Si el gobierno de Sagasti no logra disponer la logística sanitaria necesaria para enfrentar el rebrote o la segunda ola del Covid19 que se halla en ciernes, y si además tampoco logra remediar el desastre administrativo heredado de Vizcarra respecto de la compra de las vacunas (que ya llegan a buena parte del planeta menos al Perú), va a tener serios problemas de gobernabilidad.

La segunda ola lo puede encumbrar, si la maneja bien, pero si no, le dará argumentos casi irrefutables a quienes aun conspiran para sacarlo del poder y colocar a alguien más cercano a la restauración derechista que representó Manuel Merino (el que, a la postre, no era otra cosa que una reedición emergente del espíritu fujiaprista del Congreso anterior).

Resulta francamente inaudito que se vuelva a repetir el escenario de los meses de abril, mayo y junio, con hospitales colapsados, sin unidades de cuidados intensivos, sin médicos a mano o sin oxígeno. En su momento, se indicó, mentirosamente, que la logística médica mundial había colapsado y que eso hacía imposible proveer los insumos necesarios. Si antes fue una antojadiza versión explicatoria, hoy sería una chapuza punible.

Lo mismo sucede con las vacunas. Cuando leemos que países como Bolivia, para mencionar uno cercano a nuestra realidad, ya tiene contratos firmados y suministro asegurado, indigna ver a la ministra de Salud, Pilar Mazzetti, quien ocupa el cargo ya el tiempo suficiente para haber previsto el tema, enredarse en explicaciones que más suenan a excusas negligentes que a razones fundadas.

El tema es doblemente grave, porque si la situación de la pandemia se complica y repetimos las escenas apocalípticas de mediados de año, el gobierno seguramente, ante la incapacidad de manejar con finura estratégica el tema, recurrirá a un confinamiento irracional.

Si ante la sola reaparición del problema, el Ejecutivo es capaz de medidas tan absurdas como prohibir, con soldados enfundados en armas de largo alcance, el acceso a las playas, o de establecer cuarentenas a todos los ciudadanos que lleguen al país, no queremos ni imaginar los grados de irracionalidad punitiva a los que podría llegar en caso la crisis se acreciente.

Y si eso ocurre, además del problemón político en el que embarcará al régimen, nos hará despedirnos del rebote económico previsto para este año. Tendremos recesión dos años seguidos, con el inmenso costo en vidas que eso genera y el brutal empobrecimiento de la sociedad peruana.

Si desea recibir noticias de SUDACA haga clic aquí para registrarse a nuestro Newsletter.

De los casi seis millones de venezolanos que han salido de su país producto de la demencia ideológica perpetrada por el chavismo y sus seguidores, casi un millón ha recalado en nuestro país.

De arranque debe decirse que desde esta columna no nos lamentamos de esta migración. Creemos que es positiva para el país, que el Perú debería ser, como siempre ha sido, destino de comunidades foráneas que luego terminan perfectamente asimiladas a nuestra cultura (véase la migración africana, china, japonesa o italiana).

La inmigración irriga y enriquece a un país, no lo contamina y mucho menos lo empobrece. A la postre, más allá de los problemas logísticos que pueda suponer un influjo masivo como el que se ha producido acá, la llegada de miles de extranjeros que buscan labrarse un porvenir en nuestras tierras debe ser saludado.

Por ello es que resulta cuestionable, moral y políticamente, que el gobierno peruano se haya desentendido del problema inmenso que ha supuesto para la comunidad venezolana la llegada de la pandemia. Vizcarra no los incluyó en ninguno de los programas de asistencia económica y muchos de ellos, dada su situación legal irregular ni siquiera pueden acceder a la salud pública viéndose obligados a costear atenciones privadas sumamente onerosas.

Es menester que se les incluya en el programa de vacunaciones que se iniciará este mes según ha anunciado hoy, al inicio de la tarde, el presidente Sagasti. Y ahora que se avecina la segunda ola y probablemente ello lleve al Ejecutivo a congelar nuevamente cierto sector de la actividad económica y se requiera nuevamente de entrega de bonos, es preciso alzar la voz para que en ese bolsón de beneficiarios también se incluya a los venezolanos afincados en el país.

