Pedro Castillo

La verdad, ya estoy un poco harta. Con motivo de mi columna de la semana pasada sobre “Castillo y la cultura” se me han venido encima personas que conozco y que pensaba que mantendrían al menos un mínimo de respeto a la hora de tratar de rebatirme. No digamos ya los desconocidos que han enfilado armas para llamarme de todo, desde terruca hasta ingenua. ¿Y por qué? Simplemente por expresar mi opinión, ni más ni menos. Y no se trata de algo nuevo. Mi apoyo al profesor Pedro Castillo es conocido desde hace un buen tiempo, incluso antes de la primera vuelta.

Tampoco es un secreto que soy de izquierda, pero no de esa izquierda que votó apasionada por Verónika Mendoza y que ahora se pone la camiseta del lápiz entusiastamente. Bien por ellos, pues han entendido que las luchas del pueblo deben estar por encima de partidarismos y que hay que apoyar la unidad. Sin embargo, esto no significa que ni ellos ni yo aceptemos incondicionalmente todo lo que diga el profesor Castillo. La crítica constructiva debe tener su lugar bajo cualquier régimen político y debe buscar ampliar los horizontes para que todos, mujeres y minorías sexuales, no vean menoscabados sus derechos.

Por eso, volviendo a lo principal, quiero decir que la reacción de aquellos que apoyan a la candidata Keiko Fujimori ha sido y sigue siendo penosa. El grado de agresividad, inquina y bajeza humana entre quienes se supone cultos y educados me ha revelado los niveles a los que puede hacer llegar el pánico a algunas personas.

Ese miedo sembrado por la mayoría de medios de comunicación, augurando una noche sombría de comunismo, pobreza y destrucción de la democracia si sube el profesor Castillo al poder ya llega a niveles francamente irracionales. Es un miedo surgido también del temor a perder los privilegios que algunos sectores han ampliado o adquirido durante estas tres décadas de neoliberalismo peruano. Por encima de ello, es un temor a que la república criolla fundada en 1821 se convierta en una república mestiza con fuerte raigambre indígena. Y ahí el racismo consuetunidario de muchos limeños y algunos sectores de provincia juega un papel fundamental.

El pánico de esos sectores lleva a justificar los crímenes probados del clan de los Fujimori, hasta el punto de hacer aparecer como aceptable para la democracia a personajes que sabemos a ciencia cierta no tienen vocación democrática, sino que usan la democracia para provecho propio y para afianzar un modelo autoritario. ¿O creen sus partidarios que los crímenes de los años 90, con sus secuestros, asesinatos de periodistas, esterilizaciones forzadas, robos, sobornos, las ansias de perpetuarse en el poder y otras joyitas del fujimorato no se van a repetir si sube la candidata Fujimori?

Por otro lado, para neutralizar ese pánico que causa la candidatura del profesor Castillo y su eventual triunfo hay que desmitificar el fantasma del comunismo. Cualquiera que examine su plan político sabrá que se trata de un modelo de capitalismo con mayor control del estado sobre los recursos naturales y una agenda de industrialización. De ahí al comunismo hay un largo trecho.

Y no hay nada verdaderamente radical en eso. De lo que se trata es de redirigir el modelo económico hacia un estado de bienestar renegociando los términos de las ganancias estatales frente a la inversión para implementar políticas de salud y educación que incluyan a los grandes sectores olvidados. Es una simple cuestión de inversión a largo plazo. El futuro del país requiere que nuestros niños y adolescentes reciban mejores oportunidades.

Si eso les causa pánico a algunas personas, mejor tomen su valeriana.

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Elecciones 2021, Izquierda, Pedro Castillo

A mí me parecía claro que el ascenso de Keiko Fujimori en las encuestas iba a frenarse y revertirse, y que los números de las estadísticas iban a retomar una ventaja, más o menos holgada, en favor de Pedro Castillo. Fueron varios los motivos de mi razonamiento:

El primero es que entendí la arrolladora campaña contra Castillo y en favor de Fujimori como una ofensiva militar que me recordó bastante la estrategia de las trincheras de la Primera Guerra Mundial. En ella, las ofensivas podían durar meses pero finalmente se agotaban y daban lugar a la contraofensiva del contrario. En realidad, se trataba de ataques bastante inútiles. Las trincheras demostraron ser, para la época, una tecnología defensiva casi inexpugnable. El atacante, en su despliegue, apenas lograba avanzar unos metros sobre el frente enemigo y luego debía soportar su contrataque.

En nuestro caso, se ha atacado tanto, y de manera tan artera y sistemática a Pedro Castillo, que ya no hay mucho más que agregar que no suene a perogrullada. A esto se suma el tufillo clasista de la embestida que, llegado a un punto, lo que está motivando es la solidaridad de importantes sectores de la población, principalmente D y E, con un hombre que, no lo olvidemos, es visto como representante de los sectores populares, como un maestro de escuela rural pública. Un meme muy difundido pregunta peyorativamente ¿le entregarías la educación de tu hijo a un hombre como Pedro Castillo?, lo que ignoran los autores y difusores de ese meme es que la mayoría de profesores y profesoras de nuestras escuelas rurales son como Pedro Castillo, o son Pedro Castillo, y es allí donde se manifiesta, una vez más, nuestro secular desentendimiento.

