Pedro Castillo

El foco de las críticas en la campaña electoral está puesto sobre el planteamiento económico del candidato de Perú Libre. ¿Está equivocado en todo lo que propone? ¿En qué sí y en qué no?

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Lima – Perú

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Elecciones 2021, Pedro Castillo, Perú Libre

La economía peruana está mucho menos dolarizada que años atrás [bajó del 70% en 2004 al 24% en 2021]. Se podría pensar que entonces los vaivenes del dólar no nos afectan en lo cotidiano. ¿Es cierto o qué mostraría lo contrario?

El pan y el pollo, por ejemplo. El pollo come maíz y el maíz no se hace en el Perú, porque no tenemos un buen clima para producirlo. Nosotros vivimos del pollo, es el alimento del peruano. Cada vez que sube el tipo de cambio, sube el precio del maíz y nosotros pagamos más por el pollo. Igual sucede con el trigo, nosotros no tenemos clima para hacer trigo, lo tiene Argentina, lo tiene Brasil. Cada vez que el tipo de cambio sube, sube el precio del pan, porque sube la importación del trigo. No es tan bueno que suba el precio del pan porque a los ciudadanos nos golpea el bolsillo. Además, con estos mismos dólares, se paga el petróleo, el aceite, la ropa o la soya que también la importan. Entonces, tienes que usar más soles para comprar los mismos dólares. ¿Se genera inflación? Sí. ¿Y eso es malo? Sí. Porque nos cuesta más a todos los ciudadanos de a pie.

La gente, al buscar aferrarse a una moneda más segura y salir a comprar dólares,  genera que haya menos dólares en el mercado también. Entonces, colaboran con el alza del dólar… 

Es un círculo vicioso o virtuoso, pero generas una espiral. Tú compras tus dólares y en la tarde ves a alguien: «Oye, ¿sabes que compre dólares?». «¿Por qué compraste dólares?». «No, mira, por si acaso». Esa persona se queda pensando toda la noche y al día siguiente dice: «¿Sabes qué?, voy a comprar dólares». Se genera esa bola de nieve, en que la gente empieza a pasarse la voz, y a mí me ha pasado los últimos cinco días, ha sido el triple de llamadas de personas que preguntan sobre el tipo de cambio en los dos últimos meses. Además ahora es virtual, tú entras a una página web y cambias al toque. ¿Por qué la gente actúa así? Porque las personas que tienen 50 años a más lo vivieron con Alan García 1. Hay un recuerdo detrás de tu cerebro que te dice «alerta, alerta», que grita «¿te olvidaste?». 

¿Crees que sean conscientes de que sí se genera un alza en productos básicos?

No son conscientes, porque además en este momento tú no estás tomando una decisión 100% racional, estás tomando una decisión un poco emocional. Y en ese punto emocional, eres tú contra el mundo, «yo voy a cambiar mis dólares, pensar en los demás no me importa, yo por lo menos quiero tener dólares». Quizás un poco tomada por la angustia, todos los días sube el cambio: «pucha, debí cambiar ayer que estaba en 3.67, ahora está en 3.68». No es nada la diferencia, pero no importa, tú ya estás [pensando]: «Ha subido, no compré, se me pasó». Te genera esta ansiedad hasta que compras.

Usualmente esto pasa en la bolsa [de valores] también. Yo he comprado, y suele haber una etapa en la cual sube muy rápido, que es lo que pasó la semana pasada. El dólar llegó a 3,85, y ahora ya regresó a 3,79. Creo que hay un poco de esta bola nieve y que el Banco Central [de Reserva] ha contenido muy bien, ha estado vendiendo dólares tres veces más diariamente, que lo que ha vendido en los últimos meses, en enero, febrero por decir. 

¿La experiencia de gobiernos anteriores en personas que están en sus 50 años o 60 qué rol juega en este círculo vicioso?

Juega en la parte más emocional y más temerosa de la experiencia pasada. Es el ´cuco´ que no quieres volver a ver y que te está tocando la puerta. Entonces, esas personas son las que cambiaron dólares en noviembre o en diciembre y que ahora les están diciendo a sus hijos: «Oye, hijito, yo tendría dólares, me acuerdo y te puedo recomendar eso». Entonces, empiezan a generar esa ansiedad. Sin duda, yo creo que esas personas, la mayor parte, no tienen soles hoy día y tampoco han tenido más de la mitad de su plata en soles en los últimos 20 años, porque siempre tuvo ese miedo de que algo malo puede pasar. La confianza se demora en generar. Los más jóvenes nacieron en un entorno en que el dólar no se movía tanto como hace años. Entonces, en su experiencia el sol es una moneda normal y fuerte, donde no hay inflación o hay poca. Te puedo generar angustia contándote historias, pero no las has vivido. 

Hablamos del primer gobierno de Alan García, ¿no?

Con Alan García literalmente ibas a tomar café [por la mañana] y en la tarde te costaba 50% más. Entonces, si tenías dólares, no importaba, tú cambiabas tus dólares y podías comprar dos cafés en la tarde, ya no uno. Porque se generó esta inflación tan grande en precios locales… He trabajado para una compañía de seguros y me contaron que iban con bolsas a Ocoña a cambiar dólares. Ya no contaban los billetes, los pesaban. La historia es que si tienes tus dólares te va a ir bien, no importa lo que pase con el sol.

