Estamos atravesando un período de turbulencia política que no le hace bien a la economía. La incertidumbre genera postergaciones de compras e inversiones que desaceleran la reactivación y el aumento del empleo.

Hoy más que nunca está claro que la política influye en la economía; no voy a caer en el deporte nacional de buscar culpables como si eso arreglara algo. Aquí no se trata de culpar a unos o a otros; el problema es que no confiamos en nadie ni en nada y en ese contexto es imposible que progresemos como sociedad.

Veamos a los países exitosos, entendiendo por exitosos aquellos que brindan altos niveles de bienestar a todos sus habitantes. Son países con alto nivel de confianza interpersonal. Entonces todo fluye. El gran reto que tenemos como sociedad es volver a confiar, si es que alguna vez lo hicimos.

Lo que pasa es que la economía no funciona en un vacío, sino en una realidad concreta. Y esa realidad se caracteriza por una desconfianza casi total. Entonces nos dedicamos a insultar y agredir a todos aquellos que piensan diferente. No somos una sociedad deliberante, en la que el debate alturado y basado en evidencia empírica nos lleve a lo más cercano a la verdad. La mitad quiere convencer a la otra mitad y si no lo logra, entonces la insulta.  No nos damos cuenta que así nos alejamos más unos de otros.

La cooperación puede hacer en economía que 2 más 2 sea 5. El conflicto hace que la misma suma sea 3. Vean como funcionan las sociedades con alta calidad de vida. Funcionan tanto el mercado como el estado, tanto el sector privado como el público. ¿Cómo así? Pues el mercado produce riqueza y beneficia directamente a través de buenos empleos a aquellos que tuvieron la suerte de estudiar, entre otras ventajas que les brindó la lotería de la vida. El estado cobra impuestos y con el dinero invierte en aquellos que no se pueden integrar tan fácilmente al mercado, a través de una educación de calidad, salud de primer nivel, seguridad ciudadana, acceso a agua potable y desagüe, etc. Son sociedades libres de corrupción. No se busca lograr cosas con trampa, sino se espera el turno. Son estados que usan bien el dinero que tienen en beneficio de todos.

Nuestra pregunta creo que tendría que ser, ¿cómo hacemos para que el entorno dentro del cual funciona la economía sea conducente a elevar el bienestar? Cada cinco años creemos que lo logramos en una en elección, para luego desilusionarnos. Los mismos que apoyaron a la persona que ganó se le voltean. Es historia vieja. Para desarrollar debemos crecer y reformar, pero por encima de todo, volver a confiar.

Lo que rodea a la economía es tan importante como la economía misma. Necesitamos mejores instituciones y aumentar el capital social, que simplemente se refiere a la confianza, tanto interpersonal como a aquella que tenemos en nuestras instituciones. Es urgente volver a creer para volver a crecer.

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bienestar, Carlos Parodi, Credibilidad, Economía, Entendiendo de Economía

La inflación es el aumento en precios y es controlada por la autoridad monetaria, llamada Banco Central de Reserva del Perú (BCRP). Cuando alcanza niveles altos, genera que las personas con menos ingresos no puedan comprar bienes y servicios que les permitan satisfacer necesidades básicas. Es similar a poner un impuesto a los más pobres.

Perú sufrió una inflación sin precedentes entre 1985 y 1990. Los precios subieron 22 millones por ciento (agosto 85-agosto 90). Desde 1990, la inflación bajó y hoy es un fenómeno controlado con éxito por el BCRP; tanto así que es una de las fortalezas de la economía peruana.

Para lograrlo, la modificación del marco institucional fue clave: hoy, el BCRP es independiente del Poder Ejecutivo y está prohibido de financiar tanto el déficit fiscal del gobierno central como bancos de fomento; tampoco puede establecer tipos de cambio múltiples. Todas, características de los años 80. Desde 2002, estableció un sistema de metas explícitas de inflación, que consiste en el anuncio de una meta de inflación anual, de modo de anclar las expectativas de la población hacia esa meta, que además es el único objetivo del BCRP. A partir de 2007, la meta anual es de 2% +/- 1%. Es decir, entre 1% y 3%. La inflación entre 2000 y 2020 fue de 2.4% como promedio anual.

No tiene una meta con respecto del tipo de cambio, aunque sí interviene en el mercado, comprando o vendiendo dólares para evitar fluctuaciones bruscas. Por eso, vemos que cuando el precio del dólar sube o baja, lo hace de manera suave. El BCRP no fija el tipo de cambio, sino que reduce lo que los economistas llaman “volatilidad”, pues el precio del dólar depende del mercado.

