Por Paolo Benza y Alejandro Guzmán

El último 27 de noviembre, la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM) emitió una resolución ministerial que sanciona a Daniel Olivares con una anodina amonestación escrita. Poco más de un año antes, el 8 de agosto del 2019, otra resolución había gatillado el procedimiento administrativo disciplinario que derivó en dicho castigo. ¿Qué hizo exactamente el (ahora mediático) congresista para ser sancionado? ¿La sacó barata o su falta no era para tanto?Este es el caso.

Olivares presidió la Secretaría de Comunicación Social de la PCM entre agosto y diciembre del 2017. Renunció a ese cargo poco después de que el expresidente Pedro Pablo Kuczynski (PPK) indultara al reo Alberto Fujimori. En ese corto periodo, sin embargo, contrató proveedores de forma irregular para la oficina que dirigía.

¿Cuál fue la irregularidad? Olivares encargó trabajos sin tener una orden de servicio ni haber pasado por el respectivo proceso de contratación pública. El actual congresista pactó con los proveedores sin que medie ningún documento que les permitiera reclamar a la PCM de presentarse luego algún problema. El acuerdo fue únicamente de palabra. “Esto es grave”, alerta Alberto Retamozo, abogado especialista en contrataciones del Estado. La idea era que el trámite se regularizara después, para poder desembolsar los pagos.

Sin embargo, ello no ocurrió. Olivares les hizo a sus proveedores, contratados irregularmente, lo que en el argot popular se conoce como el ‘perro muerto’. Los dejó ‘tirando cintura’ y partió dos semanas de vacaciones. “Dos semanas de distancia, agua salada, sueños ligeros, desayunos largos y otras terapias”, escribió en su Facebook. Por supuesto, ya no regresó a la PCM para pagarles.

El reclamo de Eureka

Un caso es el de Eureka Films, productora a la que la oficina de Olivares contrató por S/187.409. No hubo un documento que autorizase la contratación: Olivares se aproximó al proveedor de manera informal. Ajeno a los caminos regulares de la gestión pública, el congresista argumenta que la elección del proveedor fue resultado de un estudio de mercado. “Eureka fue la mejor opción y por eso se trabajó con ellos”, indicó en descargos enviados por escrito a Sudaca.

Para tener un marco de referencia, el tope máximo para contratar sin realizar un proceso de licitación, según la Ley de Contrataciones con el Estado, es de 8 UIT. Al valor de la UIT en el 2017, dicho tope equivalía a S/32.400. La cifra acordada con Eureka fue mucho mayor. En este caso, la contratación debía hacerse a través del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), cuyos parámetros de contratación no son iguales a los de la ley peruana. Olivares, cabe resaltar, no empezó ningún proceso formal antes de encargar el trabajo al proveedor, ni el regular ni el que se hace a través del PNUD. 

Según los descargos oficiales que Olivares envió a la PCM, el proceso formal de selección del proveedor que elaboraría los videos fue declarado desierto el 8 de enero de 2018, diez días antes de que el Papa llegase al Perú. Dos semanas atrás, el 18 de diciembre de 2017, él había recibido el requerimiento formal para contratar a una agencia de publicidad que elaborara los videos.

En una carta notarial enviada en abril de 2018 al entonces primer ministro César Villanueva, Eureka Films especifica que la empresa fue contactada por la Secretaría de Comunicación Social de la PCM el 1 de diciembre, con “carácter de urgente”. Es decir, más de dos semanas antes de que se emitiera el requerimiento formal, Olivares ya le había encargado el trabajo.

“En dicha oportunidad (01/12/2017), Raúl Gómez Arrieta, productor ejecutivo de Eureka Films, en compañía del suscrito; nos reunimos [con Escudero y Olivares]; a fin de tratar los aspectos técnicos del proyecto audiovisual […] Es importante mencionar que la reunión se llevó a cabo en la oficina del último nombrado [Olivares]”, dice la carta notarial, que firma el gerente general de Eureka Films, Gonzalo Vildosola.

Pero, además de la forma en la que se eligió al proveedor, lo más difícil para este fue el lío posterior para cobrar. “A pesar de que mi representada cumplió de buena fe y a cabalidad con los términos acordados con los servidores de la PCM, Fernando Escudero Ratto y Daniel Olivares Cortés, […] la PCM nunca cumplió con su compromiso de emitir la orden de servicio durante el mes de diciembre de 2017, ni mucho menos con cancelar el servicio brindado”, dice la carta notarial.

El servicio brindado fue la elaboración de ocho videos (un video “madre” y siete videos “tácticos”) para la difusión de información de seguridad frente a la visita del Papa Francisco. En los descargos oficiales que envió a la PCM, Olivares argumenta que ante la inminencia de la visita papal –que fue del 18 al 21 de enero del 2018– optó por omitir el procedimiento regular. “Existían trámites engorrosos que realizar para el cumplimiento de la finalidad”, explica el documento.

“Efectivamente, se contrató a una productora sin el proceso regular”, aceptó Olivares a uno de los redactores de esta nota en enero del 2020. “Por eso es que les he respondido [a la PCM] dándoles la razón. Lo que yo puse por delante es que había una presión de presidencia por sacar rápidamente una campaña de comunicación de seguridad del Papa o dos millones de personas iban a estar inseguras”, alegó aquella vez el ahora congresista. La nota del 2020 no fue publicada. “Si seguíamos los pasos normales, dados los plazos con que se contaba, no se hubiera podido colocar los spots. Actué en base al principio de eficiencia”, agrega hoy.

El acuerdo era regularizar los trámites, emitir la orden de servicio y realizar el pago ese mismo diciembre, pero ello no ocurrió. Cuando Olivares emprendía un viaje de ocio, para desintoxicar su cabeza de los problemas que había tenido que abordar hacia el final del gobierno de PPK, sus proveedores empezaban un complejo camino de cobranza. “[La contratación de Eureka] sucedió días antes del indulto a Fujimori, que fue la razón por la que dejé el cargo, y no hubo oportunidad de corregir lo que hubiera que corregir”, declara Olivares a Sudaca. Su renuncia fue aceptada el 29 de diciembre del 2018. Eureka Films quedó en el aire.

“Esta situación nos perjudica sobremanera, habida cuenta de que aproximadamente el 85% del valor total del servicio cotizado a la PCM corresponde al pago de proveedores, quienes insistentemente vienen exigiendo a mi representada el pago de sus facturas por los productos y servicios utilizados en el proyecto audiovisual”, escribió Eureka Films en su carta notarial. El pago fue regularizado, atendiendo al documento de queja, recién ocho meses después.

“Las oficinas que evaluaron lo sucedido confirmaron que el precio fue el adecuado, que los productos se entregaron y que no causó perjuicio al Estado”, argumenta Olivares. “No hay atenuante, porque esa no es la imputación, sino la de haber generado una adquisición y una obligación de pago al margen de la ley de contrataciones”, le responde Retamozo.

Hay más proveedores

Tres fuentes de la PCM que trabajaron en gestiones posteriores a la de Olivares indicaron que el caso de Eureka Films no es el único en el que se realizaron contrataciones de forma irregular, sino que hay por lo menos otros cuatro. Y este medio ha podido confirmar que otro caso es el de la agencia de comunicación corporativa TOC Asociados, que brindó el servicio de gestión de prensa durante la visita del Papa y a la que, a diferencia de Eureka, nunca se le pagó. 

“[TOC] hizo un servicio de relaciones públicas muy bueno. Entendieron que la premura del pedido y mi salida a los pocos días de la PCM hicieron que los procesos se desordenen. En ese sentido, decidieron asumir su trabajo como un aporte, cosa que se hizo con los canales de TV también. Era la visita del Papa”, señala Olivares. Fuentes vinculadas al servicio de gestión de prensa explicaron a Sudaca que nada de esto es cierto: TOC simplemente tuvo que aceptar que no recibiría el pago acordado. ¿Cuánto era? Las fuentes aproximan que el acuerdo era de S/ 17.500 mensuales durante tres meses. Es decir, más de S/ 50.000 en total.

“Para hacer posible que la campaña de seguridad funcione en ese poco tiempo, contamos con la colaboración de otras empresas que comprendieron la urgencia del tema y se pusieron la camiseta entendiendo la dificultad del momento”, asegura Olivares, sobre la existencia de otros proveedores dejados en el aire.

¿Por qué a Eureka sí se le pagó, mientras que a TOC y a los demás proveedores, no? Retamozo explica que, en un caso así, el pago sólo procede luego de un proceso judicial. TOC y los otros proveedores no iniciaron procedimientos formales de reclamo. En cambio, Eureka sí lo hizo. La carta notarial enviada por la empresa fue la que llevó a la conformación de una comisión que investigó el caso. Fuentes de la PCM confirmaron que la insistencia de Eureka Films fue lo que generó que la entidad estatal abra una investigación y eleve el caso de Olivares a las instancias encargadas de fiscalización.

¿Necesidad pública?

Olivares argumenta que su actuación está respaldada por el reglamento. “Es cierto que no se siguieron paso a paso los procedimientos. Pero lo que he sostenido es que en este caso en particular yo actué en tutela de un fin superior vinculado a la seguridad pública, lo cual está previsto en el artículo 104 del Reglamento de la Ley de Servicio Civil. Si no lo hubiera hecho, no se hubiera dado los spots que se necesitaban”, declaró Olivares.

“Si bien pudo existir la necesidad urgente de realizar actuaciones para garantizar los mensajes de prevención y seguridad durante la visita del Papa Francisco, esto no atribuye facultades especiales o eximentes de responsabilidad, por lo cual su argumento no es suficiente para desvirtuar la imputación en su contra”, aclara la resolución final del caso.

Y hubo sanción. El 27 de noviembre último se emitió la mencionada resolución final. El documento fue firmado por Violeta Bermúdez, actual presidenta del Consejo de Ministros, y señala que la recomendación de la comisión que investigó el caso era que se le imponga a Olivares una sanción de suspensión de la función pública sin goce de remuneraciones, por 20 días. Sin embargo, el órgano sancionador decidió modificar la propuesta, cambiarla por una más suave, y aplicarle una amonestación escrita.

“Entiendo que los pasos hay que seguirlos, y por eso no he apelado”, dice Olivares. Y agrega que “dada la simpleza del caso y la carencia de perjuicio, una suspensión no era factible”. La sanción que finalmente recibió es una de las más leves. “Es un pañuelazo”, critica Retamozo. Queda en la reflexión de cada lector calificar si la amonestación fue excesiva, justa o insuficiente.

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Al autor de esta nota siempre le ha parecido interesante el concepto ‘hogar’. Era mayo del 2019 y Renzo Ratto lo llevaba caminando por las instalaciones de Matute, tras una entrevista para una nota sobre asuntos administrativos. El levante de la misma ya estaba definido y se sostenía básicamente en cifras. No había muchas más vueltas que darle al tema.

Pero el entonces administrador temporal de Alianza Lima había insistido varias veces en mostrarle la nueva zona acondicionada para los jugadores de las menores. Para entonces, el autor de esta nota ya tenía un par de años de experiencia con gerentes entusiastas. En el periodismo económico, por alguna razón, los grandes empresarios creen que pueden inclinar el enfoque de un artículo paseando al reportero por las instalaciones de su fábrica. El autor de esta nota aceptó con su mejor cara de entusiasmo. Debía corresponder la amabilidad de haber concedido la entrevista.

El paseo fue, en su mayoría, absolutamente olvidable. Una cancha sintética es la misma donde sea que se encuentre, y el mediodía limeño estaba tan gris como de costumbre. No había una sola razón para agregar mayor detalle de ello a un artículo sobre finanzas deportivas. Cuando ya parecía hora de partir, sin embargo, tocó entrar a la residencia de menores. Es un pabellón blanquiazul en el lado norte del estadio. La gestión de Ratto terminó de renovarlo a inicios del 2019.

Los chicos que aparecieron en la escena son, en su mayoría, la principal esperanza de sus familias para salir adelante. Muchos vienen de provincia y apenas tienen parientes en Lima. La responsabilidad con la que cargan les pesa como un yunque. Llevarla lejos de casa solo lo hace todo más complicado. Con ellos, Ratto tenía un trato como de papá. Acababa de implementarles una sala de estudios, para que hagan las tareas después del fútbol.

El autor de esta nota tuvo, entonces, un enlace conceptual. Un ‘hogar’, aunque ajeno, se percibe. No tiene que ser de cuatro paredes. Puede ser la tribuna de un estadio, el bar de una esquina, la canchita donde uno conoció a su mejor amigo. Se trata de una sensación que permite distinguir pedazos de una memoria emocional compartida. El autor de esta nota entendió recién que eso –Matute, Alianza– también podía ser una casa. Que no era su casa, ni nunca sería, pero que era la de muchos otros. Una forma particular en la que millones de personas entienden el fútbol –con lo que ya bastaría–, pero a veces también la vida.

