Opinión

Dentro del lenguaje sonoro y simbólico del rock, el guitarrista líder siempre ha sido la columna vertebral: extravagante, poderoso, capaz de extraerle a su instrumento riffs contundentes, solos imposibles, fraseos estremecedores. Y siempre con una actitud desinhibida, que muestra desenfado y rebeldía ante lo establecido, pero también conciencia de su propia capacidad, una autoestima elevadísima basada en el puro talento y que (casi) nunca necesita la aprobación de nadie -padres, maestros, autoridades, la sociedad, el mercado- ni de «coaches» para sentirse bien consigo mismo. 

De ese papel primordial en contextos rockeros surgió, en la terminología de la prensa especializada, la figura del guitar-hero. Desde Jimi Hendrix hasta Joe Bonamassa, los héroes de la guitarra y sus superpoderes son relampagueantes, histriónicos, inspiradores. En el 2005, el ojo avizor de algún bureau de publicistas y programadores convirtió la subcultura del guitar-hero en un rentable videojuego de PlayStation, transformando la velocidad y habilidad de guitarristas legendarios en luminosos retos para sedentarios cibernautas adictos a las lucecitas de colores y la escapista gratificación de alcanzar el siguiente nivel. 

La lista de guitar-heroes puede llegar a ser interminable. Géneros como blues, heavy metal, rock clásico o rock progresivo han contribuido con toda clase de variantes de estos semidioses de las seis cuerdas, cuyas icónicas figuras siguen presentes en el imaginario colectivo, incluso para quienes no poseen un gusto particular por la música. Los hay de todo tipo: fantasmagóricos como Uli Jon Roth o Brian May, con bandanas y capas; agresivos como Ritchie Blackmore o Pete Townsend, lanzando patadas y rompiendo guitarras; espectaculares como Eddie Van Halen o John Petrucci; blueseros como Eric Clapton o John Mayer; poseídos por espíritus chamánicos como Jimmy Page o Carlos Santana, ultra virtuosos como Steve Howe o Steve Vai. Y también existen, por supuesto, los unsung heroes (héroes ignorados) a quienes, a pesar de su extremado talento y dilatada carrera, nadie identifica a la primera. Steve Hillage es uno de ellos. 

Nacido en Londres en 1951 -cumplió 70 en agosto de este año- Stephen Simpson Hillage fue integrante, durante la primera mitad de los setenta, de una de las bandas psicodélico-progresivas más aventureras, originales y estrafalarias de ese período, Gong. El colectivo, que suele identificarse como una de las agrupaciones animadoras de la escena de Canterbury, era un conglomerado franco-británico liderado por el extravagante y alunado compositor, cantante y guitarrista, Daevid Allen quien, a su vez, había participado de la formación original de Soft Machine, junto a Kevin Ayers, Mike Ratledge y Robert Wyatt. Como miembro estable de Gong, Hillage grabó tres álbumes, los más representativos de su largo catálogo, desconocido para públicos convencionales: Flying teapot, Angel’s egg (1973) y You (1974) –trilogía conocida como Radio Gnome Invisible-, collages sonoros en los que confluyen Zappa, Hawkwind y los Grateful Dead en sus vuelos más astrales. 

Antes de eso, Steve Hillage había estrenado su talento a los 17 años, como guitarrista y compositor en Uriel, un combo de rock psicodélico que formó con sus amigos de la Universidad de Kent, Dave Stewart, Mont Campbell y Clive Brooks, con quienes grabó un único álbum, Arzachel (Demon Records), una pieza psicotrópica de música que, aún hoy, suena fresca y diferente. Los miembros restantes de Uriel formaron, poco después de disolverse en 1969, otro grupo extraordinario de modesta recordación incluso entre entusiastas seguidores del rock progresivo, Egg. Luego formó Khan, otra banda de breve duración con la que editó un único LP, Space Shanty (1972), que suena a Iron Butterfly mezclado con Emerson, Lake & Palmer.

Sin embargo, el primer trabajo realmente importante de Steve Hillage, en términos de alcance popular y comercial, fue en 1973, cuando fue convocado por Mike Oldfield para ser uno de los guitarristas que presentarían en vivo su opera prima, Tubular bells, en el salón Queen Elizabeth de Londres y en el video promocional producido por la BBC, que dio a conocer esta ondulante melodía, famosa mundialmente como banda sonora del clásico film de terror The Exorcist, estrenado ese mismo año. Hillage sería también parte de la banda que grabó la primera versión sinfónica de las campanas tubulares, The Orchestral Tubular Bells e incluso reemplazó a Oldfield en uno de los conciertos que hicieron, a finales de 1974, en el Royal Albert Hall.

Su perfil definitivo como guitar-hero se construyó a partir de sus dos primeros álbumes como solista, Fish rising (1975) y L (1976, bajo la producción de Todd Rundgren), cargados de rock progresivo, jazz-rock, psicodelia y space-rock de primerísimo nivel. Sus largos pasajes instrumentales conservan algo del sonido experimental de su tiempo con Gong -además de los títulos arcanos y la costumbre de escribir palabras como «musick», «electrick», algo así como lo que Daniel F. hace con la «k» en sus redacciones-, aunque son, de hecho, composiciones más aterrizadas que los etéreos y, por momentos, indescifrables temas que escribió con Allen. En medio de sus canciones, firmadas a dúo con su pareja, la cantante y tecladista francesa Miquette Giraudy, covers de Donovan (Hurdy gurdy man) y los Beatles (It’s all too much) le dieron entrada a las radios y programas de la época.

La guitarra de Hillage es afilada, de cambios inesperados y complejas evoluciones. Pero también es de notas extendidas y atmosféricas, con apoyo de sintetizadores y efectos de estudio que, en ese tiempo, eran una novedad. Sus solos alcanzan vértigos alucinantes que lo ubican, al lado de Robert Fripp y Jan Akkerman, como precursor de la técnica sweep picking que luego desarrollaron músicos como Frank Gambale, Tony MacAlpine, Marty Friedman, entre otros guitarristas virtuosos. Junto con Daevid Allen, su compañero y mentor en Gong, Steve Hillage desarrolló el estilo de guitarra glissando –término del lenguaje y la notación musical que denomina a las notas ligadas, efecto que se consigue al deslizar los dedos a lo largo de las cuerdas para crear sonidos continuos-. En el 2006, ambos armaron The Glissando Guitar Orchestra, un ensamble de diez músicos, para grabar The Seven Drones, composición de Allen para exhibición de esta técnica, desde distintos modelos de guitarras eléctricas.

