Constituyente

Pedro Castillo va a arruinar su gobierno si insiste, como parece por la convocatoria que ha lanzado Perú Libre para la próxima semana, en la realización de una “Asamblea Plurinacional Constituyente” y de un referéndum para el 2022.

No tiene el mandato ni la legitimidad para refundar la República. Ha ganado con las justas, y, según las encuestas, aún entre sus propios votantes, la mayoría no está de acuerdo con un cambio total de la Constitución.

Tiene, además, una posición relativa en el Congreso que no le permite llevar a cabo tal Asamblea. Solo tiene 42 votos fijos, a los que eventualmente podrá sumar algunos estratégicos, pero que difícilmente lo acompañarán si insiste en su propuesta maximalista.

La única vía legal que le queda es la de forzar la disolución del Congreso haciendo cuestión de confianza por un proyecto de reforma del artículo 206 para permitirle al Ejecutivo una tercera vía de reforma constitucional, como sería convocar directamente un referéndum para aprobar la Constituyente.

Lo más probable es que no obtenga el voto de confianza y así se vería obligado a recomponer un nuevo gabinete que insistiría con lo mismo. Si se le vuelve a negar el respaldo, recién entonces podría disolver el Congreso e ingresaríamos a una espiral endiablada de elecciones (elecciones para nuevo congreso, aspirar a tener en él a por lo menos 66 congresistas que le permitan aprobar la reforma del 206 en primera instancia; luego, convocar a un primer referéndum para consolidar la misma; si lo gana, convocar recién entonces al segundo referéndum para ver si el pueblo quiere una Constituyente; si gana ese referéndum recién convocaría a elecciones para la Constituyente y ésta deliberaría por lo menos ocho meses hasta arrojar un nuevo texto constitucional).

En ese trance, polarizaría al país, tendría durísima resistencia en el Congreso (la derecha y el centro unidos lo podrían vacar apenas se ponga en evidencia su intención de disolver el Congreso), generaría inmensa incertidumbre económica, muy pocos empresarios se animarían a invertir en tanto no se aclare el panorama, etc.

Castillo puede llevar a cabo el 99% de sus planteamientos de reforma izquierdista del modelo sin cambiar la Constitución. Insistir en ello solo revela una terquedad digna de mal augurio o una sujeción política a las redes radicales de Perú Libre que controla Vladimir Cerrón. Su insistencia en la Constituyente lo coloca a Castillo en una disyuntiva: o es un necio o es un títere.

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Constituyente, Pedro Castillo, Perú Libre