Cultura

Luego del primer álbum de tres discos de vinilo que se lanzó en paralelo al estreno de la película, han aparecido infinidad de versiones, algunas de ellas supervisadas por el mismo Rózsa. Casi tres décadas y medias después de su creación, ya en la era del disco compacto, comenzaron a aparecer registros remasterizados y compendios. Los primeros lanzamientos en este formato los hizo Sony Music Records, con un CD de la serie Hollywood Collection, publicado en 1991. Posteriormente, fue el turno de Rhino Records, un sello especializado en lanzamientos de colección, que se encargó de editar la primera versión «completa» en formato digital, en 1996, un álbum doble titulado Ben-Hur (Original Motion Picture Soundtrack). Hace una década, en el año 2012 apareció una caja con cinco discos compactos y un amplio folleto en el que se explica la partitura, tema por tema, gracias al sello especializado Film Score Monthly (FSM Records). El boxset, Ben-Hur: Complete Soundtrack Collection, incluye todas las sesiones de grabación, tomas alternas, composiciones que no encontraron su lugar en la edición final y, por supuesto, la banda sonora tal y como se publicó en su momento.

Más de seis décadas después de su estreno, Ben-Hur es, de lejos, la mejor de todas las adaptaciones fílmicas -son cinco en total- que se han hecho de la novela de Wallace, incluyendo el sobreproducido y megapublicitado remake estrenado el año 2016 que está entre los fracasos taquilleros más estrepitosos de lo que va del siglo XXI. Esa vigencia del Ben-Hur de William Wyler y Charlton Heston no solo se debe a la espectacularidad de sus escenas, la majestuosidad de sus planos generales, la calidad de sus actuaciones y el manejo de efectos especiales, en una época en que eran solo herramientas para recrear situaciones y no la recargada explosión de ruidoso y violento hiperrealismo que la tecnología digital con estética de videojuego impone a la cinematografía de tiempos modernos, sino también por la potencia emotiva de la partitura ensamblada y estudiada al detalle por Miklós Rósza, orquestador de las atmósferas sonoras precisas para esta historia, una de las preferidas de la temporada de Semana Santa.

 

 

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Ben Hur, Cin, Cultura, Música

La sexta feria La Independiente abrirá sus puertas del 20 al 24 de abril, en la sede central del Ministerio de Cultura, en la Av. Javier Prado Este, San Borja. El horario es de 11 de la mañana a 8 de la noche. Es una magnífica oportunidad para ver de cerca la dinámica editorial independiente tanto en el interior del país como en la capital, conocer interesantes catálogos en formación, nuevos autores y, por supuesto, disfrutar de un programa de actividades de sumo interés. Abril es el Mes de las Letras en nuestro país. Qué mejor que celebrarlo con una Feria del Libro. 

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Cultura, FIL, sociedad

La saga de Irakere es el verdadero eslabón perdido que unió la efervescente escena del jazz latino con el glorioso pasado de la música cubana y representa todo un capítulo de su evolución, incluso la gestación de la timba -tres de sus ex integrantes, José Luis Cortés, Germán Velazco y Carlos Averhoff fundaron, en 1990, NG La Banda, uno de los más populares ensambles timberos-, pero permanece tendenciosamente oculta. Ya sea por auténtico desconocimiento o por prejuicios, Irakere no recibe el reconocimiento masivo que merece. No me refiero a los festivales de jazz en los que Valdés o cualquier otro de sus miembros brillan o a las legiones de conocedores de su trabajo, sino al consumidor promedio de “salsa cubana” que desconoce su trascendencia, pero sí sabe qué es La Charanga Habanera o Yosimar y su Yambú, esa espantosa versión local, capaz de hacer sonar la timba peor de lo que ya es.

