Allan Wagner

“El canciller Allan Wagner se ha puesto al hombro la tarea de gestionar los contactos y contratos con los laboratorios”.

En medio del bullicio electoral, hay un hecho político que está pasando relativamente inadvertido, y es la excelente gestión administrativa que está desplegando el presidente Sagasti en las tres materias que se comprometió a respetar: lucha contra la pandemia, salida de la crisis económica y neutralidad electoral.

Acaba de anunciarse la firma de un contrato para la llegada segura hasta fin de año de 60 millones de dosis de vacunas, cantidad suficiente para inmunizar a todo el país, de sobra. Y Sagasti recibió el gobierno con nada entre manos. La gestión lamentable de Vizcarra, Gustavo Zevallos y Víctor Zamora -prejuiciada ideológicamente o con intereses subalternos-, se la pasó entretenida enmaniobras políticas para mantener alta la popularidad gubernativa y no movieron un dedo para proveer al país del único medio seguro que existe para controlar la pandemia, como es la vacuna.

En ese sentido, hay que reconocer el trabajo valioso del Presidente, de la premier Violeta Bermúdez y de modo particular del canciller Allan Wagner, quien se ha puesto al hombro la tarea de gestionar los contactos y contratos con los laboratorios. Y en términos de vacunación la labor del ministro de Salud, Oscar Ugarte, complementada por la superlativa eficacia de Fiorella Mollineli en EsSalud, han garantizado un proceso ordenado y transparente.

Llama la atención por ello la estupidez soberana de algunos congresistas que pretenden censurar al gobierno si es que éste acude al Tribunal Constitucional por la ley que permite el retiro de fondos de las AFP. Personalmente, creo que el Gobierno debiera permitirle a la clase media recuperar algo de holgura presente, aun a costa de su jubilación futura, porque la emergencia la amerita, pero si decidiese otra cosa, lo entendería como un acto soberano del Ejecutivo.

Tirarse abajo en estos momentos al gobierno, supondría un acto de irresponsabilidad extrema. Sería ahondar la crisis política, atizando la hoguera de la cual se alimentan candidatos radicales como Pedro Castillo, cuya disrupción ha sido posible justamente por la simultaneidad de crisis que hemos soportado.

Ojalá las mayorías congresales no hagan eco de esta barbaridad y más bien reconozcan que el país está siendo bien conducido, a pesar de la emergencia bajo la cual llegó al manejo del Estado Francisco Sagasti, en medio de inestabilidad política y convulsión social.

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Allan Wagner, Francisco Sagasti, vacunas