Efectivamente, se puede apreciar que hay más ciclovías en Lima. Pero lo que se aprecia, también, es que no todas se hacen siguiendo las mismas normas. Son diferentes de distrito a distrito, y muchas veces ni siquiera están conectadas. ¿Cómo se puede avanzar para que las ciclovías se habiliten correctamente?

Desde que se firmó el convenio con los alemanes, que fue el 29 de noviembre de 2021, hemos tenido un consultor puesto por ellos. Y todos los expedientes técnicos que hemos concluido cuentan con su aprobación. Tienen todos los componentes que debe tener una ciclovía de alta gama: medidas, conexiones, mobiliario urbano, componente semafórico, medioambiental, coordinación con los vecinos. Y puedo decir que estos primeros 96 kilómetros que se van a habilitar estarán en 20 distritos. Debieron haberse ejecutado este año, pero ha habido retrasos por temas administrativos que lamentablemente hubo.

En relación a lo que comentas, son ciclovías distritales, que han sido ejecutadas sin autorización. Los distritos no han enviado sus expedientes técnicos a la Dirección de Transporte No Motorizado para que les den el visto bueno, como es obligatorio. Lamentablemente, hemos visto que en algunos casos hasta las han pintado con el color del partido político al que pertenece el alcalde.

El caso es que es un problema recurrente. En muchos distritos se ven ciclovías que a simple vista no cumplen con ninguna norma técnica…

Eso es peligrosísimo. Yo te cuento: vivo en Chorrillos, y todos los días iba hasta mi oficina, en la Municipalidad de Lima, en bicicleta. Y hace un par de semanas, descubrí en Barranco, una ‘ciclovía’ que es realmente una burla. Tiene 200 metros, no tiene bolardos, no tiene medidas de seguridad, no tiene topellantas, ni la pictografía, ni señalización, nada. Así como esa, en mis recorridos veo ciclovías hechas por los distritos que no cumplen con las características técnicas. Y nosotros, en la Municipalidad de Lima, recibíamos todas las quejas. Hemos enviado oficios a los distritos, y a Fiscalización, para que corrijan. Pero no siempre lo hacen.

Las ciclovías que se ejecutarán con fondos de la cooperación alemana estarán en vías metropolitanas. 

¿No hay riesgo de que se caigan estos proyectos?

Hay un acuerdo marco y nueve anexos que la MML tiene que cumplir, obligatoriamente. La culminación tiene que ser en 2025.

¿Cuáles son los principales obstáculos para que se masifique el uso de la bicicleta y otras formas de transporte no convencional?

La falta de respeto al ciclista y de una cultura de seguridad vial, básicamente. Tenemos que lograr, a través de campañas masivas, educación y multas, es que todos los actores de la movilidad vivamos de manera civilizada. 

¿Y a quién le corresponde llevar esto a cabo?

Ese es otro de los inconvenientes. Acá, en Lima, las competencias están repartidas. Por ejemplo, los semáforos. Una parte de los semáforos la ve Protránsito, que pertenece a la MML. Otra, la ve el área de fiscalización que pertenece a la gerencia de movilidad urbana. Otra parte la ve la ATU, y otros, los distritos. 

¿Es iluso pensar que en Lima existan estas estaciones de intermodalidad que se ven en otros lugares, sitios donde por ejemplo uno puede dejar su bicicleta y tomar el transporte público?

Debería ser obligatorio. Pero actualmente, no. Es lo que decía antes: nosotros [desde la MML] promovíamos la intermodalidad, pero ahora está la ATU, las competencias están repartidas. El MTC, también tiene la competencia sobre la movilidad urbana. Ahora, esta es nuestra triste realidad. La Municipalidad de Lima debería tener [de nuevo] las competencias que siempre tuvo.

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Bicicleta, Lima, Sostenibilidad

¿Cuáles deberían ser las prioridades de la política exterior peruana en este momento?

Podría mencionar una agenda progresista en política exterior, cosas que creo que se deberían hacer, pero el momento no es el adecuado. Considerando las circunstancias, creo que el Perú debe impulsar una agenda de cooperación regional. Vimos lo de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) hace dos semanas, pero me pareció más discursivo que real.

¿Es realista proponer –como hizo el presidente Castillo– que Chile y Venezuela se integren a la CAN?

