Pedro Castillo

Todos los días, de lunes a viernes, Alexandra Ames, David Rivera y Paolo Benza discuten los temas más importantes del día por Debate. En nuestro episodio número 195: ¿Demostró racismo la presidenta del Congreso o estamos exagerando? La hora loca de las comisiones en el Congreso. ¿Qué vale la pena investigar y qué no?

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María del Carmen Alva, Pedro Castillo

EL PODCAST DIARIO DE OPINIÓN DE JUAN CARLOS TAFUR.

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Libre mercado, Pedro Castillo

La grave disfuncionalidad que muestra de arranque el gobierno de Pedro Castillo, la misma que difícilmente remediará, generará un nuevo lustro perdido, sobre todo en materia de reformas.

Ya nos hemos resignado a que las reformas de libre mercado estarán congeladas cinco años, con un régimen que no cree en ellas sino todo lo contrario, y al que, más bien, habrá que mantener a raya para impedir que vaya a contramarcha destrozando lo mucho que se ha avanzado en progreso económico los últimos 30 años.

Pero cabía la expectativa, quizás muy ingenua y optimista, de que al menos una gestión de izquierda pudiese ser capaz de llevar a cabo la construcción de un Estado ecualizador e inclusivo, sobre todo en materia de educación, salud y seguridad. Que, digamos, desde la izquierda se hiciese lo que en verdad correspondía hacer estos últimos años de estabilidad macroeconómica, pero cuyos responsables (Toledo, García, Humala, PPK y Vizcarra) fracasaron estrepitosamente por indolencia reformista. La transición post Fujimori, en esa perspectiva, ha sido un fiasco y es por ello, en gran medida, que hemos pagado la factura política de tener en el poder a un candidato antiestablishment.

Al paso que vamos, sin embargo, ni siquiera esa construcción de un mejor Estado se va a lograr. Más allá de los gritos radicales de algunos voceros del gobierno, lo cierto es que es un régimen débil, sin cuadros técnicos, sin mayoría parlamentaria y con las calles crecientemente adversas. Encima de ello, la altisonancia generará incertidumbre y arruinará la moderación económica por la que parece haberse optado y el resultado final será una gestión mediocre, inútilmente confrontacional, y paralítica en reformas.

Políticamente al Perú le convendría la interrupción de un mandato que ya muestra los síntomas sombríos de lo que será por los siguientes cinco años. Sobre ello no caben dudas.

La pregunta que cabe hacerse es si resulta legítimo, constitucionalmente hablando, desembarazarse de un régimen mediocre y malo, como el que promete la dupla Castillo-Cerrón. Pues no, no lo es. Pero la oposición congresal debiera tener claro que le haría un inmenso bien al país si a la primera de bastos que haya justificación para una vacancia moral, proceda a hacerlo, que el Perú no se merece transitar por la travesía penosa de cinco años de improvisación, irresponsabilidad y mediocridad a la que nos asomamos.

El gabinete Bellido, la falta de talla política del Primer Mandatario, la improvisación en la designación de funcionarios públicos, la lentitud pasmosa respecto de las rápidas decisiones que ya corresponde tomar en diversas políticas públicas, y encima de ello la inmadurez de engalanar ese tinglado de medianía, con frases díscolas y petulantemente radicales de muchos de sus voceros, suponen una calamidad intolerable.

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Pedro Castillo

Nos encontramos en una coyuntura de crisis muy distinta si la comparamos con coyunturas similares en los últimos 60 años.

Una constante en la mayoría de las crisis de las últimas seis décadas era la falta de recursos para enfrentarlas. Faltaba dinero, faltaba crédito, respaldo político exterior, no había remedios o posibilidades materiales contra fenómenos como el fenómeno del Niño, etc. Más aún no había consensos políticos y técnicos de cómo enfrentarlas, lo cual mermaba fuertemente las posibilidades de éxito.

En esta crisis la cosa es muy diferente.

Estamos en medio de una pandemia sin precedentes en las últimas décadas, pero ya existen las vacunas para inmunizarnos. No sólo eso, ya las compramos y están en camino.