Por otro lado, el fin de semana pasado, la actuación de los candidatos me pareció clave para motivar un cambio en las tendencias electorales. Vi a Keiko Fujimori solitaria en Santa Mónica, como coqueteando con el futuro, y a Pedro Castillo, medio triunfal, atravesando las calles de la Victoria, en olor a multitud; y vi algo más: las masas que acompañan a Castillo son masas convencidas, militantes de un instante, de la situación, de su oposición ocasional a los poderes fácticos, pero militantes al fin y al cabo, y en tanto que tales poseedoras de la voluntad de convencer a sus pares con mejores argumentos que el terror a que el profesor Tacabambino se metamorfosee en Abimael Guzmán si llega a Palacio.

Asimismo, la presentación de los equipos técnicos debe estar, en estos momentos, jugando un rol importante en todos aquellos, que militantes de la primera fuerza política del Perú (el antifujimorismo), conservadoramente no se animaban a apoyar al profesor Castillo, al verlo rodeado de esos hombres de camisa blanca y cuello rojo, encabezados por el inefable Vladimir Cerrón. Pero ahora están Modesto Montoya, Anahí Durand, Avelino Guillén, Juan Pari, Pedro Francke, la sorprendente Dina Boluarte y otros técnicos de primer nivel. Se trata de un equipo en el que, además, la apuesta por la ciencia y la educación se destaca nítidamente.

Finalmente, ayer marchó y se activó el antifujimorismo, que es el factor que debía presentarse tarde o temprano. Las manifestaciones han sido multitudinarias y es posible que terminen por decantar a la juventud que sacó a Merino de Palacio, en favor del profesor del lapicito. De alguna manera, los espíritus de Inti y de Brian se unen a la causa y poco podrá hacer Keiko Fujimori, en el tiempo que le queda, para convencernos de lo que tendría que convencernos: de que no es Keiko Fujimori.

El Perú no es la caja de pandora, es aún más enigmático, pero así como van las cosas, la suerte parece estar tan echada como lo estuvo al día siguiente de la primera vuelta del 11 de abril, cuando nada nos hacía pensar que Pedro Castillo pudiese perderse en su ruta hacia Palacio de Gobierno. La ofensiva de los poderes fácticos ha sido demoledora, pero su poder destructivo ya no es el de hace unas semanas. Tras su devastador bombardeo, las fuerzas del profesor comienzan a avanzar de nuevo.

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Elecciones 2021, Keiko Fujimori, Pedro Castillo

Los escenarios congresales que se le abren a Castillo, candidato de Perú Libre, son muy acotados. No tiene mucha capacidad de fuego. Dificultaría enormemente su capacidad de sobrellevar un gobierno efectivo.

Si Castillo gana la elección del 6 de junio y ejerce un gobierno moderado, más guiado por los equipos técnicos de Juntos por el Perú que por el ideario original, se expone a que la facción radical de su propia bancada se le vaya en contra. Y de los 37 congresistas, Cerrón controla al menos 22. Se quedaría con 15 propios, 4 de Juntos por el Perú, eventualmente 12 de Acción Popular, 4 del partido Morado y quizás 5 de Somos Perú. Es decir 39 congresistas, zarandeados por una oposición simultánea de la izquierda radical desgajada y una mayoritaria oposición de la derecha.

Si, por el contrario, Castillo gana y ejerce más bien un despliegue de propuestas radicales, también tendría problemas para generar mayoría en el Congreso. Solo sumaría los 37 congresistas propios más los 4 de Juntos por el Perú, es decir 41 congresistas en total, en absoluta minoría respecto de la oposición.

En ambos casos, Castillo sería un gobernante jaqueado por la posibilidad de la vacancia. Necesita 44 votos para asegurar que no la vaquen, pero, sea moderado o sea radical, no estará libre, además, de interpelaciones y censuras a ministros, o derogatoria de leyes surgidas del Ejecutivo.

Por ello es que él pretende saltarse a la garrocha al Congreso, planteando de facto un referéndum y la convocatoria posterior a una Asamblea Constituyente, que le reste juego político a un Parlamento adverso. No interesa reiterar ahora que ese camino es abiertamente inconstitucional y rompería los cánones legales del orden jurídico peruano, pero al parecer, el equipo de Castillo entiende que lo único que le queda es seguir esa ruta de colisión de poderes y de llevar al Perú a la deriva autoritaria.

Claramente, Keiko Fujimori no es un ejemplo de respeto a la democracia ni mucho menos, y lo suyo es una propuesta liberal autoritaria, pero el juego que le queda a Castillo es solamente el del caos autoritario, del que eventualmente sería muy difícil salir.

