Resultados

Según el reporte de la ONPE en las últimas elecciones presidenciales hubieron 24´151,260 (100%) electores hábiles. 2´666,415 (11 %) votaron por Pedro Castillo, 1´863,704 (8%) votaron por Keiko Fujimori, 1´629,755 (7%) votaron por Rafael López de Aliaga, 1´615,360 (7%) votaron por Hernando de Soto, 1´270,126 (5%) votaron por Yonhy Lescano, 1’096,715 (5%) votaron por Verónica Mendoza, 840,832 (3%) votaron por César Acuña, 784,655 (3%) por George Forsyth, 2’177,194 (9%) votaron por otros candidatos, 3´011,862(12%) votaron en blanco o viciado y 7’194,642 (30%) no votaron.

 

Las cifras entre paréntesis corresponden al porcentaje que sus votos representan si los dividimos entre el total de electores hábiles, redondeado a la unidad para facilitar el desarrollo del argumento a desarrollar.

 

La primera conclusión es que esta debe ser la elección más fraccionada de la historia del Perú. Salvo Castillo ningún candidato recibe un apoyo de 2 dígitos.

 

La segunda conclusión es que la derecha (Fujimori, López de Aliaga y De Soto) tiene el apoyo del 22% de los electores hábiles, la izquierda (Castillo y Mendoza) tiene el apoyo del 16% de los electores hábiles y el centro (los demás candidatos) tienen el apoyo del 20% de los electores hábiles.

 

La tercera conclusión es que una enorme cantidad de votantes, que votaron blanco o viciado o no fueron a votar, 10´206,504, no se sintieron representados por ningún candidato. Esta cifra representa el 42% de los votantes hábiles. Este 42% supera la votación de los 6 candidatos más votados en conjunto!

 

En democracia contamos todos por igual, incluyendo a los que no votaron o lo hicieron en blanco o viciado. Es pues importantísimo intentar entender por qué no se han sentido representados.

 

Mi primera impresión es que este grupo no es de derecha. La derecha estas elecciones ha tenido al menos 3 candidatos con distintos grados de extremismo y ninguno convenció al 42%.

 

Pienso que tampoco este grupo es de izquierda. Pues también tuvimos al menos 3 candidatos de izquierda con distintos grados de extremismo y ninguno convenció al 42%.

 

Por descarte concluyo que este 42% no es de extremos sino es un electorado de centro. ¿Por qué entonces no votaron por ningún candidato de centro?

 

La gran corrupción y el destape de la misma ha barrido a gran parte de la clase política tradicional y de centro. Como ejemplo basta recordar que ninguno de los partidos que llevaron a la presidencia a nuestros 4 últimos presidentes electos participaron en esta elección (si bien el partido de Humala participó y una facción del partido de Kuczynski lo hizo también, el casi inexistente apoyo que tuvieron nos permite darlos como no presentados para efectos de este análisis).

 

Un segundo argumento puede ser que los candidatos de centro fueron, electoralmente hablando, muy malos. Forsyth es un joven con mucho entusiasmo, pero mucho mayor aún es su inexperiencia, no pudo siquiera terminar su período de alcalde. Guzmán, del que hay que destacar que trabajó en la formación de un partido y que supo convocar figuras independientes destacadas, tiene cero carisma y sintonía con el electorado. Lescano, se jugó un partido en todos lados y en ninguno, tenía además una carga muy fuerte por la mala fama de algunos de sus correligionarios. Acuña, quien tiene graves limitaciones para expresarse, tiene un apoyo limitado a su región.

 

Así sean estas las razones  o sean otras, no podemos dejar de considerar a este importantísimo 42% de nuestra población.

