Opinión

Hace unos años falleció un amigo muy querido. Luego de velarlo, lo cremaron como él lo había deseado. Una semana después, sus padres, sus familiares y sus amigos más cercanos nos congregamos en la playa donde corría olas desde que era adolescente. Camino a la orilla, lo recordamos y compartimos anécdotas suyas. Una vez frente al mar, su pareja, quien portaba sus cenizas, agradeció que los acompañáramos y que estuviéramos juntos para despedirlo. Luego, otros amigos músicos empezaron a tocar unos alegres carnavalitos ayacuchanos. Ella se introdujo al mar, abrió el cofre y esparció sus cenizas lentamente. Momento durante el cual nos abrazamos y lloramos.  

Lo relatado sucedió mucho antes de la pandemia por la Covid 19. Circunstancia que permitió que se le acompañara durante su enfermedad y sus familiares estuvieran presentes cuando murió. Además, que la tristeza y el dolor por su fallecimiento no fueran asumidas en soledad por sus seres queridos; y que, durante su velorio, se expresara y compartiera sentimientos de dolor, afecto, congoja y solidaridad entre todos. En suma, se transitó un duelo normal. 

Si hubiera fallecido ahora, no hubiera sido posible velarlo y a su entierro hubieran asistido solo cinco de sus deudos siguiendo un estricto protocolo sanitario. Definitivamente, la pandemia y las medidas implementadas por el Estado para contrarrestarla han alterado las maneras en que se acompaña y asiste a las personas enfermas por la Covid 19 en trance de morir; y las formas de enterrarlas o cremarlas. Un trance inédito difícil de procesar y que causa a sus deudos mucho malestar psicológico. Este malestar aumenta debido a que, por las características de la evolución de la enfermedad, la muerte ocurre de manera rápida. Situación que no todos los dolientes están en condición de afrontar ni en capacidad de sobrellevar. 

Al día de hoy, no se sabe cuántos deudos han dejado los 195 mil muertos por la Covid19 ni cuál es el estado de su salud mental. Sin embargo, algunas cifras, recogidas en el “Plan de Salud Mental Perú. En el contexto Covid-19”, de julio de 2020, permiten conocer en parte la situación de la salud mental de los dolientes como de los que no lo son. Así, el 28.5% de todos los encuestados refirieron presentar sintomatología depresiva. De ese total, “el 41% presentaron sintomatología asociada a depresión moderada a severa y el 12.8% refirió ideación suicida. Las mujeres reportaron sintomatología depresiva en el 30.8% y en los hombres el 23.4%. El grupo etario con mayor afectación depresiva fue el de 18-24 años”.  

Al respecto, es oportuno preguntarse si los deudos, en particular, cuentan con espacios de atención y de cuidado ya sea en el ámbito familiar o en el comunitario. Difícil saberlo. En ese sentido, al Estado le corresponde elaborar e implementar una política pública en relación con el duelo. Es un desafío colosal. En América Latina, hay algunos avances en esa perspectiva. En julio de 2020,  la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en la Resolución 4/2020, planteó unas “Directrices Interamericanas sobre los Derechos Humanos de las personas con COVID-19” para contribuir “al enfrentamiento de la Pandemia y sus efectos para los derechos humanos en las Américas”. Mientras que en Argentina, los miembros de la Red de Cuidados, Derechos y Decisiones en el fin de la Vida de CONICET, en agosto de 2020, publicaron el documento “Muerte y duelo en el contexto de la pandemia por Covid19”. 

En él, se propone un conjunto de contribuciones para fortalecer “las políticas públicas en relación a los procesos de duelo”. Tales propuestas se refieren a las prácticas y rituales mortuorios en relación con el duelo como experiencia colectiva; al acompañamiento, asesoramiento y empoderamiento de la comunidad en relación al duelo; a la promoción de buenas prácticas de comunicación sobre las muertes en los discursos públicos; y a la atención de las dimensiones específicas del duelo como experiencia colectiva humanizada frente a la muerte en el contexto del Covid19 en el ámbito específico de las instituciones de salud. 

Por último, se señala que es necesario que “el Estado -en sus diferentes instancias jurisdiccionales- se involucre en acompañar el proceso de morir y el dolor de los deudos como experiencia colectiva humanizada frente a la muerte en el contexto de la COVID19. (…) es indispensable nombrar públicamente las muertes: individualizar sus biografías, poner en palabras el dolor por la pérdida, propiciar el proceso de memoria e involucrar en ello a la comunidad”. Una recomendación que nuestro Estado la puede adoptar sin ningún problema. Esperemos que así sea.   

 

Tags:

Covid-19, política peruana

Todo parece indicar que la respuesta al cambio de gabinete ha sido positiva. El dólar bajó, la bolsa de valores subió, Perú le ganó a Chile y Cerrón pataleó. Y si bien al conocer al gabinete completo nos enteramos de que este venía con ciertos elementos muy preocupantes, en líneas generales la designación de Mirtha Vásquez a la cabeza ha dado cierto nivel de tranquilidad. 

Los cambios, sin embargo, no le aseguran una primavera al presidente Castillo. Por un lado, la oposición más férrea no parece identificar matices entre la izquierda radical e improvisada de Guido Bellido, y el perfil más sensato de Mirtha Vásquez, ni reconocer ninguna mejora en las decisiones de Castillo. Por otro lado, al presidente se le abre un nuevo flanco: el del ala radical de su propio partido, que ya se ha manifestado en contra del nuevo gabinete.

Castillo, como todas las personas, se mueve por incentivos: si este ve que haberse alejado de Cerrón y buscado un mejor perfil para el premierato le da buenos resultados, como mayor % de aprobación en las encuestas, mejor relación con el legislativo, calma en los mercados, etc., entonces tendrá incentivos para seguir en la senda de la moderación. La oposición puede, por supuesto, tenderle puentes a medida que este se vaya comprometiendo cada vez más a moderar su discurso y políticas, y bloquear todas las iniciativas no negociables para la mayoría de los partidos, como a Asamblea Constituyente.

