Democracia

Estimado lector,

¿Ha experimentado usted alguno de los siguientes síntomas en el último año? Hartazgo de la política, discusiones y alejamiento de familiares y amigos a causa de las recientes elecciones, profunda e incontrolable necesidad de calificar a personas que piensan distinto a usted con la finalidad de reducir argumentos y opiniones a etiquetas.

Si se siente identificado con uno o más de estos síntomas, no se alarme, no esta solo, se trata del fenómeno de los extremos, del que viene siendo víctima el mundo. Este mal nos ha tomado por sorpresa a muchos, aunque no debió ser así: su desarrollo ha sido lento y calculado, a la espera de que nuestra sociedad le cediera espacio para avanzar. Cada noticia falsa que difundimos sin corroborar, cada vez que utilizamos un argumento ad hominem, cada vez que dejamos el diálogo respetuoso de lado, cada vez que permitimos insultos o insultamos a una persona por pensar distinto, le damos más espacio a los extremos.

Es una tarea difícil no caer en algunas de estas prácticas, especialmente en tiempos en los que volverse “experto” en una materia está a un click de distancia. Nuestras interacciones se vuelven espacios para demostrar por qué tengo razón, pues los iniciamos teniendo ya una conclusión, independientemente de los argumentos o evidencia que nos puedan ofrecer. El problema de ceder a esta tentación es que destruimos todos los puentes de diálogo que nos permiten enriquecernos, como personas y como sociedad. Nos perdemos de recibir información valiosa que aporte nuevas perspectivas.

Pero en el plano social la pérdida es más grave aún. La polarización nos ha alejado unos de otros, arrinconándonos en nuestro extremo, llevando cada acontecimiento a una batalla de “ellos” contra “nosotros”. ¿Qué clase de país podemos construir bajo esa perspectiva? ¿Cómo podemos llegar a acuerdos y consensos que nos permitan salir de la crisis política y sanitaria que enfrentamos? No hay diálogo que resista llamados a golpes de estado, a ignorar la Constitución, a la muerte de tal o cual líder, o a justificar las acciones irresponsables de una autoridad solo porque su ideología es afín a la mía y tampoco a adjetivos que buscan descalificar de entrada a cualquier interlocutor que se encuentre al otro lado de la mesa. 

Es urgente que busquemos un diálogo empático y respetuoso, en la política y fuera de ella, que tienda puentes para acercarnos con quienes alguna vez nos alejamos. Que las nuevas generaciones escuchemos de la experiencia de quienes vinieron antes que nosotros y aprendamos de aciertos y errores pasados, y que a su turno podamos compartir nuestros planes para el futuro del país. 

Madeleine Albright, diplomática de los Estados Unidos, rescató un extracto del testimonio de una persona que formó parte del régimen Nazi, en el que comenta “entonces, un día, cuando ya es demasiado tarde, te vienen a la cabeza todos tus principios, si alguna vez los tuviste. La carga del autoengaño ha crecido hasta hacerse demasiado pesada, y un incidente sin importancia hace que todo se venga debajo de repente; y entonces ves que todo, absolutamente todo, ha cambiado, y que lo ha hecho delante de tus narices.” 

La forma de hacer política está cambiando drásticamente. De cada uno de nosotros depende si dejamos pasar las señales de extremismo al que estamos encaminados o retomamos los puentes que nos acerquen para construir democracia juntos. 

 

 Atentamente, una tibia.

 

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Crisis política, Democracia, Política

El Perú pasa por uno de sus periodos más largos de vida democrática desde su independencia. Son aproximadamente 20 años que contamos con un régimen que ha asegurado -con aciertos y errores- crecimiento económico, libertades políticas y civiles y una gobernabilidad que nos ha permitido entrar en consensos razonables.

