Pedro Castillo

 

La frase que le da título a este artículo es la recomposición de una frase muy famosa de la película Star Wars Episodio 3: La venganza de los Sith, que narra el momento en el cual Ben Kenobi le dice a Anakin Skywalker, después de dejarlo muy malherido en el planeta Mustafar, que él era el elegido por la profecía para salvar al mundo, para recomponer la fuerza. 

Esta frase tiene lugar en el Perú ahora porque durante la última semana y más precisamente en los últimos días hemos asistido a una profundización de la desconfianza y del deterioro de la imagen del presidente Castillo ya no ante la derecha sino ante sectores moderados de la izquierda que lo empiezan a ver de manera diferente. Incluso sus aliados en el gobierno han salido con comunicados bastante elocuentes con respecto a la acción política del presidente.

tweet Verónika Mendoza
El punto de inicio de este nuevo conflicto que afronta el presidente Castillo tiene que ver con la renuncia del ministro del Interior Avelino Guillén en circunstancias en las cuales lo que el ministro saliente solicitaba era la autorización presidencial para la remoción del Comandante General de la Policía Nacional, que colisionaba con una gestión transparente del ministro. 

La indecisión del presidente ha sido considerada como ponerse de costado frente a la evidencia de la corrupción dentro de la Policía Nacional y eso ha generado que incluso sectores que habían manifestado un apoyo notorio al presidente hoy estén cuestionando al mismo y estén presionando para que desde el Gobierno se genere una corriente o de ruptura o de cambio profundo en la composición de los principales cuadros del Poder Ejecutivo.

Por fin ayer en la noche el presidente tomó una decisión y parece “salomónica”: aparta tanto al ministro como al director general de la policía. Sin embargo genera algunas interrogantes y algunos problemas que trataremos de resolver en los siguientes días pero no es ese el objetivo central de este artículo. 

Lo que vamos a tratar de considerar esta semana es cuál es el rol que juega la otra izquierda dentro del Gobierno de Perú libre y el presidente Castillo, cuál es el rol que desde el Movimiento Nuevo Perú y desde otros actores de la izquierda se está cumpliendo; si se trata de un rol que está llegando a su fin o si es que se tiene más músculo para continuar acompañando al Gobierno actual.

Aparentemente la primera ministra Vasquez, quien avalaba a Guillén, se ha conformado con la decisión presidencial, estando presente en la reunión del domingo por la noche que determinó la decisión final presidencial. Y ayer los ministros Durán y Francke acompañaron a Castillo en su recorrido por las provincias del oriente, mostrando incluso selfies alegres en sus redes sociales. Lo que daría por sentado que desde los aliados del gobierno se trata de un impase que como otros (la crisis Barranzuela, la crisis Pacheco, por citar solo dos, pero van varias) se da por superado. 

Como en otras ocasiones vamos a tratar de hacer un artículo colaborativo con la participación de algunos que tuvieron la gentileza de colaborar con un mensaje que se colocó ayer en el Twitter. Desde luego la mirada que le damos se sujeta a lo que este autor considera qué es el norte del tema, pero respetando la pluralidad de opiniones que se plantean.

Alonso Gurmendi, conocido abogado e hiper estrella del Twitter nacional, considera que este problema no nace acá y que más bien la izquierda no ha logrado plantear desde un inicio una toma de posición más principista. Lo que Gurmendi plantea es por qué recién ahora la izquierda se preocupa de tener principios con respecto a la corrupción y antes no levantó la mano frente a temas de homofobia, misoginia y otros que desde el inicio del gobierno se dejaron ver: por qué desde la izquierda moderada recién ahora hace cuestión de Estado por el tema Guillén, pero se permite la compañía en un gobierno que en otras líneas se mostró contrario a sus propias banderas fundamentales. 