No es real. Y tampoco lo es creer que con eso se fortalecería la CAN, porque sus problemas son más profundos. Por ejemplo, algo que escuché en las sesiones que se dieron en esos días era que se repetía mucho la idea de hacer “reingeniería” de la CAN. Eso ya lo escuché en 2019 –cuando se reunieron por los 50 años–, en 2014, y varias veces más. Los problemas de fondo de CAN, ni se mencionaron: el mercado común fallido, los problemas institucionales. 

Yo creo que el Perú debería impulsar la integración regional. Claro, somos un país pequeño, no tenemos grandes liderazgos y hay dificultades internas. Tienes un gobierno tan cuestionado internamente, con debilidades, cuestionado a nivel judicial, con procesos de vacancia, con un presidente al que ni siquiera dejan salir del país… vamos a ver si el Congreso le da autorización para que asista a la asamblea general de Naciones Unidas. ¿Qué puedes hacer de política exterior en una situación así? Es muy difícil. Pero tendríamos de alguna manera que aprovechar el ‘cuarto de hora’ que tenemos, con una Alianza del Pacífico en la que tenemos cuatro gobiernos “de izquierda”, afines. También podríamos aprovechar el ‘cuarto de hora’ de la CAN.

¿La Alianza del Pacífico sigue siendo útil?

Yo creo que sí, desde que implica una red comercial entre los cuatro países [Perú, Chile, Colombia, México] y vinculación con el Asia-Pacífico. Y la Alianza del Pacífico, pese a que en los últimos años no ha tenido muchos avances, tiene cierto nombre y reconocimiento internacional. Habría que aprovechar este momento para ir más allá y pensar en lo que la Alianza del Pacífico se planteó en un inicio: la integración profunda. 

El Perú asumirá la presidencia pro-témpore de la Alianza del Pacífico el próximo año, por lo que coincidirá con la presidencia pro-témpore que acabamos de asumir en la CAN. Sería un buen momento para que Cancillería desarrolle un impulso en estos espacios, que son vitales para nuestros intereses.

¿Qué imagen está proyectando actualmente el Perú en cuanto a política exterior?

Una imagen bastante confusa, de una política exterior poco coherente, poco predecible. Estoy seguro que se ve con mucha preocupación a un gobierno que dice “estoy a favor de firmar el acuerdo de Escazú” y luego a su canciller diciendo “estoy en contra de Escazú”. 

¿Cómo se entiende que Rodríguez Mackay esté de acuerdo con “ceder soberanía” en el caso de Convemar y no esté de acuerdo con lo mismo en el caso de Escazú? 

Lo que pasa es que la discusión se ha planteado en esos términos, y no debería. En Convemar no se cede soberanía, porque la tesis de las 200 millas [de mar territorial] ya no existe, era parte del antiguo derecho del mar, y no del nuevo. Nadie más lo reconoce. Y tampoco en el caso de Escazú se estaría cediendo soberanía. Es nefasto plantear el debate en esos términos. 

Lo de Escazú es lamentable: en el transcurso de dos semanas tanto el ministerio de Justicia como el Minam prácticamente desdijeron al canciller. Y este se cerró, e insistió en que su posición representaba al Estado peruano. ¿Y el presidente Castillo? ¿Dónde estaba? En un momento pareció que se había comprometido con Escazú.

¿En situaciones como esta, qué papel debería jugar el Congreso?

En el Perú, los congresos no han tenido históricamente un papel muy fuerte en política exterior. El Congreso participa poco en el diseño de las políticas. Pero en estas circunstancias, estamos viendo como desde el parlamento se están utilizando todas sus herramientas, empezando por la comisión de relaciones exteriores, para cuestionar al gobierno.

Al inicio de este gobierno se temía un acercamiento a Venezuela, pero este no se ha dado, a pesar de que Maduro le ha tirado algunas flores a Pedro Castillo. ¿Le ha sorprendido eso?

El gobierno ha intentado mantener relaciones con todos los frentes. Ha tratado de quitarse el sello de marxista y chavista. Se ha reunido con todos: con Estados Unidos, con México, con Bolsonaro en Brasil, con Guillermo Lasso. Puntualmente, el Perú trató de mantener un papel activo en la crisis venezolana. Incluso se propuso como sede alterna a México para las negociaciones entre el gobierno venezolano y la oposición. Se mostró muy interesado en tener un papel en ese escenario de negociación. Pero todo eso se ha detenido, para bien y para mal. Para bien en el sentido de que no hemos tenido una relación muy cercana con Venezuela; y para mal porque el Perú dijo que quería tener una política más activa al respecto, quizás recuperar el liderazgo en su momento, en el grupo de Lima.