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Elecciones 2021, Pedro Castillo, Perú

La polarización política en la que nos ha sumido la pandemia, nuestro pasado cercano y la reacción electoral propia de la segunda vuelta parece haber sacado a la luz que buena parte de nuestra sociedad está regida por una despectiva y egoísta actitud que busca controlar todo lo distinto que le conviene tener sometido: el idioma que no habla, el cuerpo ajeno, la mano de obra civil y rural.

El discurso de Pedro Castillo parece concretizar el anhelo del resto de nuestra sociedad, (aquella que no tiene casi nada de buena parte) que está decidida a alterar ese orden, a transformarlo, así sea mediante una vieja y moderada ilusión planificadora y estatista. Sin embargo, no basta el simple hecho que plantee cambiar las cosas, sino que resucita un recuerdo: el intento ni capitalista ni comunista del Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada de 1968, que quiso hacer del Estado un medio ya no al servicio de la oligarquía peruana, sino uno de liberación y desarrollo de cerca de la mitad de peruanas y peruanos sometidos a niveles de vida denigrantes. Y que para ello, tuvo que tomar Palacio de Gobierno, cerrar el Congreso de la República y legislar por decreto durante seis años.

En este marco, dos aspectos son capitales para comprender el temor implicado en ese recuerdo: uno, que el ensayo de que el Estado se hiciera cargo de los medios de producción derivó en el enorme crecimiento de la deuda externa y en el también desafiante crecimiento de una burocracia corrupta e ineficaz en las empresas estatales, y dos, que las hijas, los hijos de aquella población que hablaba otro idioma, que vive y trabaja en las zonas del país “a la espalda” de Lima, que sufrió el terrorismo de Sendero y del Estado, pues gracias a la escuela y la democracia, tiene este año por primera vez una opción institucional para ponerle un freno a ese sistema de sometimiento reflejado con absoluta claridad en el impacto del virus en las familias que apenas si pueden acceder a la mascarilla y que han visto mermado su acceso a la educación.

El riesgo principal de este temor es que al tener que defender un orden injusto sólo puede reaccionar de manera autoritaria y amenazante. Y aquí el discurso de Keiko Fujimori y la reapropiación de los medios de comunicación y publicidad masiva son el hito de una imposición violenta en tanto nos limita el acceso a la información necesaria justamente para poder disipar el miedo, alimentado por paneles y campañas disfrazadas de patriotismo. En este caso, el recuerdo asociado a la dictadura de Alberto Fujimori (1992-2000) es el de tantos actos escalofriantes que nos remiten no a un temor económico sino a uno más básico de supervivencia, ese que surge cuando los cuerpos de miles de mujeres sufren la intervención quirúrgica forzada para esterilizarlas y truncar sus vidas, cuando la persecución y la desaparición de quienes denunciaban las atrocidades del gobierno era cosa de todos los días, y cuando la muerte y desaparición indiscriminada provenía también del Estado durante la guerra contra Sendero.

Es muy difícil que Perú, en un marco democrático, pueda ser como Venezuela. No sólo porque se necesitaría de un respaldo militar hoy inconcebible en nuestro país, sino porque nuestra economía no depende de un solo producto de exportación, que, por cierto, es la razón de fondo de la crisis que el país caribeño vive actualmente. Pero es muy sencillo, con camiseta de fútbol, reactivar una mafia de corrupción y un sistema amenazante de muerte y desaparición. Los indicios surgen en la impávida negación de las esterilizaciones forzadas al punto de haber intervenido y falseado la información sobre Giulia Tamayo en Wikipedia, son indiscutibles en las amenazas y despidos a periodistas, en el control de la información en casi todos los medios. Pero como se cantó en las calles el año 2000, con la marcha de este sábado quedará en claro que para la mitad y más de peruanas y peruanos, aquí y allá, el miedo se acabó.

19 de mayo de 2021

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Elecciones 2021, Pedro Castillo, Polarización

Castillo no se ha moderado ni se va a moderar. Sabe que a la gente no le importa que tenga vínculos con grupos filosenderistas, que no tenga plan de gobierno orgánico, que tenga un equipo técnico improvisado a última hora, que aparezca a su lado un psicópata ideológico como Cerrón (o su deslenguado congresista Guillermo Bermejo, quien ha mostrado las reales intenciones totalitarias de Perú Libre en audio difundido anoche).

Castillo no se va a poner el polo blanco. No se va a “ollantizar”. La izquierda en el Perú considera lo de Humala una traición imperdonable. Y lo demuestra con la publicación de su plan de gobierno “Perú al Bicentenario libre de corrupción”, que no hace si no ratificar el esquema estatista e intervencionista acorde a su pretensión final: aumento de la inversión social estatal, economía mixta, subsidios temporales (agua, luz e internet), no competencia desleal de importaciones, crédito barato a agro y pymes a través del Banco de la Nación, disminuir la importación de alimentos, revisar el “acaparamiento” de tierras (golpear los grandes proyectos agroexportadores), nuevas reglas e impuestos y regalías a las “sobreganancias”, renegociación de los contratos de estabilidad tributaria, la construcción de elefantes blancos como los gasoductos estatales en el sur, etc.