Imagínate que Castillo o Keiko digan: «Vamos a hacer un gobierno donde vamos a tener cierta línea macro». Todos sabemos que están mal muchas cosas, pero imagínate que le den paz al mercado. El tipo de cambio debería regresar a 3,30, por donde está el precio del cobre. De 3,30 a 3,80, yo creo que es puro nerviosismo, puro miedo, pura angustia, pura sensación de que hacia adelante pueda estar peor de lo que estoy ahora y la economía lo va a reflejar. Entonces, me voy a la moneda fuerte, el dólar se ha denominado como la moneda reserva. Cada 100, 150 años, hay una moneda reserva en el mundo, hoy es el dólar. Probablemente en 50 años sea la moneda china, pero estamos todavía en el periodo del dólar.

¿En qué características del primer gobierno de Alan García encuentras similitud con lo que pudiera pasar con Pedro Castillo?

La primera es que en el primer gobierno de Alan, él tenía como que esta idea regional, que no solo era de él, sino pasaba en toda América Latina, de cerrar la economía, es decir: «Señores no vamos a permitir que se importen productos, los vamos a hacer acá. De esa manera yo voy a generar fábricas, voy a generar empleo». Cerró la economía. Pero hoy día vas a tener un impuesto de entrada de 300%, si tu celular te costaba S/300, mañana te costaba 1000. ¿Pero qué pasaba? En verdad no podías hacer el celular porque no tenías ni las fábricas ni la gente, ni los ingenieros, ni la tecnología.

Dos: el tema de nacionalizar las empresas, que no nos ha funcionado a los países chicos y no muy desarrollados, porque terminas utilizando para la empresa del Estado a todos tus partidarios, así sepan o no sepan manejar la empresa, no importa, los metes ahí. Luego, vendría la reducción de libertades en general también. Alan García trató de estatizar la banca. 

De los resultados de la primera vuelta y las primeras encuestas, ¿qué impactos adviertes en nuestras decisiones económicas?

Tengo el temor ahora mismo de que estas dos semanas han hecho que las personas se asusten. Las personas y las empresas. Han dicho: «Uy, no compro, no invierto. Tenía que hacer esta operación, ¿sabes qué? No, no lo compro». El que quería comprar un terreno para hacer un edificio de viviendas, tampoco lo va a hacer. Se ha parado de golpe la inversión. Como en la pandemia, «nadie sale a la calle», más o menos de golpe. Entonces creo que vamos a sentir el efecto en los siguientes dos meses. Económicamente el país se va a frenar pero rapidísimo. ¿Y qué tiene que hacer el gobierno? Tratar de que las obras sigan avanzando. Carreteras, pistas, lo que sea. Pero el privado se ha asustado, ha dicho: «¿Sabes qué? No sé si invertir mi plata». No se contrata a nadie, no se paga nada, se aguantan a ver qué pasa. Y ese miedo afecta la inversión, afecta el consumo, afecta un montón de cosas. Eso no lo recuperas tan rápido. 

Y conforme se acerque el día de la elección, ¿qué prevés que suceda con el tipo de cambio?

Creo que el dólar no va a seguir subiendo como lo ha estado haciendo porque se van a pegar los dos candidatos. Ninguna elección, creo yo, de dos participantes termina siendo 70-30, 60-40. Si tú ves todas las elecciones en Chile, en Ecuador, en Alemania, siempre terminan siendo medio pegadas, porque se polariza, forman bandos. Entonces yo creo que a medida de que se empiecen a pegar, el tipo de cambio va a empezar a relajarse un poco, a estar menos tenso. Si mantenemos esa diferencia, que creo yo que es muy poco probable, el tipo de cambio va a reflejar eso. 

¿Y ya con el resultado de la segunda vuelta?

En caso que gane Pedro Castillo y si es que no hace una hoja de ruta, el tipo de cambio va a seguir subiendo para el 28 de julio. ¿Por qué hasta el 28 de julio? Porque el 29 él va a empezar a decir y hacer cosas. Pero como tienes tiempo antes de que asuma, tú vas a comprar dólares antes, y ahí el Banco Central va a vender [dólares]. El Banco Central tiene muchas reservas, muchas, muchas, muchas. Puede vender todos los dólares que están en soles en el banco. Pero la idea es que no te quedes sin dólares, porque necesitas esa plata como reserva, para comprar productos, etc. Entonces va a ser una devaluación lenta [del sol], pero se va a dar. Vamos a perder reservas, tenemos una línea de 11 mil millones con el Fondo Monetario [Internacional], y la van a jalar (utilizar). 

¿Habrá un punto de quiebre o momento decisivo?

El día que nombre al Banco Central y al Ministro de Economía será la segunda parte importante. Cuando tengan que cambiar a todos los miembros del Banco Central, ese día va a ser como la fecha clave donde las personas van a decir «ok, tengo miedo» o «ya no tengo tanto miedo como antes». En los casos en que es injustificado, en que [Castillo] nombre un banquero central o un Ministro de economía que la gente diga «mira, a este tipo le gusta la estabilidad más que otra cosa”, entonces el tipo de cambio se va a empezar de nuevo a apreciar. 

Si él no le quita la ansiedad, el 4 está a la vuelta de la esquina. De 3,85 a 4 ya no es tanto. Entonces, sin duda, si [Castillo] no quita esta sensación de angustia, porque dice: «No, yo voy a seguir con mi plan, que es una locura, pero no importa», antes del 28 de julio estamos en 4, te lo firmo sin duda. Y 4,50 a fin de año también, esa es mi percepción. El otro caso es al revés: si hay estabilidad, ya sea porque Keiko nombra gente de confianza, o Castillo nombre gente de confianza; el tipo de cambio se iría a 3,60, 3,50, 3,40, y ahí te conviene tener soles.