Con el tiempo, los intereses estilísticos de Hillage fueron cambiando, orientándose hacia cuestiones más rítmicas y menos espaciales. Así llegó su LP Motivation radio (1977) en que dejó fluir su gusto por el funk, específicamente la onda de George Clinton y sus bandas hermanas, Parliament y Funkadelic. Álbumes como Green (1978, producido por el baterista de Pink Floyd, Nick Mason) y Live herald (1979) reencontraron a Steve con su estilo matriz, el rock progresivo, desde el cual migró al ambient, un tipo de música diametralmente opuesto a lo que había hecho hasta ese momento.

El hipnótico LP Rainbow dome musick (1979), fue la primera clarinada de este brusco giro de timón del guitarrista. Y la base para su involucramiento, ya en los noventa, en la escena subterránea del dance británico, tras escuchar al legendario dúo de pinchadiscos The Orb poniéndolo en una fiesta electropop de los bajos fondos londinenses. En los ochenta, ocupó su tiempo produciendo discos de artistas como Simple Minds y Robyn Hitchcock. Hillage, ya desprovisto de la imagen hippie que lo caracterizó en los setenta -y siempre con su adorada Miquette al lado-, organizó el área dedicada a este subgénero electrónico en el famoso Festival de Glastonbury, en el que actuaron en varias ediciones bajo el nombre System 7, proyecto desde el cual Hillage experimentó con el uso de guitarras procesadas digitalmente, sintetizadores y demás artilugios. Con este nuevo perfil Hillage, ya en sus sesentas, compartió escenario con nombres encumbrados de la subcultura dance, house y de DJs como Aphex Twin, Paul Oakenfold, entre otros. En paralelo, Steve Hillage colaboró de cerca con otros pioneros de la música de vanguardia basada en la electrónica como el alemán Manuel Göttsching (de los krautrockers Ash Ra Tempel) o el japonés Isao Tomita. 

Hillage ve esta cambiante trayectoria como un continuum de su alma musical, y no desecha ni se avergüenza de sus trabajos anteriores. Por el contrario, siempre ha encontrado tiempo para colaborar con sus colegas de Gong. Entre el 2008 y 2010, aún con Daevid Allen vivo, Hillage y Giraudy se reintegraron al grupo para múltiples giras por Europa y la grabación del álbum 2032 (en el año 2009, con casi todos los miembros de la formación 1973-1975). En años siguientes, el guitarrista ha colaborado frecuentemente con la nueva alineación de Gong, que no incluye a ninguno de sus miembros originales. En el 2016, Steve Hillage supervisó el lanzamiento de un boxset de 22 discos, Searching for the spark (1969-1991) –título de uno de los temas de su tercer LP, Motivation radio (1977)-, que recoge material clásico y grabaciones inéditas de su paso por Uriel, Khan, Gong y su propia discografía en solitario.

Si quieres saber a qué suena Steve Hillage en sus diversas facetas, recomiendo estos temas (click al texto para activar el vínculo): Other side of the sky, Castle in the clouds (1973, con Gong), Solar musick Suite, The salmon song (1975), Lunar musick Suite (1976), Light in the sky (1977), Anthems for the blind (1983), Fractal liaison (1991, con System 7), Soft rain (2001, con System 7).

 

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Searching for the spark, Steve Hillage

La Comisión Investigadora de Abusos Sexuales contra Menores de Edad en Organizaciones, del Congreso de la República del Perú, presidida por el congresista Alberto de Belaúnde, que estuvo en funciones desde mayo de 2018 hasta junio de 2019, elaboró un extenso informe preliminar de más de 1500 páginas. Si bien los análisis, conclusiones y recomendaciones allí incluidos no tienen aún valor oficial, dado que hasta ahora ningún Congreso ha debatido el tema en el Pleno, las declaraciones de testigos y víctimas permiten un conocimiento más detallado de los hechos en los casos allí abordados. Y en el caso del Sodalicio permiten, por ejemplo, conocer más detalles sobre el primer caso de pederastia que fue revelado a la opinión pública a través de medios de prensa, a fines de 2007: el del sodálite consagrado Daniel Murguía Ward.

La acusación fiscal contra Murguía aparece descrita así en la sentencia definitiva sobre este caso, emitida por la Sala Permanente de la Corte Suprema el 30 de junio de 2011:

«…el veintisiete de octubre del dos mil siete, a las ocho horas aproximadamente, se intensificó el accionar policial en las inmediaciones de la Plaza San Martín, toda vez, que se tuvo conocimiento que una persona de aspecto extranjero estaría dedicándose a la captación de menores de edad ofreciéndoles dinero, a fin de llevarlos a hoteles de la zona, desnudarlos, hacerles tocamientos indebidos, fotografiarlos y sostener relaciones sexuales, en tales circunstancias se percatan que el encausado Daniel Bernardo Murguía Ward se encontraba conversando con el menor agraviado en actitud sospechosa, para luego dirigirse ambos al hotel Las Palmeras, ubicado en el jirón Carabaya número diez diecisiete Cercado de Lima, procediendo a seguirlos; es así que al ingresar al hotel antes mencionado, fueron atendidos por el procesado Lucio Alania Alcedo, en su calidad de cuartelero del hotel en referencia, quien manifestó que Daniel Bernardo Beltrán Murguía Ward se encontraba con el menor agraviado, en el interior del cuarto signado con el número ocho; por lo que al irrumpir los efectivos policiales en la habitación encontraron al procesado Daniel Bernardo Beltrán Murguía Ward con una cámara digital en la mano y al menor agraviado semidesnudo con los pantalones abajo, señalando éste que Murguía Ward lo llevó con engaños al hotel Las Palmeras, lugar donde le practicó el sexo oral».

El parte policial señala adicionalmente que en la cámara fotográfica se encontraron, además de las fotos del niño involucrado, las fotografías de otros dos menores de edad.