Se debe acelerar las labores de reconocimiento legal del status migratorio de la comunidad de venezolanos. Es de interés estratégico del Perú que sea una migración definitiva, que se afinque en el país, y por ende se debe otorgar la mayor facilidad para que se normalice su situación legal y puedan así trabajar, estudiar o realizar cualquier trámite legal sin problemas.

Resulta inadmisible, además de contraproducente, dejar librados a su suerte a un millón de persona que radican en el país, así no sean connacionales. El virus y sus consecuencias no distinguen pasaporte ni documento de identidad.

 

 

Si desea recibir noticias de SUDACA haga clic aquí para registrarse a nuestro Newsletter.

El caso de la ciudadana Ana Estrada, quien clama porque le permitan disponer dignamente de su vida, no es solo un caso de dignidad sino también de la más íntima libertad.

La vida humana es el bien más preciado no sólo ética sino también legalmente. El mismo respeto debe existir, por ende, porque exista libertad para disponer de ella cuando uno, el dueño de la misma, así lo decida.

Víctima de una enfermedad degenerativa y autoinmune, ella considera que el tipo de vida que puede llevar -absolutamente dependiente, sufriente y limitada- no corresponde a sus deseos humanos de sobrevivencia y desea que le permitan morir por propia decisión.

El caso ha llegado a los juzgados. Luego de una larga lucha, Ana Estrada logró que la Defensoría del Pueblo la acompañe presentando una acción de amparo ante Jorge Ramírez Niño de Guzmán, titular del 11 Juzgado Constitucional de la Corte Superior de Lima, quien ha declarado que resolverá en tiempo razonable.

Invocamos un sentido de justicia superior y por ello hacemos votos para que el magistrado calibre la real dimensión no sólo jurídica sino moral del amparo presentado. Al final de cuentas, debe recordar el juez, el derecho no es una abstracción teórica sino una herramienta ética.

No hay precedente legislativo en el Perú y en el mundo subsiste intenso debate respecto de este derecho humano. Será motivo para lograr que al menos en esta materia, nuestro conservador país se ponga a la vanguardia y se convierta en ejemplo mundial de respeto a las libertades más básicas y a uno de los más humanos de los derechos.

Ojalá nuestra legislación y quienes son llamados a interpretarla sepan ponerse a la altura de las circunstancias. Y ojalá la sociedad entera vea en este caso toda la hondura compleja y moral que implica la vida humana. La lucha incansable de Ana Estrada debe ser la de quienes creen en las libertades y en la defensa a ultranza de la dignidad humana.

La labor maravillosa y heroica que hasta el momento ella ha librado ya merece inmenso reconocimiento. Su lucha ha dignificado su vida y la nuestra.

Si desea recibir noticias de SUDACA haga clic aquí para registrarse a nuestro Newsletter.

Hay una pregunta que los periodistas van a tener que agregar en sus habituales listados para los candidatos presidenciales de la derecha peruana, y es qué opinan del autócrata Donald Trump. Va a ser la mejor manera de distinguir a los liberales de aquellos que pretenden disfrazarse de tales cuando no es si no una vocación autoritaria y conservadora la que los identifica.

Así como legítimamente se le inquiere a la izquierda por Maduro o el chavismo y resulta una buena prueba ácida de las reales convicciones democráticas de sus portavoces (quienes, en lugar de quejarse de la pregunta deberían entenderla y responderla), a la derecha hay que someterla a idéntico test.

La derecha liberal es antizquierdista por principio. No comulga con el estatismo económico que la caracteriza y no tiene, por ende, vaso comunicante alguno con ella. Pero ello no hace que todo antizquierdista devenga en liberal automáticamente.

Un sector creciente de la derecha global y peruana se ha ido acercando a variantes autoritarias en lo político, mercantilistas en lo económico y ultraconservadoras en lo moral, que de liberales no tienen un pelo. En su versión más delirante, como la de los seguidores de Trump, esta derecha cree que estamos siendo víctimas de un plan siniestro global de la izquierda planetaria, que quiere acabar con Occidente. Basta rascar un poquito en las reales convicciones de estos derechistas para darse cuenta de su perfil medieval. Para ella la Ilustración ya fue, al parecer, una revuelta antioccidental y brutalmente llama neomarxismo prácticamente a cualquier pensamiento complejo que no se esfuerza en entender.