Es un buen punto de partida: si se está cómodo con A por qué no está cómodo con B. Sin embargo, consideramos desde este espacio que son momentos diferentes para evaluar la acción desde los socios del gobierno, pues al inicio de este periodo se podía considerar que había una curva de aprendizaje y de correlación que hacía ser posible pensar en cambios desde adentro y que por eso la toma de posición podía irse dando en los hechos. 

De hecho, Gurmendi no considera que con respecto por ejemplo a la composición paritaria del gabinete sí hubo cambios. La llegada de Mirtha Vásquez generó varios cambios al interior del mismo gabinete y que se ha ido avanzando -con el Ministerio de la Mujer sobre todo- en el desarrollo de una política bastante más inclusiva. Estamos lejos todavía de pensar que estamos en una plataforma de izquierda, pero que hubo avances, los ha habido. 

Laura Arroyo, por su parte, comunicadora e intelectual, señala más bien que ese pedido de coherencia suele ser siempre orientado a las izquierdas y nunca a las derechas. Pero, además, considera que se trata de un proceso no lineal, que genera contradicciones y que lo importante es dar la pelea desde adentro y que ese espacio es el que Nuevo Perú y la Premier están dando.

Con ese punto de partida la pregunta seguía abierta: qué es aquello que todavía mantiene el vínculo entre sectores más institucionales de la izquierda como el Movimiento Nuevo Perú y el gobierno del presidente Castillo. La hipótesis optimista que plantean algunos comentaristas es que el vínculo se mantiene por la necesidad que se tiene de asegurar la viabilidad de algunas conquistas que se pueden hacer desde el gobierno. El mantener carteras claves de apoyo social y del manejo de la economía mantienen el optimismo de poder hacer una gestión adecuada y tratar de ir conquistando otros cambios desde adentro. 

El otro aspecto optimista es que en realidad se trataría de un sacrificio de la dirigencia y militancia de estos sectores de la izquierda, que con su presencia hacen que el gabinete mantenga una composición progresista y así se evita la llegada de determinadas corrientes que puedan ser dañinas para el desarrollo del ejercicio del gobierno: concretamente que se tome un rumbo más radical o que por el contrario se alíe explícitamente con Acuña, Acción Popular o incluso el fujimorismo. 


Otra posición es la del pragmatismo. Esta posición -señalada por varios de los analistas que han comentado la pregunta inicial- lo que sostiene es que un sector de la izquierda ve en los sectores que manejan la oportunidad de mantener una cuota de poder, de desarrollar líneas de trabajo que puedan servir de plataforma a posteriori y de poder ratificar su influencia dentro del Poder Ejecutivo. Es decir: se plantea la posibilidad de que la comodidad de permanecer en el gabinete se explique por la posibilidad de obtener beneficios adicionales posteriores. Se trataría de un cálculo hacia adelante más que de una apuesta por el presente.  

Particularmente creo que esto es una visión poco ubicada en la realidad: a los ojos de la opinión pública es poco probable que se pueda separar la paja del trigo en una gestión vista como polémica y la verdad es que es poco lo que se pueda considerar como ganancia a futuro en términos de imagen si es que los indicadores generales del Gobierno no mejoran a ojos de la opinión pública.

Finalmente, la mirada de “interés” que nunca falta: de mantienen ahí porque son parásitos, por el sueldo, porque solo les interesa le poder, etc. Incluso el excongresista Arce tiene palabras duras para sus ex correligionarios:

En concreto, no existe una forma de entender cuál es el juego que desde los aliados del gobierno están desempeñando. Lo que sí parece claro es que su presencia genera una mejor imagen a favor de Castillo y aseguraría cierta racionalidad en sectores relevantes. No sabemos si sea un tema que a la interna de los movimientos de la izquierda se esté discutiendo o si vayan a existir más renuncias luego de esto. Pero lo que es claro es que el presidente no da para muchos más traspiés. 

