Opinión

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS]  El Perú no es un país de contrastes, es un país de confrontaciones. Cuando la CVR le llamó Conflicto Armado Interno a la guerra iniciada por Sendero Luminoso contra la sociedad y el Estado acertó, posiblemente sin saberlo, en darle un nombre alternativo a nuestra Historia del Perú, diferente, precisamente, al de Historia del Perú. Y por eso mismo peleamos, guerreamos alrededor de la idea de denominar Conflicto Armado o Lucha contra el Terrorismo a lo gravísimo que nos pasó en las últimas dos décadas del siglo XX y no es fácil decantarse. La paradoja se explica sola.

El cuento del mestizaje no es solo un cuento, es un absoluto fraude. Tras la independencia solo el 23% de los peruanos éramos mestizos, los demás podíamos definirnos, a la manera colonial, como castas, razas, y pensando en términos más contemporáneos, como culturas antagónicas. Nunca hubo una armoniosa fusión de los elementos occidental, andino, africano, y luego chino, japonés, italiano etc. para formar la gran nación que se presenta ante nosotros cada vez que despiertan mis ojos y veo que sigo viviendo Contigo Perú.

Un concepto que aprendí de mi oficio de historiador es la discontinuidad del tiempo. Hay siglos más conservadores que otros, nos decía un viejo profesor, hace más de tres décadas. La historia sube y baja, viene por olas, por rachas de olas, unas bravas, otras mansas, las menos predecibles, las más repentinas. Y la era de la informática y de las redes aumentan profusamente esa discontinuidad. No somos un país que va madurando, que cobra forma con el paso de los años, de las décadas y los siglos. Somos, al contrario, la anomia perfecta, si acaso aquello no es un oxímoron.

Y, a pesar de todo, cambiamos, nos transformamos de una sociedad en otra. El siglo XX fue la absoluta ruptura, la absoluta destrucción de su antecesor, fue la Tempestad en los Andes, el movimiento allegro vivace de una sinfonía que no va a ninguna parte. Y así pasamos de la sociedad estamental a la informalidad, informalidad económica, social, política y cultural. Y, sin embargo, las batallas de las redes parecen enfrentar a los viejos estamentos coloniales, tal y como se enfrentaron hace tres o cuatro siglos. O es que algo no cambió, o es que pensamos que algo no cambió o es que algo cambió para finalmente permanecer como antes, invicto, incólume y triunfal en medio del país de las grandes derrotas históricas.

Lo que no ha cambiado es la estructura del poder, ni en sus prácticas económicas, ni en su mirada social y culturalmente jerárquica de la comunidad nacional, si eventualmente existe, ni en la administración de la cosa pública. El mundo informal representa la nueva sociedad, nos abraza a todos, pero hay espacios fuera del mundo informal, cuyos mensajes son los del siglo XIX y los del XX, solo que con palabras del siglo XXI.

Hay un Perú español, occidental, conservador, que probablemente desee el progreso pero que ante alternativas de cambio que pudiesen mover, aunque sea un poquito, el espacio irreal/real donde se siente seguro votará por la continuidad de la anomia, una y mil veces. Hay un Perú andino, principalmente rural, otro amazónico, también rural, que se duelen de la historia y de un presente que las redes reproducen como si se tratase de la evocación de guerras pasadas, de batallas perdidas, desde Manco Inca hasta Rumi Maqui, o que, en el peor de los casos, busca el progreso zambulléndose en la anomia del otro, que es también la suya, vetusta, malhadada e impasible, hedionda de corrupción.

Lenin lideró una revolución, en un país muy lejano, pero hay otro Lenin, uno peruano, que apellida Tamayo y que canta Q-pop. Él ha fusionado el pop coreano con sus raíces andinas. Lenin ha dicho, recién, que la lengua española es hipócrita y que el quechua es directo, lo califica de concreto, pero lo define abstracto, como Arguedas, relacionado con la naturaleza, con la vida silvestre y el agua, donde el hombre se ubica un poco en el centro y otro poco en la periferia, configurando su mundo casi fusionándose con el entorno. Entonces Lenin nos reclama sobre lo mismo que caracterizó al régimen colonial y a gran parte del Perú republicano, pero con voz contemporánea, a través de su arte delicado y sensible.

Tal vez se entiendan mis reflexiones finales como una contradicción, pero siempre he alentado forjar nuestra comunidad a través de una pluriculturalidad que incluya también lo español, lo occidental, una que no enfrente más, que no acentúe más las diferencias. Pero también una en la que la afirmación de la igualdad y el intercambio de acervos surquen el camino hacia la horizontalidad y la integración.

