Opinión

Este 30 de setiembre acude al Congreso, a ser interpelado, el ministro de Trabajo, Iber Maraví. Su caso, sin embargo, es tan contundente, que el desenlace a anticipar es que el Legislativo lo censure y lo saque del gabinete, tarea que en verdad debió ejecutar el propio Presidente, pero ya conocemos de las deficiencias de carácter de las que adolece nuestro primer mandatario.

No es admisible ni un milímetro de concesión al filosenderismo que exhiben algunos miembros allegados al gobierno y, en este caso, un ministro de Estado, que ha sido denunciado en sinfín de ocasiones por medios como La República o Beto a saber, mostrándose serias denuncias de haber sido partícipe de Sendero Luminoso y de haber perpetrado, directa o indirectamente, atentados terroristas. Figura su nombre, en ese sentido, en atestados policiales de la época.

No se puede normalizar la presencia de exsenderistas activos o filosenderistas, como los del Movadef, en el entorno del gobierno. Puede llegar a ser, inclusive, causal de vacancia por incapacidad moral que un Primer Mandatario nombre o se vincule a gente con ese pasado o presente.

Ojalá no seamos testigos en esta ocasión de la claudicación moral de las bancadas del centro, en particular, las de Acción Popular y Alianza para el Progreso, quienes le extendieron el voto de confianza a un gabinete impresentable, el peor consejo de ministros que se recuerde en toda nuestra historia republicana, por lo menos desde los 80 hasta la fecha.

Frente a un gobierno, que hasta que no se defina internamente, conforme lo trascendido (sin Bellido, Cerrón, Maraví, Constituyente, ni Movadef), lo correcto, en términos de la oposición, es ser intransigente, dura y enérgica, sin concesiones ni contemporizaciones, que lo único que hacen es envalentonar al régimen y reforzarlo en su idea, si acaso la tiene, de que puede gobernar los cinco años restantes albergando en su seno la morralla descrita.

La censura a Maravi, sobre quien, parece, el gobierno no hará cuestión de confianza, es una prueba de moralidad del Congreso. La primera valla no la pasó, al darle la confianza al gabinete Bellido. Esta segunda, si la transita con probidad y consecuencia, debería ser el inicio de una tendencia de fiscalización extrema a un régimen que, probado está, solo parece funcionar a punta de ajustes y presiones.

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exsenderistas, filosenderistas, Iber Maraví, Movadef

Los principales motivos de discriminación racial y social en el Perú son el nivel de ingresos, la forma de hablar y la vestimenta. Quienes no estamos en los estándares de almorzar cada fin de semana en restaurantes Michelin, no hablamos como a mi vecino de San Isidro le gusta, o no usamos cashmere en nuestros mestizos cuerpos, estamos condenados a seguir bajo la lupa de la discriminación de una pequeña parte de la sociedad, la cual detesta que sus representantes políticos no estén a su «altura» social.

Un estudio de la Universidad del Pacifico identificó que el Perú es el país con más altos índices de discriminación en la región. Entre peruanos nos miramos por encima del hombro. En este punto es donde exponemos la ridícula, pero muy acentuada, bandera del racismo que las derechas «todopoderosas» deciden alzar para tratar de deslegitimar a un gobierno débil y atribulado como el de Perú Libre.

Las derechas son tan poco estratégicas que caen en lo más bajo de la crítica hacia una o un grupo de personas: la forma de hablar, vestir, caminar, hasta de peinarse. No aprendieron nada de sus últimas derrotas en campañas políticas. ¿Acaso no se percatan que atacar al votante de Pedro Castillo por su origen sólo significa su derrota en la construcción de símbolos y narrativas exitosos? Definitivamente, no saben cómo hacerlo.

Tenemos que preguntarle a esos estrategas que quieren dejar en ridículo al gobierno, aunque la gestión de Cerrón y Castillo no necesita de sus adversarios para quedar mal parados (para eso tienen a Guido Bellido), ¿quiénes son su público objetivo? ¿a qué sector social pretenden llegar con sus mensajes clasistas y racistas? ¿A los mismos que gritaron “fraude”, “comunismo”, “estatismo”? ¿Para qué? Ese sector está más que convencido que Cerrón y Castillo nunca fueron una opción de gobierno.

Si pretenden llegar a otro sector de la población, ese que migró de las distintas provincias a Lima, y que hasta ahora experimenta los atropellos de la discriminación por su color o su vestimenta, están alimentando aún más la identificación de ese mismo sector con ese grupo de personas que llevó a Palacio de Gobierno sus costumbres e idiosincrasia.