¿El grupo de Lima todavía existe?

Ahora mismo no tiene ninguna relevancia, casi podría decirse que no existe. En la medida de que se trata de un foro informal, no institucional, si los participantes no se reúnen, no existe. Y hace tiempo que no hay reuniones. Eso no es solo culpa del Perú, aunque sí se puede decir que quizás nos faltó hacer más pedagogía. Incluso desde Estados Unidos ha habido críticas muy severas al Grupo de Lima. No ha cumplido su labor, y al final terminó perdiendo legitimidad y fracturándose.

Otro tema sensible es la protección de los peruanos en el extranjero. ¿Cómo calificas la actuación del Ministerio de Relaciones Exteriores en caso de Rodrigo, el connacional que fue detenido en Indonesia y terminó muerto?

Fue muy mala. Quedó evidenciado en el primer comunicado que sacaron: poco empático, frío y prácticamente no hacía referencia a la muerte de un connacional en circunstancias muy extrañas. Además, asumió por completo la versión oficial de las autoridades indonesias. No hubo intento de investigación, de ver qué hubo detrás, y eso denota grandes vacíos y falencias a nivel consular. Luego se intentó corregir, pero no dudo de que haya sido una de las razones, una de las tantas rayas al tigre que derivaron en la salida del canciller. 

El viraje hacia la izquierda que se está dando en los gobiernos de toda la región, y que posiblemente se dé también en Brasil [con un eventual triunfo de Lula]… ¿Cómo crees que va a influir en la región y su manera de relacionarse con el resto del mundo?

Cuando se habla de este ‘viraje’, que creo que efectivamente se está dando, se le compara con el viraje que se dio a inicios de este ciclo, la ‘ola rosada’. Este, además, parece que va a ser más profundo, porque se está abarcando más países, como Chile e incluso el Perú. Pero ahora las circunstancias del mundo y de la región son distintas. La ‘ola rosada’ de hace 20 años se dio a partir de un boom del precio de los commodities y de la demanda de China por nuestros productos. Los gobiernos de izquierda de entonces se subieron a una ola de bonanza económica que les permitió aplicar políticas redistributivas, presencia del Estado y mucha inversión pública. Ahora será distinto.

Ahora, tendremos una izquierda sin plata.

Así es, y por eso los resultados que estamos viendo, por ejemplo, en Chile, donde Gabriel Boric rápidamente se está desinflando. En pocos meses estamos viendo ya protestas allí, y un gobierno cuya popularidad está cayendo. Probablemente pase algo parecido con Petro en Colombia. Le va resultar difícil a estos gobiernos satisfacer las demandas que explican su llegada al poder, demandas que nacieron en la calle y en protestas que tomaron años. Y ahora estamos saliendo de una pandemia horrible, con economía que no van a levantar, con crisis logística, energética, alimentaria… Yo creo que las demandas del corto plazo van a terminar agobiando a estos gobiernos que buscan reformas estructurales.

¿Qué piensa que sería lo mejor que le puede pasar al Ministerio de Relaciones Exteriores, luego de la salida de Rodríguez Mackay?

No sería mala idea que alguien de la casa asuma el liderazgo, para bajar el sinsabor que ha dejado este lapsus, que duró un mes. Creo que hay buenos cuadros, jóvenes, que han cumplido papeles importantes en los últimos años. Eso daría cierto respiro. Cancillería no es un ministerio al que le guste estar en el centro del escarnio público. Y ahí han estado estas semanas. O, en todo caso, si se nombra a una persona ajena a Cancillería, que trate de seguir con lo que se ha venido haciendo. Que conozca el funcionamiento del ministerio y que sepa como funciona la política exterior. Uno no puede mandarse a hablar de Convemar así nomás, por más que estés de acuerdo. Una cosa es lo que piensas como académico y otra lo que tienes que hacer como político. Se debe conocer un poco más las artes de la política exterior.

**Fotoportada por Darlen Leonardo

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análisis político, Cancillería, Gobierno, Pedro Castillo, Rodriguez Mackay

¿Pero usted ve factible que en un futuro cercano las universidades públicas puedan volver a unirse en una sola asociación?