Lenin evoca la vieja confrontación entre el español y el quechua, da igual si refiere culturas, lenguas o individuos. Yo proclamo que seremos Perú, que seremos nación, cuando logremos -todos juntos- un país en el que millones de Lenin le canten al país que supo encontrarse compartiendo palabras en distintos idiomas, las que aprendió de a pocos porque quería hacer suyo al otro y viceversa. Un país que hoy solo existe en la imaginación y que se desliza, abrumado, por la empinada pendiente de la autodestrucción.

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A nadie debería sorprender que Dina Boluarte siga creciendo en sus niveles de desaprobación. Según la última encuesta de Ipsos, publicada en Perú21, llega ya a 83% y solo la aprueba el 10%. Y según Datum, en encuesta publicada hoy en El Comercio, la desaprobación es mayor, llegando al 84%.

Ya no se le puede atribuir semejante rechazo a la conducta represiva desatada luego de haber asumido el mando, en respuesta a la violencia callejera desatada en su contra.

Dicho resultado es producto de la parálisis del régimen respecto de la solución de problemas como la recesión económica o el crecimiento de la inseguridad ciudadana. Y al respecto, poco pueden hacer los ministros de Economía y Finanzas o el de Interior, si trabajan para un gobierno jaloneado por fuerzas políticas diversas.

Dina Boluarte escucha en la mañana al premier Otárola, al mediodía a su hermano Nicanor y en la tarde a la derecha congresal. Y a los tres les quiere hacer caso. Es un gobierno tricéfalo, enredado en un juego de poderes que lo lleva a la inacción.

La presidenta está obligada a no pisar callos congresales (ofrece la cabeza de su canciller para que le autoricen un viaje, a esos extremos se ha llegado), a permitirle a su premier Otárola manejar las riendas oficiales del Estado y, al mismo tiempo, a dejarse influir por su asesor político en la sombra, el hermanísimo.

El problema, por supuesto, no es que haya parcelas del poder alrededor de Palacio. En todos los gobiernos siempre ha habido facciones enfrentadas entre sí, que han disputado la mayor o menor influencia respecto del gobernante. Es hasta saludable que ello acontezca porque de esta competencia surge, por lo general, un tablero de herramientas más rico para quien detenta el poder final de decisión.

El problema es cuando este entrecruzamiento de presiones, lleva a la parálisis, como es el caso. La presidenta gasta más energía en tratar de largarse de viaje que en resolver los acuciantes problemas que debería enfrentar. De su liderazgo depende, en gran medida, el éxito que puedan tener sus titulares del MEF y del Interior, quienes tienen entre manos los dos problemas más graves del momento.

A falta de operadores políticos eficaces, es Palacio y, particularmente, la presidenta, quien está obligada a jugar un rol administrativo de los asuntos públicos. Y eso es lo que no está ocurriendo, generándose el vacío que la ciudadanía intuye y que se refleja en las encuestas citadas.

 

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[PIE DERECHO] La sensación ciudadana respecto de las estrategias del gobierno para combatir a la delincuencia es de absoluta desafección y rechazo. La última encuesta de Datum, publicada hoy en El Comercio, así lo constata.

El 94% considera que no hay ningún cambio luego de que el Ejecutivo decretara estados de emergencia en varios distritos del país; el 83% desaprueba la labor de Dina Boluarte en la lucha contra la inseguridad; el 58% de la población no confía en el trabajo de la Policía Nacional; el 43% señala que él o algún familiar ha sido víctima de algún acto delincuencial en los últimos tres meses; y, lo que es abrumador, si el 67% consideraba que el inoperante Castillo no tenía una estrategia para garantizar la seguridad ciudadana, ahora, un superlativo 78% estima que el gobierno de Dina Boluarte no la tiene.

Estamos perdiendo la batalla contra el crimen organizado. El Perú se está pareciendo cada vez más a países donde las bandas criminales ya gobiernan las calles impunemente. Y la ciudadanía es consciente de ello, es un problema que genera un estado de ánimo corrosivo y destructivo de la confianza social.

Allí radica, tal vez, lo más peligroso del problema, en las consecuencias psicosociales y políticas que esta sensación produce. La “mano dura” represiva gana terreno en los discursos políticos, el populismo penal crece, y la búsqueda de un salvador fuera del establishment se acrecienta.

La delincuencia pone en entredicho la vigencia del Estado de derecho, las bases del propio contrato social y alimenta la narrativa antisistema que ya por otras razones (crisis económica, desprestigio de la clase política) se refuerza en el país.

El gobierno de Dina Boluarte, con su probada mediocridad para resolver los principales problemas del país (recesión e inseguridad ciudadana), es el mejor aliado de los disruptivos radicales que se asoman en el horizonte electoral. Una razón de peso para justificar la salida política de un recorte de su mandato y un adelanto de las elecciones. Mientras más tiempo pase sentada en Palacio va a ser más difícil revertir esa narrativa.

