En casi todas las sociedades latinoamericanas se vivieron muchos cambios luego de ser parte de un fuerte ingreso de la globalización y algunas, sino muchas, reformas neoliberales que la precedieron, motivando la modificación de las perspectivas de los estados para entender y generar las formas de enfrentar los problemas que originaban la pobreza y generaban la exclusión, dando de esta manera un giro conceptual de las políticas sociales. Por esta razón, creo yo, que se puso en debate actual el tratar de encontrar el verdadero sentido de la aplicación de una política social, y de esta forma poder encontrar los mecanismos para atender este problema, poniendo énfasis en la llamada inclusión social.

Con la presencia de un nuevo orden mundial en materia económica se impulsan nuevas metodologías para aliviar la pobreza estructural de las poblaciones excluidas y necesitadas de apoyo en muchos sentidos. Por eso es válida la generación y en muchos casos la continuidad de programas asistenciales que buscan atender a priori las necesidades básicas insatisfechas, por ende la tendencia y misión actual es la de promover y fortalecer programas sociales que velen por las personas pobres y se consiga apartarlas de este círculo vicioso de pobreza, y por eso es que por ahí existen las transferencias condicionadas por subsidios monetarios, asistencias en la promoción de emprendimientos y/o generación de espacios de capacitación para el descubrimiento de habilidades innatas en la población para que puedan desarrollar auto sostenidamente crecimiento económico, de esta forma se va generando una gran cantidad de beneficiarios dependientes del Estado. Cuidado que estos planes generan dependencia en la sociedad.

Entonces, para el caso peruano no encontramos la diferencia, la situación como país latinoamericano es la misma, por eso me permito tratar de analizar dos situaciones que tendrían que revisarse con mayor profundidad y además es clave que las instituciones estatales involucradas en el tema de lucha contra la pobreza lo consideren para encontrar un camino óptimo para el desarrollo.

Advertir la dependencia es darnos cuenta que al ejecutar las políticas sociales, el beneficiario entra en una condición de espera, que lo motiva a generar dinámicas de subsistencia que dependen de la intervención directa del Estado, todo su desarrollo habitual toma como base de inicio las condiciones proteccionistas que le brinda la ayuda monetaria y su mínima estabilidad generada. El diseño de asistencia y protección no es malo pero la mayoría de las veces tienen un impacto de corto plazo y si no se le encuentra un cierre, los costos para la atención que genera esta dependencia implica un aumento del gasto social que no tendría retribución, sino que incrementaría los presupuestos, por ende, se conseguirá generar un vínculo extremo que será muy difícil de romper y por ende no es una salida sostenida de la pobreza. En resumen, son paliativos que se desintegran con el pasar de los años. Triste realidad, pero cierta.  

Por otro lado, promover la autogestión, el encontrar los mecanismos necesarios para revertir la pobreza y entrar en franca lucha para ello, hace que las posibilidades de la población beneficiaria incrementen y los fortalecimientos de sus habilidades y capacidades, los emprendimientos promovidos o las vinculaciones laborales, tendrían un efecto de sostenibilidad, creando autonomía y el comienzo de lograr ciertas estabilidades económicas. De esta forma, la política social que promueva la autogestión encontrara niveles de impacto al observar que se puede ir superando la pobreza de a pocos, permitiendo además la inclusión de más personas en los circuitos económicos, de la provisión de servicios. Son dos caras de una misma moneda, exageradamente vinculadas.  

Muchos beneficiarios asistidos por los programas sociales presentan características que validan su situación económica y los presenta como potenciales pobres, son parte de fichas de atención que certifican su condición, sin ellas no habría asistencia monetaria o de cualquier tipo, pero ayuda al fin, y esta situación genera pasividad y subsistencia pura. Por otro lado también, los mismos beneficiarios por lo general también son considerados con características resilientes que permitirían la autogestión, el cambio y crecimiento autosostenido. Los emprendimientos permitirían, por ejemplo, la existencia de circuitos comerciales que ayuden a salir de la pobreza. 