Si la oposición, en cambio, no reconoce las mejoras que se han hecho (así sean pequeñas), y Castillo más bien concluye que se está quedando sin soga y sin cabra, y está más cerca de ser vacado, entonces inevitablemente deberá volver, como perro arrepentido, a los brazos de Cerrón, y no tendrá otro camino que el radical. Quien perderá, entonces, será el Perú. 

Por eso, querida oposición, hoy la pelota está en su cancha. 

*Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden no coincidir con las de las organizaciones a las cuales pertenece.

Tags:

Asamblea Constituyente, Presidente Castillo

Es justo ponderar el correcto ejercicio político del Congreso de la República para propiciar el golpe de timón que el presidente Castillo le ha dado a su gobierno. Si no hubiese sido por la actitud beligerante y recia de buena parte del Legislativo, probablemente hoy todavía tendríamos sentado a Bellido en el Premierato, a Iber Maravi en el ministerio de Trabajo y a Vladimir Cerrón insuflando radicalismo en la periferia del régimen.

La derecha (Fuerza Popular, Renovación Popular, y Avanza País) lideró la resistencia frente a los despropósitos del gobierno y esta vez fue acompañada por las bancadas de Alianza para el Progreso, Somos Perú, Podemos y los morados, dispuestos a censurar a Maravi, aun cuando pesase la amenaza del expremier Bellido de hacer cuestión de confianza sobre esa eventual censura. Con ello tenían los 66 votos suficientes para bajarse a un sospechoso de filosenderismo, que no era admisible que hubiese pisado siquiera una oficina pública.

Lo que, dicho sea de paso, no deja de llamar la atención es la timorata y diletante actuación política de Acción Popular, partido que claudicó en la primera gran prueba política del Congreso (cuando se vio la confianza al gabinete Bellido: si, como correspondía no se le hubiese dado, nos hubiésemos ahorrado estos dos meses de caos político) y en esta segunda ocasión, guiado al parecer por el izquierdismo latente de Yonhy Lescano, estaba dispuesto a perdonarle la vida a Maravi.

Por supuesto, no hay que confiar ciegamente en la aparente moderación de Castillo. Apenas constituya su propio partido magisterial y pueda participar en elecciones, probablemente esperará a ver los resultados de su flamante agrupación en los comicios regionales y ediles del próximo año, y de acuerdo a ello evaluará nuevamente si conviene pechar al Congreso para buscar su disolución y ya poder participar directamente en las nuevas elecciones congresales, sin el corsé de Perú Libre y el cerronismo, y con la posibilidad reabierta de recorrer el camino de una Asamblea Constituyente.

Por ello es que a pesar del cambio cualitativo positivo que supone la presencia de Mirtha Vásquez en el Premierato -a pesar de los dos o tres impresentables, que parece ser la cuota personal de estulticia del Primer Mandatario-, es menester que el Congreso no baje la guardia y mantenga en ristre el arma de la vacancia si Castillo resucita el afán de disolver el Congreso, y que además no deje de tener ojo vigilante y crítico de los ministros que merezcan interpelación y censura.

Tags:

Cerronismo, Congreso de la República, expremier Bellido, Iber Maraví, Mirtha Vasquez

Se suele decir -desde la opinión pública y la academia- que los primeros meses definen el carácter del gobierno para los cinco años de gestión. Evidentemente, desde el Toledo hasta Kuczynski, se sabía -de acuerdo a esta premisa- cuál sería el carácter que asumirían estos presidentes para gobernar el país. 

En estos meses que Pedro Castillo viene asumiendo el ejecutivo hemos podido apreciar que el rumbo que tendrá este gobierno es de generar el camino hacia una Asamblea Constituyente. Se tiene de conocimiento que actualmente nos encontramos con una crisis económica que necesita ser reactivada, pero que hasta el momento no se han dado visos de poder enrumbarlo económicamente. 

Nuevamente vuelvo a la teoría. Desde la academia se sostiene que las instituciones tienen buen desempeño cuando florecen y se mantienen económicamente estables. Cuando hay crisis, las instituciones colapsan. Hasta la fecha y teniendo un contexto internacional favorable, el presidente Castillo no ha convocado públicamente a los capitales para mover la economía positivamente y así generar empleo y mover a la pequeña y media empresa. Hasta la fecha, el presidente Castillo -por errores propios y de sus aliados maximalistas de Perú Libre- no hace más que encerrar su discurso y su acción en prácticas de gasto social sin detenerse a pensar que todo gasto necesita de inversiones para poder sostenerse en el tiempo. 

Hasta la fecha, el presidente Castillo no da garantías de ir hacia una gobernabilidad que nos permita como país sensatamente recuperar el tiempo perdido por su antecesor Martin Vizcarra. Tácticamente, se da respiro al cambiar el gabinete para sostener el plan maximalista que aún tiene en mente. Sino apreciemos lo que sostuvo en Cusco hace dos semanas en la que dijo que seguía en marcha el plan de campaña electoral. 

Como señalé en mi columna pasada, son tiempos álgidos para la democracia del Perú. La oposición política hasta el momento es muy reactiva. Reacciona ante cualquier coyuntura que genera el gobierno. No proponen públicamente. Si bien no hay líder de esta parte del espectro político, deben ir hacia una agenda país (en economía, salud, educación y seguridad) que les permita redireccionar a un gobierno que no puede sostener una gestión pública y que está haciendo daño económica y socialmente al país. 

La oposición política tiene el gran objetivo, en estos tiempos complicados para el régimen, de establecer los candados constitucionales necesarios, establecer agenda país y generar vínculos con la oposición social en regiones para contrarrestar la única agenda del ejecutivo que tiene públicamente clara: gasto social para generar las condiciones de una Asamblea Constituyente.

