Era hoy, Ramón. Pero no fue. Esta vez no hubo gloria en las alturas. En La Paz es muy complicado. Se sabía. Bolivia ha ganado más partidos en la altura durante Eliminatorias de lo que ha perdido. El oxigeno falta, las piernas aflojan y el contragolpe es más difícil de aguantar. La angustia de perder sobre el final, sin embargo, es un golpe anímico impactante. ¡Cómo duele, carajo! 

Y sí, el poder de las Eliminatorias es generar siempre partidos improbables. Puede ocurrir que un equipo pierda cuatro partidos seguidos y luego gane los siguientes cuatro. Es posible que el último de la tabla le gane a un equipo en racha. O que muchos empates acorten la tabla y esta sea siempre muy apretada, hasta el final. Es el torneo más competitivo del mundo, una absoluta tierra de nadie. 

Para todos menos para Brasil y Argentina, esta vez. Tras ellos, ocho selecciones pelean casi palmo a palmo por tres cupos al Mundial. Y todos son equipos que sufren altibajos y pelean a muerte partidos hasta el último minuto. Hay patadas y el VAR no sirve para nada. Incluso, las selecciones sufren de varios lesionados, los equipos tienen poco recambio y suelen jugar leyendas al borde del retiro. 

Así y todo, hay un camino para que Perú llegue al Mundial. Aún. Aunque parezcan estar eliminados. De los siguientes siete partidos, debe hacer al menos doce puntos. Es decir, ganar cuatro. El resto pueden perderse, aunque sumar un punto siempre será más importante. Pero, repito, hay cuatro partidos que deben ser victorias. No hay otro desenlace para mantener la ilusión viva del Mundial.

Estos, por pura lógica y probabilidades simples, son contra Paraguay, Bolivia y Ecuador en Lima, y contra Venezuela de visita. El resto son gestas imposibles, dígamoslo con claridad. Argentina es una máquina y en Buenos Aires irán con todo para asegurar la clasificación. Colombia es un equipo superior y se ha demostrado largamente. Y Uruguay en Montevideo, ambrienta como estará de puntos, resulta un rival improbable de vencer. 

Que no se entienda mal. Paraguay, Bolivia y sobre todo Venezuela y Ecuador no son tres puntos asegurados. Todos ellos son equipos al nivel competitivo de Perú. La blanquirroja no está con claridad por encima de ninguno de estos rivales parejos. Pero, vale decir que en la ruta hacia Rusia 2018 se ganó ajustados esos mismos partidos de local. Solo el de Venezuela quedó en empate 2-2. 

Y aún con todo ese escenario de resultados logrables, Perú está en una condición de cuidados intensivos donde debe mirar el resto de partidos. Por ello, es bueno lanzar otra verdad importante y trascendental. Hay siete partidos futuros donde existe tolerancia cero y nulo margen de error en el resultado que Perú necesita, pero el equipo de Gareca solo podrá verlos por televisión. Se resumen en una idea sencilla: Brasil, Argentina y Colombia deben ganar todo lo que queda. Punto.

Pero, principalmente, es obligatorio que Brasil gane a Paraguay y Chile de local, y a Ecuador de visita. Son resultados probables, pues en las Eliminatorias al 2018 Brasil ganó los tres encuentros por goleadas 3-0. Lo mismo debe hacer Argentina con Chile en Santiago y Ecuador en Quito. Estas parecen gestas más complejas, y lo son, pero esos resultados también fueron conseguidos en la Eliminatoria pasada por una versión de Argentina muy inferior a la actual. 

Colombia, por su parte, debe darle dos alegrías al equipo peruano. Ganarle a Ecuador y a Paraguay de local, en forma obligatoria. Durante las Eliminatorias pasada, el primero quedó en un cómodo 3-1, pero perdieron sorpresivamente contra Paraguay 1-2 con goles en los últimos tres minutos. Sin embargo, en este torneo actual, Colombia necesitará esos triunfos para asegurar la clasificación.

Estas victorias se ven probables en el papel. Pero pueden ser arruinadas sobre todo si Argentina y Brasil, virtualmente clasificados, eligen probar equipos o sistemas alternativos de juego. Eso los pondría en gran vulnerabilidad sobre el final del torneo, como pasó con Brasil ante Venezuela la fecha anterior, cuando ya han jugado contra Perú pero aún no contra rivales directos.  

Son siete encuentros con resultados obligatorios, pero eso no es todo. Quedan seis partidos adicionales entre rivales de Perú donde el universo ideal sería que todos fueran empates. Bolivia contra Paraguay en La Paz; Paraguay contra Chile, Uruguay y Ecuador en Asunción; Chile con Ecuador en Santiago; y Venezuela y Bolivia en Caracas. Que empaten todos, ya está, así de simple.  

Pero si no pueden ser empates, el análisis permite ir uno por uno para ver a quién debe alentar el equipo peruano. Primero: Bolivia debe revalidar su victoria a Perú con un triunfo ante Paraguay en la altura, resultado recurrente. Luego Paraguay tiene que cobrarse la revancha con Chile en Asunción. Pasó ya durante el torneo anterior. Y Chile, resentido, deberá recuperarse ganando a Ecuador en Santiago. 

En el último tramo de la Eliminatoria, será conveniente ver a Paraguay perder con Uruguay en Asunción. Ya ocurrió así 1-2 para ir a Rusia 2018. Venezuela debe hacer lo propio contra Bolivia en Caracas. Y sí, la goleó 5-0 en la Eliminatoria anterior. Finalmente, deberá darse un triunfo paraguayo de local contra Ecuador en la penúltima jornada, como suele ocurrir. 

En resumen, hincha peruano, quedan 17 partidos cruciales para los intereses de Perú. Cuatro victorias peruanas, siete triunfos de Argentina, Brasil y Colombia, y luego una ruta de seis partidos adicionales donde hasta dos resultados convienen. Salvo el empate 2-2 de Perú en Maturín contra Venezuela la Eliminatoria pasada y un triunfo agónico de Paraguay en Barranquilla, todos los demás resultados necesarios se dieron en el camino a Rusia 2018. 

Parecen lógicos, son probables, pero las eliminatorias en Sudamericana son el torneo más complejo del planeta. Y aún así, aunque sea usando la calculadora y viendo un montón de partidos por televisión con total angustia, hay esperanza para Perú rumbo a Qatar. Esta es la única imperdible. 

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Qatar2022, Ricardo Gareca, Selección peruana de fútbol

Nunca ha sido tan importante ganarle a Chile para llegar a un Mundial. La eliminatoria pasada Perú llegó a Rusia a pesar de perder los seis puntos contra ellos. Incluso, en 1997, cuando faltan dos partidos para llegar a Francia, con un empate en Santiago bastaba. Ahora, un punto no sirve. Perder es el sinónimo de una eliminación. Solo ganar extiende la respiración del equipo de Gareca.

En un partido visagra como este, en plena mitad del torneo, la realidad es que el rival solo ha ganado un partido oficial de los últimos catorce, contra Bolivia. Y se encuentra en un momento de recambio generacional, con un técnico casi nuevo. No estarán Vidal ni Vargas, tampoco Mena en la defensa. Para ambos equipos, este no es un partido para clasificar al Mundial, sino para no quedar fuera.  