Sin embargo, la apuesta por salir de la pobreza esta anclada con la duda de tener lo seguro. La población curiosamente entiende que la formalización que sustente su mirada autogestionaria, de superación económica, quita la asignación de recursos asistenciales. Es muy cierto que las funciones del Estado son absolutamente necesarias, como ordenador y protector de los intereses nacionales de los pobladores, la gran tarea de reactivar la economía, y la atención de poblaciones vulnerables no debería traslaparse. Lo pongo mas sencillo: “Te subsidio como pobre extremo, te saco de la pobreza, tú decide” “Formalízate y comienzas a salir de pobre” “saliste de la lista de extrema pobreza ya no recibes nada”. Cuidado con eso, no debemos sin pensarlo promover la informalidad. Somos un país emprendedor, si emprendemos hagámoslo con seriedad y el estado deberá ser parte de esta discusión, y lograr la inclusión social.

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Autogestión, Economía, Globalización

En los años 90 del siglo pasado, estando aún en la universidad, uno de mis primeros trabajos de campo marcó ese camino que los siguientes años se encargaron de fortalecer en mí la pasión por la antropología: la realidad urbana tradicional, los barrios históricos, los barrios antiguos muy limeños motivaban mirar comparativamente a aquella población que había conquistado grandes espacios y que ya criaban terceras generaciones de nuevos limeños en lugares que habían sido habitados productos de las llamadas “invasiones”. Una realidad que sin dar cuenta avizoraba un gran tema a tratar a futuro cercano, el pase al siglo XXI, y la gran “conquista de Lima”.

Mi trabajo, comparaba jóvenes de los Barrios Altos frente a jóvenes del distrito de el Agustino, propiamente la primera etapa de la Cooperativa Huancayo, demás está describir que aquella población había establecido una red social del centro de nuestro pais, y por allí se explica el nombre de la cooperativa. Los barrios tradicionales contaban con jóvenes que en su mayoría mostraban características muy conformistas, muy metidos en los proyectos de corto plazo, la sociedad de las esquinas primaba en las juventudes, junto con la salsa y a veces el rock, mientras que muchos jóvenes de la cooperativa Huancayo tenían una mirada más cuesta arriba, proyectos largos y las conquistas habían sido su pan de cada día, la luz, el agua, las pistas y Chacalón era verdaderamente el descriptor de su historia. Momento clave perdido para el aprovechamiento pensado para el desarrollo y crecimiento socioeconómico.

  En los años 90, repito esta comparación barrial se podía dar, aun existían esas marcadas diferencias poblacionales, aun había rasgos culturales que condicionaban actitudes y la cultura y la personalidad se veían asociadas. Pero luego de muchos años, esta historia se equilibró y la zona urbana se hizo una y la pobreza urbana se estancó y se perdió en el olvido. La ciudad “no es pobre” pareciera pensarse.

A simple vista no interesa tal resumen y descripción, sin embargo, sirve para pensar una realidad que motiva muchos temas de análisis a futuro, pues los barrios tradicionales como los Barrios Altos por ejemplo se han estancado, ya las casas señoriales son almacenes de emprendedores y negociantes, la historia comienza a tener amnesias en la población y los barrios que fueron emergentes, ahora entran en ese conformismo y la cascada de decepciones sociales alimentan los estudios de la historia de la población en el Perú.

Pues bien, ahora se habla de pobreza urbana que, como forma de exclusión económico-social, es un problema grave y las dimensiones en el que se advierte son las dificultades de acceso al trabajo principalmente vinculante a otras carencias, aquellas que sufren las personas para alcanzar una vida digna, bien sean de salud, educación y cualquier otra, independientemente del lugar de la población afectada. Sin embargo, es importante conocer las brechas en que se manifiestan a fin de poder diseñar políticas adecuadas para atenderlas. En las últimas décadas las situaciones de privación que padecen las personas han ido mostrando cada vez más formas diferenciadas según habitan en zonas urbanas o rurales. Con la salvedad que los rurales, por cuestión natural tienen más posibilidades de ser atendidos y de crecer en emprendimientos comunales o desarrollo productivo agrícola, por esa razón es que los nuevos enfoques metodológicos de medición de la pobreza hacen la salvedad para el estudio de la pobreza urbana y rural; y, sobre todo, para conocer los procesos de empobrecimiento que hacían surgir esas formas específicas y distintas de pobreza en una y otra área.