Por dios, la incompetencia

El artículo para el que declaró Ratto se publicó días después. El autor de esta nota le dio un enfoque optimista. Pero no exactamente por la labor del entonces administrador temporal. Había que reconocer, sí, su trabajo en ordenar las finanzas aliancistas, pero la verdadera oportunidad para salir de la crisis estaba recién por venir. El Fondo Blanquiazul, un grupo de hinchas millonarios de Alianza, estaba por comprar S/23,8 millones en acreencias tributarias para adquirir un porcentaje de control en el club. Era exactamente lo que este necesitaba.

La premisa era la siguiente: en el negocio del fútbol, como en cualquier otro, para obtener resultados se necesita inversión. Y la administración temporal de la Sunat estaba, como es esperable, más preocupada en cumplir con su cronograma de pago de la deuda concursal. Alianza ya no estaba perdiendo plata, pero venía de hacer un terrible papel (otro) en la Copa Libertadores. Había anotado apenas un punto y una diferencia de goles de -10.

El orden financiero de Ratto no alcanzaba para competir donde realmente hacía falta: a nivel internacional. Con la plata fresca que traería el Fondo, en cambio, se podría invertir en una plantilla más larga y sólida, y tentar quizás unos cuartos de final. “La compra es para inyectar recursos”, le aseguró al autor de esta nota una fuente del grupo de socios. “Hay un plan de inversión”. 

Diversos especialistas en gestión deportiva respaldaron esa premisa. “Las administraciones temporales han estado más preocupadas por números y dinero [para pagar la deuda]. Pero si la inversión en la plantilla es débil, es como si te estuvieras comiendo los músculos cuando ya no tienes grasa”, dijo el profesor de Pacífico Business School, Gabriel Levrini. Aunque hay muchas excepciones –que embellecen al deporte–, la regla del fútbol suele ser que las plantillas más caras juegan mejor y las más baratas, peor. Un equipo sin inversión tiene muchas menos probabilidades de elevar su performance deportiva y mantenerla en el largo plazo. 

¿Cómo llegamos, entonces, hasta aquí? ¿Qué pasó para que Alianza pase de ese horizonte alentador a irse a segunda? Antes de explicarlo es bueno hacer una pausa. El autor de esta nota sabe que corre el riesgo de que esta sea acusada de ‘renzorattista’, así que prefiere encarar la imputación de antemano ciñéndose a las cifras. Entre el 2016 y el cierre del 2019 –la gestión Ratto– los ingresos aumentaron 80%, a S/56,9 millones; el club volvió a tener utilidades, hasta las S/11,4 millones de 2019; se redujo el pasivo total en S/18 millones; y se pagaron 13 cuotas, más un prepago, de la deuda concursal. 

El año financiero del Fondo Blanquiazul se resume en una pérdida proyectada de S/4,7 millones, una caída interanual de los ingresos de más de S/16 millones, las dos últimas cuotas del Plan de Reestructuración retrasadas, por lo menos dos años sin poder jugar la Libertadores y el riesgo de no tener ingresos por taquillas si la pandemia regresa en el 2021. Y lo deportivo no vale la pena estarlo restregando. ¿Cómo es posible tanta incompetencia? ¿Cómo se puede dilapidar un equipo de esa manera, en menos de dos años? ¿Cómo hombres supuestamente exitosos en los negocios llegan a ese extremo?

No es cuánto, sino de quién

El Fondo Blanquiazul compró en junio del 2019 gran parte de la deuda de Alianza con la Sunat. Con ello, debía hacerse del control total de la Junta de Acreedores. Sin embargo, la administración tributaria recordó un crédito contingente de S/7,7 millones que el Indecopi reconoció luego. Con ello, la participación del Fondo bajó de 50,6% a 47%. Por entonces, fuentes cercanas a la transacción contaron que la actitud de la Sunat en la negociación por la compra de la deuda fue muy extraña. Casi como si, en realidad, hubieran querido mantenerla. 

El caso es que, con el asiento más gordo de la Junta, los nuevos ‘jeques’ de La Victoria empezaron a tomar decisiones. Calificarlas de ‘poco acertadas’ sería demasiado generoso. Los principales inversionistas eran Diego Gozales-Posada, presidente de Energigas, Fernando Farah, de la textilera Lancaster y el colegio Villa Per Se, y Salomón Lerner, ex primer ministro y financista esporádico. De pronto, el Fondo se convirtió en una escuela para hinchas con la billetera suficientemente gorda para jugar a ser directores técnicos.  

En lugar de canalizar los recursos que estaban inyectando en traer jugadores bien evaluados, que valgan el precio –o algo que siquiera parecido– las cabezas del Fondo optaron por influenciar en decisiones deportivas inexplicables. Todo comenzó con la llegada del colombiano Víctor Hugo Marulanda, un exjugador del club (1997) con el que –en teoría– se iba a recuperar la quimba y la alegría aliancistas. Ese fue el primer choque con el todavía administrador Ratto. Fuentes cercanas a su gestión aseguran que él había decidido no traer a Marulanda antes por algo: había que cuidar el presupuesto y era muy caro.

Luego pagó el fútbol. El efectivo ‘ratoneo’ de Pablo Bengoechea, que ese año les conseguiría un segundo subcampeonato, se mostró incompatible con la promesa de retorno del fútbol vistoso. El uruguayo tuvo que renunciar en marzo del 2020 tras perder el clásico con la U. Pero quizás lo más inexplicable –esa es la palabra más acertada para describirlo– sea el armado previo de la plantilla. Según las fuentes consultadas por Sudaca, el Fondo tuvo influencia –entre otros– en la llegada de Jean Deza, Alexi Gómez y Carlos Ascues, conocidos por sus indisciplinas, y de dos jugadores de cristal: Alberto Rodríguez y el Beto Da Silva. 

Jean Deza tuvo que ser despedido por indisciplina en junio y Alexi Gómez fue acusado dos veces por su expareja de agresión. Da Silva y Rodríguez presentaron sus esperadas lesiones. Alianza había armado una plantilla carísima cargada de jugadores cuestionados por problemas extradeportivos. Estos son apenas ejemplos de una serie de decisiones deportivas cuestionables que la prensa de ese rubro ya se ha encargado de reseñar. Durante la gestión de Ratto, no sólo se evaluaban las estadísticas deportivas de los nuevos jales, sino también su vida personal. “Que sea una buena persona, un buen esposo, un buen hijo, un buen hermano, un buen padre y también un buen jugador“, dijo el administrador hace un año.

El valor anual de la plantilla, declaró Gonzales Posada a Gestión, pasó a ser de US$12 millones de dólares. Con la salida de varios jugadores a lo largo del año y la suspensión perfecta de Ascues, uno de los más caros, el presupuesto del primer equipo igual ha terminado siendo 67% de los ingresos, frente a menos de 60% en el 2019. A finales de aquél año, Ratto había decidido irse. Quedó como administradora su exgerenta de Finanzas, Kattia Bohórquez.

Ratto se ha negado a hablar públicamente en contra del Fondo Blanquiazul, pero allegados a su gestión explican que decidió irse cuando se dio cuenta de la injerencia que este quería tener en las decisiones administrativas y deportivas del club. “Los motivos que me llevan a tomar esta decisión son personales”, excusó en su carta de renuncia, que presentó el 18 de diciembre. Grabó un video de agradecimiento. Los directivos querían que se quede. Con Bohórquez, las proyecciones de Ratto se cumplieron. La nueva premisa quedó totalmente demostrada: no importa cuánto dinero entre a un club, sino quiénes lo colocan y a quiénes le permiten administrarlo.

Nociones básicas sobre el negocio del fútbol

Vale la pena aquí hacer una última pausa para aclarar otra cosa. El autor de esta nota es hincha de la U. No es el que vaya junto al bombo en todos los partidos, pero como buen hincha de la U espera siempre que a Alianza le vaya mal. Si juega un partido de Libertadores, sonríe con los goles del rival extranjero. Si desciende, se alegra de lo mucho que va a poder molestar a sus amigos aliancistas. El autor de esta nota no entiende muy bien a las personas que viven el fútbol de otra manera.

Por eso no hace periodismo deportivo: le sería imposible separar el hinchaje de la profesión. Y por eso, también, ha decidido emplear la primera persona, no esconderla, y poner el disclaimer directamente en el titular. Cuando se trata de temas administrativos, sin embargo, es absolutamente posible hacer la mentada separación. Y la razón es clara: la U está al borde de la liquidación desde el 2016 también por decisiones administrativas y pugnas entre acreedores. En ese dolor, el de la desgracia financiera, somos hermanos. 

Para terminar de entender la debacle de Alianza Lima es imprescindible irse ocho años para atrás. En el 2011, cuando el modelo de negocios del fútbol peruano colapsó, la U y Alianza debían S/105 millones y S/26 millones, respectivamente, solo a la Sunat. Al año siguiente, el Congreso les tiró un salvavidas. La ley tiene un nombre bastante largo, pero su esencia fue esta: evitar que se liquide a los clubes más importantes del país. En el Perú ningún Parlamento querría chantarse el monstruo de haber acabado con un siglo de historia futbolística.

¿Qué hacía la ley? Creaba un régimen concursal especial donde no había posibilidad de liquidación. La idea era que las administraciones temporales cubrieran el hueco de dinero, generaran utilidades y pagaran la deuda con ellas. Esto, por supuesto, no le ocurrió de forma sostenida a ninguno de los dos ‘compadres’. Hasta la gestión de Ratto, la deuda total de ambos clubes tuvo una sólida tendencia de crecimiento. 

La diferencia entre Alianza y la U es que este último quedó atrapado entre las pugnas internas de sus dos principales acreedores, Gremco y la Sunat, ambos con suficiente cantidad de deuda como para querer tener la voz cantante en la Junta. Cada uno ha tenido periodos en los que ha podido designar a una administración temporal de acuerdo a sus intereses. Y ese tira que tira, con personajes nefastos de por medio, terminó por destruir cualquier plan para reestructurar en el club. Por eso, en 2016 pasó al régimen concursal ordinario, donde sí puede ser liquidado.

Alianza, además de una deuda menor, tuvo la suerte de tener que lidiar solo con la Sunat. Eso terminó dándole a Ratto la estabilidad administrativa para reconducir las finanzas y empezar a pagar la deuda, de S/47 millones el año pasado. Todo eso se ha acabado. Si el descenso de Alianza finalmente se confirma, la plata para pagar las acreencias va a tener que ingresar por fuente ajena a lo normal en el negocio deportivo. El Fondo Blanquiazul, el acreedor más grande del club, no tiene cómo justificarse.

El artículo 3.14 de la ley de rescate para el fútbol peruano dice claramente que “la Junta [de Acreedores] acordará el régimen de administración en el que no deberá participar el deudor, sus acreedores, u otra persona vinculada directa o indirectamente a ellos”. Y no hay mucho que interpretar ahí. La norma responde a que la caída en desgracia de los clubes se debió a los malos manejos de sus socios, en acuerdo con sus principales dirigentes. La utopía era que las administraciones temporales alcancen la profesionalización de la gestión deportiva.

El negocio del fútbol en el Perú, sin embargo, no es uno de corporaciones mega-multi-millonarias. El potencial de lo que el deporte mueve como sentimiento popular excede por mucho el volumen de sus ventas. El año pasado, en su pico de rendimiento, Alianza facturó solo S/59 millones. En el 2018, la U ingresó alrededor de S/42 millones. Eso es lo poco que cuesta mantener viva la pasión. Para comparar magnitudes, en el 2014 la Universidad César Vallejo –dueña de otro equipo de fútbol– registró ventas por S/532 millones. Solo sus utilidades fueron de S/142 millones. Otra universidad, la UPC, llegó en el 2018 a facturar más de S/1.000 millones.

El fútbol peruano, como en muchas otras partes del mundo, se sostiene principalmente en los ingresos por derechos de televisión. Significaron alrededor de 45% de los de la U y 36% de los de Alianza, respectivamente, en el 2018. La administración Ratto redujo el porcentaje y dejó de adelantar el cobro de las facturas, por el que debía soportar un castigo financiero importante. Luego están los sponsors, que representan –según eel éxito del equipo comercial– entre 2% y 20% de la facturación. La ‘tele’ y los auspicios, mal que bien, se pueden planificar por un año.

El resto de los ingresos, en cambio, está supeditado al azar deportivo. Las taquillas (alrededor del 20%) dependen de que el equipo juegue bien y la gente quiera ir a verlo. Los premios, que por clasificar a una fase de grupos de la Libertadores puede representar un quinto de los ingresos, dependen de que los jugadores los consigan. El merchandising no pasa del 2% de la facturación.

