Uno de los distritos más afectados por la congestión de tránsito es Barranco. Pequeño, pero cada vez más poblado, sufre las consecuencias de la construcción del Metropolitano durante la gestión de Luis Castañeda, que ocupó la avenida Bolognesi en carril exclusivo, dejando únicamente la avenida San Martín-Pedro de Osma, como vía de acceso a Chorrillos (junto con la Costa Verde).
Cuando al alcalde chorrillano se le ocurre hacer una actividad deportiva, cuando hay un accidente o un deslizamiento en la playa y la Costa Verde es cerrada al tránsito, Barranco simplemente colapsa, pudiendo ser necesaria una hora y media para transitar el kilómetro y medio de largo que tiene.Y sin necesidad de ello, todos los fines de semana es una tragedia circular por sus calles.
Ahora, sin embargo, se está abriendo una oportunidad de oro para que el problema se resuelva: la construcción o ampliación de la vía expresa hacia el sur. Se calcula que concluya en diciembre del 2025 y conectaría el final que hoy tiene en República de Panamá con la carretera Panamericana Sur. Si, con sensatez, se lleva al Metropolitano por esa vía, ya no será necesario mantener el corredor exclusivo hacia Matellini como hoy sucede. Tranquilamente, la avenida Bolognesi podría volver a ser de doble tránsito vehicular en todo su trayecto y se convertiría al Metropolitano en un alimentador hasta Matellini,que conecte con los otros alimentadores (aunque seguramente, tendrá más demanda la línea que iría por la vía expresa que se está construyendo).
Se evitaría con ello, además, la separación de Barranco en dos, uno rico y otro pobre, que el Metropolitano de la avenida Bolognesi consagró, impidiendo la accesibilidad a la zona popular del distrito que, como está ocurriendo con Surquillo, tranquilamente podría convertirse en un centro gastronómico y turístico de la ciudad.
Jessica Vargas, la actual alcaldesa, está haciendo hasta el momento una buena gestión. Se anuncia la puesta en marcha del teleférico, la reconstrucción de la ermita, debería retornar la ecoferia de las primeras cuadras de la avenida San Martín, al costado del Gálvez Chipoco, peatonalizar algunas calles, y si sus buenas relaciones con el alcalde de Lima, permiten que se haga la sugerido con el Metropolitano habrá cambiado, para bien, la faz del distrito.
[La Tana Zurda]Carne cruda de María del Carmen Yrigoyen Arbulú (Lima, 1987) es un poemario publicado en abril de este año en Lima por la editorial Alastor como parte de su colección “Esplendor en la hierba” dedicada a novísimas poetas peruanas en la que ya han sido incluidas, entre otras, Victoria Mallorga, Gloria Alvitres Aliaga, Gabriela Atencio, Noraya Ccoyure o Guadalupe García Blesa. Esta colección no solo celebra la frescura y la originalidad de voces jóvenes, sino que también contribuye a la visibilización de perspectivas diversas en la literatura actual, ofreciendo un espacio vital para que estas autoras exploren y cuestionen la realidad desde su propia experiencia de escritura. A través de su lenguaje audaz y su mirada incisiva, Yrigoyen Arbulú se suma a esta rica tradición, aportando relevancia y frescura a la escena poética actual.
Carne cruda impacta por su visceralidad y su tratamiento del cuerpo como un campo de batalla donde lo físico y lo emocional se entrelazan de manera brutal y, a la vez, sublime. En esta obra, la autora explora los límites del lenguaje poético para expresar los abismos insondables de la existencia humana, recurriendo a imágenes potentes y sensoriales que evocan tanto dolor como belleza. Desde los primeros versos, se siente una intensidad que atraviesa cada palabra, como si la poeta quisiera arrastrar al lector hacia una experiencia de lo crudo, de lo no filtrado, donde la carne —metáfora del ser— es desgarrada por el lenguaje.Y es que precisamente el cuerpo es un tema recurrente en la obra, no como objeto pasivo, sino como un sujeto que sufre, goza y se enfrenta a su propia vulnerabilidad. Dividido en tres secciones (“Aéreos”, “Subterráneos” y “Submarino”), Carne cruda incluye poemas como “Órgano alado” o “Esqueleto” que convierten al cuerpo en un vehículo que transita entre lo material y lo metafísico, en una constante oscilación entre la realidad concreta y la metáfora poética. Incluyamos ambos poemas para que el lector aprecie de manera directa lo que estoy señalando:
ÓRGANO ALADO
No palpita
el corazón de papel
pero aletea zumba
y se bate a duelo con las pestañas
ESQUELETO
Emerjo
vértebra por vértebra
¡crezco tanto!