Por cierto, en la película, si bien Kenobi derrota a Skywalker, este es acogido por el lado oscuro y reconstruido como Darth Vader, implacable y malvado general del imperio. Kenobi se ve forzado a exiliarse en el desierto de Tatooine donde décadas después conocerá a Luke. Pero eso es otra parte de la historia.

 

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Izquierda, Nuevo Perú, Pedro Castillo

Luego del nuevo incidente político ocasionado por la renuncia del ministro del Interior, Avelino Guillén, y la pasmosa indecisión presidencial respecto del impasse surgido entre el renunciante y el comandante general de la Policía -lo que aceleró la renuncia-, ya va quedando más o menos claro que el gobierno de Castillo no se va a mover un milímetro de la mediocridad reinante.

Analizar este gobierno bajo una perspectiva ideológica, en esa medida, parece una exageración analítica. No existe tal. Para quienes temían un apocalipsis chavista, es, sin duda, una buena noticia, porque no va a ocurrir (además, porque Castillo está atado de manos por el Congreso para perpetrar semejante desvarío), pero para quienes consideramos que el momento internacional es espectacularmente propicio para un shock capitalista, que desate las inversiones privadas a su máxima potencia (de modo especial en el sector minero, dados los altos precios de los minerales en el mundo) y que, por ende, eleve significativamente la prosperidad y reduzca la pobreza a pasos acelerados, tal ruta de mediocridad es una noticia lamentable.

Ni siquiera habrá una parcial reforma del Estado. Las referencias permanentes del Presidente a la salud y la educación, quedarán en palabras huecas. No solo ha nombrado ministros en el sector Educación, que están en contra de la reforma universitaria y la magisterial, sino que, en el sector Salud, fuera de los esfuerzos para acelerar la vacunación (que tampoco es que esté en un nivel de excelencia, si nos comparamos con otros países de la región), no se ha avanzado un milímetro en la reforma urgente de un sector crucial para la equidad ciudadana que este gobierno tanto se precia de buscar.

Ya de por sí, que la izquierda asumiese las riendas del poder en un contexto tan favorable para desplegar una opción promercado, era un hecho a lamentar. Que, encima de ello, la izquierda que nos gobierne sea tan mediocre y primaria, nos lleva a una genuina indignación.

La irresponsabilidad e indolencia con que se están manejando las políticas públicas en el país, son moralmente punibles, y exigirían una actitud más enérgica del Congreso. De este poder del Estado depende que el desastre se logre atenuar en alguna medida.

Al cabo de los cinco años de su gobierno -si antes un desmadre corrupto no se lo lleva de encuentro (cosa probable dada la desprolijidad con la que el Presidente, sin propósito de enmienda, maneja los asuntos públicos)-, Castillo volteará la mirada hacia atrás, y si alcanza un inesperado rapto de lucidez, solo hallará un horizonte gris, ninguna reforma importante, y un país en peor situación que aquella en la que lo recibió.

-La del estribo: el BCP nuevamente nos trae la grata noticia de una nueva publicación de la colección Arte y Tesoros del Perú. Esta vez, a propósito del Bicentenario de la República, presenta el libro Forjando la Nación peruana. El incaísmo y los idearios políticos de la república (siglos XVIII-XX), que investiga el rol que tuvo la Ilustración en América, los orígenes de la nación peruana y el papel que asumieron los incas como referentes dentro del pensamiento ilustrado. Este volumen ha estado bajo la coordinación de Ramón Mujica y reúne 19 ensayos, entre otros de Carmen Mc Evoy, Gustavo Buntinx, Mark Thurner y Luis Eduardo Wuffarden. Por cierto, los libros publicados por el BCP pueden descargarse gratuitamente en www.fondoeditorialBCP.com.

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Avelino Guillén, Pedro Castillo, política peruana

Guillén presentó su renuncia porque no le hacen caso en sacar al jefe de la Policía. ¿Y ahora, el Estado de Emergencia? ¿Cómo queda Mirtha Vásquez? ¡Y el secretario de Palacio con Repsol!

