Jaime Villanueva - Sudaca.pe

Nueva Constitución, pero no a cualquier precio

No le falta razón a  Vargas Llosa cuando dice que el resultado de la primera vuelta nos ha colocado frente a un abismo

No le falta razón a  Vargas Llosa cuando dice que el resultado de la primera vuelta nos ha colocado frente a un abismo. En lo que se equivoca y se traiciona es en hacer un llamado para que nos arrojemos en él. Ante el vértigo de la nada que supone estar frente a un abismo, queda siempre la actitud estoica y responsable de mantenerse en pie, al borde del mismo, resistiendo la tentación de caer o arrogarse en él. Como hemos dicho aquí, ambas candidaturas resultan igualmente deleznables. Son los extremos que se tocan en su obcecación por un autoritarismo que apenas pueden disimular.

 

En el caso del fujimorismo es claro, pues no sólo reivindica la dictadura asesina y corrupta de la que nació, sino que propone, como una bofetada a la dignidad nacional, la liberación del delincuente que tienen como fundador. Ese sólo hecho ya implica un profundo desprecio por la democracia y sus valores pues significa enrostrarnos a todos que el pillaje, el latrocinio y el asesinato son tolerables en un Estado de derecho.

 

En ese mismo sentido apunta la propuesta de Pedro Castillo de un cambio de la Constitución. Estamos de acuerdo en que se hace imperativo que vayamos a un nuevo pacto social que nos lleve a un cambio de la actual Constitución –hija también de la dictadura fujimorista- pero no a cualquier precio. De ninguna manera, violentando la institucionalidad democrática y atentando contra la libertad.

 

Ya hemos escuchado a los rabiosos esbirros de Pedro Castillo anunciar con todas sus letras que ellos, en seis meses, disolverán el congreso recién electo para convocar a una Asamblea Constituyente. Es decir, han anunciado que harán un golpe de estado, en los mismos términos en que lo hizo Alberto Fujimori en 1992. Otra vez los extremos se tocan en su vilipendio por la democracia. Lo que buscan es tener un gobierno sin ningún contrapeso ni control fiscalizador para poder gobernar a su antojo con decretos-ley mientras se instala la nueva asamblea, tal como lo hizo Fujimori antes. Como ya dijimos, son las dos caras de la misma moneda.

 

Es cierto que vivimos un momento constituyente y que el país demanda un nuevo pacto social y que para lograrlo debemos ser creativos. Pero, éste no puede hacerse a condición de sacrificar nuestras libertades. Esa es la razón por la cual la izquierda progresista y democrática propuso una ley de referéndum primero para consultar si el pueblo estaba de acuerdo con una nueva constitución y recién, a partir de ahí, convocar a una asamblea constituyente cuya única misión sea redactar la nueva carta fundamental. En ningún momento se propuso disolver al primer poder del estado, en tanto constituye la soberanía encarnada de la voluntad popular. Es decir, nunca rehuyó a la fiscalización y el control político. Nunca más, debemos asistir o permitir prácticas antidemocráticas y poco civilizadas como la disolución de un congreso.

 

El abismo al que nos enfrenta el señor Castillo es uno del que tal vez ya no podamos salir, pues se puede convertir en la instauración del abuso, la prepotencia y el autoritarismo sin ningún control. Sin Congreso, ni Tribunal Constitucional (al que también ha dicho que quiere disolver) no queda manera de defender institucional, civilizada ni democráticamente nuestros derechos. Nos convertiríamos en una dictadura como las muchas que ya hemos tenido en nuestra historia y sería el fin del período democrático más largo en nuestra república. Ingresaríamos al bicentenario otra vez, en medio de la dictadura, el caos y la poca viabilidad de constituirnos en la sociedad que queremos ser.

 

Tal vez el señor Castillo no entienda qué significa una democracia. Su confusión mental lo hace una persona llena de contradicciones, como cuando, por ejemplo, dice en una entrevista del 12 de febrero de este año con el correcto periodista Diego Acuña, que no es marxista, mientras que el plan de gobierno que defiende señala textualmente “que decirse de izquierda cuando no nos reconocernos marxistas, leninistas o mariateguístas, es simplemente obrar en favor de la derecha con decoro de la más alta hipocresía”. Según su mismo partido, el señor Castillo sería un hipócrita que le hace el juego a la derecha al querer emularla con otro golpe de estado más. Tal vez, esa misma confusión sea la que lo lleve a querer liberar al pueblo con un golpe de estado que termine oprimiéndolo.

 

Es muy grave lo que se ha dicho, desde Perú Libre, sobre el modo cómo piensan cambiar la constitución. Esperamos que la izquierda democrática no ceda a las tentaciones autoritarias y ponga por delante la defensa de la democracia y la libertad. La sociedad civil debe prender todas sus alertas y mantenerse vigilante. Nuestros jóvenes hace poco ya fueron capaces de evitar un golpe de estado y todos deberemos estar listos para volver a salir a las calles y evitar otro, así esta vez venga disfrazado de pueblo.

Si desea recibir noticias de SUDACA haga clic aquí para registrarse a nuestro Newsletter.

Tags:

Elecciones, Mario Vargas Llosa, Pedro Castillo

Mas artículos del autor:

"Camino al precipicio"
"Interculturalidad e Hispanidad"
"La hora de las decisiones"