Esta derecha ultra no debe ser vista como un fenómeno folklórico al que se mira con sorna. Es muy peligrosa, es un riesgo para las libertades y para el pleno despliegue del tipo de capitalismo democrático que un país como el Perú necesita. Si ha puesto en jaque a la democracia estadounidense, sería perfectamente capaz de destruir la precaria institucionalidad nacional.

Por supuesto, esta derecha tiene todo el derecho del mundo de existir, de expresarse y de pretender ganar el favor popular en un proceso electoral, pero lo que merece denuncia ostensible es que se quiera disfrazar poniéndose ropajes ideológicos impostores.

Se le debe combatir desde sus gérmenes. Y esta campaña electoral debe servir para denunciar su intento de infiltración en diversas candidaturas presidenciales y parlamentarias. No hay que dejarla pasar.

Si desea recibir noticias de SUDACA haga clic aquí para registrarse a nuestro Newsletter.

Si a Sagasti le va bien, crecen las posibilidades electorales de Julio Guzmán, candidato del mismo partido. Si al actual Presidente le va mal, afectará significativamente las naturales expectativas del candidato morado.

¿De qué depende de que a Sagasti le vaya bien? Básicamente de dos temas, que ya están siendo suficientemente álgidos: la llegada de las  vacunas y el desborde social. Lo primero no es culpa suya, sin duda, sino más bien de la mediocre gestión ejecutiva de Vizcarra, pero la opinión pública mira con atención qué solución le va a dar al problema. Si llegamos a enero o febrero sin luz en el horizonte, el descrédito va a ser mayúsculo. Y si encima sobreviene una segunda ola, mejor que Guzmán vaya pensando en buscarse otro empleo que no sea el de candidato.

Respecto de la protesta social, puede haber algo de manipulación de algunos partidos de izquierda, pero no explican el problema. Hay embalse de expectativas y las calles son el mecanismo para resolverlas. Si el gobierno no dispone los adecuados canales de diálogo y en los casos que sea necesario, no dispone una correcta represión policial, el tema puede escapársele de las manos y provocar una crisis política suficientemente poderosa para arrastrar con ella las tasas de aprobación a la gestión gubernativa.

Sagasti está recibiendo fuego cruzado tanto de la derecha como de la izquierda (lo que, de paso, le hace la campaña a los morados), pero lo cierto es que hasta el momento, en los dos frentes señalados, se juega el todo por el todo. Se espera que Mazzetti enmiende los groseros errores cometidos y que un correcto José Elice arregle el entuerto generado por sus antecesores.

Muchos de los ataques provienen, sin duda, del intento de afectar a Guzmán, a quien se ve como potencial protagonista de una jornada electoral que será muy reñida: si continúa el descenso de Forsyth vamos a llegar a las postrimerías de la primera vuelta con un pelotón de candidatos, ninguno de ellos con dos dígitos.

La suerte de Guzmán va a estar atada obviamente a su propio desempeño. Lo ayuda, además, tener una buena bancada, responsable y proactiva, pero Sagasti es su referente principal. Puede ser su ancla como su boya salvavidas.

Si desea recibir noticias de SUDACA haga clic aquí para registrarse a nuestro Newsletter.

Si a algunas personas el gobierno de Sagasti debería prestarle atención como potenciales focos de desestabilización es a José Luna Gálvez y a su satélite congresal e hijo, José Luna Morales.

Estuvieron claramente involucrados en la vacancia de Vizcarra, porque éste no satisfacía sus requerimientos de tumbarse la reforma universitaria, Sunedu incluída, y permitir así que su universidad, Telesup, vuelva a seguir estafando a decenas de miles de alumnos ofreciéndoles educación de bajísima calidad.

Los Luna se han agenciado, inclusive, un conglomerado mediático que les sirve de caja de resonancia para todas sus iniciativas demagógicas, como esta peregrina idea de devolverle dinero a los aportantes al sistema de la ONP.

Llama la atención, asimismo, la altísima frecuencia con la que congresistas de otras bancadas, particularmente de Acción Popular, terminan siempre votando en el mismo sentido de los proyectos de ley que Podemos Perú presenta. Los malpensados podrían pensar que eso no es gratuito, pero resulta por lo menos extraño que estos congresistas acaten más las órdenes de los Luna que las indicaciones de sus propios partidos.

