En los últimos días diversos personajes se han referido a la especulación y las expectativas como si significaran lo mismo. No es así. Especular significa comprar barato algún activo, como podría ser un inmueble o una acción en la bolsa, entre otros, esperar que suba su precio y luego vender más caro. Se asocia con períodos de auge crediticio y en muchos casos han devenido en crisis financieras, la primera de las cuales, documentada, ocurrió en Holanda en 1634 con los tulipanes. La más reciente fue la burbuja inmobiliaria de los Estados y Europa a partir de 2008.

Comprar barato para vender caro define al especulador. Nótese que se trata de una apuesta, pues nada asegura que el precio efectivamente suba. Muchos preguntan si vale la pena comprar dólares, pues esperan vaya a subir. Puede ser, pero certeza no tenemos. Por eso es una apuesta.

Las expectativas son un elemento que tanto compradores como vendedores incorporamos a nuestras decisiones. Son previsiones que hacemos con respecto del comportamiento futuro de las variables económicas, como, por ejemplo, si tendremos o no un mejor empleo, si se mantendrá o subirá la tasa de interés, etc. En función de eso decidimos. Por eso las expectativas determinan el futuro de la economía. Para que una economía crezca de manera sana, los agentes económicos (compradores y vendedores) tenemos que creer que el futuro será mejor. De lo contario, preferimos no actuar y postergamos decisiones. Volver a crecer implica antes volver a creer.

Pongamos dos ejemplos. Si alguien desea tomar un crédito automotriz en los siguientes días es porque espera tener los ingresos en el futuro para poder pagarlo. Sin embargo, ¿qué sucede si sus expectativas respecto de los siguientes años no están claras? Pues incluye esa visión como un factor a considerar para tomar la decisión. Si la información que recibe o percibe no es positiva, entonces posterga la decisión. No está especulando. Usa la información disponible y con ella, decide.

Lo mismo pasa en el caso de alguien que esté por tomar la decisión de endeudarse con el objetivo de poner un negocio. Trata de incorporar a su decisión toda la información disponible para decidir. Como lo hacemos usted y yo para tomar cualquier decisión. Si ve que no habrá demanda por lo que piensa producir o cree que subirá la tasa de interés, entonces posterga la decisión.

Está claro entonces, que el Perú hoy enfrenta un problema de expectativas y no de especulación. La tarea es colocar esas expectativas en terreno positivo. Si nadie gasta ni invierte, entonces la economía se frena y con ello el empleo. Por eso, más allá de intenciones, la economía no es un acto de magia ni de fe, sino es una ciencia. Y por eso las señales que recibe la población condicionan lo que va a pasar. Pensar lo contrario es ir en contra de la teoría económica y la evidencia empírica.

La expectativa tiene sustento, pues se basa en la información que recibimos. La especulación no tiene sustento, pues es una simple apuesta para comprar barato hoy para vender caro mañana.

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Carlos Parodi, Entiendo de economía

Una economía es como un avión que tiene cuatro motores: consumo privado, gasto público, inversión privada y exportaciones. Cuando los cuatro están prendidos, el avión avanza sin problemas. Inclusive podría estar apagado uno y tampoco existirían dificultades. Para que se desplace más rápido necesitamos que los cuatro estén encendidos. En ese caso la economía crece cerca de su potencial, es decir, lo máximo que puede crecer sin sobrecalentarse. En 2020 el avión retrocedió 11.1% porque los cuatro motores estuvieron apagados. Ahora se están prendiendo, pero todavía no lo suficiente como para que crezca el empleo, como todos esperamos.

Cuando una empresa pequeña, mediana o grande, señala que “no le va bien porque no le están comprando”, se está refiriendo a que alguno de los motores señalados está apagado. Imaginemos que usted tiene un pequeño restaurante; mejorar sus ventas significa que las personas aumentan sus gastos de consumo en su negocio; si tiene, por ejemplo, una pequeña distribuidora de cemento, dirá que le va bien si le compran más cemento; en ese caso quien le compra no será un consumidor, sino un inversionista. Por último, si usted tiene como mercado el exterior, digamos que vende cacao a Suiza, la evolución de su empresa dependerá de que los compradores suizos mantengan y/o eleven sus compras. Desde luego que los aforos tienen que aumentar para que se pueda producir más, pero ello depende del avance en el control de la pandemia.