En el lado de Perú, la realidad es que ya hace algún tiempo la selección no hace honor a los siete años de la gestión Gareca. La solidez defensiva no llega. El ataque no logra articulación. El gol se consigue con mucho sacrificio. La definición en la últlima jugada es un mal que ha regresado a la blanquirroja. Y en todos esos problemas, aún así, Perú puede ganarle a Chile. 

Pero para ello hay que tomar buenas decisiones de cambio. Atrévete, Tigre.

Hay un concepto en el fútbol imprescindible para el éxito. Es la jerarquía. Es ese elemento de experiencia, calma y dominio de escena fundamental para controlar las acciones de un partido. En una final como esta, y un clásico histórico donde se juega más que un simple partido de fútbol, el parámetro fundamental para tomar decisiones se basa en la categoría. 

En esa línea, es una buena noticia hoy Carlos Zambrano. El central de la actualidad con más experiencia y trayectoria futbolística en el más alto nivel de competencia, vuelve a la selección inmediatamente después de hacerle un gol de cabeza a River Plate de visita, con la camiseta de Boca Juniors. No es un detalle menor. Será suplente en el Xeneixe, pero me pregunto cuándo Zambrano no metió todo para sacar adelante partidos, con ese coraje que lo caracteriza.

A su lado, no es tampoco un detalle menor que Luis Abram haya jugado por primera vez un partido completo con la camiseta del Granada de La Liga española. Uno de los cinco mejores campeonatos del mundo. Al mismo tiempo, fue el primer triunfo del equipo en la temporada, nada menos que contra el Sevilla. En su lucha silenciosa por la titularidad, Abram ha dado un batacazo. 

Perú llegó a una final de Copa América en el 2019 con esos dos centrales. Zambrano y Abram. Es la segunda mejor expresión defensiva de la era Gareca, detrás de Ramos y Rodríguez. Además, empezaron la eliminatoria haciendo juntos dos dignos partidos contra Paraguay y Brasil (salvo la expulsión). Jerarquía resuena y presente futbolístico también. Una buena charla técnica y motivacional para Carlos y todo el respaldo para Luis debieran ser suficientes.

El complemento entre ellos es especial. Abram va al marcaje al cuerpo con la elegancia de saber quitar la pelota de los pies sin ocasionar falta. Zambrano en la misma situación va al choque fuerte y deja huella en el delantero. En las divididas, Zambrano cierra alto mientras Abram espera en las espaldas. En el anticipo, ambos son precisos. Tienen buen juego aéreo los dos. Y se conocen.

Callens, Araujo y Santamaría gozan de un buen presente, pero se ausenta en todos aún la jerarquía. El primero juega en un fútbol sin peso internacional. Araujo requiere aún de mayor rodaje. Y es solo un símbolo haber convocado a un buen back del fútbol mexicano como Anderson, pero que está muy desatinado con la selección peruana. Ah, y Ramos juega en la Vallejo. No más que decir. 

Advíncula va por derecha, que además viene de entrenar un par de meses con Zambrano en el mismo club. Trauco ya tiene dos partidos de titular y noventa minutos en la liga francesa, recuperando el ritmo futbolístico. López aún está en formación y es preferible volver a Trauco por su funcionamiento de equipo, porque Gareca no va a dejar de privilegiar que la pelota le llega limpia a Yotún.

En el mediocampo es un partido idóneo para poner a Tapia y Aquino juntos otra vez. El primero tiene un mecanismo de juego defensivo en el centro, y se desgasta demasiado cuando debe salir a cortar a una banda. Aquino es necesario para hacer los relevos por ese sector, cuando Advíncula vaya al ataque. Por el otro lado, Yotún en lo suyo. Si hablamos de jerarquía, el volante del Cruz Azul es el jugador con más rodaje del equipo actual, incluso algunos partidos internacionales por delante que el propio Guerrero. Si hay un momento para destacar, es este.

Adelante, Cueva es el diez de la selección de Gareca, llevó a Perú a un Mundial y pasa por un buen momento físico. Con Carrillo lesionado, apostar por Flores es insistir en un jugador que aún no recupera su mejor momento. No le ayuda tampoco estar jugando en una liga menor. Y Gonzáles o García carecen de la categoría necesaria para intimidar a una defensa chilena que saldrá con el cuchillo en la boca. La soberbia del jugador chileno al ver un jugador de menor relieve alimenta ese ego maníaco que los hace jugar mejor. 

Por la derecha pero jugando de interior, para las diagonales que envíe Yotún, y dejar el alma entera, a pesar de no ser su posición habitual, va Gianluca Lapadula. El delantero del Benevento ya tiene cuatro goles en un mes de la Serie B italiana y ha recuperado plena forma física. Comanda el ataque de un club que solo con él va a poder pelear su regreso a la máxima competencia italiana. 

Y el nueve, aunque no pase por su mejor versión, es Guerrero. Ante la ausencia de Carrillo, repito, no queda de otra. Ni Ruidíaz ni Ormeño podrían generar mayor peligro a Gary Medel. Aún son delanteros de goma a nivel internacional. Paolo debe jugar su partido 107 con la selección y buscar como un animal sangriento llegar a los 40 goles internacionales. Pues, es cierto, ya no le quedan muchos más. 

En esa sinfonía, a Chile se le puede ganar. Para el segundo tiempo, Peña y Farfán esperan en la banca. Principalmente el segundo, que parece haber encontrado la solución a sus problemas físicos metiendo sexta en los últimos veinte minutos con un Alianza que sin él no estaría invicto en la punta del torneo peruano. Pocas con más estimulantes para el equipo que el diez de la calle dando chocolate.

Perú se juega la vida en una oportunidad de oro para demostrar que se merece llegar a un nuevo Mundial. Es ahora o nunca. 

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Ricardo Gareca, Selección peruana de fútbol

¿Y qué más hay que hacer para serlo? En dónde más hay que estar. En qué otro torneo hay que jugar. A qué delanteros hay que marcar. Cuántos cortes hay que hacer en un partido de visita contra el Real Madrid. Con la banda de capitán en el brazo. Qué odisea más grande hay que presenciar, desde la cancha, para ser considerado el mejor central de un país tan escaso en opciones como el Perú. 

Aunque sea para ser convocado, ¿no?

Gustavo Dulanto es el mejor defensa central peruano del momento. Hoy. No hace diez años, ni hace cinco. No tiene una carrera vistosa, ni mucho menos. Pero hoy es titular de un equipo que ha ganado diez partidos internacionales, dos en fase de grupos de la Champions, y se ha puesto primero de un grupo que incluye al Real Madrid y al Inter de Milan. 

Ayer jugó de central por izquierda ante uno de ellos, el Madrid. La misión era dividirse la marca de Benzema (nada menos) con el otro central, Arboleda, y de tapar las arremetidas de Hazard (Dios mío) cuando el ataque madrileño vaya por su lado. El partido iba a tener la cancha inclinada hacia el arco del griego Athanasiadis. En total, al final del partido, fueron 31 disparos en más de 60 jugadas de ataque claro. 

Claro, como era obvio, el Real Madrid salió con todo, a golear. Los 15 primeros minutos del partido, el Madrid  intentó ocho jugadas de ataque, todas las cuales fueron bloqueadas por Dulanto. Cortes de cabeza, bloqueos de disparo, cierre de divididas, quitadas de pelota. Por quince minutos, Dulanto era una muralla, siendo el único jugador de su equipo en cortar ataques. 

