Crísis

A raíz de la pandemia, se ha discutido cada vez más sobre las habilidades de un líder para hacerle frente a cualquier situación inesperada que ponga en jaque a la organización. La consultora Deloitte considera que los líderes tienen al menos tres marcos temporales para actuar y que pueden aplicarse a cualquier otra crisis: responder, recuperarse y prosperar.

En función a estos escenarios debe determinarse si lo que se necesita es gestionar la continuidad (responder), evaluar la experiencia que se tuvo en la fase de respuesta (recuperarse) o prepararse para la nueva realidad (prosperar). Anticipar los modelos de negocio que podrían surgir, por ejemplo, tiene que ver con la cualidad de tener una visión a largo plazo.

“La rapidez es importante: un líder resiliente debe tomar medidas decisivas en el corto plazo. Es fundamental tomar la iniciativa siendo transparentes sobre la realidad actual y, a la vez, dibujar un escenario futuro convincente que inspire y motive a los trabajadores a perseverar”, precisan. Además, se debe ser empático, sin dejar en ningún momento de ser racional.

De igual manera, Gabriel Regalado, CEO de Mercer Perú, precisó en un webinar organizado por el PAD-Escuela de Dirección, que los líderes deben partir de identificar si lo que corresponde es responder a la crisis, regresar al trabajo o elaborar un plan de acción.

“Es crucial que elabores un plan de acción como respuesta a la crisis. (…) Asegura una buena preparación de tu equipo de trabajo para enfrentar limitaciones en la cadena de suministro y demanda. Es importante que priorices actividades comerciales y operativas que sean críticas para la compañía”, indicó.

Líderes empáticos y resilientes

Si bien al inicio se requiere de un líder muy empático y comunicativo, Regalado también hace énfasis en las competencias de resiliencia que debería tener. Por ejemplo, la estabilidad emocional para ser tolerante a la frustración, mantener la calma y enfocarse en los resultados esperados con optimismo en el equipo de trabajo.

“Todo líder debe reconocer que no tiene la respuesta para todo, y sumar una actitud de apertura para probar nuevos enfoques. En estas circunstancias, un líder escucha a su equipo para “equivocarse rápido y barato”, y así capitalizar aprendizajes”, agrega. También aconseja comunicar adecuadamente el propósito y conocer las preocupaciones de los colaboradores.

Dentro de las claves que el portal Entrepreneur ofrece la liderar en tiempos de crisis también se destaca la importancia de establecer reglas claras y planes de acción individuales con situaciones ideales y reales, que ayuden a tomar decisiones en cada nivel de la organización.

“En lugar de culpar a terceros por el difícil contexto que enfrenta, (el líder) debe asumir su responsabilidad en el diagnóstico y desarrollo de las habilidades de sus equipos, que sí controla e influencia. Su valor como líder se adquiere por lo que dice, por lo que hace, pero fundamentalmente por lo que les pide que hagan”, advierte Jack Zilberman, decano de la Facultad de Negocios en la UPC en una columna para América Economía.

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Crísis, Líder, Liderazgo

Incluso antes de la pandemia, apenas un 19% de la población peruana estaba en condiciones de sobrevivir sin ingresos por más de tres meses y un porcentaje mayor se encontraba en situación de vulnerabilidad financiera, de acuerdo al BBVA Research. Con la crisis sanitaria que estamos atravesando, las actividades diarias se han visto interrumpidas y los ingresos han sido severamente afectados, por lo que es todavía más importante buscar formas de ahorrar.

Por más difícil que parezca, Eduardo Tirado, gerente de inversiones de Pacífico Seguros, aconseja tener las finanzas personales ordenadas, principalmente en gastos fijos y variables. Todo ingreso, incluso menor a S/ 5, cuenta.

“Ya sea porque ahora tenemos más deudas que pagar, porque desconocemos cómo o porque priorizamos compras instantáneas, ahorrar puede parecer complicado, sobre todo en tiempos como este. Sin embargo, el orden nos ayudará a cuidar nuestra economía, podremos tener una mejor visión de nuestro panorama y afrontar esta crisis de la mejor manera”, indicó

El especialista también considera que priorizar los gastos permite descartar, reducir o eliminar gastos innecesarios o compras de último minuto. Por ejemplo, armar el menú de la semana y comprar las cantidades necesarias, sin arriesgarnos a comprar demás y que se eche a perder.