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Avelino Guillén, jefe de la Policía, ministro del Interior, Pedro Castillo, Repsol

La Secretaría de comunicación estratégica de la Presidencia de la República siempre debe fortalecer el liderazgo político del presidente porque todo país democrático comprende que gobernar es saber hacia dónde lo dirigen. Un buen ejemplo peruano fue el de Martín Vizcarra, quien, desde el primer día del estado de emergencia, proyectó dar una conferencia de prensa diaria para informar sobre las medidas del gobierno para contener la expansión del coronavirus. Sus mensajes se realizaban en vivo alrededor del mediodía a través de la mayoría de canales de señal abierta y a través de una empresa de cable y Youtube. Acompañado del gabinete, el cual era presentado como el equipo que lideraba, Vizcarra se concentraba en explicar las medidas que se estaban tomando en función de las cifras y los últimos estudios. También explicaba las razones de los cambios de ministros y de las medidas que iban redimensionado la pandemia y las restricciones sociales. La estrategia era muy funcional: no tenía por qué responder él mismo a las preguntas de los periodistas, sino que las derivaba a los ministros especialistas, utilizaba un lenguaje muy claro y directo, e incluía la traducción simultánea en lengua de señas. En un contexto de muerte continua, crisis económica y sobre todo de incertidumbre, el traductor fue celebrado, pues transmitía directamente el mensaje de cuidado y solidaridad muy necesario en el momento. Apelar a la lucha y compromiso de todos, de pronto elevó la ciudadanía en el público que se acostumbró día a día a esperar las noticias que oscilaban entre el temor y la esperanza. Los periodistas entregaban previamente sus preguntas para responderlas de manera ordenada y se recogían algunas pocas del público por las redes. El poder ejecutivo alcanzó así, un claro dominio sobre la conducta de los periodistas que debían acatar las reglas establecidas para las conferencias. 

La iniciativa no era nueva en América Latina. En México, Andrés Manuel López Obrador la desarrolló durante el tiempo que fue jefe de gobierno de la Ciudad de México, entre los años 2000 y 2005, consiguiendo muchísima popularidad. Actualmente, mediante las conferencias llamadas las «mañaneras» (7 am), el gobierno anuncia los programas sociales, responde a los periodistas y da mensajes políticos a todo el país. Esta estrategia le ha permitido construir la popularidad que lo caracteriza, pero, sobre todo, dar instrucciones que con mucho ingenio le permiten construir la agenda política, de tal manera que la opinión pública y sus rivales políticos siempre deben responderle a él y no a la manera inversa, como, lamentablemente, parece estar ocurriendo con Pedro Castillo y sus malas relaciones con la prensa peruana e internacional. 

En las tres entrevistas, Castillo ha dejado en claro que ahora sí se siente dispuesto a responderle a la prensa tras meses de silencio que él justifica diciendo que se había visto muy afectado por cómo había sido maltratado por los periodistas durante la campaña electoral. Ahora, siguiendo a López Obrador, parece que ya no teme a las preguntas incómodas, no obstante, sigue manteniendo un victimismo que lo aleja simbólicamente de la postura del líder que se le reclama. Dice él estar aprendiendo a ser presidente, pero una de sus tareas debe ser discutir con su secretario de comunicación estratégica, su paisano Rodolfo Jaime Idrago, cómo encontrar una manera de contener a la prensa y marcar la agenda política del país. Que lo sigan vinculando con el terrorismo o matengan la presión sobre el caso de Karelim López, en lugar de que Castillo ponga sobre la mesa la corrupción universitaria, el narcotráfico, la salud del país o el bienestar de la población, es la razón por la que continúa bajando en las encuestas. 

Si el señor Idrogo quiere detener las entrevistas en las que los periodistas, por más famosos que sean, sólo se dedican a acorralar al presidente, debe investigar primero cuál es el sesgo mediático del medio del que provienen, y así evitar a personajes como Fernando del Rincón, cuya única fuente citada durante toda la entrevista no fue otra que el diario El Comercio, medio decidido a convencernos hasta hoy día que debe triunfar la vacancia. 