¿Pero qué pasa cuando el régimen democrático se asienta sobre una precaria oferta política y un magro sentido de ciudadanía? Pues ese es el quid de asunto desde hace 20 años. No hemos logrado consolidar una madurez política (léase entendimiento político) que nos permita hablar de las grandes reformas que necesita el Perú en el corto, mediano y largo plazo. Hemos podido apreciar que nuestra política doméstica está permanentemente enfrascada en rivalidades canibalescas -casi tribales- en la que los puentes de diálogo funcionan cuando ya estamos al borde de una destrucción de uno y otro lado del espectro político.

En la academia se tiene como premisa que las instituciones, entendidas como reglas juego, modelan comportamientos de los actores políticos y sociales. Esas reglas de juego generan confianza -según la teoría- dado que otorgan certezas en la clase política y en la ciudadanía. Así lo pudimos apreciar -por ejemplo- en España cuando pasaron de un sistema bipartidista a uno multipartidista. Aprendieron los políticos españoles a entrar en consenso con más actores en el nuevo escenario político y los ciudadanos identificaron nuevas opciones organizativas en la que militar y simpatizar.

Algo similar podemos apreciar también en el Perú, pasamos -por estos últimos años- por ciertos retos sobre el que tenemos que hablar: como los alcances y límites de nuestro régimen semipresidencialista. En un libro que escribí hace algunos años considero la posibilidad de hablar de algunos candados que nos permitan asegurar reglas de juego claras sin estar preocupados por su quiebre.

En el país, es necesario poner en el debate público reformas que reimpulsen la gobernabilidad democrática en la que el ejecutivo no manipule las leyes o la cuestión de confianza para disolver el Congreso y en la que el legislativo no manipule las leyes para vacar presidentes.

Por otro lado, es importante entrar también en un consenso razonable -vía los espacios de diálogos pertinentes- sobre las reformas que se necesita hacer a la Constitución Política más no su recambio total. Hemos sido testigos que los líderes populistas, usando discursos de cambios constitucionales, no han hecho otra cosa que intentar la permanencia en el Estado por largos periodos de tiempo, manipulando elecciones, sino miremos lo que pasó en Venezuela y Bolivia. Y hemos sido testigos también que países avanzados y del primer mundo con estabilidad constitucional en el tiempo les ha permitido crecer económica e institucionalmente.

El Perú necesita hablar de estas reformas -entre otras- que nos permita reencauzar las reglas de juego para que se reestablezca la confianza tan dinamita por estos tiempos. Dentro de la oferta política, hay actores políticos que pueden acotar el debate y llevarlas a la opinión pública. Es lo que exige la razonabilidad que todavía podemos apreciar que hay en nuestro país.

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Democracia, Gobierno

Hoy vemos en Cuba las protestas más masivas de los últimos 30 años, en las cuales el pueblo cubano exige libertad, y el fin de un régimen cuya crisis económica se ha recrudecido con la pandemia y la falta de turismo. Lo que no vemos, sin embargo, hasta el momento en el cual se escribió este artículo, es a muchas de las voces de izquierda en el Perú que han exigido democracia en el último proceso electoral, y apoyado protestas ciudadanas contra gobiernos conservadores, condenar este régimen dictatorial, y apoyar al pueblo cubano.

Como ya hemos comentado anteriormente en esta columna, esto no es algo exclusivo de nuestra izquierda. Mientras esta condena al fujimorismo, pero escuda el fracaso del modelo cubano con “los bloqueos de Estados Unidos”, parte de la derecha peruana, que hoy condena al régimen cubano, también justificó en su momento y hasta apoyó el accionar de Trump cuando este invocó a sus seguidores a tomar el capitolio. Incluso no emiten crítica alguna a la nefasta gestión de la pandemia de Bolsonaro en Brasil, y pasan por alto o apoyan las intenciones de diversos sectores que llaman a desconocer los resultados de las elecciones peruanas.

Tal parece que, para ambas caras de la moneda, la dictadura solo es dictadura cuando viene del lado del espectro ideológico que no les gusta.