¿Y por qué no hace que los precios bajen, fenómeno llamado deflación? ¿No sería bueno? Claro que no. Le consulto, estimado lector, ¿usted invertiría, arriesgando su dinero, en un sector en el que observa que los precios están bajando? Yo tampoco lo haría. Lo que es bueno para unos (los compradores) no es bueno para otros (los vendedores). La deflación lleva a una menor inversión y, por ende, menor empleo, menor recaudación tributaria y más pobreza. Desde esa óptica, la deflación frena todavía más la economía, pues sin inversión no hay crecimiento ni empleo.

Lo ideal es que la inflación anual se ubique dentro de la meta del Banco Central. Más nos hace daño, pero menos también. En economía no todo lo que parece “obvio” es verdad. Y esto no es una cuestión de ideologías.

Para quienes no vivían o no recuerdan los años 80, les debe resultar difícil imaginar aumentos de precios de magnitudes impensadas. En los 80, la inflación fue originada por el exceso de emisión de dinero por parte del BCRP, por lo general destinado a cubrir el mayor gasto del gobierno central. Siempre es bueno recordar la historia para que no se repita. Por eso, no solo el BCR debe ser independiente, sino también su directorio debe estar conformado por expertos en política monetaria, despolitizados y sin conflicto de intereses.

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Carlos Parodi, Entendiendo de Economía, Inflación

Imagine que usted se acerca a una entidad financiera a pedir un préstamo. Antes de otorgárselo y definir la tasa de interés, revisan su historial crediticio, su situación actual y qué se puede pensar sobre sus ingresos futuros. ¿Y quién se encarga de hacerlo?  Pues existen instituciones especializadas en esa tarea. Las entidades financieras usan esa información para tomar la decisión. Un ejemplo es Infocorp.

Lo mismo pasa con los gobiernos: tienen deudas y probablemente requieran endeudarse más adelante. En ese caso, las calificadoras de riesgo internacionales hacen la tarea de evaluar a cada país y le ponen una nota. A mayor nota, menor riesgo futuro que el país incumpla con sus pagos. A menor nota, mayor riesgo y, por lo tanto, cuando el gobierno pida un préstamo, lo podrá tener, pero a una tasa de interés más alta. Entonces, la calificación refleja el riesgo futuro de no pago de la deuda. La información es tomada por los que le prestan a un gobierno (los que compran bonos) y en la siguiente emisión de bonos, lo más probable es que la tasa de interés sea mayor. En términos simples, será más caro endeudarse.

Desde 2008, Perú está en una categoría llamada “grado de inversión”, que es el nombre usado para los buenos pagadores. Si un país está por debajo de ese nivel, se denomina “grado especulativo” o alto riesgo. Cada “grado” tiene varios niveles. Perú aún se encuentra en grado de inversión, pero ha bajado de nivel dentro de la misma categoría.

Lo que ha pasado hace unos días es que la agencia calificadora Moodys nos ha bajado la nota; no lo ha hecho porque tengamos un mal historial, ni tampoco porque tengamos problemas de pago ahora. Lo ha hecho por las implicancias del entorno político actual. Moodys señala que “el entorno político continuamente polarizado y fracturado ha aumentado el riesgo político y ha debilitado materialmente la capacidad de formulación de políticas. Estas condiciones han afectado negativamente la confianza de los inversionistas y han dañado la resistencia económica peruana. Eso ha afectado de manera negativa las perspectivas crediticias de Perú a mediano y largo plazo”. El jueves pasado bajó la calificación de cinco bancos, por el mismo temor.

Es una mala noticia para el Perú. Y afectará a todos.  Las tasas de interés subirán, tanto para el gobierno como para cualquiera que quiera endeudarse para poner un negocio, tomar un crédito hipotecario o un préstamo personal. Eso afecta la inversión y por ende el empleo.

Dos conclusiones: primero, la fortaleza macroeconómica es indispensable; la prueba es que seguimos en grado de inversión. Segundo, la inestabilidad política es negativa; no podemos tapar el sol con un dedo, ni siquiera los más fanáticos. Tenemos que avanzar sobre las fortalezas que tenemos. Mantener lo que funciona y reformar lo que no funciona. Antes que nada, solucionar la inestabilidad política. Ahora más que nunca queda claro que la política y la economía no caminan por cuerdas separadas.