Todo depende de las personas. Si se dan algunos cambios, es posible. Podríamos reagruparnos, sí, dejando de lado los intereses particulares y personales y viendo en la institucionalidad.

¿Cuáles son esos intereses personales?

Justamente esto de lo que estamos hablando, de la ley de la falsa autonomía universitaria. 

¿Eso responde a intereses personales?

Aparentemente, hay universidades que no son licenciadas y son muy poderosas. ¿No cree usted que puede darse una recomposición del consejo directivo de la Sunedu, y que ahí se vean estas cosas, y estas universidades vuelvan? Para nosotros, eso es motivo de preocupación.

¿Y por qué una universidad con el prestigio San Marcos, y otras como La Cantuta, se prestarían al juego de un grupo de universidades privadas no licenciadas?

La verdad, no hablo de San Marcos ni de la Cantuta. Debería hablar más de la AUNAP, no de la ANUPP.

Cambiando un poco de tema: ¿Cómo ven el proyecto del gobierno para el supuesto ingreso libre a las universidades?

En este momento, en el fondo, no es ingreso libre. Lo que habrá es un equipo de estudiantes de alto rendimiento que serán preseleccionados y van a entrar a cada universidad. Se les dará un ‘ciclo cero’, equivalente a una pre. Todo ellos, obviamente, entrarán con un presupuesto adicional. Pero el ingreso libre, en su verdadera magnitud, en este momento es imposible de realizar, por el presupuesto reducido que tiene la universidad. Eso involucra infraestructura, equipamiento, movilidad, docentes, etcétera.

De otro lado, si fuera ingreso libre, abierto, entonces habría que evaluar lo que pasa en otros países. Por ejemplo, Argentina, donde la tasa de deserción es muy alta. Tendríamos que modificar todo el sistema. Pero acá, en nuestro país, el término ‘ingreso libre’ se está utilizando, pero al final se trata de darle facilidades a un grupo de estudiantes de alto rendimiento que no tienen las condiciones económicas para acceder a la universidad.

¿Y ese presupuesto adicional, ya lo tienen?

No. El presupuesto adicional dependerá del número de estudiantes que irían a cada universidad. Ese número no lo tiene todavía el ministerio, por lo menos hasta donde sé.

¿Qué le responde usted a quienes afirman que las universidades peruanas están sometidas a intromisión política?

Bueno, en mi universidad no hay intromisión política. Esta entrevista la estamos dando con libertad. Y nuestros comunicados como AUNAP los hemos sacado con total libertad. Justamente las universidades son los únicos espacios donde se puede con toda libertad hablar, comentar, sugerir, siempre dentro de la ley. 

San Marcos se ha sumado como litisconsorte en el proceso de amparo contra la ley de ‘autonomía universitaria’. ¿Se sumarían también las universidades agrupadas en la AUNAP, para reforzar la posición contraria? 

Vamos a reunirnos para verlo. Pero tengo entendido que no hay necesidad, porque ya hay suficientes  equipos que se están oponiendo a la mal llamada ley de autonomía universitaria. Sin embargo, lo conversaremos a su debido momento, en una asamblea.

¿Cómo evalúa el nivel de compromiso del gobierno con la universidad peruana?

No sé cómo será con el nuevo ministro [Kurt Burneo], pero los anteriores ministros de economía no han querido darle a cada universidad el presupuesto apropiado. Tenemos serios problemas presupuestales, y mucho más en estos tiempos de pandemia, en los que los recursos directamente recaudados ni siquiera llegan al 30%. Hemos presentado nuestras demandas adicionales y el MEF es indolente, no otorga. Pedimos que nos dejen usar las partidas que tienen ‘candados’, esas en las tenemos recursos, pero no nos dejan usarlos ni moverlos a otras partidas. El año pasado pedimos y ni eso nos dejaron utilizar. Y luego nos dicen que no tenemos capacidad de gasto. Las universidades sí tienen capacidad de gasto, lo que pasa es que hay recursos que no nos dejan utilizar

¿Sin esos recursos adicionales, la iniciativa del ‘ingreso libre’ tampoco sería practicable?

Ah, por supuesto. Si no hay recursos, simplemente la universidad no aceptará a ni un postulante más. Pero bueno, en las conversaciones que hemos tenido con el Minedu, siempre respetuosas, se nos ha dicho que eso va a venir con un presupuesto. 