 

Tags:

Gobierno peruano, Pedro Castillo, Plan de Gobierno

En junio de este año, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) presentó el Informe Regional de Desarrollo Humano 2021 al que llamó Atrapados: Alta Desigualdad y Bajo Crecimiento en América Latina y el Caribe. Lo llama así porque considera que la región se encuentra en una “trampa que impide su avance hacia el logro de la agenda 2030 y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible”. En estas líneas vamos a tartar de mostrarle algunos datos que se desprenden de este informe y que pueden ayudarlo a comprender la situación de la región y del país dentro de ella.

 

Los avances en la lucha contra la pobreza

Una primera constatación que venía siendo positiva en el tiempo prepandemia es que los países de América Latina y el Caribe, es que los países veníamos avanzando en la lucha contra la pobreza. De hecho los datos para el Perú daban cuenta de un estimado de 6 puntos aproximados de reducción de pobreza multidimensional entre el 2012 y el 2018, como se aprecia en la captura del informe. 

Sin embargo, se trata de condiciones prepandemia. Como el reporte señala: 

“estas cifras reflejan la situación anterior al COVID-19. Desde entonces, de acuerdo con las proyecciones, la pandemia ha anulado gran parte de ese progreso. A pesar de las medidas de asistencia social en algunos países, es probable que la proporción de personas que viven en la pobreza en ALC haya aumentado durante este tiempo”.

El otro punto central es que en la discusión no debe incorporarse solo el tema de la pobreza, sino también y de manera excluyente el tema de la desigualdad. Que es también un concepto multidimensional y que conlleva elementos sociales, políticos y culturales que pueden generar condiciones de exclusión más profundas que las meramente económicas.

En ese sentido, se conoce que en la región, en términos concretos, el 10% de los hogares con los ingresos más altos captura el 49% de los ingresos nacionales (atendiendo casos conocidos de Chile, México y Brasil); mientras que el 1% captura el 28% de los ingresos totales. Hay desigualdad extrema de redistribución sin duda que empieza por esta lógica. Esto convierte a la región en la segunda más desigual del mundo en redistribución de riqueza. En Perú, de acuerdo con los datos que el informe presenta los indicadores estarían en 53% (acumulado por el 10%)  y 24% (por el 1%). 

 

Las brechas educativas

Pero, como hemos señalado, la desigualdad no es solo económica. Si bien en educación hemos avanzado en la región en todos los indicadores de cobertura educativa, reduciendo las brechas entre los más ricos y pobres de una manera importante, esto no significa que las desigualdades educativas estén camino a desaparecer. Por el contrario, algunas se han agudizado. 

En primer lugar, en lo que es la educación terciaria o superior las brechas no se han reducido en las últimas décadas. Sigue siendo una promesa vigente para los más ricos principalmente. 

Sin embargo, el gran problema de la desigualdad en la región está en la calidad de la educación que se recibe, cuando se mide por percentiles de distribución de ingreso. Para ello, el Informe reseñado toma en cuenta los resultados de la ya famosa prueba PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos). Allí se comprueba que las calificaciones de los estudiantes más pobres son consistentemente más bajas que los alumnos menos pobres. Configurando claramente un acceso a una educación desigual. Además, generando la brecha de calidad educativa más grande a nivel mundial. Como se ve en el gráfico que se presenta en el referido informe:

Por último, una investigación de Chmielewski y Savage (2016) reporta que en la región el sistema educativo está altamente segregado y que es un indicador que ha ido aumentando con el paso del tiempo. Este es un indicador muy interesante que combina el nivel educativo del padre o madre, su ocupación y los bienes del hogar (especialmente del estudiante). El Perú ocupa un no honroso segundo lugar de la región, detrás de Chile. 

En resumen, si bien se avanza en cobertura y alcance educativo, el logro, la calidad y la segregación; es decir, los indicadores de la desigualdad educativa son elementos que en la región hacen agua. Con la pandemia encima y con el retraso en volver a las aulas, estamos seguros de que ello habrá empeorado más. Y el Perú ocupando siempre los lugares más preocupantes en la región.

 

Los servicios básicos

Otro elemento clave de desigualdad que el informe reseña es el de acceso a los servicios básicos. Ya no solo incorpora a los tradicionales agua, saneamiento y luz, donde mantenemos siempre la lógica de que quienes más tienen, mejor cobertura alcanzan. Se añade el acceso a Internet en el hogar como parte de los servicios básicos. Cuando se analiza esta problemática a la luz de los ingresos de la población e la región, se puede observar la desigualdad en el acceso, como lo vemos en el cuadro siguiente:

Impresiona cómo podemos notar una escalera que va subiendo mientras el ingreso se hace más grande. Como el mismo informe señala: “Aunque el Internet pueda ser considerado como un tipo de servicio más sofisticado, es un servicio esencial para funcionar en el mundo actual… Las marcadas disparidades en la región en cuanto al acceso a Internet y a las herramientas para utilizarlo están impidiendo a millones de personas alcanzar mayores niveles de bienestar.”

 

El género

Otro factor de desigualdad extrema que se analiza en la región es la de género. Y allí las cifras son de terror. SI las mujeres en general tienen que enfrentar situaciones de discriminación laboral, las mujeres pobres las sufren en mayor extremo. Mayores tasas de desempleo. Menor remuneración por el mismo trabajo. Menor cantidad de horas de contrato formal. Más contratación informal. Más trabajo no reconocido como trabajo doméstico y trabajo de cuidado. 

Acá se da una paradoja que duele: los hombres mantienen una similitud en la región en función a la cantidad de horas que dedican a sus hogares y al cuidado, independientemente de su ingreso, mientras que las mujeres que menos ingresos tienen soportan jornadas con más tiempo de cuidado y trabajo remunerado. Desigualdad extrema por donde se mire.