Y la cereza del postre, la convocatoria abiertamente inconstitucional a un referéndum y a una posterior Asamblea Constituyente. Castillo juramenta ante la Conferencia Episcopal, la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos y Transparencia que va a respetar los cauces constitucionales para cualquier reforma y a renglón seguido anuncia en su plan de cien días zurrarse en la Carta Magna y en la práctica proponer un autogolpe constitucional.

Allá quienes se quieran creer el cuento de que el de Castillo es un proyecto de izquierda transformadora y democrática. Estamos ante una amenaza autoritaria que conducirá al país el caos, y que conllevará la destrucción de todo lo bueno que se ha avanzado en estos años de vigencia del modelo económico, y en el agravamiento de los problemas subsistentes.

No se viene una alternancia a la chilena, si gana Castillo. Estamos ante un proyecto de control total del poder, de perennización en él y de descalabro de la economía nacional y el empobrecimiento masivo de la población, entre ella la que irracionalmente expresa su intención de votar por él, proyecto al que increíblemente se ha sumado un sector de la izquierda dizque moderna y profesionales independientes cuya ingenuidad linda con la complicidad.

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Elecciones 2021, Pedro Castillo, Perú Libre

Todos los días, de lunes a viernes, Alexandra Ames, David Rivera y Paolo Benza discuten los temas más importantes del día por Debate. En nuestro episodio número 132: Castillo logra aterrizar al menos un documento. ¿Fujimori aprovechó Santa Mónica? Vientos de cambio en Chile. Y varios seleccionados endosan la K: ¿es político el fútbol?

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Chile, Elecciones 2021, Keiko Fujimori, Pedro Castillo

Aumentar el presupuesto en educación y salud es una de las prioridades del plan de emergencia para los 100 primeros días del gobierno de Pedro Castillo, en caso sea electo presidente. El documento de 17 páginas, publicado ayer por Perú Libre en sus redes sociales, traza el camino para lograrlo: la «nacionalización de nuestras riquezas»; la creación de impuestos a las sobreganancias; y, por último, la reforma de la administración tributaria.

 

Este último punto no es más que la “reestructuración” de la Sunat. Entre sus objetivos está empezar a cobrar millonarias deudas tributarias que grandes empresas aún mantienen en litigio. Sudaca ha podido acceder a un informe preliminar del equipo económico de Perú Libre, cuyo coordinador es el excongresista e ingeniero economista Juan Pari Choquecota, en el que explican cómo y por qué -según el equipo del lápiz- es necesario hacer cambios en la administración tributaria. 

“Actualmente, mientras los pequeños empresarios son coaccionados por la Sunat por unos pocos soles [que adeudan], los grandes deben miles de millones y nadie les cobra”, dice el documento. El texto, al que llamaremos “Plan Pari”, no precisa el número ni el monto de dinero específico de la deuda que tienen las grandes empresas con el Estado.

El informe preliminar del equipo económico de Juan Pari presenta el porqué se debe reestructurar la Sunat y da las justificaciones para crear nuevos impuestos a la riqueza.

El Plan Pari by Juan C Chamorro

Un reciente fallo del Tribunal Constitucional (TC), de septiembre de 2020, impidió que S/9.256 millones en deudas tributarias impugnadas por 158 grandes empresas del país prescriban. Entre las que se habrían visto beneficiadas estaban, por ejemplo, Buenaventura, Antapaccay, Telefónica, Latam Airlines, Supermercados Peruanos, Unacem, Odebrecht, Southern o Interbank.

Muchas de estas deudas tributarias, sin embargo, aún no son cobradas. Ello puntualmente no se debe a la inacción de la Sunat -que peleó en el TC para que no prescriban-, sino a que siguen en litigio tras no haber prescrito. Las grandes empresas juran que los montos no son correctos y tienen capacidad financiera para apelarlos hasta las últimas instancias legales. 

Pero desde Perú Libre echar mano de ese dinero parece ser crucial. Según el documento del equipo económico, han detectado que algunas empresas deudoras “reciben una devolución equivalente al 10% de sus ingresos”. Se refieren a la devolución fiscal que hace la propia Sunat, de la cual el sector minero ha sido el más favorecido en los últimos años. «Esto es inaceptable», concluyen.

Cabe precisar, no obstante, que la devolución del IGV a las exportaciones (como son los minerales) es estándar global. Ello, bajo la lógica de que «los impuestos no se exportan», lo que haría menos competitivos a nuestros productos. 

 

Este es el tuit del coordinador del equipo económico de Perú Libre, Juan Pari, en el que confirma el presente informe.

 

Nuevos impuestos a los más ricos

El análisis que hace el informe de Perú Libre es que “este gobierno [el de Francisco Sagasti] reconoce que la presión tributaria peruana (16.9% para el 2019) está por debajo de los estándares de América Latina (23.2%) y de la OCDE (34.3%). Se recauda aquí menos que el promedio de América Latina”. 