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Comunicación, Pedro Castillo, política peruana

Hola amigos. Soy Pedro Guevara y esto es: “En pellejo ajeno”. Quiero empezar agradeciéndole a Juan Carlos Tafur por permitirme estar con ustedes este y todos los miércoles. Tengo que hablar un poco de mi porque ustedes dirán: “¿Quién es este pata?”. Soy arquitecto, urbanista, economista, politólogo y músico. Por eso recurrí a mi piano para ponerle una introducción al programa, como algunos me sugirieron.

En este programa hablaremos de política, de gestión pública y de políticas públicas tratando de mirar al futuro con optimismo y con propuestas concretas. Ustedes se preguntarán: ¿Por qué ese nombre: “En pellejo ajeno”? Pues porque los países pueden también “aprender en pellejo ajeno”. Por eso hablaremos de la experiencia exitosa de los “Tigres Asiáticos: Corea del Sur, Singapur, Taiwán y Hong Kong, y también de la experiencia no tan exitosa y nefasta de países como Cuba, Venezuela, Nicaragua o Corea del Norte.

Hablaremos de temas que son urgentes e importantes y de temas que son importantes pero no urgentes. Y también, de los temas que no son ni urgentes ni importantes, porque distraen nuestra atención de lo prioritario.

En la actual coyuntura, tenemos que ocuparnos de lo que es urgente e importante, y es la inestabilidad que está viviendo el Perú, generada por la indefinición y la falta de decisión del Presidente. Estamos viviendo lo que en el mundo académico se conoce como un equilibrio inestable. Es decir, una situación que puede volcarse hacia el éxito y el progreso del país o, hacia el abismo. Y, en el medio, una situación en la que la indefinición no va a -sino- traer perjuicios al país.

En esta coyuntura pues, se presentan 3 escenarios que dependen de lo que decida el presidente. En primero lugar, la ruta de persistir en sacar adelante su Asamblea Constituyente para cambiar la Constitución prescindiendo del Congreso. Esta ruta, implica una alianza con las fuerzas de la izquierda radical y, concretamente, con Cerrón.

El segundo camino es el de optar por buscar un equipo de gente que: (i) ame al Perú, (ii) que sea honesta y (iii) que sea competente. Cuando llegan al poder los gobernantes, a veces no tienen idea de qué es lo que hay que hacer. En algunos casos, saben qué es lo que hay que hacer. Pero no siempre llegan al poder sabiendo qué y cómo lo van a hacer. En ese sentido, la segunda ruta del presidente sería -justamente- rodearse de ese equipo que (i) ame al Perú, (ii) que sea honesta y (iii) que sea competente.

Y la tercera ruta para el presidente es la de la renuncia. Probablemente el presidente ame al país. Para muchos peruanos, todavía está en duda si es una persona honesta. Pero lo que ha quedado claro, es que no está rodeado de gente competente. Por amor al Perú, le queda al presidente también la opción de renunciar.

La pregunta que nos hacemos es: ¿por qué es que el presidente opta o ha decidido seguir por ese primer camino? ¿Será que Cerrón tiene algo en el legajo del presidente, y se vale de eso presionarlo y hasta chantajearlo? En los próximos días esperamos que todo esto se aclare…

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Pedro Castillo, política peruana

Cuando todos temían el descalabro apocalíptico en Chile, el flamante presidente izquierdista Gabriel Boric ha sorprendido a muchos con la designación de un gabinete altamente calificado, más que paritario (hay más mujeres que hombres), con personas casi todas de izquierda y unos cuantos de centro. No ha cedido un milímetro a sus aspiraciones políticas y programáticas, pero no ha hecho de la improvisación su insignia, como una parte de la sociedad chilena temía, dados sus antecedentes contestatarios y beligerantes.