**Fotoportada por Darlen Leonardo

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AUNAP, SUNEDU, universidades

Actualmente, a los trabajadores peruanos se les descuenta el 10% de su salario para aportar al fondo de pensiones. ¿Eso ya no se descontaría?

Se podría descontar, siempre que haya un mecanismo equivalente para todos los trabajadores contribuyan a su pensión. Me parece que la mejor forma es a través del impuesto a la renta. Me puedes replicar que los informales no pagan impuesto a la renta. Pero si vas cambiando la estructura de incentivos poco a poco, a lo mejor logras bajar la informalidad gradualmente. ¿Por qué Chile tiene una informalidad de 25%? Porque su sistema es menos perverso y causa menos distorsiones que el de ustedes. Hay países que han logrado reducir la informalidad en 50 o 60 puntos, yo no veo por qué el Perú no lo puede hacer. Lo que tienen que hacer es poner las leyes y los incentivos en la dirección para que eso ocurra. Y eso no está sobre la mesa ahora.

¿A quién hay que convencer para que eso pase?

A todos. Hay que sentarse alrededor de la mesa y plantear: ¿Por qué lo que legislamos hace 60 o 70 años ha fracasado? Reconozcamos eso, no es culpa de nadie. Así se veía el mundo antes y esa visión ha demostrado ser errónea. Si seguimos con ella, seguiremos igual. Pero hay posibilidades de cambio y hay que explorarlas. Tenemos muchas lecciones aprendidas. Solíamos pensar, hace digamos 25 años, que la informalidad era porque la gente no tenía educación. Pero esa historia ya no la podemos contar ahora, porque en las últimas tres décadas América Latina ha mejorado la calidad de la educación, y también la cantidad. Y la informalidad no ha cambiado. Entonces, no se trata de eso. El problema es de regulación laboral, de seguridad social, tributario. Todas esas normas que generan estas conductas.

¿La cultura del emprendedurismo tiene que ver también en esto?

Diferentes individuos tienen diferentes talentos. Hay gente con talento para tomar riesgos y ser creativa, y hay gente que no. Lo que yo sé es que en el Perú hay demasiadas empresas. Muchas personas se están desempeñando como “emprendedores” porque se les cerró la puerta a tener un empleo formal productivo.

Ustedes tienen, aproximadamente, tres millones de empresas. ¿Sabes cuántas empresas hay en Estados Unidos? Son como ocho millones. Y el Perú tiene el 1/100 del PBI de Estados Unidos. El 95% de las empresas peruanas debe tener menos de tres trabajadores. ¿Cuántas economías de escala se consiguen ahí? ¿Economías de alcance? ¿Cuánta capacitación laboral ocurrirá en esas empresas? ¿Innovación tecnológica? ¿Qué costo paga el Perú, en términos de productividad, por tener el talento y el esfuerzo de millones de trabajadores en esas empresas? Es altísimo. Y en la parte de inclusión social, este sistema no genera un sentimiento de pertenencia, de que todos somos parte de un esquema que nos protege.

No es un sistema solidario…

El capital social que se genera con esto es muy poquito. Más bien genera una cultura de oportunismo. Como el Estado me da poco, yo trataré de sacarle todo lo que pueda y darle poco a cambio. Estamos muchos años en un círculo vicioso, este no es un tema solo del Perú. Yo soy mexicano y en mi país la situación es igual. ¿A quién tenemos que convencer de que se puede cambiar? A nosotros mismos, primero.

¿Y se ha avanzado en ese camino?.

Me cuesta trabajo juzgarlo yo mismo. Lo que creo es que la gente se está dando cuenta de que lo que tenemos no funciona. Y eso es un avance. No podemos seguir con la pretensión de decir que este tema pasa por estabilizar la macroeconomía. Eso podíamos decirlo hace 25 años. En eso se ha avanzado, en la idea de que efectivamente este es un problema diferente. No estamos todavía en el punto en el que la mayoría de la gente que está en las políticas públicas se ha convencido de que hay que transitar a la universalidad. Pero Roma no se hace en un día.

**Fotoportada por Darlen Leonardo

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Economía, Informalidad, santiago levy, Trabajo

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El problema, en cualquier caso, es complejo. Y el panorama es deprimente: un sistema político dañado, que necesita urgentes reformas, pero no tiene los incentivos para reformarse a sí mismo. Un país que se está acostumbrando a entender la política como pura confrontación; que entiende el voto como una forma de sanción, que vota con cólera y no con esperanza; que no se tomó en serio la construcción de una clase política, dejó que esta se llene de bribones y personajes mediocres, y ahora no encuentra la forma de liberarse de ese virtual secuestro.