El diagnóstico apunta su artillería contra los funcionarios del Ministerio de Economía y Finanzas a quienes tilda de defender “los intereses de los más ricos”. Según el documento, en el informe de proyección económica llamado Marco Macroeconómico Multianual (2021-2024) elaborado por el MEF “no hay ningún cambio y ningún tributo aplicable a los estratos de mayores ingresos del país”.

De acuerdo al partido del lápiz, esta realidad desnivela la cancha entre los grandes y pequeños empresarios y contribuyentes. “Los funcionarios del MEF, en vez de hacer lo posible para que cada uno pague en función a la riqueza, proponen aumentar los impuestos municipales y los dirigidos a profesionales y pequeños empresarios formales”. Esta situación, añade el documento, “promueve la informalidad, la elusión y la evasión [de impuestos]”.

Otro análisis que brindan los técnicos de Perú Libre es que las grandes empresas cada vez pagan menos impuestos: “La recaudación tributaria por el Impuesto a la Renta es cada vez menor en el tiempo (…) Y en el  2020, con pandemia, mucho menos”, remarca el documento. Por lo tanto, añaden, “los trabajadores tienden a contribuir más a la recaudación tributaria. ¿Es eso equitativo?”, se preguntan en el partido del lápiz. La recaudación por Impuesto a la Renta suele ir de la mano con el crecimiento (o ralentización) de la economía.

El “informe Pari” le desinfla la llanta al sector minero y dice que es un mito que la minería sea el que aporta la mayor carga tributaria en el país. “Los resultados de la recaudación tributaria por actividad económica muestran que no es la minería la que aporta más. Son los impuestos recaudados a los servicios, a la industria no primaria y al comercio los que aportan en su conjunto el 81% frente al aporte del 7% de la minería en el año 2020”, dice el informe que muestra cifras de la Sunat.

“Los registros de la Sunat muestran que las empresas nacionales y los trabajadores que no gozan de ningún convenio de estabilidad tributaria son los que contribuyen más. Los pequeños empresarios, transportistas, comerciantes y trabajadores son además sujetos a sanciones de diverso tipo y cobranzas coactivas”, concluye.

El informe, en esa línea, propone “la eliminación de las devoluciones a sectores económicos que no generan industria ni tecnología” y la “transformación” de la estructura tributaria “hacia otra que enfatice los impuestos directos (Renta), bajo el principio de equidad y justicia fiscal”.  

Aunque no entra en detalles, también promete eliminar todos los “trucos” contables y de gestión en las empresas para evadir impuestos, que hacen que se pague poco o nada en tributos por parte de las empresas y propone la “elevación” del impuesto selectivo al consumo (ISC) a actividades como casinos y similares.

En el debate de los equipos técnicos del próximo domingo 23 de este mes, organizado por el Jurado Nacional de Elecciones (JNE), en el que participará Juan Pari, se conocerán más detalles de este plan programático.

 

(*) Fotocomposición de portada: Leyla López

 

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Juan Pari, Pedro Castillo, Perú Libre, Sunat

Tamaño revoltijo que se armó esta semana cuando la prensa malintencionada y muchos “Keiko lovers” acusaron al profesor Pedro Castillo de despreciar la lectura. Vaya muestra de analfabetismo funcional la de esos detractores. Lo que dijo el profesor Castillo fue algo muy simple y claro, que cualquiera con dos dedos de frente puede entender en su verdadero sentido: “yo sé del hambre del pueblo. A mí nadie me lo cuenta. Yo no necesito leer el libro que viene de la biblioteca que está allá polveándose, porque la biblioteca está en mi nariz, porque la biblioteca la siento, la camino, la vivo”. 

Hasta resuena a César Vallejo: “»Voy sintiéndome revolucionario más por experiencia vivida que por ideas aprendidas” (de una carta del poeta a su amigo Pablo Abril de Vivero en 1928). Es decir, el sufrimiento y el hambre del pueblo peruano es algo que se ha aprendido por experiencia propia, no en las páginas de un libro. Eso no indica ningún desprecio a la lectura, sino que hay formas de sabiduría que pasan por lo personal antes que por su “descubrimiento” en las bibliotecas. Siendo maestro, es obvio que la lectura y los libros son bienes que se aprecian, pero cada cosa en su lugar.

Hecha la aclaración, les guste o no a los analfabetos funcionales del fujimorismo, cabe preguntarse qué se trae el profesor Castillo en el área de la cultura. 

Por lo pronto, ya ha barajado la idea de un nuevo ministerio de Ciencia y Tecnología, apoyado por importantes científicos peruanos, lo cual nos convertiría en un país exportador de bienes tecnólogicos, patentes científicas, pero, sobre todo, un país que ya no dependería tanto de los países más desarrollados para solucionar inmensos problemas locales (¿recuerdan la escasez y la demora de la vacuna anti Covid-19?).