Sumado a estos aspectos, el informe recoge los aspectos de desigualdad que la población LGBT+ debe pasar a lo largo de su vida para integrarse como sujetos activos de derechos y ciudadanos plenos en sus países. Asimismo, cuál es la situación de las minorías raciales y étnicas también.

En resumen, la discusión de la situación de la región no solo se basa en aquello que definimos como económico o político. También en eso que nos hace diferentes o iguales en nuestra forma de ser parte de un colectivo. Allí podemos explicar muchos de nuestros comportamientos. Este informe sirve para esto. Lo pueden encontrar, completo, en: https://www.latinamerica.undp.org/content/rblac/es/home/library/regional-human-development-report-2021.html

 

Tags:

brechas educativas, Desigualdad, género, Pobreza, servicios básicos

El terremoto político causado esta semana por la caída del primer ministro Guido Bellido debe haber sorprendido a más de uno, aunque era obvio que si seguía la tensión entre él y el presidente Castillo el único que iba a salir perdiendo era el Perú. En política, como se dice, nadie es imprescindible. Y con Bellido cayeron también varios ministros, entre ellos Ciro Gálvez, titular del Ministerio de Cultura (¿o de las Culturas?), lo que nos lleva a la siguiente reflexión.

La gestión de Gálvez, aunque breve y polémica, removió algunos cimientos asentados durante las gestiones anteriores, sobre todo en lo referente a quiénes resultaban favorecidos con el presupuesto de esa cartera. En algunos casos, se prestó nueva atención a los festivales populares y la producción de sectores informales provenientes del interior. En otros, se fracturó la unidad de la conocida argolla limeña en asuntos de premios, ayudas y ferias, pues el ministro Gálvez recusó la lista que había dejado su antecesor, Alejandro Neyra, de los invitados a la Feria Internacional del Libro en Guadalajara por parecerle demasiado centralista y repetitiva. No le faltaba razón.

A las pocas semanas de asumir el cargo lanzó una nueva lista con nueve desembarcados. En solidaridad con ellos, 23 de los que seguían en la lista inicial hicieron público su rechazo a la invitación. Eso y la recomposición de la lista en una tercera versión (ver https://transparencia.cultura.gob.pe/sites/default/files/transparencia/2021/10/resoluciones-ministeriales/rm270-2021-dm-mc-anexo.pdf?fbclid=IwAR1C1pyzfgwVQ-K2r8DKFZRSKdbavn-n9efKHN3RlN1zDL0Fj6sYV7jOYKo ) determinaron la salida del Sr. Santiago Alfaro Rotondo como jefe de la Dirección General de Industrias Culturales y Artes (DGIA), conocido también como “el tentáculo de la Católica”. 

Hasta ahí todo normal. Lo que llama la atención es que algunos de los que renunciaron “solidariamente” con los desembarcados se han vuelto a subir al avión y parece que ahora sí viajarán a México. No es que un viajecito a esa feria (ni a ninguna otra) con todos los gastos pagados del erario público signifique alguna forma de consagración en el canon literario. Por lo mismo, da risa que los renunciantes vueltos a embarcar saquen a relucir el material del que estaba hecha su “so(ro)lidaridad”.

Ahora bien, el ministro Gálvez, al haber estado solamente 70 días en el mando, es lógico que dejara algunas cosas como estaban. Una de ellas es el tema del cine.

Pero primero veamos quién es la nueva ministra, Gisela Ortiz Perea. Se trata de una reconocida activista de los derechos humanos que representó a los familiares del caso La Cantuta, en que un hermano suyo fue asesinado por las fuerzas paramilitares durante el gobierno de Alberto Fujimori (1992). Ha sido directora de operaciones del Equipo Peruano de Antropología Forense (EPAF) desde el 2009. El EPAF se encarga de la noble tarea de buscar e identificar a las personas desaparecidas (cerca de 15 mil) durante el conflicto armado interno (CAI) que se vivió en el Perú entre 1980 y el 2000. También participa en proyectos de desarrollo en comunidades afectadas durante el CAI; es decir, Ortiz Perea tiene una amplia experiencia en cuestiones de gestión y administración.

Por lo mismo, una pregunta que se ha escuchado desde su nombramiento como ministra el pasado jueves es qué hace una activista de DDHH en la cartera de Cultura. Ojalá que sus dotes organizativas y un buen asesoramiento la lleven a resolver uno de los problemas más resilientes de la cartera de Cultura, como es el tema del cine y las subvenciones que otorga ese fondo, administrado por la Dirección Audiovisual, la Fonografía y los Nuevos Medios (DAFO). 

Según una denuncia existente, hay  conflictos de interés en DAFO: “Es decir una persona A, que trabaja con una persona B en el concurso X, puede postular desde su gremio a esa persona B como jurado en el concurso Y, presentarse a ese concurso Y y ganarlo”.

Carlos Rentería y Mónica Delgado, autores de la denuncia, se dedican al cine, por lo que están interesados en las políticas del MinCul desde hace buen tiempo.Ellos han investigado casos de conflictos de interés en los nombramientos de los jurados de los concursos de (DAFO) y asignaciones arbitrarias de dinero –sin mediación de jurado alguno– para algunos cineastas cercanos al exdirector de la oficina. Presentaron la denuncia en las oficinas del Estado por las vías formales el 22 de febrero del 2021, es decir, cinco meses antes de que terminara la administración del exministro Neyra, pero hasta ahora no obtienen respuesta. 

Como se ve, no solamente en la literatura se cuecen habas; también en las demás expresiones artísticas como es el séptimo arte, la cinematografía, tan necesitada de una nueva ley y de una filmoteca a la altura de su importancia.