Parece que tuviera
más huesos en la espalda
Mi cabeza juega a hacer ochos
hasta soltarse
y rueda
rueda
rueda
junto a otras calaveras
a las que un extraño levanta
les llora
y a todas les dice POBRE YORICK
Como puede apreciarse, María del Carmen Yrigoyen utiliza el cuerpo para explorar temas como la identidad, el tiempo y el desgaste, pero siempre desde una óptica realista y directa, sin adornos innecesarios. En “Órgano alado”, el cuerpo se presenta como un espacio de resistencia y vitalidad, donde el “corazón de papel” simboliza fragilidad y artificialidad, mientras que el aleteo y el zumbido sugieren un deseo de escapar o liberarse de las limitaciones físicas. Asimismo, el lector es llevado por las sensaciones a escuchar ritmos internos y externos.Este dinamismo lúdico contrasta con el enfoque más sombrío de “Esqueleto”, donde el proceso de emerger “vértebra por vértebra” evoca la lucha y el crecimiento a través de la experiencia del sufrimiento. La imagen de la cabeza que “juega a hacer ochos” refuerza la idea de la búsqueda de identidad en medio del caos y la inevitabilidad de la muerte, simbolizada por las calaveras que ruedan en una danza macabra.
Ambos poemas, aunque distintos en tono y enfoque, comparten una preocupación por la transformación del cuerpo y su relación con el tiempo y la memoria. Yrigoyen desafía lo convencional, rompiendo con las expectativas del lector y lanzándolo a un viaje de imágenes provocadoras y, a veces, desconcertantes. La crudeza de sus palabras invita a una reflexión sobre lo efímero de la vida y la lucha por encontrar significado en un mundo que a menudo parece desvanecerse. La voz poética se convierte así en un medio para confrontar y reconciliarse con las experiencias de pérdida, crecimiento y renacimiento. El siguiente poema ilustra perfectamente lo que vengo diciendo:
LICÁNTROPO
Tu nariz empapada
me estremece los muslos
Puedo clavarte estacas
sumergirme en vino
pero la zanja es más bella
Aguardo la mordida
“Licántropo” evoca una mezcla de sensualidad y violencia, creando una atmósfera intensa y cargada de simbolismo. La imagen de la “nariz empapada” sugiere un instinto primal y animal, lo que conecta con la figura del licántropo, que simboliza la dualidad entre lo humano y lo salvaje. La primera línea establece un tono de intimidad y deseo, mientras que el estremecimiento en los “muslos” implica una vulnerabilidad ante una fuerza poderosa. La mención de “clavarte estacas” introduce una referencia a la figura del vampiro, pero en este contexto parece aludir a un intento de contener o enfrentar esa fuerza primitiva. La línea “sumergirme en vino” sugiere una búsqueda de escapismo o entrega, reforzando la idea de rendirse a la seducción de lo salvaje. De ahí la mención a la “zanja” que se menciona como “más bella” lo que se relaciona con el atrevido verso final —“aguardo la mordida”—, una declaración que encapsula tanto el deseo como la aceptación del riesgo. La mordida, un acto de consumo y de entrega, puede simbolizar la unión de lo humano con lo bestial, la atracción y la inevitable pérdida de control. En conjunto, el poema ofrece una reflexión sobre la atracción por lo oscuro y lo desconocido, donde el deseo y el peligro coexisten de manera intrincada en una escena de corte erótico-sexual.
Este tipo de temas se entrelazan con brillantez en el estilo preciso y, a la vez, abierto a la ambigüedad de María del Carmen Yrigoyen, lo que permite múltiples lecturas de sus poemas. La autora recurre a metáforas que juegan con la fragilidad del cuerpo y lo violento del mundo, invitando al lector a una reflexión lúcida (desde una madura conciencia del lenguaje literario) sobre la vida, el deseo, el sufrimiento y la muerte. Carne Cruda no es un libro fácil ni complaciente, pero precisamente en su sutileza y complejidad radica su belleza. A seguir con atención la trayectoria literaria de esta interesante escritora.