Ahí nace la inestabilidad del negocio futbolístico: casi la mitad de lo que genera no se puede prever. Pero también es esa la oportunidad de que se active un círculo virtuoso que hace lindo al deporte: cuando hay inversión inteligente, el equipo juega mejor, vende más entradas y consigue más premios. Entonces invierte más y da un salto hasta otro nivel de competencia. Mientras, empieza a pagar sus deudas. ¿Cómo lograrlo? Con eso termina este análisis.

El fútbol es una industria de grandes deudas. No hay que tenerles más miedo que a las administraciones dirigidas por personas sin criterio. Sobre todo –pero no exclusivamente– en América Latina, los equipos más importantes suelen tener acreencias elefantiásicas. El Flamengo de Brasil, por ejemplo, debía 750 millones de reales en el 2013. Al 2019, logró reducir la cifra a la mitad, apoyado en criterios básicos de gestión: un programa de incremento de socios y la venta de jugadores de su cantera. Ese año, campeonó la Libertadores. El 2020, sin embargo, su deuda ha vuelto a dispararse por el castigo del Covid-19: 703 millones de reales, según Globo Esporte.

Un cierre

Si el autor de esta nota se permite alegrarse por el descenso de Alianza es porque intuye que, más temprano que tarde, el compadre se ganará su regreso a primera en las canchas. Y entonces, este episodio quedará apenas como un estigma en la clásica rivalidad de las dos hinchadas. La lección de este desastre es, en realidad, administrativa: la gestión del club ha fracasado porque la han llevado personas ‘iluminadas’ solo por el tamaño de sus cuentas bancarias. Pero sin muchas luces arriba. A la hinchada le toca combatirlas y pelear por una gestión que pueda manejarse en base a evaluaciones sensatas y contrataciones inteligentes. Ya se probó que es posible.

Si Alianza logra convocar a 50.000 socios que paguen S/50 mensuales, podría eliminar su deuda concursal en dos años. Pero para eso se necesita gestión. Una mínimamente profesional. El 28 de noviembre, el día que se consumó la debacle aliancista, Renzo Ratto fue en su camioneta a dar vueltas por las afueras de Matute. Personal de portería del club acredita haberlo reconocido. No estuvo en la tribuna durante el partido. Vio descender al club del que asegura ser hincha en casa.

La memoria emocional de mucha gente, una forma particular de ver la vida, recuerdos compartidos de tribuna, oscureció aquél sábado. La casa de millones quedó en silencio. Para el próximo año, Bohórquez ya advirtió que habrá que ajustarse. Pero el círculo virtuoso de Alianza puede recomenzar por su hinchada, que es la que no ha perdido –ni perderá– la categoría. El primer paso es presionar para que se le pongan límites estrictos a la capacidad de decisión del Fondo Blanquiazul. El autor de esta nota espera el retorno del compadre porque, sin él, se le acaba una sana costumbre: ver a su equipo ganar en Matute.

Pero sobre todo, espera que acreedores incapaces para la gestión deportiva dejen de destruir la pasión de millones de personas. Tanto en la U como en Alianza. No hay más secreto que ese. ¿Tan difícil es administrar bien? ¿Tan difícil es mantener, al menos, a alguien que pueda hacerlo? No hay derecho a jugar con algo que, para muchos, es su única reminiscencia al concepto básico de ‘hogar’. Que condensa casi todas sus memorias felices. Que la historia los juzgue.

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Alianza Lima, Fútbol, Universitario de Deportes

Quiere fijar las tasas del mercado financiero, dice que promoverá la ‘censura ciudadana’ a presidentes, congresistas y funcionarios técnicos, y asegura que no ha hecho su carrera –ni siquiera un pequeño pedazo– en función de atacar a Alan García. Este es el candidato Olivera en su noveno proceso electoral.

Es mediodía del domingo y la casa de Fernando Olivera permanece en penumbras. Han cortado la luz en toda la zona, asegura. Estamos en San Isidro y lo acompaña en la mesa su precandidato a vicepresidente, el excongresista cusqueño Carlos Cuaresma. Unas horas antes hemos estado en Lince, donde Olivera fue a su local de votación para completar, con la elección mediante delegados, las internas de su partido. Este todavía no ha terminado su proceso de inscripción.

Olivera asegura que le están poniendo trabas porque le tienen miedo. No lo quieren –dice– como contendor en la elección del próximo año. Tras la votación hemos abordado su antiguo Chevrolet y hemos ido a un banco. Olivera ha dado a entender que debía depositarle algunos viáticos a los miembros de su equipo. Me ha pedido amablemente que le espere en el carro vacío. Ha demorado apenas unos minutos.

Al llegar a casa se ha olvidado de apagar las luces de su Chevrolet, dos veces. Ahora estamos sentados en la mesa, con una bandera del Perú colgada a su espalda. Su vicepresidente lo mira mientras habla. Interviene cada cierto tiempo con alguna interjección: “¡aja!”, “¡claro!”. Olivera se recuesta y me mira fijamente. Siento que algo se frota contra mi pierna. Bajo la mirada y es el gato. El gato de Olivera me está ronroneando la pierna. Sigo con las preguntas.

Durante los discursos que ha dado en la mañana ha recalcado que le están poniendo trabas para inscribir su partido porque le tienen miedo. ¿Quiénes cree usted que le tienen miedo?

El sistema de corrupción, que está en todo enquistado: en el Poder Judicial, la Fiscalía, el Poder Ejecutivo, la economía.

¿Pero quiénes son las caras de ese sistema?

Son todos los que están allí. La economía, que domina el país mediante un sistema oligopólico [¡La Confiep!, agrega su vicepresidente] al que nadie le pone freno. Es deber del Estado frenar los abusos oligopólicos.

¿Se considera, entonces, un candidato más tirado hacia la izquierda?

No, mire, esas tipificaciones de ‘izquierdas’ y ‘derechas’ son caducas. Ya vemos lo que han hecho los que se llamaban de izquierda y nacionalistas. Recibían millones del extranjero, primero de Venezuela, luego de Brasil. También los que se llamaban revolucionarios, como el Apra, que es el partido de la corrupción. O los otros, que llegaron al municipio. Esas izquierdas que medran de la pobreza, sobre todo las cúpulas, porque las bases lo que claman es justicia.

¿Usted estaría dispuesto a nacionalizar alguna industria estratégica o definir los precios en algún mercado?

Esas son viejas recetas que no han dado resultados. Pero lo que sí tenemos que hacer es que los organismos reguladores funcionen de verdad. Que no sean un apéndice de las empresas.

En un eventual gobierno suyo, ¿sería amigo o enemigo de los empresarios?

La empresa privada tiene un rol importante que asumir. El sector privado tiene el deber de crear trabajo, que es el mejor programa social que existe. De quienes sí somos enemigos es de aquellos que se llaman empresarios pero no son más que mercantilistas. Mercantilistas son aquellos que se acercan al poder de turno para obtener prebendas. Esos son nuestros enemigos. Pero el empresario que trabaja y solo quiere reglas iguales para competir, el pequeño empresario, ese tendrá estabilidad.

¿A qué oligopolio le haría la guerra primero?

Sector financiero. ¡Las tasas de interés que se cobran en el Perú no tienen ningún sustento comparándolas con las tasas internacionales! ¡Te cobran unas tasas de usura! ¿Uno tiene que quedarse mirando eso como gobierno? ¿Acaso uno tiene que ser estatista para fijar las tasas de interés máximas?

¿Usted fijaría las tasas de interés?

Pero por supuesto, dentro de las facultades que tiene el Banco Central de Reserva…

Pero el BCR es un ente autónomo.

Sí, pero va a tener que cumplir su deber. Autonomía no significa estar al margen de la Constitución y la ley. ¡Que tome nota el señor Velarde! Claro, muy aplaudido por los bancos, pero muy cuestionado por las víctimas de los bancos. Aquí se aterran con el tema de las AFP, y yo digo: es dinero de los trabajadores, ellos tienen derecho a disponer del 100%

Entonces, hubiera promovido un proyecto de retiro de AFP, similar al de este Congreso. 

Yo promuevo la libertad absoluta del retiro. El gran poder de las AFP no está en la comisión que cobran, sino en la administración de los miles de millones que tienen de todos los trabajadores.

Sigo intentando ubicarlo políticamente. Habla de fijar el precio de las tasas de interés pero, del otro lado, me habla de las recetas fallidas de la izquierda.  

Perdóneme: no voy contra los bancos ni contra las AFP. Voy por la libertad de los trabajadores en la disposición de sus fondos y porque los bancos cumplan su rol dentro de lo que debe ser una economía social de mercado, donde no debe haber abusos de situaciones oligopólicas. Y donde la SBS y el BCR, en nombre del Estado peruano, tienen el derecho de fijar las tasas máximas. Los bancos deben seguir siendo privados, no soy estatista.

¿Con qué político histórico se identifica?

Es que lo que sucede es que la historia del Perú republicano es la historia de la corrupción. Ha habido gobiernos civiles, militares, democracias, dictaduras. Aquí está Historia de la Corrupción en el Perú  [Olivera tenía el libro de Alfonso Quiroz al lado de su mesa]. Aquí está retratado. Y el drama del Perú es que los presidentes han estado directamente involucrados en eso.

Bueno, usted fue parte de un gobierno cuyo presidente tiene el caso más avanzado de corrupción por Odebrecht. 

Sí. Y yo no sé si los periodistas del diario El Comercio tienen que ver con lo que hacía José Graña Miró Quesada. No, ¿no cierto?

Reportero y ministro son puestos con un nivel de decisión distinto. 

¿Por qué? Seamos claros: a mí nadie me ha dado ni un sol y, si hubiera sabido de corrupción, la hubiera denunciado. No nos meta en las responsabilidades que tendrá que pagar Toledo, y ejemplarmente. Le digo: yo lo traeré y haré que pague por los delitos cometidos.

Con perdón de que se exalte un poco: Toledo en esa época ya era conocido por no ser necesariamente honesto. Se le habían descubierto varias mentiras. 

No sé, ¿en los medios de comunicación qué salía? Lo de Zaraí, las borracheras que se pegada y lo de sus parientes. Evidentemente eso estaba muy mal, pero nosotros participábamos de un acuerdo de gobernabilidad. El Perú necesitaba estabilidad política después de la dictadura corrupta de Fujimori. Teníamos que convocar inversiones de mediano y largo plazo, rescatar la economía, al magisterio se le duplicó el sueldo. ¿En ese entonces quién iba a sospechar que quien hablaba con un discurso anticorrupción, que así llegó al poder, iba a estar con una camarilla de extranjeros para obtener ingresos ilícitos?

El siguiente gobierno también necesitará estabilidad a gritos. 

La tendremos. El 28 de julio voy a proponer, además, la revocatoria al cargo para todos los electos, empezando por el presidente de la República bajo el principio de ‘el pueblo me pone, el pueblo me saca’. Para los congresistas también, por supuesto. Esa política de ‘me eliges y yuca por cinco años’ terminará. Pero también vamos a plantear la censura ciudadana. ¿Qué poderosa es la funcionaria [Fiorella] Molinelli, no? ¿Cuál es el presupuesto de imagen de EsSalud?

¿Cómo podría un funcionario de alto rango tener estabilidad para trabajar en una institución, cualquiera, si es que puede ser revocado por el pueblo?

¿Ah sí? Bueno, si hace bien las cosas, tendrá la estabilidad que merezca.

Así no funciona la política peruana, ¿no?

Bueno, a la que usted está acostumbrado. Se tiene que rescatar la confianza del pueblo peruano y acabar con esas corruptelas. Molinelli es cómplice de Vizcarra en el caso de la adenda de Chinchero. Ella firmó la adenda por delegación de Vizcarra y hoy es cabeza de un proceso judicial abierto. Y continúa ahí. Entra Vizcarra, la mantiene. Sagasti, la mantiene. ¿A usted le parece que debe continuar una funcionaria que ha comprado pruebas rápidas a varias veces su precio? Sin embargo, es intocable por los grandes medios de comunicación. Hasta cuando sale una denuncia tan grave.

No tengo nada que debatirle en ese punto. Le hago otra pregunta: usted fue nombrado embajador en España sin tener experiencia diplomática previa. ¿Cómo se explica eso?

Se explica en que a uno lo tratan siempre de combatir los enemigos que va cosechando en el camino. Usted debe saber que hay nombramientos políticos. Eso es muy legal. Yo era jefe del Frente Independiente Moralizador, partido con representación parlamentaria. ¡Y yo no pedí ser embajador en España, que quede claro! ¡A mí me pidió Toledo y tardé un mes en responderle! Creí que podía ser útil a los peruanos en el exterior.

¿Tuvo resultados como embajador?