Esperemos que la ministra Ortiz Perea pueda echar luz e insuflar nuevos aires en esos cotos enrarecidos del cine y la literatura.

 

Tags:

MINCUL, Mirtha Vasquez, nueva premier

Es políticamente sustantiva y crucial la declaración de la flamante Premier, Mirtha Vásquez, en el sentido de que no es prioridad del gobierno el tema de la Asamblea Constituyente. Representa un parteaguas político, que vislumbra mejores horizontes de los que la confrontación cerronista auguraba.

De hecho, señala la Premier, debe existir previamente un “momento constituyente” para pensar en la posibilidad de un cambio de esa envergadura. Y claramente ese momento no existe. En la encuesta más favorable al tema, apenas el 20% de la población está a favor de una Asamblea de esa naturaleza. Y la realidad de los votos congresales es mucho menos propicia para pensar siquiera en esa posibilidad.

Pero esta declaración de la Premier tiene filo político mayor. Descarta el camino político tortuoso, y cargado de zozobra, del forzamiento a una reforma del artículo 206 de la Constitución para aprobar que el Ejecutivo pueda convocar directamente a un referéndum que la convalide.

Ello hubiera supuesto que el Ejecutivo optase por el camino de la disolución del Congreso a punta de cuestiones de confianza (como la que el inefable expremier Bellido planteó en defensa del exministro Iber Maraví), seguir el camino de la convocatoria a nuevas elecciones parlamentarias, aspirar a tener allí al menos 66 congresistas que le permitiesen al régimen aprobar la reforma de marras y luego llamar a un referéndum (el primero) para convalidar esa reforma, para, recién luego de todo ello, convocar al segundo referéndum, que de resultar favorable, entonces les hubiera permitido convocar a la corporativista Asamblea Constituyente que los sectores radicales del gobierno tenían en mente. Esta ruta ha sido, por lo que se ve, descartada.

El gabinete Vásquez es de izquierda y en esa medida no augura buenos vientos en materia económica -donde se necesita un shock de inversiones privadas para salir del atolladero-, pero es, sin duda, un cambio cualitativo positivo respecto del gabinete Bellido, aun cuando (ya parece ser una tara presidencial) aparezcan algunos impresentables nuevos (como el de Educación y el de Interior, por lo pronto) y se mantengan algunos del anterior equipo ministerial.

El paso definitivo a la maduración política del régimen será cuando descarte el tema de la Constituyente de modo definitivo y permita así que el país recupere perspectiva y tranquilidad. Que Cerrón y su gente sigan en la ilusa idea de que recolectando firmas lograrán un referéndum anticonstitucional. Y que el gobierno, desprendido del cerronismo, se dedique a gobernar.

-La del estribo: impresionantes los nuevos vientos del Museo Larco. A su ya invalorable patrimonio, le suma un renovado guion curatorial y, además, la conversión de las antiguas salas eróticas a, en la práctica, un nuevo museo dentro de la matriz. Y si quiere cerrar con broche de oro la visita, ya reabrió el magnífico restaurante del propio museo. El museo abre de lunes a sábado de 11 a 7, y los domingos de 11 a 5.

 

Tags:

Mirtha Vasquez, Política

El 29 de septiembre de este año Sudaca publicó una impecable investigación periodística sobre cómo el Club de Regatas Lima había tratado el caso de Piero Corvetto, jefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), quien fue agredido el 26 de junio en las instalaciones del club en Chorrillos por Enrique Zignago Landavere (68) debido a su rol en los resultados electorales que dieron a Pedro Castillo como vencedor en las elecciones presidenciales. Mientras que el agresor fue castigado con 60 días de suspensión, Corvetto, en cambio, sólo por haber comunicado públicamente que fue víctima de una agresión en el Club Regatas, fue suspendido indefinidamente, siguiéndose una manera de proceder que violó incluso las normas que para estos casos dispone el mismo Estatuto del Club, lo cual ocasionó la renuncia de cuatro integrantes de la Junta Calificadora y de Disciplina.

Esto que, por lo menos desde un punto de vista ético, se nos presenta como una injusticia, tiene sus raíces en el mismo Estatuto, que blindaría al club de injerencias de la justicia civil y penal, en perjuicio de los asociados. Por ejemplo, en el artículo 61 del Estatuto se menciona entre las infracciones susceptibles de ser sancionadas por la Junta Calificadora y de Disciplina el «iniciar, mantener o publicitar querella o acción judicial contra el Club, a excepción de las acciones de impugnación establecidas en el Artículo 92º del Código Civil», las cuales se refieren a la impugnación de acuerdos internos que violen disposiciones legales o estatutarias. En lo demás, el socio queda prácticamente indefenso, pues debe renunciar a la jurisdicción del Poder Judicial en las instalaciones del club, si quiere seguir siendo miembro activo del mismo. Un cobro excesivo o injustificado, un accidente por incumplimiento de normas de seguridad, un acto de discriminación en cumplimiento de una norma del club, por poner algunos ejemplos, no pueden ser denunciados por el socio afectado ante el Poder Judicial, sin que ello conlleve una sanción que puede incluir la suspensión de sus derechos o la expulsión del club. La Junta Calificadora y de Disciplina se convierte en un sustituto de la autoridad judicial, como máxima instancia sancionadora de faltas y delitos dentro la institución. Si al socio se le sanciona irrevocablemente dentro de un proceso disciplinario y quiere apelar, buscando demostrar su inocencia respecto a aquello de que se le acusa, y presenta una denuncia ante el Poder Judicial, lo más probable es que sea sancionado con una expulsión del club.