 

Mi tesis es que este electorado se da cuenta que en los últimos 20 a 30 años hemos vivido una era de gran crecimiento y paz. Que hay muchísimas cosas por corregir, como la corrupción y la negligencia, pero que el crecimiento y la paz nos ha traído mucho bienestar y felicidad a los peruanos de todos los niveles. Que si bien estamos en medio de una horrible crisis sanitaria esta terminará, luego de lo cual nos espera un muy prometedor desarrollo económico basado en la gran voluntad de trabajo de nuestro pueblo, las inmensas riquezas de nuestro querido país y las muy importantes bases legales, económicas y de infraestructura que tanto esfuerzo nos ha costado construir.

 

Este 42% no recibió ese mensaje de ninguno de los candidatos.

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Elecciones 2021, ONPE, Raúl León Thorne, Resultados

Los resultados electorales del 11 de abril han definido una segunda vuelta inesperada pero que refleja la situación dramática que tiene el país. La pandemia está ahogando a las/los ciudadanos en la desesperación, la pobreza y el miedo. Las desigualdades se han profundizado y el Estado pierde legitimidad por su ineficiencia frente a un problema que evidentemente hace mucho que lo sobrepasó.

 

En este contexto propuestas autoritarias y de perfiles antidemocráticos han pasado a la segunda vuelta electoral, dejando a quienes creemos en la democracia y el estado de derecho en una cruel encrucijada, pues, aunque los resultados no nos gusten, estos deben respetarse.

 

Por un lado, Keiko Fujimori es la representante de la dictadura, cuyo perfil autoritario se expresa no sólo en la falta de reconocimiento de las graves violaciones a los derechos humanos que se cometieron en el gobierno de su padre Alberto Fujimori; sino además su afán por el poder la convirtió a ella y a su bancada en una barrera permanente para la gobernabilidad durante los últimos años, mostrando así su poco respeto por la democracia.

 

Si hay un partido que se opone de forma constante a los derechos humanos particularmente de las mujeres y de la población LGBTIQ+, es el partido Fujimorista. Su tradición autoritaria, prepotencia, clasismo, vínculos con la corrupción y con grupos antiderechos han hecho de este actor político uno de los principales operadores de la discriminación y la violencia de género.

 

Al otro lado tenemos a Pedro Castillo, quién logro la preferencia del electorado en 17 regiones del país, muchas de ellas con altos índices de pobreza y desigualdad como lo son Apurímac, Huancavelica, Cajamarca, Junín entre muchas otras. Es imprescindible reconocer que el triunfo de Perú Libre expresa el hartazgo frente a un Estado y sociedad excluyente, clasista y racista.

 

Aunque Pedro Castillo es expresión del descontento de un país golpeado por la desigualdad, no puede dejar de reconocerse que él y su partido representan un riesgo a la estabilidad democrática por sus posturas extremistas y autoritarias. El candidato ha planteado la eliminación del Tribunal Constitucional y el cierre del Congreso si este no sigue sus planes, con lo cual estaría adelantando una posible dictadura.

 

La situación es dramática, pues cualquiera de los dos opuestos son un riesgo real para la estabilidad de las instituciones democráticas; además ambos postulantes se oponen a una cultura de derechos y de forma especial a los derechos de las mujeres y de la población LGBTIQ+.  Lamentablemente, si tienen algo en común es su desprecio por la igualdad de género, lo que los lleva a promover discursos de odio muy peligrosos.

 

A puertas del bicentenario las mujeres y personas de la diversidad tendremos que enfrentar uno de los contextos más adversos de las últimas décadas: El avance de los fundamentalismos es una realidad, en pocos meses posturas autoritarias se instalarán en el poder y buscarán restringir derechos y libertades, lo cual implica un grave retroceso y la profundización de la discriminación.

 

Ante ello, en los próximos años el movimiento feminista, el movimiento de derechos humanos en su diversidad, las organizaciones de sociedad civil y la ciudadanía consciente serán indispensables para vigilar y resistir de forma pacífica al abuso y al autoritarismo. Para lograrlo, necesitamos mucha claridad en nuestra agenda:  los derechos humanos de las mujeres y de las personas LGBTIQ+ no se negocian con nadie.

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Democracia, Liz Meléndez, Resultados