¡Qué diferencia con el imperio de la mediocridad que ha instaurado en el país, el gobierno de Pedro Castillo, capaz en pocos meses de desandar reformas importantes, golpear el esquema meritocrático de muchas entidades públicas, incluyendo ministerios, y rebajar la investidura presidencial con inconductas penosas!

Porque lo que de nuestro gobierno subleva es la rampante medianía, la indolencia para atender los asuntos públicos, la absoluta miopía para emprender siquiera alguna reforma importante y la ausencia honda de autocrítica (Castillo, por lo que se ha visto en la entrevista con César Hildebrandt, ni siquiera parece ser consciente de los estropicios cometidos).

La izquierda peruana, que integra sin excepciones el régimen de Castilllo, ha demostrado carecer de cuadros técnicos calificados en casi todas las materias vinculadas al quehacer administrativo del Estado. Se la ha pasado años y hasta décadas pontificando y criticando a los gobiernos de derecha, pero cuando le ha tocado salir a bailar, no atina un solo paso.

Ojalá el pueblo aprenda esta lección. Es una lástima que le deba agregar una frustración política adicional a las muchas que lleva acumuladas en las últimas décadas, pero ayudaría mucho a la maduración democrática y política del país, que los ciudadanos de extracción popular entiendan que no basta con lanzar proclamas antiestablishment o engalanar un discurso con consignas populacheras, para asegurar un gobierno medianamente viable.

A ver si el inevitable fracaso de Castillo hace que el país asuma que el momento actual del país lo que requiere es un régimen de derechas, procapitalista, democrático e inclusivo, identificado con la inversión privada y el desarrollo liberal. Solo así saldremos de la meseta del subdesarrollo en la que parecemos atrapados irremediablemente. Habrá que esperar hasta el 2026 para que cuaje una opción así, pero sería formidable, al menos, que este lustro sirva como aprendizaje colectivo de lo que representa la fallida izquierda peruana.

La del estribo: algunas recomendaciones cinéfilas: La tragedia de Macbeth, dirigida por Joel Coen, con Denzel Washington y Frances McDormand; Cyrano, dirigida por Joe Wright, con Peter Dinklage; Flee, dirección de Jonas Rasmussen; Hive, por Blerta Basholli; Maixabell, bajo la dirección de Icíar Bollaín; y Munich, al filo de la guerra, dirigida por Christian Schwochow, con Jeremy Irons, entre otros.

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Boric, Pedro Castillo

La primera entrevista del presidente con Hildebrandt. ¿Es bueno que acepte que le está costando gobernar? ¡Y seguimos comentando el derrame de La Pampilla!

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César Hildebrandt, derrame de petróleo, Pampilla, Pedro Castillo, Repsol

A pesar de los evidentes esfuerzos de César Hildebrandt por lograr precisiones, la primera entrevista que ha dado Pedro Castillo a un periodista desde que asumió el mandato, y que ha salido publicada en Hildebrandt en sus trece, ha sido una profunda decepción.

Si Castillo lo que quería -imaginamos que para ello ha decidido acercarse a la prensa- es aclarar las dudas respecto de su paso por el gobierno y su mirada de largo plazo, pues no aclara ninguna y, más bien, deja pendientes las inquietudes que muchos tienen respecto de su gestión.

El Primer Mandatario parece creer que con los éxitos del plan de vacunación es más que suficiente respecto de sus responsabilidades gubernativas y, además, parece estimar que ello lo exime de no haber hecho casi nada en otras materias.

No aclara lo de Sarratea, defiende el nombramiento de Salaverry, no admite mayores errores, no aclara si va a haber cambio de gabinete o no, no logra definir su estrategia respecto de una Asamblea Constituyente, etc.

Si nos guiáramos por esta entrevista para trazar un derrotero de cómo será su gobierno, habría que resignarnos a la mediocridad vigente y a que Castillo no se moverá de ese margen, con eventuales bandazos hacia la izquierda o hacia la derecha, pero manteniendo como eje de acción central, la medianía más pueril en sus actos gubernativos.