Manejar en Lima es aprender todo un sistema aparte del evidente que cuenta con reglas de tránsito, etc. Todos los conductores de la ciudad han desarrollado el tercer ojo, uno en la nuca y tal vez más. Si no es imposible, puedes terminar consumido por el flujo automovilístico y quedarte, literalmente, estancado. Nunca aprendí a manejar mecánico, de frente automático cuando me llevaban el primer año a la universidad, que aún tenía 17 años. John, mi maestro al volante, me dio una primera lección que hasta ahora no la olvido y la tengo en mente cuando manejo. Estar detrás del timón es como tener un arma me decía. Lo único que impide que te vuelvas loco y atropelles a la gente sin cesar es tu propio control, más allá de querer hacerlo o no. Si pierdes ese control o manejas desmedidamente, efectivamente puede ser letal. Felizmente no me ha pasado nada grave salvo uno que otro choque sin mayores consecuencias. Tal vez, lo peor que recuerdo fue chocar el carro de mi mamá con el de mi papá. Nervios de principiante.
John me recogía de la Universidad de Lima, cuando estudiaba ahí, y esas fueron mis pruebas de fuego para manejar luego ya solo. Para regresar tenía que entrar a la Javier Prado y cruzar al otro extremo en menos de 100 metros para dar la vuelta en u y entrar al otro sentido de la avenida. Después de varios meses de hacer eso lo logré Aun no experimentaba el temible road rage, furia al volante, por la emoción de las primeras semanas manejando. Iba feliz, con lentes de sol, rock y reggae a todo volumen y una mano salida por la ventana con un cigarro. En ese momento no sabía lo ridículo que me veía, pero no me importaba tampoco. Disfrutaba mi propia ilusión por mi primer carro.
La segunda prueba para manejar en Lima la tuve en la carretera y Huaylas, la avenida más caótica que conozco. Igual hay un truco para aligerar su tránsito y es ir por el carril del medio. La primera vez, luego de pasar por Huaylas me fui hasta Cerro Azul en el kilómetro 140, mi playa favorita, pero está bien lejos. Me moría de miedo cuando los autobuses gigantes pasaban por el costado a 80 o 100 kilómetros por hora que hacían que mi pequeño carro se sacuda. Como tenía amigos en el carro mi única meta era llegar seguro sin cometer negligencias. Agarré el timón con las dos manos y sin darme cuenta tensé todo el cuerpo. Cuando llegamos me dolía la espalda, parecía que me había quedado en la misma posición. En fin, si puedes manejar en todas las situaciones que he mencionado ya estás preparado para Lima, aunque en esta ciudad no se puede estar ciento por ciento seguro al volante. Ya que para que la viabilidad funcione tienes que contar con los otros pilotos y eso se sale de tu control.
Cada vez más autos; mayor contaminación y gasto económico improductivo, retrasos en cargas; la segunda ciudad con más tráfico del mundo; se pierden 68 horas extras al año; renovación de vías fuera de la vista; el tiempo medio en hora punta es de 30-60 minutos; según la pérdida de productividad el tráfico genera un costo de 2 mil millones de soles anuales; San Juan de Lurigancho y Ate tienen los peores resultados de contaminación por autos; mal empleo de semáforos y vías mal comunicadas y un paupérrimo trabajo de la PNP en el área de tránsito.
Esta semana salí en San Valentín por el cumpleaños de un amigo y el regreso fue espantoso. Sumado a que vivo en Barranco y se ha vuelto un infierno por su mala viabilidad. Miraflores estuvo pesado, pero avanzaba. Tranquilo en el carro enano de mi madre, un Fiat 500 de hace 10 años, escuchando Oasis y cantando. Llegando al límite con Barranco hasta bajé el volumen para pensar bien qué hacer. Era una estampida de carros que quería ingresar al distrito
Me puse nervioso porque hace dos años que no manejaba en estas circunstancias. Entré en modo tráfico: preparado para unas cuantas mandadas de mierda, meter carro y no dejarse intimidar por los micros de los que vale la pena recalcar su salvajismo. El diminuto carro no es una buena herramienta para las circunstancias, nadie te respeta y se meten como si fueras un triciclo. Antes sí caía en la tentación de pelearme sin límites. Ahora ya soy más relajado felizmente. Si quieres conocer la verdadera cara de un peruano míralo manejar. Muestran lo peor de cada uno. Simplemente no hay respeto y es la ley de la jungla. Por alguna razón la gente cree que se trata de competir y en el caso de los hombres parecen jugar a ver quién la tiene más grande. Bueno, qué se puede esperar de un país con la masculinidad frágil.
