Jaime Villanueva - Sudaca.pe

En la puerta del horno

Este domingo los peruanos nos enfrentamos a nuestro destino. En una elección imposible entre dos alternativas igualmente mediocres, reaccionarias, autoritarias y sin ningún proyecto de país que sea capaz de integrar la sociedad multiforme que somos. La constatación real a la que nos enfrentamos es que no hemos sido capaces de asimilar el cambio social que se ha producido en el Perú y que José Matos Mar describió como un desborde popular. Por eso, luego de este domingo, sea cual fuere el resultado electoral, nos espera un desastre: enfrentamiento, violencia, un país fracturado que marcha a la puerta del horno donde todos los panes se queman.

Quienes piensan que esta elección es un enfrentamiento de pobres contra ricos, provincianos contra limeños o defensores del modelo contra los que quieren un cambio, fallan en su diagnóstico, pues no son capaces de ver más allá de la coyuntura. Lo que tenemos hoy es que la institucionalidad, siempre en manos de la élite dominante, ha sido absolutamente incapaz de mirar más allá de sus narices y se ha conformado con la utilización del poder estatal para sus propios beneficios particulares, por lo que ha sido completamente desbordada por las expectativas de igualación social que han tomado una ruta diferente a la de la legalidad y la institucionalidad.

Por ello, es que el discurso de salvar la democracia no hace eco en quienes siempre han sentido la institucionalidad democrática como algo ajeno, lejano, extraño. Precisamente de este mismo sentimiento se valió Alberto Fujimori hace 30 años para propinar el autogolpe de estado cuyas consecuencias más nefastas hoy vivimos. Es cierto que estamos en el período democrático más largo de nuestra historia y que nos ha costado mucho defenderlo y mantenerlo, pero hemos sido incapaces de hacer que los beneficios de ésta lleguen a todos y sabemos bien que sin igualdad no puede haber democracia.

Ya hemos dicho que el 11 de abril triunfó el voto de la desesperanza. El mensaje del elector peruano, al ponernos ante estas dos alternativas igualmente nefastas, ha sido que para una amplia mayoría la democracia no ha podido cumplir con sus reivindicaciones de igualdad. Por ello, han tomado el camino del autoritarismo ya sea de izquierda o de derecha. No olvidemos que el fujimorismo representa a un sector popular autoritario y basado en el clientelaje y que Castillo encarna la rabia de un pueblo por siglos olvidado que desprecia la democracia porque para ellos representa el poder de los señores de siempre. Por eso, en medio de la peor peste de nuestra historia republicana y a doscientos años de la independencia el mensaje mayoritario es que vivimos en una república fallida que debe desaparecer junto con el viejo orden. El mensaje ha sido el de una desesperanza tanática.

El peligro que enfrentamos es muy grande pues el lunes tendremos un país partido por la mitad que no dará espacio para la gobernabilidad. Esperemos que ambos candidatos tengan, al menos, el gesto democrático de aceptar los resultados, pues de uno y otro lado ya se oyen voces que llaman a la violencia y agudizar el enfrentamiento. Los medios de comunicación deben ser muy prudentes al momento de mostrar los resultados preliminares, pues si la diferencia entre uno y otro al momento de dar la boca de urna no pasa del margen de error, lo mejor sería esperar a los resultados oficiales para evitar lo que se puede convertir en un grave conflicto que tal vez ya no se pueda controlar.

Lo cierto es que más allá de quien gane nos toca a todos los peruanos plantearnos una reflexión profunda acerca del tipo de sociedad que queremos. Es evidente que ninguno de los que vaya a gobernar podrá hacerlo, pues cada uno representa sólo a la mitad del país que defiende, ninguno tiene una mirada integradora. Somos una sociedad plural que requiere cambios profundos, por eso, se hace imprescindible un nuevo pacto social que se cristalice en una nueva constitución que nos dé el marco de una nueva institucionalidad que responda al tipo de sociedad de todos los rostros, todas las sangres y todas las voces en la que hemos devenido. Esto no representa el triunfo de alguna de las opciones en contienda, sino que refleja la posibilidad de arribar a una convivencia más igualitaria.

Las de hoy no son las reivindicaciones de hace 50 años. Hoy el peruano es otro, uno que quiere ser incorporado a los beneficios de una vida signada por la posibilidad del desarrollo que el mercado puede otorgarle. La figura del emprendedor, que es la gran mayoría del país, es una muestra de aquel que ha tenido que ir por cauces diferentes a los de la legalidad para poder acceder a un nivel de vida que no está reñido con la modernidad. Los peruanos hemos puesto en la práctica un capitalismo popular que ningún partido político ha sido capaz de recoger y colocar como programa.

Si el que gane el domingo no es capaz de comprender el cambio que ha sufrido la sociedad en la que el peruano no quiere un estado totalitario que todo lo regule, porque sabe que todo lo hace mal, pero, tampoco quiere un estado indiferente que le dé la espalda en momentos de desesperación como el que vivimos; entonces, nos tendremos que preparar para aquello que Dante leyó a las puertas del infierno: “¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!”; y más aún, para lo que su maestro le dijo que estas palabras significaban: “Conviene abandonar aquí todo temor; conviene que aquí termine toda cobardía. Hemos llegado al lugar donde te he dicho que verías a la dolorida gente, que ha perdido el bien de la inteligencia.”

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Tags:

Democracia, Elecciones 2021, Perú

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