La del estribo: notable la obra de teatro dirigida por Mariana de Althaus, La vida en otros planetas, que retrata el drama que es la educación pública en el Perú. Con las formidables actuaciones de Alaín Salinas, Conny Betzabé, Godo Lozano, Herbert Corimanya, Marisol Mamani y Muriel García, va hasta el 17 de diciembre en el ICPNA de Miraflores. Imprescindible documental que no se puede perder. Entradas en Joinnus.

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[MÚSICA MAESTRO] «Déjenme vivir mi vidaaa, yo no soy malo con nadie…» dicen las primeras líneas de Vagabundo soy, uno de los himnos cantineros que hicieron de Iván Cruz una de las personalidades musicales más populares en el Perú, una defensa de la libertad que, supuestamente, todos tenemos de hacer lo que nos dé la regalada gana siempre y cuando ello no afecte a los demás.

Por supuesto que el tema da para el debate y la contradicción -después de todo, la familia y círculos más íntimos siempre padecen las consecuencias del desenfreno individual, por más autodestructivo y solitario que este sea- pero, en todo caso, es parte del imaginario creativo de varios artistas en distintos géneros. Como So what del cuarteto británico Anti-Nowhere League (1981, que fuera reactualizada por Metallica en su álbum doble Garage Inc. de 1998) o A quién le importa de Alaska y Dinarama (1986), el bolero escrito por el chiclayano Julio Carhuajulca en 1975 se inscribe en esa tradición de quien se enfrenta al establishment, se toma unos tragos y se olvida de las opiniones ajenas, desprendiéndose (o escondiéndose, quién sabe…) del paralizante qué dirán.

Esta actitud cercana a la filosofía punk del cantante chalaco, cuyo nombre real fue Víctor Francisco de la Cruz Dávila, lo acompañó toda su vida artística, incluso después de anunciar su sobriedad y entrega al Señor, en búsqueda de paz mental y física. «En su casa -escribió el periodista Ángel Páez en una crónica sobre él publicada en el diario La República, el año 2015- ya no se escucha «¡Salud!» sino «¡Gloria a Dios!»

Las letras de sus canciones más conocidas, muchas de ellas escritas por él mismo, recreaban la atmósfera ideal del submundo oscuro de bares y tugurios que, en cualquier parte del país, fueron siempre refugio para desarraigados, freaks, rebeldes y despechados. Iván -nombre artístico que nació en casa, por asociación con el zar ruso Iván El Terrible (1530-1584) debido a su carácter indomable y conquistador- se convirtió en la voz definitiva de nuestra fauna local de outcasts, término anglosajón que sirve para denominar a los que no encajan en el modelo de la corrección social.

Como mencioné hace un par de años en un artículo acerca del fallecimiento de Guiller (ver nota aquí), otra superestrella de nuestro bolero de cantina, Iván Cruz, con su personalidad lenguaraz, su voz varonil y trémula y esos extravertidos hábitos en el escenario -una especie de Sandro local- lideró a la segunda y última generación de grandes intérpretes de este rubro de la música popular, anclada en ese estilo achorado y melodramático, con una cadena de grabaciones para el sello Infopesa que, de inmediato, se convirtieron en las favoritas del público urbano-marginal que nunca le negó reconocimiento y cariño.

Entre 1977 y 1982, títulos como Mozo, déme otra copa, Me dices que te vas, Dime la verdad (composiciones propias), Ajena (de Manuel Canela Martínez), Sé que me engañaste un día (del español Danny Daniel) y la mencionada Vagabundo soy -inolvidable no solo por su letra sino por esa inconfundible introducción de sección de metales que resume el espíritu de nuestro bolero-, le valieron a Iván Cruz no solo una permanente presencia en las radios sino ventas extraordinarias, un éxito que lo empujó aún más en las adicciones y la vida nocturna acelerada, lo cual le trajo más de un problema familiar.

Su esposa Julia Flores -madre de sus cinco hijos- se mantuvo (casi) siempre a su lado, aunque en cierto momento la estabilidad de aquel matrimonio iniciado en 1966 estuvo seriamente amenazada. A causa de las peligrosas adicciones de Cruz, la pareja se divorció a finales de los noventa, poniendo distancia a una situación que ya estaba fuera de control. En el año 2010 sin embargo, según testimonio de doña Julia, se casaron por segunda vez, una década después de que el cantante decidiera poner fin a sus excesos para iniciar una etapa artística con mensajes evangélicos en sus conciertos. Alejado del consumo de alcohol y drogas, «el bolerista de las canciones pecaminosas» (como él mismo se definía) se reencontró ligeramente con el éxito y la popularidad mediática aunque de una forma menos estridente que en sus años mozos.