Las parejas de mis costados comenzaban felices, parecían coquetearse. Bastaron 20 minutos y ya se estaban peleando. Las motos locas se meten entre los carriles. Los típicos falsos bravucones que creen que pueden hacer lo que quieran por tener camionetas gigantes que no sirven para nada acá. Yo los cerraba a propósito con mi carro de un metro. Me molesta cuando se meten en partes de la ciclovía o se creen vivos por adelantar por donde no se debe. Unas 5 peleas de carro a carro. Nunca llegan a nada, pero es divertido verlas. Lima está mal de la cabeza, pero tiene su gracia.
Cuento dos anécdotas para entender un poco como se rige la psique colectiva del tráfico. Estaba bajo el sol y puse mi carro para que un camión no pueda adelantarnos en contra. Ojo que mi comportamiento infantil también entra dentro del análisis. Se puso a mi lado de alguna forma y me comenzó a insultar. Le expliqué y me contestó: ¿acá dónde está la autoridad? Me quedé pensando y es cierto, en las calles la policía y quienes deben regular están ausentes, en la propia capital. Me quedé sin palabras e igual me quedé ahí, sin moverme. Era conflictivo
La otra se dio cuando vi cómo un policía estaba manejando borracho, su compañero con una cerveza y prendían la alarma para hacer lo que quisieran. Ya todos vimos el video viral de un policía persiguiendo a otro para multarlo. En eso se basa nuestro tráfico. En una carrera sin reglas sin la noción de mi primer aprendizaje: manejar es como tener un arma. Lo olvidaba, me demoré 1 hora y 20 en llegar a mi casa.
¡Ya estamos en el túnel de árboles!, decía cuando de niño me emocionaba al saber que ya estábamos cerca de casa. Me refería a la corta calle de Pedro de Osma que se encuentra acompañada por árboles centenarios que se yerguen en los laterales, cuyas copas unidas le dan sombra a la vieja avenida. El ferrocarril que empapa el entorno de antigüedad y los rezagos de carriles metálicos cubiertos por cemento mal puesto fueron piso para mis aventuras y travesuras infantiles. Entre el OJO, PARE, CRUCE, TREN y el acantilado, aún sin mallas, fueron mi terreno imaginario. Ahí se encontraba mi pista de carrera para patines y skate, la mejor canchita de futbol con las veredas como límite y un par de palos de arco, ni había carros en esa época salvo uno que fue víctima de numerosos pelotazos.
El distrito es conocido por su vida bohemia y artística, grandes esplendores como Chabuca Granda, el poeta José María Eguren y uno de mis escritores favoritos, Abraham Valdelomar. Fue un centro de vanguardia en las artes de su tiempo. El famoso colegio Los Reyes Rojos lleva el nombre de un poema de Eguren. Barranco esta elegido entre los distritos más bonitos del mundo y National Geographic lo describe como el barrio más indispensable de Lima, para mí es una extensión de mi hogar. No solo yo crecí acá, también por el lado de mi madre han sido burranquinos desde que mi abuela era joven. Es por eso que no me imagino viviendo en otro distrito.
Mi madre fue al colegio San José de Cluny, que se fundó en el distrito en 1918, mi tío estudio en el colegio San Luis de Barranco, de 1926. Yo estudié en el Colegio Trener, excelente lugar, mis únicas quejas no rebaten la excelencia de ese colegio. Tal vez algo que no me gustaba es que me alejaba de mi querido distrito. Antes de los 10 explorábamos el barrio y al ser uno de los más antiguos permite que la imaginación de un niño vuele casi sin límite. La Bajada de Baños era nuestro camino a la playa y caminar por ahí daba la impresión de regresar a los años 30, sumado a la casi leyenda del funicular que bajaba a los bañistas.Cruzábamos el Puente de los Suspiros aguantando la respiración sin conocer la hermosa canción que Chabuca Granda le dedica. Llegábamos a la Ermita de Barranco, de 1874, y la admirábamos sin saber qué significaba ermita. Fantaseábamos con su interior porque se encontraba en ruinas, contábamos historias de terror sobre ella, como que un sacerdote se había ahorcado dentro. Después, ese lugar se volvió nuestro primer escondite para fumar cigarros sin que nuestros padres sepan. En todos estos años la belleza no ha disminuido y sigue emanando un aura de misticismo.