Los defensores del fujimorismo en diversos medios, algunos programas de televisión y, por ahí, uno que otro partido de esa derecha fascista que no logró pasar a segunda vuelta, están pisoteando la Constitución Política del Perú (por la que inflan el pecho, por cierto), que condena la discriminación por motivo de origen, raza, sexo, idioma, condición económica o de cualquier otra índole. ¡Nadie los detiene!

Queridos amigos que perdieron las elecciones del Bicentenario. No necesitan mostrar su podredumbre humana para enfrentarse al gobierno de Cerrón y Castillo. Este gobierno está haciendo todos los méritos para socavar su propia imagen y dejar claro que son un grupo de improvisados e incapaces, y que son capaces de boicotearse a sí mismos, sea ante la prensa o en las redes sociales. ¿Ustedes serían distintos? No lo creo. La mafia, aunque se vista de democracia, mafia se queda.

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Derecha, Perú Libre, Racismo

UNO

¿Y la policía no los llevó a Uds.? Nos preguntó un joven con mirada extraviada, que salía del edificio, donde Rafael y yo entrabamos. Estábamos en un lugar llamado “Malambito” famoso por ser encuentro de peleas entre cafichos, putas y sitio de descanso de desvalijadores y demás rufianes. En la entrada el tipo greñudo nos abordó, e hizo la pregunta.  Nos miramos y le contestamos al unísono: “De que hablas compadre?”. Había sido que dicho edificio tenía un lupanar y justo la policía había hecho una redada, llevándose a las meretrices y clientes (que estaban en plena acrobacia sexual). El compadrito se había escabullido del lugar, y salió temeroso a la calle. Con Rafa nos cagamos de la risa y le dijimos que recién veníamos y no sabíamos nada del tema. Subimos al depa del tío de mi amigo, quien justo tenía una tienda de discos en planta baja. Ese era el motivo de la visita. Escuchar los vinilos de rock de su pariente. Al entrar, reconocí inmediatamente la portada del “Get The Knack”, que estaba encima de la montaña de elepés. Me pasé más de 30 minutos escuchando el álbum, mientras Rafa escudriñaba otros vinilos.

En aquellos años la radio a transistores (de color rojo) se volvió un asiduo compañero. Veíamos también por tv, mis hermanos y yo, el programa Disco Club (una especie de pre-MTV) donde Gerardo Manuel, el mejor en su ramo, nos presentaba los videos de los grupos de rock destacados, y nos daba a conocer sabrosas anécdotas de rock entre videos. Ahí conocimos a The Knack y su atemporal “My Sharona”. Fue el disco más vendido del 79 y el mejor para muchos, con lo cual coincidía. Han pasado más de 40 años y ha envejecido bien. Se ha ganado un lugar en la memoria de la gente. 

 

DOS

Cuando somos niños deseamos ser grandes y cuando crecemos, evocamos con nostalgia el tiempo de la niñez o adolescencia. Insólito. EL 79 fue el año en que empezaba la secundaria. En años anteriores escuchaba con envidia, las anécdotas de mis hermanos y primos mayores acerca de la secundaria. Deseaba fervientemente estar allí. En otras palabras, quería CRECER.

Entre tanta testosterona rockera, de aquellos años, Blondie   aparecía como el único grupo, con una mujer como vocalista, que escuchábamos. ¡Pero qué mujer! Era un minón. Recuerdo perfectamente la primera vez que vi un video clip de Blondie.  Tendría unos 12 años y me enamoré perdidamente de ella. Unos años más tarde, mis amigos y yo, si bien no le dábamos mucha bolilla a los grupos de rock liderados por mujeres; con Debora Harry no nos metíamos. Nos encandilaba. Sin duda, fue una especie de protagonista de nuestros incipientes sueños eróticos.

 

TRES

Scala era una especie de Mall, en aquellos setenta, no existían aun los shoppings. Había una tienda Scala a unas 10 cuadras de la casa. Ahí me iba, cuando podía, con mis 13 años, a husmear en la sección de vinilos. Había de todo, pero a mí me interesaba solo la sección de rock. Uno de los grupos que más me impresionaban era ELO. Era uno de los grupos ingleses de rock progresivo subvalorados. Décadas después, el tiempo me dio la razón. El álbum “Discovery” era mi favorito. Jeff Lynne era fan del álbum “Revolver”, por tal motivo, la conjunción de violonchelos, guitarras eléctricas (tocar rock con tintes clásicos e incluso barrocos) eran ingredientes intrínsecos en sus canciones. En pocas palabras, era un grupo de músicos virtuosos.