Cada motor es un gasto de alguien, interno o externo.  Cuanto más se gaste, mayor incentivo a producir más y por ende a generar empleo. Veamos cómo se están moviendo los componentes del gasto en la economía peruana.

Comencemos por el consumo privado, es decir, nuestros gastos diarios. En las últimas décadas, creció 3% anual. El consumo privado aumenta con el ingreso que los ciudadanos obtienen de más empleos. Y para que ello ocurra debe elevarse la inversión, privada y pública. En el Perú, la primera representa el 80% del total de la inversión y la pública, el 20%.

Para este año se espera que la inversión privada crezca alrededor de 15% para luego estabilizarse en 5% en 2022; todo depende de la postura económica del presidente.  Aquí importa, tanto la gran inversión como la micro y pequeña. Por el lado del sector público, el gasto del gobierno (en sus tres niveles) está limitado, pues depende del dinero con el que cuenta el gobierno, el que a su vez proviene los impuestos que pagamos. Cualquier exceso de gasto sobre ingresos se llama déficit fiscal y tendrá que financiarse con deuda. La deuda se paga con impuestos futuros.

Por último, el cuarto motor, las exportaciones dependen de la evolución de la economía mundial. Ahí será clave el desempeño de Estados Unidos, China y la eurozona, que juntas explican cerca del 50% de la producción mundial. Son los motores de la economía mundial.

Necesitamos prender los motores. El consumo privado se eleva con mayor inversión privada. El gasto público estará limitado, mientras que las exportaciones dependen de factores que no controlamos. Esa es nuestra realidad ahora. El resto son buenos deseos.

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Carlos Parodi, economía peruana, Entendiendo de Economía

La turbulencia política parece ser una de las características de los últimos tiempos en el Perú. Hoy el Perú parece un país sin rumbo. Ya ni siquiera hay debate. Solo se espera claridad del gobierno de Castillo y ver cómo hace para recuperar la credibilidad perdida en solo horas de inaugurado su gobierno.  No soy nadie para juzgar a nadie ni para decir que tengo la razón. Mi opinión es tan válida como la de cualquier ciudadano.

Lo que sí es cierto es el impacto negativo que el ruido político causa sobre la economía. Existen varias razones. En primer lugar, si bien es cierto cualquier decisión de inversión supone incertidumbre (nadie puede saber qué pasará en el futuro), también lo es el hecho de que vivimos una incertidumbre aumentada debido a la turbulencia política. La credibilidad del gobierno es casi nula.

Como consecuencia, los inversionistas postergan decisiones y los consumidores hacen lo mismo, pues el temor a no saber qué puede pasar genera que prefieran esperar antes de endeudarse o realizar ciertas compras. La incertidumbre obliga a la cautela. No solo eso, sino que el tipo de cambio muestra una tendencia hacia el alza, fruto de la misma situación de no saber qué pasará. La última vez que se vio algo así fue a fines de los ochenta.

En segundo lugar, los estudios empíricos muestran que desde el momento en que alguien invierte, pasan, en promedio, dos años para recuperar lo invertido y tres o cuatro años, dependiendo del sector, para obtener ganancias. Por lo tanto, cualquier emprendedor o inversionista necesita conocer las reglas de juego para evaluar si vale o no la pena hacer la inversión.

El problema es que aquí hay otro ruido. Usted, estimado lector, ¿se atrevería a afirmar que las reglas de juego se mantendrán o si cambiarán y en qué dirección lo harán? Es natural invertir lo menos posible y esperar. Y con ello el empleo no aumentará.

La economía requiere estabilidad política para poder progresar. Aunque suene trillado, se requiere confianza y actuar en varios frentes. Solo quienes han invertido y arriesgado su propio dinero, entienden a qué me refiero con confianza y credibilidad. A veces olvidamos que solo la inversión genera crecimiento y empleo, pues este último no se crea por decreto.