«No hay nada más cobarde que un dólar», dice la conocida frase, ¿quiénes son los que reflejan más su ansiedad o miedo?

La persona natural de a pie, la que tiene sus poquitos ahorros y que se muere de miedo de que lo poquito valga menos de aquí hacia adelante. Todas las empresas también y los grandes. Pero yo diría, el que más temor tiene es el que ha ahorrado durante mucho tiempo. S/50,000, por ejemplo, y de repente dice: «Pucha, con esos S/50,000 pude haber comprado 15 mil dólares, y ahora puedo comprar S/12,000, luego S/10,000. Pero el carro que quería sigue costando en dólares, ya no puedo comprar el carro». En ese momento te das cuenta que, efectivamente, tus soles valen menos. Y [sucede que] el carro lo quería comprar para hacer taxi, para utilizarlo como fuente de trabajo. En ese momento, esa persona dice «mejor voy comprando dólares, porque ese taxi va a seguir en dólares». Yo creo que ese es el que sufre más.

Claro, lo sufre, lo pierde.

Y no lo recupera.

¿Pero quienes tienen más poder de mover el tipo de cambio son las empresas grandes? ¿O entre los chiquitos pueden tener igual impacto?

Yo creo que los millones de chiquitos pueden mucho más que las empresas grandes, porque con las empresas grandes, finalmente el Banco Central dice: «¿Cuánto quieres comprar?». «Quiero comprar 200 millones». El Banco Central se lo da. Entonces, cuando viene un millón de chiquitos todos los días, son 200, 200, 300, es mucho más potente. 

Pocos días antes de la primera vuelta fui al Jirón Ocoña y la lectura de los cambistas era que los vaivenes del dólar eran reflejo de las encuestas. “A veces vienen como palomas a comprar, otras a deshacerse de los dólares”, “Mucho psicosocial”, era su lectura final y repetitiva.

Y eso es un negocio bien peruano. Tú vas a Chile, por ejemplo, y hay algunas casas de cambio. Vas a Colombia igual, casi no hay. Porque en esos países no se dolarizó la economía, por decir. Pero es un muy buen negocio ser cambista.

 

Foto de portada: Gestión.

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Alan García, Dólar, Elecciones 2021, Fuerza Popular, Keiko Fujimori, Pedro Castillo, Perú Libre, Tipo de cambio

Fue un triunfo ajustado el que obtuvo Keiko Fujimori en el debate de ayer sábado en Chota. En el intercambio formal, estuvieron casi a la par, Castillo no es tonto y sabe desenvolverse. Pero no fue en ese terreno que se logró la victoria.

Hay que ver el debate en sentido estratégico, como parte de las respectivas campañas electorales. Y en esa medida, de arranque, que Keiko le haya arranchado el debate a punta de presionarlo y que además haya estado dispuesta ir a jugar de visitante le juega a su favor en el imaginario popular (en la provincia de Chota Perú Libre sacó el 66.48% de los votos en la primera vuelta). La candidata de Fuerza Popular está perdiendo y tiene mucho más que ganar que Castillo, quien anda arriba en las encuestas.

Pero el triunfo efectivo pasa por las narrativas empleadas durante el debate. Keiko Fujimori, como ya adelantamos en un informe en Sudaca (https://n9.cl/843gm) pasa del anticomunismo inicial al despliegue de estrategias antiestablishment, populistas, dirigidas a conquistar los sectores D y E. Así, su planteamiento del canon directo a las poblaciones, la reactivación de los recordados programas sociales de los 90 (Pronaa, Foncodes, Pronamachas, Caminos Rurales), la duplicación de ingresos de Pensión 65, etc., apuntan directamente a ese bolsón.

Frente a ello, Castillo luce paralizado. Ni siquiera aprovechó el debate para arremeter en los flancos débiles de su rival, como son el recuerdo del autoritarismo corrupto de los 90 y la virulencia irracional de la bancada fujimorista de los últimos cinco años. Castillo tiene que alimentar al antivoto fujimorista y antikeikista, pero no lo hizo. Al parecer, juega instintivamente esta segunda vuelta y no tiene una estrategia diseñada.

No tendrá poca incidencia este debate. Solo en señal abierta superó los dos millones de telespectadores, a ello hay que sumarle los canales de cable, las radios nacionales, las radios regionales (poderosa sumatoria de audiencias) y los portales digitales que se sumaron a la transmisión. Debe haber habido cuatro millones de peruanos escuchando en vivo el debate de Chota. De a pocos, Keiko parece írsele acercando a Castillo.

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Chota, Debate, Keiko Fujimori, Pedro Castillo

Realmente es increíble lo que sucede ahora en el Perú. Al observar desde la lejanía una se da cuenta de que carecemos de muchos valores esenciales, y uno de ellos es la dignidad. Tal vez no tengamos memoria en recordar todas las nefastas acciones que vivimos en la década del 90, todo lo que sufrimos los peruanos bajo una dictadura en que la corrupción afloró, como la pus, de mil maneras. Hoy en día tenemos un escenario complejo, con dos opciones electorales, y lo que un grupo importante de peruanos hace es irse por lo malo conocido, ¿por qué?…. Por el egoísmo que los circunda y sin duda por miedo a lo desconocido.