El Sodalicio reaccionó raudamente, emitiendo un comunicado el 29 octubre, donde decía, entre otras cosas:

«Como consecuencia de esta situación hasta ahora totalmente desconocida para nosotros, que consideramos completamente inaceptable, y que ha sorprendido y golpeado dolorosamente a toda nuestra comunidad, habiendo examinado la seriedad de la denuncia, queremos comunicar que el Sr. Murguía ha sido INMEDIATAMENTE EXPULSADO de nuestra institución».

¿Asunto arreglado? Aparentemente sí. Pero ¿qué es lo que sucedió entre que se dio conocer la captura de Murguía y se emitió el comunicado?

El P. Jean Pierre Teullet, exsodálite, declaró ante la Comisión De Belaúnde que en ese entones se habían reunido Erwin Scheuch, Superior Regional del Perú; el P. Jaime Baertl, miembro del Consejo Superior en calidad de asistente de espiritualidad; el mismo Teullet, miembro del Consejo Regional del Perú, y otro miembro más del consejo Superior para ver que decisión tomaban. Si mal no recuerdo, mi hermano Erwin Scheuch se encontraba en ese momento en Roma después de haberme hecho una visita relámpago en el pueblo de Kirrweiler en Alemania, donde yo residía entonces, por lo cual su participación en la reunión debe haber sido vía teléfono o a través de algún otro medio a distancia. Confirma este dato que el P. Teullet estaba encargado temporalmente de la comunidad sodálite Madre de la Fe, en la calle Marconi en San Isidro, pues oficialmente el Superior de esa comunidad era Erwin Scheuch.

Retomando el hilo del relato, mientras que los “reunidos” estaban a favor de expulsar a Murguía, Luis Fernando Figari, entonces Superior General del Sodalicio, a través del teléfono se manifestaba en desacuerdo con la decisión. «Al final evidentemente no quedó otra —señala Teullet—, porque claro, ya había un bien superior que se llamaba “la fama de la institución”, que para Figari era importante. Entonces él accede a esa cuestión, pero por Figari no lo hubiéramos botado».

Es en la comunidad sodálite Madre de la Fe donde estaba alojado Daniel Murguía, pues éste residía entonces habitualmente en una comunidad sodálite en Santiago de Chile. Teullet asegura que no se dio cuenta de que el día 27 de octubre en la noche Murguía no había llegado a la comunidad y recién se enteró cuando el P. Jaime Baertl lo llamó al día siguiente al mediodía para informarle que Murguía estaba preso. Teullet daba por hecho que Murguía se había ido temprano a la Misa del Señor de los Milagros en el centro de Lima y por eso estaba ausente de la comunidad.

Fue entonces que entra a tallar Eduardo Regal, entonces Vicario General del Sodalicio, el segundo en la cadena de mando después del Superior General, que era Figari.

Según el exsodálite Renzo Orbegozo —quien en ese momento se encontraba en proceso de salida del Sodalicio—, Regal llamó al Superior Regional de Chile, que era entonces Alessandro Moroni, y le dio la orden de eliminar cualquier material audiovisual de Daniel Murguía que encontrara. La orden iba también dirigida a Gustavo López y a José Salazar —ambos exsodálites que entonces se encontraban a cargo de otras dos comunidades en Chile— «porque aparentemente este señor [Murguía] tenía manejo de pornografía a nivel internacional… “Destruyan todo”, ésa fue la orden», comenta Orbegozo, quien afirma haber recibido esta información de José Salazar.

Sobre estos acontecimientos, Alessandro Moroni declaró el 22 de noviembre de 2018 lo siguiente ante la Comisión De Belaúnde:

«Yo no tengo el recuerdo de que me hayan dado esa orden, o esa disposición. Lo que sí me acuerdo, perfectamente, es que revisamos sus cosas como para devolverlas, y en ese revisar sus cosas para devolverlas no encontré nada raro, ni eliminé nada. […] No había ninguna computadora, porque como él había viajado al Perú se llevó su laptop, su notebook a Perú y no había ni computadora, ni disco duro, nada».

Pero en Lima si se había encontrado algo. Y ese algo era material sumamente comprometedor. Según relata el P. Jean Pierre Teullet, entre las pertenencias de Murguía en la comunidad Madre de la Fe había una computadora portátil, una memoria USB y la tarjeta de una cámara fotográfica. Antes de entregar estos objetos a Eduardo Regal, quien los había solicitado e iba a pasar por la comunidad a recogerlos, Teullet decidió revisar el contenido de la memoria. Según declaró ante la Comisión De Belaúnde, «con lo que hay ahí, que se lo entregué a Regal, efectivamente Murguía probablemente debería ir al paredón. Eran cosas muy, muy complicadas». Teullet tuvo la tentación de sacar una copia, por si acaso, pero finalmente la desechó. «..dije pucha, sabes que era tan escabroso que dije: mira, al final ya está en la cárcel. Sabe Dios lo que pasará», asegura.

¿Se trataba de fotos que Murguía solamente tomaba o se veía también a Murguía participando de los actos? Teullet confirmó que también se veía a Murguía participando de esas turbias y oscuras acciones.

A Renzo Orbegozo el P. Jaime Bartl le sugirió posponer su salida para que no se vinculara con el caso de Murguía. Medida prudente, pues el mes anterior se había expulsado del Sodalicio a Germán McKenzie, Superior Regional del Perú, por “falta grave reiterada”, sin que hasta ahora se haya hecho público en qué consistió esa falta. De hecho, en los meses siguientes a la detención de Murguía, varios miembros de la Familia Sodálite comenzaron a sospechar que se trataba también de un caso de abusos sexuales, hipótesis improbable dado que no existe ningún indicio que apunte en esa dirección y tampoco ha aparecido ninguna víctima que señale a McKenzie como abusador sexual.

Lo cierto es que Orbegozo recuerda que el P. Jaime Baertl le dijo entonces: «Nosotros [refiriéndose a él, al P. Gonzalo Len y a Eduardo Regal] hemos tomado el computador de Daniel Murguía. Lo que hemos encontrado es material suficiente como para que él no vuelva a ver la luz del sol nunca más en su vida».