La pandemia ha generado una crisis económica muy profunda sobre todo incrementando el desempleo. Pero tenemos todos los recursos necesarios para enfrentarla y reponernos rápidamente.

El Estado tiene dinero para invertir, las empresas tienen dinero para invertir, las personas (no las mas pobres por supuesto) tienen dinero para gastar. Hay proyectos listos para desarrollar, tecnología y personal capacitado para desarrollarlos. El país y sus empresas tienen acceso a créditos competitivos. Encima de todo tenemos un ciclo de precios de nuestras exportaciones mineras buenísimo y una demanda fuertísima para todas nuestras exportaciones.

Nunca presencié una situación de crisis con tantas posibilidades de recuperación.

Para cualquier Presidente este sería un regalo. Si dejara a los expertos trabajar podría ser el Presidente más exitoso de la historia!

Con Julio Velarde y su equipo en el BCR (aclamados varias veces mundialmente como el mejor banco central por sus resultados), y un equipo de similar fortaleza en el MEF dirigido por Pedro Francke y ministros con equipos de similar capacidad técnica en Agricultura, Energía y Minas, Transportes, Vivienda y Salud; Castillo podría encargar la PCM a un excelente conciliador, que funcione como director de orquesta en Lima y dedicarse a viajar por el Perú profundo visitando pueblos y ciudades recogiendo las necesidades más urgentes de la población y ordenando su rápida implementación. Actividad que le es por demás atractiva personalmente.

En su quinquenio podría construir más escuelas, hospitales, caminos, canales de regadío, puentes, conexiones eléctricas, conexiones telefónicas y de internet, etc, que ningún otro Presidente de la historia.

Y podría, porque no solo existen los recursos económicos y tecnológicos necesarios para hacerlo, sino también los consensos políticos y técnicos de que eso es lo mas indicado en este momento  para enfrentar la crisis.

Mas aún con los precios de los minerales de hoy podría solucionar todos los conflictos con las empresas mineras generando las mejores condiciones posibles para los pobladores.

Obviamente a Castillo le falta imaginación.

No se puede entender otro motivo para renunciar a esta proeza y cambiarla por estúpidas peleas en Lima que sólo han generado enfrentamientos inútiles hasta ahora.

Pero pareciera que a Castillo no solo le falta imaginación para lo bueno sino también para lo malo.

Prácticamente todos los Presidentes de los últimos 36 años están procesados, presos, con procedimientos de extradición o con impedimentos de salida del país por corrupción. En todos los casos las pruebas de sus actos de corrupción fueron probados por su vinculación con delincuentes que en el momento de realizar los crímenes eran desconocidos o poco conocidos por la opinión pública.

Castillo anda de la mano del delincuente Cerrón y repartiendo puestos a miembros de la organización política Perú Libre, la cual tiene muchos miembros que apoyan la actividad delictiva de Cerrón al punto de aportar personalmente dinero para el pago de reparación civil que los jueces han dictado contra él.

¿No es capaz Castillo de imaginar que si 5 ex Presidentes han sido descubiertos por el excelente sistema anticorrupción que los ha perseguido a pesar de que sus cómplices estaban ocultos, ese mismo sistema anticorrupción lo va relacionar con sus socios delincuentes y sus actividades delictivas?

¿Será falta de imaginación?

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BCR, Pedro Castillo

UNO

Conocí el interior del país entre 1986 y 1987. Me di cuenta que el Perú no era uno, sino varios. Y estaba fragmentado. Viví en lugares disimiles, como Chupaca o San Jerónimo de Tunán, durante interminables meses. Más tarde, bebí de la cultura cuzqueña, cerca de 3 meses; disfruté de la tierra roja y el gran cielo azulado de aquella ciudad. Aun así, había miseria y desamparo en Santiago y San Jerónimo, barrios donde moraba. También Arequipa tenía su lado mísero. Alto Misti no tenía nada en común con la opulencia de otros barrios. Increíblemente, fue en Lima donde conocí mayor miseria. A 45 minutos del Centro de Miraflores había una ciudad, Nueva Esperanza, de interminable cielo grisáceo y calles polvorientas. Pero, sobre todo, de viviendas precarias en los cerros colindantes. Asimismo, me topé con el arenal, interminable, de Tablada de Lurín y el desierto, fordiano, de José Gálvez. Me di cuenta que esa gente vivía como podía. Eran los rezagados, los excluidos del Modelo decrépito, de un tal, Alan García. El país se jodió en aquellos años, y yo estuve allí.