 

CUATRO

A mi vieja le encantaba Supertramp y, fue a causa de nosotros: sus hijos. Eso sucede con todas las madres, adquieren los gustos de sus vástagos, ¿no lo creen? El álbum “Breakfast in American”, fue el primer vinilo que compramos, creo. Lo eligió mi hermano Thedy. El infravalorado grupo inglés era esplendido. Al principio tocaban rock progresivo y lo que más destacaba, según mi parecer, eran las voces tan distintas de Rick Davies (barítono áspero) y Roger Hodgson (tenor y con preminencia a cantar en falsete). La influencia beatle era indudable. Cuando visualicé la peli de Paul Thomas Anderson “Magnolia” encontré dos perlas del álbum “Breakfast in American”: “Goodbye Stranger” y “Logical Song”.  Mis favoritas del álbum eran “Take long way home”, “Oh Darling”, “Casual Conversations” y “Lord is it mine”. Las tres primeras hablan de la condición humana y el desamor; la última, me hace recordar a mi vieja, por eso es que me toca en lo profundo.

 

Imposible olvidar a Supertramp, y a los grandes grupos del 79, forman parte intrínseca de mi playlist.

 

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Disco Club, Gerardo Manuel

Hace pocas semanas el Concytec ha publicado un nuevo Reglamento de calificación, clasificación y registro de los investigadores del sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación tecnológica, en el que nos regresa al siglo XIX y al debate entre las ciencias de la naturaleza (naturwissenschaftlichen)   y las ciencias del espíritu (geitswissenchaff). Con una clara tendencia a considerar como científico –y por tanto, relevante- únicamente a la producción científica proveniente de las ciencias naturales e incluso de la tecnología. Los autores de este reglamento hubieran ahorrado un sinfín de malos entendidos y perjuicios si hubieran llevado algún curso elemental de epistemología.

Un reglamento que privilegia lo efímero, pues considera para el puntaje de clasificación sólo los últimos tres años, como si las grandes conquistas del intelecto humano tuvieran fecha de caducidad. En ese caso, incluso el mismo Einstein habría perdido su nivel como investigador en el Perú, pues entre la publicación de la teoría de la relatividad general y la especial median 10 años. Este es sólo un ejemplo, tomado de las mismas ciencias naturales, de las aberraciones que suceden cuando se deja que la burocracia gobierne a la academia. 

En el caso de las ciencias humanas la cosa se torna más espinosa. Es evidente, que los burócratas que han elaborado este reglamento, no tienen idea de cómo se trabaja en este ámbito del conocimiento el cual no sólo desconocen sino hasta parece desprecian. Desde siempre la manera clásica de producción de conocimiento en las ciencias humanas y sociales al través de los libros. Sin embargo, según este reglamento, un artículo publicado en una base de datos especialmente diseñado para las ciencias naturales otorga 5 puntos, mientras que un libro sólo vale 2 puntos. Los dieciséis tomos de la Historia de la República de Jorge Basadre, según esta tabla, valdrían menos de la mitad que un artículo sobre los memes de 15 páginas. 

Ese es el estado de estolidez con el que la burocracia valora la producción de conocimiento y de sentido que orienta la vida espiritual de un país. Acostumbrados a los protocolos, las matrices y los flujogramas han perdido la capacidad de pensar. No entienden que el trabajo de investigación si es serio y riguroso requiere tiempo, paciencia, esfuerzo. El investigador no es un obrero ni un burócrata cuya producción se pueda medir a destajo.

Ahora que incluso se debate la implementación de un muy necesario ministerio de ciencia, esperemos que no se siga transitando por el camino de los meros hechos que confunden la técnica con la ciencia y la tecnología con el conocimiento. La ignorancia en los asuntos humanos –y no existe un asunto más humano que la ciencia- es la que puede terminar dándole un sesgo decimonónico a lo que tendría que ser la instancia estatal más importante en cuanto a producción del conocimiento se refiere. 

Debemos tener mucho cuidado con lo que se haga ahí y desde las ciencias humanas y sociales participar activamente en ese debate e implementación del ministerio de la ciencia. Que no se convierta en otro ente burocrático que publique lamentables reglamentos, como si la verdad que persigue el conocimiento y la ciencia pudiera reglamentarse, y más bien, sea la oportunidad de corregir lo andado. Si queremos un país que produzca conocimiento científico valioso no podemos dejar de lado a las ciencias humanas y sociales. Ellas proveen de los sentidos e incluso se colocan como las conductoras del sentido último que deben tener las ciencias como máxima aspiración de la racionalidad humana.