En la práctica somos rehenes de una clase política a la que elegimos sin convicción, con los dedos tapándonos la nariz, conscientes de que estábamos eligiendo lo menos malo entre lo peor. Pero, sobre todo, somos un país que ha perdido el entusiasmo, que ya no espera nada de la política. No debe sorprendernos ahora que nuestros captores se aferren a sus posiciones de privilegio, y que esto les resulte sencillo. Nadie vislumbra que pueda haber un cambio que prometa un futuro mejor, y por eso casi nadie se la juega. Por eso sacar a los que están ahora no va a ser fácil, y que se vayan todos es imposible: cuando estos se vayan deberán ser reemplazados por otros. Difícilmente esos que lleguen después serán mejores que los que tenemos ahora, a menos que nos reconciliemos con la política y nos preocupemos por construir, ahora sí y de una vez por todas, una clase política decente.

Pero eso no ocurrirá mañana, ni pasado mañana. Por ahora, deberíamos darnos por bien servidos si encontráramos un liderazgo que entusiasme, genere esperanza, inspire, que una y no divida. Que busque trascender y no solo sobrevivir. No nos engañemos: tal como estamos ahora, hasta eso parece difícil.

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sistema político

DE BAJA, POR LAS DUDAS

Pero si Mi bebito fiu fiu es efectivamente una parodia, ¿por qué se la bajaron de Spotify? Erick Iriarte explica que las plataformas digitales pagan por derechos de autor, monitorean permanentemente los contenidos que se publican en ellas y ‘dan de baja’ los contenidos que pueden atentar contra los derechos patrimoniales, incluso antes de que presente un reclamo concreto. Esta es una forma de ‘curarse en salud’ ante posibles demandas posteriores, en el marco de un protocolo que en Estados Unidos se conoce como ‘notice and take down’ (que se podría traducir como ‘dar aviso y dar de baja’).

En estos casos suele aplicarse la normativa estadounidense debido a que muchas de estas plataformas digitales están asentadas en ese país y se someten a su legislación.

“Ante el reclamo de un usuario, la plataforma [YouTube, por ejemplo] tiene que retirar el contenido si no quiere caer en responsabilidad, entonces tiene todos los incentivos para actuar rápido”, complementa Óscar Montezuma. “Pero, justamente como actúa rápido, el análisis no puede ser tan exhaustivo, como para determinar que un contenido es parodia, y se dan estos problemas”.

El caso es que, en el Perú, no existe una figura similar al ‘fair use’, a la que se puede apelar en el sistema de ‘copyright’ estadounidense y de otros países anglosajones. “En los sistemas de derechos de autor europeos continentales y latinoamericanos –explica Montezuma–, lo que tienes es una regla que dice ‘nadie puede tocar, a menos que pidas permiso’ y un ‘set’ de excepciones que son muy literales, taxativas, es decir, tienen que cumplirse al pie de la letra. Así funciona nuestro sistema. En los sistemas anglosajones existe esta figura [el ‘fair use’], que en buena cuenta es una suerte de defensa judicial, porque se activa cuando alguien te denuncia, cuando alguien argumenta que se está cometiendo un plagio o un uso no autorizado. En ese momento puedes activar esa defensa y decir: ‘yo no cometí una infracción, lo que yo hice fue una utilización razonable, sobre la base de cuatro criterios, que analizará el juez’. Esto le da a los jueces libertad de interpretación”.

Sudaca se contactó con el área de comunicaciones del Indecopi para solicitar una opinión especializada sobre este tema del organismo estatal encargado de velar por la protección de los derechos de autor en el Perú. Sin embargo, al cierre de este informe no obtuvimos respuesta.

Por lo pronto, da la impresión de que el insospechado hit de Tito Silva será, a fin de cuentas, un éxito compartido. A tenor de lo que dice la norma, los otros padres y madres de Mi bebito fiu fiu –incluida Zully Pinchi– tienen derecho a una compensación económica, incluso en el hipotético caso de que Silva no genere ingresos por su adaptación. Es un bebito con varios progenitores, y llegó con más que un pan bajo el brazo.