Es realmente una lástima, porque el mundo global atraviesa por un periodo de bonanza en los precios de las materias primas, que nos podría permitir un despegue económico sustantivo, capaz de reducir las tasas de pobreza en la misma proporción que se logró en la segunda gestión de Alan García (quien también gozó de esa bonanza internacional), pero para ello se requieren señales claras y contundentes, no mensajes esquivos, cifrados, cargados de incógnitas.

Al final, algo de capitales vendrá, porque ya para los inversionistas es una buena noticia que Castillo no sea, efectivamente, un Presidente estatizador ni conculcador de la propiedad privada, pero el boom económico que podríamos haber espectado este lustro, se va a perder groseramente.

A la luz de lo que potencialmente pudo ser, estos serán cinco años perdidos. No habrá ni siquiera grandes cambios estructurales ni reformas importantes, ni en salud ni en educación, con un gobernante tan limitado y de poca monta como el que nos ha tocado en suerte.

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César Hildebrandt, Pedro Castillo

Los rumores siguen corriendo, insistentes, respecto de un posible cambio de gabinete, que modificaría el rumbo conocido del gobierno hasta la fecha. Lo cierto es que el Presidente tiene frente a sí tres opciones y sería bueno que zanjara definitivamente cuál de ellas va a seguir a lo largo de su gestión y no esté saltando de una a otra a lo largo de su mandato.

Opción A: mantiene el formato actual, con una repartición más o menos equitativa entre las diversas fuerzas de la coalición de izquierdas que nos regenta. El beneficio que conllevaría es el de una relativa tranquilidad en los mercados, ya que solo tendría que corregirse la pavorosa mediocridad que se ha instalado en diversos ministerios u oficinas públicas (el caso de Petroperú es uno de los más flagrantes y recientemente conocidos). El problema es que no generaría la suficiente confianza como para desatar una vorágine inversora que aproveche el extraordinario momento de los precios internacionales, que, a pesar de la medianía del régimen, ha disparado los valores de la minería o la pesca (se anuncia, por ello, un récord tributario para este marzo entrante).

 

Opción B: le hace caso a los consejos de Vladimir Cerrón y radicaliza su gobierno, expectorando a los que el propio extremismo cerronista llama “los caviares” del gabinete, se coloca a alguien como Róger Nájar o Hernando Cevallos en el Premierato, se insiste con el tema de la Constituyente y se trata de aplicar políticas económicas más agresivas en materia de redistribución o intervención estatal. El beneficio sería que fortificaría la representación política de un gobierno que fue votado precisamente para que haga eso y cerraría así la brecha creciente de potenciales crisis políticas futuras (hay, embalsada, una “energía” izquierdista, por llamarla así, producto de las defecciones anteriores de Fujimori, Humala o el propio García II). El problema es que llevaría al país al caos económico y en este caso se dilapidaría el buen momento internacional. Lo que se ganaría en representatividad política se perdería en viabilidad socioeconómica.

Opción C: Castillo gira al centro y convoca funcionarios de centro o, inclusive, de derecha, expectorando también, pero por otras razones, al “ala caviar” hoy vigente de los sectores claves que maneja, particularmente del MEF. El beneficio es que cosecharía de un influjo de capitales, que los propios peruanos han sacado al exterior, tranquilizaría los mercados inversores desatando su dinámica y generaría un crecimiento económico importante. El problema es que se acrecentaría la energía política disruptiva, que se vería nuevamente embalsada y postergada por un giro de timón del gobierno, que una vez instalado, administra por la derecha desoyendo su mandato de izquierda.

En cualquier caso, sea cual sea la opción que Castillo elija, lo va a tener que hacer pronto. Las dudas, incertidumbre y sombras que hoy subsisten, medran la confianza y generan parálisis.

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Pedro Castillo, política peruana
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