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Calificación crediticia, Carlos Parodi, Entendiendo de Economía, Moody's

La turbulencia política parece ser una de las características de los últimos tiempos en el Perú. Al margen de las razones, los problemas políticos son una marca registrada en la evolución del país. Nos estamos acostumbrando a los pedidos de vacancia, renuncias, conflictos entre el Ejecutivo y el Legislativo, etc. Y así solo se genera inestabilidad. El ruido político tiene un impacto negativo sobre la recuperación de la economía.

Existen varias razones. En primer lugar, cualquier decisión de inversión supone incertidumbre (nadie puede saber qué pasará en el futuro), pero también es cierto que vivimos en una incertidumbre aumentada debido a la turbulencia política. Como consecuencia, los inversionistas postergan decisiones y los consumidores hacen lo mismo, pues el temor a no saber qué puede pasar genera que prefieran esperar antes de endeudarse o realizar ciertas compras. La incertidumbre obliga a tener cautela y eso hace que la recuperación sea más lenta.

En segundo lugar, los estudios empíricos muestran que, desde el momento en que alguien invierte, pasan, en promedio, dos años para recuperar lo invertido y tres o cuatro años, dependiendo del sector, para obtener ganancias. Y aquí hay otro ruido. Usted, estimado lector, ¿se atrevería a decir qué medidas tomará el gobierno en los siguientes meses? Si lo vemos con ese horizonte temporal, es natural invertir lo menos posible y esperar.

En tercer lugar, ¿no ha sido así en todos los gobiernos previos, en el sentido de que, luego de elegido, mantuvo las líneas básicas de la estrategia económica? La respuesta es afirmativa. Los ciudadanos tenían altas expectativas al inicio del de PPK, del cual Vizcarra fue parte. No sé por qué razón, si se sabía que el Congreso estaba dominado por la oposición y que el entorno económico externo no era favorable, se creyó que la sola presencia del presidente cambiaría las cosas como por arte de magia. La economía no es un acto de fe, ni tampoco es magia. Luego vendría Vizcarra, quien cerró el congreso, pero no planteó reformas. Y ahora un gobierno lleno de contradicciones, con un presidente del partido que suelta ideas que solo aumentan la incertidumbre.

En cuarto lugar, la historia muestra que, si un gobierno no tiene el apoyo mayoritario del congreso, entonces tiene que ganarse a la población para poder gobernar. O tiene a la población y/o al Congreso. Lo que no se puede hacer es tener gobernabilidad sin alguno de ellos. ¿A quién tiene Castillo? Lo más notorio de su estilo de gobernar es que no aparece; eso no necesariamente está mal, sino que requiere de un primer ministro concertador y con muñeca política y tampoco lo tiene.

La economía requiere estabilidad política en democracia para poder progresar. Aunque suene trillado, se requiere confianza y actuar en varios frentes. Solo quienes han invertido y arriesgado entienden a qué me refiero con confianza y credibilidad.

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Carlos Parodi, Economía, Entendiendo de Economía, Ruido político

Planteo algunas precisiones económicas sobre el futuro del Perú.  El objetivo es tener claras ciertas necesidades del país, así como conceptos que reduzcan confusiones. Es positivo mantener lo que funciona y mejorar lo que no funciona, a partir de la evidencia empírica.

Primero, existe una necesidad impostergable de crear empleo. En 2020 se perdieron más de 2 millones de empleos en comparación con 2019. El empleo no se crea por decreto. Aparece cuando alguien invierte y contrata. Segundo, la inversión puede ser pública o privada. La primera representa el 20% de la inversión total, mientras que la segunda, el 80%. De cada 10 soles que se invierten, 8 son privados y aquí se incluyen a las MYPES, medianas y grandes empresas. Tercero, la mayor inversión crea más empleos y con ellos los ciudadanos tienen más ingresos y así aumentan el consumo. Las empresas producen más y se genera un círculo virtuoso.

Cuarto, crecer no es igual a desarrollar. El primero significa producir más, mientras que el segundo, elevar la calidad de vida de todos. Quinto, para conectar el crecimiento con el desarrollo, la evidencia empírica muestra que deben hacerse reformas para mejorar salud, educación, pensiones, etc. Sin ellas no es posible el desarrollo. Sexto, las economías que han brindado altos niveles de bienestar a sus ciudadanos han mantenido los cimientos y sobre ellos han construido el bienestar.