El mediocampo del Sheriff demoró en activarse. De hecho, Addo y Thill, los volantes de marca, iban duro a pegar, faltos de otros recursos para recuperar la pelota. Parecía que el equipo de Moldavia podía irse con algún expulsado temprano. Recién a los 16 minutos del primer tiempo, un jugador que no fue Dulanto cortó una arremetida merengüe. Fue el arquero, sacando con mano cambiada el primer remate a puerta del Madrid. 

Hasta el sorpresivo primer gol del Sheriff a los 24 minutos, Dulanto había bloqueado doce de catorce ataques del Madrid, casi todos de jugadas entre Hazard y Benzema. Impecable, sin errores. A partir del primer gol en contra, el Madrid dio más peso defensivo al lado izquierdo con Vinicius. Ahí apareció Arboleda, el central, y empezaron a estar más participativos los laterales, Fernando y Cristiano. 

El Sheriff Tiraspol se fue al descanso con un triunfo parcial de locos. Madrid había sido más, pero con un solo contraataque claro el equipo de Moldavia había llegado la diferencia. Al segundo tiempo, el Real volvió a salir a toda marcha, pero ya toda la defensa del Sheriff estaba alineada. La línea de cuatro era impenetrable, y el arquero tuvo al menos cinco atajadas impactantes. 

La única forma para el Madrid era estirar la posibilidad de faltas y buscar la pelota parada. Fue un penal claro contra Vinicius, que ya había buscado caerse jugadas atrás al entrar gambeteando por la izquierda. Addo le hizo la falta, única forma de pararlo. Y así llegó el gol de Benzema, que el portero griego casi ataja. Aún con ello, el Sheriff no se amilanó. Y Dulanto empezó a guapear desde el fondo. 

Diez minutos después del empate, el Sheriff se había salvado de otras tantas arremetidas merengües. Tuvo el primer contraataque del segundo tiempo a los 70, y por un pie adelantado se anuló el gol. Era el susto total a un equipo madrileño desencajado. A los 82 minutos, el Sheriff a penas había disparado dos veces al arco de Courtois en todo el segundo tiempo. 

El Madrid no podía. Había llegado más de treinta veces al arco, pero entre bloqueos y tapadas del arquero, no habían podido hacer diferencia. Y sobre los agónicos noventa minutos, en lugar de llegar el gol de Benzema que podía haber hecho honor a las casas de apuestas (donde un triunfo del Sheriff pagaba 25), fue un jugador de Luxemburgo, aquel país inexistente para la FIFA, el que decretó con un gol de otro planeta el triunfo de todo Moldavia y Transnitria y qué se yo. 

Gloria eterna a un equipo que ha logrado por primera (y quizás única vez) la mayor gesta histórica de su trayectoria futbolística.

Y en ello, Dulanto tuvo en total 23 cortes defensivos de ataque. De cabeza, con los pies, interceptando o como fuera. Fue el jugador de su equipo con mayor cantidad de ataques frustrados del rival. Tras él, su pareja central Arboleda con menos de la mitad, y los laterales brasileños con nueve cada uno. Cometió ocho errores, tres de las cuales fueron en salida, uno fue una falta (que costó una amarilla), y el resto imprecisiones defensivas. 

Pero las fortalezas de Dulanto son su personalidad, la capacidad táctica para no perder la posición en línea de cuatro, y el juego aéreo. En su estilo, sobresale jugando con pases largos desde el fondo, colocados hacia las bandas o hacia el medio, e intenta cortar alto el ataque con su tranco largo. Guapea el equipo, va a reclamar las jugadas de peligro con autoridad, y no cae en provocaciones. 

El Sheriff Tiraspol empezó la Champions League hace dos meses jugando la absoluta primera fase de clasificación. Goleó 5-0 en la llave a su primer rival, el campeón de Albania, un rival equitativo. Luego 4-1 al campeón de Armenia, otro rival equitativo. El tercer partido fue con el Estrella Roja de Belgrano, un rival superior y con historia, 2-1. 

Al cuarto partido, pasó por primera vez en su historia a la fase de grupos al Dinamo Zagreb, otro rival superior a ellos, por 3-0. En su primera participación en grupos, le ganó al Shakthar Donetsk por 2-0. Ahora al Madrid, de visita, por 2-1. Es primero de su grupo con 6 puntos. Está invicto en 10 partidos de competencia europea. Y ahí jugó todo Dulanto, de titular y capitán. 

Si con ese presente no eres convocable por Perú, donde no encontramos pareja de centrales sólida hace dos años, ¿qué más hay que hacer?

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defensa central, Gustavo Dulanto, Real Madrid

Hay una espina clavada en el núcleo de la selección peruana. Es un talón de Aquiles evidente. Va a costar la clasificación al Mundial, seguro. A la larga y en la historia, se hablará de una eliminatoria donde Perú no pudo encontrar una pareja de centrales a la altura de la competencia internacional. En nueve partidos, ya van cinco duplas diferentes. Ninguna con éxito.

No es ninguna novedad que para Rusia 2018, la solidez de la pareja de centrales era casi un elemento de orgullo nacional. Pero Rodríguez y Ramos no fueron dos futbolistas íconos irrepetibles por su calidad individual. El triunfo de aquel esquema era más allá de los nombres. La selección sabía en su conjunto a qué jugaban esos dos centrales, y era facil incluso reemplazarlos.

Así podían entrar Santamaría y Araujo sin causar cataclismos. Así era facil imaginar a Zambrano o Abram reemplazándolos, como ocurrió en la Copa América del 2019. Un central por izquierda lento, pero con gran anticipación y capacidad de salida sin perder la pelota, jugando rápido con Trauco o Yotún. Ese era Rodríguez. Y un central por derecha, fuerte en balón parado y que vaya al choque. Ese era Ramos.

Después de Brasil 2019, Gareca no pudo volver a alinear esa defensa. El COVID mató esa idea. Y entonces, el equipo se desequilibró desde su origen en la zaga central. Se perdió la salida, la anticipación, el juego de líneas para bloquear los ataques. Perdió en eso incluso confianza el arquero, frustrado por goles cojudos, que habían dejado de pasar. Con esto no responsabilizo a la defensa central del Perú de hoy, pero es uno de sus principales síntomas. 

Ya van nueve partidos de Eliminatoria y Gareca no ha podido reconstruir a esa dupla para que su equipo siga jugando a lo mismo. Y el equipo además cambió: Trauco ya no es titular y López no juega a lo mismo, no tiene el pase largo, sino una velocidad que le permite subir al ataque. Carrillo ha logrado protagonismo y el equipo necesita mayor salida por derecha. 

A estos dos cambios en la estrategia de juego, se suma uno defensivo: hoy Perú tiene dos volantes de marca al mayor nivel internacional, cómo jamás antes los tuvo. Renato Tapia es uno de los mejores mediocampistas defensivos de La Liga española y Pedro Aquino es el mejor de México. No encontrar la forma de utilizarlos a ambos al mismo tiempo, es como si Vidal y Aranguiz no hubieran podido compartir equipo en el mejor Chile de la historia.

