Pedro Castillo

 

Hola amigos. Soy Pedro Guevara y esto es “En pellejo ajeno”. La tétrica introducción musical que acaban de escuchar, no es sino una manifestación de lo alucinante y dramática de la situación política que vive el Perú actualmente.

La incompetencia del presidente Castillo ha quedado más que demostrada, no sólo en las entrevistas que concedió hace unos días, sino, sobre todo, a través del caos, los serios indicios de corrupción y la destrucción institucional del Estado peruano que se ha venido generando en los seis primeros meses de su gestión. Con la designación de este nuevo gabinete de choque, que tiene a Aníbal Torres como Premier, queda recontra claro que, por el bien de los más de 32 millones de peruanos, el presidente Castillo y su Gobierno no deben seguir al mando del país, pues todo parece indicar que están como títeres del comunismo internacional, a las órdenes del G2 cubano, con sus adláteres venezolanos y bolivianos.

 

¿Qué se puede hacer entonces para que Castillo deje el poder, respetando escrupulosamente el orden constitucional?

El camino de la renuncia del presidente Castillo, sería lo más rápido y menos costoso para el país. Sin embargo, todo parece indicar que no lo va a hacer. A no ser que aparezca el destape de alguna inconducta personal que hubiera sucedido, antes de que llegara a la presidencia, y ello lo fuerce a renunciar.

Entonces, definitivamente, gran parte de la resistencia a la destrucción de la democracia en nuestro país, tiene que venir de lo que haga o deje de hacer el Congreso de la República.

Entre estas alternativas, el Congreso debe estar considerando plantear: (1) la acusación constitucional, (2) la suspensión del presidente o (3) la vacancia presidencial.

 

 

¿Qué le diríamos al presidente en estas circunstancias?

Para empezar, AMA LLULLA: No seas mentiroso. Lamentablemente en estos primeros meses de su gestión, hemos escuchado muchas mentiras y engaños de boca del presidente y sus ministros: Muchas promesas incumplidas.

En segundo lugar, AMA QUELLA: No seas ocioso. En estos primeros seis meses de gestión, no se han atendido muchos temas urgentes e importantes para la población, como la reactivación de la economía y la generación de empleo, la atención del tema de la seguridad que cada día se torna más preocupante, la atención de la salud de la población, no sólo de la pandemia, sino también de otras enfermedades que aquejan a la población, el retorno a las clases presenciales o la reconstrucción del país.

En tercer lugar, AMA SUA: No seas ladrón. En estos seis meses de gestión hemos encontrado que la corrupción ha aumentado, que los lazos con la corrupción son crecientes, y que el aparato estatal se utiliza como botín para repartir empleos del sector público a cambio de coimas.

 

 

En cuarto lugar, AMA AUQQA: No seas traidor. Y es que muchos peruanos, principalmente los más humildes, depositaron su confianza y su ilusión en el profesor y han sido traicionados.

Por nuestra parte, no dejaremos que nos arrebaten nuestro país. Y por eso, renovamos nuestro compromiso de luchar para reestablecer la libertad y la democracia plenas en el Perú.

¡Bendiciones!

 

 

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La designación de Aníbal Torres como flamante presidente del Consejo de ministros, y la negada conformación de un gabinete plural, tecnocrático, meritocrático y de limpia foja de servicios (ya la reiterada presencia del inefable ministro de Transportes nos ahorra comentarios), le debería otorgar al gobierno de Castillo un corto tiempo de vida. Ha persistido en el error de nombrar un equipo mediocre y sombrío, como el apreciado en los sucesivos gabinetes Bellido, Vásquez y Valer.

La derecha congresal, lejos de deponer las armas y extenderle un periodo de gracia al flamante gabinete, las va a levantar. Y probablemente tendrá compañía en el centro congresal que verá este gabinete con una mirada de decepción. Ya de por sí, es un pésimo indicador que el cerronismo haya ingresado con fuerza al gabinete, para calibrar que no estamos ante la puerta de salida de la crisis, sino, más bien, ante la perspectiva de su mayor hondura.

La incólume medianía del presidente Castillo exigía un equipo ministerial de otras características. Al parecer, no le quedó claro al Primer Mandatario que necesitaba enmendar la plana, para borrar cómo se estaba escribiendo el itinerario de su propia salida del poder.

