Jaime Villanueva - Sudaca.pe

No es detención es retención

El gobierno del Partido Morado, que se dice republicano (pero que ni siquiera entiende la profundidad de ese concepto, pues el republicanismo defiende la libertad como no-dominación), ha mostrado un cariz profundamente autoritario, al aprobar el a todas luces inconstitucional Decreto Supremo N° 008-2021-PCM que crea unos “centros de retención temporal” a cargo solamente de la policía, donde se priva de su libertad por cuatro horas a los ciudadanos que hayan infringido una medida administrativa como la de la inmovilidad social. Esto claramente contraviene el sentido mismo de nuestra Constitución que señala la defensa de la dignidad de la persona como el fin supremo de la sociedad y del Estado, así como la garantía a no ser detenido sin una orden judicial o en flagrante delito.

 

Los artífices de la sociedad moderna, como Rousseau, entendieron a la democracia como el paso de ser un individuo a convertirse en un ciudadano. Tal conversión no es posible sin la libertad, que tiene como fin preservar la autonomía de la persona como sujeto moral. Es decir, sólo la libertad nos garantiza el ejercicio pleno de nuestras potestades morales y nos constituye en personas autónomas y responsables. La ciudadanía entraña entonces una responsabilidad ante nosotros mismos (conciencia moral) y ante los demás, ser responsable quiere decir hacernos cargo de nuestras acciones y responder por ellas. No obstante, esto sólo es posible en la medida en que podamos ejercer nuestra libertad de manera irrestricta.

 

Aquellos artífices de la moderna sociedad democrática concibieron también al Estado como un Leviatán -un demonio- del que deberíamos desconfiar constantemente pues, con el uso del monopolio de la coacción, busca e intenta siempre restringir nuestra libertad. Pues bien, si la libertad es el bien humano, social y jurídico más preciado con el que contamos para ejercer nuestra ciudadanía, es indispensable protegerla y preservarla aún en las difíciles condiciones en las que nos encontramos producto de la pandemia por la covid-19.

 

La libertad es la condición de la dignidad y por eso la Constitución la coloca en primer lugar.  Nadie, ni siquiera el Estado, mejor diríamos, mucho menos el Estado, tiene derecho a detener o retener a una persona sin los supuestos contemplados en la Constitución. Esta es la garantía de nuestra libertad como ciudadanos. Poner un alto a los desenfrenos del Leviatán y recordarles al Presidente Sagasti y a su Ministro del Interior José Elice, que en lo mejor de la tradición republicana la libertad ha sido entendida siempre como la ausencia de servidumbre, es también nuestro deber como ciudadanos.

 

En los despropósitos a los que ya nos tiene acostumbrados el señor Elice ha intentado justificar esta arbitrariedad diciendo que no se trata de detenciones sino de retenciones, trayéndonos a la memoria otras celebres declaraciones de ese calibre como “no se cayó, se desplomó” o “no es plagio, es copia”. La distorsión del lenguaje al servicio de la incompetencia y el autoritarismo. Lo cierto es que bajo este pretexto los ciudadanos que incumplen la inmovilización social decretada por el gobierno, son trasladados a centros de retención especialmente creados para este propósito. Lugares donde los ciudadanos son sometidos a la humillación de permanecer cuatro horas de píe bajo el sol, pese a que muchos de ellos cuentan con las autorizaciones y permisos correspondientes. Esta es la cara más infame del autoritarismo que no podemos permitir. La represión, señor Ministro Elice, no es el modo de tratar con ciudadanos libres y autónomos. Como antiguo postulante al parlamento por un partido que se dice republicano debería saberlo.

 

Pero, esta situación, no sólo es moral y políticamente cuestionable, sino que además es ilegal. El abogado Carlos Caro Coria ha realizado un acucioso y bien informado análisis de estas retenciones y ha hecho notar su ilegalidad e inconstitucionalidad. Nos ha mostrado cómo esta  retención, en realidad, es una detención encubierta que no cumple con lo que legalmente regula el artículo 209 del Código Procesal Penal, que señala que toda retención (que además se hace bajo el contexto de una pesquisa) que haga la policía debe ser comunicada al Fiscal  nunca a criterio sólo de ésta o de las fuerzas armadas y menos aún del serenazgo. Ni siquiera la justificación de que los ciudadanos sean llevados a estos campos de retención para su identificación es justificable, pues ante una falta administrativa, como el incumplimiento de la inmovilidad social, lo único que cabe es la imposición de una multa, nunca la privación de la libertad.

 

Llama la atención que instituciones democráticas como el Congreso de la República y el Ministerio Público hayan abdicado de su deber. El primero al permitir estos atropellos y ni siquiera pedir explicaciones al Ministro haciendo uso del control político que siempre debería realizar. El caso del Ministerio Público es más grave pues como garante de la legalidad debería intervenir cada uno de estos campos de retención y ordenar la inmediata libertad de los ahí detenidos. Hubo un tiempo en que los fiscales estuvieron del lado de la ciudadanía defendiendo sus derechos y libertades. Ese tiempo tuvo un paréntesis durante la dictadura fujimorista y parece que también ahora durante el gobierno del partido morado. El Ministerio Público no debería abdicar de sus funciones y facultades y tendría que cumplir con su misión de defender los derechos de los ciudadanos ante los abusos del gobierno de turno.

 

Vivimos tiempos oscuros para la democracia, la historia nos enseña que a toda peste siguen abusos del poder y un profundo descrédito de la democracia. Este gobierno desde su inicio ha hecho gala del uso indiscriminado de la represión y el autoritarismo, como lo hizo con los agricultores que protestaron legítimamente, y como lo hacen ahora con sus detenciones encubiertas. Nos toca a los ciudadanos ser responsables y acatar las medidas que intentan cuidar de nuestra salud por el bien de todos. Pero, de ninguna manera y menos en tiempos como estos, cuando vivimos amenazados por la muerte y el Estado se hace más fuerte, podemos dejar de defender nuestra libertad, esa suprema conquista de la cultura de la democracia. Nos queda pues, estar atentos y vigilantes ante los abusos del gobierno que cada vez hace mayor gala de su intolerancia y autoritarismo. Señores del gobierno del partido morado con la represión no se combate una pandemia.

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