En Cuba no hay democracia. Hay que decirlo fuerte y claro. Hace más de 60 años que entró al poder un gobierno autoritario que ha restringido todas las libertades. Cuba es el tercer país con menor libertad económica del mundo (puesto 176 de 178 países), se encuentra entre los 10 países del globo con menor libertad de prensa, y en los índices de libertad humana, Cuba es considerado como “no libre”. Además, cuenta con un régimen político unipartidario.  Como si esto fuera poco, la crisis económica es devastadora: el 64% de los cubanos viven con menos de 1.11 USD al día y el 90% de la población vive bajo el umbral de la pobreza.

El gobierno cubano ya declaró que “defenderá la revolución al precio que sea”. ¿Dónde está la izquierda democrática peruana? Este es el momento para que se separen de esta dictadura con todas sus letras, y la condenen al igual que condenan el autoritarismo cuando viene de la derecha. Los esperamos.

Fuentes: Índice de libertad económica de Heritage, Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH).

*Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden no coincidir con las de las organizaciones a las cuales pertenece.

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Cuba, Democracia, Izquierda

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Democracia, Keiko Fujimori, Pedro Castillo

Al momento de escribir estas líneas los resultados de la elección presidencial ya son irreversibles y le otorgan el triunfo a Pedro Castillo. El pueblo ha hablado y ha dicho que quiere un cambio, falta saber si éste será para mejor. En todo caso, lo que si es cierto es que veinte años de crecimiento macroeconómico no han sido suficientes para acabar con las enormes brechas de exclusión y discriminación que hemos visto exacerbadas en esta campaña electoral.

La única responsable de estos resultados, por los que hoy nuevamente llora, es la derecha obtusa, mercantilista y corrupta que sólo se ocupó de sus propios intereses antes que los de la mayoría de los peruanos. Hoy la voz del Perú real se ha hecho escuchar estruendosamente dejando un país partido entre una costa con mayor acceso a la modernidad y una sierra que también quiere acceder a los beneficios de la modernidad y el mercado. Los que han votado por Castillo lo han hecho, en su gran mayoría, a pesar de él. Por rechazo a lo que el fujimorismo representa. Se trata de un voto prestado y no incondicional. Lo que debe entender el próximo gobierno de Perú Libre es que el mensaje del pueblo es que todos puedan tener acceso a los beneficios que el mercado trae consigo, pero con justicia social.

Pedro Castillo ha ganado dentro del territorio nacional y lo democrático es aceptar los resultados y la voluntad del soberano. El fujimorismo no puede pretender ganar en la mesa lo que perdió en las urnas. Esta no es la ONPE del inefable Portillo, ni el JNE de Montes de Oca, ni el gobierno de Montesinos, aquí hay ciudadanos alertas y vigilantes de que se respeten los resultados. En esta misma columna hemos mostrado nuestros reparos ante ambas candidaturas, pero lo democrático es ahora defender la opción de la mayoría. Vociferar fraude es sólo una muestra de que tras diez años y tres elecciones, Keiko Fujimori, no ha aprendido nada, que sus modales democráticos terminan ahí donde empieza a ser derrotada por la decencia de un pueblo que más que apoyar a Castillo ha rechazado a la corrupción y el crimen que ella representa.

Esta será la primera vez en nuestra historia que la izquierda peruana accederá al poder y lo ha hecho sin tener que renunciar a su identidad y legitimada por las urnas. Lo hace en el peor momento que vive la república, con miles de muertos producto de la peste, con una economía en ruinas, con un sistema de salud colapsado, con la mitad del país en contra. Es de esta adversidad de donde tendrá que sacar las fuerzas y el temple de organizar un gobierno abierto y compuesto de los mejores. Su primera misión deberá ser tender los puentes que se han roto, sanar la fractura y saber que debe gobernar para todos.