Hoy, los Luna están atarantados por el remezón de la calle que frustró la presidencia del monigote de Manuel Merino, pero más pronto que tarde volverán a la carga. Sagasti es el objetivo. Con medios, una bancada artificiosa de 30 congresistas y mucho dinero de por medio, saben que se les acaba el plazo para lograr sus propósitos, de tirarse abajo la reforma universitaria, tumbarse al equipo Lava Jato y gozar, por cierto, de las canonjías del poder.

Sobrevivirán, a posteriori, lamentablemente. La estructura montesinista que han armado tiene en Daniel Urresti una locomotora electoral que les permitirá tener una bancada el próximo lustro, y entonces verán cómo insistir en su agenda, pero hoy en el corto plazo sus objetivos son claros y obviamente un régimen centrista como el de Sagasti es un obstáculo que buscarán extraer.

Solo la movilización callejera los puede detener. No creo, sin embargo, que al final del día ello les importe mucho a la hora de buscar sus objetivos, pero lo que sí queda claro es que la alerta democrática de la ciudadanía y el ojo vigilante de un gobierno que hasta el momento no da pie con bola no puede permitir que esta coalición desestabilizadora convierta al Perú en su chacra personal, a punta de matones, camiones y dinero.

 

Si desea recibir noticias de SUDACA haga clic aquí para registrarse a nuestro Newsletter.

Tags:

Francisco Sagasti, Gobierno

Muy interesante el Test de Orientaciones Políticas, Económicas y Sociales (TOPES) que acaba de publicar Ipsos. Investiga la autopercepción de la gente y distingue entre dimensión política, económica y moral/social. Y los resultados son básicamente alentadores.

En cuando al aspecto político, un 56% se considera semidemócrata y un 15% demócrata (71% en total), en comparación a un 22% semiautoritario y un 7% abiertamente autoritario. Quizás haya que entender lo de semidemócrata como al creyente en una democracia enérgica, con mano dura. En esa línea, se puede ponderar y claramente, hay un tope marcado a quienes desde la derecha y la izquierda consideran que la democracia es algo que se puede saltar a la garrocha en pro de algún bien mayor.

Respecto del tema económico, la cosa es aún más propicia. Un 47% se define como defensor del semilibremercado, y un 14% de libre mercado (61%), contra un 26% semicontrolista y un 13% abiertamente controlista. Cuando algunos analistas celebran alborozados que el país está girando a la izquierda habría que remitirlos a la data. Dos tercios del país valora el libre mercado y no una economía planificada por el Estado. La mayoría pide un mercado cautelado pero no subordinado. Casi treinta años de estabilidad macroeconómica y buenos resultados en crecimiento de la riqueza, disminución de la pobreza, el desempleo y las desigualdades en base a un relativo modelo de mercado, han rendido frutos ideológicos.

En el aspecto que, desde un punto de vista personal, aún hay esfuerzo que librar es en el moral/social. Un 28% se considera conservador y un 37% semiconservador (65%); mientras que un 30% se considera semiliberal y solo un 5% liberal. Toda la lucha por el matrimonio gay, la despenalización de las drogas, la libertad de abortar, etc., no encuentran eco mayoritario en la población. La enorme influencia de sectores religiosos ultraconservadores en sectores populares ha surtido efecto y hay mucho por hacer al respecto (la batalla no está en los sectores altos sino en el pueblo).

Las dos primeras batallas están siendo ganadas. A ponerle empeño a la vinculada a los aspectos de moral individual (en el resultado puede influir también que esa lucha sea tan pudorosa y básicamente restringida a los cenáculos de algunas ONG). Demócrata, promercado y moralmente conservador es el perfil tipo del peruano promedio.

Si desea recibir noticias de SUDACA haga clic aquí para registrarse a nuestro Newsletter.

La izquierda peruana ha agregado a su arremetida contra la minería la del sector agroindustrial, uno de los sectores más productivos y modernos del país. Insiste en un programa dadivoso en gasto social y a la vez se empeña en afectar a actividades que cómo la minería proveen la mayor cantidad de recursos tributarios.

Hay decenas de proyectos mineros enterrados bajo protestas sociales ideologizadas y ahora hay violencia destructiva detrás de la agricultura moderna, la que más formal es, mejores sueldos paga y mayor productividad laboral tiene. Injusta la exoneración tributaria de la que goza, a la que debería ponérsele término rápidamente, pero en términos laborales se ajustan plenamente a la realidad del sector en el que opera.