Séptimo, los cimientos son, en general, dos: por un lado, la independencia del Banco Central. Es un ente técnico y despolitizado que ha logrado que la inflación promedio anual del Perú entre 2001 y 2020 sea la menor de América Latina. Por otro, ser responsable en el manejo de las finanzas públicas. El gobierno tiene ingresos y gastos. El exceso de gastos sobre los ingresos fue alto en 2020. La diferencia se cubre con deuda. Ser responsable significa tratar de cuadrar los ingresos con los gastos, como lo haría cualquier familia con sus cuentas.

Octavo, la economía no es una lista de buenas intenciones; tiene límites. Por ejemplo, nadie puede gastar por encima de sus ingresos de manera indefinida. Noveno, la evidencia histórica muestra que la ecuación correcta es la siguiente: cimientos sólidos + reformas = aumento de la calidad de vida.

Décimo, es clave mantener los cimientos y comenzar a construir las mejoras que relacionen los buenos números macroeconómicos con el bienestar microeconómico. Y eso no se adivina, sino que se decide a partir de lo que funciona y lo que no funciona.

Definir qué hacer con la economía peruana pasa por tomar como base a la evidencia empírica. No estamos para experimentos. Sí para mejorar una serie de aspectos de la manera como funciona. Reformar sí, destruir no.

En todas las economías interviene el Estado, en mayor o menor medida. No existe ninguna en la que el Estado no haga nada. La pregunta es cuánto y qué debe hacer. La evidencia empírica histórica e internacional muestra que las economías que mayor bienestar brindan a todos sus habitantes son aquellas en las que el rol del estado está acotado, pero cumpliendo funciones claves. Pequeño pero fuerte.

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Carlos Parodi, Entendiendo de Economía, Precisiones económicas

En los últimos días diversos personajes se han referido a la especulación y las expectativas como si significaran lo mismo. No es así. Especular significa comprar barato algún activo, como podría ser un inmueble o una acción en la bolsa, entre otros, esperar que suba su precio y luego vender más caro. Se asocia con períodos de auge crediticio y en muchos casos han devenido en crisis financieras, la primera de las cuales, documentada, ocurrió en Holanda en 1634 con los tulipanes. La más reciente fue la burbuja inmobiliaria de los Estados y Europa a partir de 2008.

Comprar barato para vender caro define al especulador. Nótese que se trata de una apuesta, pues nada asegura que el precio efectivamente suba. Muchos preguntan si vale la pena comprar dólares, pues esperan vaya a subir. Puede ser, pero certeza no tenemos. Por eso es una apuesta.

Las expectativas son un elemento que tanto compradores como vendedores incorporamos a nuestras decisiones. Son previsiones que hacemos con respecto del comportamiento futuro de las variables económicas, como, por ejemplo, si tendremos o no un mejor empleo, si se mantendrá o subirá la tasa de interés, etc. En función de eso decidimos. Por eso las expectativas determinan el futuro de la economía. Para que una economía crezca de manera sana, los agentes económicos (compradores y vendedores) tenemos que creer que el futuro será mejor. De lo contario, preferimos no actuar y postergamos decisiones. Volver a crecer implica antes volver a creer.

Pongamos dos ejemplos. Si alguien desea tomar un crédito automotriz en los siguientes días es porque espera tener los ingresos en el futuro para poder pagarlo. Sin embargo, ¿qué sucede si sus expectativas respecto de los siguientes años no están claras? Pues incluye esa visión como un factor a considerar para tomar la decisión. Si la información que recibe o percibe no es positiva, entonces posterga la decisión. No está especulando. Usa la información disponible y con ella, decide.

Lo mismo pasa en el caso de alguien que esté por tomar la decisión de endeudarse con el objetivo de poner un negocio. Trata de incorporar a su decisión toda la información disponible para decidir. Como lo hacemos usted y yo para tomar cualquier decisión. Si ve que no habrá demanda por lo que piensa producir o cree que subirá la tasa de interés, entonces posterga la decisión.

Está claro entonces, que el Perú hoy enfrenta un problema de expectativas y no de especulación. La tarea es colocar esas expectativas en terreno positivo. Si nadie gasta ni invierte, entonces la economía se frena y con ello el empleo. Por eso, más allá de intenciones, la economía no es un acto de magia ni de fe, sino es una ciencia. Y por eso las señales que recibe la población condicionan lo que va a pasar. Pensar lo contrario es ir en contra de la teoría económica y la evidencia empírica.

La expectativa tiene sustento, pues se basa en la información que recibimos. La especulación no tiene sustento, pues es una simple apuesta para comprar barato hoy para vender caro mañana.