Pregúntele a los peruanos en España.

¿Pero cuáles fueron?

¿Por qué cree que sobre mi gestión en España nadie dice nada? Le doy logros concretos: para nuestra comunidad peruana era un problema obtener licencia de conducir allá. Pues yo logré el reconocimiento de los brevetes del Perú en España. Otro: logré un acuerdo de seguridad social para que los aportes que habían hecho aquí los peruanos que migraron sean reconocidos. También la homologación de títulos. En España había escasez de médicos, y conseguí que uno de de aquí pueda ejercer allá.

Quiero tocar unos temas finales. Usted fue breve ministro de Relaciones Exteriores. Ahora que están de moda los ministros breves, es una anécdota que quisiera escuchar de su lado. 

Es toda una historia. El odio de Carlos Ferrero se remonta a la época de la transición. Nosotros tumbamos al gobierno de Fujimori con el ‘vladivideo’ el 14 de setiembre. Fuimos nosotros, no fue la Marcha de Los Cuatro Suyos ni otros medios. La mezquindad llega a tal extremo que dicen que Canal N lo sacó. No, yo se lo di.

Fue el momento más importante de su carrera, ¿no?

No, tampoco. Fue muy importante, pero uno que la población recuerda mucho hoy es ese debate memorable con Alan García…

Ya le pregunto sobre Alan. Pero decía de Ferrero…

El siguiente paso tras la caída de Fujimori era tomar el Congreso presidido por Martha Hildebrandt. La oposición tenía mayoría. El cambio de presidente del Congreso era vital, porque era quien iba a asumir el poder. Coordiné con un sector del fujimorismo que se podía considerar decente. Lo hice con la congresista Cecilia Martínez Del Solar, viuda de Rodrigo Franco. Ella logró 7 u 8 congresistas dispuestos a apoyar, pero había que saber quién iba a asumir la presidencia del Congreso.

¿Qué tiene que ver todo esto con Carlos Ferrero?

Un día, sería pues 12:30 o 12:45, me llama el vocero de Perú Posible. Me dice ‘Fernando, estamos convocando una reunión para coordinar’. Bueno, evidentemente no quieres que esté presente, porque de aquí hasta allá me tardaré hora y media. Pues no estaré. Fue Anel Townsend  con Cecilia Martínez Del Solar. Townsend propuso a Valentín Paniagua en nuestro nombre. Sin embargo, el vocero de Perú Posible dijo que debía ser uno de su partido. Paniagua había dicho que era un demócrata y había declinado. El candidato de Perú Posible era Carlos Ferrero. Iba a ser el presidente de la transición. Yo digo: ¿qué acuerdo es este? Cojo el teléfono, llamo a Valentín, le digo ‘te hemos propuesto y no tienes derecho negarte’. No ha habido ningún acuerdo. Le digo que voy a consolidar los votos, convocar una reunión y que acepte.

¿Desde entonces le tenía inquina Ferrero?

Al día siguiente, viendo que teníamos los votos, vinieron y pidieron sumarse. Y ya pues, le dimos la primera vicepresidencia a Ferrero. ¿Cuál fue su venganza? Ferrero era presidente del Consejo de Ministros cuando Toledo me pide que asuma la Cancillería, porque él me lo pide. Yo le digo: se debe respetar que los ministros  se designan a propuesta del premier. La víspera del juramento, a las 7 de la noche, fui convocado con Ferrero ante el presidente. Ahí [Ferrero] le propone que yo sea designado ministro. Sin embargo, al día siguiente clavó la puñalada: una vez que juré dijo que no estaba de acuerdo. ¡No hubiera firmado la resolución!

Un tema ineludible: va a ser su primera elección sin Alan García [a su vicepresidente se le escapa una risa]

Bueno, eso usted lo dice. A mí no me consta.

¿Cree que Alan García no ha muerto?

Es una fuerte probabilidad [Olivera lista una serie de ‘pruebas’ que no vale la pena reseñar].

Pero, más allá de eso, usted normalmente ha hecho sus candidaturas atacando a Alan García. ¿Cómo va a llenar ese vacío?

Si bien García personificaba a la corrupción, el sistema continúa. Cambia de rostros. Hasta tiene émulos. Vizcarra es uno de ellos, pretende ser el heredero de Alan García. Alan García era el padrino de la corrupción, pero van tomando el rol otros. A todos en conjunto los enfrentamos. Contra todas las adversidades, estamos logrando nuestra inscripción.

¿Podría aceptar que parte importante de su carrera política se sostuvo en atacar a Alan García?

¿Y usted puede aceptar que le diga que lamento que esté tan desinformado? Por si acaso, yo inicié mi carrera en la función pública en la Fiscalía de la Nación, fui secretario general desde 1981. Ahí enfrenté casos de corrupción y narcotráfico.

Sin quitar ese trabajo, ¿no considera que una parte importante de su carrera fue atacar a García?

Ese es un simplismo al que se cae producto de los psicosociales. ¿No entiende que el tema no es el nombre y apellido? Es el sistema de corrupción. Nosotros promovimos la comisión investigadora de La Cantuta. ¡Qué Alan García, Alan García! Mi trayectoria en el Parlamento usted la puede ver.

¿Sintió pena del suicidio?

En principio, no celebro la muerte de nadie. Lo que sí hubiera sido materia de celebración es el día en que García era sentenciado en un debido proceso. Ese día habría habido una fiesta popular en el Perú.

¿Le preocupa que en esta elección su partido obtenga una votación similar a la del 2016. Se lo pregunto en buena lid [El Frente Esperanza obtuvo 1,3%. Su vicepresidente exclama: “¡No!”].

Pero usted no tiene ningún elemento de juicio para vaticinar ello. ¿Le hace la misma pregunta a Forsyth?

Bueno, no pienso que él vaya a ser presidente, pero está arriba en las encuestas. 

¡Ah, que bueno! ¿Para usted las encuestas son ciertas? ¿Las encuestas no se compran? Cada partido que tiene dinero resulta teniendo su encuestadora. Después del debate [del 2016], donde nadie discute que el vencedor fui yo, y que fue memorable, un vocero de una encuestadora me dijo que yo había ganado el debate y que estaba creciendo 1,5% diario [Olivera no quiere dar el nombre de la persona]. Pero claro, me dijo: “tuvimos que poner a Kuczynski como ganador”.

¿Realmente cree que su resultado final se debió a las encuestadoras?

A varias cosas. Estoy convencido que hubo fraude, eso se va formando con las encuestadoras famosas. Te van direccionando. Usted dice que Forsyth tiene votación porque las encuestadoras lo dicen. Y que yo no tengo nada por lo mismo. Los medios van promoviendo a los que dicen las encuestadoras y a otros, como yo, nos silencian. El día que inscribimos las candidaturas el 2016 un importante medio puso en su portada todos los símbolos de los partidos, y nosotros no existíamos. ¿Sabe por qué? Porque yo en la campaña denunciaba las coimas de Lava Jato. ¿Acaso no estaban comprometidos los intereses de los Graña en grupos de medios de comunicación? Cuando, para cumplir las formas, me citaban a algún canal, no me dejaban hablar. Me venían con ‘las pichulitas’ [y hace el gesto] y las cartas al Vaticano.

¿Eso de las cartas falsas al Vaticano va a ser su Espada de Damocles por siempre?

Oiga, ese asunto fue manejado ejemplarmente. Curiosamente, fue el único tema que se atrevió a citar Alan García en el debate y no tuvo ninguna repercusión. Fue un comportamiento ejemplar.

¿No llevó cartas adulteradas al Vaticano?

Oiga, no voy a caer en el juego de hablar de ese tema, que en su momento mereció un comunicado de la nunciatura, en nombre de la Santa Sede, agradeciendo el tratamiento del Estado peruano. El propio Cardenal Cipriani [también lo dijo] a mi persona. Yo, como católico que soy, traté de evitarle un daño a la Iglesia católica [Olivera ha alegado antes que solo llevó las cartas para comprobar su veracidad].

Con esta termino: ¿convocaría a un referéndum para cambiar a una nueva Constitución, de cuya elaboración participó como constituyente?

Sí. En una democracia el pueblo manda. No hay que tenerle miedo al pueblo. Habrá elecciones para una nueva Constitución y cada uno fijará sus posiciones. No creo que la solución de los problemas del Perú esté en ello, porque el papel aguanta todo. En la Constitución del 93, yo logré dos avances: incorporar mecanismos de democracia directa la figura del Defensor del Pueblo. Ahora hay candidatos, que no se qué se han fumado, que dicen que son los creadores de la Defensoría, ¡casi, casi autores de toda la política antiterrorista!

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“Personas que se erigieron como paladines anticorrupción y que luego se pasaron al lado oscuro”, asegura la politóloga que ha estudiado en detalle, como parte de su tesis doctoral, la evolución del caso Lava Jato en Perú y Brasil. Le preocupa, dice, que la postulación de Vizcarra al Congreso esté confirmando que el caso peruano se parece demasiado al brasileño.

 

Acabo de terminar de leer un artículo de El País que habla sobre los movimientos juveniles en Colombia, Chile y el Perú, y cómo esta podría ser una nueva generación de jóvenes latinos que empiezan a salir a protestar y logran cosas concretas. ¿Si la ‘primavera árabe’ fue con Facebook, esta podría ser una ‘primavera latinoamericana’, con TikTok?

Sí creo que los movimientos juveniles, si se les puede llamar así, han sido inspirados por el movimiento de otras partes de la región. Soy un poco cauta en estas predicciones politológicas, porque el curso que tienen estos fenómenos tiene vida propia. Pero sí creo que ha excedido las expectativas de muchas personas, analistas, políticos. De las cosas que más me sorprendieron no fue que haya gente en el Centro, sino que haya gente en El Golf, en La Molina marchando. Lugares que no vas a ver que estén comprometidos en lo absoluto.

¡Multitudinaria marcha en Miraflores, dices!

Increíble, increíble. Quizás sería muy pronto decirle una primavera, pero algo está floreciendo.

 

En Perú tenemos esta idea inconsciente de que marchar es ser ‘demasiado politizado’. ¿A esta generación de jóvenes eso también le llega?

Recuerda que el ‘terruqueo’ sigue vigente. Esta asociación de ejercer tu derecho ciudadano de marchar pacíficamente y ser de extrema izquierda, lindando con grupo terrorista, es lamentable. No puede ser que hayan pasado décadas de la época del terrorismo y sigamos terruqueando a la gente. Es increíble que haya un manejo de protesta social tan criminalizado en el Perú.

¿Cuál es la salida al ‘terruqueo’? ¿Cómo se consigue que una sociedad sane esa herida y deje de ‘terruquear’ de esa manera?

Educación e información. Tenemos que entender que hay diferencias políticas, que hubo un conflicto social armado, que hay tendencias. Solo con información, información. No puede ser que se siga tergiversando lo que ocurrió hace décadas. Ahora ya nadie se va a dejar terruquear como antes, ahora la gente tiene más herramientas para defenderse. Ya la gente está un poco harta. Mi generación se bancó ese terruqueo, marchas con poco de gente, ahí nomás. Ahora la gente salió con todo, gente de todas las edades, gente que normalmente no sale.

¿Detrás de la desmedida violencia con la que se han reprimido las marchas puede estar también el aval de un discurso como ese? ¿Que la Policía se sentía avalada porque sabía que Ántero y la coalición vacadora tienen el discurso de que los que marchan son ‘terrucos’ y hay que dispararles?

La criminalización de la protesta social en Perú ahora nos está indignando porque la vemos en la capital, en el Centro de Lima, en primera plana. Pero esto ocurre desde hace años en distintas regiones del país. En conflictos sociales que tienen que ver con la minería, con tierras, y no pasa nada. Ya habíamos normalizado que haya muertos y heridos en protestas pacíficas. No puede ser que se lancen perdigones de plomo a personas que marchan, y que no haya ningún tipo de sanción. Han pasado ya cuántos días y no sabemos quiénes son los responsables.

¿Eso que dices es un discurso de izquierda, como aseguran los ‘terruqueadores’? 

Defender cualquier tipo de reclamo social ahora se ha asociado con la izquierda, cuando es un ejercicio saludable de la democracia. En Berlín, la semana pasada hubo una marcha multitudinaria de la gente que decía que el Covid-19 era un invento. Sacaron un ‘Pinochito’ y les tiraba agua, pero de una manera absolutamente disuasiva, no amenazante, no hubo perdigones, ni nadie les dijo ‘terrucos antisistema’. Tienen el derecho de quejarse, aunque suponga una movilización de recursos públicos de policías, el ‘Pinochito’, etc.

¿Crees que el de Francisco Sagasti podrá ser un gobierno de reconciliación? 