Nuestra nación se une siempre en los partidos de fútbol, cuando juega nuestra selección, pero luego volvemos a caer en ese sentimiento individualista, racista y clasista que caracteriza en gran parte a los sectores dominantes. Lamentablemente, también cunde a veces entre los más populares. He vivido los últimos años en el Perú, y sé que hay gente con mucho potencial. Hay mucho talento y mucha gente óptima y trabajadora. En contraste, he visto también gente que por contactos y “vara” ocupa sitios que les quedan grandes. Por eso apoyo al profesor Pedro Castillo. Creo que la puntualidad, la humildad, y la experiencia de haber trabajado toda la vida lo han preparado mucho mejor para enfrentar a un Perú que cada día sufre más las consecuencias de gobiernos corruptos y mafiosos.

Creo que si realmente queremos un cambio y anhelamos ser mejor país no podemos apoyar ni el robo, ni el crimen y mucho menos a una candidata que ha sido procesada y que todavía lo sigue estando, y que solo busca la impunidad…. Por favor, lo que necesita el Perú es trabajo, inclusión y una economía que trascienda a los más abandonados, sobre todo ahora en esta crisis de dimensiones bíblicas que significa la pandemia, en que los peruanos están muriendo por decenas de miles.

¿Que el Perú se convertirá en Venezuela? Lo dudo mucho. Ya ha asegurado el candidato Castillo que implementará cambios dentro de las normas constitucionales, trabajando a fondo con el nuevo congreso. ¿Que habrá golpe militar si va muy lejos, como predice el Marqués de Vargas Llosa? Pues también hay sectores dentro de nuestras Fuerzas Armadas y Policiales que están por el cambio siempre que se respeten las normas vigentes, lo cual incluye renegociar los contratos con las grandes corporaciones internacionales y utilizar esas ganancias para mejorar los sectores de salud y educación, sobre todo. ¿Que Castillo es “resentido y reaccionario” porque no apoya de plano las agendas por la igualdad de género y de los grupos LGTBIQ? Eso estará por verse, pues esa igualdad debe pasar primero por el empoderamiento social y económico de esos sectores junto con el del resto de peruanos. Y de hecho tiene congresistas que lucharán por esas justas causas. Keiko, por otro lado, fue consistente en bloquear desde su bancada congresal muchas normas en favor de esos grupos a lo largo de los últimos años.

Es un riesgo, sin duda, apostar por esta opción. Pero el riesgo es mejor que la podredumbre, las esterilizaciones, los asesinatos y la escandalosa corrupción que ya le conocemos al clan Fujimori (porque el papá de Keiko sin duda gobernará tras bambalinas, con toda la corte de los 90 que ya la candidata exhibió como su equipo de gobierno).

Recuperemos la dignidad, hermanos peruanos. Nuestro país es muy grande, muy rico en historia y recursos. No dejemos que los saqueadores de siempre, como ocurre desde casi quinientos años, lo sigan depredando.

 

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Elecciones 2021, Pedro Castillo

No encuentro las condiciones autoritarias predisponentes que Steve Levitsky halla en el proyecto fujimorista actual. Nadie duda, por cierto, del gen autócrata que anida en una candidata que, inclusive, basó su estrategia de primera vuelta en resaltar la “mano dura”.

Pero no le sería posible emprender esa ruta, reeditando los parámetros autoritarios de los 90, así lo quisiera. ¿Puede controlar el Poder Judicial y el Ministerio Público? No puede. Hay una flamante Junta Nacional de Justicia que ha reemplazado al corrupto Consejo Nacional de la Magistratura y la JNJ está blindada constitucionalmente. Para tumbárselo necesitaría controlar siete poderes del Estado.

¿Puede tumbarse el Tribunal Constitucional y lograr así una última instancia que avale sus eventuales devaneos autoritarios? Es imposible. Es cierto que toca cambiar a seis de los siete magistrados del TC que ya cumplieron su mandato, pero para hacerlo, se requiere de 87 votos que no tiene.

Keiko Fujimori podría lograr en el Parlamento una coalición de 65 parlamentarios a lo sumo, sumando los propios de Fuerza Popular, Alianza para el Progreso, Renovación Popular, Avanza País y hasta los de Somos Perú. Con ese número apenas logrará aprobar leyes, evitar que la vaquen o que le censuren ministros a cada rato. No más que eso.

Levitsky no le da relieve a que el experimento autoritario de los 90 fue posible gracias a un golpe respaldado por las Fuerzas Armadas y a una elección posterior del Congreso Constituyente Democrático donde Fujimori obtuvo mayoría absoluta. Y Montesinos labró el control de ciertos circuitos del Poder Judicial en labor de años, con el objeto paralelo de administrar la autoridad electoral.

¿Eso puede o quiere hacer Keiko? Es imposible. Los poderes fácticos que supuestamente la podrían respaldar están muy venidos a menos. Los gremios empresariales, los medios de comunicación y la tecnocracia liberal -la trenza derechista- no pesa hoy ni la mitad de lo que podía hacerlo hace diez años. Y las FFAA de hoy están dirigidas por quienes eran jóvenes oficiales que vieron la podredumbre del montesinismo y la cárcel de sus superiores. ¿Se sumarían graciosamente a un proyecto autoritario?