Una década después, hubo crecimiento económico. Su PBI estaba entre los mejores del continente. Aun así, seguían latente las desigualdades. De a poco, las nuevas oportunidades produjeron que la clase media aumentara su grosor, ya sea en Lima o en provincias. Sin embargo, el país pudo haber dado un mayor salto (cualitativo y cuantitativo) en términos macro económicos. Como siempre, los conflictos políticos ralentizaron el crecimiento. Y ahí, Keiko, tuvo un gran porcentaje de culpa. Nunca se recuperó de la perdida de las elecciones de 2016. Y tuvo una fijación morbosa y enfermiza contra el gobierno de PPK. Su partido controlaba el Congreso y, cada vez que pudo, petardeó al débil e inútil de Kuczynski.

Y vino la vacancia de PPK, y luego de Vizcarra.

En marzo de 2020, asomó la Pandemia.

DOS

“La expropiación sin pago de la Industria Nacional y Extranjera. Y la necesidad de dejar en manos de particulares las bodegas, taxis, talleres artesanales y parcelas de tierra.”

Hugo Blanco – entrevista con Cesar Hildebrandt – noviembre de 1979

Era un personaje. Usaba yanquis y un pantalón gastado, sujeto con una soga. Una vieja camisa a rayas y una barba sesentera con un mechón blanco. Su fe en el marxismo-leninismo era inamovible. Poseía un fanatismo, cuasi religioso, acerca de la lucha armada. Y si, era un personaje infumable. Dícese, que a finales de los setenta, luego de sus diatribas congresales; salía del recinto y, al llegar a su auto, se despojaba de su atuendo y se vestía como un burgués más. Se iba junto a su esposa sueca. Si, se casó con una europea.

En Chile, el Partido Comunista tuvo un origen desde principios del siglo pasado. Entre Allende y Bachellet, hay una diferencia abismal, no sólo 41 años. Michelle respetó la propiedad privada y mantuvo la economía en buen estado. Al finalizar su Primer Mandato, tenía un 84% de aprobación y respaldo ciudadano. Incluso, años después, hizo un Segundo Mandato. Personalmente, me parecen increíble las diferencias abismales entre las izquierdas chilenas y uruguayas, con respecto al resto de Latinoamérica.

TRES

Biden está pagando un subsidio a las familias con hijos, para atenuar los efectos de la Pandemia. Mientras tanto, Chile está destinando un punto del PBI, en cheques, al 90% de la población, como una ayuda en tiempos de Covid. Va a cobrar un impuesto extra a las empresas mineras también. Los países más poderosos se unieron para suscribir una ley que permite cobrar un impuesto mínimo global a las Multinacionales (Amazon, Google, Facebook, etc). Y entonces, ¿te jode que las empresas mineras paguen un plus como impuesto?

Eso sí, las Elecciones han sacado a relucir nuestras miserias. Nos creíamos tan unidos, tan orgullosos de nuestra civilización o herencia; pues no lo somos. Aún estamos lamiéndonos nuestras heridas, mientras la derecha aprovecha cada error del incipiente (¿y despistado?) Gobierno, para pedir su vacancia. A doscientos años de nuestra Independiente, ¿vivimos aun en la cornisa política y social?

Ahora Bellido y Bermejo parecen intrínsecamente obtusos. Y no hablo, con respecto a lo que opinan de Cuba y Venezuela, sino creer que ganaron con el 80% de aprobación y pueden impulsar una Constitución como sea. Y se agrava todo, si usas la confrontación como una forma de hacer política. Ya han perdido una batalla en el Congreso.

