Democracia Directa

Andrés Avelino Alcántara Paredes (61) es un político poco afortunado. Desde el 2000 ha intentado hacerse de una curul en el Congreso hasta en cinco ocasiones y con partidos distintos. También tentó la alcaldía provincial de Santiago de Chuco el 2002 y aspiró a la vicepresidencia de la mano de Gregorio Santos en el 2016. La victoria siempre le fue esquiva. A las siete de la noche del último domingo, los resultados a boca de urna de las elecciones le confirmaron una nueva derrota, esta vez como candidato a la presidencia por el partido del que es fundador, Democracia Directa. Sudaca lo acompañó en su infeliz jornada.

 

La fiesta electoral de Alcántara

Son aproximadamente las 10 de la mañana. Luego dar unas palabras de aliento a sus correligionarios en la base del partido del jirón Caylloma -en el primer piso de un viejo edificio de pálido color verde-, Andrés Alcántara sale rumbo a su local de votación, la escuela ‘Divino Niño Jesús’. Ningún medio de comunicación lo sigue durante las tres cuadras que le toma llegar al colegio, solo el autor de esta crónica. También hay un grupo de danzantes folklóricos -con atuendos rojos y amarillos-, que intenta darle color a su campaña.

 

Ya en su mesa de votación, de las 10 personas que hacen fila apenas uno lo reconoce. Lejos de arrancarle alguna propuesta o extenderle el puño para saludar su participación, la persona hace un comentario sobre su outfit. La votación se realiza sin los tumultos ni los aspavientos que generarán sus competidores a lo largo del día.

 

En el camino de regreso al local de campaña, una vecina sale a su balcón: «¿Qué ejemplo nos dan? ¿Qué nos dicen a los que hacemos cuarentena?». Alcántara no se da por aludido, pero sí uno de los militantes que lo acompaña.  «Fuera», le responde en voz baja.

 

En su local algunos militantes están parados en la puerta. «Marquen la casita hermanos», dicen a los transeúntes que pasan por allí. Los danzantes siguen haciendo su show en plena calle, pero la melodía se interrumpe a medida que los carros tocan sus bocinas y les piden que se muevan. «¡Vayan a su casa, oe! ¡Igual no van a ganar!», grita un taxista.

 

Apenas Alcántara se acomoda en el local, un militante del partido coge su celular en la puerta y deja sonar una salsa de Óscar de León, el cantante con el que el candidato tiene un gran parecido por su impecable pelada y su tupido bigote negro. La canción es “Llorarás”, pero nadie parece tener la intención siquiera de tararearla. No hay necesariamente un ambiente de fiesta.

 

Hay una veintena de asistentes que están listos para recibir el flash electoral, pero pronto se dan cuenta de que el proyector que han instalado no funciona. Los militantes empiezan a recurrir a sus smartphones y la mitad de ellos pone atención a una laptop para enterarse de los resultados. Alcántara no sale ni siquiera entre los diez primeros. Es el último de los 18 candidatos que han postulado. Los militantes del partido ni se inmutan. Alcántara tampoco.

 

Con cerca del 90% de las actas procesadas por la ONPE, menos de 44.000 personas marcaron el símbolo de la casa de Democracia Directa. Es decir, apenas un 0,28%. Aun después de conocer una nueva derrota, quizá la más estrepitosa en su carrera política, el candidato norteño no pierde la fe en el margen de error. “Son resultados a boca de urna. No es que sea una realidad, es el deseo que ellos [se refiere a la encuestadora] quieren sobre cómo debe terminar el proceso electoral. Hay un 3% de margen de error que yo creo que será hasta mucho más”, contó minutos después de enterarse de los resultados.

 

Pero pronto admite que era de esperarse. “El resultado para nosotros era previsible. No hay una difusión al tema de fondo, pero es un triunfo. Ya entramos en el escenario político y hemos hecho llegar nuestra propuesta de una nueva Constitución vía referéndum”, dice, mientras su voz se pierde en el amplio, aunque casi vacío, local de campaña.

 

Veinte minutos después del anuncio, los asistentes abren los dos jugos de naranja y el par de vinos que compraron, quizá por puro impulso. A estas horas de la noche, las bebidas apenas servirán para pasar el trago amargo de los resultados. Aunque no se lamentan precisamente por Alcántara. “Es una sorpresa, pensé que ganaría Lescano”, dice un asistente que andaba por la puerta bebiendo unas cervezas.

 

Alcántara terminará la jornada grabando un video para felicitar a Pedro Castillo, el candidato de izquierda radical que ha pasado en primer lugar a la segunda vuelta, con casi dos millones y medio de votos. El reconocimiento de su derrota frente a los 17 candidatos con los que compitió es casi un trámite, así como el que tendrá que afrontar el partido para volver a buscar su inscripción al no alcanzar más del 5% de votos válidos para el Congreso.

 

Frente al marco de la nueva legislación, que requiere de cerca de 25 mil fichas de militantes para entrar en el proceso, Alcántara asegura que cuentan con 18.500 miembros. ¿Y el resto? “Los fonavistas son una base de 375 mil afiliados. Es cuestión de decirle a nuestra gente que se afilie y se acabó. No es un gran problema, es un tema administrativo”, asegura el candidato.

 

Los fonavistas a los que se refiere el candidato son los aportantes del fallido Fondo Nacional de Vivienda que aún reclaman la devolución de sus inversiones. Son la base de Democracia Directa, el partido que Andrés Alcántara fundó el 2011 y del que es presidente desde 2018.

 

Abogado por la universidad Garcilaso de la Vega y oriundo de La Libertad, Alcántara se resiste a definirse como un político de izquierda o de derecha, aunque insiste en el cambio de la Constitución del 93 para que “toda la población participe y decida en la solución de los problemas del país”. Evita la autocrítica y culpa a “los grupos económicos que manejan las encuestadoras y los medios de comunicación”.

 

La noche va terminando en este edificio destartalado del Cercado de Lima. Solo un grupo de militantes se queda a terminar los snacks y el poco vino que queda. Algunas sonrisas van surgiendo, quizá pensando en cómo triunfar en una siguiente elección. O al menos no morir nuevamente como partido en el intento.

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Andrés Alcántara, Democracia Directa, Elecciones 2021