Si no lo es ya, debería. Es un gobierno de algunos meses que no va a lograr grandes reformas, pero lo que sí debería hacer es reconocer la terrible actuación de las fuerzas políticas, de la Policía, del manejo de la crisis. Fue lo que hizo. El haber invitado a los deudos a su juramentación, haber propuesto la reforma de la Policía, es un paso positivo.

Pero ahí tiene un problema. Se reconcilia con quienes lo pusieron en el gobierno, la calle, los jóvenes, pero ahora está chocando con sectores cercanos a la Policía. Empezar su gobierno con ese choque para mí es válido, ¿pero es el camino más práctico?

Hay que recordar que, luego del conflicto social armado, nosotros hemos intentado descubrir la verdad. La Comisión de la Verdad lo intentó. Pero nunca terminamos de hacer la parte de la Reconciliación. Nos ha tomado años, décadas. Sí considero que va a ser muy difícil que [Sagasti] logre la reconciliación en un par de meses, pero sí es una tarea pendiente que tenemos dada nuestra historia. La reconciliación es un trabajo difícil, que implica varias partes. Yo empezaría con diálogo.

En ese diálogo, ¿crees que Sagasti debe dialogar con las bancadas que piden una nueva Constitución, luego de decir que en su gobierno eso no se va a concretar?

El pedido de una nueva Constitución es algo bastante difundido entre los que marcharon. Habría que pensar bien qué [cambiar]. Hay varios artículos de la Constitución que no funcionan, uno de ellos el que habla de incapacidad moral. Funciona como cajón de sastre: en los últimos cuatro años ha sido usada cuatro veces. Claramente es un artículo que debería modificarse. Hay otros que distintos grupos de la sociedad piden cambiar: el rol de la Iglesia en el país, el capítulo económico. Más allá de eso, es válido que se comience a hablar de que el espíritu que despertó esta Constitución, hace más de 20 años, sea reconsiderado y se mire a la luz de los nuevos tiempos. Recordemos en qué condiciones se dio esta Constitución.

¿Se puede querer cambiar a una nueva Constitución y no ser de izquierda? Sin entrar en ‘terruqueo’, ¿ese es un discurso que es patrimonio de la izquierda?

Sí se puede. A la derecha le asusta mucho el cambio de Constitución por el famoso capítulo económico, que se ha convertido en la médula ósea, pero podemos conseguir cambios significativos sin cambiarlo todo. Ver una reforma parcial o hablar de una nueva Constitución puede ser posible sacando el tema económico. No necesitas ser de izquierda para ver que hay artículos que no funcionan. Por ejemplo, el que te habla de los impedimentos para postular.

 

¿No te preocupa quiénes escribirían esa nueva Constitución? Serían personas cuyas fortunas han nacido al cobijo de la Constitución del 93. Si son hijos de esta Constitución, ¿van a redactar una mejor?

Una Constituyente siempre es un reto. ¿Quiénes van a redactar nuestra Constitución? Es un problema. Hay países como Irlanda que redactan su Constitución haciendo una lotería, básicamente. Todos los ciudadanos tuvieron la chance de ser elegidos. Era una forma estadística de representar a toda la sociedad. Pero a mí sí me preocupa quiénes van a estar en esa Constituyente. Mira los congresos que hemos tenido en los últimos cuatro años. Hemos tenido cuatro pedidos de vacancia, las peores relaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo. Por eso, ¿Constitución ya? Ya, ¿pero quiénes?

¿Cuáles son el mejor y el peor escenario para el país de aquí a julio del 2021?

Para empezar, que no haya una segunda ola. Eso sería fulminante. ¿Vamos a llegar a las elecciones del 2021? Primero, contando que no haya una segunda ola. Una votación presencial a nivel nacional de 23 millones de personas es un reto con una segunda ola. Eso, por el lado logístico. Por el otro, me gustaría que haya un mea culpa del Congreso, que ya hemos visto que no hay, y un compromiso de llevar las cosas de la forma más ética posible al Bicentenario. Lo peor, es que se vuelva a repetir esto.

¿Existe la posibilidad de que saquen a Sagasti?

Espero que no, porque creo que el país no aguantaría otra. Si ocurre, la gente volvería a salir. Y saldría con todo. Esta vez, más allá de la defensa de una persona, ha sido una erosión al orden democrático. Se han puesto a hablar de si fue golpe, o no fue golpe, ¡pero es una erosión al orden democrático! De una manera poco usual, pero que claramente erosionó lo que teníamos entendido como democracia. No hemos llegado al Bicentenario en democracia, lo cual es una pena.

A la gente que marchó le empezaron a dejar de interesar los constitucionalistas que se turnan en programas de televisión. 

Los colegas constitucionalistas estaban ‘que si fue un golpe o no fue un golpe, que hay que esperar al TC y leer la Constitución’. Legislación supranacional: la Carta Democrática Interamericana dice que hay tres supuestos en los que se puede invocar. Esto claramente encaja en el tercer supuesto. El primero es los golpes de Estado clásicos. Estoy con mi tanque, entro al Palacio de Gobierno y los saco en pijama. Segundo, el autogolpe: Alberto Fujimori en el 92. Pero el tercero son las erosiones democráticas. Ese es el más complicado de analizar, porque no es tan simple. Es Evo tratando de manejar la legislación para reelegirse, o alguien usando mal la vacancia por incapacidad moral, o Trump diciendo ‘dejen de contar’. Es más sutil. Y cada vez es más difícil poner el dedo y decir “aquí hubo una interrupción del orden democrático”.

Entonces, ¿sí ves posible el escenario de una nueva vacancia?

No he visto un mea culpa de los operadores principales de esta crisis. Me preocupa mucho. No habido un “creo que no lo manejamos bien”. Leo a Merino en sus redes.

¿Acción Popular va a sobrevivir, como partido, a esta desgracia?

Sí, sí, sí. Va a sobrevivir, pasará la valla. Creo que han sido los mayores perdedores. No habían estado involucrados en el escándalo Lava Jato y, sin embargo, estuvieron a la cabeza de esta crisis. Pero sí van a pasar la valla.

Has mencionado Lava Jato, tema que has estudiado. ¿Cuánto de lo que ha pasado se debe a Lava Jato? Ojo, incluso si Vizcarra fue vacado por acusaciones del Club de la Construcción. 

Bastante. Más de lo que me hubiera gustado ver en Perú. Mi trabajo [tesis doctoral] es comparar Perú y Brasil. Tú me preguntabas hace un año y te decía “en Brasil se politizó mucho más, teníamos el caso de Lula que era una figura polarizante”. Y luego pasa esto. No es el caso Lava Jato per se, pero es el primo menor. Es, de nuevo, grandes constructoras incurriendo en ilícitos. La corrupción es un tema fácil de politizar porque todo el mundo está de acuerdo con que algo está mal. Y aquí el tema se utilizó como el viento: cuando me conviene es una lucha anticorrupción férrea y, cuando no, no. El caso de Vizcarra está en una etapa muy preliminar, hay aspirantes a colaboradores eficaces, aún no se sabe cómo va a ser la investigación, hay sospechas. Pudieron muy bien esperar a que acabe su mandato. Con el tema de la pandemia, todas las investigaciones se han dilatado. Aún no tenemos sentenciados, solo uno: César Álvarez. Que no solo cae por corrupción, sino por asesinato. El infame César Álvarez. Necesitamos más sentenciados.

¿En comparación con Brasil, qué tan lento vamos?

Es que en Brasil empezó mucho antes y fue descentralizado. Tienes fiscalías en Rio, en Curitiba, es más rápido. Hay más presupuesto y fuerza de trabajo. Los juzgados en Perú son un cerro de papeles. Hay un incendio y desaparece todo. En el capítulo de mi libro sobre Lava Jato decía que a pesar de todos estos problemas logísticos, de financiamiento, de fuerza de trabajo habíamos avanzado. Es un montón de chamba.

Entonces, ¿se deslegitima el trabajo de la fiscalía porque todavía casi no hay condenas o no?

Sí, pero no porque sea culpa del equipo especial. Tengo una información interesante: la cantidad que les termina dando el MEF es ínfima respecto a la que pide la Fiscal de la Nación. No es ni la mitad. En Perú siempre se logran cosas a pesar de que nadie sabe cómo. Yo en mi trabajo llamo a Perú como ‘el improbable campeón anticorrupción’. Nadie esperaba que el caso avance como avanzó. Hemos avanzado mucho a pesar de las dificultades. Y esta crisis política no ha ayudado. Tampoco la pandemia.

Hagamos enlace con las elecciones. ¿Ves que estas podrían ser unas elecciones signadas por Lava Jato, Club de la Construcción? 

Sí, sin dudas. Ya se convirtió en un clivaje. De hecho, que postule Ollanta Humala me parece bien curioso, y que tenga intención de voto.

¿Caballos ganadores? ¿Candidatos que veas más pintados hoy, aunque eso no tenga nada que ver con la foto final?

En Perú es bastante común que la elección se defina seis semanas antes. Ninguno que rankea primero ahorita es el que queda. Creo que [George] Forsyth se va a desinflar.

¿Porque no tiene nada que mostrar?

Creo que la gente se va a dar cuenta que, exactamente, no hay nada que mostrar. Un día dice que está a favor de las marchas, luego “saludo a Merino”. La gente está siendo más sensible a eso. Ya una gran parte del padrón electoral son jóvenes. Guzmán o Lizárraga deberían poder capitalizar la actuación de los miembros del Partido Morado en esta crisis. Han sido los más activos, los que han estado pendientes de la ciudadanía, los que han votado en bloque en contra. Deberían poder capitalizar eso.

¿Keiko Fujimori todavía puede ser presidenta del país?

Sí. Pero creo que a estas alturas, luego de haber quedado segunda tantas veces, ya no tiene tantas posibilidades. Su pico ya pasó. Cuando la pudo hacer, ya pasó. Fue el 2016. El tiempo de Keiko pasó, también vimos en qué desencadenó un Congreso dominado por Fuerza Popular. Creo que sí perdió mucho de su base.

¿Ollanta Humala tiene posibilidades o terminará como Alejandro Toledo, caminando frente a la cámara del debate?

Va a depender de quiénes sean los otros con más chances. Las planchas están complejas. No lo pondría en el nivel Toledo paseándose delante de las cámaras. No lo descartaría. Creo que no haría un papel tan malo, pese a todo lo del caso Lava Jato. Es un efecto pecera: tienes que elegir lo que hay en la pecera, no puedes salir de ahí.

Verónika Mendoza, en momento de madurez política, luego de endosar a PPK, ¿puede ser presidenta del Perú?

Sí. Creo que ella tiene capacidad de sumar votantes. Sobre todo, votantes jóvenes que pueden sentirse más atraídos a una agenda más de cambio, algo diferente. Pero, de nuevo: que las izquierdas corran separadas siempre va a afectar.

¿El reto de Mendoza es conectar con la parte de la izquierda con la que conectó el Frente Amplio?

Sí, pero de nuevo: efecto pecera. La izquierda va a tener que ser un poco más pragmática de lo que nos ha probado ser. La derecha es mucho más pragmática. Verónika Mendoza es una buena candidata, un buen producto para vender. Ella tiene que apelar a ese sector. Marco Arana sí creo que no tiene chances.

¿Hernando De Soto puede ser la carta de la derecha?

Jajaja. No, no, no. No pasa la valla. Hernando De Soto, sus spots publicitarios pensé que eran en joda. Todo es derecho de propiedad. La derecha necesita otro caballo, ese no es su caballo ganador.

Para terminar, un cajón de sastre: ¿cómo evalúas a Martín Vizcarra como cabeza de lista de Somos Perú?

Al tener una investigación preliminar hace un poco de ruido que quiera postular. Yo no puedo evitar el paralelo entre Vizcarra y la figura de Sergio Moro en Brasil. Personas que se erigieron como paladines anticorrupción y que luego se pasaron al lado oscuro. Me hace pensar en Sergio Moro. [Vizcarra] tiene capital político, sí tendría los votos para ser elegido. Que me parezca ideal, responsable, idóneo, atinado, no sé.

¿Cómo ha terminado Moro en Brasil?

Era la única persona que, si la ponían en las encuestas contra Bolsonaro, le ganaba. Ese es el capital político de Moro, y también de Vizcarra. ¿Cuándo Moro lo comienza a perder? Cuando se pasa ‘al lado oscuro’, acepta ser ministro de Bolsonaro, se pelea con él, lanzan un paquete de lucha anticorrupción y mano dura con la Policía. Siento que ya he visto esta película, y no acaba tan bien. Moro renuncia diciendo que no sabía cómo se iba a llevar el gobierno de Bolsonaro. Vizcarra hubiera podido mantenerse incólume, al margen. Todavía no sabemos si es culpable o no, pero hubiera sido mejor llevar la investigación como un ciudadano sin atadura de candidaturas.