 

Ahorrar, controlar e invertir

Establecer metas claras es una forma de hacer constante el hábito del ahorro. Según el ABC del BCP, fijar objetivos sirve para generar un incentivo y que el ahorro no represente un sacrificio. “Hay que considerar no ahorrar lo que sobra, sino destinar un monto fijo. Durante la cuarentena se pudo ajustar algunos gastos y priorizar otros, hay que distribuir correctamente los ingresos y pensar en lo mejor para uno y su familia”, indican.

También se debe evitar los gastos “hormiga”, pequeños gastos que se realizan frecuentemente y a los que se otorga poca importancia, debido a su bajo costo. Con la pandemia, muchas actividades que se realizaban a diario se interrumpieron. Por ejemplo, almuerzos fuera de casa, el uso constante de transporte o la compra de una galleta o dulce durante el día. Hay que sumarlos, este monto puede ser destinado al ahorro o a compras realmente necesarias.

Por más pequeño que sea, mantener un fondo de emergencia puede ser un alivio en momentos de urgencia, pues permitirá estar preparados por si ocurre un imprevisto.

Además, si es posible formar un pequeño ahorro, el ABC del Seguro de Pacífico sugiere separarlo y tenerlo en cuentas de ahorro o seguros que tengan el componente de vida y ahorro. De esta forma, no solamente se verá físicamente el dinero, sino que también estará en un lugar seguro para cuando lo necesite.

Recuerde que poner en orden las finanzas para lograr una meta de ahorro, ayuda a reducir el estrés financiero y mejora la salud emocional.

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Ahorros, Crísis, Emprendimiento, Pandemia

El Congreso traspuso la línea y se encargó de engrosar la historia nacional de la infamia, al haber aprobado arbitrariamente la vacancia del presidente Vizcarra.

No había razón alguna, ni legal ni política, que justificase semejante despropósito. Los delitos de los que se le acusa a Vizcarra son graves y verosímiles, pero no han sido probados penalmente y en tanto eso no ocurriese, el primer mandatario era inocente y su proceso judicial debía seguir su curso. Fuera de la incapacidad física o psíquica, la única otra razón por la que debería procederse a una vacancia presidencial es que al mandatario se le pruebe un delito fehacientemente: si hubiese aparecido, por ejemplo, un video de Vizcarra recibiendo una coima, pues no quedaba otro camino decente que no sea sacarlo a empellones del Palacio.

Pero tal como fue planteado el proceso era claramente una jugarreta política liderada por ciertas mafias empresariales y aventureros políticos quienes, aprovechando grises constitucionales, solo han buscado obtener beneficios con la vacancia, sea a través de impunidad judicial o despliegue de poder para su posterior disfrute. Ya lo veremos en los primeros pasos del nuevo gobierno.

El país atraviesa una tormenta perfecta de crisis simultáneas. Económica, por la profunda recesión derivada de la cuarentena obligatoria de la que aún no salimos plenamente; sanitaria, por la persistencia de un virus frente al cual aún no hay vacuna ni tratamiento eficaz; social, por el incremento espantoso de la delincuencia y la conflictividad regional; y política, por el desmadre ocasionado por la corrupción; a todo ello le sumamos ahora una crisis adicional, vacando al Presidente y generando una línea de sucesión mostrenca que llevará a un ambicioso expresidente del Congreso a sentarse en la plaza de Armas dispuesto a armar un gabinete de última hora, signado por una serie de transacciones menudas, y seguramente ansioso de populismo para remontar su ilegitimidad de origen. La pronta celebración del bicentenario debería habernos planteado la exigencia de estabilizar al país, no de arrojarlo a las fauces de la zozobra. Un Congreso surgido precisamente del colapso del establishment debiera haber fungido por ello como dique tranquilizador, no como un elemento incendiario sobre las brasas aun ardientes de la crisis precedente. Nuestra clase política nos demuestra una vez más, fatigando el cansancio, que nunca está a la altura de las circunstancias.

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Congreso, Crísis, Martín Vizcarra
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