracia en cuanto se cuente con el equilibrio estratégico para hacerlo.

Tras 200 años de vida republicana, el Perú no cuenta ni siquiera con la clase política mínima para iniciar un auténtico proyecto republicano, de igualdad, de justicia social, de integración sociocultural y de desarrollo económico. Los enemigos de este proyecto han estado siempre un paso adelante y ahora, conforme a los tiempos, muestran abiertamente sus posiciones, combinadas con mensajes que buscan polarizar sembrando el miedo y la confusión. Crear una república del siglo XXI es luchar por ella bajo las formas, los medios y el lenguaje del siglo XXI. De lo contrario, la batalla está perdida de antemano.  

 

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Se avecina, según todos los indicios, un cambio de gabinete. La premier Mirtha Vásquez no dio la talla, generó un sinnúmero de problemas con su anuncio del cierre de minas en Ayacucho, y no supo navegar en medio del mar de intrigas en que se maneja un gabinete disfuncional, como todos los que pueda dirigir un Presidente mediocre como Pedro Castillo.

Lo inquietante, sin embargo, es si el Ejecutivo va a insistir con su fórmula fallida de una coalición de izquierdas o va a abrir la cancha a opciones más centristas para integrarse al gabinete. Eso parece lo más recomendable, luego de constatar que gracias a las bancadas centristas (discúlpese el exceso verbal de atribuirle alguna ideología de ese talante a Acción Popular o Alianza para el Progreso) es que sigue sentado en Palacio y no fue vacado.

No debería escandalizar, inclusive, si en esa nueva conformación ministerial le da cabida nuevamente a cuadros cerronistas, quienes, más allá de su radicalidad -que se vería compensada por la presencia de ministros centristas-, tienen mayor formación política o administrativa que aquellos improvisados que hoy pululan en un gabinete cargado de medianía (los ministros de Educación, Transportes o Energía y Minas, por citar a los más notorios, no podrían ser ni secretarios generales en otros gobiernos).

Creer que se puede llegar a niveles de excelencia con Castillo es una quimera. A lo más que se puede aspirar es a una mediocridad moderada, que sirva, al menos, para aquietar la zozobra inversora, permita que resurja el flujo de capitales privados y se pueda sostener así una relativa recuperación económica que, de alguna manera, haga llevadera la rampante pobreza administrativa de este régimen.

Haciendo ello, además, el Presidente se blindaría contra la posibilidad futura de una “segunda ola vacadora”, que de todas maneras va a venir a la primera de bastos. Es muy burdo, Castillo. Necesita un gabinete mesurado que amaine sus despropósitos y, sobre todo, que permita recuperar la cada vez menor confianza ciudadana, según confirman todas las encuestas de opinión.

Elevando el perfil profesional de sus ministros, filtrando mejor a los delincuentes que han penetrado el Estado, apartando a su familia de lobbistas y convocando cuadros sensatos y alejados de ventiscas radicales, puede lograr un upgrade político relevante. Ojalá la razón lo ilumine.

La del estribo: si hay un evento cultural que no puede perderse en estos días es el de la exposición de Rember Yahuarcani en la galería del Británico, que agrupa sus obras de los últimos veinte años. Uno de los más connotados artistas contemporáneos y crítico cultural afilado, Yahuarcani bebe de sus raíces uitoto para tejer un imaginario visual impresionante. Curada por otro artista amazónico genial, Christian Bendayán, va hasta el 18 de diciembre. De martes a jueves de 10:00 a.m. a 11:30 a.m. y de 1:00 p.m. a 5:30 p.m. y viernes y sábados de 1:00 p.m. a 8:30 p.m.

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