Iván Cruz, como Lucho Barrios en Chile o Pedrito Otiniano en Ecuador, tuvo mucho éxito en Venezuela, a tal punto que algunas personas creían, por su forma de cantar, que era venezolano. En ese país, Cruz publicó, para el conocido sello discográfico Top Hits, tres de las diez producciones discográficas oficiales que dejó, según se viene repitiendo en las diversas notas periodísticas aparecidas esta semana tras conocerse su fallecimiento. Como siempre ocurre con nuestros artistas, no existe un registro confiable ni definitivo sobre cuántas grabaciones realizó ni se dispone con facilidad de detalles relacionados a los músicos que trabajaron con él, una lástima para sus nuevos seguidores que deben conformarse con la magra información que circula en internet y redes sociales, siempre incompleta y deficiente.

El bolero cantinero, como subgénero de música popular del Perú, tuvo una fuerte presencia en barrios populares y provincias pero, a diferencia de la salsa, la cumbia e incluso estilos folklóricos nativos como la música criolla, andina y negra, jamás logró dar el salto hacia los gustos de las clases «altas», aunque sus principales tópicos -el despecho, los hábitos noctámbulos y todo lo asociado al engaño/rechazo, transversales a todo estrato- hayan sido utilizados, muy de vez en cuando y de forma extremadamente superficial, como insumos para la diversión de grupos sociales con orígenes y posiciones socioeconómicas opuestas a aquellos en los que se movieron siempre los públicos que abarrotaban los conciertos de Iván Cruz y sus colegas en sus épocas de apogeo artístico.

Otro aspecto sobre el que siempre es necesario insistir, cada vez que un conocido ídolo popular fallece, es el de la contradicción que se establece entre las reacciones alrededor de la noticia. En vida, Iván Cruz fue, durante sus últimos años, una especie de recuerdo pintoresco, invitado de programas de farándula para exponer detalles de su alocadas correrías pero nunca desde un punto de vista orientado al homenaje o la protección de su obra musical.

En ese sentido, el velorio de sus restos, organizado por el Ministerio de Cultura, con post de redes sociales y todo, es solo una manifestación más de esa superficialidad oficial que no tiene nada que ver con las demostraciones de afecto del público que lo escuchó y admiró desde siempre. Al entremezclarse ambas, las falencias del Estado y el fracaso de la educación nacional en todo lo relacionado a cultura popular no quedan claros sino que consiguen pasar inadvertidos en una espiral que se repite una y otra vez.

Olvidados en vida, los ídolos populares de nuestros padres y abuelos van desapareciendo sin ver que se corrija este error de décadas de gobiernos que no invierten en recuperar grabaciones y registros del pasado -ni hablar de políticas de protección estatal para temas más concretos como salud y pensiones por retiro. Iván Cruz, el rey vagabundo del bolero cantinero, murió en el Hospital Naval del Callao, a los 77 años, por complicaciones multiorgánicas ocasionadas por toda una vida de desarreglos que, poco a poco, fueron menoscabando su resistencia física, un destino común en esta clase de intérpretes que siempre están jugando en pared con sus demonios internos, esos que, paradójicamente, son también los motores que propulsan el atractivo tanático que los hace famosos e idolatrados por las masas.

 

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Hay dos formas de eliminar la dispersión tremenda que existe en el segmento que va del centro a la derecha del espectro ideológico político nacional: o se adelantan las elecciones o se efectúan primarias como filtro.

El adelanto de elecciones dejaría fuera de carrera a los morosos o ineficientes que no han podido lograr la inscripción con la antelación debida, demostrando así falencias organizativas que anticiparían lo que sería un pasivo gubernativo en caso de llegar al poder (es, en esa medida, un filtro justo).

Hay algunos protocandidatos que ya tienen, inclusive, más de un lustro en el empeño y no logran la inscripción (como, en la izquierda, acontece con Verónika Mendoza). Es verdad que se necesita dinero para lograr el cometido, pero no tanto como antes, cuando se pedían centenares de miles de firmas para poder inscribirse. Hoy se requiere más punche organizativo que recursos monetarios.

De otro lado, la realización de primarias es de por sí una manera de disminuir postulantes. Está diseñado el modelo para eso, justamente, y también para democratizar la elección de los aspirantes al Congreso. Quienes no obtengan, según la norma vigente, al menos el 1.5% de los votos válidos, pues no podrán presentarse a las elecciones generales (es, inclusive, una valla baja; debió ser más alta). Pero aun así, el problema es que el Congreso, como sucedió el 2021 en las elecciones generales, y el 2022 en las subnacionales, las suspendió y ahora quiere hacer lo propio.