Que la noche no apague la luz de la verdad con un reglamento que rebaja a los investigadores a meros burócratas. Como advertía Edmud Husserl hace más de 80 años: “Una mera ciencia de hechos, sólo hace meros hombres de hechos”.

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ciencias humanas, ciencias sociales, ministerio de la ciencia

El reciente incidente político, que ha comprometido al premier Bellido y a la Cancillería, donde el primero le ha llamado la atención a su colega ministerial a través de un tuiter, invitándolo a renunciar si no sigue la presunta “línea” del gobierno en materia de política exterior, solo corrobora la inmensa precariedad política con la que se maneja este gobierno, con la anuencia silente del holograma que tenemos de Presidente, el profesor Castillo.

Tiempos muy difíciles, signados por la inoperancia y la mediocridad, se avecinan, si el presidente Castillo, no se empodera del cargo, no asume su investidura, y no toma decisiones radicales respecto del guiso indigesto que ha armado de gabinete.

Tienen que salir Bellido, Maraví, tres o cuatro más, tiene que romper definitivamente con el cerronismo, expectorar al Movadef y adláteres, tiene que bajarle los decibeles al absurdo tema de la Constituyente, y luego de eso dedicarse a gobernar un periodo que, si no fuera por su propia medianía, se ofrecería como propicio y promisorio.

¿Lo podrá hacer? Habría que guardar un pequeño atisbo de optimismo. Esperar a que reaparezca el Castillo líder de la huelga magisterial y que se imbuya de ese mismo ánimo beligerante, que entonces puso en jaque a todo un gobierno, y que con ese talante sea capaz de tomar las decisiones referidas, que no son fáciles, pero que son imprescindibles si se quiere construir un escenario mínimo de gobernabilidad.

Si no lo hace, serán cinco años de espanto, donde a la crisis política en curso se le sumará pronto una crisis económica, producto del desplome de la inversión privada, y seguramente crisis social, con protestas en las calles, producto de la frustración de las sobreexpectativas que ha generado un gobierno surgido de abajo.

Mantener el statu quo es condenar el país a perder cinco años, en medio de una situación externa económica que debería, por el contrario, convertir este lustro en un ciclo de prosperidad. Se espera que al regreso de su periplo por el exterior, Castillo tome las decisiones necesarias. Si, por el contrario, cree que puede seguir postergándolas, “jugando a la casita” en Palacio, simplemente se confirmaría, para desgracia del país, que elegimos a un inepto crónico, muy por debajo de la talla mínima para ejercer algún rol de mando.

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Crisis política, crisis social, Inversión privada, Presidente Castillo

Los últimos días, algunos medios han hecho notar la presencia de dirigentes indígenas amazónicos que habitan en torno a lo que se llama el circuito petrolero, en Loreto. Sustancialmente, las provincias de Datem del Marañón, el distrito de Trompeteros en la provincia de Loreto-Nauta, y Maynas, y las cuencas de los ríos Marañón, Corrientes, Pastaza, Chambira y Tigre.

De no atenderse sus demandas, paralizarán todos los lotes petroleros y las plantas de tratamiento, así como el traslado de crudo. Y ya están en los lugares, listos para actuar. 

A algunos sonará como novedad este litigio, no lo es. Novedad es que los medios hayan dado espacio a los dirigentes indígenas amazónicos. En agosto de 2020 la policía al servicio de la empresa Petrotal asesinó a tres comuneros que participaban en protestas en torno al lote 95, en Bretaña. Poco se supo, no fue noticia, la fiscalía investiga arrastrando los pies, las familias afectadas, también de los heridos que hubo, son atendidos por las propias federaciones y comunidades. Estado y empresa se lavan las manos.

Una historia antigua: la invención de la pobreza

Si bien había actividad petrolera de baja intensidad desde los años 20 del siglo pasado, es desde 1970, en que, al descubrirse yacimientos petrolíferos más grandes en la Amazonía, Petroperú se dedica a explorar y explotar en el bosque amazónico. Luego se ofrece en concesión la mayor parte de ese territorio. Empresas como Occidental Petroleum, PlusPetrol se sumaron a la actividad. 

