Arturo Ayala

El candidato de Juntos por el Perú minimiza los líos al interior de la alianza a la que pertenece, habla del aún fracasado intento por unir a la izquierda y reafirma su esperanza en que Verónika Mendoza no le dé la espalda como hizo Susana Villarán. “Creemos que hay un empresariado sano, no aquel que le llevaba maletines de billetes a Keiko”, afirma.

Empecemos con un tuit. Ayer (miércoles 17 de marzo), el señor Yehude Simon lanzó una acusación. Dijo que les han arrebatado el partido que él fundó, el Partido Humanista. Lo cito: “Juntos por el Perú fue un esfuerzo que hizo el partido humanista para unir a la izquierda peruana y como pago nos arrebataron el partido. No he abierto la boca para no darle gusto a la derecha, los problemas los resolveremos luego del proceso”. La autora del arrebato, según dirigentes del partido, es Verónika Mendoza. ¿Qué responde?

 

Efectivamente, el Partido Humanista jugó un papel fundamental en abrir Juntos por el Perú (JP). En una primera etapa, formamos JP entre varios partidos a partir, justamente, del Partido Humanista, y luego se abrió hacia Nuevo Perú en una alianza. No es la primera vez. Lo que haya pasado dentro del Partido Humanista, donde han tenido diferencias, donde Yehude ha dado un paso al costado y tiene licencia desde que se le vinculó con el tema de Odebrecht, no es algo que corresponda a la izquierda ni a Verónika. Es un problema dentro del Partido Humanista y nosotros no nos podemos meter.

 

No es sólo el señor Yehude Simon. En enero pasado, el semanario de “Hildebrandt en sus Trece” citó a algunos dirigentes del Partido Humanista, entre ellos a Leonel Falcón, que dijo en la misma línea: “Nos han robado el partido, nos duele cómo Juntos por el Perú se ha convertido en un vientre de alquiler”. Otro dato: de los 34 congresistas por Lima, sólo 7 pertenecen a Juntos por el Perú. El resto son militantes de Nuevo Perú e invitados por Mendoza. ¿Todo eso no demuestra el acaparamiento que ha despertado los celos internos de sus aliados?

 

El señor Falcón es parte de esta minoría que, digamos, no ha tenido la conducción y que luego se ha retirado y ahora está apoyando la candidatura de Pedro Castillo. Los partidos tienen mayorías y minorías, y las mayorías definen los caminos de los partidos. Yo no entiendo cuál es la queja. Si yo pierdo un comité nacional, obviamente no se va a hacer mi voluntad. Si soy minoría, y soy constantemente minoría, y decido irme y no lucharla, también va a pasar. No veo mayor problema. Los partidos no deben tener dueños. Se reconoce el papel del Partido Humanista, pero lo que ha venido después es un tema democrático y parece que no les ha gustado ese devenir. Nuestra apuesta siempre fue la unidad. Lo acordado en el congreso del 2017, que funda a JP, es la unidad de las izquierdas…

 

Pero el objetivo de la unidad ha fracasado. Vladimir Cerrón es otro de los que apunta su artillería hacia ustedes. Por ejemplo, en setiembre pasado, en el diario Correo, dijo que Verónica Mendoza era una “banquera” por su alianza con Patria Roja [el candidato Ayala es miembro de Patria Roja], en referencia a su control de la derrama magisterial. Declaró, y parece que el tiempo le dio la razón: “Perú Libre le va a demostrar realmente quién es el que tiene la simpatía magisterial. Todo ese torrente va a ir con Perú Libre y va a crear un forado enorme en Juntos por el Perú”.

 

Mira, yo creo que la unidad de JP y Nuevo Perú es un avance, un avance porque incluye otros movimientos regionales. Y si no se pudo ir más allá en la unidad, somos autocríticos. Nosotros siempre hemos apostado por la unidad de la izquierda. Ahora, la derecha está yendo con 20 partidos. A nosotros se nos pide algo que ni siquiera la derecha hace. Si nosotros tenemos dos o tres divisiones, ya es un avance. Antes teníamos más y seguramente mañana podremos ser un poco más unidos.

 

El año pasado, durante una entrevista en el portal UCI, usted hacía una anotación sobre los votos que les robó Gregorio Santos (en las elecciones del 2016). Este año el que les va a robar votos es, justamente, Pedro Castillo.

 

Evidentemente hay distintos enfoques de la izquierda y eso es algo que no se entiende acá. Hay una izquierda regional, que es un poco más conservadora, que tiene más limitaciones. Y tú tienes dos caminos: o los incluyes y debates entre mayorías y minorías, como pasa en cualquier partido, o simplemente no les haces caso y que ellos sigan su camino. Y eso es un error. A lo que está apuntando la izquierda es a una gran unidad con todas las diferencias y problemas que tengamos. Tenemos objetivos en conjunto: cambiar la Constitución, somos críticos del modelo, apostamos fuerte por la salud y la educación pública…

 

El pasado 17 de marzo, Yehude Simon, fundador del Partido Humanista, lanzó esta acusación en Twitter que confirma líos internos en Juntos por el Perú.