Vamos a dejar algo claro antes de avanzar. Perú es un equipo escaso. Esto se puede evaluar con un indicador: solo un jugador en todo el país (Tapia) compite en una de las cinco mejores ligas del mundo. La mayoría están en América, y algunos pocos militan en ligas menores de Europa. Incluso, la gran figura, Gianluca Lapadula, juega hoy en la Serie B de Italia, luego de haber descendido dos veces en las últimas temporadas. Y ante la escasez, uno se las arregla como puede, y no puede desperdiciar o regalar nada.

Si Gareca quiere competir en la próxima fecha triple, tiene que echar andar toda la carne en el asador. Y eso amerita algunas modificaciones. En principio, entender que la zaga central debe jugar para este nuevo equipo que aparece. Y para ello es bueno explayarse en el nuevo funcionamiento completo del equipo.

Nunca vamos a salir de la línea de cuatro, así que los laterales son hoy López y Advíncula. Ambos con proyección y retroceso. Tiene el físico para hacer todo el recorrido, como no ocurría con Corzo y Trauco la eliminatoria pasada. Por lo tanto, el central debe estar acostumbrado a jugar retrocedido, al medio y a la expectativa del corte por anticipación. 

Los relevos ya no son más labor de los defensores centrales. De hecho, hoy jugar con Tapia y Aquino debería ser suficiente marca al medio del campo y en retroceso para evitar la salida de los centrales. Por eso falla tanto Santamaría. Su juego es salir con la pelota limpia por el medio. Es su elección, y el rival ya ha leído suficiente de él para tapar esa deficiencia, que era marca de fábrica de Rodríguez. Lo que hace ya no es necesario.

La salida rápida con el equipo de hoy es por las bandas. El pase directo para la corrida y adelanto de los laterales, y transicionar de frente a Carrillo y Cueva pasada la mitad de la cancha para generar peligro. En el medio, Peña a la espectativa de la distribución, privilegiando su pierna derecha, que es por donde más van a correr Carrillo (diestro para centrar) y hacer las diagonales Lapadula (zurdo para encarar). 

Chile juega con dos delanteros rápidos y movedizos como Vargas, Meneses o Morales. Poner a defensas altos y más lentos que el promedio como Santamaría, Callens y Ramos es un despropósito. Es la fecha triple para los regresos de Abram por izquierda y Araujo por derecha. Ambos pasan por un excelente momento a un alto nivel competitivo: Araujo es referente de un equipo holandés y Abram se va ganando un puesto de titular en La Liga española.

Con Gallese en el arco, esos centrales, el equipo lo completan López, Advíncula, Tapia y Aquino como doble seis, Peña por delante, Cueva y Carrillo (o Gonzales) y Lapadula. En la banca de suplente, los posible cambios son Yotún, Farfán, Guerrero, Trauco y Flores. Presión alta en la salida del rival, juego directo por las bandas, pases largos al raz para el delantero centro. 

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Qatar2022, Ricardo Gareca, Selección peruana de fútbol

En el área. Ahí. En el corazón del área. En el corazón de todos. Jefferson Agustín Farfán Guadalupe, por su mamacita. El jugador histórico del primer gol a los neozelandeses. El gol del terremoto. El goleador del PSV Eindhoven, la joya de la volante del más poderoso Schalke 04. En algún momento, el jugador peruano más valioso del mundo. El diez de la calle, como le gusta llamarse a sí mismo. 

Tras veinte años de carrera y a poco de sus treinta y siete cumplidos, Jefferson Farfán era un jugar al borde del retiro. Durante un año no tuvo club, en el 2020. Las múltiples lesiones lo habían alejado por completo del fútbol mundial, poco después de Rusia 2018. Su centro de entrenamiento se volvió La Videna en Lima. Y al parecer Perú había perdido para siempre a su segundo goleador histórico.

Pero Alianza Lima, descendido y luego ascendido a primera en mesa, lo recuperó para la temporada 2021. Parecía que se cumplía la profesión que él mismo había pregonado en toda su carrera, retirarse en el club de su debut y de sus amores. La alegría duró pocos meses, pues aunque anotó un gol agónico y hasta las lágrimas en su primer partido de vuelta, se volvió a lesionar. 

Periodistas deportivos y entendidos del deporte lo daban no solo por retirado, sino incluso por casi paralítico. Sí. Se decía que Jefferson había sufrido un desgaste tal que si decidía volver a jugar el fútbol, podía quedar para siempre incapacitado de caminar. Muchos dijeron que Farfán debía decidir entre poder jugar pelota con sus hijos el resto de su vida o dar un último suspiro en el fútbol.

Como siempre, la prensa local vende en tonos amarillos. Jefferson se trató la lesión y siguió algunos meses de recuperación. Para callar bocas, ya ha vuelto a las canchas. Y no solo eso, ha sido decisivo en varios partidos para que Alianza saque victorias y se mantenga en la punta del campeonato actual. Hoy, el equipo que no debió jugar primera, está encaminado para llegar a la final. 

Sin embargo, Jefferson no juega noventa minutos. Sería imposible imaginarlo a su edad y con la fragilidad física actual poder competir en un partido completo. Incluso en el alicaido torneo local. Eso debería ser suficiente para sacarlo de cualquier opción de volver a vestir la camiseta de Perú. Porque en el verbo de Gareca, a la selección llegan los mejores futbolistica y físicamente.

Pero como todo en la vida, en el fútbol existen grandes excepciones.

La situación de la selección peruana de cara a Qatar 2022 pende de un hilo. Para ponerlo en sencillo: de los próximos tres partidos en una fecha triple exigente, necesita conseguir al menos cuatro puntos. Sino, está virtualmente eliminada. Es decir, ganar en Lima a Chile que viene muy venida a menos y no contará con Vidal, y al menos empatar con Bolivia en La Paz o con Argentina en Buenos Aires.

Nada de eso es imposible. De hecho, Perú ya ha conseguido esos resultados antes. Pero hay dos grandes deficiencias para lograrlo. La primera es la defensa, que no es parte de este análisis. Quedan varias semanas para evaluar el replantamiento de Gareca atrás. La otra es el ataque, principalmente la precisión en la última línea. Para nadie es una sorpresa que Perú hace tiempo no puede definir partidos.

Porque hace falta jerarquía. Carrillo y Cueva son dos jugadores ya entrados en años que, si bien son lo mejor de su generación de lejos (y gracias a Dios existen), no alcanzaron el temple definitorio de Guerrero y Farfán. O de Solano y Palacios, antes de ellos. Son jugadores que cumplen y cocinan a fuego lento partidos, pero cuando las papas queman y hay que matarlo, usualmente no concretan.

Ni que decir de Canchita Gonzáles, Raziel García, Gabriel Costa, Sergio Peña o cualquier otra alternativa. Todos son jugadores cuya jerarquía a nivel internacional no está comprobada o no ha estado nunca. El caso de Edison Flores es especial. En la eliminatoria pasada, fue ese jugador decisivo que dejó huella en varios partidos de vida o muerte, como contra Uruguay, Ecuador y Bolivia. Pero hoy, al parecer, ha perdido la brújula.

Entonces, ante la escasez de figuras de jerarquía que puedan llenar ese vacío, ahí está Farfán. Sin dudas debe ser convocado y el plan de obligatorio de Gareca será hacerlo ingresar los veinte últimos minutos contra Chile. Va a ser un partido cerrado, cargado de tarjetas amarillas y quizás rojas, duro en lo físico y excesivamente conflictivo. Se va a definir por alguna jugada aislada, como tantas veces. Esto ya se ha visto mucho y una vez más sería inconcebible que Perú regale alternativas así. Y Farfán, con toda su experiencia, ya lo ha hecho.