La versión que circula sobre contaminación de toda la zona de explotación petrolera es que se debe a derrames accidentales de crudo, por problemas en el ducto que transporta el petróleo. Es mucho más que eso. La cruda verdad es que, desde que arrancó la explotación, y a pesar de existir desde comienzos del siglo XX protocolos para el cuidado de los entornos en otros lugares del planeta, como en Estados Unidos y Canadá, en el Perú no se tomó precaución alguna. 

Es más, desde el inicio, se arrojó a los cuerpos de agua de ríos y lagunas las aguas de producción de manera sistemática. ¿Qué son las aguas de producción?  Estas brotan juntas con el petróleo, a una temperatura de 90º C. Son dos veces más saladas que las del mar y contienen hidrocarburos, cloruros y metales pesados, como plomo, cadmio, bario, mercurio, arsénico y otros. Al ingresar al agua de ríos y lagunas las contaminan destruyendo toda vida, y haciendo de esas aguas tóxicas para el consumo humano. 

Desastre, ecocidio, genocidio, racismo

En los entornos de producción petrolera viven desde hace miles de años, poblaciones de seres humanos. Pueblos indígenas que no eran pobres, que vivían bastante bien de la pesca, de la caza, de la pequeña agricultura. 

Pero, la extracción petrolera, con absoluta indiferencia de la suerte de esas poblaciones contaminó directamente el entorno, tanto por obra de la empresa estatal como luego por las empresas concesionarias extranjeras, trayendo algo desconocido: la pobreza. También enfermedades, y con bastante frecuencia, la muerte.  

En términos de definición de gestión del riesgo, se trata de desastre. Como dice José Fachín, asesor de las federaciones de Pueblos Afectados por la Actividad Petrolera (PAAP) “se trata de un desastre ambiental que el propio hombre ha causado, y cuyos responsables directos son las empresas petroleras como Occidental Petroleum, Pluspetrol, Petroperú, con autorización del Estado:” 

Es ecocidio porque se trata de la destrucción sistemática de gran parte del ambiente del territorio amazónico, de manera intencionada y en muchos puntos, irreversible. Con destrucción de flora y fauna, y alteración permanente de la cadena trófica, la cadena alimenticia, y desaparición de especies. 

Es genocidio porque son miles las familias que han perdido a sus seres queridos afectados por enfermedades derivadas de la contaminación de las áreas de explotación y el vertido consciente de tóxicos que destruyeron las fuentes de vida de las poblaciones indígenas y afectaron su salud gravemente. Sin mencionar otras afectaciones permanentes a la salud de las personas.

Es racismo institucional y social, porque para el beneficio del Estado, de particulares, y también de intermediarios corruptos, se permitió todo ello sin importar las vidas de aquellos peruanos que fueron afectados, porque se trata de indígenas.

Muchas promesas, y nada

Desde el inicio, la resistencia de los pueblos del circuito petrolero loretano ha existido. Han tratado de dialogar, han hecho tomas de las estaciones y de los lotes, y a cambio han recibido promesas e incumplimientos constantes. Además de balas.

En 2006 hubo la firma del Acta de Dorissa, con compromisos serios de parte del Estado hacia las comunidades indígenas, que jamás se cumplieron. Luego hubo los acuerdos de Saramurillo, siguió el Acta de Nauta con presencia de la entonces presidenta del Consejo de Ministros, Mercedes Aráoz. Desde Humala, cuando se declaró en emergencia ambiental toda la zona del circuito petrolero, pasando por sucesivos compromisos, el resultado ha sido nulo. 

Lo más reciente, y que parece más concreto, es el Decreto Supremo 145-2020-PCM, firmado por el entonces presidente Martín Vizcarra, que aprueba un llamado Cierre de Brechas, que comprende obras y acciones para todas las zonas afectadas a un costo que parece mucho, 6 mil millones de soles, pero es nada comparado con lo que debe repararse para remediación de la zona y atender las demandas de estos peruanos agredidos por su propio Estado.

A pesar de que las demandas son mucho mayores, y esa norma es un pequeño avance, no se ejecuta. Los pueblos afectados exigen un fideicomiso a ser administrado por el gobierno regional y los gobiernos locales con fiscalización indígena. El gobierno se aferra a una fórmula que es la mejor manera de que no llegue nada a sus beneficiarios: distribuir el monto entre los sectores del Estado concernidos donde, con seguridad, los consumirá la burocracia corrupta o los dejará morir la indiferencia racista. 

Para lo inmediato

En la agenda hidrocarburos, los pueblos afectados por la actividad petrolera piden modificación de la ley de canon para que llegue algo a ellos, y el derecho a decidir que incluye una modificación de la ley de consulta previa. Asimismo, exigen una Comisión de la Verdad en torno a todo lo acontecido en 50 años de actividad petrolera, con garantías de que no se vuelva a repetir. También, en tal sentido, la revisión de los contratos ley. 