Por angas o por mangas, lo cierto es que si la clase política que va del centro a la derecha -sociológicamente casi el 80% del electorado-, se presenta con más de veinte candidatos, como hoy se vislumbra, va perdida a la elección y le regalará a la izquierda la posibilidad no solo de colocar un candidato en segunda vuelta sino, eventualmente, dos, lo que sería una tragedia nacional.

Todo se encamina a ello, por irresponsabilidad de los protagonistas ya inscritos y por inscribirse, que no quieren cejar en su empeño personalísimo, por un lado, y por otro, por la punible necedad de partidos como Fuerza Popular o Alianza para el Progreso, que se quieren tirar abajo las primarias una vez más, creyendo que como ellos tienen una base electoral consolidada, les conviene la dispersión.

 

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Adelanto de elecciones, Dispersión Política, Elecciones 2023, Primarias

El gobierno ha anunciado, dentro de su paquete de 25 medidas para salir de la recesión, la aceleración de los proyectos de irrigación de Chavimochic, Chinecas y Majes-Siguas.

Se ve difícil, ya lo han señalado expertos, que se logre el cometido en las fechas planteadas, pero vale destacar el esfuerzo de imprimirle voluntad de ejecución a los mismos, por su impacto en la economía nacional y en la dinámica inversora.

Al mismo tiempo, ya es hora de replantear el modelo por el que se asignan las tierras de estos proyectos, a grandes inversionistas, bajo un esquema en el que el Estado termina subsidiando a los megaterratenientes. El esquema es sencillo: el Estado invierte miles de millones de soles en poner operativos los proyectos de irrigación y como licita restrictivamente grandes extensiones de tierras, solo pueden postular dos o tres grandes inversionistas, que por esa razón, al reducirse la competencia, a la postre terminan pagando por las tierras un monto menor al que costó habilitarlas. El Estado pierde y le “regala” dinero fiscal a los grandes grupos de poder agrícolas.

Es hora de apostar por la mediana y pequeña agricultura, por generar capitalismo popular entre inversionistas de, inclusive, una hectárea. Es verdad que las grandes extensiones generan economías de escala y ello abarata los costos de producción, pero también es cierto que cuando existe una comunidad de pequeños propietarios, ellos mismos, por la propia lógica económica, terminan asociándose y replicando el esquema de la megaescala.

Ejemplos de ello no solo existen en el Perú, en algunos valles, sino también en el mundo (Países Bajos, por ejemplo), que, con pequeñas extensiones prediales, se logra índices de productividad fabulosos.

El modo en que se han manejado los grandes proyectos de irrigación, construidos con dineros públicos, forma parte de la gran historia negra del mercantilismo peruano, donde la oligarquía se ha beneficiado irregularmente de las normas para recibir beneficios económicos en desmedro del Estado, es decir de todos los peruanos.

El esfuerzo de trasvasar aguas de los ríos, de la vertiente occidental hacia nuestra desértica costa, es inmenso en trabajo y en recursos, como para que termine beneficiando a unos pocos. Estos proyectos deberían ser, más bien, una maravillosa oportunidad para generar una miríada de empresarios agrícolas, de inversionistas pequeños y medianos, que construyan un tejido social proempresarial.

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Desarrollo Económico, Mediana Agricultura, Pequeña Agricultura, Proyectos de Irrigación

[PAPELES VIRTUALES]

UNO

En el futbol, casi siempre, gana el mejor. Así lo demostró Fluminense el sábado último. Eso sí, no entiendo a muchos periodistas argentinos, que denuestan al perdedor. Como si en las fases de clasificación de la Copa y del –inentendible- torneo argentino, hubiera tenido juego de equipo. Siempre primo más el individualismo, que otra cosa. Si hubiera ganado, posiblemente, nadie hubiera dicho nada, de su planteo rácano. Sin embargo, perdió y la mayoría comenzó a pedir la cabeza del técnico. Almirón se les adelantó, renunció.

  • Esto es, ¿el fin justifica los medios?

Punto acápite, es su hinchada. Acompañó y alentaron con todo. Incluso opacando al resto, con sus cánticos, y eran solo 30 mil.

Muchos se preguntaban lo lógico.

  • ¿Como pudo clasificar a la final, sin ganar en octavos, cuartos y semifinales?

Por el sistema que impera, en esta clase de torneos y la eliminación de las prórrogas, en esas etapas. Lo que quedó claro, es que Boca Juniors nuevamente tiene que remarla para encontrar un juego acorde con la grandeza de su historia. Por lo visto, en los últimos cinco años, para ser campeón de la Libertadores hace falta, mucho más, que defenderse, contragolpear y esperar los penales.

