política peruana

La oferta electoral en estos momentos cuenta con más de una veintena de agrupaciones entre inscritas y en proceso de inscripción. Así como lee, estimado lector, más de una veintena de agrupaciones políticas. Muchas de ellas de vida orgánica prácticamente inexistente, la cual no merecen la etiqueta de partidos políticos. Terrible escenario para nuestra joven democracia en el país.  

Por razones de espacio, quisiera reflexionar sobre lo que refleja la inconsistencia política de gran parte de la oferta electoral y las consecuencias que traído a los ojos de la ciudadanía. 

La inconsistencia política que se aprecia es el reflejo de los problemas estructurales por lo que atraviesan actualmente las organizaciones políticas (como la falta de principios, organizaciones no duraderas en el tiempo y –como consecuencia de ello- ausencia de trayectorias políticas). El transfuguismo, la improvisación y el desmedido poder otorgado a los tecnócratas, y últimamente a sindicalistas y activistas políticos son un claro ejemplo de la actual situación en la que nos encontramos. 

Gobernar un país no es fácil. Para ello se necesita personas calificadas técnica y políticamente. Por ejemplo, el 2021 se apostó por el “cambio” que supuestamente representó Pedro Castillo. A la fecha, hemos visto que la inconsistencia política del presidente representa un retroceso económico y social. Ante esos problemas por la que atraviesa el país (y por otros problemas) muchos de los que ahora están con Castillo, no dudemos que terminaran por irse a otras agrupaciones políticas. Es la constante en la política del país. 

Desde las elecciones pasadas hasta esta que se avecina este año, hemos estado apreciando declaraciones poco acertadas de ciertos políticos en la que se puede ver su poco conocimiento de la geografía del país, de reformas importantes del Estado y del buen funcionamiento del mercado. Mucho de esta oferta política reinante tiene conocimiento de turista sobre nuestros diversos problemas y sus soluciones. 

Con estos argumentos expuestos no quiero descalificar lo nuevo en política. Hemos visto que en España la crisis política tuvo una respuesta política como Podemos, Ciudadanos y la renovación del PSOE. Actualmente, en el Perú eso no pasa, vemos que la inconsistencia política del legado autoritario y el mercantilismo se han apoderado del escenario político sin respuesta alguna desde dentro del sistema. Necesitamos volver a la política que representa organización territorial en regiones y funcional que genere agregación de intereses, así como escuelas de gobierno para preparación de reformas importantes que requiere el Perú. No volver al siglo xx, de política de masas, es ingenuo pensar ello, sino volver mínimamente a estas características mencionadas que requiere nuestro sistema político. 

 

  

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Los rumores siguen corriendo, insistentes, respecto de un posible cambio de gabinete, que modificaría el rumbo conocido del gobierno hasta la fecha. Lo cierto es que el Presidente tiene frente a sí tres opciones y sería bueno que zanjara definitivamente cuál de ellas va a seguir a lo largo de su gestión y no esté saltando de una a otra a lo largo de su mandato.

Opción A: mantiene el formato actual, con una repartición más o menos equitativa entre las diversas fuerzas de la coalición de izquierdas que nos regenta. El beneficio que conllevaría es el de una relativa tranquilidad en los mercados, ya que solo tendría que corregirse la pavorosa mediocridad que se ha instalado en diversos ministerios u oficinas públicas (el caso de Petroperú es uno de los más flagrantes y recientemente conocidos). El problema es que no generaría la suficiente confianza como para desatar una vorágine inversora que aproveche el extraordinario momento de los precios internacionales, que, a pesar de la medianía del régimen, ha disparado los valores de la minería o la pesca (se anuncia, por ello, un récord tributario para este marzo entrante).

 

Opción B: le hace caso a los consejos de Vladimir Cerrón y radicaliza su gobierno, expectorando a los que el propio extremismo cerronista llama “los caviares” del gabinete, se coloca a alguien como Róger Nájar o Hernando Cevallos en el Premierato, se insiste con el tema de la Constituyente y se trata de aplicar políticas económicas más agresivas en materia de redistribución o intervención estatal. El beneficio sería que fortificaría la representación política de un gobierno que fue votado precisamente para que haga eso y cerraría así la brecha creciente de potenciales crisis políticas futuras (hay, embalsada, una “energía” izquierdista, por llamarla así, producto de las defecciones anteriores de Fujimori, Humala o el propio García II). El problema es que llevaría al país al caos económico y en este caso se dilapidaría el buen momento internacional. Lo que se ganaría en representatividad política se perdería en viabilidad socioeconómica.