Se necesitaba la conformación de un gabinete de salida de la crisis, que lo primero que tenía que hacer era reconstruir las partes dañadas del Estado, por obra y gracia de la cooptación corrupta y gris del entorno castillista.

A renglón seguido se tenía que fijar claramente algunos parámetros mínimos de acción. Y en ese sentido, más que exigencias ideológicas fuera de lugar lo que correspondía era esperar lineamientos básicos estructurales: que se respetase, por lo pronto, la estabilidad macroeconómica, y que los ímpetus reformistas y de cambio, que un sector de la población espera, se ciñesen a dos políticas públicas esenciales: la salud y la educación, sectores dejados a la mano de dios, a despecho de la bonanza fiscal disfrutada en los últimos treinta años.

No obstante, se ha optado por todo lo contrario, por debilitar aún más el tejido institucional de la administración pública (baste ver el paso del nuevo Premier por la cartera de Justicia), que ha sido tan golpeada por las gestiones precedentes que se teme, con razón, el colapso del Estado, como ente ejecutor de gasto y de acciones políticas concretas.

Torres no va a tener, ni merece tenerla, luna de miel. La pésima actuación administrativa del gobierno le deja mecha corta para actuar. No le va a ser posible recomponer los lazos con la clase política, primero, para lograr el voto de confianza, y con la ciudadanía, de inmediato, para trazar un horizonte de gobernabilidad hasta el 2026, como correspondería constitucionalmente. Es el suyo un gabinete que nace muerto.

 

 

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La noción de incapacidad moral permanente no debe ser entendida en términos éticos, sino psicológicos. Por lo tanto, en vez de ensayar interpretaciones descabelladas e incoherentes, harían bien los analistas en exigirle al Tribunal Constitucional que la defina en términos objetivos, por ejemplo, como la ausencia de facultades cognitivas para operar funcionalmente (estar en coma, etc.)

El análisis ético/filosófico no nos va a dar criterios objetivos, y por lo tanto va a dejar la puerta abierta para que el congreso abuse de la noción de vacancia, tal como lo ha venido haciendo desde el 2017 (o, más precisamente, desde el 2000).

En términos éticos, definamos como incapaz moral permanente a la persona que no tiene ni va a tener la capacidad de distinguir entre el bien y el mal (o, para los relativistas morales: una persona que no tiene ni va a tener la capacidad de emitir juicios acerca del bien y el mal). Voy a analizar tres de las perspectivas éticas más importantes para mostrar que ninguna nos da guías de acción para identificar si alguien en particular es incapaz moral permanente.

Según la ética de la virtud de Aristóteles, las personas que cometen acciones inmorales pueden caer en dos categorías. Por un lado, encontramos al vicioso, que es una persona a la que no le importa la distinción entre lo bueno y lo malo, y se guía simplemente por su placer inmediato (por ejemplo, se copia en un examen y solo siente placer por haber obtenido una buena nota). Por otro lado, encontramos al incontinente, es decir, alguien que sabe que lo que hace está mal pero no puede resistir la tentación de hacerlo (sabe que copiarse está mal, pero se deja seducir por el placer de obtener una buena nota, aunque experimente también remordimiento por no haber hecho lo que sabe que tenía que hacer). Bajo nuestra definición, el incontinente definitivamente no sería incapaz moral, y el vicioso no necesariamente, pues su rechazo a ocuparse del tema podría no deberse a una incapacidad. Y en principio, ninguno lo sería permanentemente.

Según la ética del deber, de Immanuel Kant, no es el contenido de la acción en sí lo que determina su moralidad, sino el estado mental del sujeto que actúa. Esto no significa que Kant haya sido un relativista moral. Al contrario, Kant pensaba que, en cierto sentido, nuestras percepciones morales son similares a nuestras percepciones matemáticas, pues, a pesar de ser privadas, son objetivas y universales, y no arbitrarias. Debido a que solo tenemos acceso a nuestras propias motivaciones internas, y no a las de las demás personas, en sentido estricto no podemos juzgar a los otros como morales o no, solo a nosotros mismos. En cuanto a nuestra discusión, es imposible bajo esta perspectiva juzgar si alguien es inmoral, mucho menos si es incapaz moral permanente.