En el Perú, las mypes son las que más empleo generan. Las medianas y grandes explican la recaudación tributaria, que es indispensable para que el nuevo gobierno ponga en marcha sus planes en favor de la igualdad de oportunidades.

¿Cómo se combate la incertidumbre? Con información. No podemos seguir así, sin saber qué pasará. La improvisación es veneno para la economía El gran reto para las nuevas autoridades es buscar puntos en común con el objetivo de superar la polarización y crear el entorno adecuado para el crecimiento económico y en especial para implementar las reformas que conecten el crecimiento con el bienestar. Eso depende mucho de los nombres, pues en un país sin instituciones, las personas pasan a ser claves.

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Carlos Parodi, Credibilidad, Déficit de credibilidad, Economía, Entendiendo de Economía

Estamos atravesando un período de turbulencia política que no le hace bien a la economía. La incertidumbre genera postergaciones de compras e inversiones que desaceleran la reactivación y el aumento del empleo. Mientras tanto en regiones como Arequipa, se encuentran en una ola devastadora de contagios, por la que todos deberíamos estar preocupados.

Hoy más que nunca está claro que la política influye en la economía; no voy a caer en el deporte nacional de buscar culpables como si eso arreglara algo. Aquí no se trata de culpar a unos o a otros; el problema es que no confiamos en nadie ni en nada y en ese contexto es imposible que progresemos como sociedad.

Veamos a los países exitosos, entendiendo por exitosos aquellos que brindan altos niveles de bienestar a todos sus habitantes. Son países con alto nivel de confianza interpersonal. Entonces todo fluye. El gran reto que tenemos como sociedad es volver a confiar, si es que alguna vez lo hicimos.

Lo que pasa es que la economía no funciona en un vacío, sino en una realidad concreta. Y esa realidad se caracteriza por una desconfianza casi total. Entonces nos dedicamos a insultar y agredir a todos aquellos que piensan diferente. No somos una sociedad deliberante, en la que el debate alturado y basado en evidencia empírica nos lleve a lo más cercano a la verdad. La mitad quiere convencer a la otra mitad y si no lo logra, entonces la insulta.  No nos damos cuenta que así nos alejamos más unos de otros.

La cooperación puede hacer en economía que 2 más 2 sea 5. El conflicto hace que la misma suma sea 3. Vean como funcionan las sociedades con alta calidad de vida. Funcionan tanto el mercado como el estado, tanto el sector privado como el público. ¿Cómo así? Pues el mercado produce riqueza y beneficia directamente a través de buenos empleos a aquellos que tuvieron la suerte de estudiar, entre otras ventajas que les brindó la lotería de la vida. El estado cobra impuestos y con el dinero invierte en aquellos que no se pueden integrar tan fácilmente al mercado, a través de una educación de calidad, salud de primer nivel, seguridad ciudadana, acceso a agua potable y desagüe, etc. Son sociedades libres de corrupción. No se busca lograr cosas con trampa, sino se espera el turno. Son estados que usan bien el dinero que tienen en beneficio de todos.

Nuestra pregunta creo que tendría que ser, ¿cómo hacemos para que el entorno dentro del cual funciona la economía sea conducente a elevar el bienestar? Cada cinco años creemos que lo logramos en una en elección, para luego desilusionarnos. Los mismos que apoyaron a la persona que ganó se le voltean. Es historia vieja. Para desarrollar debemos crecer y reformar, pero por encima de todo, volver a confiar.

Lo que rodea a la economía es tan importante como la economía misma. Necesitamos mejores instituciones y aumentar el capital social, que simplemente se refiere a la confianza, tanto interpersonal como a aquella que tenemos en nuestras instituciones. Es urgente volver a creer para volver a crecer.