La Primera de muchas.

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Pedro Castillo, Perú Libre, Vladmir Cerrón

En momentos en que nos amenaza una letal tercera ola producto de la pandemia que vivimos y en medio de la peor crisis económica en lo que va del siglo, la indolencia, angurria, indiferencia y frivolidad de nuestra clase política se expresa en todo su miserable esplendor. Preocupados por las repartijas del poder unos y otros se ha enfrascado en una lucha intestina por el control del Estado dejando de lado lo más importante que es nuestra gente. Nuestros hermanos que mueren sin oxígeno, sin vacunas, sin trabajo y sin esperanzas mientras contemplan atónitos a sus representantes enfrascados en una pelea que no entienden, cuando lo único que quiere el ciudadano de a pie es que haya una mejora efectiva en su vida diaria.

La respuesta de los excluidos, los marginados, los pobres junto a todos aquellos que nunca nos resignaremos a ser gobernados por una organización criminal, hija de una atroz dictadura, ya se ha hecho escuchar y ha llevado al gobierno a Pedro Castillo que representa toda esa esperanza de cambio. Sin embargo, lejos de responder a la altura de las expectativas históricas que encarna ha inaugurado su gobierno nombrando a funcionarios cuestionados o sin experiencia alguna para los cargos que ocupan creándose él mismo un flanco de cuestionamiento y de innecesaria confrontación. Castillo debe comprender que ahora él es el presidente de todos los peruanos y el gran esfuerzo de su gobierno debe recoger e integrar a todos los que formamos parte del país.

Por su lado, la derecha se ha recrudecido en sus posturas fascistoides y no han dado una sola hora de tregua al nuevo gobierno. Han magnificado los errores cometidos por el nobel presidente llegando a hablar de vacancia a un gobierno que no llega ni a los quince días de iniciado. Han llegado al ridículo de solicitar en el Congreso una comisión investigadora de los primeros días del gobierno. No han tenido la capacidad de asimilar su derrota, producto de sus propios errores y políticas excluyentes. No se resignan a dejar que sean otros los que tomen las decisiones. Embelesados en sus indicadores, sus cifras, sus instrumentos de gestión, protocolos, etc., nunca fueron capaces de ver el rostro de los pobres y marginados que asoman tras los números. Ahora pagan con la derrota más doscientos años en que no fueron capaces de conformar un país inclusivo e igualitario.

Ambos deben estar dispuestos a ceder. El gobierno rectificar aquello en lo que evidentemente se ha equivocado y en deslindar de manera firme con cualquier tipo de indicio de corrupción. No se puede permitir traicionar lo que ha sido la bandera que lo llevó a ganar las elecciones, así esto implique tener que alejarse de aquellos que en algún momento lo apoyaron. Por otro lado, la derecha debe aceptar que no es gobierno y aprender nuevas formas de conducir el poder sin que impere la amenaza y el hostigamiento.

Lo cierto es que el antagonismo de estas posturas refleja la incapacidad para ceder en algunas de sus propias posturas e iniciar un diálogo que lleve a acuerdos.  Los extremos se juntan al maximizar sus posiciones y no dar cabida al consenso, sin importarles llevarse por delante al país con la inestabilidad que ambos fomentan. El peligro con las posturas extremistas y de vocación totalitaria es –como enseñó Hanna Aredt- que pierden la capacidad de pensar. Pues pensar implica también dialogar y por tanto ser sufrientemente crítico y racional para poner en cuestión nuestras propias posturas cuando lo que está por delate es el bien común.