También se ha voceado que se dedicará el 10% del PBI al sector de Educación, tan maltratado después de casi treinta años de constitución fujimorista, en que la educación dejó de ser un derecho universal y una obligación del Estado para convertirse en un servicio, muchas veces en manos de privados, con obvias miras al lucro (¿recuerdan tantas universidades trucha?).

Cabe preguntarse ahora, ¿qué pasará con el ministerio de Cultura?

Para llegar a una hipótesis debemos primero revisar la historia de dicha cartera en los últimos años. Lamentablemente, el MinCul se ha visto manchado desde el escándalo de Richard Swing, el famoso artista de la farándula que cobró jugosas sumas por dar “charlas  motivacionales” a los empleados del ministerio. Despilfarro. Eso ha ocurrido junto a una progresiva visibilización de agendas relacionadas con grupos progresistas y ligados al ecoambiente de las ONG. Las ayudas por la pandemia, las compras de libros, las invitaciones a ferias internacionales, los premios y subvenciones repiten los nombres de los mismos personajes. Hasta hay una poeta que ha recibido por lo menos cinco formas de reconocimiento y se ha llevado más de 50,000 soles. Merecida o no, esa suma revela una cierta tendencia que, como se dice por ahí, favorece a intelectuales provenientes de una o dos universidades privadas y se encuentran en la cresta de la ola de cierto activismo.

El Plan Económico 2021-2026 emitido por el Partido Perú Libre hace apenas unos días

(https://drive.google.com/file/d/15Q0BFGi1gmqax2aVfm0y9WTaZd-0oHhn/view?fbclid=IwAR0bhgUqebiURD0GhIaoherH0y6aTMyMqWQZCiRvTZ0OhZXfyWg9YR1jl9k ) no menciona ni una sola vez qué haría un gobierno de Castillo frente a la cultura, por lo menos lo que convencionalmente se entiende por tal. Casi todo el Plan cubre sectores importantes relacionados con la economía y la industria, pero parece haber un vacío en el diseño de una política cultural que sea consistente con el discurso de “no más pobres en un país de ricos”.

Sin duda, la cultura florecerá si se invierte en educación, pues nuestros niños y adolescentes aprenderán a valorar nuestros bienes culturales, a cultivar diversas ramas de la producción humana, a conservar nuestro patrimonio. Sin embargo, queda la inmensa tarea de mejorar un ministerio para que no refleje la desprestigiada imagen de ser un coto cerrado de cierto progresismo, plagado encima de escándalos y favoritismos.

Al profesor Castillo le queda la inmensa responsabilidad de llevar el lápiz (y también la escoba) para que el escaso presupuesto del MinCul se distribuya de manera que genere más confianza y atienda a todos los sectores culturales, especialmente los de las regiones, los que circulan en lenguas originarias y los que no necesariamente están ligados a los sectores universitarios y profesionalizados.

Ojalá el profesor se vea bien asesorado y tome las decisiones necesarias. Tremenda tarea. 

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Cultura, Pedro Castillo, Perú

Usted ha señalado en un tuit que, “sin duda, la dupla Castillo-Cerrón es una amenaza a nuestra libertad” y que “no existe ningún partido marxista-leninista que haya respetado la democracia”. Yo le planteo lo siguiente: ¿alguno de los fujimorismos que hemos padecido, el de los 90 o el de la mototaxi congresal, ha respetado la democracia?

No. Pero la diferencia es la siguiente: durante el fujimorismo, tanto el del absolutismo parlamentario como el de la etapa Fujimori-Montesinos, había espacios para una libertad. Mínima. En un sistema totalitario, en donde un partido marxista-leninista tiene el poder, ni siquiera hay ese espacio. No lo digo solo sobre modelos que ya han caído, lo vemos ahora en los rezagos: Cuba y Corea del Norte. Pero también lo apreciamos en procesos latinoamericanos como el de Venezuela, que es el caso más grave, donde casi no hay espacios para la libertad en general. Eso es lo que está en juego.

 

¿Cree que un gobierno de Castillo sea lo suficientemente robusto para lograr cualquier aspiración autoritaria?

Sin ninguna duda. Porque, además, su aparato, la plataforma que lo ha llevado a esta situación electoral, es del señor Cerrón, que abiertamente proclama que su partido es de izquierda socialista, marxista, leninista y mariateguista. Le da un toque de sabor nacional, pero es una ideología absolutamente totalitaria.

 

¿No confía en que los contrapesos hagan su trabajo? ¿Desde el Congreso, desde la calle…?

Por el contrario. Yo hago la siguiente pregunta: ¿qué pasa, en la eventualidad no deseada de que gane el señor Castillo y nombre Comandante General del Ejército a un general abiertamente con simpatías velasquistas? ¿Qué es lo que va a pasar?

 

Podría haber un conflicto interno en el Ejército.