He allí entonces una explicación de ambas partes. La sociedad sin asistencia, conocimiento y acompañamiento se estanca, se vuelve conformista y lo peor de todo invisible. La mayor pobreza que existe está en las zonas urbanas tradicionales, el olvido de los barrios antiguos que rodean Lima es latente y el caos y los temores que se viven son producto de la falta de atención. Las autoridades mucho miran a los cerros y la atención siendo necesaria es muy lírica, muy asistencial, y no está mal, pero los cerros son emprendedores, son comunales, son diferentes. En la ciudad tradicional, hasta las polladas ya perdieron la esencia de la ayuda en cooperación. 

Hay mucho pues por desarrollar, mientras ustedes seguro dicen, qué mirada tan corta de la pobreza urbana en el Perú, y yo les respondo, NO, las consecuencias las genera el mismo Estado. Hace muchos años un estudiante se dio cuenta que el conformismo de la ciudad pasaría factura, los primeros “conquistadores” se sumaron al conformismo y esto se repetirá siempre que haya falta de oportunidades, de mirada, de lectura, de atención. 

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Conformismo, Economía, Urbano

Hace unos días, revisando unos artículos, confirmé que se han comenzado a acuñar a nivel mundial, algunos conceptosque buscan conversar, entender y comenzar los cambiosintegrales, dándole mucho valor e importancia a la ruralidad. Y pude avizorar que, se puede comenzar a hablar en la academia y/o desde la gestión pública, sobre todo, de unarevitalización de la agricultura, que puede entenderse como la búsqueda por mejorar la calidad y con los productos agrícolasentrar a un tema de competitividad muy serio.

Para ello tendríamos que ir considerando también de manera muy seria, varios elementos que han sido trabajadosestos años en algunas de mis colaboraciones en este portal, como por ejemplo el fortalecer las habilidades y las capacidades empíricas de nuestro campesinado, fomentar la calidad de este personal localizado y que tiene un gran conocimiento de su diversidad productiva, clave, este momento, el de la asistencia técnica y capacitación constante.

La cultura del trabajo familiar, que genera una cultura rural inteligente y constante, comunal a veces, pero con un nortesiempre, el desarrollo, enfrentando a la sola subsistencia, que podría promover el desarrollo, siempre y cuando por otro ladose fortalezca la gobernanza de los gobiernos locales.

Los distritos rurales, deben ser capacitados, acompañadosy escuchados, dándoles el soporte necesario para poder hacerusos de las pautas que el estado nacional determinanormativamente. Conocer las leyes, los presupuestos, losprogramas, las atenciones y hacer uso de ellas es muyesperanzador, están ahí muchas veces, y los mandos distritalesdígase alcaldes a veces las desconocen.

Entonces podría entender que la clave de la estrategia para una revitalización rural reside en la coordinación constante con el mundo urbano, existe una bisagra campo ciudad que la hanconstruido socialmente las migraciones internas, sin darsecuenta, las comunicaciones patronales, los péndulossocioculturales, el paisanaje aún existe y construye, moderniza, cambia percepciones, la linea de comunicación está y eso, pensándolo bien es una puerta para el cambio que lo rural necesita. Una revitalización que enfatiza “el descubrimiento del valor rural y la promoción de la libre transacción de factores de producción entre los sectores rural y urbano. A nivel mundial, la revitalización rural es una consideración estratégica para mejorar la competitividad y el estatus internacional en el sistema de gobernanza global.Y no se debe temer a losobjetivos que este concepto presenta, pues se quiere lograr a través de esta revitalización rural el desarrollo industrial, el respeto con el medio ambiente, una gobernanza eficaz y nuevas buenas opciones para el sector rural.

Se debería comenzar a evaluar cómo cooperar y cómocoordinar para plasmar que ésta idea se haga realidad, puesademás se debe considerar la fortaleza y estrategias que el mismo mercado maneja, que las instituciones públicas seaninvolucradas con conocimiento real del tema planteado, la política normativa debería revisar elementos que coadyuven al cambio rural, proponer lo nuevo y buscar que el campesinoevalúe seriamente lo familiar, lo comunal y la asociatividad, como caballos de fuerza para su crecimiento y desarrollo

La coordinación entre lo rural y lo urbano es muyimportante, el estado y el mercado deberían mirarse de frente, los efectos de la migración interna ser aprovechados en lo social, cultural, todo esto y otros pensares generarían la fuerzanecesaria para revitalizar una agricultura que solo sobrevive.