La tercera perspectiva es el consecuencialismo de Jeremy Bentham y John Stuart Mill. Bajo el consecuencialismo, el contenido moral de una acción se decide de acuerdo a las consecuencias que genera. En el caso de Bentham y Mill, se trata específicamente del balance neto que se genera entre los agentes con intereses morales (que incluyen a cualquier ser capaz de experimentar placer y dolor: un pez, una gallina, una persona, tal vez en el futuro un robot). Crucialmente, para Mill no todos los placeres y dolores son equiparables: si doscientas personas deciden esclavizar a una porque la suma de sus placeres supera al dolor de la persona esclavizada, eso igual sería inmoral porque se estaría maximizando el tipo incorrecto de placer. En palabras de Mill: es mejor ser un ser humano insatisfecho que un chancho satisfecho, aunque el chancho sea incapaz de notar la diferencia. Bajo esta postura, solo aquellos seres incapaces de calcular las consecuencias de sus actos serían incapaces morales. Dependiendo de cómo se defina ‘calcular’, todos podríamos caer bajo esa categoría, lo cual la hace irrelevante para fines jurídicos o políticos.

La frase incapacidad moral permanente ha sido usada como excusa para justificar deseos políticos de corto plazo. Mientras se insista en interpretarla filosóficamente van a seguir habiendo debates interminables, pues la noción tiene diferentes contenidos dependiendo de la perspectiva filosófica que se adopte. Pretender llevar ese debate a la esfera pública sería contraproducente: lo más probable es que los implicados no busquen debatir sino adoptar la postura filosófica que justifique las decisiones políticas que han tomado de antemano, tal como ha venido sucediendo.

La dinámica de la discusión vacadora está llena de argumentos del tipo: “esto sí es muy grave y revela incapacidad moral permanente.”, ignorando de plano los matices que interponen las nociones de “incapacidad” y “permanente”: para Nuevo Perú la corrupción de PPK en el pasado no justificaba la vacancia, pero los Mamani-audios sí. Para APP y el fujimorismo haber mentido en el caso Richard Swing no ameritaba la vacancia de Vizcarra, pero los presuntos actos de corrupción cuando fue gobernador en Moquegua sí, y así sucesivamente.

La verdad es que no les interesa lo que dice la constitución. Si la constitución dijera que la vacancia solo se justifica por incapacidad moral pluscuamperfecta, los vacadores se apresurarían corriendo a decir que “esto sí es muy grave y revela incapacidad moral pluscuamperfecta”. Y si la constitución dijera que la vacancia solo se justifica por incapacidad moral waka-waka, los vacadores inmediatamente comenzarían a bailar el waka-waka.

 

* Manuel Barrantes es profesor de filosofía en California State University Sacramento. Su área de especialización es la filosofía de la ciencia, y sus áreas de competencia incluyen la ética de la tecnología y la filosofía de las matemáticas.

 

 

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Sin autocrítica y con una cerrada defensa de sus polémicos asesores, Pedro Castillo arma en estos momentos su cuarto Gabinete en seis meses. El presidente se resiste a cambiar su caótica forma de gobernar, más allá del nombre del nuevo primer ministro, señalan a Sudaca algunas personas que han conversado con él en estos días decisivos. “Es la última oportunidad”, le dijo, en esa línea, Vladimir Cerrón al jefe de Estado en el encuentro que tuvieron ayer lunes por la noche en Palacio, según una fuente cercana al líder del lápiz.

Castillo llamó a Cerrón el lunes por la tarde para tener una reunión inmediata. El secretario general de Perú Libre, que se encontraba en Lima luego de obtener permiso judicial para viajar, decidió ir con Richard Rojas, jefe de campaña del partido y cuyo nombramiento como embajador en Venezuela fue anulado porque está investigado en el caso “Los Dinámicos del Centro”.

 

Cerrón Castillo
Vladimir Cerrón y Pedro Castillo en una reunión en Palacio de Gobierno el pasado 7 de enero. Fuente: Presidencia.

Entre Castillo y Cerrón, que desde diciembre han empezado a acercarse nuevamente, reina cierta desconfianza. De acuerdo a una fuente palaciega, al presidente no le agrada que el líder del lápiz lo quiera manejar, pero lo convoca porque necesita de la bancada de Perú Libre. Por su parte, el exgobernador regional de Junín se siente traicionado por Castillo, dado que este no tomó en cuenta a su partido en el Gabinete encabezado por el violento Héctor Valer.