Uno de mis lugares más recorridos era la emblemática cantina Piselli que estaba en la esquina de mi casa, antes que se muden. Era mi lugar de abastecimiento para helados, coca colas y chocolates. Siempre estaban los mismos viejos borrachitos, lo digo con cariño porque siempre me trataron bien e incluso cuidado. Entraba escurriéndome entre ellos hasta llegar a la barra para pedir mis adicciones infantiles. Éramos los pequeños de la cuadra. Ahí conocimos al Zorro que en ese momento habrá tenido 20 años y sigue trabajando ahí.
Establecimos una amistad barrial con él y me sigue saludando cada vez que nos cruzamos: Cómo está mi gordito me dice, mientras me abraza. Hasta ahora recuerdo cómo en el boulevard de Barranco, uno de los antros de la ciudad, cuando recién salíamos a tomar nos comenzó a seguir un grupo de malandros que no ocultaban su amenaza, apareció el Zorro y les dijo: con estos no se metan, desde ese momento no he tenido ningún problema como ese.
Si bien solo he contado experiencias bonitas, no se salva de la inseguridad y pobreza que acecha a todo nuestro país. Es común escuchar de mal manejo policial y de robos a la luz del día. De hecho, a mi hermano le robaron con pistolas literalmente en mi calle. También es un centro de vida nocturna desmedida y la cocaína fluye como ríos en el boulevard. En esa calle de unos 100 metros es probable que te ofrezcan blanco, en sus palabras, unas 5 veces.
Para dar a conocer el trabajo abusivo, holgado y poco efectivo de la policía del distrito, les contaré una anécdota de la que no estoy orgulloso.A los 16 años, iniciando las tentaciones nocturnas, tuvimos una pelea porque un carro aceleró como para chancarnos y luego se bajó buscando pleito. Te cruzas a muchos tipos así en el barrio. Se fue a los golpes con un amigo en mitad de la pista y aparecieron primero 3 policías. Recalco que no estoy orgulloso y se lo atribuyo a mi conducta adolescente y desaforada de esos tiempos.De pronto aparecieron otros 3 policías y nos empotraron contra la pared, las caras pegadas al cemento, éramos 3. Nosotros decíamos que la pelea había sido por culpa de la otra persona y que nosotros éramos menores de edad. No les importaba y presionaban con más fuerza. Debido a mi explosividad del momento pude zafarme a empujones gritando que ya basta y que le estaban pegando a menores. Esta vez aparecieron 5 policías más.
Estábamos rodeados totalmente, el ambiente ya se había llenado de luces por los carros de los oficiales, la gente había salido de los bares en nuestra ayuda, suelten a los chibolos gritaban. Como es de esperar, nadie intervino. Todos sacaron sus palos y comenzaron con la golpiza, parecen inofensivos, pero es de los dolores más fuertes que he sentido. A ese punto mis instintos de defensa ya estaban acostumbrados y tuve que tomar una opción más ofensiva por los palazos y la humillación consecuente. Saqué mi celular para pedir ayuda, pero uno de los golpes lo hizo volar para no volverlo a encontrar. Me impactaron dos veces y ya en posición de defensa, con mis habilidades aun afiladas en ese momento, pude esquivar unos cuantos y golpear, tenía miedo de que nos maten. Al final eran como 15 policías, uno incluso sacó pistola, nosotros fuimos reducidos a un círculo abrazado recibiendo golpes. Algo mágico sucedió, una pareja de ancianos apareció en la escena y detuvieron el conflicto sólo con su presencia tranquila y abogacía por nosotros. Cuando nos vimos sueltos regresamos rápidamente a mi casa entre asustados y adrenalínicos. Luego descubrimos que hubo dos robos por la zona, pero que toda la fuerza policial se encontraba pegándole a tres chiquillos.
Este es mi querido distrito que, aunque ha sido plagado de tráfico tiene mi cariño intacto. No puedo dejar de comentar cómo la mala implementación del Metropolitano dividió el distrito en dos. El Metropolitano se vuelve una muralla diferencial. Donde lo que está del lado del mar es más adinerado y el otro lado lo contrario. Espero que se tome una medida para aplacar esa diferencia y unificar el distrito. A pesar de todo, muchas gracias, Barranco por verme crecer.