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Hernando De Soto, Ollanta Humala, Verónika Mendoza

Si te ofrecieran ser presidente de un país en crisis, ¿aceptarías? Es sábado, casi medianoche, cuando Julio Guzmán levanta el teléfono y llama a Gino Costa para hacerle ese pedido. Hace veinte años que la democracia peruana es como un borracho que camina al borde del abismo, pero no se cae. De alguna manera, siempre pega una pirueta y se ríe del peligro.

Ese sábado, sin embargo, la democracia tiene todo listo para irse a pique hacia el despeñadero. Ya ha pasado casi una semana desde que vacaron al presidente, han muerto dos personas protestando en las calles y miles de jóvenes todavía siguen siendo baleados por la Policía. El país está saliendo de una pandemia para entrar en una crisis económica.

Aún así, Costa conversa brevemente con Guzmán y acepta su propuesta. Irá como candidato para asumir las funciones de presidente de la República.

***

En los días previos, el Partido Morado había puesto todos los huevos en la canasta del Tribunal Constitucional (TC). La consigna, consensuada entre sus dirigentes, fue presionar públicamente para que allí se revirtiera la vacancia. Que Martín Vizcarra continúe con su gobierno hasta el final les parecía la salida más factible. Recién el sábado por la noche comprendieron que quizás les iba a tocar gobernar a ellos mismos.

Puestos a decidir, Costa tenía dos características que lo colocaban por delante del resto de su bancada. Así lo explican tres fuentes de alto rango en el escalafón morado. La primera: sus años en la política. La segunda: que no está inscrito en el partido. Con esto último buscaron garantizar que el Ejecutivo se maneje con cierta ‘independencia’, dicen las fuentes. O al menos, que ese sea el mensaje.

Pero la iniciativa les duró bien poquito. En la mañana del domingo, Costa llegó a la Junta de Portavoces con el bolo fijo de los morados para presidir la nueva Mesa Directiva del Congreso y, con las mismas, fue obligado a retirarse. Luis Valdez, de Alianza para el Progreso (APP), reclamó que solo debían permanecer los voceros titulares de cada bancada. Por el Partido Morado se quedó Francisco Sagasti.

Las bancadas que habían vacado a Vizcarra no estaban dispuestas a darle la presidencia a alguien a quien consideraban ‘demasiado vizcarrista’. Costa, que hace un año le cedió su escaño a Salvador Del Solar para que presente la cuestión de confianza con la que se disolvió el anterior Congreso, fue vetado inmediatamente. ¿El problema? Tampoco podían volver a repartirse el botín entre ellas. La calle solo aceptaría una nueva Mesa Directiva con congresistas no vacadores. Y la única bancada que había votado en bloque en contra de la vacancia era la morada.

Durante toda la negociación, los morados tuvieron la ficha de la calle como ventaja: de una u otra forma iban a tener que aparecer en la foto. La pregunta era quién lo haría. Junto a Gino Costa, en la mañana del domingo comenzó a circular una opción que agradaba más al resto del Congreso: Carolina Lizárraga. Hacia las 10 de la mañana del domingo, su nombre desató una guerra de bases moradas en Twitter, que arrastró a varios periodistas. Las que no la querían hicieron significativamente más bulla.

Fuentes cercanas a la negociación confirman que Lizárraga fue propuesta por las bancadas sin que ella lo pidiera. Para adivinar el porqué no hace falta ser un gran analista político. Lizárraga tiene una encarnizada disputa interna con Guzmán desde hace varios meses. No acude a las reuniones del Comité Político y casi no interactúa con otros miembros de la cúpula partidaria. En septiembre, el ala guzmanista emitió un comunicado acusándola de “traición” y “sabotaje”.

Apostar por Lizárraga era la única movida disponible para poner a los morados en jaque: o darle poder a la rival de su líder o mandar el mensaje de que su primera prioridad no era salir de la crisis. En el Partido Morado la decisión siempre fue no respaldarla. Y eso nunca se puso en duda, ni cuando parecía que no tendríamos presidente por varios días. “Yo no he pedido ningún cargo”, escribió luego ella, en su cuenta de Facebook.

***

Hacia el mediodía del domingo, la negociación empezó a ponerse mucho más dura. En las calles (y en las redes sociales) el repudio al Congreso se sentía cada vez más pesado. Al Partido Morado también le llovían las críticas por su incapacidad para cerrar una lista y ganarla por la fuerza de los votos. El país necesitaba un nuevo presidente, sin excusas de por medio, y los dirigentes morados estaban preocupados.

Poco antes de las 12, empezó lo que llamaremos la ‘pequeña debacle’ del guzmanismo. A esa hora Julio Guzmán publicó un comunicado en el que ofrecía lo siguiente: que Sagasti asuma como presidente encargado, que convoque rápidamente a un pleno para anular la vacancia y que Vizcarra regrese a tomar el mando del gobierno. Tres horas después, la bancada lo contradijo y tuiteó algo distinto: proponían a Sagasti como presidente, pero de toda la transición.

“Ese comunicado [de Guzmán] fue un error garrafal”, dice una fuente. Otras dos confirman que los congresistas morados vieron en ese mensaje un riesgo grande: seguir pegados para siempre a la etiqueta de ‘vizcarristas’. Además, aseguran que para entonces la figura de Vizcarra –contra quien ya se había dictado impedimento de salida– les pareció demasiado manchada. ¿Tenía sentido pedirle que vuelva? Julio Guzmán, que ya había conversado sobre el tema en la interna, se allanó y respaldó la nueva decisión de su bancada.

En la negociación posterior, ese comunicado crispó los ánimos de los demás congresistas. A estos les era muy difícil quitarse la idea de que darle la Mesa Directiva al partido de Guzmán era proceder automáticamente con la restitución de Vizcarra. “Nos costó mucho revertir esa percepción, convencerlos”, cuenta otra fuente.

Luego vinieron una serie de sucesos inexplicables. Sin poder conseguir el domingo los votos suficientes para su lista, Sagasti estampó su firma como primer vicepresidente en la de Rocío Silva Santiesteban, del Frente Amplio. Esta candidatura generó un intenso debate en redes: muchos la acusaban injustamente de ‘radical’. En la interna morada la percibían como una persona ponderada, sí, aunque igual tenían algunas reticencias porque era de izquierda.

Luego –pese a ser un hombre muy cuidadoso– Sagasti solicitó sacar su firma de la lista alegando haberla puesto con demasiado apuro. ¡Pero horas después volvió a meterla! Finalmente, el Congreso cerró el domingo con una actuación vergonzosa: no aprobó nada. Y un botón: APP volvió a traicionarse a sí misma. Luego de anunciar que respaldaría en bloque la lista, 7 de sus congresistas se abstuvieron.  No habría humo blanco hasta el lunes.

***

Aquí hay que hacer una breve pausa para recordar una historia más antigua. En febrero de este año, los morados tuvieron la primera negociación parlamentaria de su historia como partido. Fue por la Mesa Directiva y perdieron contra la fórmula que acaban de expectorar. La falta de reflejos políticos –la indecisión, en realidad– les costó caro aquella vez. Luis Valdez, hasta hace tres días primer vicepresidente del Congreso, les dijo públicamente que las negociaciones en el Congreso son como “el juego de las sillas”. Y que ellos se habían quedado sin sentarse en alguna.

Anteayer, en un momento crucial para la historia del país, el Partido Morado parecía enfrentarse a lo mismo: a que los agarren de lornas. Pero debemos recordar que esta vez tenían una ficha clave bajo la manga, la calle. Apoyados en ella, en la habilidad de negociación de algunos de sus congresistas y en una movida audaz decidida la noche del domingo pudieron revertir lo que parecía una nueva derrota parlamentaria.

El consenso que alcanzó ayer la nueva lista presidida por Sagasti se empezó a gestar hace dos días. Fuentes de la bancada aseguran que el domingo ya se empezaron a acercar congresistas para adelantarles que estarían dispuestos a darles un voto. No se llegó, sin embargo, a cocinar nada concreto. La semana terminaba en suspenso.

Entonces, en la noche Julio Guzmán puso en marcha una inteligente estrategia de choque elaborada junto a los miembros de su Comité Político, vía chat de Telegram. Su partido dejó atrás los remilgos previos, que habían llevado a sus congresistas a asumir que no podrían ser gobierno, y presentó una lista compuesta únicamente por militantes. La presidía Sagasti y la integraban Zenaida Solís, Angélica Palomino (Piura) y José Antonio Nuñez (Arequipa).

La presencia de estos dos últimos congresistas regionales era un mensaje en clave, también. Ambos se habían alineado con Lizárraga en votaciones sobre temas mediáticos previamente, pero reconocían mediante su firma el compromiso con el ala guzmanista del partido. Lizárraga aún apela en su precandidatura presidencial a las bases regionales.

Además, Guzmán se presentó en medios criticando el accionar del resto de bancadas. La estrategia buscaba recuperar el terreno alto; la posición de poder en la negociación. ¿El ficha-candado bajo la manga? Vale repetirlo: la calle. El mensaje era este: si no apoyaste mi lista, atente a las consecuencias. Las bancadas respondieron rápidamente.

“Ha sido una medida de presión”, explica un congresista de Acción Popular. [Los medios y los manifestantes] nos iban a agarrar como piñata. Eso hizo que las bancadas presionáramos a nuestros voceros para encontrar consensos”, asegura. El lunes por la mañana la actitud del Congreso cambió radicalmente.

***

Fuentes moradas explican que los primeros en acercarse fueron congresistas de APP y del Frepap. La vocera alterna de este grupo parlamentario, María Cristina Retamozo, aseguró que darían su voto sin pedir a cambio ninguna vicepresidencia. El consenso se alcanzaría –aceptaron ambas bancadas– si se armaba una lista con congresistas que no hubieran votado a favor de la vacancia, pero que fueran también de otros partidos.

Entonces, empezó la suma y resta parlamentaria. Luis Roel Alva, quien entró en la segunda vicepresidencia, trajo 8 votos ‘disidentes’ de la Acción Popular de Burga y Merino. Mirtha Vásquez, hasta hace unos meses poco conocida congresista por Cajamarca, apareció como la única figura del Frente Amplio que no espantaba votos de otros partidos. Percibida como menos ‘radical’ que Silva Santiesteban (pese a que no necesariamente lo es en la realidad), su lugar en la lista se habría potenciado –para el Frepap, por ejemplo– por sus convicciones religiosas. Luego, le tocó a los parlamentarios morados ponerse a negociar. Gino Costa, defenestrado candidato inicial, trajo a parte de Somos Perú, partido en el que ha militado. Cuando alcanzaron 60 votos que necesitaban, el resto cayó en cascada.

Fuentes parlamentarias indican que este acuerdo entre el Partido Morado, APP, el Frepap, y partes del Frente Amplio y Acción Popular podría ser el germen de una alianza política que garantice gobernabilidad para el Ejecutivo que presidirá Sagasti. Un hombre que –luego de un pasado de izquierda– hoy se ubica ideológicamente en el centro. Todas las fuentes consultadas destacan su disposición para llegar a acuerdos.

Sagasti empieza un gobierno de 9 meses plagado de esperanza, nacido de una movilización de jóvenes que hoy sienten que la política no les es ajena. Sin embargo, no todo lo que tiene delante es un camino de rosas. También deberá calmar a un país golpeado por el desempleo y la recesión causada por el Covid-19. Su manija política se pondrá a prueba al momento de negociar con el Congreso iniciativas similares –digamos– al retiro de fondos de las AFP, con la que estuvo abiertamente en desacuerdo.

El Perú puede parecer, a veces, un país demasiado grande y diverso para un político que estudió ingeniería industrial pero se dedica principalmente a la docencia, la consultoría y la investigación. Sobre todo, para alguien cuyas maneras refinadas y estilo de vida de alta alcurnia no tienen por qué conectar inmediatamente con la mayoría de peruanos, sobre todo los más pobres. Su primera tarea será escuchar directamente sus demandas y llegar a ellos con soluciones concretas.

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Congreso, Francisco Sagasti

Para el analista político estadounidense el sistema político peruano resulta, cuando menos, inverosímil “¿A quién representan UPP, Acción Popular, Somos Perú?”, se pregunta. “No son partidos políticos, son franquicias”, se responde. Y sin partidos –prevé– el movimiento ciudadano de hoy se disolverá como el de los Cuatro Suyos.

Por Fabrizio Ricalde y Paolo Benza

Miles de peruanos, de distintas tendencias ideológicas, lograron en las calles un cambio político. En el séptimo día, sin embargo, el Congreso no logró concluir la obra. La clase política ha vuelto a demostrar su desconexión con el país y sus necesidades ayer domingo, al no ponerse de acuerdo para elegir una sucesión democrática. Le ha fallado, una vez más, a los ciudadanos.