En cuanto a Eduardo Regal, que nunca acudió a la Comisión De Belaúnde aunque se hicieron todos los esfuerzos por citarlo, el 15 de julio de 2016 fue interrogado en el Despacho de la Vigésima Sexta Fiscalía Provincial de Lima en el contexto del caso Sodalicio. En un momento le preguntan:

«Indique usted si cuando tomó conocimiento que Daniel Murguía Ward fue encontrado en un cuarto de hostal con un menor de edad ordenó a Moroni, José Salazar y Gustavo López, quienes eran superiores en Chile, lugar donde vivía Murguía, para que capturen sus bienes y qué destinos se les dio a los mismos».

La respuesta de Regal es reveladora:

«No. En ningún momento ordené o pedí a los mencionados que destruyan los bienes del Sr. Murguía, todo lo contrario, solicité que todos sus bienes se envíen a su madre a través del Sr. Alessandro Moroni, y así se hizo…»

Lo interesante es que a Regal no se le preguntó si esos bienes habían sido destruidos. Termina respondiendo a una pregunta que no se le ha formulado con algo que parece una confesión subconsciente de parte, aunque niegue los hechos.

Sobre los bienes de Daniel Murguía, que debieron ser puestos a disposición de la Fiscalía pero que supuestamente fueron entregados a la familia, Patricia Murguía, hermana del susodicho, relata lo siguiente en un video que fue mostrado el 22 de octubre de 2015 durante la presentación del libro “Mitad monjes, mitad soldados” de Pedro Salinas y Paola Ugaz:

«El Sodalicio también confiscó sus pertenencias, las pocas que tenía. Cuando mi madre fue a reclamarlas, no se las quisieron dar. Tiempo después le devolvieron algunas de ellas, pero eso sí, no sin antes usar el cajero electrónico para sacar dinero de la cuenta familiar. Pero a pesar de que de la boca para afuera no querían saber nada de Daniel, no dejaron de visitarlo, llamarlo e ir a verlo en la cárcel. Inclusive cuando salió de la prisión lo siguieron buscando, lo siguieron contactando. A mí esto me queda muy claro: era para un ajuste de lavado cerebral y asegurarse de que él no fuera a decir nada».

Ese ajuste de lavado cerebral habría sido logrado también gracias a la colaboración de José Pflucker, abogado que le asignó el Sodalicio a Daniel Murguía y que estaba vinculado a la institución sodálite, aunque las cuentas por honorarios profesionales —como asevera Patricia Murguía— le fueron remitidas a la madre del acusado.

Finalmente, Murguía fue absuelto unánimemente por la Sala Permanente de la Corte Suprema, cuyo ponente en el caso fue nada menos que por el magistrado Javier Villa Stein, tío carnal de Eduardo Regal Villa. En la resolución que resolvió el recurso de nulidad planteado por el representante del Ministerio Público contra la decisión de segunda instancia que absolvió a Murguía del delito de violación sexual de menor de edad, se argumenta que «el menor de modo reiterado, ante el juez de la causa y luego ante el Colegiado Superior, así como en las evaluaciones psicológicas y psiquiátricas, sostuvo de modo uniforme que no fue víctima de tocamiento o agresión sexual; encontrándonos frente a una imputación que no ha persistido en el tiempo, que tampoco ha sido corroborada con prueba idónea; de otro lado, es de relievar que el menor agraviado fue sometido al reconocimiento médico legal número cincuenta y seis trescientos cincuenta y dos – CLS, el cual concluye; que el menor no presenta signos de actos contra natura ni huellas de lesiones traumáticas recientes en sus zonas genitales».

No sabemos las circunstancias que rodearon las evaluaciones e interrogatorios al menor realizadas por el Poder Judicial, ni los motivos que pudieron haber llevado a que el menor dijera en el momento de la intervención policial que se le había practicado sexo oral para luego decir posteriormente en las investigaciones del caso: “No me tocó el poto, no me hizo nada, sólo me tomó las fotos, él tampoco se bajó el pantalón, no me besó”.

Lo que es indiscutible y nadie pone en cuestión es que Murguía hizo que el menor agraviado se bajara el pantalón y le tomó fotos. De este modo, esta resolución del Poder Judicial termina normalizando el abuso, al dar a entender que un desconocido puede llevar a un niño a una habitación cerrada, hacer que se desnude y tomarle fotos, pues mientras no haya contacto físico, ese desconocido podrá ser declarado inocente de delito, aun cuando el sentido común nos dice que allí ha habido abuso sexual de un niño. Daniel Murguía podría haber sido también acusado del delito de pornografía infantil sólo por el hecho de tomar los fotos, pero esa vía no fue seguida ni por la Fiscalía ni por los magistrados del Poder Judicial.

Asimismo, no se tiene información de que se haya investigado el contenido de la cámara para tratar de identificar a los otros dos menores de edad que figuraban en las fotos. Tampoco se sabe que el Sodalicio haya hecho nada para atender al menor agraviado, al contrario de la manera en que sí hubo interés en destruir las pruebas digitales de otros actos similares que habría realizado Murguía, por lo cual nunca sabremos cuántas podrían haber sido sus víctimas ni quiénes eran.

El de Daniel Murguía puede considerarse un caso aislado dentro del Sodalicio, pues, a diferencia de los otros abusadores cuyas víctimas fueron adolescentes o mayores de edad, Murguía habría abusado sólo de niños que, además, no mantenían ninguna vinculación con el Sodalicio. Pero sí hay algo en común que Murguía tenía con otros abusadores: su cercanía a Luis Fernando Figari, capaz de pervertir a sus más allegados, como lo hizo probablemente con Germán Doig. Como señala Patricia Murguía: «Doy fe de la persona que [Daniel] era en el colegio, antes de que fuera capturado por el Sodalicio. Y también doy fe de la persona que es hoy en día. Cualquier cochinada o porquería la aprendió y la acató mientras estaba en el Sodalicio».

Más que las supuestas fechorías de Daniel Murguía, quien era un personaje de segunda fila en el Sodalicio sin puesto de autoridad alguno, lo que resalta en esta historia es el proceder de la organización, que ya desde entonces se manifiesta como una organización criminal, dispuesta a obstruir los esfuerzos de la justicia a como dé lugar a fin de resguardar su imagen institucional.