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Carlos Parodi, confianza, Entendiendo de Economía, Turbulencia

Los economistas solemos discrepar cuando se trata de sugerir qué se debe hacer, pero no lo podemos hacer con los hechos ni con la evidencia empírica. Todas las economías requieren de estabilidad macroeconómica o, dicho de otra manera, cimientos sólidos. Los necesitan porque si se construye la casa encima de ellos, entonces esta última será segura y nos dará el bienestar o calidad de vida que buscamos; sin embargo, puede ser que se hagan los cimientos y nada más, en cuyo caso la población mostrará, con razón, su descontento. No hay casa, no hay bienestar. Tanto los cimientos como la construcción de la casa son imprescindibles. Si falta uno de ellos, el plano original no tiene ninguna utilidad. El modelo incluye cimientos y casa.

Los cimientos son la solidez macroeconómica, mientras que la casa se construye con reformas que conecten la solidez de los primeros con el bienestar de todos. La necesidad de hacer reformas es incuestionable, aunque podemos debatir sobre cómo hacerlas. Todos estamos de acuerdo con la urgencia de mejorar salud, educación, pensiones, Poder Judicial, etc.

El primero de los cimientos es la estabilidad monetaria. Significa que la inflación anual se encuentre dentro del rango meta del banco central (BCR) que es de 2% +/- 1% al año. Entre 2001 y 2019 el promedio anual de inflación fue de 2.4%, la menor de América Latina. Aquí la clave está en un BCR independiente, técnico y despolitizado. Eso nos lo muestra la historia. Cuando en los años ochenta, el BCR financiaba, a través de la emisión monetaria, el exceso de gastos sobre ingresos del sector público, terminamos en la peor hiperinflación y caos macroeconómico de nuestra historia.

El segundo de ellos es un manejo fiscal responsable. Los gobiernos tienen gastos e ingresos; los segundos, cuya principal fuente son los impuestos, financian al gasto público. Nadie puede gastar por encima de sus ingresos de manera indefinida. El BCR no puede financiar ese exceso de gasto del MEF. Por lo tanto, si el MEF necesita gastar más, solo hay dos caminos: o usa ahorros anteriores o se endeuda.

Endeudarse no es malo, siempre y cuando no sea en exceso. La mayoría de nosotros nos endeudamos para comprar algo que requerimos para elevar nuestro bienestar. Si somos responsables, no lo haremos en exceso y pagaremos nuestras deudas. Igual funciona un gobierno. La deuda, dentro de ciertos límites, no es negativa en sí misma. Además, depende del uso que se les otorgue a los recursos. En qué vamos a usar la deuda es clave para saber si vale o no la pena endeudarnos. Entre 2001 y 2019, el exceso de gastos sobre ingresos del sector público ha sido muy pequeño: apenas 1.4% del PBI, como promedio anual. Y como consecuencia la deuda fue baja: 26.9% del PBI en 2019. En 2020, como consecuencia de los gastos necesarios para enfrentar la pandemia, subió a 8.9% del PBI y se espera que en este 2021, se reduzca a 5.4% del PBI.

Esos tres aspectos, estabilidad monetaria, manejo responsable de las finanzas públicas y deuda baja, como proporción del PBI, son los principales cimientos de la economía. De ahí en más, si la población decide hacer una reforma de un modo y no de otro, pues adelante, siempre y cuando se base en evidencia y no en opiniones. No estamos discutiendo cómo debe alinear la selección peruana de fútbol en la siguiente fecha, sino del bienestar de las personas y siempre los ciudadanos son primero.

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Carlos Parodi, Entendiendo de Economía, estabilidad, Macroeconómica

Cada cierto tiempo, por lo general coincidiendo con una crisis, ocurre un movimiento ideológico en el manejo de la economía peruana; sea del Estado al mercado (años noventa) o a la inversa, como comienza a notarse hoy. En el fondo se trata de buscar un culpable y se piensa que la solución es cambiarlo. Como un péndulo.

Pienso que es un mal enfoque del problema. Cualquier modelo económico requiere del Estado y del mercado; la diferencia es la mezcla: cuánto de uno y cuánto del otro, pero, los dos tienen que funcionar. Si uno no lo hace, no es posible hablar de modelo, como se habla con ligereza en estos tiempos de crisis. Los extremos no funcionan.