Mientras que los medios internacionales difunden al mundo la ambigüedad del caso peruano -crisis política, pero movilización ciudadana efectiva-, en la Universidad de Harvard hay un profesor que tiene más de dos décadas estudiando el fenómeno del Perú. Steven Levitsky ya no tiene fe en los actuales congresistas, pero encuentra razones para entusiasmar al país con una nueva generación que -quizás- pueda alcanzar reformas. Para ello, sin embargo, necesita organizaciones que la representen.

Se suele decir  que la sociedad peruana está desconectada de la actividad política, pero nosotros dos siempre hemos creído que en realidad está desconectada de sus políticos. 

[Los peruanos] no están desconectados totalmente. Lo que pasa es que se sienten mal representados. Hay un nivel de rechazo muy alto en el voto y en las encuestas. Pero están prestando atención y no les gusta lo que ven. Ahí es donde una figura como la de Vizcarra destaca. Muy criticado (y en algunos casos con razón) por los medios, los analistas y los políticos, pero es el único político desde Fujimori que ha logrado tener cierta legitimidad con la opinión pública. Él sí cae bien. Pero casi todo el resto de políticos post-Fujimori han sido desastrosos. Y la movilización en el Perú ha sido baja en los últimos veinte años, si lo comparas con Chile, Ecuador, Brasil, Bolivia y Argentina. Lo de hoy ha sido inédito desde el 2000. Yo espero que sea una sociedad que participa más que solo cada cuatro años.

¿Qué es lo que tienen en común Vizcarra y Fujimori para ser los únicos dos con legitimidad popular en tres décadas? Están en polos ideológicos opuestos y Vizcarra, incluso, ha sido un abanderado del antifujimorismo. 

Vizcarra ha sido también un outsider de la política. Tiene una visión más técnica y no es tan populista como fue Fujimori. Pero no le interesa quedarse en el mundo político y lo critica mucho. Su olfato no ha estado mal y eso lo distingue del resto. Hay un temor en la clase política relacionado a no romper el modelo económico, aunque el pueblo lo demande y el gobierno pierde legitimidad a costa de no hacerlo. Vizcarra ha tenido más afán de conectarse con la gente y estuvo dispuesto a utilizar el apoyo popular para tener logros políticos. Llamó a plebiscito y cambió algunas normas. Es un político mucho más dispuesto a actuar de cerca a las preferencias públicas y rompe con la cultura de mantenerse dentro de lo que define el CADE.

¿Tenemos una clase política incapaz de cambiar el statu quo económico y eso favorece a estos outsiders

[Los políticos] no afectan la economía y la protegen a todo costo. Mira a Alan García: destruyó su carrera política porque no estaba dispuesto a lanzar políticas redistributivas, aunque tuvo un montón de plata en su segundo gobierno. En el Perú, parece como si la política no pudiera jamás afectar la economía…

Pero la termina afectando igual…

Sí, si no hay un sistema político funcional y legítimo, en algún momento va a tocar la economía.

Entonces: si lo que hace populares a Vizcarra y Fujimori es escuchar los pedidos de la gente, ¿qué está pasando en el sistema electoral y político para que la mayoría de políticos no escuchen al ciudadano? 

Hay una o dos generaciones [de políticos] en el Perú que siguen viviendo el efecto de la crisis de los ochenta. Quizás la juventud en las calles no. Pero luego de la violencia y el colapso de la economía, hay un temor por politizar la economía. Evitar a toda costa el retorno de una crisis [económica]. Sin embargo, en democracia, los políticos tienen que escuchar a la gente y generar cierto equilibro entre la gestión pública y la opinión pública. No pueden ignorarse el uno al otro.

Luego, tienes el colapso de los partidos políticos y de la carrera política. Hace mucho que los congresistas, los gobernadores y los alcaldes no son políticos partidarios. Son agentes libres, son empresarios. Compran su espacio en la lista para hacer negocios. Ojalá fuera exagerado, pero es concretamente así. Todavía existen ‘partidos’, pero ya desaparecieron hace rato. UPP, Somos Perú, Acción Popular: los llamamos partidos, pero no lo son. Son franquicias alquiladas a la gente para llegar al Congreso y hacer plata o negocio. Eso no es política. Eso genera un sistema electoral de corrupción que ha extinguido a los partidos y a la carrera política. El sistema absurdo protege a las viejas organizaciones e impide el surgimiento de nuevos (y verdaderos) partidos. ¿Para qué sirve UPP?

La pregunta es: ¿a quiénes representan más allá del momento electoral?

¡A quién representa UPP! ¡A quién representa Somos Perú! Tengo un doctorado en ciencias políticas y no sé qué carajo significan esos partidos políticos. No son partidos, son franquicias. Y por eso tenemos un Congreso lleno de novatos sin experiencia, sin carrera y sin conocimiento sobre el funcionamiento del Congreso y de la democracia. No están ni mínimamente socializados en las normas y prácticas del sistema. Tal vez no sea bueno vacar al presidente cada vez que te da la puta gana. Tampoco piensan en el futuro, porque ahora no se pueden reelegir. Entonces en poco tiempo van a maximizar sus intereses. Si fueran políticos de carrera de verdad estarían pensando en generar alianzas, cohesiones, en entender el sistema y aplicarlo bien para tener una buena imagen. Estos congresistas entraron por la ventana y compraron su lugar.

Pero hay congresistas, como Merino y otros, que aprueban leyes llamadas populistas. Por ejemplo, el retiro de fondos de las AFP. Eso es ir en contra del statu quo económico. Entonces, ¿por qué igual los odian?

El Congreso desde hace mucho tiempo tiene ya ganada y se merece una imagen negativa por su incompetencia, ineptitud y corrupción. Los congresistas defienden sus intereses personales. ¡Es muy obvio! No tienen principios, hay investigaciones en su contra, tienen denuncias. Es la corrupción percibida en el Congreso lo que pesa más.

Los odian porque sencillamente son malos políticos, ¿entonces?

Ni siquiera son políticos. Son empresarios. Llegaron para hacer su negocio. Y la gente lo sabe, porque es obvio. La coalición liderada por Merino que agarró el poder por cinco días ni siquiera intentó esconder o disimular su lucha por intereses personales. Están al desnudo, y la gente no es tonta. Creo que esa imagen pesa mucho más. Veinte años de pésimo rendimiento como políticos y han deslegitimado la democracia. La gente ha formado su opinión sobre el Congreso no por sus posiciones programáticas ni por sus leyes, sino porque son muy malos.

Cerremos hablando sobre el choque generacional. Esa política apolillada, anciana y conservadora que se contradice con una juventud más abierta, liberal y soñadora. ¿Cree que vaya a consolidarse un movimiento juvenil a partir de lo ocurrido?  

Esperábamos algo parecido en el 2000. Hablábamos de una manera muy parecida de la juventud en esa época cuando se bajaron a Fujimori con la Marcha de los Cuatro Suyos. Pero eso no produjo una nueva clase política.

¿Qué les faltó?

Partidos políticos.

Organizaciones que canalicen sus demandas. 

La coalición toledista murió desde el principio porque Toledo no formó partido. El antifujimorismo no tuvo un partido. La izquierda siguió muy débil por razones históricas. Nunca se construyó una fuerza liberal, progresista y en el lado antifujimorista. Se fragmentó en mil pedazos y la gente se cansó de la política. Quizás por voluntad propia o porque sus partidos murieron. Incluso muchos se volvieron más conservadores, como Juan Sheput.

Si no se canaliza en un partido la movilización de los jóvenes, ¿se va a dispersar indefectiblemente?.

Se vuelve más difícil. Es más probable que así la sociedad no aproveche el momento. Pero no es imposible. Una experiencia cómo esta, de salir a la calle, sufrir ataques de gases, organizarse para participar y defenderse, genera la posibilidad de construir una sociedad colectiva y movilizada. Pero es muy temprano para hablar de una nueva generación política. Lo que da es esperanza.

Y, en eso, se vienen las elecciones en seis meses. 

La próxima elección puede generar algo muy parecido a los últimos años: un presidente mediocre, sin popularidad, y un Congreso lleno de la misma mierda. Es muy posible eso. Esta crisis y la movilización social podría cambiar la dinámica, sin eso estaríamos peor aún. El problema es la oferta política. Difícilmente estas generaciones van a encontrar líderes en los candidatos actuales, son un desastre. Una mezcla entre outsiders -algunos muy peligrosos y otros mediocres- y dinosaurios, como los llama Julio Guzmán -donde vamos a poner también a Keiko Fujimori-. La fuerza de estas protestas no tiene un liderazgo dentro la oferta política actual.

¿El Partido Morado?

Podría ser. El mal menor, como siempre. Guzmán ha buscado crear algo, ha reclutado gente decente, pero no le fue muy bien en la elección pasada. Me cae muy bien, es mi amigo, pero hasta ahora no ha logrado ser un talento político y no ha mostrado su capacidad electoral. En las encuestas no le va muy bien. Sería un cambio enorme si el partido nominara a alguien diferente a Guzmán.

Parece imposible que un partido político pueda proponer un proyecto valioso en un sistema malogrado como este. 

Algo ha hecho bien Vizcarra. No es casualidad estar siempre por encima del 50% de aprobación. Eso no lo hizo Toledo, ni Humala, ni García ni PPK. Desde Fujimori, nadie ha tenido eso. Algo deben aprender de Vizcarra. El Partido Morado es el único que ha sido coherente en esta crisis, el más limpio y defensor, pero no tiene un candidato presidencial formidable hasta ahora y eso es algo clave.

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Congreso, Steven Levitsky

Con diversos episodios de irrefutable racismo en su historial, el nuevo presidente del Consejo de Ministros asume la conducción de un gobierno que deberá enfrentarse a la calle. Mientras tanto, una universidad denegada, cercana a su firma de abogados, ya emprendió el contraataque contra la reforma del sector. Este es el perfil del hombre que, por ahora, deberá conducir la transición ordenada del gobierno hasta julio del 2021.

 

“El fútbol a sol y sombra” es un libro hermoso en el que Eduardo Galeano reseña –entre otras cosas– la historia de los Mundiales. Cada capítulo inicia con un contexto distinto. “Un atentado terrorista había derrumbado las Torres Gemelas”, dice para Corea-Japón 2002. “El mundo se quedaba callado de Frank Sinatra”, lamenta para Francia 98. Pero hay una frase que se repite, capítulo a capítulo, con obstinado sarcasmo, de los sesenta en adelante: “Fuentes bien informadas de Miami anunciaban la inminente caída de Fidel Castro”. Una caída que siempre iba a producirse “en cuestión de horas”.

Galeano usa esa muletilla para burlarse de un tipo de anhelo muy particular: algo que se vocea y vocea con persistencia, porque a algunos grupos políticos les sigue interesando que ocurra, pero que la mayoría de personas ya tiene claro que no va a ocurrir. Al menos, no según el sentido común. La trampa está en que hablar sobre un tema, así sea cada vez más improbable, lo mantiene vigente. En los últimos cinco años, un posible premierato de Ántero Flores-Aráoz se había convertido en eso: la caída del régimen de Fidel Castro. 

Con cada renovación de Gabinete (que no han sido pocas en este gobierno), de algún lado llegaba el rumor de que uno de los voceados para ser primer ministro era el Dr. Flores-Aráoz. Alguien –quién sabe si él mismo– se encargaba de filtrar la información con la esperanza de que llegara a los círculos de prensa. Pero la prensa seria, y con el tiempo la otra también, terminó por entender que el rumor no tenía sustento. ¿Por qué alguien le daría el premierato a Flores-Aráoz en el 2020? El tema comenzó a verse como un chiste. “¿Y ahora quién va a la PCM? Ántero, seguro”.

Desterrado del PPC hace más de una década, Flores-Aráoz se había convertido en un político huérfano e incapaz de recuperar el capital electoral que en un momento –es cierto– sí tuvo. En las últimas elecciones, las del 2016, en las que postuló con el Partido Político Orden, quedó último con el 0,4% de los votos. Ni siquiera grabando el infame video del ‘Gato Fiero’ pudo conectar con una ciudadanía que ya parecía haberlo jubilado, sin que él se diera cuenta. En las redacciones de los principales diarios del país, incluso, ya existía un veto tácito a consultarle como analista. No por alguna tendencia ideológica particular, sino por esta honesta pregunta: ¿hoy a cuántas personas representa su opinión?