Un aparte, se merece el árbitro Roldan, fue benévolo con los de Boca. No cobró una falta clara contra Ganso, la cual era expulsión y penal. El foul de Figal debió ser roja. En el partido contra Palmeiras pudo expulsar, mucho antes, a Rojo. La patada criminal del zaguero era típica de los sesenta. Hay que avisarle al colombiano, que el futbol cambió y existe el VAR.

DOS

No estoy ansioso. Yo soy quien va a resolver el partido. Una final es cuestión de honor, el gol es mío, el gol es mío. El gol del título es mío. Voy a convertirme en ídolo con 21 años.

John Kennedy hablando con sus representantes.

Pelo blanco y piel negra. Natural de Minas Gerais. Sus inicios fueron en las inferiores del equipo carioca. Al comenzar a figurar, comenzaron los problemas, era díscolo e indisciplinado. Para muchas familias pobres del Brasil, que uno de ellos juegue futbol profesional, es salvarse. Conocer otra vida, tener un plato de comida todos los días. Entonces, el ayer adolescente, tiene sobre sus hombros la responsabilidad de un adulto. Y no está preparado, lógicamente. Hace un año cayó en desgracia. La policía halló marihuana en su auto. Juró que no era suya. El entrenador se hartó y lo mandó a un equipo de tercera.

Volvió en marzo de este año. Siempre como suplente. Ingresaba en la segunda parte, cuando el técnico lo consideraba conveniente. Y empezaron los Cuartos de Final de la Copa Libertadores. Minuto 23, del partido de vuelta ante Olimpia, el aposicionamiento en todo su esplendor. Toque y toque. André lo empieza con un lujo. Aparece Keno, el socio del silencio, y se la deja servida al veinteañero. Este, define como si estuviera jugando en el patio de su casa. Un golazo. Al minuto 70, se deshace con una facilidad asombrosa de tres rivales y su pase -al vacío- provoca un foul y expulsión del rival. Más adelante, nuevamente, Kennedy gambetea -con suma facilidad- a su marcador y remata al palo. Cano, el otro animal, completa el gol.

La de Inter y Flu, fue una semifinal histórica. De lo mejor de la Copa Libertadores, en décadas. Partido de ida, minuto 9, mostró al binomio Cano-Kennedy. Se entienden sin verse. Pase de Arias y JK la recibe, de espaldas al arco, se acomoda –sabe que allí va a estar- y el toque suave al 14. La secuela lógica de la hinchada es ensordecedora. El partido de vuelta es trepidante. A diez minutos del final, se resolvió todo. El salto y pase-engaño de Marcelo, propicia que el 14, agarre mal parada a la defensa colorada. A la izquierda, está el díscolo. Cano le cede el balón. Y el 9 define, ante el mejor arquero del torneo, con maestría y precisión. Minutos después le devuelve el favor al argentino.

En la final del sábado, minuto 99, una sucesión de toques y Keno, si nuevamente, el socio invisible, se la deja servida al de pelo blanco, que define como los dioses. Como dijo Diego Latorre.

  • Fue una jugada que no existía.

Se fue abrazar con los hinchas, como si fuera la Premier, los torcedores lo abrazaron, estrujaron y no lo querían soltar. De locura. En tanto, el abrazo liberador de Cano, las lágrimas de Marcelo y un Felipe Mello, liberando las tensiones, tirado en el césped: eran los fotogramas perfectos, de lo que representa ser Campeón de la Copa Libertadores de América.

Insólito o no tanto, a los pocos días, se le vio a John Kennedy en la favela de Rio de Janeiro, Morro dos Prazeres, andando en moto, rodeado de sus amigos.

Ese es el hombre, que le dio la primera Libertadores al club de sus amores.

TRES

Cano es el Rey de América 2023. No hay otro como él. Imposible. El gol de empate, en el partido de ida ante Internacional, es de otro planeta.

  • ¿Como lo hizo?

Sin necesidad de girar, de espaldas al arco y teniendo al defensor pegado a él. Nino cabecea y el balón, se dirige al 14. German, como una plasticidad única, le da el toque con su derecha, antes que el defensor reaccione. Todo en menos de tres segundos.

Puedes observar los goles que anotó en el partido, de vuelta de esa semifinal gloriosa, como define a un toque, incluso con la pelota en movimiento. Es para que todos los chicos, en las escuelas de futbol, lo estudien detenidamente.

Antes, en el partido contra River Plate, celebró un hat-trick. En los tres goles, destaca el posicionamiento, arrojo y determinismo. Es letal entrando con el balón dominado, ver primer gol a River. En cuartos de final, con una volea espectacular, definió el partido ante Olimpia.

El primer gol de la final, muestra el paradigma del equipo carioca.