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Carlos Parodi, Entiendo de economía

Una economía es como un avión que tiene cuatro motores: consumo privado, gasto público, inversión privada y exportaciones. Cuando los cuatro están prendidos, el avión avanza sin problemas. Inclusive podría estar apagado uno y tampoco existirían dificultades. Para que se desplace más rápido necesitamos que los cuatro estén encendidos. En ese caso la economía crece cerca de su potencial, es decir, lo máximo que puede crecer sin sobrecalentarse. En 2020 el avión retrocedió 11.1% porque los cuatro motores estuvieron apagados. Ahora se están prendiendo, pero todavía no lo suficiente como para que crezca el empleo, como todos esperamos.

Cuando una empresa pequeña, mediana o grande, señala que “no le va bien porque no le están comprando”, se está refiriendo a que alguno de los motores señalados está apagado. Imaginemos que usted tiene un pequeño restaurante; mejorar sus ventas significa que las personas aumentan sus gastos de consumo en su negocio; si tiene, por ejemplo, una pequeña distribuidora de cemento, dirá que le va bien si le compran más cemento; en ese caso quien le compra no será un consumidor, sino un inversionista. Por último, si usted tiene como mercado el exterior, digamos que vende cacao a Suiza, la evolución de su empresa dependerá de que los compradores suizos mantengan y/o eleven sus compras. Desde luego que los aforos tienen que aumentar para que se pueda producir más, pero ello depende del avance en el control de la pandemia.

Cada motor es un gasto de alguien, interno o externo.  Cuanto más se gaste, mayor incentivo a producir más y por ende a generar empleo. Veamos cómo se están moviendo los componentes del gasto en la economía peruana.

Comencemos por el consumo privado, es decir, nuestros gastos diarios. En las últimas décadas, creció 3% anual. El consumo privado aumenta con el ingreso que los ciudadanos obtienen de más empleos. Y para que ello ocurra debe elevarse la inversión, privada y pública. En el Perú, la primera representa el 80% del total de la inversión y la pública, el 20%.

Para este año se espera que la inversión privada crezca alrededor de 15% para luego estabilizarse en 5% en 2022; todo depende de la postura económica del presidente.  Aquí importa, tanto la gran inversión como la micro y pequeña. Por el lado del sector público, el gasto del gobierno (en sus tres niveles) está limitado, pues depende del dinero con el que cuenta el gobierno, el que a su vez proviene los impuestos que pagamos. Cualquier exceso de gasto sobre ingresos se llama déficit fiscal y tendrá que financiarse con deuda. La deuda se paga con impuestos futuros.

Por último, el cuarto motor, las exportaciones dependen de la evolución de la economía mundial. Ahí será clave el desempeño de Estados Unidos, China y la eurozona, que juntas explican cerca del 50% de la producción mundial. Son los motores de la economía mundial.

Necesitamos prender los motores. El consumo privado se eleva con mayor inversión privada. El gasto público estará limitado, mientras que las exportaciones dependen de factores que no controlamos. Esa es nuestra realidad ahora. El resto son buenos deseos.

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Carlos Parodi, economía peruana, Entendiendo de Economía

La turbulencia política parece ser una de las características de los últimos tiempos en el Perú. Hoy el Perú parece un país sin rumbo. Ya ni siquiera hay debate. Solo se espera claridad del gobierno de Castillo y ver cómo hace para recuperar la credibilidad perdida en solo horas de inaugurado su gobierno.  No soy nadie para juzgar a nadie ni para decir que tengo la razón. Mi opinión es tan válida como la de cualquier ciudadano.

Lo que sí es cierto es el impacto negativo que el ruido político causa sobre la economía. Existen varias razones. En primer lugar, si bien es cierto cualquier decisión de inversión supone incertidumbre (nadie puede saber qué pasará en el futuro), también lo es el hecho de que vivimos una incertidumbre aumentada debido a la turbulencia política. La credibilidad del gobierno es casi nula.

Como consecuencia, los inversionistas postergan decisiones y los consumidores hacen lo mismo, pues el temor a no saber qué puede pasar genera que prefieran esperar antes de endeudarse o realizar ciertas compras. La incertidumbre obliga a la cautela. No solo eso, sino que el tipo de cambio muestra una tendencia hacia el alza, fruto de la misma situación de no saber qué pasará. La última vez que se vio algo así fue a fines de los ochenta.