A los extremos no les interesa el bien común, sólo están mirándose el ombligo y creyéndose cada uno ganador de la parcela que le corresponde. Lo que estamos viendo y viviendo en estos días es la renuncia a la política. En un diálogo de sordos enfrascados en la pugna por el poder el único que pierde es el ciudadano de a píe que vive del esfuerzo diario por llevar un pan a la mesa de su casa. Si nuestros políticos son incapaces de ver eso y dejar de lado sus confrontaciones y diferencias en aras de un bien mayor entonces quiere decir que o hemos aprendido nada de nuestra trágica historia. Estaos como cuando la guerra con Chile, mientras el enemigo avanzaba las élites seguían enfrascadas en sus pugnas políticas, por lo que finalmente fuimos derrotados. Hoy también corremos el riesgo de ser derrotados por esta pandemia si es que no somos capaces de unirnos para buscar juntos un destino común.

Renunciar a la política es no tener la disposición para el diálogo que nos lleve a acuerdos básicos. La violencia, así sea la verbal, es siempre muda porque no sabe decir sino sólo atacar. Por eso, reiteramos que el Acuerdo Nacional se vuelve es espacio para resolver las diferencias y permitir al gobierno y al congreso hacer su trabajo si la amenaza perpetua de la vacancia o la disolución. Es tanta nuestra diversidad que pareciera muchas veces que vivimos en mudos completamente separados, pero lo cierto es que aún nos falta aprender no sólo a vivir juntos sino a con-vivir. Esa es la misión primordial de la política: abrir el camino para transitar hacia los acuerdos vía el diálogo. Lo que estamos viendo no es política sino una maraña de argucias cortoplacistas que sólo nos conducirán al abismo.

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Covid-19, Pedro Castillo

Todos los días, de lunes a viernes, Alexandra Ames, David Rivera y Paolo Benza discuten los temas más importantes del día por Debate. En nuestro episodio número 194: ¿Deben volver los estudiantes a las aulas? El agua tibia por la que un sector de la izquierda pasa a los Dinámicos del Centro. Y Velarde, Velarde y más Velarde.

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Educación, Pedro Castillo

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Guido bellido, Pedro Castillo, Vladimir Cerrón

Una estrepitosa derrota política ha sufrido el oficialismo en el Congreso, en el reparto de las comisiones, quedándose con algunas secundarias y ninguna crucial. Algo inédito en la historia política del país de los últimos cuarenta años.

Esa es la respuesta del Parlamento al gabinete de choque encabezado por Guido Bellido. Si Castillo hubiera entendido que su mandato lo obligaba a ejercer un gobierno de centroizquierda moderado no solo en lo económico sino también en lo político, podría haber conseguido aliados en el Congreso, además de los cinco votos que le aporta Juntos por el Perú y que claramente son insuficientes para tentar alguna mayoría que haga fluida la gobernabilidad del Ejecutivo frente al Congreso.

Pero la necedad política del Presidente ha conducido a un choque de poderes en el que ha salido claramente perdedor y no se asoma con buen pie a la presentación del gabinete en los próximos días.

¿Está en posibilidad el régimen de salir mejor librado? Sí. El camino correcto pasa porque el Presidente ejerza dos actos de gobierno: uno, primero, el apartamiento de Cerrón de la toma de decisiones del Ejecutivo (la última encuesta de Ipsos señala que para el 59% de la población, el gabinete lo ha armado el exgobernador de Junín y un 84% estima que dicho personaje debe alejarse), cuya presencia debilita enormemente la imagen presidencial.

El otro es que acote la pretensión de convocar a una Asamblea Constituyente, la misma que tampoco cuenta con aprobación popular y genera inmensa incertidumbre. Por último, si quiere cumplir su promesa electoral, que presente el proyecto de reforma al Congreso y una vez que éste lo rechace, se quede tranquilo y deje allí nomás el tema. Como ya ha dicho Francke, se pueden desplegar políticas económicas de izquierda sin necesidad de cambiar la Constitución.

Tomando ambas decisiones, el gobierno podría lograr aliados en el Congreso. Había y puede haber disposición de algunas bancadas (Morados, Somos Perú, Acción Popular, Alianza para el Progreso, Podemos y hasta de la derecha fujimorista o de Avanza País), de apoyar al gobierno si éste da señales de moderación y de abandono de la estrategia de choque, estrategia condenada al fracaso, como se ve.

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