De ninguna manera se le ha dado un cheque en blanco al profesor Castillo. Si bien, ha ganado sin tener que moderar su discurso y sin hojas de ruta, también es cierto, que gracias a la iniciativa del Cardenal Pedro Barreto se ha comprometido a respetar la democracia y la institucionalidad que la sustenta. La primera exigencia que se le debe hacer a este nuevo gobierno que recién nace es la de un inmediato plan covid consensuado con todas las fuerzas que asegure la vida de los peruanos. Si algo nos puede unir hoy es la posibilidad real de la muerte que nos acecha y ante un problema común sólo caben soluciones comunes. Una segunda exigencia, es la del respeto irrestricto a la institucionalidad democrática y a la libertad de prensa y de opinión. No podrá patear el tablero de la democracia sino que tendrá que ser creativo para poder poner en marcha las reformas que el país tanto requiere. La tercera exigencia es la de tender puentes y hacer un llamado a la unidad respetando la pluralidad de la que estamos conformados. Escuchar y permitir la participación de todas las voces, pues ahora será el presidente de todos, pero en especial de aquellos que no votaron por él y se sienten atemorizados, es a ellos a los que tiene que dirigirse principalmente.

Es cierto que no tendrá mucha maniobra una vez que asuma el gobierno. Este Congreso ya trabaja una serie de reformas mañosas (como las de su cuarta mini legislatura) que lo dejará atado de manos y es claro que se prepara un golpe parlamentario. También, debemos estar alertas sobre esa posibilidad, pues nos toca defender la democracia desde cualquier punto de donde se la quiera atacar.

Hoy la izquierda tendrá la oportunidad de mostrar que está a la altura de la historia y de las circunstancias. Con un gobierno que busque el bien común de una manera inteligente, basado en decisiones racionales y no dogmáticas, improvisadas o románticas. La realidad que enfrenta es mucho más compleja de lo que podríamos imaginar. Tendrá que enfrentar muchos obstáculos además de la permanente desconfianza y temor de la mitad del país. Su primer gran reto será el modo cómo afronte la crisis económica, ahí demostraran de qué están hechos, pues se trata de que, en el tiempo por el que han sido elegidos, logren el mayor bienestar para todos y no la mayor miseria. Si fracasa en eso de nada le servirá a la izquierda haber llegado al poder, porque sólo le dará la razón a sus adversarios y le cerraran el paso a todo intento popular de conducir sus destinos. Pedro Castillo debe recordar siempre que esta es la única oportunidad de demostrar a todos que la izquierda si es capaz de gobernar bien y en democracia, «porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tendrían una segunda oportunidad sobre la tierra.»

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Democracia, Elecciones 2021, Pedro Castillo

Camisetas de la selección peruana, polos con el Escudo Nacional, mascarillas con inscripciones de rechazo al comunismo y banderines blanquirrojos en camionetas adornan la mañana de la segunda vuelta electoral en el distrito de San Isidro, el corazón de las clases más pudientes del país. Un panorama completamente distinto al del pasado 11 de abril, que estuvo marcado, por ejemplo, por las tardanzas y las ausencias de miembros de mesa.

“Las mesas terminaron de instalarse a las 9:45 am, a diferencia de la primera vuelta en la que terminaron de abrir a las 11:45 am”, cuenta un funcionario de la ONPE desde el emblemático colegio estatal ‘Alfonso Ugarte’. La misma tendencia se da en colegios como la I.E. 1051 – El Olivar y los privados Sagrados Corazones Belén y Reina de la Paz, que lograron instalar todas las mesas antes de las 8:30 am.

Para esta ocasión, acudieron 4.000 votantes más que en la primera vuelta, en la que le dieron el respaldo al ultraconservador Rafael López Aliaga . El ausentismo se ha reducido en 13%.

Para esta mañana de domingo, San Isidro -cuna de lideresas como Lourdes Flores Nano y Madeleine Osterling- tiene como favorita a Keiko Fujimori. Sudaca se dio una vuelta por esta zona y conversó con algunos de sus pobladores a las afueras del I.E. Alfonso Ugarte:

¿El polo del Escudo del Perú lo lleva por alguna razón en particular?

