Jaime Villanueva - Sudaca.pe

Los Senderos que se Bifurcan

"Que Castillo sea ahora presidente se lo debe no a un partido sino a que supo cohesionar el descontento popular que se identificó, no con el militante ortodoxo de una izquierda trasnochada, sino con el profesor rural y campesino de sombrero ancho como el mundo que prometía"

La arremetida contra el gobierno sigue incontenible. No hay día en que no se cuestione, denuncie, critique o exija la vacancia de un presidente que no tiene ni dos meses en el cargo. Es cierto que esta situación en parte es responsabilidad del Presidente Castillo por haber hecho nombramientos inoportunos, en algunos casos provocadores, y no haber sabido rectificar a tiempo ahondando aún más la crisis y colocándose en un lugar aún más delicado de la fragilidad con la que sostiene su tambaleante gobierno. Pero, el modo impune en que se azuza a la población con el fantasma del terrorismo, el clasismo y racismo han sacado a luz las profundidades de una sociedad fracturada, corroída por centurias de olvido, exclusión e injusticia.

El momento que vivimos se torna dramático pues no se trata sólo de una lucha entre izquierda y derecha, sino del modo en que queremos vivir como sociedad. Y ahí se juegan dos visiones opuestas y hasta contradictorias del Perú. Lo chocante para algunos es que la que hoy gobierna es aquella que siempre fue silenciada y excluida de los centros de decisión del poder. Por eso aparecen como improvisados, inexpertos, torpes, no porque lo sean sino porque no se condicen con la tecnocracia que durante treinta años nos impusieron haciendo del estado un productor de técnicos-burócratas insensibles a las necesidades populares que se crearon un mundo paralelo y distante de los ciudadanos.

Hoy no sólo se acusa al gobierno de eso sino además se pretende crear la imagen de que ha sido tomado por sendero luminoso. Corresponderá al Presidente Castillo deslindar, aclarar y cambiar el rumbo. No puede haber concesión alguna con esa horada de asesinos enloquecidos que destruyeron material y espiritualmente nuestro país. Consecuencia de sendero es el fujimorismo y por eso son las dos caras de la misma moneda: corruptos, asesinos, autoritarios, felones, oportunistas, en suma, mequetrefes cualquiera.   

Por eso, lo que estamos viendo ahora es el enfrentamiento de dos extremos igualmente irracionales y autoritarios. Enfrascados en una pugna por el poder, ambos extremos se muestran incapaces de ver y atender a los más necesitados y aquellos que claman atención. Castillo, si quiere seguir siendo presidente, debe aprender las dotes del equilibrista tratando de no caer en el abismo de la derecha o de la izquierda. Ese equilibrio es aquello por lo cual hoy ocupa el cargo de presidente. Atender a una población de regiones que siempre fue despreciada y excluida. Él es la voz de los que nunca la tuvieron. Pero, no sólo es esa voz sino que, además, está ahí para resolver los problemas efectivos que aquejan a los peruanos más pobres. Si bien, Castillo es el presidente de todos los peruanos, su principal deber está con los más pobres y olvidados.

El ciudadano promedio del Perú es desideologizado y por tanto no ha votado por un partido político en concreto. Que Castillo sea ahora presidente se lo debe no a un partido sino a que supo cohesionar el descontento popular que se identificó, no con el militante ortodoxo de una izquierda trasnochada, sino con el profesor rural y campesino de sombrero ancho como el mundo que prometía. En ese sentido, su partido es más un lastre que una oportunidad de poder llevar a buen puerto el gobierno. Su torpeza política, siendo el partido de gobierno, ha demostrado que la elección la ha ganado Castillo y no ellos. 

Con esto no queremos proponer una ruptura entre el presidente y su partido, pero sí un replanteamiento en las relaciones de poder y función que tendrán cada uno. No se puede seguir generando la imagen de ingobernabilidad y falta de rumbo en medio de una crisis que amenaza a diario nuestras vidas y nuestra ya muy maltrecha economía. Eso sólo hará que el pueblo, siempre pragmático cuando tiene hambre, mire para otro lado, sienta que se equivocó y busque cambiar de presidente.

La función principal del presidente Castillo es aliviar lo antes posible el castigo que significa el alza de los precios en los productos de primera necesidad en medio de la pandemia. El pueblo quiere soluciones concretas o el contento se volverá ira, no importa si se trata de un gobierno de derecha o de izquierda cuando el hambre y la muerte arrecian la ideología desaparece. 

El gobierno aún está a tiempo de deslindar y sacudirse de los elementos que le son más un lastre que un alivio en su deber de solucionar los problemas de los más pobres. Para ello, si se hace imprescindible que nos señale claramente cuál es el rumbo trazado para poder acompañarlo. No puede haber más incertidumbre, porque el principal problema de este gobierno es que nadie –parece que ni el mismo presidente- sabe para dónde vamos. Si a esa incertidumbre le sumamos los cuestionamientos e incompetencias de varios de los ministros y funcionarios nombrados, entonces el gobierno está, por mano propia, camino al desbarrancadero.

En nuestro caso, los senderos que se bifurcan no son los del tiempo infinito en forma de laberinto que imaginó Borges. Son los senderos que en nuestra historia siempre nos han llevado al desastre. Los senderos de la derecha y la izquierda extremas que llevan a la muerte y la miseria. Está en manos de Pedro Castillo conducirnos por alguno de estos senderos y arrojarnos a las profundidades del abismo o dar un giro a su gobierno y empezar a preocuparse u ocuparse de aquello para lo que fue elegido.

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