Opción C: Castillo gira al centro y convoca funcionarios de centro o, inclusive, de derecha, expectorando también, pero por otras razones, al “ala caviar” hoy vigente de los sectores claves que maneja, particularmente del MEF. El beneficio es que cosecharía de un influjo de capitales, que los propios peruanos han sacado al exterior, tranquilizaría los mercados inversores desatando su dinámica y generaría un crecimiento económico importante. El problema es que se acrecentaría la energía política disruptiva, que se vería nuevamente embalsada y postergada por un giro de timón del gobierno, que una vez instalado, administra por la derecha desoyendo su mandato de izquierda.

En cualquier caso, sea cual sea la opción que Castillo elija, lo va a tener que hacer pronto. Las dudas, incertidumbre y sombras que hoy subsisten, medran la confianza y generan parálisis.

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Pedro Castillo, política peruana

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Derecha, Keiko Fujimori, política peruana, Rafael Lopez Aliaga

Las elecciones regionales y municipales de este año trae consigo una serie de análisis sobre qué discursos utilizarán los candidatos. Para este artículo me centraré en el caso limeño, bastión de la oposición al gobierno de Pedro Castillo. 

José Carlos Requena en su reciente artículo señala que estas elecciones subnacionales podrían o continuar como una política vecinal a escala regional o como un plebiscito de apoyo o no al régimen (El Comercio, 06/01/22). Razón no le falta al precisar ello. Como lo señalé hace unos meses por este medio: y es que el contexto político en el que nos encontramos es de transitar entre la ideología y la improvisación del actual gobierno. 

Sobre este contexto, para el caso de Lima, los actores políticos vinculados a la oposición política deben hacer un esfuerzo por llegar a un acuerdo para afrontar los vaivenes de Pedro Castillo que afecta severamente a la economía y estabilidad política del país. 

A través de la historia del Perú, hubo momentos políticos en los que se pudo llegar a acuerdos para afrontar una elección. Uno de ellos fue el Frente Democrático del año 1945 en la que el Apra endosó apoyo a Bustamante para llegar al gobierno. El otro episodio la podemos encontrar el año 1956 en la que también el Apra endosó votos a Prado para que aperturase el escenario político. El otro la podemos encontrar en la alianza gubernamental entre Acción Popular y el Partido Popular Cristiano durante el primer gobierno de Fernando Belaunde Terry. Antecedentes hay. 

La situación en la que nos encontramos precisa de reconstruir la oposición política -a través de alianzas coyunturales- para que el gobierno deje de estar en ese vaiven en la que se encuentra para que pueda así otorgar certidumbre a los inversores y a la ciudadanía en general sobre las políticas de gobierno en torno a la sensatez. 

Recordemos que el mundo precisa de comodities (léase cobre y litio) a precios altos que actualmente el país posee. De aprovecharse este escenario contribuiría a mejorar nuestra actual situación económica que afecta necesariamente el rumbo político y social del país. 

Para terminar, es necesario también que este escenario nos genere la posibilidad también de poder debatir sobre los alcances y límites que ha tenido la descentralización en el país y sus reformas correspondientes. El contexto lo exige. 

 

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2022, actores políticos, Elecciones distritales, elecciones municipales, elecciones regionales, política peruana

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Derecha, elecciones regionales y distritales, ideología, política peruana

Confiada, al parecer, en los resultados de la última elección en Lima, la derecha se apresta a ir dividida en los próximos comicios ediles en la capital de la República. Rafael López Aliaga por Renovación Popular, César Combina por Fuerza Popular y Luis Molina, actual alcalde miraflorino, por Avanza País, las tres principales fuerzas de la derecha peruana.

En las últimas elecciones, para la candidatura presidencial, la derecha encabezó la jornada: los resultados en Lima Metropolitana fueron Avanza País 17.036%, Renovación Popular, 16.808%, y Fuerza Popular 13.593%, dejando en cuarto lugar a la izquierda, de Juntos por el Perú, con 8.189%.

Los comicios parlamentarios, que tal vez pudieran ser mejores indicadores de la real representación ciudadana, reflejaron en Lima, resultados parecidos: los tres primeros puestos para la derecha, encabezando Renovación Popular con 13.561%, seguido de Fuerza Popular, con 11.756% y tercero Avanza País, con 10.789%.