 

Candidato, ¿por qué Verónika Mendoza sería una buena presidenta si ni siquiera ha podido inscribir su movimiento?

 

Nuevo Perú pudo haberse inscrito. Frenaron un poco eso para que vayamos en alianza con JP. No es que haya sido incapaz de tener un partido. Si vas al Jurado Nacional de Elecciones, ellos tienen casi todo hecho.

 

Hablemos de su perfil. Milita usted desde los 15 años en Patria Roja, ¿cómo se hace militante?

 

Yo soy hijo de militantes. Mi padre falleció hace seis meses por la pandemia, él era trabajador del sector salud. Salió a reclamar cuando los trabajadores de salud se protegían con bolsas y ni siquiera tenían mascarilla. Y vengo de una familia comunista. Me gusta esa tradición, la reconozco, la reproduzco, y somos una alternativa vigente y válida.

 

En 2010 usted postuló para regidor de Miraflores con Fuerza Social.

 

Como parte de Patria Roja, que iba en alianza con Susana Villarán. Susana Villarán luego mandó una carta desde Madrid diciendo que no quería saber nada con Patria Roja. No fuimos parte del gobierno de Villarán, pero fuimos parte del triunfo electoral.

 

¿Y qué siente por ella ahora, que está investigada?

 

Lo que sentí en esa carta. Creo que fue una traición que hizo a la izquierda. Porque, bacán ganar con nosotros, pero a la hora de gobernar quiso tener un partido propio. Y ese camino propio la ha llevado a donde está.

 

¿Esta vez no hay posibilidades de que Verónika Mendoza les dé la espalda?

 

Verónika Mendoza es una apuesta mucho más política. Ella corta con el nacionalismo no porque no le dieran un ministerio, sino por la lucha de Espinar. Y si ella tenía tanta influencia y poder sobre la pareja presidencial, se hubiese quedado. De arranque, no es una persona que priorice el poder por encima de los principios. Eso me da una buena espina. Cuando yo era estudiante sanmarquino, ella nos atendía. Cuando ocurrió lo de la “Ley pulpín”, nos recibía. Yo valoro a las personas con las que luchamos. Eso nos lleva a confiar.

 

No ha sido muy difícil encontrar una denuncia pública contra usted por acoso. La denuncia es de marzo del 2018, pero la misma presunta víctima la ha vuelto a viralizar en enero de este año…

 

Y es una denuncia que trata del año 2016, trata desde la ruptura [de un sector de la izquierda] del 2016. Eso es justamente lo que pasó con el sector que se mantiene con el “goyismo” [partidarios de Gregorio Santos], que luego empezó a construir un relato en torno al tema de acoso. Pero no existe ni un mensaje, ni un audio, nada…

 

Es la palabra de la joven que dice que usted intentó besarla, que le decía constantemente que le gustaba y que aprovechaba su cargo dentro del partido para hacer lo mismo con otras compañeras.

 

Yo no era dirigente del partido en esa época, era dirigente del espacio juvenil. Y éramos de la misma promoción, pero de esa promoción la mayoría se fue con Goyo. Yo fui el que me quedé. Creo que por eso hay una reconstrucción en torno a mi persona con golpes y años después empiezan a construir un relato en torno a eso…

 

Usted dice que es mentira y que es un relato con motivación política entonces.

 

Creo que es un relato político. Y creo que cualquier denuncia debe ser investigada, toda la vida he apoyado eso.

 

¿Y Verónika Mendoza está enterada de eso, le ha comentado algo al respecto?

 

No. Es que en realidad no hay nada que evidencie esto, nunca se ha comentado tampoco. Pero es parte de lo que ocurre mucho en la política. Yo, por eso, he estado abierto [a cualquier investigación]: que lean, que investiguen, que revisen…

 

Lo digo porque el discurso del progresismo, y de parte de la izquierda, es que hay que creerle a la víctima primero.

 

Claro que sí. Pero también, imagino, hay contextos, un mínimo de valoración del tema. Yo estoy de acuerdo con que cualquier denuncia debe ser investigada y que las prácticas de acoso deben ser combatidas.

 

¿No cree que, si este caso hubiese involucrado a un personaje de la derecha, sus colegas hubiesen puesto el grito en el cielo?

 

Hay un contexto en el cual hay cuentas falsas, hay segmentación, hay un contexto político… No es que sea algo simplemente en el marco de una denuncia de acoso. Y eso es evidente. Estamos hablando de una promoción que se retira y que activa cuentas falsas para hacer denuncias.

 

Pero esta no es una cuenta falsa. Es una joven con nombre y apellido.

 

No, pero cada año sueltan esto desde cuentas falsas.

 

Recientemente Verónika Mendoza se cuida mucho de decir a qué presidentes admira. Usted en cambio sí ha reafirmado su admiración por Hugo Chávez, ¿qué aspectos cree que Mendoza debería imitar de él?