Ningún conflicto interno. Porque los suboficiales obedecen al Comandante General del Ejército. Eso no se da. Lanzar esa hipótesis es no conocer la realidad del Ejército. Eso que para muchos parece que no va a ocurrir, es una posibilidad. Y de otro lado, abiertamente, Castillo y Cerrón están diciendo que van a convocar a una Asamblea Constituyente. O sea, se van a deshacer del Congreso. El país está notificado. Creer que el Congreso va a ser un contrapeso es realmente ingenuo

 

Usted también ha dicho en RPP que, a diferencia de Castillo, Keiko no ha planteado propuestas golpistas. Pero revisando sus declaraciones, en setiembre del 2017, frente a la cuestión de confianza pedida por el gabinete Zavala, usted comentó: “Keiko Fujimori quiere dar un golpe de Estado”. ¿No es suficiente ese antecedente para usted? ¿No es esa una manifestación de lo que puede hacer el fujimorismo?

Bueno, yo no estoy diciendo que Keiko Fujimori, de la noche a la mañana, se ha convertido en una beata. No. Yo he sufrido en carne propia y conozco perfectamente al fujimorismo. El fujimorismo me ha querido meter preso a mí. Soy plenamente consciente de los riesgos que implica. Pero a diferencia del gobierno de su padre, la señora Fujimori sí ha dado esa batalla dentro de la democracia y, bueno, se ha sometido, mal que bien. Ahora, son contextos absolutamente diferentes. No es comparable la actual coyuntura con la que yo atravesé. Cuando fui ministro no era un riesgo inminente la captura del poder por una agrupación marxista-leninista, que es precisamente lo que me ha hecho variar de posición. Usted comprenderá que para mí no ha sido fácil adoptar esta posición. Pero está en riesgo la libertad del país. No es, como dicen algunos, que estamos defendiendo el modelo económico.

 

Durante la primera vuelta, usted señaló que “los Fujimori manejan su partido en base primero a sus intereses personales y familiares”. Me imagino que eso no ha cambiado.

Yo calculo que eso tendrá que cambiar. Porque la señora Fujimori también tiene que interpretar lo que ha sido la votación: en primera vuelta la mayoría de los peruanos no ha votado por ella ni por el señor Castillo. Eso es algo que tienen que tener en cuenta ambos. Como consecuencia de ello, confío en que lo que viene anunciando sea una realidad, porque en la eventualidad de que ella gane, tendrá que plantear un gobierno abierto, diferente a lo que fue el poder del fujimorismo tanto en el Ejecutivo como en el Parlamento.

 

Entiendo entonces que las dudas existen en el caso de la señora Fujimori. Pero, ¿cómo es que ahora la candidata de Fuerza Popular puede ser una invitada de lujo a un supuesto evento por la libertad y la democracia organizado por Vargas Llosa? Si hay tantas dudas, ese paso no se entiende.

Bueno, el término “invitada de lujo” es suyo. Ha sido invitada precisamente para que tenga un compromiso a nivel internacional. Que ese compromiso que le estamos exigiendo interiormente tenga la oportunidad de exponerlo a nivel internacional. 

 

¿Participa usted de la organización de ese evento?

Yo soy miembro de la Fundación Internacional de la Libertad, pero no participo en la organización.

 

Que haya un cóctel después del evento parece cachita.

Bueno, cada uno interpreta las cosas a su manera. Así como usted dice “invitada de lujo”, “cóctel”… En ese sentido, aprovechemos el espacio de libertad que tenemos en este momento [para decirlo], que no existirá en un eventual gobierno de Castillo y Cerrón donde se implantará la censura como ocurrió en la dictadura de Velasco.

 

Gustavo Gorriti escribió hace unas semanas un editorial sobre no regalar el voto. ¿No cree que se han apresurado en su apoyo a Keiko Fujimori? ¿No había que esperar un poco más para ver cómo se decantaba uno u otro lado?

Si hacemos una comparación, creo que el pronunciamiento de Mario Vargas Llosa fue un poco más tardío de cuando pidió el voto para Ollanta Humala, que fue al día siguiente de conocidos los resultados oficiales. Y es, calculo, por dos razones: porque el espacio que hay para hacer campaña en una segunda vuelta electoral es muy corto. En una recta final, revertir una tendencia es muy difícil. Y en segundo lugar, no hay que olvidar que Vargas Llosa ha sido comunista. Los conoce perfectamente desde que era estudiante universitario. Los ha enfrentado los últimos 50 años. Conoce cómo actúan cínicamente, cómo violan los principios democráticos. Porque es la misma técnica que usó Hugo Chávez. Ganó democráticamente las elecciones en Venezuela y dijo que iba a cumplir. Creo que Vargas Llosa no se ha equivocado.

 

¿Cuál es su opinión particular de la figura de Pedro Castillo?

Yo lo veo sumamente dúctil. Ha sido su forma de actuar en política. No tiene ningún reparo de hablar con extremistas, con el Movadef, con Cerrón, plantear el indulto a Antauro Humala. Es decir, el fin justifica los medios. Eso es Castillo. Y lo más grave: no tiene auténticas convicciones democráticas. Entonces, la noción básica de la democracia, de que la Constitución debe frenar el ejercicio del poder, no es algo que haya comprendido el señor Castillo. Por eso, en más de una oportunidad, he señalado que es necesario que tenga clases urgentes de derecho constitucional, porque en eso sí ha sido un mal alumno, por su desconocimiento de algo tan elemental como es el régimen constitucional.