Para el premierato, Cerrón puso sobre la mesa el nombre de Roger Nájar, integrante del buró político de Perú Libre, pensando que podría convencerlo de aceptar el cargo pese a que se ha negado. Pero Castillo respondió que tiene una mayor consideración por César Landa, el actual canciller, y Jorge Nieto Montesinos, exministro en el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski. En el bolo también están el ministro de Salud, Hernando Cevallos, quien ya rechazó una vez la PCM, y Roberto Sánchez, titular de Comercio Exterior.

Nájar, por cierto, conversó tres horas con Castillo el sábado. En la interna de Perú Libre, el veterano político ha descartado ocupar el cargo de primer ministro argumentando razones personales. Y en Palacio aseguran que Nájar es resistido por el “Gabinete en la sombra” porque tuvo una hija con una menor de edad en 1987 y afrontó, en su momento, una demanda de alimentos. Un caso que puede producir una avalancha de cuestionamientos, como la que sepultó a Valer.

En la cita, Cerrón también planteó la necesidad de que se pueda sumar al nuevo Gabinete a algunas bancadas, para neutralizar a la feroz oposición parlamentaria. Se habló de Somos Perú, Juntos Por el Perú y hasta de Acción Popular. Pero Cerrón dejó en claro que no iría ni a la esquina con el recién creado grupo parlamentario Perú Democrático, de Guillermo Bermejo y Héctor Valer.

“El Congreso debe poner fin a este tipo de seudobancadas que dañan el sentido de la representación democrática. Si el parlamentario no está de acuerdo con el partido que le dio la curul, debe convocarse al accesitario”, escribió el líder de Perú Libre en su cuenta de Twitter el 5 de febrero.

En el encuentro con Castillo, Cerrón apuntó nuevamente a la salida del Gabinete de Betssy Chávez, actual ministra de Trabajo, y de Dina Boluarte, vicepresidenta y titular del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social. Ambas acabaron en malos términos con Perú Libre. Propuso, además, el nombre de la congresista perulibrista Kelly Portalatino para el Ministerio de Salud.

En el caso de Dina Boluarte, esta no goza de la confianza del “Gabinete en la sombra”, según una fuente en Palacio. El motivo: ser aliada de Carlos Jaico, exsecretario general del Despacho Presidencial y adversario de los sinuosos asesores presidenciales.

Pedro Castillo también se reunió con el ala magisterial de la bancada oficialista el lunes por la tarde. Con esto busca granjearse el apoyo de las dos facciones. “Le hemos dicho al presidente que no puede haber más errores y que tiene que tener asesores que apoyen y que no chantajeen”, dice a Sudaca Óscar Zea, congresista del ala magisterial de Perú Libre por Puno.

“Con el presidente es complicado hacer pronósticos. Hoy día te dice que está súper bien, te da la mano y al día siguiente cambia. El presidente escucha a quien le impone, lo obliga, no a quien sugiere”, dice a Sudaca el parlamentario de Acción Popular por Arequipa, Edwin Martínez, quien también sostuvo una reunión con el mandatario el sábado, aunque precisa que fue a título personal.

Martínez dice que Pedro Castillo le mencionó como opciones para ser primer ministro a Nieto, Roberto Sánchez, Landa, Roger Nájar y Aurelio Padilla, exrector de la Universidad Nacional de Ingeniería.

En Palacio también llamaron al congresista del Partido Morado Edward Málaga para dirigir las riendas del Ministerio de Ambiente, ocupado ahora por un inexperto Wilber Supo, un bachiller en geografía cuya única experiencia era el de profesor de colegio. Málaga rechazó el ofrecimiento.

 

EL MISMO CAOS

El presidente Castillo cocina un nuevo Gabinete sin cambiar su estilo de gobernar, con vocación al error y suicidio político. Así lo dejó claro en el extraño comunicado que publicó ayer y que no llevaba el logo de Presidencia de la República.

Castillo recalcó que es víctima de una “campaña mediática que tiene como objetivo promover la vacancia presidencial”. Y salió, de manera tácita, en defensa de sus asesores al enfilar sus baterías contra la exprimera ministra Mirtha Vásquez; el exministro del Interior, Avelino Guillén; y el exministro de Economía, Pedro Francke, quienes cuestionaron a las personas que rodean al mandatario.

“Sus afirmaciones son, en todos sus extremos, falsas. Desde el inicio de mi gestión, he sido respetuoso de las decisiones de los ministros de Estado”, dijo Castillo. Esta declaración no tiene correlato con la realidad, puesto que Castillo no respetó, por ejemplo, la decisión de Guillén de sacar al teniente general Javier Gallardo como cabeza de la Policía por pugnas internas.