Además, en el mismo artículo 61 se señala también como una infracción el «afectar el prestigio del Club o su marcha institucional con actitudes o manifestaciones públicas, verbales o escritas, o publicaciones». Este artículo se presta a arbitrariedades de todo tipo, pues ¿qué cosa es el “prestigio” del club? Se trata de un concepto de puede ser interpretado por los directivos como les dé la gana, de modo que hacer pública una crítica constructiva, afiliarse a un partido de izquierda o apoyar políticamente de manera abierta a un candidato que no represente los intereses de la clase empresarial podrían interpretarse como una afectación al prestigio del club.

Creo, además, que el prestigio de una institución no debe ser objeto de ninguna norma o ley, pues se trata de una característica variable que puede cambiar con el tiempo, dependiendo de lo que haga la institución. El prestigio se gana y también se pierde, y no se puede culpar a ningún socio de que ello ocurra. Además, el club no sólo está desprestigiado desde hace tiempo por su imagen de emporio racista y elitista, sino también por hechos que han salido a la luz y que manifiestan la poca transparencia y voluntad de justicia que tiene su directiva.

Está la investigación preliminar que abrió el fiscal provincial penal de Chorrillos, Lucas Toscano, en febrero de 2019 por el presunto delito de discriminación en el Club Regatas, tras la difusión de un mensaje de una socia que se quejaba de la presencia de empleadas del hogar en zonas de esparcimiento del club, afirmando incluso que no tenían derechos, sólo obligaciones, porque ellas no pagaban por entrar al local. Dudo de que el club haya colaborado con la investigación, pues su mismo Reglamento Interno para las Trabajadoras del Hogar avala lo que decía esta socia.

También está el caso de Gustavo Salazar, expresidente del club y prófugo de la justicia desde el año 2017, por actuar de intermediario en una coima de la empresa Odebrecht al exgobernador del Cusco, Jorge Acurio. El club lo suspendió provisionalmente hasta que se aclare su situación. Pero esto demuestra no sólo la falta de rigor que puede tener la institución en la elección de sus directivos, sino también que hasta el presidente del Club Regatas puede ser un delincuente.

O el caso de Álvaro Privat Zimmermann, quien en febrero de 2017 habría hecho tocamientos indebidos a una niña de 10 años el local de Chorrillos, a raíz de lo cual fue suspendido. Aún tratándose de un delito, el club habría cometido otro al omitir la denuncia a la que lo obliga la ley.

Otra infracción indicada en el artículo 61 es «cometer actos reñidos contra la moral y las buenas costumbres», lo cual se presta a toda clase de subjetivismos. Por ejemplo, parece que las conductas racistas o discriminatorias forman parte de la moral socialmente aceptada de quienes pululan habitualmente en los locales del Club Regatas, pues no se tiene noticia de que jamás un socio haya sido sancionado por racista. Por otra parte, parece que el elitismo, la homofobia y el machismo no parecen estar reñidos con la moral y las buenas costumbres de los socios del club.

¿Tiene el Club Regatas derecho a hacer absolutamente lo que le dé la gana? En teoría, no; en la práctica, eso ya es otra cuestión. En sentencia del Tribunal Constitucional del 30 de noviembre de 2005, que declara infundada la acción de amparo solicitada por Luis Guillermo Bedoya de Vivanco por haber sido suspendido indefinidamente del club, se dice que dentro del «derecho de asociación o, dicho de otro modo, dentro de su contenido constitucionalmente protegido, también se encuentra la facultad de que la asociación creada se dote de su propia organización, la cual se materializa a través del Estatuto. Tal estatuto representa el pactum associationis de la institución creada por el acto asociativo y, como tal, vincula a todos los socios que pertenezcan a la institución social». Eso incluye también «el poder disciplinario sobre sus miembros», que comprende también «la hipotesis de aplicar suspensiones».

Sin embargo, el caso de la suspensión indefinida de Piero Corvetto podría ser un ejemplo modélico de las arbitrariedades que se practican en el Club Regatas. El mismo día de los hechos, el 26 de junio de 2021, la Junta Calificadora y de Disciplina del Club Regatas publicó un comunicado, donde dice que «lamentamos profundamente que situaciones de discrepancia entre personas o grupos, que deberían resolverse con un cruce respetuoso y tolerante de posiciones en ámbitos privados, tengan que escalar a hechos de violencia innecesaria y de manera pública, exponiendo situaciones estrictamente de privados». Hay quien creyó que eso significaba que se iba a sancionar únicamente al agresor. Pero la lógica del club en defensa de su prestigio es otra. Al agresor, que no hizo públicas las acciones de carácter delictivo que realizó (injuria y agresión ilegítima) se le aplicó una suspensión de 60 días. A Corvetto en cambio, se le aplicó una suspensión indefinida por haber hecho público que había sido objeto de acciones delictivas, las cuales, según el comunicado del club, deberían haber sido manejadas como «situaciones estrictamente de privados». Es decir, en caso de que en las instalaciones del club algún socio cometa acciones calificadas como delitos en perjuicio de otro socio , los directivos de la institución tratarán en lo posible de encubrirlas, es decir, no denunciarlas penalmente y aplicar sólo las sanciones previstas en el Estatuto. Y si algún socio rompe este código de silencio, similar al de la mafia, deberá ser sancionado por afectar el prestigio de la organización, un prestigio de papel que probablemente se haría trizas si se hicieran públicos muchos de los hechos que suceden en las instalaciones del club.

Ahora bien, el mismo Estatuto del Club señala que la Junta calificadora y de Disciplina tiene la facultad de «suspender a un socio hasta por un máximo de 4 años […] en los casos contemplados en el artículo 61 del Estatuto». La suspensión indefinida (aquella que ha recibido Corvetto) se aplica, según el art. 62, sólo «a aquellos asociados y/o familiares que aparezcan vinculados a situaciones de pública notoriedad en relación con actos delictivos o reñidos con la moral y las buenas costumbres, que eventualmente puedan conducir a su condena por Tribunales de la República o del extranjero. Esta suspensión se mantendrá hasta que las autoridades pertinentes se pronuncien sobre la situación del inculpado…» Pues resulta que Corvetto no esta en situación de inculpado, ni tiene abierto ningún proceso de pública notoriedad que pueda conducir a una condena en su contra. Por lo cual, ningún tribunal tiene nada que aclarar sobre su situación, y la sanción del club no sólo es injusta, sino que también sería inconstitucional, pues en la sentencia mencionada del Tribunal Constitucional se señala que una de las propiedades que debe tener una suspensión para no ser excesiva y estar garantizada por la libertad de asociación es que su «duración [sea] determinable en el tiempo».