En una pierna, Jefferson es la mejor alternativa para el ataque peruano. No todo el partido, pero sí cuando la defensa chilena esté cansada y todo se defina por un tiro libre, una pelota filtrada, un córner, incluso un penal, alguna dividida. Ahí donde a los ansiosos Lapadula o Guerrero les quede sobrando. O donde a Carrillo le quemen las piernas y a Cueva le salga una de más. Farfán es frialdad y garantía. 

Jefferson debe estar convocado para la fecha triple de octubre. Porque sino, ¿quién más? Ormeño es un jugador para otra selección y Ruidíaz es para ninguna. Cuántas veces van a ser necesarias poner a Raúl los últimos quince o veinte minutos y que no haga nada, para confirmar su intrascendencia con la selección. La única vez que algo pasó fue ya hace muchos años, al inicio de la gestión de Gareca. De ahí en más, una absoluta sequía. 

Y a Farfán no le queda ya mucho tiempo. Esta es la última oportunidad para (volver) ir a un Mundial. El próximo proceso ya no lo incluye. Su retiro del equipo debe darse luego del 2022, junto con el de Paolo, y pasar a una siguiente generación. Ahí se alistan nombres aún de menor calidad, pero que necesitan una oportunidad desde jóvenes, como ellos tuvieron. Llámese Percy Liza. Entonces, el último respiro del goleador está cerca. Ahí, en el área. Por su mamacita. 

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fútbol peruano, Jefferson Agustín Farfán Guadalupe

Alguna vez gritaste un Chorrigolazo. De fuera del área, como venía la pelota y en primera, clavada en un ángulo. Lo gritaste como si fuera un campeonato del mundo. Durante años, Roberto Palacios, el Chorri, fue una gran motivación para ser hincha de la selección. En una época oscura donde no habían tantas razones tangibles para alentar a Perú.

El Chorri es el jugador que más veces se puso la blanquirroja y es uno de sus goleadores históricos. Después del partido con Uruguay, dijo en Radio Ovación que a Perú le había faltado ataque frente a Uruguay. Vio a Guerrero sentido por la lesión, a Flores ausente y esperaba más de Cueva. De inmediato, Renato Tapia lo señaló como un enemigo para la selección. 

Y a Tapia lo siguieron Ramos y Gallese, otros referentes del equipo actual. El Chorri los puso en su sitio. En Exitosa ha dicho que él jugó cinco eliminatorias y logró llegar a un repechaje con los mismos puntos, solo que en ese entonces no había esa opción. ¿Qué han ganado? dice, erguido en la voluntad popular, que lo apoyó masivamente en redes sociales.

Discúlpame, Renato, pero el Chorri tuvo razón. Y te pido disculpas porque en tu calidad de capitán del futuro, de ex Mundialista, de jugador que vale veinte millones de euros, de titular de La Liga española, pues, cuidado con haberle dado la bienvenida a la invasión de la soberbia al equipo de todos. Si a ti te parece que el ataque peruano no es criticable, pues, ha llegado la invasión de la soberbia al equipo de todos.

Lo de Tapia, Ramos y Gallese es un aspecto de la selección actual no detectado hasta este entonces. De hecho, hasta el mismo último partido, con Venezuela. La mentalidad del equipo ha cambiado. Hoy se ha retirado la humildad, la tranquilidad y la convicción, por una nube negra de soberbia, nerviosismo e imprecisiones. Generalizado en el accionar, aún cuando se han resultado buenos resultados.

Y la discusión con el Chorri por redes sociales no es el único síntoma. En principio, están todas las imprecisiones de los delanteros en el último partido. Carrillo y Cueva no finalizaron jugadas. Flores, nuevamente desaparecido. Y Lapadula, con demasiadas ansiedad de cara al gol, rematando muy apurado o en posiciones adelantadas. Es como si al equipo le faltara de pronto el “Pensá”.

De hecho, el gol llegó de un error del rival. Y claro, eso hay que aprovecharlo. Pero cuando fue Perú el sumo protagonista con la expulsión de Rincón, fue más evidente que la selección era un equipo incapaz de llegar al arco rival con contundencia. No pasó demasiado apuros ni quiere decir que Venezuela estuvo más cerca del empate. Pero no liquidó. 

Y eso es particularmente doloroso porque entonces, ¿ante qué equipo Perú va a disminuir ese -7 de diferencia de gol que tiene? Si el partido más accesible de la eliminatoria es contra el colero, Venezuela, y de local, con un hombre más durante casi todo el encuentro. La necesidad del equipo no fue un resultado envuelto en convicción, fue un desembolso de desprolijidades.

En eso, las cámaras en el Estadio Nacional poncharon siempre a un Gareca nervioso, preocupado y frustrado al ver a su equipo incapaz de terminar jugadas. No fue un par de veces, fue durante todo el segundo tiempo al menos. No es anecdótico, sino parece ser la extinción del “Pensá”. De esa parsimonia de un técnico seguro y paciente ante sus jugadores. 

Su angustia es la de todo un equipo que parece poco a poco divertirste menos y perder esa seguridad, por la ansiedad de tener que encontrar los resultados a toda costa. ¿Qué hay del otro lado impidiendo la calma? Pues esa humildad que parece irse de los referentes, preocupados quizás más en ser reconocidos y menos enfocados en volver a conseguir sobre lo logrado.

Y también hay mucho sentido de cuerpo y defensa del colectivo. Es el resultado natural de haber creado un equipo cerrado funcional, con líderes muy claros, pero al mismo tiempo hermético. No por nada diversos personajes vinculados al fútbol señalan la existencia de una argolla dentro de la selección, también asociado al poco recambio entre las convocatorias.

Para enfrentar el resto de las Eliminatorias, Perú necesita hacer al menos cinco triunfos más. Quedan Chile, Bolivia, Ecuador y Paraguay en Lima. Todas esas son finales de vida o muerte, y todos deben ser triunfos peruanos. Son selecciones que este Perú ha sabido ganarles, con sus propias cualidades. Y superarlas depende de la convicción y la contundencia para sentirse superiores. Incluso aquí es importante mejorar la diferencia de gol.

Luego toca Brasil, Argentina, Colombia y Uruguay de visita, partidos donde Perú debe apostar por un empate. Y Bolivia y Venezuela de visita, donde al menos deben llegar cuatro puntos, sino son los seis. De nuevo, contundencia en ataque, seguridad y esa calma transmitida en las eliminatorias a Rusia 2018. Son rivales conquistables, con la mentalidad adecuada. 

Discúlpame, Renato, pero el camino a Qatar requiere de pensamientos diferentes. De que la seguridad por los logros obtenidos no se vuelva una soberbia que nuble la convicción de tener un equipo cohesionado y con las condiciones de conseguir los resultados para llegar al Mundial. Y ahí, por qué no, callar esas bocas. Porque eso se demuestra en la cancha. Quizás haya mucho que aprender del Chorri Palacios en ese retorno a la mentalidad adecuada.

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Chorri Palacios, Renato Tapia, Selección peruana de fútbol

Gareca juega de una manera específica. Puntual y determinada. Encontró ese equipo en la Eliminatoria anterior y ha mantenido el esquema de juego desde ese entonces. Ha tenido éxito: Perú juega mejor de lo que ha jugado en las últimas dos o hasta tres décadas. Pero hay algo que no anda bien y es como un demonio que persigue al entrenador argentino: ¿cuáles son las variantes?