  • Arias, Keno y Cano. pared, desborde y gol.
  • ¿Alguien duda que ha sido el Mejor Jugador de la temporada actual?

CUATRO

La mayoría quieren jugar como los equipos de Guardiola. Es cierto, pero hay excepciones. El posicionamiento se basa en la ocupación de espacios equitativamente. Esto es, los jugadores deben estar en posiciones fijas. Así rompes líneas de presión, el que corre es la bola. Lógicamente, llegarás a situaciones de uno contra uno. Usualmente, tiene estructuras triangulares que potencien la circulación del balón. En cambio, Fernando Diniz impone -en su equipo- un juego aposicional. Esto es, darles total libertad a sus jugadores. Fomentando la creatividad y las lógicas sociedades. Reciclo a varios veteranos, que superaban la treintena.

  • Felipe Mello, Xavier, Ganso, Marcelo, Cano y Keno.

Los jugadores no esperan el balón en su posición, se mueven libremente en el campo. Esto es, migran de posiciones. Cuando el rival tiene la pelota, los delanteros hacen el pressing. Si el equipo está saliendo, lo hace en corto, dependiendo si el rival hace presión alta.

  • ¿Esto es tomar riesgos?

 Si, lo que se desea es realizar progresiones rápidas y fluidas. André y Ganso son dos de los pilares; por su calidad, para dar pases en largo, y así romper líneas de presión. Si constantemente estas en movimiento, dificultas la labor defensiva del rival. Al construir el juego, lo que técnico busca es la superioridad numérica cerca de la pelota.  Entonces, juntas a los talentosos y creas sociedades, en torno a la numero cinco. Por último, como están cerca unos de otros, las progresiones ofensivas se dan a través de pases cortos y rápidos.

Ahí radica la diferencia con Guardiola. Y empezó de abajo, con fracasos y algunos triunfos pírricos. Hoy es el técnico Campeón. Pareciera la reencarnación de aquel Mestre, aun en el recuerdo.

  • Tele Santana.

El tiempo lo dirá.

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[AGENDA PAÍS] La primera vuelta presidencial en Argentina dejó a mucha gente sorprendida, este columnista incluido, al constatar que, el candidato oficialista Sergio Massa, sí, aquel que funge de ministro de economía llevando su país a la hiperinflación, logró ganar esta instancia electoral, dejando en segundo lugar a Javier Milei.

Las encuestas previas a la elección se inclinaban a que el resultado iba en la dirección contraria, sin embargo, como bien dijo Rubén Blades en su canción Pedro Navaja, “la vida te sorpresas, sorpresas te da la vida”.

Desde la incursión de Perón en la política argentina, el clientelismo y el asistencialismo han herido profundamente el espíritu emprendedor y ha creado una dependencia de gran parte de la población de los programas sociales además que, según la OCDE (www.oecd.org),  el 20% de los empleados en ese país, son públicos, superando ampliamente a su vecino Chile ( 12% ), a México ( 13% ) e incluso a la burocrática España ( 13% ).

Adicionalmente a esta situación específica de Argentina, me llamó mucho la atención una entrevista que el periodista Luis Novaresio le hiciera al consultor de imagen y asesor político, el ecuatoriano Jorge Durán Barba, justamente a raíz del resultado de la primera vuelta presidencial en ese país.

En esta interesantísima entrevista, que pueden ubicarla fácilmente en Youtube, Durán analiza el porqué de la victoria de Massa frente a Milei, esbozando que los discursos, si bien pueden ser disruptivos, deben llevar un mensaje simple que las gentes puedan comprender con facilidad. A la mayoría de las personas, según Durán, no les interesa la guerra en Ucrania o la insistencia de mantener un déficit fiscal controlado, lo que el pueblo quiere es algo más en sus bolsillos que les pueda dar un poco más de felicidad en su vida cotidiana.

Una oferta de 50 dólares de aumento en el salario mínimo tiene mucho más poder y llega más profundo a la mayoría del electorado que decirle que se reducirá el déficit fiscal a 1%, por ejemplo. La gente busca la felicidad en la sencillez de su pensamiento.

En el Perú, si bien no ha comenzado aún la campaña presidencial, ya tenemos cerca de 30 partidos inscritos y seguro que llegaremos a 35, con lo cual tendremos una amplia gama de candidatos y candidatas, desde los populistas hasta los intelectuales, pasando por los autoritarios, con las terribles consecuencias que esto nos puede llevar, como tener a un nuevo Pedro Castillo instalado en la casa de Pizarro.

Otro punto importante que salió de esa entrevista es que el perfil del candidato presidencial debe estar enfocado a buscar la conexión con el pueblo y lograr su voto, algo que pueden conseguir personas tan ineptas para gobernar como Pedro Castillo, por lo que idealmente, el futuro presidente debe saber actuar como candidato y luego gobernar con sabiduría sin perder el contacto popular.