La suspensión de Corvetto, al no contar con un acontecimiento futuro que determine el fin de su duración, equivaldría una expulsión de facto. Y una expulsión es considerada por el Tribunal Constitucional como una medida excesiva, pues violaría la presunción de inocencia si se aplica el artículo 62 del Estatuto del Club. Una suspensión indefinida les parece una medida moderada. En mi opinión, el socio suspendido se hallaría en peor situación que el expulsado, pues mientras que éste último queda liberado de toda obligación hacia el club, el anterior pierde sus derechos pero mantiene sus obligaciones, entre ellas la de pagar la cuota mensual. En países como Alemania esto se consideraría ilegal, pues no hay obligación de pagar por prestaciones que no se recibe. Ni tampoco se pueden tener obligaciones sin tener derechos como contrapeso. 

En conclusión, parece que ser agredido gravemente en los locales del club por garantizar unas elecciones limpias donde sale elegido el candidato que no les gusta a los socios sería algo reñido con la moral y las buenas costumbres. Lo absurdo de esta situación es que Piero Corvetto no ha buscado involucrar en política al club ni ha asistido a sus instalaciones para realizar ninguna actividad política, mientras que el socio agresor, así como los socios que en las redes sociales han pedido la expulsión de Corvetto, han actuado por razones meramente políticas, y son ellos lo que están afectando el prestigio ya en decadencia de un club de personas practicantes de una moral pequeño burguesa caduca.

Visto todo lo anterior, el Club Regatas habría cumplido el sueño de la guerrilla terrorista: tener un territorio liberado, donde la ley y la justicia las determinan e interpretan sus mandamases como les da la gana, y donde las leyes que protegen y rigen a todos los peruanos tienen escasa injerencia.

 

Tags:

Club Regatas

Hay carreras artísticas que terminan justo antes de empezar, a veces por caprichos del destino y otras, por decisiones personales que motivan un cambio absoluto de ritmo vital. Esto último fue lo que ocurrió con la cantante y artista plástica Mary Susan Anway (1951-2021), quien tomó la determinación, en 1992, de abandonar a una prometedora pero, hasta el momento de su renuncia, poco conocida banda, formada entre Boston y New York y que ella integró desde el día 1, gracias a la invitación que le hiciera su líder, compositor, multi-instrumentista y director Stephin Merritt (1965).

«La audición -cuenta Anway en una entrevista reciente concedida a Gail O’Hara, una de las productoras del documental Strange powers: Stephin Merritt and The Magnetic Fields (2010), sobre la saga del grupo, en el cual ella, sorprendentemente, no aparece-, fue en el departamento de Stephin en Boston. En la habitación no había nada excepto por un solo micrófono, unos teclados, una computadora MAC, alfombras y un libro de H. P. Lovecraft en el suelo. Yo pensé que odiaría mi forma de cantar sus composiciones pues sonaba como un clon de Judy Collins. Pero, después de las primeras líneas de Crowd of drifters –tema que no llegó a grabar y apareció recién en el tercer álbum, The charm of the highway strip (1994), cantado por Merritt-, me detuvo y comenzamos a construir juntos la canción. Como si lo hubiéramos hecho por años».

The Magnetic Fields se convirtió, poco después de que Susan liara bártulos y se llevara sus cosas, su familia y su talento a Arizona, en uno de los grupos de culto más respetados, merced de la creatividad y agudeza de Stephin Merritt, quien hizo suyo el lenguaje oscuro y, a un tiempo, infantil del indie pop, además de revelarse como un vocalista especial, con tonos de ultratumba al estilo de Leonard Cohen, Nick Cave o Ian Curtis y una idiosincrática forma de escribir, entre la amargura antisocial y el idealismo nerd, acerca de cuestiones fundamentales como la vida y la muerte, el amor y la amistad, el sexo y el romanticismo, la angustia y las relaciones interpersonales. Un crítico musical, evidentemente fanatizado, escribió alguna vez que «junto a Merritt, Lou Reed parecía Anita La Huerfanita». Haciendo a un lado la exageración, la frase sirve para entender la onda de Merritt y sus campos magnéticos.

La discografía de The Magnetic Fields, absolutamente desconocida para las grandes masas, es casi una joya para segmentos minoritarios en los extramuros del público consumidor de música no convencional. Por un lado, los superficiales hipsters, capaces de banalizar todo lo que tocan y, por el otro, la crítica especializada, se rinden por igual al perfil culturoso, atribulado y anti-establishment de Merritt -homosexual militante, vegano, hipocondríaco- que envuelve sus ácidas letras de (des)amor en ukeleles, marimbas, pianos de juguete y capas electroacústicas que van de lo sutil a lo denso, como las letras de sus canciones.

Personalmente, encuentro álbumes como Holiday (1994) y Get lost (1995), bastante aburridos y repetitivos en lo musical -con guiños, por momentos, a la angustia catatónica de Joy Division y uso exagerado de sonidos infantiloides, como cuando Jimmy Fallon se junta con The Roots-, aunque no dejan de soltar algunas brisas agradables como en The flowers she sent and the flowers she said she sent o With whom to dance?, en los que la combinación de estos elementos con guitarras distorsionadas y la yuxtaposición del tono gutural de Merritt con las voces susurrantes de Claudia Gonson y Shirley Simms (añadida al grupo en 1999) generan armonías de buena factura, que calzan a la perfección con la estética indie que se desarrolló al margen del grunge, el «rock alternativo» y el britpop noventeros.