En una entrevista con Martín Liberman, Gareca dijo que un equipo no podía jugar de múltiples maneras. Que los mejores equipos pues eran los que jugaban igual, pero cada vez mejor. Lo dice un técnico que ha llevado a Perú a un éxito inusitado. Es la apuesta por la perfección de un mecanismo que ha funcionado, con renovaciones según las figuras que aparezcan en el camino.

Así pues hoy, a nadie le tiembla la voz al decir que Lapadula es el nuevo Guerrero. Porque juega de Guerrero. O que Perú está en búsqueda de la dupla de Rodríguez y Ramos para la defensa central. O que aún dependemos de la velocidad de Advíncula para abrir espacios por la derecha, que Carrillo es el desequilibrio, que de Cueva salen las fantasías, y una larga lista de funciones pre-establecidas.

Como una Biblia, o un manual.

Lo que ha hecho Gareca es reemplazar hombre por hombre, en el mejor de los casos. Pero el esquema es el mismo. Una línea de cuatro al fondo con un defensor central que sale tocando y otro que va duro, más rústico. Un lateral izquierdo con buen pie, que acompaña en las salidas del volante de primera línea, que es el tiempista todoterreno, el reloj y arquitecto de todo lo que funciona en Perú.

Por el otro lado, un lateral derecho con amplio recorrido que cierre banda y acompañe al volante en ataque. Este, un desequilibrante, al que se le deja libre y siempre de cara al gol. En el medio está el volante defensivo que se mete entre los defensores y en ataque presiona. Luego el volante por izquierda que cubre la espalda del creativo. Completan el volante ofensivo central, uno que hace libres transiciones para romper líneas defensivas del rival, y el delantero es un punta solitario, todoterreno y valiente.

Sin decir nombres, cada una de estas posiciones tienen un rostro propio. Es el equipo que sale de memoria. Y ese es el mayor error de Perú, que seguro se mantendrá hasta el final del ciclo del técnico actual. Es un equipo duro de enfrentar, pero absolutamente previsible.  Todo ello se ha visto representado en el partido contra Uruguay y es momento de desentrañarlo. Quizás en este ejercicio quede claro el gran talón de Aquiles peruano. 

Callens y Santamaría no funcionan juntos. Son dos defensas que cumplen el mismo rol: van al choque, son aguerridos, no tienen mucha creatividad en la salida. Serían ambos un Ramos. Quizás el Santamaría tenga más fútbol y mejor anticipación, pero ninguno es Rodríguez. Tampoco lo es Abram, que es otro Ramos. Si lo fue Zambrano, en la Copa América 2019. Entonces, pues, la mejor alternativa es hacerlo volver. 

Pero eso parece un sueño imposible, porque su relación con el comando técnico está rota. Entonces, Perú debe cambiar el trabajo defensivo. No se puede esperar que de la forma que se genera el ataque (por el medio y al toque) deje a la defensa obligada a cortar salidas rápidas con buena anticipación, porque los defensas no anticipan, corretean. Y es esperar que alguno de ellos esté en una gran noche. Contra Uruguay, fallaron ambos en el gol y no fueron exigidos demasiado. Casi, además, se pierde sobre el final.

Paso a los laterales. Advíncula es lo que es y felizmente está. Con casi cien partidos en la selección, lo que ha sumado a su conocida velocidad es temple y sabiduría de juego. Por la banda izquierda, López cumple el mismo rol de Trauco con piernas frescas y ritmo. No desentona. Pero la monotonía del rol hace que el rival ya sepa cómo marcar sus posibilidades de salida. Y lo anulan. 

Tapia es intocable en esta selección. A veces no tiene grandes partidos, pero no hay nada que lo supere. Y su rol es inmodificable: no tiene Perú un volante defensivo que juege a otra cosa. Cartagena y Aquino son calcos suyos. No existe un volante con salida, ni tranco largo, ni uno que rompa líneas desde atrás. Tenemos este tapón Tapia, que se mete entre los defensas, que empuja al equipo.  

A su lado, algo similar pasa con Yotún. El sistema está armado en base a él. De ahí la famosa frase “Si Yotún juega bien, Perú juega bien”. Es el corazón de la monotonía y, como tal, no se puede discutir demasiado su rol. Sin él en la cancha o jugando en otra posición, Perú podría cambiar. ¿Pero quién se atreve a modificar esa volante Tapia-Yotún que ha funcionado tanto?

Lo que hace diferente a Yotún es su anticipación, quite y salida rápida con pierna izquierda. Yotún debería estar valorado en millones de euros y jugando en una gran liga. Es quizás uno de los jugadores más infravalorados del continente. Pero esto tiene una razón: sus altibajos. Cuando está en una buena noche, es un diamante. Pero esto lamentablemente no pasa demasiado. Otra razón de necesitar variantes.

Arriba, Carrillo juega con licencias. Libertad y autonomía. Se confía en que siempre baja a la marca, por su maravilloso estado físico. Y siempre hace todo el recorrido de la banda. Es un doble lateral, un volante y hasta un delantero extremo. Analizado en fino, en lo táctico André es incuestionable. Pero, de nuevo, es eso lo que te da y se depende demasiado de su talento. 

Ante Uruguay, André no funcionó. Llegó tarde en todas sus decisiones, no encontró espacios para propiciar el pase de Yotún, no creó asociaciones finas con Cueva. Uruguay y los demás rivales lo conocen ya demasiado, y toda su magia es grandemente adivinada. Lo mismo pasa con Cueva, otro que juega libre y a ver si es que se activa su talento o no. ¿El azar? 

Luego estuvo Flores, que es el sacrificado. Como López (Trauco) y Yotún avanzan a la marca, el volante por izquierda (que a veces es Cueva y antes fue Polo) pasa a cubrir espaldas. De vez en cuando queda frente al gol. Hoy pasó y no tuvo fortuna, quizás por falta de ritmo. Pero regularmente, es un volante de ataque que cumple labores principalmente defensivas. El suyo es un trabajo asimétrico. 

Y adelante Guerrero. Si se usa a otro delantero sin sus características, Perú es insuficiente. Llámese Ruidíaz, Ormeño, o el que sea. Solo Farfán y Lapadula han podido emularlo. Trabajar una selección que se acostumbre a otro tipo de delantero sería imposible. Esto es lo único que no hay que cambiar de todo el esquema. Ahí, soltar a Lapadula es el hombre clave. Y juntar las manos.  

Los argumentos concluyen en una cosa: si Perú no encuentra variantes, es poco lo que va a poder hacer de cara a la clasificación. A Venezuela hay que ganarle, irán ocho puntos. Luego vienen Brasil, Chile y Argentina, rivales que conocen este esquema de memoria. Con suerte serán tres puntos, llegas a once. Luego Bolivia y Venezuela, asumimos seis puntos, llegas a diecisiete. 

Y todo se define frente a los mismos bravos de siempre: Colombia y Uruguay de visita; Paraguay y Ecuador de local. De esos doce en juego, mínimo se necesitarán siete adicionales para llegar a los dichosos 24 puntos. Y para lograrlo, Perú no puede cometer el delito de presentar el mismo equipo de siempre que ya todos lo conocen. Es momento de trabajar en variantes efectivas. 