Muchos temas, como siempre se filtran para posteriormente ser tratados, las políticas culturales rurales, las políticas industriales rurales, el sistema serio de la gobernanzarural, las políticas rurales de defensa del cambio climático y muchos más. Lo cierto e importante es reconocer que, si no lo ponemos en el tapete del debate, no se estaría haciendo nada. Muchos dirán o pensarán, nuevamente que iluso, pero no, debodecir que la solución es más sencilla de lo que parece, solo hay que echarle ganas.

El tema del emprendedurismo requiere obligadamente de un concienzudo análisis económico y social, pues se siguen presentando temas de vital importancia que entiendo necesitan una mirada seria. Las movilidades sociales continúan, los péndulos económicos “de hecho” están existiendo con más fuerza en todas las capitales del pais, las redes sociales humanas se fortalecen cada vez más y no solo dependen del mundo digital, sino que se siguen transmitiendo a nivel de lo presencial, se convierten en un instrumento, la interculturalidad trae consigo nuevos temas por descubrir, nuevas sociedades, muchos cambios sociales también, lo competitivo abre paso a la búsqueda de estrategias a nivel social y claro está a nivel de estado. Ya pasó el tiempo de jugar a ser emprendedor y acuñar esa palabra a toda apuesta momentánea de necesidad, ya es tiempo creo yo, que los emprendedores apuesten por la seriedad que una oportunidad económica de crecimiento y desarrollo les llega, esa empresa debe pasar la barrera del tiempo mínimo establecido por las experiencias vividas en la brega de subsistencia. 

Me parece, que no estamos teniendo la lectura fina de entender que, en esta coyuntura global y mundial, cada vez estamos más motivados a las libertades laborales, a la independencia horaria, o mejor dicho a la empresa hecha a la medida. El emprendimiento es considerado en muchos países como activos económicos que deben ser trabajados, apoyados y seguidos de manera adecuada, pues comienzan a generar pequeños espacios que singularizan la forma en que vivimos y trabajamos. Con éxito, muchas innovaciones pueden variar los niveles de vida, además de crear riqueza, también crean puestos de trabajo y sientan bases modernas para construir una sociedad más prospera. 

En el artículo anterior, mencionamos al campesinado como la unidad productiva por excelencia que soporta todos los cambios económicos y que es vital para la construcción de un gran cambio dirigido por el estado, para ello es muy importante poder integrar los conceptos del emprendimiento con la educación, con la sostenibilidad que brinda el fortalecer capacidades innatas del poblador rural, afianzar las familias para que desde sus conocimientos empíricos y tradiciones culturales de trabajo colectivo puedan generar grandes empresas, donde la asociatividad, venza los egoísmos individuales. Las familias campesinas deben asociarse y con el apoyo del estado, comenzar a hacer frente a los obstáculos cotidianos que los monopolios generan. Los “trucheros”, los “alpaqueros”, los lecheros” y todos aquellos pobladores que busquen obviar los intermediarios tienen la posibilidad de emprender a nivel de sus familias y sus comunidades.

 El ideal de una cultura emprendedora es innovar, es liderar con inteligencia, crear siempre condiciones positivas para la acción y el éxito, es cultivar una mirada consciente y real frente al crecimiento y a la riqueza, así como las habilidades para tomar riesgos, adaptarse y transformar lo pensado en realidad. Para ello las familias rurales constituyen una buena base de apoyo.

Los emprendedores rompen con las ofertas tradicionales existentes, presentan nuevos o renovados productos o afinan los servicios, dando lugar a la creación de nuevos puestos de trabajo y que en ocasiones produce un efecto de cascada o círculo virtuoso en la economía al desarrollar nuevos negocios satisfacen las necesidades de la población y por ende del pais, generando gran incremento en la productividad. Así es como se genera más y mejor empleo que contribuye a un mayor valor agregado de la economía. El empleo y el trabajo también se puede quedar en el sector rural.

Me reafirmo en pensar que los emprendimientos individuales y colectivos son definitivamente un motor para el crecimiento de un pais. Tanto así que ya han sido incluido en la agenda política de muchos países, con políticas públicas, con programas con normativas que garantizan el buen desarrollo de esta actividad, en consecuencia, el pais debe considerar este fenómeno económico y social y hacerlo parte de una estrategia para el crecimiento. Y el sector rural es clave. Repito.