Me parece que hay factores que subyacen a la discusión de mercado versus estado que como sociedad, no estamos viendo. El conocido politólogo estadounidense, Francis Fukuyama, sostiene que existen tres diferencias entre los países que han tenido éxito en enfrentar al COVID-19 y los que no. En primer lugar, la existencia o ausencia de capital social o confianza. Los ciudadanos deben escuchar, creer y seguir las indicaciones del Estado. Esa confianza se llama capital social. Nos falta creer no solo en el Estado, sino en que si ponemos un negocio con otra persona, no nos van a engañar. Y esto pasa porque creímos y nos fallaron. Por lo tanto, la primera tarea es recuperar la credibilidad, algo que solo se logra con resultados.

En segundo lugar, la capacidad estatal de cubrir las necesidades básicas de aquellos que lo necesiten. No solo poder hacerlo, sino lograrlo con rapidez. Y esto se asocia con la colaboración estrecha entre el sector público y el privado, que son complementarios y no sustitutos. En tercer lugar, un liderazgo efectivo a nivel nacional, regional y local.  ¿Se cumplen las tres condiciones en el Perú?

Si pensamos en Nueva Zelanda, Australia, Corea  y China, teniendo modelos con poco o con mucho Estado y con o sin democracia, son países que han enfrentado con éxito la pandemia. La diferencia no es la orientación ideológica ni el tipo de gobierno.

Países en los que existe un estado disfuncional, sociedades polarizadas y pobre liderazgo enfrentan severas dificultades para contener los contagios. Muchos, como el congreso, piensan que llegó la hora del Estado intervencionista. De ahí sus proyectos de ley. Otros en cambio, creen que hay que mejorar la estrategia basada en el mercado. Creo que la respuesta está lejos de ahí.  Antes hay que enfrentar las tres dificultades descritas; de lo contrario solo serán cambios cosméticos, que luego de un tiempo, girarán el péndulo otra vez.

El mercado genera riqueza pero no logra una distribución que necesariamente sea la más justa. Entonces, a través del pago de impuestos, el mercado le entrega el dinero al estado para que éste último se encargue de las tareas redistributivas. La inversión estatal en educación, salud, seguridad ciudadana, entre otros campos, son fundamentales para que se logre una sociedad con igualdad de oportunidades. Por eso se requiere de ambos.

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Carlos Parodi, Entendiendo de Economía, Péndulo

Con frecuencia se señala que los economistas somos malos haciendo proyecciones respecto de variables claves, como el tipo de cambio, la tasa de interés, etc. Parece que no acertamos una. Tanto es así que si usted revisa las proyecciones realizadas hace solo seis meses verá como fallaron. Y por ello muchos descalifican a la ciencia económica. Sin embargo, podríamos decir que la sismología también falla en sus proyecciones respecto de cuándo será el siguiente terremoto y no por eso deja de ser una ciencia. Veamos algunos puntos.

En primer lugar, la economía proyecta, no predice ni adivina. Esta diferencia es clave. La proyección se realiza asumiendo ciertos comportamientos esperados de otras variables. Es lo que los economistas llaman supuestos. Me explico. Supongamos que se desea proyectar el precio del dólar durante lo que queda de 2021. Para hacerlo el economista lo plantea así: si China sigue creciendo poco, el nuevo presidente asume una postura moderada y nuestro banco central mantiene sus objetivos de política monetaria y cambiaria, entonces podría esperarse determinada tendencia en el tipo de cambio. Demás está decir que si alguna de las suposiciones se altera en el camino, pues la proyección del tipo de cambio será otra. Nótese que el economista primero seleccionó aquellas variables que considera claves para la proyección y luego la realiza.

