Chorri Palacios

Alguna vez gritaste un Chorrigolazo. De fuera del área, como venía la pelota y en primera, clavada en un ángulo. Lo gritaste como si fuera un campeonato del mundo. Durante años, Roberto Palacios, el Chorri, fue una gran motivación para ser hincha de la selección. En una época oscura donde no habían tantas razones tangibles para alentar a Perú.

El Chorri es el jugador que más veces se puso la blanquirroja y es uno de sus goleadores históricos. Después del partido con Uruguay, dijo en Radio Ovación que a Perú le había faltado ataque frente a Uruguay. Vio a Guerrero sentido por la lesión, a Flores ausente y esperaba más de Cueva. De inmediato, Renato Tapia lo señaló como un enemigo para la selección. 

Y a Tapia lo siguieron Ramos y Gallese, otros referentes del equipo actual. El Chorri los puso en su sitio. En Exitosa ha dicho que él jugó cinco eliminatorias y logró llegar a un repechaje con los mismos puntos, solo que en ese entonces no había esa opción. ¿Qué han ganado? dice, erguido en la voluntad popular, que lo apoyó masivamente en redes sociales.

Discúlpame, Renato, pero el Chorri tuvo razón. Y te pido disculpas porque en tu calidad de capitán del futuro, de ex Mundialista, de jugador que vale veinte millones de euros, de titular de La Liga española, pues, cuidado con haberle dado la bienvenida a la invasión de la soberbia al equipo de todos. Si a ti te parece que el ataque peruano no es criticable, pues, ha llegado la invasión de la soberbia al equipo de todos.

Lo de Tapia, Ramos y Gallese es un aspecto de la selección actual no detectado hasta este entonces. De hecho, hasta el mismo último partido, con Venezuela. La mentalidad del equipo ha cambiado. Hoy se ha retirado la humildad, la tranquilidad y la convicción, por una nube negra de soberbia, nerviosismo e imprecisiones. Generalizado en el accionar, aún cuando se han resultado buenos resultados.

Y la discusión con el Chorri por redes sociales no es el único síntoma. En principio, están todas las imprecisiones de los delanteros en el último partido. Carrillo y Cueva no finalizaron jugadas. Flores, nuevamente desaparecido. Y Lapadula, con demasiadas ansiedad de cara al gol, rematando muy apurado o en posiciones adelantadas. Es como si al equipo le faltara de pronto el “Pensá”.

De hecho, el gol llegó de un error del rival. Y claro, eso hay que aprovecharlo. Pero cuando fue Perú el sumo protagonista con la expulsión de Rincón, fue más evidente que la selección era un equipo incapaz de llegar al arco rival con contundencia. No pasó demasiado apuros ni quiere decir que Venezuela estuvo más cerca del empate. Pero no liquidó. 

Y eso es particularmente doloroso porque entonces, ¿ante qué equipo Perú va a disminuir ese -7 de diferencia de gol que tiene? Si el partido más accesible de la eliminatoria es contra el colero, Venezuela, y de local, con un hombre más durante casi todo el encuentro. La necesidad del equipo no fue un resultado envuelto en convicción, fue un desembolso de desprolijidades.

En eso, las cámaras en el Estadio Nacional poncharon siempre a un Gareca nervioso, preocupado y frustrado al ver a su equipo incapaz de terminar jugadas. No fue un par de veces, fue durante todo el segundo tiempo al menos. No es anecdótico, sino parece ser la extinción del “Pensá”. De esa parsimonia de un técnico seguro y paciente ante sus jugadores. 

Su angustia es la de todo un equipo que parece poco a poco divertirste menos y perder esa seguridad, por la ansiedad de tener que encontrar los resultados a toda costa. ¿Qué hay del otro lado impidiendo la calma? Pues esa humildad que parece irse de los referentes, preocupados quizás más en ser reconocidos y menos enfocados en volver a conseguir sobre lo logrado.

Y también hay mucho sentido de cuerpo y defensa del colectivo. Es el resultado natural de haber creado un equipo cerrado funcional, con líderes muy claros, pero al mismo tiempo hermético. No por nada diversos personajes vinculados al fútbol señalan la existencia de una argolla dentro de la selección, también asociado al poco recambio entre las convocatorias.

Para enfrentar el resto de las Eliminatorias, Perú necesita hacer al menos cinco triunfos más. Quedan Chile, Bolivia, Ecuador y Paraguay en Lima. Todas esas son finales de vida o muerte, y todos deben ser triunfos peruanos. Son selecciones que este Perú ha sabido ganarles, con sus propias cualidades. Y superarlas depende de la convicción y la contundencia para sentirse superiores. Incluso aquí es importante mejorar la diferencia de gol.

Luego toca Brasil, Argentina, Colombia y Uruguay de visita, partidos donde Perú debe apostar por un empate. Y Bolivia y Venezuela de visita, donde al menos deben llegar cuatro puntos, sino son los seis. De nuevo, contundencia en ataque, seguridad y esa calma transmitida en las eliminatorias a Rusia 2018. Son rivales conquistables, con la mentalidad adecuada. 

Discúlpame, Renato, pero el camino a Qatar requiere de pensamientos diferentes. De que la seguridad por los logros obtenidos no se vuelva una soberbia que nuble la convicción de tener un equipo cohesionado y con las condiciones de conseguir los resultados para llegar al Mundial. Y ahí, por qué no, callar esas bocas. Porque eso se demuestra en la cancha. Quizás haya mucho que aprender del Chorri Palacios en ese retorno a la mentalidad adecuada.

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Chorri Palacios, Renato Tapia, Selección peruana de fútbol