 

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Murguía, Sodalicio

La aprobación del Congreso cae, según la última encuesta de Datum, entre octubre y diciembre, de 30 a 21 y a 17%. Y su desaprobación crece, en el mismo lapso, de 55 a 71 y a 76%. Y ello, hay que subrayarlo, es causado por los actos del propio Legislativo, no por la inercia que, según sostienen algunos politólogos, acontece en todo el planeta.

Este Parlamento se ha ganado a pulso su desprestigio, impulsando vacancias irracionales y contraproducentes, desaprobadas por la mayoría de la ciudadanía y, al mismo tiempo, contrariando su presunto espíritu de hipervigilancia de un gobierno mediocre, siendo incapaz, siquiera, de censurar a un ministro (para lo que se requieren 66 votos, que supuestamente la oposición tiene de sobra).

A la par, produciendo iniciativas regulatorias, que se entrometen en la vida socieconómica del país, favoreciendo evidentes lobbies y juegos de intereses encubiertos. Como es el caso de la intención de desplegar una contrarreforma universitaria, que en estos días alberga la Comisión de Educación, buscando restaurar los poderes de la extinta Asamblea Nacional de Rectores, volviendo a otorgarle a los supervisados la capacidad de elegir al supervisor, es decir, de reinar sobre la Sunedu, y al mismo tiempo, otra iniciativa que busca darle una nueva oportunidad a las universidades no licenciadas que ya tuvieron sinfín de posibilidades de corregir sus precariedades académicas, que les costaron la sanción, y no lo hicieron (entre ellas, Telesup, de José Luna Gálvez, capataz de la bancada de Podemos).

Una de las pocas reformas estructurales que se han hecho en los últimos lustros, es justamente la universitaria y la creación de la Sunedu, y que el Congreso pretenda tirársela abajo, es un despropósito mayúsculo. Felizmente, se ha conformado un grupo multipartidario, convocado por la congresista Flor Pablo, en defensa de la reforma universitaria, que está alerta a cualquier intento de desandarla.

Deben saber que hay un importante sector de la ciudadanía vigilante de que semejante brulote legislativo no prospere y que, de ocurrir, solo ahondaría aún más el ya sonoro desprestigio de un Legislativo que, hasta el momento, solo parece cumplir el axioma político peruano de que cada Congreso entrante es peor que el anterior.

La defensa de la reforma universitaria es uno de esos actos políticos que enaltecería la labor del Parlamento, y por ello hacemos votos para que triunfe la razón sobre las maniobras turbias de un sector parlamentario claramente subvencionado por el poder económico de las universidades bambas.

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aprobación del Congreso, SUNEDU, universidades bambas

La máxima aspiración de una biografía es ofrecer al lector el relato completo y puntilloso de una vida, aun cuando la tarea sea siempre inacabada y parcial. El biógrafo es, si me permiten la analogía, una especie de historiador. Entre su gabinete y el trabajo de campo, reconstruye con minuciosidad y rigor la trayectoria de una existencia que, además, es relevante, digna de ser narrada, conocida y valorada. La biografía, aunque nadie le haya dado oficialmente la membresía, tiene asiento en el club de la no ficción. 

Lo tiene también el perfil, que igualmente busca acercarse a una trayectoria vital, pero a diferencia del biógrafo, el perfilista busca otra cosa: no el retrato global y casi radiográfico que pretende el biógrafo, sino iluminar una personalidad, un temperamento, hallar los contornos que dan cuenta del personaje y su sentido. Unos cuantos detalles, un par de obsesiones, algunos momentos de significado trascendente en esa vida son sus ingredientes centrales. 

El biógrafo libra una batalla por agotar su relato; el perfilista quiere sugerir. Si lo queremos poner en términos musicales: el biógrafo escribe la partitura; el perfilista la ejecuta de modo personal y creativo. El perfil en América Latina cuenta con ejemplos magníficos y, para no convertir esto en un catálogo quisiera mencionar dos ejemplos recientes: Plano americano (2013) de Leila Guerriero y Mala lengua (2020), del chileno Álvaro Bisama, un logradísimo esbozo, en palabras, del poeta Pablo de Rokha.

Ambos textos cumplen a cabalidad con las condiciones que hemos expuesto para el trabajo del perfilista: brevedad, preferencia por lo fragmentario y altamente significativo de una vida y, muchas veces ocurre, el relato va acompañado de las vicisitudes de la propia investigación para la escritura. El reciente libro de Daniel Titinger, El hombre más triste (2021) cumple cabalmente con este dictado.

Titinger no se enfrenta a un reto menor. Nada más difícil de asir que la vida de César Vallejo, poeta mayor y cósmico, salido de Santiago de Chuco para habitar el mundo. Una vida que roza el mito, un carácter que ha sido abonado por el culto, el mito y atribuciones de toda índole. Biógrafos no le han faltado, como sus leales amigos Antenor Orrego o Juan Espejo Asturrizaga, que acometieron la brava tarea hasta donde pudieron, o recientemente Miguel Pachas Almeyda, navegante en un proceloso mar de documentos, archivos e historias. 

Titinger ofrece dos relatos: el primero es el de sus propias pesquisas, que van formando el tejido textual que finalmente lee uno con gozo; el segundo se va organizando a partir de esos hallazgos, no es otra cosa que el lápiz que va trazando con paciencia una imagen del poeta. Esa imagen, quisiera decir, contradice muchos lugares comunes, muchas preconcepciones aceptadas como verdades irrefutables.

El poeta grave y triste, por ejemplo. Una imagen que hemos embanderado todos, teniendo o no evidencias de esa condición. Mortal al fin, aunque inteligente hasta lo genial, Vallejo sabía lo suficiente de la vida como para dejarla pasar con el mentón bajo el puño contrito, como dicta la imagen canónica. Vallejo sabía reír y en medio de los clamorosos vacíos que son una invitación a la especulación, Titinger consigue humanizar al poeta, alejándose de las varias convenciones que regían (y acaso rigen) su representación. 

El hombre más triste resulta entonces un título irónico, porque pretende demostrar, precisamente, todo lo contrario. Llámenlo genio, díganle predestinado, visionario, alucinado, expresionista o lo que sea. Nunca olvidemos, lección que nos deja Titinger, que Vallejo fue ante todo un hombre, no un mito. 