En segundo lugar, nadie conoce el futuro y por lo tanto no es posible saber con 100% de certeza qué es lo que va a ocurrir. Y eso es válido para cualquier ciencia. Entonces ¿qué hacemos? Pues ser conscientes que por muchas matemáticas y métodos de proyección que usemos no podemos ver el futuro. Ello no quita que las proyecciones sean útiles y esa es la clave. El problema no está en las proyecciones, sino en la forma como las usamos. Ellas deben tomarse como una referencia de ciertas tendencias, que en caso se mantengan ciertos escenarios de las que dependen, entonces aumenta la probabilidad de que efectivamente se cumplan.

Por esa razón, si usted junta a un grupo de economistas y les pregunta qué pasará con el precio del dólar, recibirá tantas respuestas como personas preguntadas. Y es que cada uno plantea suposiciones diferentes respecto de China, Estados Unidos, la situación política interna, etc.

De aquí no se sigue que las proyecciones no sirvan. Después de todo, todas las instituciones hacen planes estratégicos pensando en el futuro. Y los tienen que hacer porque deben tomar decisiones. Lo mejor es no aferrarse a una proyección determinada, sino referirse a rangos. Por ejemplo, en lugar de decir que el precio del dólar estará en 4.00 soles a finales de 2021, referirse a un rango y señalar algo así: “si la situación económica internacional se mantiene como se encuentra hoy y el presidente es moderado, entonces es más probable que el dólar fluctúe entre tanto y tanto”. También podría plantearse el asunto del siguiente modo: “desde mi punto de vista la guerra comercial entre Estados Unidos y China va a empeorar; ante eso China comprará menos metales a Perú y por ende entrarán menos dólares; el resultado será un tipo de cambio más alto”. Por eso cuánto más conozca cómo se proyectan otros aspectos que están fuera de la economía, entonces mejor será la proyección.

A veces olvidamos que la economía es una ciencia social y los enfoques multidisciplinarios tienden a brindar mejores resultados. La economía no tiene un laboratorio para experimentar, por lo que en muchos casos, estudiar la historia se convierte en la mejor alternativa.

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Carlos Parodi, Economía, Entendiendo de Economía, Proyección

Toda estrategia económica se aplica dentro de un marco institucional determinado. No se hace en un vacío. Esto nos lleva a definir qué son las instituciones, porque sin ellas funcionando de manera adecuada, ningún modelo económico tendrá éxito.

Las instituciones tienen dos acepciones en economía: en primer lugar, son organizaciones, como el Congreso, las universidades, la Policía Nacional, un club de futbol, etc. En segundo lugar, son las reglas de juego, algunas formales como la Constitución Política y otras informales que responden más a costumbres y hábitos de la población. Tanto las primeras como las segundas determinan cómo funcionan las economías, pues todas las sociedades funcionan con reglas, algunas no escritas.

La corrupción puede considerarse una institución, pues se trata de una mala costumbre en nuestro país, un mal hábito, que está extendido en amplios segmentos poblacionales. Las reglas tributarias también son una institución. En el primer caso se trata de una institución informal, mientras en el segundo, formal. El punto es que dentro del marco institucional que cada sociedad tiene, funciona una economía. Por eso es que cualquier reforma que se quiera hacer en el campo económico debe ser antecedida por una mejora institucional.

¿Cómo podría fluir la inversión privada, tan importante para reactivar la economía, si no evitamos que en el camino funcionarios corruptos encarezcan el proceso buscando intereses personales a cambio de una coima? ¿O es que no se puede hacer nada y que debemos caer en la corrupción para poder funcionar? ¿Cómo aumentamos la inversión pública si los Gobiernos Locales, Regionales y Central no tienen capacidad de gestión? ¿Cómo sostenemos un país en el que la formalidad solo funciona para 30% de los trabajadores y la mitad de las empresas? ¿Cómo podemos avanzar en un país en el que nadie cree en nadie y reina la intolerancia y desconfianza?

Note, estimado lector, que se trata de factores que en apariencia no están relacionados con la economía. Sin embargo, lo están y mucho. Imagine usted, cuánto tiene que invertir una empresa en seguridad, cuántos días pierde en trámites con el gobierno, las dificultades que enfrenta cuando pretende que el poder judicial le resuelva un problema. Los funcionarios públicos parecen no seguir las reglas establecidas, sino que la mayoría favorece a unos sobre otros.