Porque amo mi país, no hay más razón que eso. ¡Viva el Perú, carajo!

Entendería que su voto ha sido por…

Por Keiko, por Keiko presidenta. ¡La primera mujer presidenta!

Usted considera entonces que Keiko sería una buena opción para liderar al país.

Es la única, no es “buena”. ¡Es la única y la mejor!

¿Considerando que viene siendo investigada?

Con todas sus investigaciones. ¡Me importa un carajo! Castillo no.

La vecina, que no quiso identificarse, no se ha dado cuenta, pero acaba de parafrasear a un ilustre chotano, el “doctor” César Acuña, que dijo hace poco en apoyo a Fujimori: “Por mi país hoy depongo todo. Me olvido de los actos de corrupción”.

A la escuela también acude a votar un señor, que luce un tapabocas que dice “No al comunismo”. El hombre apunta, con resignación pero mayor sensatez, que respetará los resultados finales: «Que gane quien quiera, por mi normal, si gana Castillo, ¿qué vamos a hacer? Si el pueblo quiere que gane, que gane pues».

Cerca de las 11 de la mañana, en otro punto del distrito, el expresidente Francisco Morales Bermúdez daba unas declaraciones. Acorde con los tiempos, RPP presentó al sentenciado por su participación en el Plan Cóndor como un demócrata ejemplar de la tercera edad. “A mí me tocó, con el apoyo de las fuerzas armadas y las fuerzas policiales, me tocó tener la capacidad suficiente para volver a la democracia. Esa democracia la siento yo. Una democracia equilibrada es lo que el Perú necesita, no buscar extremos”, dijo ante una amable reportera.

El discurso de defensa por la democracia fue el más repetido entre quienes apoyaron a Fuerza Popular, a pesar de que la candidata Keiko Fujimori carga con un pedido de prisión de 30 años y 10 meses por parte de la Fiscalía. Los delitos por los cuales se le acusa: crimen organizado, lavado de activos, obstrucción a la administración de justicia, fraude en procedimiento administrativo y falsedad genérica.

Resultados-San-Isidro
Al 100% de las actas procesadas en San Isidro, Keiko Fujimori obtuvo el 88.16% de los votos, mientras que Pedro Castillo obtuvo el 11.84%.

“Amo a mi patria y vamos a votar por salvar la democracia. Si gana Castillo, esperemos que sea coherente, porque hasta ahora ha demostrado incoherencia. De ganar Keiko, definitivamente tendríamos mayor tranquilidad”, dice una pareja en la cola para ingresar al ‘Alfonso Ugarte’. Cuadras adelante, monjas y ciudadanos de la tercera edad fueron recibidos entre arengas democráticas y, como mandaría la lideresa naranja, “aplausos protocolares”.

Minutos después, Sudaca se dirige al Parque Combate de Abtao, a cinco cuadras del colegio. La noticia que recogemos es que un miembro de mesa ha abandonado su aula bajo la excusa de salir a almorzar. Los vecinos están fastidiados. Tienen que esperar cerca de 45 minutos para que una persona de la tercera edad se ofrezca como voluntaria. A las afueras del colegio Reina de la Paz, algunos lamentan “el resentimiento de la gente que vota por Castillo” y repiten la consigna: “No es por Keiko, sino por la democracia”. Todos llevan camisetas blanquirrojas.

A las siete de la noche es el momento del flash electoral a boca de urna. Apenas se oye el resultado, resuenan palmas y algunos fuegos artificiales en las calles del distrito. Keiko Fujimori aparece en el primer lugar con una diferencia de 0.6% sobre el candidato opositor. El margen de error es de 3%, pero eso no parece minar la algarabía. El escenario cambia tres horas más tarde. 