Keiko va a tener una oposición fuerte en el Congreso por más que Perú Libre se parta en tres si Castillo pierde. Y tendrá además una calle antikeikista dispuesta a movilizarse al menor atisbo de autoritarismo. Y ya vimos cómo bastaron algunos miles para tumbarse a un gobierno.

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Encuestas, Keiko Fujimori, Pedro Castillo

El debate político se está reduciendo a terruqueo y susto por el lado keikista, y proclamas y consignas sin mayor contenido por el lado castillista. Un debate pobre, propio de extremos que no ven más allá de sus miedos o de sus demandas urgentes. El problema para unos y otros es que Keiko baja de sus promedios de 31% a 21%, y Castillo se estanca en 41%. El distanciamiento en intención de voto se da porque Fujimori baja, no porque Castillo suba. Y la distancia se incrementa – a costa de la candidata de Fuerza Popular – porque aumentan los blancos y en duda. 

En tal situación, Castillo – al parecer dormido en sus laureles – se mantiene atrincherado en sus posiciones duras, hasta ahora al menos. Mientras que el fujimorismo y sus aliados agudizan su estrategia de llamar “al lobo, al lobo”, de mil maneras, desbarrancando cada vez más su credibilidad. Pero también de manera peligrosa, porque como en el cuento, si de verdad aparece el lobo no les van a creer. Y podría aparecer, invocado por los mismos que ahora insisten exageradamente en que allí está. 

El aporte de alguien como López Aliaga a la campaña de Fujimori, y el de algunos militares duros, en este contexto, solo puede favorecer a los extremos. A ambos extremos, tanto al de la derecha dura y sus aliados del fundamentalismo religioso, ávidos por un enfrentamiento a veces racista, como al de la izquierda también fundamentalista, que esta vez tiene el rostro agazapado de Perú Libre. 

Dilemas del profesor Castillo

No debemos olvidar un detalle que no se suele mencionar. Pedro Castillo no es militante de Perú Libre, fue invitado a presidir la plancha presidencial para reemplazar a Vladimir Cerrón, condenado por la justicia y por ello prohibido de postular a cargo público. Y fue invitado sin otra pretensión que ayudar a Perú Libre a superar la valla electoral. El éxito electoral de Castillo no solo fue una sorpresa para la mayoría de los peruanos, también para aquellos que militan en Perú Libre que no estaba listo para este evento. Que es lo que explica que presentaran como plan de gobierno un documento del año pasado sin mayor relevancia con la idea de gobernar. 

Pedro Castillo, como ya es de público conocimiento, ha sido militante de Perú Posible durante doce años, hasta la extinción del registro de ese grupo político. Intentó, como ya conocemos, ser empresario, sin éxito, pero ese era su objetivo. Y también quiso ser alcalde, con el mismo grupo político. Proviene de una región de campesinos con tierras sobre todo ganaderas, no pobres por lo general pero tampoco ricos ni muy prósperos. La tradición de las rondas campesinas es propia de esas zonas y allí no prosperó el terrorismo porque no se lo permitieron esas mismas rondas. Castillo es también docente, como sabemos, dedicado a esa labor, su involucramiento con las rondas fue colaborativo y no integrado como sí fue el de su padre y otros familiares. Su tradición es, pues, rondera, campesina, sin dudas.

Como docente es sindicalista, muy activo en las luchas de su gremio, lo que lo llevó a ser la cabeza visible de una gran movilización de docentes que no solo se levantó contra el gobierno central, sino también contra la dirigencia del SUTEP (Sindicato Unitario de Trabajadores de la Educación del Perú), el sempiterno y poderoso gremio magisterial que dirige Patria Roja. Esa dirigencia del SUTEP era señalada por la movilización de docentes, que así se independizaban del sindicato mayor, de mal administrar la cooperativa del gremio, la Derrama Magisterial, y de colusión con los gobiernos. 

Se ha creado un mito acerca de este movimiento de maestros liderado por Castillo, que es también masivo, y que devino en la creación del FENATE (Federación Nacional de Trabajadores de la Educación). Suponer que el FENATE es “terrorista” equivale a decir que la gran mayoría de maestros son terroristas, lo que es un abuso. Así como Castillo militaba en Perú Posible, los maestros como cualquier conjunto de ciudadanos tienen tantas sensibilidades como las hay en el país. La unidad en un gremio, o en una lucha, solo los identifica con ese gremio y esa lucha. 

En un medio escrito que se considera el más antiguo e importante, un articulista usaba indistinta y tendenciosamente FENATE y CONARE (Comité Nacional de Reorientación de la Educación) como si fueran sinónimos. CONARE es un grupo muy minoritario que agita en lo que hoy es FENATE y tiene vínculos bastante claros con MOVADEF. Pero es, pues, un grupo minoritario que logra destacar en asambleas porque está bien organizado y sincroniza sus acciones y consignas como no puede hacerlo la más democrática, plural y dispersa FENATE, en la que se alojan. 

Durante la huelga de docentes que hizo conocido a Pedro Castillo, en 2019, algunas figuras cercanas a CONARE efectivamente rodearon a Castillo. No eran los únicos, pero estaban visiblemente presentes, lo que generó las acusaciones contra Castillo. Éste, sin embargo, se valía de todos los que le eran útiles en el momento, incluyendo la ya célebre alianza con el fujimorismo para enfrentar al ejecutivo.

Personalmente, tratando de cubrir la huelga magisterial de 2019, me cupo conversar con muchísimos maestros incómodos y disgustados por el intento de CONARE de acaparar espacios en la movilización. Y no era extraño que, cuando se identificaba a algún activista de ese grupo, se le hiciera de inmediato vacío y se le señalara casi como apestado.