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fútbol peruano, Gareca, Gianluca Lapadula, Paolo Guerrero, Perú

Ricardo Gareca es un Dios para el Perú, pero sufre de algunos demonios internos. Es un todopoderoso con pesadillas que lo atormentan de noche. Ha construido un texto bíblico de cómo tomar decisiones al mando de la selección peruana. Parecen firmes siempre, y están avaladas por su éxito. Pero al parecer sus demonios han tomado gran control de sus santas escrituras. 

El primer mandamiento de San Gareca es que él primero es un ex jugador y luego un entrenador de fútbol. Ahí, la lealtad por la historia del jugador, el sentimiento de grupo y el entendimiento de la psicología individual del futbolista son lo más importante. Desde ese lugar ha protegido a Cueva tantos años, a pesar de los excesos. O ha elegido y sostenido a algunos jugadores con bajo rendimiento. 

Y con esa visión de ex jugador, Gareca ha dejado en claro en una entrevista con Liberman hace algunos días, que a algunos jugadores se les trata de una forma y otros, pues de otra. Algunos son dignos discípulos y otros a veces ya no tanto. A algunos se les puede exigir más y a otros, simplemente menos. Eso se da por sus condiciones personales, orígenes, contextos. Para cada quien, un trato distinto.

Este es el origen de los demonios del Tigre Gareca. La falta de una lógica clara en su elección y planteamiento. Entran o salen jugadores del equipo sin ninguna o con muy escasa explicación o justificación. El testamento según Gareca no mantiene una lógica constante. Están los que no juegan, los medio lesionados, los de buen presente, los del Medio Oriente, los perdonados. Todos van o no, si él lo decide. 

Parecen lejos los días en que Gareca postulaba otros mandamientos. El fin de las argollas, que despidió a Vargas o Pizarro. La exaltación de los méritos pasados sin sustento en el presente. Chau Ascues o Ballón. La elección en base a quienes mejor juegan en su club y ligas competitivas, como fueron las apariciones de Cueva, Flores, Carrillo, Abram, Trauco y toda la nueva sangre. 

El primer y más grande demonio del Tigre es el León. Carlos Zambrano fue separado de la selección por primera vez en el 2015 tras una roja contra Chile en Copa América. Una patada innecesaria. Se le excluyó por cuatro años en el mejor momento de su carrera. Era un gran referente del Frankfurt de la Bundesliga. Sin explicación suficiente, la prensa adjudicó la decisión a la expulsión. Chau, sin asco.

Pasaron cuatro años y Zambrano había dejado Alemania para probar suerte en Rusia, Grecia, Suiza y Ucrania. No recuperó su nivel futbolístico y aun así fue convocado a la Copa América del 2019. De hecho, cuando eso pasó, Zambrano llevaba media temporada sin jugar en su club, el Dínamo de Kiev. El Tigre le dio la chance al León, en un rugido de auxilio, porque no encontraba dupla de centrales tras la extinción post mundialista de Ramos-Rodríguez.

Y es aquí donde vale preguntarse si es el jugador quien debe agradecer a Gareca por la oportunidad o si más bien se le debería agradecer al jugador por su buen rendimiento. Zambrano fue separado por desconfianza y traído de vuelta como salvavidas sin siquiera tener continuidad en su club. Gracias a su jerarquía se creó la última pareja de centrales sólida de Perú en la era Gareca: Zambrano-Abram. Después de él, la Biblia no ha encontrado una dupla segura. Y ha probado todas las mezclas posibles.

Ahora, Zambrano ha vuelto a ser separado por falta de confianza tras el codazo a Richarlison en Lima. Y no ha sido perdonado ni reincorporado a pesar que Perú es la peor defensa de las Eliminatorias con catorce goles en contra. De hecho el mismo jugador declaró no tener contacto con el comando técnico hace dos años. Y su presente es mejor que el del 2019: juega regularmente en Boca Juniors.

¿Vale jugar la clasificación al Mundial sin el mejor central del país disponible? Haciendo uso de un lento e impreciso Ramos, solo presente por su calidad de líder, o de un Callens procedente de un fútbol estadounidense donde se juega varios cambios por debajo del ritmo de las Eliminatorias. Con Abram aclimatándose a España, Santamaría es el único central con una realidad nivel selección. 

El otro gran ausente de la lista es Pedro Aquino. Es el volante defensivo titular del América de México, el equipo más grande y puntero invicto de la Liga MX. En lugar de Aquino se ha llamado a Cartagena, que dejó el fútbol argentino por Emiratos Árabes Unidos. A sus 26 años, se fue a una liga donde los jugadores van a retirarse, que es incluso inferior a dónde juegan Carrillo y Cueva.

La separación de Aquino sólo se explica desde alguna secreta indisciplina, aunque no hay información sobre eso. Es el capítulo apócrifo de la Biblia garequiana. Y si fuera el caso, por qué no trabajar de cerca en la psicología de una estrella cuyo valor asciende a siete millones de euros, como se hizo con Cueva. ¿Perú puede darse el lujo de separar a un volante de la categoría de Aquino? 

Otro jugador defensivo que no ha sido considerado es Miguel Araujo. Claro, pareciera que aquí Gareca aplica la falta del ritmo futbolístico. Araujo aún no se une al Emmen para iniciar la temporada, pues se encuentra en búsqueda de mejores ofertas para evitar la segunda división de Holanda. Sin embargo, sí están convocados jugadores en similar condición física, como Trauco, Flores o Peña.

Una más: Gareca no ha mandado ni una paloma mensajera a mostrar interés por Gustavo Dulanto. ¿Quién? Un defensa en plenitud a sus 25 años, que emigró el 2019 al Boavista de Portugal y ahora es el capitán indiscutible del Sheriff Tiraspol. ¿Cuál? El mejor equipo de Moldavia que hoy está a muy poco de convertir a Dulanto en uno de los pocos peruanos en jugar fase de grupos de la Champions.

El otro inmenso demonio de Gareca se llama Raúl Ruidiaz. Pero este lo es, muy por el contrario, por blindarlo. Hace algunos meses, cuando Lapadula despegó como el nuevo héroe de Perú, quedó claro que Ruidiaz debía despedirse de la selección. No jala marcas, ni siquiera estorba, no gira de frente al arco, no tiene portento físico, no hace goles, los volantes no le encuentran el pase, no aporta en la marca.

En números, Ruidiaz es el mejor delantero peruano en el exterior y es, al mismo tiempo, la peor opción peruana en ataque. En Estados Unidos su equipo es puntero, es el goleador del torneo y el jugador más determinante. Anota cada semana. Sí, todo eso. Pero fíjese un detalle: en cada gol que hace hay que ver como marcan esos defensas. El espacio que le otorgan y la libertad de movimiento para pensar, girar y posicionarse en el disparo. Compruébelo. 

Aún así, ya hace mucho que Ruidiaz es la Pulga del Tigre. Incluso es peor opción que Santiago Ormeño, la única gran ausencia celebrable. Este resultó ser un delantero trotón que no intimida a nadie. Un tipo carismático y bonachón que no aporta en nada al juego de la selección, igual que Ruidiaz. Sería mejor opción modificar algún versículo de la Biblia y probar alternativas nuevas. 