Hay una agenda de vida post-petróleo, que a la vista del posible abandono de la zona de explotación por PlusPetrol, sin remediación alguna, es más vigente que nunca: debe garantizarse la vida con todos sus derechos a los pueblos afectados cuando culmine la actividad extractiva petrolera. La remediación es un imperativo. 

Y hay la espera atenta a las inversiones directas, ahora para 2021, de cuestiones urgentes para las comunidades, y que ya son posibles, sobre lo que existe también compromisos del Estado. Pero el Estado no responde. 

Tomo un río, luego existo

La toma de carreteras es el grito desesperado para decir aquí estoy de muchos pueblos en el Perú. En la Amazonía, es la lucha por la vida entre los ríos y el bosque depredado. Bosque que requiere ser, al menos, algo parecido a lo que fuera al inicio. Y compensación en educación, salud, agua, oportunidades iguales a las de todos, para poblaciones que no reclaman más que lo que es justo: vida digna, buen vivir. 

Además de justicia histórica. Nos hemos rasgado las vestiduras por los crímenes durante la actividad cauchera – cuando el presidente Leguía decía que era actividad necesaria para la hacienda pública, y no actuaba contra ella por eso – mientras hemos visto repetir el mismo crimen durante los últimos 50 años, callando vergonzosamente, y por los mismos prejuicios, con respecto a los que sufren otros peruanos a los que se considera menos importantes.  

En tiempos de crisis climática gravísima, en tiempos de virus por zoonosis que amenazan con duplicarse más seguido, cuidar los bosques es una prioridad, pero lo es también cuidar la vida de aquellos que son los que mejor saben cuidarlos. Eso significa, también, reivindicarlos en todo su valor de peruanidad.

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Hay una espina clavada en el núcleo de la selección peruana. Es un talón de Aquiles evidente. Va a costar la clasificación al Mundial, seguro. A la larga y en la historia, se hablará de una eliminatoria donde Perú no pudo encontrar una pareja de centrales a la altura de la competencia internacional. En nueve partidos, ya van cinco duplas diferentes. Ninguna con éxito.

No es ninguna novedad que para Rusia 2018, la solidez de la pareja de centrales era casi un elemento de orgullo nacional. Pero Rodríguez y Ramos no fueron dos futbolistas íconos irrepetibles por su calidad individual. El triunfo de aquel esquema era más allá de los nombres. La selección sabía en su conjunto a qué jugaban esos dos centrales, y era facil incluso reemplazarlos.

Así podían entrar Santamaría y Araujo sin causar cataclismos. Así era facil imaginar a Zambrano o Abram reemplazándolos, como ocurrió en la Copa América del 2019. Un central por izquierda lento, pero con gran anticipación y capacidad de salida sin perder la pelota, jugando rápido con Trauco o Yotún. Ese era Rodríguez. Y un central por derecha, fuerte en balón parado y que vaya al choque. Ese era Ramos.

Después de Brasil 2019, Gareca no pudo volver a alinear esa defensa. El COVID mató esa idea. Y entonces, el equipo se desequilibró desde su origen en la zaga central. Se perdió la salida, la anticipación, el juego de líneas para bloquear los ataques. Perdió en eso incluso confianza el arquero, frustrado por goles cojudos, que habían dejado de pasar. Con esto no responsabilizo a la defensa central del Perú de hoy, pero es uno de sus principales síntomas. 

Ya van nueve partidos de Eliminatoria y Gareca no ha podido reconstruir a esa dupla para que su equipo siga jugando a lo mismo. Y el equipo además cambió: Trauco ya no es titular y López no juega a lo mismo, no tiene el pase largo, sino una velocidad que le permite subir al ataque. Carrillo ha logrado protagonismo y el equipo necesita mayor salida por derecha. 

A estos dos cambios en la estrategia de juego, se suma uno defensivo: hoy Perú tiene dos volantes de marca al mayor nivel internacional, cómo jamás antes los tuvo. Renato Tapia es uno de los mejores mediocampistas defensivos de La Liga española y Pedro Aquino es el mejor de México. No encontrar la forma de utilizarlos a ambos al mismo tiempo, es como si Vidal y Aranguiz no hubieran podido compartir equipo en el mejor Chile de la historia.

