Jaime Villanueva - Sudaca.pe

La Contrarreforma Universitaria

"La universidad y en especial la universidad pública no podrá tener autonomía mientras el Estado le siga otorgando menos de la mitad del presupuesto que necesita para subsistir."

Hoy el Congreso de la República deberá mostrar al pueblo peruano de qué está hecho. Deberá decidir si aprueba o no una de las embestidas más fuertes y funestas en contra de la universidad en los últimos 20 años. Los congresistas deberán decidir si se colocan del lado del país que necesita de una adecuada educación superior o si se coloca del lado de los mercaderes de la educación que con intereses mafiosos se han dedicado hacer fortuna estafando a los más necesitados.

La universidad es la madre del alma de una nación. Si una se envilece arrastra a la otra. Por ello, no nos debe sorprender que la peor crisis de nuestro sistema universitario surgiera bajo el régimen más envilecido de nuestra historia, la dictadura fujimorista. La universidad es la encargada de formar a la élite dirigente, a los científicos, humanistas, profesionales que deberán cargar en sus hombros el desarrollo material y espiritual del país. La defensa de la universidad es la defensa del destino de todos nosotros como sociedad.

Es cierto, como anota Nicolás Linch, que la Contrarreforma universitaria se inició en el momento mismo en que la tecnocracia neoliberal, liderada por el ex ministro de educación Jaime Saavedra, logra introducir un elemento extraño a la universidad como la SUNEDU: “Saavedra y su grupo obtienen lo que querían tomando por asalto una ley en cuya elaboración no habían participado hasta el momento final y usan esta oportunidad para desarrollar un proyecto mayor: la segunda fase de la privatización universitaria, hoy en curso en el Perú. Han tenido la audacia de poner las cosas al revés y tener éxito, por el apoyo mediático que ostentan, llamando “reforma” a lo que en el fondo es una “contrarreforma” de la educación universitaria” (La universidad y el poder en el Perú: Los último cien años). En todos los proyectos de ley anteriores a este se hablaba de un Consejo Nacional de Universidades que reemplazaba a la funesta Asamblea Nacional de Rectores (ANR). Se trataba de un organismo surgido del seno mismo de la universidad, pues se entiende que ésta siendo el reino de la inteligencia no puede aceptar ninguna entidad extraña a ella que la controle.

Lo que se ha logrado con la tergiversación de la mal llamada reforma universitaria es acentuar el modelo de una universidad para el mercado dejando de lado los ideales que la inspiran y guían. La SUNEDU actúa como una suerte de comisario de la educación superior atreviéndose a ir más allá de sus funciones, como la de otorgar autorizaciones de funcionamiento, sino que los burócratas también revisan los programas académicos y hasta pretenden supervisar el modo en que un profesor debe dictar su curso con odiosos formatos, carpetas, escritorios, y un largo etcétera de instrumentos que sólo ha logrado burocratizar aún más la función de los profesores.

Lo que sucede es que el debate sobre la autonomía y la excelencia de la educación universitaria (nos negamos a usar el concepto de “calidad” importado de la administración) se encuentra mal planteado. No se puede colocar en los términos en los que ahora se entiende como si se está a favor o en contra de la SUNEDU. Es cierto que ha habido algunos avances en cuanto a la investigación, pero los términos de la discusión deben ser mucho más amplios que eso. La autonomía tiene que ver con la libertad en el gobierno universitario para poder decidir sobre sus propios programas académicos, los cuales no pueden estar sujetos a la lógica del mercado pues, de lo contrario, prácticamente no habría cabida para las humanidades o las ciencias básicas, por ejemplo.

La universidad y en especial la universidad pública no podrá tener autonomía mientras el Estado le siga otorgando menos de la mitad del presupuesto que necesita para subsistir. Es una vergüenza que la universidad pública tenga que financiarse de sus “recursos propios” mientras que la tecnocracia neoliberal ha tergiversado el programa de Beca 18 que hoy sirve para financiar a las universidades privadas. La universidad pública no puede ser la última opción para sólo para los pobres, en un país que se quiera a sí mismo, la universidad pública debería ser la primera opción para todos.

Con todo esto, lo que pretende hacer el Congreso es nefasto pues significaría un retorno a una situación aún peor a la que vivimos hoy. La mafia y el oscurantismo se han juntado para pergeñar un atentado contra la universidad y sus fueros. Ya lo hicieron permitiendo una moratoria en la que se premia a la mediocridad de algunos profesores que ni una maestría ha podido obtener en tantos años y aun así tienen la osadía de seguir enseñando. Ponernos del lado de la defensa de la universidad en esta coyuntura significa estar en contra de este atentado al alma misma de la nación.

Hace casi cien años Don José Ortega y Gasset nos legó su inmortal texto sobre la Misión de la Universidad, en el que señalaba que ésta tiene tres funciones básicas: la transmisión de la cultura (la más importante), la profesionalización y la investigación. No se cansaba de abogar por que la universidad dejara de ser una fábrica de “bárbaros profesionales”. Ahora que los padecemos podemos entender la importancia de tener universidades de excelencia y con un profundo compromiso con la inteligencia y el desarrollo espiritual del pueblo.

El tema de la universidad es demasiado importante para dejarlo en manos de los políticos y menos aún de los que tenemos. Incluso para dejarlo en manos de algunas autoridades universitarias que no tienen idea de lo que sea una universidad. Ha sido lamentable ver el espectáculo de la ignorancia de balbuceantes gentes tratando de defender lo que a todas luces es el negocio de una mafia que no ha escatimado en degradar a la universidad y al país. 

En este sentido, y hablo como un profesor sanmarquino que ha dedicado su vida a la universidad pública, que las autoridades de San Marcos, la universidad que prefiguró a nuestro continente, se hayan coludido con los intereses subalternos de quienes quieren perpetuar a los pobres en la ignorancia, resulta escandaloso y decepcionante. Nos toca a sus profesores y estudiantes hacer realidad la misión que nos legó el querido siempre recordado maestro sanmarquino Juan Abugattás: “Yo estoy convencido que toca una vez más a San Marcos asumir un real liderazgo en esta difícil tarea. Su peso histórico, su prestigio secular, el hecho que no haya permitido que criterios de ventaja inmediatista o crematísticos la afecten esencialmente, la coloca en un lugar privilegiado. Tal vez haya llegado la hora de convocarnos todos a una movilización permanente para sentar las bases de una renovación profunda de nuestra vieja casa, una renovación enérgica y contagiosa que pueda ser luego emulada por el conjunto de las universidades del país y que se haga orgullosamente, con esperanza, a paso de vencedores y con la mirada puesta en el gran destino que, si así se lo propone, puede tener el Perú”. 

 

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reforma universitaria, universidad pública

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