El hombre más triste. Retrato del poeta César Vallejo. Edición de Leila Guerriero. Santiago de Chile: Ediciones de la Universidad Diego Portales, 2021. 

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Alonso Rabí Do Carmo es profesor ordinario de la Universidad de Lima, donde imparte cursos de Lengua, Literatura y Periodismo. Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y obtuvo el Doctorado en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Colorado. Ejerce el periodismo desde 1989.

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César Vallejo, El hombre más triste, poeta

Algo cambió en el cine nacional desde la realización de Wiñay Pacha. Obra del director Oscar Catacora, recientemente fallecido. El cine minimalista y de autor que presentó desde Puno, tiene hoy también, otro representante: Henry Vallejo. 

Manco Cápac es la película nacional seleccionada para representar al Perú en los premios Oscar. Henry Vallejo tardó 10 años en ver cristalizado este proyecto y luego de tanta espera, hoy ya se encuentra en las salas comerciales del Perú. Aunque lamentablemente solo de Lima, Puno y Arequipa. 

La historia narra la llegada del joven Elisban a la ciudad de Puno, con la finalidad de encontrar a un amigo que lo ayude a conseguir  trabajo. Sin embargo, este amigo resulta ser inubicable y el protagonista se ve en una situación de precariedad, al no contar con dinero, por lo que decide buscar todo tipo de actividades para subsistir. 

Esta sencilla historia es el punto de partida para bucear en muchas sensaciones que develan conceptos asumidos socialmente. Vallejo nos presenta desde la primera toma la intención de su film. Un plano lateral del bus donde Elisban en posición fetal espera llegar a la ciudad. La transición de una forma de vida a otra. Dejar el campo en busca de una vida nueva en la ciudad. Como también la búsqueda de protección y cobijo. 

Jesús Luque, quien encarna a Elisban, ha ganado el premio APRECI por la mejor actuación del año. La disciplina que puso en el taller que llevó con el propio director, ha dado como resultado la corporalidad de una actuación que no precisa de muchos textos para transmitir. Su personaje entra a escena con una clara construcción de lo que es, de donde se encuentra y de la vulnerabilidad que eso pueda significar. 

A través de toda la película su mirada será el contraste de las miradas indiferentes y hasta perversas de los personajes con los que le toque interactuar. Y es que Elisban destila una ingenuidad fuera de cualquier cuestionamiento. Lo que permite al espectador generar una empatía desde la primera escena y a su vez, la indignación frente a la hostilidad imperante con la que tiene que lidiar el personaje, a lo largo de la historia. 

Lo que el director puneño ha construido con este largometraje es un escenario en donde la ciudad representa un personaje más, que es despiadado, individualista, mercantilista e indiferente. La ciudad no representa para Elisban una promesa de desarrollo y futuro, sino todo lo contrario. 

Quizás el único personaje que contradice esta constante de discriminación, es la señora que vende comida. Una representación simbólica de protección maternal, a pesar de sus repentinos cambios. Lo que refuerza, al ser una excepción,  la sensación generalizada del profundo desprecio de una sociedad consumista, frente a la pobreza. 

Vallejo juega con la idea de realismo constantemente, a pesar de estar en una ficción, por momentos parece que estamos frente a un documental. Así de realistas resultan las actuaciones de sus personajes. Incluso mostrando el afiche real del casting de la película en un poste de luz. Con ese mismo realismo, nos transmite el frío y hambre que su personaje padece. Es inevitable recordar a Wiñay Pacha y reflexionar sobre lo que esta nueva cinematografía está demandando. 

En una sociedad mercantil, el valor recae en lo que se tiene y si no se tiene nada, el valor de la persona no existe. No vales nada. El valor del mercado económico está por encima del mismo ser humano.  

Existe un cine de lugares comunes, con personajes estereotipados, presentando conflictos que no pretenden incomodar a nadie. Un cine de caras conocidas y que disfraza la realidad, frente a un cine como el que años atrás se empezó a gestar en Ayacucho. Donde Palito Ortega puso  en vitrina al cine regional y que hoy tiene su foco en Puno. Con la disposición de mostrar al mundo, una realidad que para algunos es ajena y para otros, que son muchos más, es bastante familiar. 

Manco Cápac es un film singular que redunda en sensaciones contrastadas, sin concesiones. De mirada contemplativa, pero punzante en sus retratos humanos. Es de esas películas, que no permiten la indiferencia. 

 

Flyer Manco Cápac-Estreno 9 de didiembre

 

 

 

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Si el presidente Castillo cree que el fracaso de la moción de vacancia supone una vuelta a fojas cero y que los dislates cometidos con insólita fruición en sus primeros 130 días de gobierno, pasan al olvido y todo empieza de nuevo, cometería un nuevo error, que se sumaría a su largo rosario de estropicios políticos cometidos en lo que va de su gestión.

De hecho, cuando el próximo año su nivel de popularidad siga cayendo (hoy la encuesta de Datum muestra una caída en su aprobación de 40 a 32% y un crecimiento de 50 a 59% de su desaprobación), cuando la crisis económica empiece a hacerse sentir en términos de menor bienestar (mayor pobreza y desempleo), cuando eventualmente acontezca la tercera ola, y cuando, además, se acerquen las elecciones municipales y regionales, que harán que los partidos del ubicuo centro (particularmente Acción Popular y Alianza para el Progreso) se intenten desmarcar de un gobierno que para entonces seguramente rozará el dígito de aprobación, sobrevendrá un “momento destituyente”.

Y cuando eso ocurra, todo lo anterior, denunciado hasta ahora, se empozará y se sumará a las nuevas denuncias que eventualmente surgirán, dada la desprolijidad con la que este régimen maneja la administración pública. Ya no serán el jirón Sarratea ni los baños de Palacio el epicentro del escándalo, pero habrá, seguramente, otros lugares y otros personajes cercanos a Palacio comprometidos en inconductas que volverán a rozar al Presidente.

Si Castillo cree que ha salido empoderado en su línea de conducta y se ratifica en ella, va camino, pronto, al suicidio y a lograr que una segunda ola vacadora se lo lleve de encuentro de Palacio, esta vez involucrando ya no solo a las bancadas de derecha, que, por precipitadas, arruinaron siquiera el objetivo de hacerlo comparecer al Presidente ante el Congreso, sino a aquellas del centro que esta vez le dieron su respaldo.