 

 

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GRAN NEGOCIO, GRANDES RIESGOS

Los casinos y tragamonedas fueron parte de ese paquete reformista, que buscaba abrir más espacios para la inversión privada y ofrecía a cambio una reducida o inexistente regulación. Por ese lado, es innegable que la idea funcionó. Actualmente, existen en el Perú 17 salas de casino y 713 salas de máquinas tragamonedas, según cifras oficiales del Mincetur. A ellas habría que sumar los establecimientos informales y las máquinas ilegales que, por lo menos hasta hace unos años proliferaban por todo el país, antes de que se popularizaran los juegos en línea. Tampoco se puede negar que han generado mucho empleo: cuando la pandemia obligó a cerrar las salas de juego durante más de un año, sus trabajadores salieron a reclamar y bloquearon la Vía Expresa. En esa ocasión sus voceros aseguraron que era importante reabrir pronto las salas, porque eran unos 85,000 puestos de trabajo los que estaban en riesgo.

Sucesivas leyes han intentado poner algo de orden y regular este negocio que tiene varias externalidades negativas: ofrece oportunidades para el lavado de dinero, sinergias con actividades ilícitas y causa ludopatía. Esto último no es menor: las apuestas sin control son un auténtico problema de sanidad pública que no se está enfrentando con la seriedad debida. Estudios internacionales señalan que la prevalencia de ludopatía en una población asciende a 1.8%, señala Carlos Bromley Coloma, especialista de la Dirección de Salud Mental del Ministerio de Salud. “Pero esos datos pueden estar desactualizados”, advierte. Otras fuentes señalan que la prevalencia puede estar entre 1% y 3%. Aun así, si damos por buena la cifra de Bromley, estaríamos hablando de no menos de 400 mil peruanos que podrían tener algún grado de adicción al juego. Sin embargo, al 8 de junio de 2022, el registro que lleva el Mincetur de personas prohibidas de acceder a casinos y tragamonedas apenas tiene 1,274 personas. Es voluntario, y casi nadie se apunta.

Tenemos poca evidencia a la mano, pero la que tenemos da cuenta de un preocupante incremento de los casos de ludopatía entre la población peruana. Según Carlos Bromley, hace pocos años los establecimientos de salud del Minsa atendían un promedio de entre 800 y 900 pacientes por adicción a las apuestas. El año pasado la cifra se multiplicó por tres: fueron 2,710 personas, y en lo que va de este año van 775. Estas cifras, admite Bromley, dan cuenta de un subregistro: hay muchos más ludópatas, y los que llegan a la consulta médica son, generalmente, los que ya lo han perdido todo, están endeudados o arruinados.

Llama la atención, también, la presencia de niños que son llevados por su padres, y que generalmente juegan a través de algún adulto. En 2021 fueron 117 niños y 1,120 adolescentes. Y en lo que va del 2022, han sido atendidos 62 y 268, respectivamente. Aunque sea como hipótesis de trabajo, cabe preguntarse si este en este incremento de la prevalencia de casos serios de ludopatía, sobre todo entre la gente más joven, tiene algo que ver el aluvión de publicidad de casas de apuestas en los medios de comunicación, así como la normalidad con la que ahora se aborda el tema, sin distingo de horarios ni advertencias de ningún tipo. Al respecto, Bromley considera que la publicidad de estos negocios debería estar sometida a restricciones similares a las de otros productos que representan potenciales riesgos a la salud pública, como el tabaco y las bebidas alcohólicas. Pero, al menos de momento, esa regulación en el Perú aún no existe. En lo que se refiere a las apuestas deportivas, no hay nada siquiera parecido a los octógonos que alertan sobre los riesgos de consumir ciertos alimentos.

Casos Minsa ludopatía

El perfil típico del ludópata, explica Bromley, es un varón joven (en comparación, las mujeres empiezan a apostar mucho después). El estrés y la presión social de grupo son dos factores determinantes para que las personas incursionen en el mundo de las apuestas. Queda claro que la forma tan natural y carente de advertencias con que se aborda este tema de un tiempo a esta parte puede terminar agravando un problema de salud pública. Ya no se considera inmoral apostar, y eso está bien. Pero quizás habría que poner un poco de paños fríos: que ‘poner todo’ por tu equipo o tu selección no se convierta en una frase literal. Que siga siendo una alegre alegoría

 

 

(*) Un especial agradecimiento a mis amigos Miguel Villalobos y Jerónimo Pimentel, que aportaron referencias que ayudaron a enriquecer este texto.

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Casa de apuestas, Minsa
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