Como anécdota, puede relatarse que Pedro Castillo tuvo un acercamiento con el Frente Amplio, aspiraba a ser candidato al congreso por el partido que preside Marco Arana. Pero, a pesar del apoyo a Castillo de muchos en ese partido, Marco Arana y sus allegados más cercanos se opusieron, y lo hicieron precisamente porque creyeron en las acusaciones forjadas por el pésimo servicio de inteligencia o la mala fe del entonces ministro Basombrío. Mala decisión de Arana que, por lo que vemos ahora, hubiera asegurado un congresista más a su agrupación política.

¿Qué liga a Castillo con Perú Libre? Nada. Solo la oportunidad de la candidatura. Ocurre simplemente que el pragmatismo maoísta de Perú Libre le permite, para avanzar en su larga marcha, presentar como candidato a alguien como Ricardo Belmont, o también a Pedro Castillo.

Perú Libre 

¿Qué es Perú Libre? Es un pequeño partido político de base regional, con presencia en Junín y departamentos vecinos, sobre todo. El núcleo original de PL era una agrupación local denominada Movimiento Político Regional Perú Libre, que había sido fundado por militantes remanentes de un viejo grupo escindido hacia la izquierda de Patria Roja, que se llamaba Puka Llajta (Pueblo Rojo o Patria Roja, en quechua).  

Puka Llajta, que había nacido en Puno y se extendió algo más, había intentado disputarle el espacio a Sendero Luminoso durante los 80. Perdieron la apuesta, pues Sendero Luminoso asesinó a sus principales cuadros. 

Es al concluir el conflicto, que algunos ex militantes, ya arrepentidos de su incursión anterior, crean en Junín el Movimiento Político Regional Perú Libre. Unidos aún por la ideología maoísta, es a este movimiento regional que se integran los padres de Vladimir Cerrón, Jaime Cerrón Palomino y su esposa Berta Rojas. Con el tiempo, la ascendencia de los esposos Cerrón Rojas y de sus allegados, les permitió tomar el timón del movimiento, e incluso hacer renunciar a los viejos fundadores. 

Al doctor Jaime Cerrón Palomino, que era catedrático y Vice-Rector Académico de la Universidad Nacional del Centro, muy respetado en Junín, se le señalaba también como ideólogo de Sendero Luminoso dentro de la Universidad del Centro. Fue asesinado de manera no esclarecida en 1990. Todo conduce a suponer que el crimen fue obra del Comando Rodrigo Franco, aquel brazo armado paramilitar generado durante el gobierno aprista.  

El movimiento regional, posteriormente, se uniría al Partido Libertario, este con registro nacional, fundado por Vladimir Cerrón, para fundar el partido Perú Libre, que es el que está detrás de la improvisada candidatura de Pedro Castillo, y que es fundamentalmente, un feudo familiar. Hay mucha movilización entre su militancia sobre todo de Junín y alguna otra región del centro, pero al timón siempre los mismos. Y así, sostuvo las candidaturas de Vladimir Cerrón al gobierno regional de Junín, de manera victoriosa, en dos ocasiones.  

Su discurso es totalmente marxista leninista maoísta, como se estilaba en los años 70 entre algunos grupos marxistas. Parecen aletargados en el tiempo, en una visión de la realidad que brota de los manuales y que resulta complicado entender cómo encaja con la vida en la que transcurren. Definitivamente, no son terroristas, pero sí complacientes con aquellos a los que declaran como compañeros equivocados. 

Esto significa que comparten la ideología, pero no la táctica que consideran no adecuada, al menos para la larga coyuntura. José Carlos Mariátegui es solo un adorno para esta versión del marxismo. Basta con escuchar a José Lora Cam, fallecido hace poco, ideólogo arequipeño del maoísmo más radical, que estuvo buen tiempo en Junín asesorando a funcionarios y militantes de Perú Libre durante la gestión de Cerrón, y del que hay abundantes vídeos en YouTube, para identificar este sesgo. 

Fue, precisamente, durante la estancia de Lora Cam en Junín, que surgió el impase entre Cerrón y el Ministerio de Educación, pues aquel intentaba implementar un diseño curricular prácticamente alternativo al del MINEDU, contraviniendo las normas que establecen que los gobiernos regionales aportan con componentes regionales al diseño curricular nacional pero no lo pueden contradecir, ni menos suplantar. De hecho, se imprimieron algunos manuales con lenguaje marxista que debieron ser retirados de circulación ante el escándalo suscitado.

Mencionemos aquí, al paso, las muchas acusaciones, alguna con sentencia firme, que recaen sobre Vladimir Cerrón, sus relaciones con Chinalco, la enorme empresa minera china y los compromisos que eso conlleva, para redondear en la idea de cierto maoísmo versión, precisamente, China a lo Deng Xiaoping, capaz de enfeudar al país, como hizo Rafael Correa en Ecuador, a ese imperialismo chino que no parece molestar tanto a algunos izquierdistas, como les molesta el norteamericano.  

Debilidad y superpoderes de Castillo

Está clarísimo que la altísima intención de voto del candidato Castillo, al igual que vimos que ocurre con la pluralidad de los profesores de la FENATE, no significa que de pronto tantos millones de peruanos se volvieron marxistas leninistas maoístas. Es decir, son los votos del docente, del campesino, del dirigente sindical Pedro Castillo, y para nada del minúsculo partido Perú Libre y sus sueños de opio maoístas. 