Lima es, claramente, una plaza derechista y, en esa medida, se esperaría que las elecciones para alcalde de Lima, a realizarse el 2 de octubre de este año, confirmen esa predisposición y, aun cuando las elecciones ediles no suelen tener mayor connotación política, es claro que en las actuales circunstancias de un gobierno nacional de izquierda, sería un gran triunfo político para la derecha asegurarse Lima y ejercer así, desde el segundo cargo político más importante del país, un contrapeso a la figura presidencial.

Los astros, sin embargo, parecen estar alineándose en contra de esa expectativa. La derecha va dividida a las elecciones municipales de Lima y le deja así abierta la puerta a cualquier candidato sorpresa que aparezca en el firmamento (Urresti, Indira Huillca, Belmont, etc.), que con un 15% podría ganar las elecciones y arruinarle a la derecha lo que debería ser una jornada política triunfal.

Corresponde que se pongan de acuerdo los tres partidos de derecha y lancen un solo candidato. Eventualmente, podría ser una excelente ocasión para que efectúen primarias abiertas y así decidan quién sería el candidato de dicha coalición. La división puede ser fatal y preanuncia un fracaso estrepitoso.

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Derecha, ideología, política peruana

Leyendo Ojo por Ojo de Umberto Jara, me topé con un párrafo sobre el accionar de Vladimiro Montesinos que decía lo siguiente: “Montesinos […] pasó a controlar las fuerzas armadas y policiales en su totalidad […] e impuso en los principales cargos a sus compañeros de promoción sin importar méritos o capacidades.” ¿Esto les suena familiar? Muy parecido al reciente escándalo por los ascensos forzados en las FFAA donde Castillo buscó influir para ascender a dos coroneles que, coincidentemente, nacieron en el mismo distrito del actual presidente.

Definitivamente en el Perú, apostar por la calidad y la meritocracia no siempre han sido prioritarios, y es algo que venimos viendo desde hace muchos años, no solo en la política peruana sino también en otros sectores como educación. 

El documento “Marco Conceptual del Grupo de Directivos Públicos del Servicio Civil Peruano” publicado por SERVIR señala que el 80% de los puestos directivos del Estado serán ocupados por profesionales seleccionados en concursos públicos competitivos, dejándose un 20% para cargos de confianza, pero que deben cumplir con el perfil del puesto (Fuente: SERVIR). Y hoy en día, el mismo Congreso está buscando vulnerar esto con la modificación de la Ley de Reforma Magisterial.

Este año, la Prueba Única Nacional, que es la evaluación que deben rendir todos los docentes para postular a una plaza en 2022-2023, fue filtrada, y el Minedu amplió los contratos para asegurar la presencia de maestros en marzo próximo. El Congreso aprobó eliminar esta prueba en el 2021, y además de eso, aprobó incorporar a la carrera pública magisterial a todos los profesores que trabajan en instituciones educativas que no son controladas por el MINEDU, sino por MINDEF o MININTER, sin que deban aprobar previamente la Prueba Única Nacional. ¿Dónde quedó la meritocracia? Si el mismo Congreso parece estar en contra de ella, y supuestamente son quienes representan a todos los peruanos, entonces, ¿qué podemos esperar? 

Definitivamente estamos lejos de tener un cambio en los ámbitos mencionados. Los años pasan, y nada cambia, y al parecer, siempre hay intereses ocultos que prevalecen sobre el bienestar del país. Y el problema no solo es que escogemos mal a nuestros líderes políticos, sino que el sistema tampoco ayuda. Hace unos años se aprobó la no reelección de congresistas, lo cual yo creo que es un craso error y, además, uno de los factores por los cuales no existe la carrera política, ni tenemos buenas opciones para elegir. Como menciona Martín Hidalgo en su libro Congresopedia, “Al no poder reelegir a sus cuadros, los partidos han optado por buscar personalidades de distintos rubros sin detenerse a pensar en la importancia de la carrera política, y específicamente la especialización parlamentaria”.

Por eso mismo no sorprende ver a exfutbolistas postulando a cargos públicos como George Forsyth, Jean Ferrari o el Coyote Rivera, o a una actriz como Vanessa Terkes postulando al Congreso. Aparte de Forsyth, ninguno de los demás mencionados tenía alguna experiencia legislativa, y muchos partidos recurren a estas personalidades para ganar votos y lograr pasar la valla electoral. Actualmente tenemos congresistas que parecen luchar por presentar el mayor número de iniciativas donde figure su nombre, antes que presentar proyectos de ley que realmente aporten, o siquiera conocer bien el reglamento en lugar de blindar a personajes cuestionables.