El grupo continuó en los noventa y más allá, siempre con Chucho al frente, acompañado de músicos jóvenes. En paralelo, su carrera como solista se disparó y es hoy, a sus 80 años, uno de los pianistas más respetados del mundo. Los otros también siguieron exitosos caminos por separado: Paquito D’Rivera (73) y Arturo Sandoval (72), han lanzado imprescindibles álbumes de jazz latino y han trabajado con todos en los últimos 40 años, desde Dizzy Gillespie hasta Gloria Estefan. Ambos escaparon de Cuba para establecerse en los Estados Unidos. Su historia merecería un artículo aparte y va mucho más allá del relato sesgado y panfletario de For love or country, una mediocre película producida por HBO en el 2000, acerca de la deserción del trompetista, quien se nacionalizó norteamericano en 1998. Por su parte, Carlos del Puerto (71) emigró a Finlandia donde es un respetado profesor y director de ensambles que combinan música clásica y cubana. Chucho -quien sí vive en Cuba y prefiere mantener una postura apolítica- ha declarado recientemente que sueña con una reunión de los Irakere originales pero, dadas las circunstancias y diferencias ideológicas, es un proyecto irrealizable. Sin embargo, se ha juntado con su gran amigo Paquito D’Rivera para una gira de reunión que arrancará en España el mes de junio de este año. Una buena noticia para los melómanos del mundo.

 

 

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Cultura, Música

Esta bella edición de Julia o escenas de la vida en Lima no es solo un rescate ni una edición fina, es, sobre todo, una invitación a comenzar a explorar en la historia misma de nuestra novelística y en ese interesantísimo personaje que fue su autor, Luis Benjamín Cisneros.

Luis Benjamin Cisneros
Luis Benjamín Cisneros. Julia o escenas de la vida en Lima. Edición de Agustín Prado Alvarado. Lima: MYL Ediciones, 2022.

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Cultura, Literatura, sociedad

Lo importante es que el verdadero Kloaka de hoy ha superado todas las tormentas y chantajes y cuenta con el aprecio y entusiasmo de muchos seguidores. La literatura peruana tiene en Kloaka uno de sus capítulos más apasionantes.

Los miembros del grupo anuncian un volumen conmemorativo y nuevos recitales y eventos a lo largo del año. Esperamos que sigan manteniendo su filo para romper el marasmo en que a veces se solaza nuestro parnaso local. Sus lectores y amigos nos lo merecemos.

 

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Cultura, sociedad

Con dos colaboradores estelares, Adam McDougall, ex tecladista de The Black Crowes, y la legendaria violinista Scarlet Rivera, quien fuera parte de la gira Rolling Thunder Venue de Bob Dylan (1976), Howlin’ Rain ofrece un sustancioso y caleidoscópico menú para los amantes del rock clásico: de las iniciales atmósferas floydianas en Prelude al tema-título de 16 minutos que parece un batido de David Gilmour en Echoes (Pink Floyd, 1970) con Tom Scholz en Foreplay/Long time (Boston, 1976), a los solos inspirados en Jerry García de Annabelle; los instrumentistas disfrutan de la alegría de tocar todo lo que quieran, sin que nadie les reproche ello con disforzadas acusaciones de autoindulgencia. La animada Don’t let the tears es un country-rock con espaciales intervenciones de McDougall en el Fender Rhodes y dobles guitarras como los Allman Brothers en Jessica, del disco Brothers and sisters (1973). 

Luego de salir al mercado este disco -«un viaje de 52 minutos a un reino imaginario de exageradas conexiones con el presente» como dicen ellos mismos-, Miller volvió a rearmar la banda, esta vez con Jason Soda (voz, guitarra), Kyre Wilcox (voz, bajo) y Justin Smith (voz, batería), el único sobreviviente de la formación que había grabado The Dharma Wheel. Con la reapertura de las agendas de conciertos, Miller y su combo están saliendo de nuevo al camino, anunciando fechas en EE.UU., Europa y Australia. La nueva alineación de Howlin’ Rain es tan buena como las anteriores, como puede apreciarse en estas sesiones grabadas en los estudios Palomino Sound de Los Angeles, en octubre pasado. 

La actual degeneración de la filosofía DIY («Do It Yourself») -que fue la base conceptual de importantes movimientos como el punk y sus derivados, las primeras generaciones «indie» y muchos no músicos que realizan cosas interesantes con pocos talentos, digamos, formales y/o mínimos recursos-, que hoy nos condena a escuchar a diario cómo cualquier paparruchada recibe adjetivos como «espectacular», «extraordinario», «capo», ha ocasionado que bandas como Howlin’ Rain pasen desapercibidas para los públicos masivos que regalan su admiración a lo que sea que esté de moda. Su éxito consiste en otra cosa, que es más difícil de conseguir: crear mundos paralelos, dominar a la perfección sus instrumentos, generar emociones positivas en la gente. En un mundo como este, contaminado de materialismo y superficialidades de todo tipo, guerras, corruptelas y pandemias, eso no tiene precio.

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Cultura, Música, sociedad
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