“[Winston] Churchill, en el Reino Unido, tuvo que ponerse adelante en momentos muy difíciles. Nadie mejor que él [Flores-Aráoz] para asumir un reto de esta naturaleza”, dice Luis Alfonso Morey, asociado en licencia de su firma de abogados y quien, como candidato a la alcaldía de San Isidro, propuso construir un muro alrededor de su distrito. Luego aclaró que se trataba de un “muro de valores”. En la carrera municipal del 2018, Morey obtuvo un porcentaje ligeramente superior al de Ántero en la presidencial: 1,9%.

Pero la soledad política de Flores-Aráoz no solo se ha reflejado en su juramentación unipersonal –algo que también le ocurrió al expremier Vicente Zeballos tras el cierre del Congreso–, sino en la creciente protesta callejera contra el gobierno que ahora representa. “No he visto violencia”, dijo en la mañana de ayer, ya ungido como premier. “Que [los manifestantes] se tranquilicen, pues”, pidió luego, ya sin poder cerrarle los ojos a la realidad. Horas después, la exministra de Salud Pilar Mazzetti le dio un portazo en la cara descartando –en medio de la pandemia– formar parte de su futuro Gabinete. Ántero la había estado llamando sin que ella le levantara el teléfono.

“Ha juramentado solo y con protestas cada vez más fuertes en la calle. Eso es digno de García Márquez. Ya ni siquiera es El otoño del patriarca, sino ‘El crudo invierno del patriarca’”, dice el psicoanalista Jorge Bruce. “Ántero no es un caso delirante y aislado. Sí representa todavía a una parte del pensamiento de la élite. Pero creo, y sin estar siendo demasiado optimista, que representa solo a la parte más atrasada”, asegura.

Flores-Aráoz ha tomado el premierato como representante de un sector de políticos que el electorado ha castigado en las últimas elecciones. Es sintomático, por ejemplo, que una de sus primeras entrevistas como primer ministro haya sido en UCI Noticias, entrevistado por Jorge Del Castillo, histórico dirigente aprista, pero cuyo partido obtuvo apenas 2,7% de los votos en las últimas elecciones congresales.

¿Por qué de ser presidente del Congreso, elegido congresista durante once años consecutivos, en ocasiones con más de 150.000 votos, Ántero Flores-Aráoz ha pasado a ser un político cuya toma de mando en PCM se considera una resurrección? La principal razón es, explica Bruce, lo que da origen al título de este perfil: su inocultable racismo. 

Un lapsus que pinta un océano

Ántero es un político racista en una sociedad en la que el racismo todavía está profundamente arraigado. Con el auge global de la ‘incorrección política’, uno podría pensar que eso lo mantendría vigente. Sin embargo, su caso es distinto: el electorado peruano –aunque se trate de una sociedad que se sigue manejando en esos códigos– no premia la discriminación desde posiciones de privilegio. Por el contrario, la sanciona drásticamente. Si un candidato tiene aires de virrey y rechaza un chicharrón, no puede pretender tener éxito.

Durante décadas, Flores-Aráoz disimuló ese racismo con una imagen ‘criolla’ y ‘desvergonzada’, pero en los últimos años se le ha desbordado. “No entiendo cómo gente inteligente puede haber presentado esto […]. Si esto lo hubiera presentado Juan Pérez Mamani, de repente”, dijo en Ampliación de Noticias, en el 2018, al criticar la Ley Mulder sobre publicidad estatal. “Decir ‘los pueblos olvidados del Perú’, ¡no me jodan!”, dijo, cuando pensaba que la cámara no lo estaba grabando, al documental La Espera, que trata sobre el Baguazo. Su argumento: que es imposible llevar servicios básicos a todos los rincones del país, porque el dinero no alcanza.

Imagen: Andina

Pero hay un episodio que describe con mucha más claridad el racismo de Ántero. Ocurrió en junio del 2006. El periodista Ramiro Escobar trabajaba en un programa de Canal N llamado ‘Sin Rodeos’, auspiciado por el Instituto de Defensa Legal (IDL). Por entonces se discutía la ratificación parlamentaria del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Estados Unidos y el Perú. Desde la izquierda, una idea -cuya factibilidad era, es cierto, cuestionable- había surgido en el debate: convocar un referéndum para decidir si se debía ratificar el convenio bilateral.

Escobar -quien reconstruyó el episodio en diálogo con Sudaca– llegó al Congreso para entrevistar al entonces presidente de la Comisión de Constitución, Ántero Flores-Aráoz. Ya en su oficina, mientras el camarógrafo preparaba la toma y en las conversaciones previas a la entrevista, ocurrió el siguiente diálogo informal. El hoy premier hablaba bajo la seguridad de que, al no haber iniciado la entrevista, sus palabras no serían reproducidas. Esta es una transcripción literal que Escobar hizo pocos días después del incidente y que reafirmó para Sudaca:

—¿Y usted cree, congresista, que debe aprobarse el referéndum?

—Noo, ¿para qué? ¿Le vas a preguntar a las llamas y vicuñas sobre el TLC?

—¿Cómo dijo, congresista? ¿A quién se refiere con “llamar y vicuñas”?

—¿A quién? A la gente, pues

—Oiga, eso es insultante. Me está ofendiendo a mí y a numerosos compatriotas. Eso es ofensivo.

—Es mi opinión, pues, y por último no la estoy diciendo públicamente.

Escobar cortó la entrevista rápidamente y, por supuesto, no utilizó las declaraciones de Flores-Aráoz para su reportaje. Sin embargo, sí tomó una decisión periodística: revelar lo que el entonces congresista había dicho con el micro apagado. “[Flores-Aráoz] me miró como diciéndome tú me entiendes”, recuerda. Junto al conductor del programa, Hans Landolt, relataron el episodio y le hicieron un llamado público a la rectificación. Escobar, luego, también escribió una columna al respecto en Perú21.

El incidente tuvo repercusiones menores. Hace 15 años, la condena pública a los actos de racismo no era tan robusta. Pero Escobar sí recuerda una anécdota: frente a la firma de abogados de Flores-Aráoz, en Corpac, San Isidro, se convocó una manifestación de la que participó una llama. “La habrán conseguido de la [universidad] Agraria. El caso es que le pusieron un cartelito que decía ‘yo también quiero opinar sobre el TLC’ o algo similar”, cuenta.

Como toda persona racista, Ántero ha negado varias veces serlo. También lo han hecho sus allegados, como Morey. “No tiene el más mínimo grado de consciencia de que encarna el racismo más rancio de la sociedad peruana, porque lo reitera una y otra vez. Lo vuelve a hacer con lo del Baguazo, por ejemplo. Ahora, que él se niegue a entender la realidad de su desprecio o el daño que hacer es problema suyo. Lo asombroso es que lo nombren primer ministro”, dice Bruce, quien analiza el episodio de las llamas y las vicuñas en su libro “Nos habíamos choleado tanto”.

En una entrevista con Fernando Vivas, para El Comercio, Ántero ha intentado maquillar lo inmaquillable, diciendo que sus palabras fueron mal interpretadas. Asegura que se refería a las llamas tanto como a las piedras. “Mis padres eran quechuablantes y de la sierra. Así que eso, a mí, particularmente, me agredió. Me acordé de mi vieja, de mis abuelos. ¿Cómo me va a decir una cosa así?”, dice Escobar.

No hace falta explicar la grieta que un discurso como ese abre en la psicología colectiva de los peruanos. Sin embargo, para que quede claro que este perfil no es un recuento ‘moralista’ de hechos, sino uno pragmático, vale explicarlo. “Desalienta cualquier espíritu de cambio y genera un sentimiento de desasosiego profundo en los ciudadanos. Estos se retraen de la vida pública porque dicen ‘si nuestros dirigentes dicen eso, ya qué nos espera’”, dice el psicoanalista Bruce. Reciclar políticos abiertamente racistas aleja a los peruanos aún más de la política. Y esa desconexión ha explicado mucho de lo que hemos visto en los últimos cuatro años.

“Pero me preocupa aún más que muchas personas terminen por autodiscriminarse. Es una figura como la del niño que sufre porque su padre es violento, pero trata de entender por qué lo hace. Luego, termina creyendo que hay algo de cierto. Eso genera atraso cultural, social y un daño psicológico profundo. Ah, y también atraso económico, por supuesto”, agrega Bruce. Un país con ciudadanos que no se reconocen como iguales a sus dirigentes está condenado al fracaso. 

“Mi propósito no es atacarlo, sino hacer notar algo que ocurrió y que se debe tomar en cuenta cuando alguien toma el poder. No puedes decir eso y tratar de gobernar un país, resolver cosas importantes para la sociedad”, dice Escobar.

Defensor de universidades denegadas

El fracaso político del 2016 obligó a Ántero a recluirse en su trabajo como jefe de una firma de abogados que lleva su apellido. En la arena pública, se mantuvo como columnista del diario Exitosa. Hasta que resucitó como premier. Dado el nuevo poder que ahora tiene sobre el devenir institucional del país, es necesario cerrar este perfil con unos renglones sobre un tema clave: su posición sobre la reforma universitaria. Una que ha esgrimido en por lo menos media docena de columnas y otros tantos pronunciamientos públicos.

Para Flores-Aráoz, la reforma universitaria ha ‘discriminado’ a las universidades privadas denegadas, muchas de las cuales no cumplieron con ninguna de las ocho condiciones básicas de calidad que evalúa la Sunedu. “Ha habido un doble rasero. Por un lado, a las universidades públicas no licenciadas se les dio otra oportunidad, que se la han negado a las privadas. Vamos a tener un cuarto de millón de estudiantes en la calle”, le dijo a TV Perú en el 2019.

Este argumento se desprende del Decreto Supremo 016-2019, emitido por el gobierno del expresidente Vizcarra, en el que se obliga a las universidades públicas denegadas -solo dos, hasta octubre último- a elaborar un plan de emergencia, reorganizarse y volverse a presentar al licenciamiento. También se las sanciona si no lo superan en la segunda oportunidad.

Como han analizado los abogados Wilder Oyola y Diego Méndez para el portal jurídico IUS 360, el decreto no es discriminatorio porque también permite a las universidades privadas no licenciadas (48) hacer lo mismo, solo que sin el financiamiento ni acompañamiento del Estado. “Por su naturaleza, las normas del citado DS no son aplicables a estas universidades, puesto que se trata de sujetos privados, financiados con sus propios fondos y que se rigen por decisiones de sus órganos. Así, como ha señalado el Tribunal Constitucional, el principio de igualdad exige tratar igual a los que son iguales y distinto a los que son distintos. Se trata de personas jurídicas de distinta naturaleza”, aseguran ambos juristas.

Sin embargo, Ántero ha repetido el discurso de la discriminación. Uno que, coincidentemente, también ha esgrimido con fervor la Universidad Privada Telesup, de José Luna Gálvez, también fundador de Podemos Perú. De hecho, Morey ha sido el asesor jurídico de Telesup en todo este proceso, que incluyó una medida cautelar ganada en un juzgado de Bagua.

Morey asegura haber tomado el caso de Telesup ‘a título personal’. Para ello, dice, pidió licencia del estudio Flores-Aráoz. “Es como un profesor universitario que no está dictando clase. No estoy viendo ningún caso con el estudio, pero formo parte de él como abogado asociado”, aseguró a Sudaca. “En el seno del estudio estuvimos todos de acuerdo que por lo mediático del tema iba a hacer la defensa [de Telesup] de forma individual”, agregó. Según él, que el nuevo premier tenga el mismo discurso que Telesup -el cual reafirmó a medios ayer- es simple coincidencia de posiciones.

El tema cobra aún más relevancia porque apenas al día siguiente de la caída de Vizcarra, el 10 de noviembre, poco antes de que juramentase el nuevo primer ministro, Telesup envió una carta notarial al superintendente de la Sunedu, Oswaldo Zegarra. En la carta, argumenta por qué la medida cautelar de Bagua –luego revertida– sigue vigente y le da 24 horas a la entidad para aplicarla. Es decir, para imterrumpir el proceso de cierre de Telesup y restituir su derecho a admitir alumnos.

Lo sintomático del documento, sin embargo, son sus últimos párrafos. Con inusitada confianza, el gerente general de Telesup, Luis Felipe Luna Morales, amenaza a Zegarra con denuncias penales y le dice que -todo este tiempo- la Sunedu se ha aprovechado de una “posición de dominio” porque tenía el “respaldo del gobierno” de Vizcarra.

A renglón seguido, Luna Morales asegura –sin miramientos– que “una vez que su posición de dominio y respaldo gubernamental haya llegado a su fin, conforme el devenir político del país”, Telesup recuperará su supuesto derecho a seguir operando. Así las cosas, Flores-Aráoz, doctor honoris causa por Telesup, y Manuel Merino, nueva cabeza del Ejecutivo, deberán definir si, de cara a la creciente ola de protestas callejeras, apoyarán públicamente a la Sunedu como ente rector del proceso de reforma universitaria.

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