Nos urge un cambio. Necesitamos que las personas que trabajan para el país estén ahí por sus capacidades, por su experiencia, por el mérito, no simplemente por contactos, por allegados, o por intereses personales. Y esto precisamente juega un rol sumamente importante en la corrupción que nos aqueja hoy en día. No sigamos permitiendo que quienes nos gobiernan continúen haciendo del Estado su tablero de ajedrez. Alcemos la voz de ser necesario, informémonos para estar al tanto de lo que sucede con nuestro país, e involucrémonos para generar un cambio. Si nuestras autoridades no lo hacen, no nos quedemos sentados de brazos cruzados.

 

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Congreso de la República, meritocracia, política peruana

La quiromancia política no existe. A veces uno cae en la tentación de querer pronosticar algo en este volátil e impredecible país y se pega un patinazo monumental, pero si se es consciente de que estamos ante un ejercicio lúdico, un juego de probabilidades, siempre falible, cabe animarse a hacer algunas predicciones relativas para este año que comienza (cabe advertir que algunos pronósticos estarán teñidos de deseos personales: valga el disclaimer psicológico).

-Si Castillo no gira al centro, ampliando su mediocre coalición de izquierdas, convocando ministros, inclusive, de derecha, no durará hasta fines de año. Será vacado por algún escándalo que lo muestre cercano a un hecho de corrupción, y esta vez las bancadas de centro (Acción Popular y Alianza para el Progreso), no lo acompañarán (hoy lo hacen básicamente por los parlamentarios provincianos que conforman sus bancadas, pero si Castillo sigue cayendo en su aprobación regional, será más tentador para estos congresistas inclinarse por la vacancia).

-La derecha no encontrará un líder capaz de aglutinarla. Rafael López Aliaga es el más proactivo en ese empeño, pero es probable que sea derrotado en las elecciones ediles y si eso ocurre, significará su muerte electoral para las ligas presidenciales del 2026, o de antes, si se recorta el mandato de Castillo. Muy rápido ha empezado a liderar las encuestas y su invencible antipatía le granjeará costos políticos precozmente.

-Surgirá un líder radical de izquierda, de origen provinciano, opositor al régimen de Castillo, a quien acusará de haberse humalizado y vendido al gran capital. Empezará su campaña para el 2026.

-En términos económicos, si Castillo sigue hipotecado a sus pensamientos radicales y prendado del ala cerronista y magisterial, la confianza inversora seguirá por los suelos, el dólar seguirá alto y la economía crecerá menos de lo esperado. Para hacernos una idea del impacto, la producción minera perdida y su consecuente menor recaudación el año pasado, ya supera los montos que Pedro Francke quería aumentar en tributos para este 2022. Si el Presidente, en cambio, sorprendiendo a la platea, da un giro de timón, podremos crecer a tasas que bordeen el 4% o más (la economía global nos es favorable) y el dólar bajará.

-Se mantendrá la división ideológica territorial en las elecciones municipales y regionales, confirmándose la casi extinción de los partidos nacionales en las grandes circunscripciones. No habrá tsunami cerronista ni castillista, como ambos liderazgos alucinan. El sur andino, de izquierda, Lima y la costa norte, de centroderecha o derecha, el resto, variopinto, dependerá del candidato particular.

-Peleamos la clasificación al Mundial hasta el final, hasta el último partido. Con alguito de suerte, estamos en Qatar 2022. Si a ello se le suma el triunfo de la U en el campeonato local, y del PSG (por Messi) en la Champions, la jornada futbolística anual será redonda.

-La del estribo: algunas películas que recomiendo. Flag Day, dirigida y protagonizada por Sean Penn; Last Words, dirigida por Jonathan Nossiter; La mano de Dios, de Paolo Sorrentino; Memoria, del genial Apichatpong Weerasethakul; y, especialmente, Blue Bayou, dirigida por Justin Chon. No sé si estarán en alguna plataforma de streaming, pero en su proveedor favorito ya las tienen. Para empacharse de buen cine.

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2022, agenda política, Horóscopo, Pedro Castillo, política peruana
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