Vamos a dejar algo claro antes de avanzar. Perú es un equipo escaso. Esto se puede evaluar con un indicador: solo un jugador en todo el país (Tapia) compite en una de las cinco mejores ligas del mundo. La mayoría están en América, y algunos pocos militan en ligas menores de Europa. Incluso, la gran figura, Gianluca Lapadula, juega hoy en la Serie B de Italia, luego de haber descendido dos veces en las últimas temporadas. Y ante la escasez, uno se las arregla como puede, y no puede desperdiciar o regalar nada.

Si Gareca quiere competir en la próxima fecha triple, tiene que echar andar toda la carne en el asador. Y eso amerita algunas modificaciones. En principio, entender que la zaga central debe jugar para este nuevo equipo que aparece. Y para ello es bueno explayarse en el nuevo funcionamiento completo del equipo.

Nunca vamos a salir de la línea de cuatro, así que los laterales son hoy López y Advíncula. Ambos con proyección y retroceso. Tiene el físico para hacer todo el recorrido, como no ocurría con Corzo y Trauco la eliminatoria pasada. Por lo tanto, el central debe estar acostumbrado a jugar retrocedido, al medio y a la expectativa del corte por anticipación. 

Los relevos ya no son más labor de los defensores centrales. De hecho, hoy jugar con Tapia y Aquino debería ser suficiente marca al medio del campo y en retroceso para evitar la salida de los centrales. Por eso falla tanto Santamaría. Su juego es salir con la pelota limpia por el medio. Es su elección, y el rival ya ha leído suficiente de él para tapar esa deficiencia, que era marca de fábrica de Rodríguez. Lo que hace ya no es necesario.

La salida rápida con el equipo de hoy es por las bandas. El pase directo para la corrida y adelanto de los laterales, y transicionar de frente a Carrillo y Cueva pasada la mitad de la cancha para generar peligro. En el medio, Peña a la espectativa de la distribución, privilegiando su pierna derecha, que es por donde más van a correr Carrillo (diestro para centrar) y hacer las diagonales Lapadula (zurdo para encarar). 

Chile juega con dos delanteros rápidos y movedizos como Vargas, Meneses o Morales. Poner a defensas altos y más lentos que el promedio como Santamaría, Callens y Ramos es un despropósito. Es la fecha triple para los regresos de Abram por izquierda y Araujo por derecha. Ambos pasan por un excelente momento a un alto nivel competitivo: Araujo es referente de un equipo holandés y Abram se va ganando un puesto de titular en La Liga española.

Con Gallese en el arco, esos centrales, el equipo lo completan López, Advíncula, Tapia y Aquino como doble seis, Peña por delante, Cueva y Carrillo (o Gonzales) y Lapadula. En la banca de suplente, los posible cambios son Yotún, Farfán, Guerrero, Trauco y Flores. Presión alta en la salida del rival, juego directo por las bandas, pases largos al raz para el delantero centro. 

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Qatar2022, Ricardo Gareca, Selección peruana de fútbol

El racismo en el Perú parece haber renacido. Sabemos que es una forma de violencia que se sustenta en una jerarquía en la que son fácilmente reconocibles las condiciones de inferioridad y, por lo tanto, también las de superioridad. Marisol de la Cadena (1988) estudió con detalle el debate intelectual del siglo XX sobre el racismo peruano. En sus diversas etapas, ella resalta que el dilema central fue cómo justificar la jerarquización, si mediante el fenotipo, es decir, la apariencia externa, física de la persona; o basándose en las cualidades internas, como la moral, la inteligencia y la educación, traducidas en señalamientos de incapacidad, descontrol e ignorancia. Hasta los años 80, sostiene la antropóloga, la manera como se resolvió el dilema dio como resultado un “racismo silencioso” entre intelectuales que consiguieron tapar la alusión al color de la piel mediante la referencia al conjunto de sus cualidades morales e intelectuales que, por razones de clase (y no de raza), los ubicaban a ellos (y a algunas ellas) en una posición superior, sin importar cual fuera su postura política. 

Cabría añadir que particularmente después de la publicación del Informe Final de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (2003), el tema del racismo retornó al mundo intelectual como una práctica que no se podía esconder (se vieron las consecuencias) y que debía desaparecer con urgencia. El reto fue canalizado a través del enfoque intercultural tanto en el Estado como en la academia y fue resultado directo del impacto que tuvo el conflicto armado en los diversos acercamientos teóricos que se pusieron a prueba o fracasaron al tratar de explicar las causas o atender las secuelas del terrorismo en la población más vulnerable y afectada desde el mundo intelectual. 