El conteo rápido le da una victoria a Pedro Castillo con 50,2% frente a 49,8% de Keiko Fujimori. En San Isidro, sin embargo, el apoyo fue férreo: al cierre de esta edición, Keiko había logrado el 88.16% de los votos en este distrito. La lideresa se mantiene a la espera de los resultados oficiales en compañía de familiares y su equipo técnico que insisten en vestir la camiseta de la selección peruana de fútbol, que el pasado jueves cayó goleada 3-0.

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Democracia, Keiko Fujimori, San Isidro

Es altamente peligrosa la estrategia común que vienen desplegando los sectores ultras de la derecha y de la izquierda, denunciando una presunta voluntad de fraude por parte de los organismos electorales a favor de uno u otra de las candidaturas.

Es absolutamente imposible que el sistema produzca un fraude. El Jurado Nacional de Elecciones no tiene vela en el entierro (salvo para revisar eventualmente actas impugnadas), y la ONPE ha dado hasta el momento pruebas fehacientes de seriedad técnica y solvencia profesional.

Es clara la estrategia subalterna. De la derecha, que si gana Castillo haya pretextos argumentativos para que algún entorchado militar decida tomar cartas en el asunto y dar un golpe de Estado. A eso conduce tanta alharaca. Y del lado de los castillistas a justificar la turbamulta callejera que pueda desatar si los resultados le son adversos.

Ambos deben ser denunciados por irresponsables, más aún en una elección que será tan ajustada que probablemente no bastará ni el resultado a “boca de urna” ni el de “conteo rápido” dominicales para asegurar el triunfo de ninguno de los dos candidatos y habrá que esperar al conteo oficial de la ONPE que podría demorar dos o tres días.

No hay que hacer eco de las voluntades antidemocráticas de los termocéfalos de ambos sectores. Gane quien gane las elecciones, el resultado debe ser respetado y apuntar a que se produzca la quinta sucesión electoral consecutiva en el país, algo inédito en nuestra historia republicana (lo más cercano a esa circunstancia fue en el llamada República Aristocrática, de finales del siglo XIX e inicios del XX).

La democracia peruana, a pesar de su precariedad, ha sido puesta a prueba en el último lustro, y a pesar de los contratiempos, ha logrado salir airosa, como lo pudo hacer también en los tiempos turbulentos del régimen de transición de Valentín Paniagua. Confiemos en la resistencia institucional de la democracia para hacerle frente a los golpistas de ambos bandos, a quienes solo parece preocuparles su interés político menudo por encima del valor supremo del sistema democrático.

Las elecciones del bicentenario recibirán el mejor homenaje republicano si son aceptadas consensualmente por ambas partes, como corresponde. Esperemos, por ello, que al final predomine la sensatez y la racionalidad.

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Democracia, Elecciones 2021, ONPE

Querida Manuela,

Mi tío Alejandro César Bazan, al enterarse de nuestra correspondencia me comentó de la elegía del escritor chileno Pablo Neruda dedicada a tu memoria, La Insepulta de Paita. La he estado leyendo y releyendo. Es hermosa. Sabemos que falleciste en Paita, pero no sabemos dónde yace tu cuerpo. Muchas personas, cuando les cuento que te escribo no saben de ti, de tu rol en la historia del Perú. Te perdiste en la memoria.

En 1997 estaba haciendo mis practicas preprofesionales en la Adjuntía de Derechos Humanos de la Defensoría del Pueblo. Era una institución reciente, creada con la Constitución de 1993, llena de profesionales jóvenes con lo que me formé en la universidad. Este equipo me dio las bases para ser la profesional que soy. Fue en ese momento que conocí a una mujer única, sensible e inteligente, Angélica Mendoza Almeida, Mamá Angélica, la llamaban de cariño. Era madre de Arquímedes. La madrugada del 2 de julio de 1983, los militares allanaron su casa en Huamanga y la amenazaron de muerte. También estaban su hija Ana María y su esposo Estanislao. Los arrinconaron contra la pared y les apuntaron con armas, mientras sacaban a Arquímedes de su habitación y lo conducían a un vehículo ubicado fuera del domicilio. Mamá Angélica era la presidenta de la Asociación Nacional de Familiares de Secuestrados, Detenidos y Desaparecido del Perú (Anfasep), que el 7 de setiembre de 1997 presentaron un petitorio a la Defensoría del Pueblo solicitando se investiguen los casos contra la libertad individual, bajo la modalidad de secuestro-detención y desaparición forzada involuntaria. Esta investigación llevó a publicar el Informe La Desaparición Forzada de Personas en el Perú 1980-1996, herramienta de trabajo y consulta para la Comisión de la Verdad y Reconciliación, el Ministerio Público y la sociedad en su conjunto. Mamá Angélica murió hace tres años, reconocida con la Medalla de la Defensoría del Pueblo, pero sin encontrar a Arquímedes.