De la entrevista de Novaresio a Durán hice unos apuntes que podrían servir, algunos como consejos, otros como características del candidato presidencial ideal, pero en la medida que tenga las capacidades intelectuales, de liderazgo y empatía requeridos para gobernar.

  1. El votante quiere ofertas concretas, simples y monetizadas.
  2. La corrupción ya es aceptada por el votante y no marca la diferencia.
  3. No asustar con políticas de shock.
  4. Dar alegría, ser lúdico.
  5. No insultar a quien te puede dar el voto en 2da. vuelta, tampoco a tu rival directo.
  6. No aparecer con políticos, sino con gente común.
  7. Hay que conectarse con la gente común con su propio estilo de vida, reír con ellos, jugar, bailar, comer.
  8. No se elige a estadistas como presidente sino quien conecta con el corazón.
  9. El entorno del candidato es importante cuando aporta alegría y empatía.
  10. Es importante que el candidato tenga una dosis de modestia y sepa aceptar cuando se ha equivocado.
  11. Un candidato “sabelototo” cae pesado y no genera simpatía.
  12. La gente común quiere relacionarse directamente con el candidato y compartir una pequeña utopía.
  13. El votante quiere que el candidato le asegure al menos “un gustito”, que pueda darle un helado a su hijo el fin de semana en el parque.
  14. Los grandes y complejos problemas del mundo y del país no son de interés para la gente común. Ellos quieren algo concreto, aunque sea pequeño, que los haga vivir mejor.

Así, amigos y amigas lectores, los invito a ir decantando a su candidato presidencial ideal, aquel que sabe llegar al pueblo con el corazón y gobernar con la razón.

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[ENTRE BRUJAS] Según los registros del Ministerio de la Mujer, se han perpetrado 122 feminicidios y 192 tentativas de este crimen en lo que va del año.

Este es un crimen específico que insta al Estado a evaluar el contexto de violencia de género que prevalece en nuestro país.

No se trata de cualquier crimen, como algunos sectores intentan sugerir tendenciosamente para deslegitimar esta lucha. El Feminicidio es el asesinato de una mujer movilizado por un contexto de violencia de género, donde subyacen la afirmación de roles sexistas y el deseo de control de las decisiones, la sexualidad, la autonomía y vida de la víctima.

Este tipo penal fue incorporado en nuestro marco jurídico en 2013 como delito autónomo y ha experimentado varias modificaciones para definir adecuadamente el delito y operacionalizar lo que significa «un contexto de violencia de género.»

Aunque la mayoría de casos en nuestro país son feminicidios íntimos, es decir, donde el agresor es pareja o expareja de la víctima, existen otros tipos de feminicidio en los que el criminal no necesariamente mantiene una relación.

Por ejemplo, los casos de acoso y hostigamiento sexual, incluso perpetrados por desconocidos hacia las víctimas.

Hoy, un Tribunal Simbólico Contra el Feminicidio, organizado por «Familias Unidas por Justicia,» ha dado voz a madres y padres de víctimas; como un mecanismo para dar voz a quienes ya no la tienen.

En este espacio, ha quedado claro que la impunidad es un lamentable denominador común. Los familiares, que según los estándares de derechos humanos también son víctimas, reviven el dolor cuando sienten el olvido y la indiferencia de las autoridade.

Este Tribunal simbólico ha determinado que el feminicidio es un crimen pluriofensivo, ya que no solo vulnera el derecho a la vida, sino que también atenta contra el principio de igualdad y no discriminación.

Además, se ha evidenciado que el Estado no actúa con la debida diligencia reforzada, un estándar fundamental en materia de violencia de género, vinculante y desarrollado en el marco del Sistema Interamericano de derechos humanos.

Esto significa que, en los casos de violencia contra las mujeres, las autoridades deben actuar con mayor prontitud y celeridad en la atención e investigación, incorporando el análisis de contexto y rechazando la influencia de estereotipos de género en los procesos.

La indiferencia judicial en los casos de violencia hacia las mujeres incrementa el sufrimiento de las víctimas que han logrado sobrevivir a las agresiones y de los familiares que buscan justicia.

Entre 2018 y julio de 2023, el Poder Judicial (PJ) evaluó 808,483 casos de violencia contra la mujer e integrantes del grupo familiar, enmarcados en la Ley N° 30364. En ese mismo periodo, apenas el 0.044% (354) obtuvo una sentencia

Hoy luego de escuchar a las madres, me quedó con su clamor de justicia y su dolor por la impunidad. Tal como ellas lo señalaron, «Ojalá que esto no fuera solo simbólico» «Queremos justicia”.

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