En segundo lugar, los estudios empíricos muestran que desde el momento en que alguien invierte, pasan, en promedio, dos años para recuperar lo invertido y tres o cuatro años, dependiendo del sector, para obtener ganancias. Por lo tanto, cualquier emprendedor o inversionista necesita conocer las reglas de juego para evaluar si vale o no la pena hacer la inversión.

El problema es que aquí hay otro ruido. Usted, estimado lector, ¿se atrevería a afirmar que las reglas de juego se mantendrán o si cambiarán y en qué dirección lo harán? Es natural invertir lo menos posible y esperar. Y con ello el empleo no aumentará.

La economía requiere estabilidad política para poder progresar. Aunque suene trillado, se requiere confianza y actuar en varios frentes. Solo quienes han invertido y arriesgado su propio dinero, entienden a qué me refiero con confianza y credibilidad. A veces olvidamos que solo la inversión genera crecimiento y empleo, pues este último no se crea por decreto.

En el Perú, las mypes son las que más empleo generan. Las medianas y grandes explican la recaudación tributaria, que es indispensable para que el nuevo gobierno ponga en marcha sus planes en favor de la igualdad de oportunidades.

¿Cómo se combate la incertidumbre? Con información. No podemos seguir así, sin saber qué pasará. La improvisación es veneno para la economía El gran reto para las nuevas autoridades es buscar puntos en común con el objetivo de superar la polarización y crear el entorno adecuado para el crecimiento económico y en especial para implementar las reformas que conecten el crecimiento con el bienestar. Eso depende mucho de los nombres, pues en un país sin instituciones, las personas pasan a ser claves.

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Carlos Parodi, Credibilidad, Déficit de credibilidad, Economía, Entendiendo de Economía

Estamos atravesando un período de turbulencia política que no le hace bien a la economía. La incertidumbre genera postergaciones de compras e inversiones que desaceleran la reactivación y el aumento del empleo. Mientras tanto en regiones como Arequipa, se encuentran en una ola devastadora de contagios, por la que todos deberíamos estar preocupados.

Hoy más que nunca está claro que la política influye en la economía; no voy a caer en el deporte nacional de buscar culpables como si eso arreglara algo. Aquí no se trata de culpar a unos o a otros; el problema es que no confiamos en nadie ni en nada y en ese contexto es imposible que progresemos como sociedad.

Veamos a los países exitosos, entendiendo por exitosos aquellos que brindan altos niveles de bienestar a todos sus habitantes. Son países con alto nivel de confianza interpersonal. Entonces todo fluye. El gran reto que tenemos como sociedad es volver a confiar, si es que alguna vez lo hicimos.

Lo que pasa es que la economía no funciona en un vacío, sino en una realidad concreta. Y esa realidad se caracteriza por una desconfianza casi total. Entonces nos dedicamos a insultar y agredir a todos aquellos que piensan diferente. No somos una sociedad deliberante, en la que el debate alturado y basado en evidencia empírica nos lleve a lo más cercano a la verdad. La mitad quiere convencer a la otra mitad y si no lo logra, entonces la insulta.  No nos damos cuenta que así nos alejamos más unos de otros.

La cooperación puede hacer en economía que 2 más 2 sea 5. El conflicto hace que la misma suma sea 3. Vean como funcionan las sociedades con alta calidad de vida. Funcionan tanto el mercado como el estado, tanto el sector privado como el público. ¿Cómo así? Pues el mercado produce riqueza y beneficia directamente a través de buenos empleos a aquellos que tuvieron la suerte de estudiar, entre otras ventajas que les brindó la lotería de la vida. El estado cobra impuestos y con el dinero invierte en aquellos que no se pueden integrar tan fácilmente al mercado, a través de una educación de calidad, salud de primer nivel, seguridad ciudadana, acceso a agua potable y desagüe, etc. Son sociedades libres de corrupción. No se busca lograr cosas con trampa, sino se espera el turno. Son estados que usan bien el dinero que tienen en beneficio de todos.

Nuestra pregunta creo que tendría que ser, ¿cómo hacemos para que el entorno dentro del cual funciona la economía sea conducente a elevar el bienestar? Cada cinco años creemos que lo logramos en una en elección, para luego desilusionarnos. Los mismos que apoyaron a la persona que ganó se le voltean. Es historia vieja. Para desarrollar debemos crecer y reformar, pero por encima de todo, volver a confiar.

Lo que rodea a la economía es tan importante como la economía misma. Necesitamos mejores instituciones y aumentar el capital social, que simplemente se refiere a la confianza, tanto interpersonal como a aquella que tenemos en nuestras instituciones. Es urgente volver a creer para volver a crecer.

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