La paciencia política ya se agotó con Castillo. La calle lo desaprueba y pronto lo hará toda la clase política de oposición, si no es capaz de entender que tiene que enmendar rumbos, rápida y estructuralmente, descartando tesis maximalistas como la de la Constituyente, y acercándose a posturas de centro antes que a escenarios de confrontación radicales.

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Palacio de Gobierno, Pedro Castillo, vacancia presidencial

El fracaso del intento golpista por vacar al presidente nos deja algunas lecciones de las que debemos aprender. En primer lugar, la vacuidad de un escenario político que se mueve más por emociones, intereses y mezquindades que por razones y compromisos. El uso apresurado de lo que debería ser la última ratio en toda crisis política no sólo la deslegitima sino que la convierte más en un arma de venganza que en una salida a una crisis insostenible. Querer vacar a un presidente en su quinto mes de gobierno no sólo es  un despropósito sino que también el síntoma de la desesperación que algunos deben sentir al saber que ya no tienen el control del poder que les ha permitido siempre hacerse de buenos “negocios” en base a las relaciones y amistades en algún puesto del gobierno.

Este torpe y ridículo intento lo que ha demostrado es desesperación antes que cálculo. Por eso, se les cayó de manera tan estrepitosa porque no tenían ningún sustento más que sus malas intenciones. Esto, al contrario, ha servido para fortalecer al gobierno y darle aún mayor legitimidad. Podría ser un triunfo pírrico pero por el momento es un triunfo que si se sabe capitalizar puede catapultar las tan ansiadas reformas que el pueblo está esperando.

El gobierno del profesor Pedro Castillo tiene ahora, nuevamente, la oportunidad de llevar adelante el cumplimento de los anhelos de quienes lo eligieron. Cuidando al extremo sus modos y formas de conducirse en el poder, los nombramientos impertinentes, transparentando sus acciones, castigando de manera ejemplar a quienes cometan algún acto de corrupción, puede ganar el espacio de legitimidad que ha venido perdiendo y tomar la fuerza para iniciar la reforma tributaria y la renegociación con las mineras y las empresas de gas. 

El presidente Castillo carga con la responsabilidad de haber sido elegido no para hacer más de lo mismo sino para iniciar una gran transformación del Estado que, por fin, se ponga del lado del que menos tiene y al que más se debe. Esto es lo que algunos grupos de poder temen tanto. Por ello, al rótulo de ineficiente le han querido colocar el san Benito de corrupto, pero han fallado y ahora se abre una nueva oportunidad.

En este corto tiempo si el gobierno afina la estrategia puede iniciar una segunda etapa con el reacomodo de fuerzas y sin perder de vista la razón de su permanencia en el poder. Es momento de consolidar si equipo y emprender acciones, ya pasó el tiempo de los discursos y toca ahora demostrar con hechos que las verdaderas razones de la vacancia eran que no se quiere que se cambie nada. Ese debe ser el objetivo prioritario del gobierno en estos momentos.

Aquí ha ganado la gobernabilidad. El verdadero problema por el que atravesamos no es el enfrentamiento entre la derecha y la izquierda, sino el de la corrupción, el narcotráfico, la minería y tala ilegal, esas son las acciones delictivas que han erosionado nuestra alma nacional. Ese es el verdadero enemigo. Alguno de los extremos enfrentados debería hacer un llamado por un Acuerdo por el Perú. Uno en el que puedan participar todos y buscar puntos mínimos de consenso. Ahí se sabrá quienes están de qué lado.

La magnitud de la crisis, en medio de una pandemia que sigue cobrando muertos y que amenaza con recrudecer, no puede distraer al gobierno de sus dos objetivos centrales: la salud y la reactivación económica. Son sus prioridades y teniéndolas como objetivo central debe emprender todas las otras reformas que ha ofrecido para transformar el rostro del Perú.

Tal vez a los señores de siempre no les guste, pero este gobierno tiene un mandato claro al que no puede traicionar sin traicionarse a sí mismo y al pueblo que lo eligió. Por eso, las arremetidas, las fabulaciones, las intrigas y las bajezas. Si sabemos escuchar la voz del pueblo entonces tal vez se puedan llegar a los acuerdos mínimos y necesarios para mantener nuestra endeble democracia y la estabilidad.

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Pedro Castillo, política peruana, vacancia presidencial

UNO

Pareciera que lo hiciera adrede. En una de nuestras primeras columnas indicábamos la sorpresa mayúscula que se apoderó de Castillo ante los resultados de la Primera Vuelta. 

“Voy a ganar carajo”. Sonrió y al instante “tragó saliva y tembló ante tamaña responsabilidad”. 

Tampoco supo dimensionar que la Oposición le discutiera, hasta los más nimios detalles, y pida su vacancia cada semana. No ayuda en absoluto su falta de comunicación con la Prensa y sus dislates, lógicamente. No entiende que ahora es el Presidente de la Nación y no un líder sindical. En un mundo digitalizado, debe dar explicaciones de sus actos siempre. Estamos en tiempos donde a cada minuto, se informa, se tuitea. Los jóvenes y no tan jóvenes ya no leen diarios, ni ven cable y menos noticieros. Se informan de todo, a través de las redes sociales. Se nutren de la pantalla del smartphone. El gobierno desdeñó a la prensa desde el vamos. Craso Error. Desde allí entonces se creó un enemigo: El Cuarto Poder (y no me refiero al apócrifo programa). 

Mucha gente no está convencida de la vacancia (me incluyo). Sin embargo, el Presidente, desde sus yerros, alienta a cambiar de opinión a los neutros. Mejore la comunicación con los medios, no siga desdeñándolos. Sea lo más transparente posible. Prometió no repetir los errores de los gobiernos anteriores y los está repitiendo. Encima, se alía con el Judas del Acuña.

No jodas, pues.