Susan Anway, fallecida hace un mes a los 70 años, participó en los dos primeros álbumes del grupo, Distant plastic tres (1991) y The wayward bus (1992) grabados en el estudio personal de Merritt y publicados por el sello independiente PoPuP Records. En esa época, la escena musical pop-rock era dominada por Nirvana, Pearl Jam, Collective Soul (EE.UU.), Oasis, Blur y Garbage (Inglaterra), en el espectro guitarrero, tributario de todo lo ocurrido las dos décadas anteriores (Beatlemanía, blues-rock, punk, heavy metal) y por el techno y la música dance, ecos de la onda electro-pop británica (Human League, Depeche Mode, New Order). El sonido lánguido, melancólico de The Magnetic Fields se ubica en las afueras de estas modas. Y la voz de Anway, como las de Hope Sandoval (Mazzy Star) o el tándem escocés Isobel Campbell y Sarah Martin (Belle And Sebastian), entre otras, fue creando su propio público entre jóvenes universitarios y cafés literarios, con ciertos componentes extraídos del folk sesentero pero mirando al futuro.

En su momento, esos discos no tuvieron mayor resonancia, aunque pasó poco tiempo antes de que la banda se pusiera a la vanguardia del nuevo pop independiente, intimista y minimal. Conceptos como depresión, letargo, crisis emocional, comportamientos bipolares y desfachatez romántica fueron los insumos centrales de Merritt, canalizados a través de voces femeninas, una de ellas la de Anway, en temas como 100,000 fairflies o Tokyo à go-go, hoy considerados himnos del indie pop. Merritt escribió al anunciar su muerte que «era una persona adorable y será extrañada por todos nosotros», a pesar de que no hablaron más desde que Susan se mudó, alejándose del radar musical.

La consagración real de The Magnetic Fields llegó con una extensa producción, un álbum triple titulado 69 love songs (Merge Records, 1999) que, como su nombre indica, contiene 69 piezas musicales en las que Merritt, ya afianzado como vocalista principal, vuelve a desnudar su alma para tocar ciertas sensibilidades, hablando abiertamente de relaciones disfuncionales, desde múltiples opciones sexuales, crímenes pasionales y otros tópicos relacionados al amor pero desde puntos de vista absolutamente alejados de todo lo percibido como “normal”. Aun cuando es una prolongación sonora de lo que venían haciendo, la gruesa cantidad de información del disco consolidó el perfil de Merritt y su banda, algo así como lo que le pasó a Wayne Coyne y The Flaming Lips tras el lanzamiento de Zaireeka (Warner Bros. Records, 1997) -cuatro discos que deben ser escuchados en simultáneo-, no porque sean similares sino porque se trata de otro álbum conceptual, clásico del indie pero absolutamente inexistente para el gran público. No había marcha atrás para Merritt y su estatus de poeta maldito del nuevo pop ajeno a las radios y las ventas millonarias.

Entre 2004 y 2010, The Magnetic Fields dio un ligero vuelco a su propuesta electroacústica con otra producción triple, está vez por separado, conocida como «la trilogía sin sintetizadores». En los discos que la conforman, i (2004), Distortion (2008) y Realism (2010), Merritt y sus colaboradores prescinden de todo artilugio electrónico y construyen una selección de canciones suaves, pausadas y, al mismo tiempo, divertidas por todos los detalles que se esconden tras cada compás, usando bloques de madera, guitarras acústicas, pianos, cellos, flautas, glockenspiels, tamboras, tablas, acordeones, etc., en una paleta sónica desenchufada y honesta, alejada de marcianadas ruidistas o distorsiones artificiales, coartadas que utilizan algunos actos indie para disimular su carencia de destreza instrumental o los revisionismos que rozan al plagio. Esta etapa del grupo se cierra, precisamente, con el documental Strange Powers…, en el que incluso reciben elogios de Peter Gabriel, con quien Merritt intercambió canciones en el proyecto doble de covers Scratch my back/And I’ll scratch yours, del famoso ex vocalista de Genesis. Aunque siempre se refiere que Merritt «es» The Magnetic Fields, se trata de una banda estable desde 1999, completada por Claudia Gonson (piano, percusión, voz), Sam Devol (cello), John Woo (guitarras, banjo) y Shirley Simms (violín, voz), además de tener un elenco diverso de colaboradores. Luego vendrían otros álbumes como 50 song memoir (2016) -un ejercicio autobiográfico en que Merritt escribe una canción sobre sucesos de cada año de su vida- y, ya en pandemia, Quickies (Nonesuch Records, 2020), un comprimido set de 27 temas que van de los 17 segundos a los 2 minutos y medio.

Pero detrás de toda esta sofisticación de corte «arty» han aparecido, desde hace tiempo, señales de desgaste y auto repetición, cosas que por supuesto no pasaron en aquellos dos iniciáticos discos en los que asomó por vez primera el sonido de The Magnetic Fields, con la voz aterciopelada, cansina, de media tarde austera y sin mayores pretensiones de Susan Anway. La cantante, que nunca actuó en vivo con la banda, solía imitar a divas como Shirley Bassey o Aretha Franklin cuando ensayaba. Se retiró a las montañas a pintar y hacer música electrónica, de mucha menor resonancia incluso para los estándares de lo indie, con su propio grupo Diskarnate. Su fallecimiento fue anunciado el 9 de septiembre de este año, por complicaciones del mal de Parkinson. Una buena razón, aunque no muy agradable, de redescubrir la magia de Distant plastic tres y The wayward bus, que fueran reeditados como un solo álbum en 1994.

Tags:

Susan Anway
x