El presidente de la República ha prometido un Consejo de Ministros “más participativo y de ancha base”, pero todo lo reduce a un cambio de nombres en el premierato, no a un estilo de gobernar. Hasta el momento, Castillo no ha permitido que los primeros ministros armen su propio Gabinete y les ha impuesto nombres en sectores considerados claves por él, como Educación, Transportes, Vivienda e Interior.

Y en la búsqueda para reemplazar a Valer, el mandatario ha dialogado más con sus habituales visitantes (Nájar, Cerrón, profesores), según el registro de visitas de Palacio, y muy poco con personajes fuera de su círculo. Así las cosas, no se avecinan grandes cambios.

 

Héctor Valer
Héctor Valer Pinto, defenestrado presidente del Consejo de Ministros al ser acusado de agredir a su esposa e hija, aún ejerce el cargo a la espera de un reemplazo. Fuente: Andina.

 

Una prueba de fuego será su encuentro con Jorge Nieto, en caso de darse. El exministro de PPK ha planteado romper con el círculo de confianza del actual presidente, si es nombrado premier. Y remover a ministros cercanos a Pedro Castillo, como Juan Silva (Transportes) y Aníbal Torres (Justicia). Sin embargo, fuentes en Palacio aseguran que no cayó bien que Nieto ventilase sus exigencias en los medios de comunicación antes de sentarse con el mandatario. Por ello, esta opción se ha desinflado en las últimas horas.

 

Jorge Nieto
Jorge Nieto Montesinos, exministro de Cultura y Defensa en el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski, entró en la órbita del gobierno para ocupar el premierato. Fuente:Andina.

 

Castillo, quien no ha hecho un mea culpa, insiste con su estilo caótico en medio de la peor crisis de su gobierno. Y lo hace cuando se multiplican los llamados a la renuncia del jefe de Estado.

El Congreso, con un mayor consenso entre las bancadas de oposición, también analiza fórmulas para sacar a Castillo del poder. Susel Paredes, del Partido Morado, presentó un proyecto de ley para suspender de manera indefinida al presidente de la República involucrado en casos de corrupción. El asunto ya se ve con celeridad en la Comisión de Constitución. El presidente no tiene margen de error.

 

 

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Pedro Castillo, Vladimir Cerrón

 

Conversamos con el congresista Edwin Martínez (AP) sobre su reunión con el Presidente Castillo y la incomodidad que esta causó en la bancada de Acción Popular y la presidenta del Congreso.  Además, la especialista en políticas públicas Alexandra Ames nos ayuda a entender como debería ser el perfil del nuevo gabinete para que podamos superar este momento de tensión política.

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Pedro Castillo

 

A Castillo lo sostiene aún un importante respaldo ciudadano. Según la última encuesta de Ipsos, 48% del sector E, 31% del D, 27% del C y un 22% del B. Analizado por regiones, lo apoya el 56% del sur, 43% del oriente, 41% del centro y 33% del norte.

¿En qué se puede basar ese apoyo? Una probable explicación es que el presidente ha tejido una alianza, en algunos casos tácita, en otros explícita, con los sectores informales de la sociedad peruana (maestros radicales, transportistas, mineros, comerciantes, traficantes de terrenos, dueños de universidades no licenciadas, constructores medianos, etc.) y sus respectivas redes de influencia.

Esa amalgama de intereses sociales, con cierto arraigo popular en algunos casos, parecería ser el basamento social y político de Castillo. Es su “pueblo” y su “élite”. La lógica de satisfacer sus expectativas es la que permitiría entender, entre otras cosas, algunos nombramientos burocráticos en el Estado.

No es, por supuesto, un elogio de la informalidad el que estamos haciendo. No es buena noticia pasar de un mercantilismo blanco a uno cholo, con igual perjuicio de los valores de un mercado competitivo y, a la postre, con la misma perversión del Estado y su deriva paulatina hacia fórmulas autoritarias (la democracia suele ser un estorbo para tales prácticas encubiertas).

El problema para Castillo, además, es que es imposible sostener un gobierno en base a esas alianzas pragmáticas y mercantiles. Que lo diga si no Kuczynski, respaldado por el gran capital y toda la red de “influencers” financieros habidos y por haber. Al primer ventarrón, la política se lo llevó de encuentro. Con el gobernante del lápiz puede pasar exactamente lo mismo.