DOS

Fue uno de los conservadores ilustrados del país en el siglo pasado. Brillante abogado, constitucionalista, periodista y congresista. Debió de ser la inspiración para el personaje del “Constitucionalista Beodo” en la novela “La Fiesta del Chivo”. La entrevista con Hildebrandt – “Cambio de Palabras”– delata todos sus matices. Ahí lo conoces a profundidad. Siempre polémico. Terminó de arruinar su reputación al reunirse con Montesinos. Y todo por un curul. Ese es el padre de la Congresista Patricia Chirinos. Quien grita, gimotea (es un símil de la Yoko sesentera) e insulta al Presidente Castillo, en plena manifestación. Va a Ayacucho y usa los hornos de cremación en forma alegórica; sin ningún tacto político, desconociendo que muchas víctimas del terrorismo, en ese lugar, fueron incinerados. Ella que surgió del partido de Alex Kuori – que estuvo preso por corrupción – denuncia y grita a los 4 vientos: ¿Incapacidad Moral?, ¿me estas jodiendo Patty?

No, Patricia también tiene matices.

TRES

Dícese que es la política con menos calle en el país. También que los gestos dicen mucho de un político e importan. 

Pelo rubio, caucásica, blazer a cuadros y la mano derecha levantada, pero no para estrechar la diestra del Presidente. La palma, en ángulo de 90°, rechaza saludar con la mano. Pedro se confunde, millones lo ven. Se estaban despidiendo, con el saludo habitual, en pleno coronavirus: chocando los codos. Lo otro imposible. “No seas confianzudo cholo”. Eso dice la expresión de la Presidenta del Congreso, quien después mira para el costado, haciéndose la boluda.

“La cague” 

Había reflexionado la congresista. Cuando acudió raudamente al programa chatarra de Chibolín. El día anterior, había rechazado reunirse con las encargadas de los Comedores Populares, que clamaban por fondos. Reaccionó, y cinco días después viajó a Cajamarca. Se reunió con sus representantes.

“Tuve el honor de visitar el comedor popular “Santa Rosa”, donde justo a las valientes madres que trabajan para alimentar a más de 46 familias, almorzamos un delicioso arroz de trigo con cuy y papa picante”, declaró después. 

El problema de la blonda política, es que la foto de dicho almuerzo, habla por sí sola.

“¿Qué mierda estoy comiendo, y con quiénes?”

Es política y los gestos importan.

Días después, su amiga (¿o hija postiza?), Lorena Tudela se sacaba una foto insólita, en un poblado innominado de Lima. Donde mujeres, de diversas edades, con polos de “No al Comunismo”, miraban intrigadas y unas con rostro ceñudo, como quien diciendo “que carajos hago acá”. En el medio, con una sonrisa de lo más gélida – es la única que lo hace – la blonda Congresista vestida con un blazer azul y zapatillas de marca. Eso sí, no las abraza “me vayan a ensuciar, no te pases”. Ah, y apretando fuerte su bolso “por si las moscas”.

CUATRO

“Libertad es defender el derecho a decidir de los ciudadanos. Pero ustedes no están preparados para esa conversación”.

Alejandro Cavero Congresista

Su tuit tuvo 1.500 respuestas. Pero el novel congresista no se refería a las elecciones, sino a la libertad de comprar Cheese Tris. Si, y no es joda. Dicho producto ha sido vetado por Indecopi por contener grasas trans en exceso. 

Un día después, una viñeta completaba su ideología.

“Libertad es defender el derecho a decidir de los ciudadanos. Y acusarlos de fraude cuando no eligieron lo que uno quería”

Dícese que promueve los derechos de la comunidad LGBT; sin embargo, apoya en forma irrestricta al partido franquista Vox. Ahí hay, mínimo, un conflicto de intereses. 

Su última aportación: Un proyecto de Ley para volver a la Bicameralidad del Parlamento. 

Por lo visto, el personaje de marras no percibe, ni lee las encuestas donde el 84% desaprueba el Congreso actual. 

Un Presidente Inepto y una oposición repudiable.

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Presidente Castillo

Si a algunas personas el gobierno de Sagasti debería prestarle atención como potenciales focos de desestabilización es a José Luna Gálvez y a su satélite congresal e hijo, José Luna Morales.

Estuvieron claramente involucrados en la vacancia de Vizcarra, porque éste no satisfacía sus requerimientos de tumbarse la reforma universitaria, Sunedu incluída, y permitir así que su universidad, Telesup, vuelva a seguir estafando a decenas de miles de alumnos ofreciéndoles educación de bajísima calidad.

Los Luna se han agenciado, inclusive, un conglomerado mediático que les sirve de caja de resonancia para todas sus iniciativas demagógicas, como esta peregrina idea de devolverle dinero a los aportantes al sistema de la ONP.

Llama la atención, asimismo, la altísima frecuencia con la que congresistas de otras bancadas, particularmente de Acción Popular, terminan siempre votando en el mismo sentido de los proyectos de ley que Podemos Perú presenta. Los malpensados podrían pensar que eso no es gratuito, pero resulta por lo menos extraño que estos congresistas acaten más las órdenes de los Luna que las indicaciones de sus propios partidos.

Hoy, los Luna están atarantados por el remezón de la calle que frustró la presidencia del monigote de Manuel Merino, pero más pronto que tarde volverán a la carga. Sagasti es el objetivo. Con medios, una bancada artificiosa de 30 congresistas y mucho dinero de por medio, saben que se les acaba el plazo para lograr sus propósitos, de tirarse abajo la reforma universitaria, tumbarse al equipo Lava Jato y gozar, por cierto, de las canonjías del poder.

Sobrevivirán, a posteriori, lamentablemente. La estructura montesinista que han armado tiene en Daniel Urresti una locomotora electoral que les permitirá tener una bancada el próximo lustro, y entonces verán cómo insistir en su agenda, pero hoy en el corto plazo sus objetivos son claros y obviamente un régimen centrista como el de Sagasti es un obstáculo que buscarán extraer.

Solo la movilización callejera los puede detener. No creo, sin embargo, que al final del día ello les importe mucho a la hora de buscar sus objetivos, pero lo que sí queda claro es que la alerta democrática de la ciudadanía y el ojo vigilante de un gobierno que hasta el momento no da pie con bola no puede permitir que esta coalición desestabilizadora convierta al Perú en su chacra personal, a punta de matones, camiones y dinero.

 

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Francisco Sagasti, Gobierno
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