Por eso no sorprende que los países más competitivos del mundo sean aquellos con mejores instituciones y como consecuencia de ellos, resultados económicos positivos y mayor calidad de vida. La clave está en encontrar cómo cambiar las instituciones y aunque todos creen tener la receta perfecta para mejorar el marco institucional, hay una verdad universal: no sabemos cómo hacerlo.

Mientras no tengamos mejores instituciones, mientras no cambiemos las personas, resulta muy difícil que seamos un país competitivo, capaz de brindar a sus ciudadanos servicios básicos de calidad. Por eso es que las cosas no funcionan en nuestro país. El debate institucional está más allá de la izquierda y la derecha y es anterior a ellas. Miremos el mundo y veamos por qué algunos países funcionan mejor que otros. Por ahí debería estar la agenda del nuevo gobierno.

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Carlos Parodi, Entendiendo de Economía, Instituciones, Paraíso

Estamos atravesando un período de turbulencia política que no le hace bien a la economía. La incertidumbre genera postergaciones de compras e inversiones que desaceleran la reactivación y el aumento del empleo. Mientras tanto en regiones como Arequipa, se encuentran en una ola devastadora de contagios, por la que todos deberíamos estar preocupados.

Hoy más que nunca está claro que la política influye en la economía; no voy a caer en el deporte nacional de buscar culpables como si eso arreglara algo. Aquí no se trata de culpar a unos o a otros; el problema es que no confiamos en nadie ni en nada y en ese contexto es imposible que progresemos como sociedad.

Veamos a los países exitosos, entendiendo por exitosos aquellos que brindan altos niveles de bienestar a todos sus habitantes. Son países con alto nivel de confianza interpersonal. Entonces todo fluye. El gran reto que tenemos como sociedad es volver a confiar, si es que alguna vez lo hicimos.

Lo que pasa es que la economía no funciona en un vacío, sino en una realidad concreta. Y esa realidad se caracteriza por una desconfianza casi total. Entonces nos dedicamos a insultar y agredir a todos aquellos que piensan diferente. No somos una sociedad deliberante, en la que el debate alturado y basado en evidencia empírica nos lleve a lo más cercano a la verdad. La mitad quiere convencer a la otra mitad y si no lo logra, entonces la insulta.  No nos damos cuenta que así nos alejamos más unos de otros.

La cooperación puede hacer en economía que 2 más 2 sea 5. El conflicto hace que la misma suma sea 3. Vean como funcionan las sociedades con alta calidad de vida. Funcionan tanto el mercado como el estado, tanto el sector privado como el público. ¿Cómo así? Pues el mercado produce riqueza y beneficia directamente a través de buenos empleos a aquellos que tuvieron la suerte de estudiar, entre otras ventajas que les brindó la lotería de la vida. El estado cobra impuestos y con el dinero invierte en aquellos que no se pueden integrar tan fácilmente al mercado, a través de una educación de calidad, salud de primer nivel, seguridad ciudadana, acceso a agua potable y desagüe, etc. Son sociedades libres de corrupción. No se busca lograr cosas con trampa, sino se espera el turno. Son estados que usan bien el dinero que tienen en beneficio de todos.

Nuestra pregunta creo que tendría que ser, ¿cómo hacemos para que el entorno dentro del cual funciona la economía sea conducente a elevar el bienestar? Cada cinco años creemos que lo logramos en una en elección, para luego desilusionarnos. Los mismos que apoyaron a la persona que ganó se le voltean. Es historia vieja. Para desarrollar debemos crecer y reformar, pero por encima de todo, volver a confiar.

Lo que rodea a la economía es tan importante como la economía misma. Necesitamos mejores instituciones y aumentar el capital social, que simplemente se refiere a la confianza, tanto interpersonal como a aquella que tenemos en nuestras instituciones. Es urgente volver a creer para volver a crecer.

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Carlos Parodi, Desconfianza, Economía, Entendiendo de Economía, Incertidumbre
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