​En el 2016, el Ministro del Interior me nombró Defensora del Policía, una Dirección General del Ministerio del Interior, cuyo rol es velar por los derechos humanos del personal policial y sus familias.  Ahí conocí la problemática e historia de 1589 policías con discapacidad, así como de los deudos compuesto por viudas, huérfanos y madres de más de 3200 policías fallecidos a causa del terrorismo. Los policías vivieron enfrentamientos armados, aniquilamientos selectivos, emboscadas, reglajes, coches bombas, intentos de asesinatos, la lucha contra el terrorismo. Ser Defensora también me permitió conocer a detalle la historia de los valerosos policías de la Guardia Civil, Guardia Republicana, Policía de Investigaciones y la Sanidad Policial. Le tengo mucho respeto y siempre seré una defensora de sus derechos, de su historia y de su dedicación.

Manuela, se estima que el número total de muertos y desaparecidos causado por el conflicto armado interno peruano es 69 280, dentro de un intervalo de confianza al 95%, cuyos límites superior e inferior son 61 007 y 77 552, respectivamente según la Comisión de la Verdad. Fue un fratricidio.

Este domingo son las elecciones y, durante esta campaña solo he escuchado palabras vacías sin contenido por parte de todos los candidatos: terrorismo, terrucos, comunismo, democracia, pueblo, miedo, odio. Tenemos un candidato que parece que no es consciente de que somos una República compuesta por ciudadanos(as) con derechos y obligaciones y, por otro lado, una candidata que pretende solucionar todos los problemas sociales y, en especial los de derechos humanos, con bonos económicos. Faltan dos días para elegir nuestros destinos y seguimos confundidos, con un futuro incierto.

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Democracia, Elecciones 2021, Terrorismo

Este domingo los peruanos nos enfrentamos a nuestro destino. En una elección imposible entre dos alternativas igualmente mediocres, reaccionarias, autoritarias y sin ningún proyecto de país que sea capaz de integrar la sociedad multiforme que somos. La constatación real a la que nos enfrentamos es que no hemos sido capaces de asimilar el cambio social que se ha producido en el Perú y que José Matos Mar describió como un desborde popular. Por eso, luego de este domingo, sea cual fuere el resultado electoral, nos espera un desastre: enfrentamiento, violencia, un país fracturado que marcha a la puerta del horno donde todos los panes se queman.

Quienes piensan que esta elección es un enfrentamiento de pobres contra ricos, provincianos contra limeños o defensores del modelo contra los que quieren un cambio, fallan en su diagnóstico, pues no son capaces de ver más allá de la coyuntura. Lo que tenemos hoy es que la institucionalidad, siempre en manos de la élite dominante, ha sido absolutamente incapaz de mirar más allá de sus narices y se ha conformado con la utilización del poder estatal para sus propios beneficios particulares, por lo que ha sido completamente desbordada por las expectativas de igualación social que han tomado una ruta diferente a la de la legalidad y la institucionalidad.