 

¿Y Keiko Fujimori no necesita esas clases?

Bueno, Keiko Fujimori necesita esas clases también. Pero no tiene esas deficiencias o el conocimiento nulo de Castillo. Para no hablar de Cerrón, ciertamente. Porque Cerrón sería en este caso el alumno bandera de lo que significa el desconocimiento. 

 

¿Le cree a Keiko Fujimori cuando firma compromisos, como el que firmó el domingo pasado en Panorama?

No veo Panorama.

 

Bueno, le cuento entonces que firmó un compromiso…

No, sí lo leí. Creerle 100%, creerle ciegamente, fanáticamente, no. Pero frente a lo que tenemos al lado… En ellos [Castillo y Cerrón] simplemente no creo absolutamente nada. Keiko Fujimori va a tener un durísimo trabajo para generar credibilidad y construir confianza.

 

Ahora, Keiko sí tiene antecedentes de no cumplir con su palabra. El miércoles pasado en su programa, Rosa María Palacios detallaba punto por punto cómo Fujimori había vulnerado el acuerdo que firmó de cara a las elecciones del 2016. Básicamente eso nos asegura que va a mentir. ¿No coincide?

Vuelvo a lo mismo. Que le crea 100%, no. Pero ante Castillo y Cerrón, sin duda alguna, creo que más posibilidades de cumplir tiene Keiko Fujimori.

 

El día que manifestó su apoyo a Keiko Fujimori, usted dijo que la candidata lo llamó a agradecerle. ¿Conversaron algo más?

No suelo revelar conversaciones privadas.

 

¿No le ha soplado usted la idea del reparto del canon? Porque es una idea que usted ha lanzado antes.

El tema de que el canon minero, producto del esfuerzo de la inversión privada, genere bienestar no sólo a los empresarios sino a los trabajadores y a los pobladores de la zona de influencia de las minas, no es una novedad mía de esta campaña. Es algo que propugnamos desde la campaña presidencial de Mario Vargas Llosa. Mi propuesta no queda ahí: sino que, en el mediano y largo plazo, participen del accionariado de las empresas los trabajadores o cualquier peruano, como existe en un sistema de libre mercado. No en una lógica socialista, intervencionista, de Velasco. Lo que no planteamos es la captura política del poder, como sí lo quiere Castillo y Cerrón. Por eso se oponen a la asignación del canon minero, porque ellos tienen una concepción totalitaria del manejo del Estado. Ellos quieren las empresas del Estado para controlarlas políticamente, no para que la gente se beneficie económicamente.

 

Fujimori ha dicho que nombrará un gabinete no fujimorista, ¿usted se ve ahí?

No lo sé. Primero tiene que ganar las elecciones. Ella puede hacer propuestas.

 

Me refería si se imaginaba ser parte del gabinete de Keiko Fujimori, más allá de la apuesta que está haciendo por ella ahorita.

Yo estoy haciendo una apuesta no por Keiko Fujimori, estoy actuando en base a principios, defendiendo la libertad de mi país. Este no es un voto a favor de Keiko Fujimori, ni estoy pidiendo el apoyo político a Keiko ni a Fuerza Popular. No me he convertido de la noche a la mañana en un fujimorista fanático. Yo no voy a decir, pues, que el señor Becerril o la señora Martha Chávez son personas que admiro. No. Caer en esa caricaturización forma parte del juego de los adversarios en este momento. O de aquellos que antes me apoyaban y hoy me atacan, o de aquellos medios que antes me daban tribuna y hoy me silencian. Así es este proceso. Lo que yo creo es que en este momento nos debe animar la defensa de la libertad.

 

¿Con eso de los medios que le daban tribuna antes y que ahora lo silencian se refiere a La República?

Eso lo dejo para que lo interprete usted.

 

¿Qué cree que pasará el próximo 6 de junio?

Yo he aprendido en política a no especular. Lo que sí deseo es que el país no cometa el suicidio de elegir democráticamente a un presidente que no cree en la democracia, que ha instaurado un camino golpista para instaurar una Asamblea Constituyente y perpetuarse en el poder acompañado de un partido marxista, leninista, mariateguista, como Perú Libre.

 

¿Haría un pronóstico de lo que se viene en los próximos cinco años?

Estos cinco años de confrontación política entre el Ejecutivo y el Legislativo, de inestabilidad, que además se ha dado en una crisis inimaginable para el mundo desde el punto de vista sanitario, económico… Que vayamos otros cinco años a continuar con este enfrentamiento, ciertamente sería tener una vocación suicida.

 

Para terminar, señor Cateriano: ¿se está tragando muchos sapos?

La política también consiste en saber tragar sapos. No es la primera vez que lo hago. Ahora: vaya sapo que me he tragado, ¿no?

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Elecciones 2021, Keiko Fujimori, Pedro Castillo, Pedro Cateriano
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