Me aventuré a declararlo y han coincidido varios: la votación de Castillo se parece a la de Fujimori en 1990 y su “un peruano como tú” del hombre con terno sencillo, parecido al bodeguero del barrio y su aura de japonés trabajador; y también a la de Toledo, el lustrabotas, campesino de origen también, con un rostro que era por sí solo un programa como se encargaba de explicitar él mismo; o el nacionalismo de Humala, lleno de banderas, patriotería y recuerdo del velasquismo que, guste a quien guste o no, sea cierto o falso, persiste en la memoria popular como un periodo venturoso. 

Ese voto identitario, sin embargo, no se ha depositado esta vez en un ingeniero taimado y ladino que podía calcular lo que iba a hacer y con quién; ni en un economista con experiencia de mundo que podía convocar a variados colaboradores y sabía lo que quería; ni en un ex militar capaz de renunciar a sus banderas para tomar otras con asegurado apoyo técnico; sino en un modesto maestro de una lejana provincia cajamarquina que no parece, hasta ahora, tener claro hacia dónde va. 

El problema con Castillo no es que sea comunista, chavista o el apelativo que se le quiera dar, el problema es que no parece tener consciencia de la enorme responsabilidad y capacidad técnica necesaria, que implica hacerse cargo del aparato de Estado de un país. Si su proyecto es socialista, comunista, o socialdemócrata, el que fuere, no se está dotando de los instrumentos para avanzar en tal o cual sentido y con la compañía indispensable que necesita. Y por eso pareciera, hasta ahora al menos, una comparsa triunfante e incontrolable, hacia algún abismo. 

Sostenida, eso sí, por una fuerza que ni repatriando todo el dinero que su padre se llevó, podría comprar Keiko Fujimori: al contrario del 5% que hace campaña anticomunista a ojos cerrados, y que considera a los maestros como de una profesión con escasa consideración – o, como decía Constantino Carvallo de los maestros de colegio particular, una prolongación del servicio doméstico –, en todos los pueblos del Perú, en cada comunidad de nuestro país, el docente es un personaje respetable, al que se escucha con atención. 

Y en esta etapa de la campaña, el viejo SUTEP ha hecho migas con la FENTAPE, y Patria Roja con el profesor Castillo. Y hoy, en cada rincón del país, en cada localidad, cientos de miles de activos militantes por la candidatura del hombre del sombrero, del campesino sin programa, a los que todos escuchan, se movilizan por él. Esos docentes que se movilizaron en 2019 por sus demandas, y los que no lo hicieron, hoy toman su revancha. Y, junto a millones más que sienten que – dígase lo que se diga – no van a perder nada, están mostrando su fuerza. 

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Pedro Castillo, Perú Libre

Uno entiende que entre los votantes de Verónika Mendoza termine por primar una identidad de izquierda y al final voten por Pedro Castillo. Lo vemos claramente, por ejemplo, en el caso de Patria Roja, archienemiga magisterial del sector castillista, pero que, sin embargo, ha expresado su respaldo al candidato de Perú Libre.

Pero que no se esmeren en desplegar piruetas argumentativas y defensas rocambolescas de su voto, porque claramente están optando por una opción autoritaria. Se están tragando un sapo con plena conciencia. Si sobre Keiko Fujimori existe el temor -bastante acotado, porque no tiene control del Congreso- de que cope las principales instituciones, de Castillo, de acuerdo a sus propias declaraciones, ya hay certezas.

Quiere desactivar el Tribunal Constitucional, el Congreso, la Defensoría del Pueblo, la Sunedu, tirarse abajo la reforma magisterial, desmontar el enfoque de género de las aulas escolares, tumbarse la autonomía del BCR, etc., etc. Y todo dicho por él y sus allegados directos, no inventado por sus enemigos o la prensa.

Solo a Hernando de Soto lo puede engañar declarando que no es comunista a la salida de una reunión sostenida entre ambos. Castillo representa una opción de extrema izquierda, marxista leninista, según su propio ideario, que como tal, tiene como propósito copar todos los espacios de poder existentes en la sociedad.

Cuando eso ocurra -porque ocurriría si Castillo llega al poder-que los verolovers no se hagan luego los desentendidos. En la ecuación democracia-autoritarismo, no hay superioridad moral o política de ninguno de los candidatos.

La conducta del fujimorismo en los 90, y la beligerancia y tozudez antidemocrática de la bancada keikista el último lustro dan pie a las sospechas que desde el centro y la derecha existen sobre la candidata de Fuerza Popular. Pero ese riesgo se acota enormemente porque no tiene la mayoría aplastante que tenía en el Congreso en el 2016 y hay, además, un explícito propósito de enmienda (aunque se entienda a quienes no le creen ni siquiera eso). Pero en todo caso, vale reiterar, sobre Castillo hay certezas, y sobre Keiko dudas.

La democracia formal, aquella que nos da cobijo, a pesar de la terrible crisis política del último lustro, corre el riesgo de saltar por los aires si prima la opción ideológica y política que representa Castillo. Bajo argucias legales se dará maña para convocar a una Asamblea Constituyente y luego hará lo propio con el modelo económico. Es un proyecto el suyo, no es una aventura de última hora. Estamos avisados.

