Jaime Villanueva - Sudaca.pe

Perú, país a la deriva

"La vacancia no puede ser un ejercicio caprichoso que se use cada vez que a alguien no le guste el que está gobernando. El legislador la pensó como una medida excepcional, pero cuando la excepción se vuelve la norma entonces volvemos al gobierno del más fuerte."

Un fantasma recorre el gobierno, el fantasma de la vacancia. Desde antes de asumir oficialmente el cargo de presidente de la república Pedro Castillo ha estado bajo asedio. La vacancia, como la espada de Damocles, pende sobre él. Como nunca antes, el presidente Castillo no ha tenido un minuto de tregua. Su elección trató de ser desconocida con un falso fraude, se amenazó con elevar el dólar a 6 soles, las inversiones se contrajeron, la prensa dejó de informar para ir a la ofensiva militantemente, los grupos del poder fáctico nunca se resignaron a que perdieron las elecciones y ya no tenían más a los ministros a su disposición.

Sin embargo, también es cierto que el gobierno les ha hecho muy fácil el trabajo. Los nombramientos inoportunos, la vocación por la falta de transparencia, la torpeza política de no contar con operadores adecuados y el estilo sinuoso de gobernar, nos han conducido en pocos meses a la posibilidad de la vacancia y por tanto la total desestabilización del país. Por momentos, pareciera que de manera inconsciente el presidente Castillo quisiera que esto suceda. De otra manera, no se entiende esa persistencia en el error y ese ponerse cabe a sí mismo en todo momento. 

El reglaje (video-vigilancia?) al que ha sido sometido el presiente – algo que parece haber sido realizado o asesorado por profesionales capaces de evadir los controles de seguridad del Estado- sólo hace parte de un plan mucho mayor orquestado y financiado, tal vez, desde el momento mismo de su elección. Sólo en ese contexto cobra sentido lo que parecía un inoportuno y solitario pedido de una congresista, hija de un beodo adicto a las dictaduras, para el que se organizó una escuálida marcha a sueldo y que o contaba con el respaldo de la mayor parte de congresistas. Pero, todas estas acciones de pronto cobran sentido con el “reportaje” donde se revelan las citas clandestinas del presidente.

Ahora nos la vemos en el momento más crítico en lo que va del gobierno y otra vez atizado por lo que más que una explicación pareció una confesión de parte del presidente Castillo. Tal vez sea cierto que no ha habido nada irregular en esos encuentros -que, por otra parte, no son nada extraños en cualquier gobierno- pero para eso debe exigirse y realizarse la más rigurosa investigación por el bien mismo del gobierno y del país. Con la fragilidad que tiene, sumada a su total falta de reflejos políticos el gobierno no puede permitirse que el halo de la sospecha de la corrupción lo persiga. Eso sólo lo puede conjurar una investigación objetiva e imparcial.

El presidente de la República no es quien otorga la buena pro en una licitación, para eso existe un comité, que se investigue a fondo cuándo fueron nombrados, quién es el responsable, etc., que se ordene una auditoría a todas las obras que ha ganado esta empresa en los gobiernos anteriores. Lo que no se puede es no hacer nada pues eso sólo sigue alimentando el morbo y la sospecha pues aquí está en juego algo más que el gobierno y su estabilidad. Está en juego la institucionalidad y la viabilidad del país.

La mayoría de los peruanos votaron por Pedro Castillo más que por sus propuestas por lo que él representaba. La posibilidad de que los excluidos sean por primera vez representados. Fue un voto de hartazgo y de desesperanza en un sistema que no da para más, ahí el mayoritario respaldo al cambio de constitución. Su elección fue la expresión del rechazo a un sistema corrupto, ineficiente y que perpetua la desigualdad y exclusión. Por eso es tan grave si se llega a comprobar si este gobierno es más de lo mismo. Los ciudadanos ya no sólo quedarán rabiosos y desesperanzados sino también heridos por la traición y sin liderazgos a la vista el rumbo del país se hace absolutamente incierto.

La vacancia no puede ser un ejercicio caprichoso que se use cada vez que a alguien no le guste el que está gobernando. El legislador la pensó como una medida excepcional, pero cuando la excepción se vuelve la norma entonces volvemos al gobierno del más fuerte. Quienes promueven de manera irresponsable la vacancia deberían ponerse a pensar en las consecuencias que podría tener el jugar con fuego y el gobierno debería someterse a una investigación seria y empezar a gobernar con total transparencia que para eso fue elegido.

Nuestro país se encuentra a la deriva, sin rumbo. Navegamos bajo la tempestad sin capitán y con las ratas devorándose entre ellas por unas migajas de pan. Es en momentos cruciales como este en que se hace imperioso detenerse a pensar de uno y otro lado qué es lo mejor para todos “porque el enojo mata al insensato, y la ira da muerte al necio” (Job 5:2).

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Congreso de la República, Perú, vacancia presidencial

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