Su lista de whatsapp, sin duda, no es la misma que tenían los que lo antecedieron en el cargo. Los lobbistas de siempre no saben a quién escribirle cuando tienen un problema que requiere de un bypass burocrático. Es el reino de las Karelim López. Este emergente sector social está aprovechando la cercanía con el Estado para prosperar y capitalizar. Igual que los grandes grupos de poder lo hicieron con PPK, García, Toledo o el propio Fujimori.

 

 

Hoy Castillo se puede sentir arrullado y protegido por los Bruno Pacheco o Bibertos que lo rodean, pero, sin embargo, la burbuja en la que lo han encerrado no le está permitiendo ver el país real, que poco a poco se va desgajando del régimen. Ya solo la mitad de los que votaron por él lo sigue respaldando. A ese paso, no tardará mucho en trasponer el punto de quiebre. El mercantilismo popular también llora.

 

 

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Rara vez pensamos en agradecer a las personas que deciden apostar por trabajar por el país. La mayoría de los funcionarios públicos nos decepcionan tanto, que nunca reflexionamos sobre los costos que implica para una persona de buena fe aceptar un cargo público.

A los pocos días de dejar el cargo, Mirtha Vásquez se colocó como foto de perfil de Instagram la caricatura hecha por Andrés Edery, donde se la retrata como una bombera triste, cansada de intentar apagar el fuego causado por el Presidente de la República. Admite en una entrevista con la República que la situación actual del país le genera mucha preocupación, pero también tristeza. ¿Cómo no empatizar con Mirtha Vásquez? Por más que nos encontremos en orillas opuestas del espectro político, la preocupación y tristeza por el incierto futuro de nuestro país, nos une.

 

Su gestión no fue maravillosa. Duró muy poco como para realizar alguna reforma relevante. Tuvo algunas cosas positivas a mi parecer, sí, como presionar por un ministro de educación alejado del FENATE, y establecer el retorno a clases como prioridad, que era de las cosas más importantes y urgentes que se tenían que hacer. ¿Se imaginan estar hoy, 07 de febrero, sin una fecha para el retorno a las aulas?

Tuvo también un enfoque distinto en términos de conflictos sociales, que permitió resolver algunos sin violencia, sin embargo, sus lamentables declaraciones sobre el cierre de minas en Ayacucho borraron parte de lo logrado en ese sector. Logró colocar algunos ministros mejores a los que probablemente hubiera colocado el Cerronismo, y finalmente, se mostró intransigente ante la evidente corrupción que denunció Avelino Guillén en el sector interior. Su principal función, claro estaba, era ser el tapón de algo mucho peor. Y vaya que algo mucho peor llegó.

Me considero una persona de derecha, y nunca he votado por el Frente Amplio, y probablemente no votaría por Mirtha Vásquez en una elección futura, porque tenemos visiones muy distintas de cuál es el mejor camino para construir un país más próspero. Sin embargo, también creo que el Perú está entrampado entre nuestras rivalidades, y no ser capaces de dialogar entre nosotros es parte de lo que ha generado la debacle política en el que estamos. Nos hemos convertido en un país donde somos “anti- algo” antes que “pro- Perú”, incapaces de encontrar consensos mínimos y construir una visión país en común. Esto me hace reflexionar sobre la importancia de valorar lo bueno de quién está en la orilla opuesta, y poder ver la paja en el ojo propio.

Vásquez se despide con sencillez, en esta entrevista con La República. Menciona que no renunció antes porque el país no podía darse el lujo de enfrentar más inestabilidad. Reconoce que trabajar con Pedro Castillo era cercano a imposible. Que el desorden es total. Sabe que haber sido parte de este gobierno le pasará factura, pero considera que el país lo vale. Efectivamente, aceptar ser funcionario público nunca es fácil: ¿cuántos de nosotros estaríamos dispuestos a dejar la seguridad de nuestros trabajos en el sector privado, por un puesto inestable, en el cual se reciben ataques y cuestionamientos diarios de todos los sectores? Considero que Mirtha Vásquez sirvió al país con errores, pero finalmente estuvo ahí cuando se la necesito para darle una salida a un gabinete tan nefasto como el de Guido Bellido. Merece el agradecimiento del caso por los pocos meses dedicados al país, que le deben haber parecido años.

 

*Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden no coincidir con las de las organizaciones a las cuales pertenece.

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