 

No creo que deba imitar nada, porque son liderazgos totalmente distintos. Tú vas a Turquía, que era un gobierno de derecha con Atatürk, y no puedes dejar de reconocer que construyera la Turquía de la actualidad. Hay una confusión entre el reconocimiento del liderazgo que pudiera tener en un momento histórico una persona y eso es achatar el debate político. Para mí lo importante, más que a quien lean, a quién sigan, es cómo aplican eso en el país.

 

Le formulo la siguiente pregunta: ¿no le parece Hugo Chávez un violador de derechos humanos?

 

No recuerdo algún caso al respecto.

 

Chávez inició un proceso para salirse del pacto de San José el año 2013 y para entonces había sentencias de la CIDH que no había cumplido. Además, hay informes de Human Right Watch que dicen que Chávez “en vez de promover las libertades públicas y sus mecanismos de protección, su gobierno ha sacrificado garantías fundamentales en función de sus intereses políticos”. ¿No le parece estas instituciones lo suficientemente serias para decir que sí ha violado derechos humanos? Son las mismas instituciones que condenaron el accionar de Fujimori.

 

Claro que sí. No hay que endiosar a las personas. Mi admiración por Chávez no es por la gestión de su país, es por la geopolítica, por el papel que cumplió a nivel internacional. No hay que creer que se quiere copiar algo, imitar algo. Los comunistas en Venezuela son críticos ahora de Maduro, pero no lo llaman dictador.

 

Claro. Yo pregunto sobre el tema de derechos humanos porque es la bandera con la que se ha reconocido a la izquierda.

 

Y nosotros luchamos por la defensa de los derechos humanos. Y vamos a luchar contra cualquiera por esa defensa.

 

Pasemos a las propuestas. Una nueva Constitución, un impuesto a la riqueza, la lucha contra los monopolios y los oligopolios… Ustedes van a espantar a la Confiep.

 

Bueno, la Confiep hace tiempo está en una crisis tremenda. Hay una recomposición en los poderes fácticos y en las fuerzas de derecha también. La irrupción de López Aliaga ha producido un pequeño sismo entre ellos. Nosotros lo que queremos es ser una propuesta del pueblo, de las mayorías, y tampoco somos loquitos. Lo que creemos es que hay un empresariado sano, honesto, no aquel que le llevaba maletines de billetes a Keiko.

 

El tema es que el empresariado seguramente está convencido de que ustedes son loquitos. Y recuerde lo que hicieron con Ollanta Humala, que fue alinearlo.

 

Sí, lo hizo, lo alineó. Ollanta les creyó. No pasó un año desde su gobierno y terminó en prisión.

 

En el plan de gobierno hay propuestas como “respetar la jornada máxima de trabajo de manera diaria” y “el reconocimiento efectivo de descansos remunerados”, cosas que ya están en la ley y que no se complementan con, por ejemplo, una propuesta seria de reforzamiento de la Sunafil. ¿Tiene usted alguna idea del cómo?

 

Lo que nosotros hemos señalado es que el Estado no puede precarizar el empleo, que a veces sale más caro que tener todo en regla. Por ejemplo, tienes services en seguridad y limpieza. El Estado le paga al service más del doble de lo que termina ganando el trabajador ¿Por qué lo mantendrías? Es más barato incluso. En cuanto a los privados, a través de beneficios tributarios proponemos impulsarlos a la formalización. 

 

¿Qué otra propuesta lleva al Parlamento?

 

Lo otro a lo que hemos apuntado con fuerza es el tema educativo. Yo creo que la educación es una herramienta poderosa. El plan de gobierno, como tú habrás visto, duplica la tasa de matrícula en universidades públicas al final de su mandato. Desde el Parlamento, podemos reformar la Ley Universitaria en algunas cosas que necesiten avanzarse. Yo estoy en contra, por ejemplo, del decreto ley 882, porque la educación no puede tener fines de lucro. Se ha demostrado en esta pandemia que, con la lógica del mercado, perdimos 300,000 estudiantes escolares. Bueno [dirán]: el mercado no funcionó. No pues, no es esa lógica. Tienes que dar una opción estatal, pública, para recuperar a esos estudiantes.

 

Viendo las encuestas, sin embargo, habría muchos partidos políticos con números relativamente pequeños de parlamentarios. ¿No sienten que van a estar, hasta cierto punto, marginados y que sus propuestas van a quedar congeladas por no llegar a acuerdos con otras bancadas?

 

Creo que al final van a haber coincidencias. No me asusta ello. Vamos a trabajar por lo que nos diferencie de aquellos que han llevado la administración del Estado y el ejercicio del poder hasta ahora. Cada espacio representa un sector distinto. Yo no quiero representar a los Romero o a los López Aliaga. Yo quiero representar a los trabajadores, a la gente que está exponiendo su vida en el sector salud, a los estudiantes, a la gente que lucha por la educación pública. Y si se coincide con otros, bien.

 

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