Ojo. Es muy probable que Ruidiaz juegue de arranque contra Uruguay e incluso Venezuela. Lapadula está sancionado y falto de fútbol. Guerrero frágil hace años que solo juega de suplente. Y en el banco está solitaria la Pulga, en esta lista de convocados incompleta y sin variantes. Una selección que demuestra todos los demonios que rodean a San Gareca: sus dudas, desdichos y preferencias. 

Como él mismo profesó en el versículo 10:2022 de la carta a los Uruguayos: un equipo debe jugar siempre mejor, pero jugando siempre igual. Ergo, las variantes no están contempladas. Palabra del Señor.

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Raúl Ruidiaz, Ricardo Gareca

Es momento de decirlo. No se ha jugado ningún partido con el argentino en la cancha. Aún no hace pared con Neymar ni con Mbappé, que lo mira de reojo. Tampoco un pase a profundidad para Icardi. Menos recibir de frente al arco un balón largo de Di María. Ni siquiera un panel o un tiro libre pateado. Messi aún no la toca, pero existe la posibilidad de que sea la peor decisión del siglo. 

Como negocio, es un éxito redondo. El PSG ha vendido en camisetas de Messi el precio de los dos años de contrato que deben pagarle al capitán argentino. En apenas días. Eso hace más inentendible la hipótesis de como el Barcelona perdió a su máxima estrella por razones económicas. ¿Cómo no puede ser posible mantener en el club a un jugador que paga su costo solo con venta de camiseta?

Pero el negocio está cerrado. Hay que ver con objetividad a lo que se enfrente este PSG en términos de logro deportivo. La temporada pasada, los parisinos perdieron la liga francesa contra un modesto Lille. La diferencia entre ambos equipos estuvo en la defensa. De hecho, el PSG anotó 26 goles más. Pero el Lille encajó cinco goles menos, y perdió cinco partidos menos también. 

En la Champions League le pasó algo parecido. Los goles no fueron un problema contra el Bayern Munich en cuartos de finales, hizo tres. Pero el equipo alemán anotó la misma cantidad y fue definido por el gol de visita. Ante el Manchester City en semifinales, se vio la mayor versión de errores defensivos. Un equipo mal parado atrás perdió ante un Guardiola que encontré cuatro goles. 

Como lo ha dicho Thierry Henry, el equilibrio es lo más importante en un equipo. El PSG mantiene a los tres centrales de hace cuatro temporadas: Marquinhos, Kehrer y Kimpembe. Dejaron ir al veterano Thiago Silva que los llevó a la final de la Champions League en el 2020, para traer ahora a Sergio Ramos, otro defensa veterano, que viene sacudido por lesiones. 

Una defensa que no se refuerza bien, pero un mediocampo defensivo que no se refuerza en absoluto. Verrati es el volante defensivo del equipo, el único. No hay competencia en ese ámbito. Y de hecho sus fuertes, son la distribución del balón, el pase y el dribleo. Incluso, en Italia es considerado un mediocampista mixto, y el jugador defensivo en la mitad es Jorginho.  

Pasa lo mismo con Leandro Paredes. En Argentina la gran discusión es cómo va a marcar la volante cada vez que Paredes es el defensivo, lo que abre la posibilidad que Guido Rodríguez alterne el puesto cuando hay un rival de mayor exigencia. De hecho, el argentino fue reconstruido en volante defensivo en el Empoli de Italia para poder jugar, equipo al que había llegado como enganche. 

Las otras opciones en esa parte de la cancha son el portugués Danilo Pereira y el senegalés Idrissa Gueye, dos volantes de menor prestancia. A ellos se ha sumado esta temporada Georgino Wijnaldum, un volante mixto cuyas principales talentos también se encuentran en la distribución del juego, como Verrati.

Es decir, en una lectura desde el ojo de un futbolero peruano, el PSG en la mediacancha está plagado de Yotún y no tiene nada de Tapia. De esto se quejaba el histórico defensa italiano Giorgio Chiellini cuando decía que el estilo Guardiola había arruinado a los defensas. El defensor central y el volante defensivo han ganado habilidades de pase y distribución, pero sacrifican habilidades de marca.

Todos los últimos campeones de Europa han tenido un volante ancla, defensivo. Kanté y Jorginho en el Chelsea. Kimmich, Goretzka y Thiago en el Bayern. Henderson y Fabinho en el Liverpool. Y Casemiro en toda las versiones del Real Madrid campeón. Busquets antes en Barcelona. Es una posición fundamental que trae una vieja frase futbolera a la conversación: dime cómo juega tu volante de primera línea, y te diré como juega tu equipo. 

Y qué tiene todo esto que ver con Messi, entonces. Pues, el énfasis de ataque que adquiere un jugador como ese en un equipo es inmenso. En sus incontables temporadas en el Barcelona, Messi ha jugado mejor y ha metido más goles cuando el equipo lograba recuperar el balón antes de la mitad de la cancha y empezaba a distribuirla para entregársela a él en tres cuartos para que defina.

Nunca ha funcionado con Messi que él sea un distribuidor del gol. Así que ponerlo detrás de dos puntas, o incluso colocarlo en la volante y poniendo tres delanteros por delante suyo, le resta protagonismo. Messi es el personaje principal de todas sus películas. Entonces hay tres lugares donde puede jugar. Como 9 con dos delanteros más a los lados, tirado hacia la derecha en una línea de tres, o siendo el segundo delantero de una dupla en ataque. 

Mbappé y Neymar, a menos que estén lesionados, van a jugar. No ponerlos es un shock emocional en la tranquilidad del equipo. Di María e Icardi serán los sacrificados e irán a la banca. En los decisivos, serán las tres estrellas adelante. Y ese esquema favorece a Messi, siempre que haya recuperación de balón para distribuir y el equipo no conviva únicamente del pase largo y el contragolpe. 

Algo que en sus mejores épocas era garantizado para Messi por defensores efectivos de alta jerarquía como Mascherano, Piqué, Puyol o Busquets. Y siempre que ellos no han estado, que ha sido muy poco, la frustración del argentino se ha visto evidente. De hecho, los últimos años de recuerdos de Messi en el Barcelona era la de un jugador solitario, disfuncional. O como en la peor Argentina.

El otro rol que Messi no va a cumplir es el de retornar a la marca. Nunca lo ha hecho. Neymar, gordo y ya entrado en los treinta, no está acostumbrado que sea su función de sacrificio en el club donde hasta ahora es rey. El príncipe Mbappé sería el sacrificado, pero tampoco es una función de la que sea muy ducho.

Con los tres arriba, o incluso si el técnico se anima a poner a cuatro galácticos, el PSG pierde retorno. Y va a requerir de mucho tiempo para elaborar. Se habla de que con Messi en París ya no hay excusas para ganar la Champions, pero en realidad hoy el Barcelona se percibe como un equipo más equilibrado. 

No solo el protagonismo ha quedado más distribuido en Cataluña. El Barça hoy, sin el diez, puede modificar el ataque para privilegiar otras formas de llegar al gol, como se vio contra la Real Sociedad. En centro al área tras jugadas por la banda, la profundización hasta la última línea, el contragolpe en un sistema más defensivo. Ya no solo la triangulación o la pelota al diez para la diagonal. 

¿Y si el Barcelona es más candidato a la Champions que el PSG?

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Barcelona, Leonel Messi, PSG
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