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Keiko Fujimori, Pedro Castillo

La universidad es el alma de un pueblo. Ella refleja sus logros y también sus miserias, por eso, no podemos esperar que de una sociedad dañada emerja una universidad de excelencia. Como dice Ortega y Gasset, la universidad respira el aire público más que el pedagógico que se da en sus aulas. Esto tal vez explique que el tema universitario sólo aparezca de manera tangencial en las propuestas de los candidatos a la presidencia, cuando es sabido que ningún proyecto de país, de desarrollo y de democratización es posible sin pasar antes por la universidad.

Desde su mercantilización, durante la dictadura de Fujimori, la universidad peruana ha ingresado a la mayor de sus crisis. La proliferación de pseudouniversidades que sólo quieren el lucro y una tajada en la torta del poder, sirvieron como instrumento de estafa a miles de jóvenes que buscaban hacerse de un futuro mediante la educación superior. Esta es una de las taras más graves que nos dejó el fujimorato, la producción de “bárbaros profesionales” que hoy se encuentran encaramados en todos los ámbitos de la administración pública y privada. 

Como nos enseñó el sabio tres veces Rector de San Marcos, Luis Alberto Sánchez, la universidad no es una isla. Por ello, la privatización de la universidad responde al proyecto mercantilista que el fujimorismo impuso a la sociedad peruana y de la que no podía estar exenta la universidad. Su banalización ha llegado al extremo de que algunos propietarios de universidades apenas puedan balbucear dos frases y se jacten de nunca haber leído un libro, de que otros estén detenidos por graves delitos, de que existan profesores que se sienten capacitadores más que educadores. La perversión en todas sus formas y manifestaciones.

Con la mercantilización y banalización de la universidad llegó la precarización de la labor del docente universitario, se terminó convirtiendo en un asalariado por horas, un profesor dictante. Es decir, una persona que alquila su saber para resumirlo en unas cuantas diapositivas e irlo repitiendo mecánicamente por cuanta universidad exista, sin ningún tiempo para la investigación. Una universidad de cascara, sin laboratorios, ni bibliotecas, ni recursos, es lo que se ha venido ofreciendo durante décadas a los jóvenes del Perú.

Cuando esta estafa se hizo evidente, se nos vendió otra farsa: la reforma universitaria. Tomando el prestigio del movimiento surgido en Argentina en 1918 que quiso democratizar, desfeudalizar y ampliar la educación universitaria. El impulso mercantilista aprobó la ley 30220, que si bien, significó un avance en varios sentidos, adolece también de un gran problema, la claudicación de la autonomía universitaria (una de las más importantes conquistas de la reforma de Córdoba) con la introducción de un ente burocrático, supervigilante, foráneo a la universidad y funcional al gobierno de turno como la SUNEDU.

Muchos maestros universitarios se han mostrado críticos respecto al esperpento que significa la SUNEDU, precisamente, Nicolás Linch, que junto al finado maestro Juan Abugattás, iniciaron el gran debate en torno a la “Segunda Reforma Universitaria” se ha manifestado al respecto: “La característica central de la Sunedu, en cambio, es ser un órgano extra universitario, ajeno a la universidad como tal, a sus tradiciones y a su historia y, lo que es peor, con un proyecto contrario a las mismas. El concepto de fondo que respalda esta exterioridad es la llamada “rectoría del Estado en la educación universitaria” que se le asigna al Ministerio de Educación. Esta rectoría se ha tornado en un concepto peligroso porque los tecnócratas han pasado de concebirlo no solo como la supervisión del cumplimiento de un conjunto de políticas de Estado en el sector, sino como una intromisión en los detalles del quehacer universitario que es donde encuentran su poder.”. (Linch, Foro Nueva República, 06-08.2020). Es decir, la aparente nueva solución mercantilista a la crisis de la universidad resulta una manera más de privatizarla.

Sin una decidida asignación presupuestal a la universidad pública, no es posible tener la excelencia que ésta reclama. Más del 40% de su presupuesto se destina vía Beca 18 a las universidades privadas que de manera encubierta reciben el financiamiento público destinado a las universidades públicas. El mercantilismo privatiza a la universidad pública cuando la obliga a tener que buscarse sus propios fondos, a través de la aberración que son los llamados “recursos propios”, lo que la condena a tener que desviarse de su auténtica misión. Con Beca 18 no sólo se financia y salva de la ruina a las universidades privadas, sino que reproduce una relación clasista en desmedro de la educación pública. 

Lo alarmante es que ninguno de los candidatos tiene un plan coherente para revertir esta situación. De Keiko Fujimori sólo podemos esperar que continúe con el proyecto privatizador y corrupto de la universidad iniciado por la dictadura de su padre. De Pedro Castillo, una lectura de su plan de gobierno, deja ver que no tiene idea de lo que es una universidad. Tal vez, porque su único contacto con ésta provenga de una de esas universidades estafa, piensa que la manera de ampliar la oferta universitaria pasa por admitir más alumnos de los que la universidad puede recibir. Plantea duplicar el número de estudiantes con la misma infraestructura, lo cual no sólo es un disparate, sino un despropósito.

Mientras que la universidad no se encuentre en el centro del debate político y social, seguiremos padeciendo a los “barbaros profesionales” que hoy quieren gobernarnos. No habrá salida posible para el país si antes no nos planteamos de manera seria el tipo de sociedad y universidad que queremos. Esto sólo será posible en la medida en que la universidad no claudique en su autonomía para gobernar, desde la inteligencia, su propio destino.  

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