Pero pocas décadas después, la llegada a la Presidencia de la República de Pedro Castillo ha trastocado un orden jerárquico que los intelectuales, ni los más interculturales, podrían haber previsto: que un sindicalista, rondero, hijo de padres analfabetos y maestro rural de formación, sea ahora el hombre con mayor poder que cualquier intelectual en el gobierno del país. De hecho, las inmediatas consecuencias de la crispación que este acontecimiento produjo en los intelectuales se pudo ver en la cerrada e inesperada defensa de Mario Vargas Llosa a la candidata Keiko Fujimori, sin importar su prontuario delincuencial. 

En las redes sociales y en columnas y videos de opinión, muchos intelectuales dejan muestra de cómo no han podido contener su racismo, que aunque “silencioso” porque alude a las cualidades internas, hasta la fecha es expresado públicamente de forma despectiva, repetitiva y violenta. Para conseguir las razones morales e intelectuales, abandonan exaltados sus principios de racionalidad y van recolectando evidencias falsas o distorsionadas para sustentar la recuperación del orden previo a las elecciones presidenciales. Moralmente han acusado al presidente de tener vínculos con el terrorismo, argumento que poco a poco ha ido perdiendo lustre, particularmente tras la muerte de Abimael Guzmán. A nivel intelectual lo han considerado un ignorante permanente debido a su formación inicial como maestro en un pedagógico de la zona rural de Cajamarca, incapaz de emitir discursos como los que un intelectual produciría. El guardarropa de la familia presidencial, el uso permanente del sombrero y hasta cada uno de sus discursos les han servido de inmediata evidencia de lo maleducado que será para siempre. El estigma ha sido declarado y recorre el diálogo público ya cerca de seis meses. 

El racismo intelectual no se puede esconder tras razones de ese tipo en pleno siglo XXI cuando la prioridad es el futuro. Tanta agresividad expresada de manera casi placentera, nos deja a las peruanas y peruanos boquiabiertos ante intelectuales que en lugar de brindar apoyo y vigilancia a un gobierno de reconstrucción, de poner el hombro para que no se acreciente la vulnerabilidad de los más afectados por la pandemia, se dedican a pedir nuevas elecciones con tal de mantener un orden racista, sin avergonzarse de que una persona corrupta sea quien ocupe el lugar de un maestro elegido democráticamente.

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El proyecto de ley presentado por el congresista Abel Reyes, de Perú Libre, que propone declarar de necesidad pública “la justa y equitativa distribución del espectro electromagnético y radioeléctrico” de la radio, la televisión y otros medios de comunicación, es claramente un intento de amordazar a la prensa y controlar los contenidos periodísticos.

Bajo el pretexto de que se despliegan en frecuencias del espectro electromagnético, que son propiedad del Estado, es una vieja aspiración de la izquierda controlar los contenidos de los medios y hacer así “más democrática” la información.

¿Quieren crear desconcentración en la radio y la television y que de ese modo no haya oligopolios? Pues, que se acelere el apagón analógico, que se abran las señales abiertas al mercado digital, que las nuevas frecuencias se subasten (no que se asignen a dedo, como se hizo con los actuales canales de señal abierta) y que de esa manera se multiplique por diez o veinte el número de medios de comunicación radiales y televisivos.

¿Quieren evitar que la publicidad estatal se convierta en “mermelada” que acalle voces críticas y afecte directamente la independencia empresarial y periodística de los medios? Pues creen un organismo autónomo, que centralice toda la publicidad del Estado y bajo estricta supervisión de la Contraloría, que distribuya las partidas millonarias de publicidad del Estado en base a criterios objetivos de medición de lectoría o rating, no de acuerdo al arreglo bajo la mesa del jefe de Comunicaciones del ente estatal, coludido con un medio en particular a cambio del favor del buen trato posterior.

En esa medida, no hace falta disponer por ley que un porcentaje de la publicidad estatal vaya a los medios regionales. Si existiese el organismo señalado, por mandato imperativo deberá colocar parte importante de su pauta en los medios locales, que en todas las regiones del Perú, tienen más lectoría o sintonía que los medios limeños (ese sí es un hecho de justicia. Es absurdo que el 99% de la publicidad del gobierno central vaya a medios limeños, cuando éstos tienen nulo impacto en otras regiones fuera de Lima).

Por allí es el camino correcto, no por proyectos de ley adefesieros, a los que se les ve el fustán censor a la legua y que, felizmente, de acuerdo a lo que han declarado los voceros de diversas bancadas de oposición, no será aprobado.

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