Por ello, es que el discurso de salvar la democracia no hace eco en quienes siempre han sentido la institucionalidad democrática como algo ajeno, lejano, extraño. Precisamente de este mismo sentimiento se valió Alberto Fujimori hace 30 años para propinar el autogolpe de estado cuyas consecuencias más nefastas hoy vivimos. Es cierto que estamos en el período democrático más largo de nuestra historia y que nos ha costado mucho defenderlo y mantenerlo, pero hemos sido incapaces de hacer que los beneficios de ésta lleguen a todos y sabemos bien que sin igualdad no puede haber democracia.

Ya hemos dicho que el 11 de abril triunfó el voto de la desesperanza. El mensaje del elector peruano, al ponernos ante estas dos alternativas igualmente nefastas, ha sido que para una amplia mayoría la democracia no ha podido cumplir con sus reivindicaciones de igualdad. Por ello, han tomado el camino del autoritarismo ya sea de izquierda o de derecha. No olvidemos que el fujimorismo representa a un sector popular autoritario y basado en el clientelaje y que Castillo encarna la rabia de un pueblo por siglos olvidado que desprecia la democracia porque para ellos representa el poder de los señores de siempre. Por eso, en medio de la peor peste de nuestra historia republicana y a doscientos años de la independencia el mensaje mayoritario es que vivimos en una república fallida que debe desaparecer junto con el viejo orden. El mensaje ha sido el de una desesperanza tanática.

El peligro que enfrentamos es muy grande pues el lunes tendremos un país partido por la mitad que no dará espacio para la gobernabilidad. Esperemos que ambos candidatos tengan, al menos, el gesto democrático de aceptar los resultados, pues de uno y otro lado ya se oyen voces que llaman a la violencia y agudizar el enfrentamiento. Los medios de comunicación deben ser muy prudentes al momento de mostrar los resultados preliminares, pues si la diferencia entre uno y otro al momento de dar la boca de urna no pasa del margen de error, lo mejor sería esperar a los resultados oficiales para evitar lo que se puede convertir en un grave conflicto que tal vez ya no se pueda controlar.

Lo cierto es que más allá de quien gane nos toca a todos los peruanos plantearnos una reflexión profunda acerca del tipo de sociedad que queremos. Es evidente que ninguno de los que vaya a gobernar podrá hacerlo, pues cada uno representa sólo a la mitad del país que defiende, ninguno tiene una mirada integradora. Somos una sociedad plural que requiere cambios profundos, por eso, se hace imprescindible un nuevo pacto social que se cristalice en una nueva constitución que nos dé el marco de una nueva institucionalidad que responda al tipo de sociedad de todos los rostros, todas las sangres y todas las voces en la que hemos devenido. Esto no representa el triunfo de alguna de las opciones en contienda, sino que refleja la posibilidad de arribar a una convivencia más igualitaria.

Las de hoy no son las reivindicaciones de hace 50 años. Hoy el peruano es otro, uno que quiere ser incorporado a los beneficios de una vida signada por la posibilidad del desarrollo que el mercado puede otorgarle. La figura del emprendedor, que es la gran mayoría del país, es una muestra de aquel que ha tenido que ir por cauces diferentes a los de la legalidad para poder acceder a un nivel de vida que no está reñido con la modernidad. Los peruanos hemos puesto en la práctica un capitalismo popular que ningún partido político ha sido capaz de recoger y colocar como programa.

Si el que gane el domingo no es capaz de comprender el cambio que ha sufrido la sociedad en la que el peruano no quiere un estado totalitario que todo lo regule, porque sabe que todo lo hace mal, pero, tampoco quiere un estado indiferente que le dé la espalda en momentos de desesperación como el que vivimos; entonces, nos tendremos que preparar para aquello que Dante leyó a las puertas del infierno: “¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!”; y más aún, para lo que su maestro le dijo que estas palabras significaban: “Conviene abandonar aquí todo temor; conviene que aquí termine toda cobardía. Hemos llegado al lugar donde te he dicho que verías a la dolorida gente, que ha perdido el bien de la inteligencia.”

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Democracia, Elecciones 2021, Perú
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