La izquierda parece haberse quedado fijada en la primera mitad del siglo XIX. Es premarxista, inclusive. Los cánones marxistas clásicos señalan que es preciso llegar al agotamiento de las fuerzas productivas de un sistema -en este caso el capitalismo- para recién esperar que las fuerzas sociales irrumpan contra él y provoquen el advenimiento de un nuevo orden.

Pese al pronóstico, el capitalismo ha sorprendido a propios y extraños y ha mostrado una capacidad tal de adaptación que ha superado inclusive los parámetros de la revolución industrial. Tiene vida y para rato. Pero eso no parecen entenderlo los voceros de la izquierda antediluviana peruana.

Verónika Mendoza maneja conceptos tan arcaicos de economía que francamente da terror lo que pudiera hacer si llegase al gobierno. Sería una mezcla de chavismo con el primer García.

Lo que el Perú necesita a gritos es retomar la senda del crecimiento de la inversión privada a los niveles que los dejó el segundo gobierno de García y que Humala malversó hasta niveles de mediocridad y que luego de él, alguien considerado abanderado del capitalismo moderno, como PPK, desdibujó aún más.

Hace falta una revolución capitalista, pasar del capitalismo mercantilista que hoy nos rige a uno liberal, pletórico de libre competencia, con un Indecopi con dientes que rompa los nudos de privilegios que en muchos sectores subsisten. Hace falta un gobierno con clara voluntad política para hacerlo.

La tradición republicana que hay que resguardar, que ha surgido con fuerza estas décadas y se ha expresado en las recientes protestas contra los abusos de la clase política, merece ser acompañada de una reforma pro mercado radical y profunda, que siga sacando a los peruanos de la pobreza y convirtiéndolos en ciudadanos plenos, materia prima justamente de la República que se quiere construir a partir del bicentenario.

 

Si desea recibir noticias de SUDACA haga clic aquí para registrarse a nuestro Newsletter.

Uno de los muchos riesgos que va a tener que enfrentar Sagasti en los meses que le restan de gobierno es el de la protesta social, que desbocada puede generar un estado de inseguridad e indefensión que claramente lo pondría en la mira de quienes están buscando el menor error del régimen para volver a la carga y tumbárselo.

Es un terreno minado, porque si bien la represión policial es pertinente, justificada y necesaria (como en el caso de los bloqueos a carreteras), debe cuidarse de no repetir los errores de las marchas contra Merino que claramente supusieron un abuso policial y causaron un enorme desprestigio a una institución que como la policial no es precisamente que goce de mucho prestigio, básicamente por el alto grado de corrupción que la aqueja.

El gobierno ha contribuido a mellar aún más esa imagen al manejar de manera precipitada, atolondrada, sin norte ni brújula, una poda policial que parecía necesaria luego de múltiples desaguisados cometidos por los hombres de uniforme. Pero el Ejecutivo manejó tan mal el tema que se vio obligado a efectuar dos cambios de ministros en cuestión de días.

El frente de la seguridad interna no puede ser descuidado. La calle, de por sí está movilizada. Es lo normal en periodos preelectorales, pero en esta coyuntura particular ello se acrecienta por la grosera irresponsabilidad de un Congreso populista que no se detiene en dictar normas populacheras que luego son observadas por el Ejecutivo o declaradas inconstitucionales por el Tribunal Constitucional, pero que, obviamente, generan malestar ciudadano al frustrarse expectativas.

El contrato social de cualquier colectividad moderna pasa, como piedra de toque, por el control del orden interno. No por casualidad, el Ministerio del Interior era antes llamado Ministerio de Gobierno. La paz social es condición indispensable para la buena marcha social.

Hay que tener presente que la alta popularidad de Vizcarra, al enfrentarse a la claque aprofujimorista y el cierre del Congreso, desflemó al país y nos alejó de protestas masivas como las que signaron Chile, Ecuador o Bolivia. Hoy, esos factores de desfogue no existen. Sagasti debería tener claro que un error mayúsculo en este tema puede volver a la calle contra suya en cuestión de minutos.

Si desea recibir noticias de SUDACA haga clic aquí para registrarse a nuestro Newsletter.

Página 38 de 42 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42