Haciendo un rapidísimo recuento de como en el Perú se trabajan las políticas sociales, podemos partir en primera instancia que no se consideran los emprendimientos como un tema social y mucho menos laboral. Los programas sociales en el Perú siguen siendo asistenciales, temporales y a veces eternos por un lado y en otros un tanto desfasados cuando de capacitación para el trabajo se habla. Falta una gran mirada social, cultural, de afinamiento en estrategias consensuadas y avaladas por el mismo actor involucrado. Es por eso que para plantear un desarrollo económico el reto es sensibilizar a la política, a las instituciones, a los empresarios, para que todos ellos consideren como agentes de cambio a aquellos grupos que suman en recursos primarios y transformables, las familias campesinas, en este caso específico. De esa forma la economía y a la sociedad tendrán un impacto positivo. 

Por otro lado, es muy importante también, que los programas sociales consideren los escalones que la economía construye día a día entre la población, se fije en la verdadera necesidad de la población en general, la rural y la urbana también, (no quiero olvidarme de lo urbano), los autoempleos deben tomar forma de emprendimientos monitoreados y estratégicamente útiles para un crecimiento pais. 

Dar la alternativa de cambio a un poblador o una familia rural, que necesita ayuda es darle un instrumento para construir su desarrollo. No todo es asistir, el acompañamiento de las capacidades y fortalezas en el poblador peruano permite ver éxitos empresariales en todos los niveles, como ya se ha escrito, desde las empresas comunales hasta las innovaciones que la cultura te permite. Los andes y la amazonia saben emprender también, las familias saben emprender, solo es cuestión de captar la idea de desarrollo y escucharlos.

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Economía, Emprendimiento, familia, rural

Todos deben coincidir en que la generación y la aplicación de las políticas públicas son realmente importantes, puesto que brindan el marco general para un trabajo coordinado y de cumplimiento obligatorio por parte de las instituciones que son involucradas en las intervenciones estipuladas. Sobre todo, desde un Estado que centraliza y en la práctica convierte a los gobiernos locales de alguna manera en solo agentes de intervención, pues el poder adquirido por éstos que les permitiría tomar decisiones propias sobre su esfera de competencias, muchas veces es limitado por múltiples razones. Una razón, supongo, es la carencia de definiciones estándar que se maneja desde el gobierno central y los espacios regionales. Aunque parezca imposible, es una verdad.

Es por esta razón que muchas políticas nacionales que apuntan al desarrollo de todo lo denominado rural, han sido estructuradas y se manejan tomando como base los conceptos que se explican desde lo urbano o desde la ciudad propiamente.  Siendo recurrente la debilidad que se muestra, creo yo, al momento de intervención. Cabe decir que no es exclusividad que “lo rural” sea visto solo por los gobiernos regionales con fuertes componentes en lo rural, pero si es muy importante su presencia en la construcción de políticas de atención. Por eso es necesario de que los ejecutores de las mismas estén bien capacitados y sensibles a la realidad. 

Es necesario entonces, que el concepto del tema rural debería construirse desde el conocimiento del espacio y la propia región donde se trabaja, viendo las densidades poblacionales, las particularidades y colectividades, la cultura, la organización social, el trabajo que desarrollan propiamente, las múltiples características diferenciadas, pero lo más importante, es tener bien claro cuál es su base estratégica de subsistencia. Y apuntar a trabajarla, fortalecerla, potenciarla y canalizarla para un desarrollo auto sostenido que permita su ingreso a un mercado mayor. Dicha base estratégica es la agricultura. Con la Agricultura surge un sector social que es definido normalmente como la unidad económica campesina familiar, cuya modalidad de producción se caracteriza porque la fuerza de trabajo y los medios que tienen para trabajar en el campo, se constituyen en un solo valor, constituyendo de esta manera la muy conocida categoría social que representa la mirada al campo: La familia campesina.

Ahora bien, plantear y/o sustentar el ingreso de un modelo de economía capitalista al agro no tiene por qué hacer desaparecer el modelo de organización campesino tradicional, donde es la familia la base de la producción, y que mantiene una modalidad de economía local, pero para entrar en esa apuesta, se debe considerar entre muchas, estas interrogantes: ¿Qué rol cumple la cultura para una resistencia hacia el cambio? ¿Qué papel juegan la organización social (el parentesco) en la defensa de la cultura tradicional? Teniendo las respuestas, se podría conseguir que toda propuesta para el desarrollo tenga la oportunidad de avanzar y de fortalecer al campesino. Este modelo de organización socioeconómica campesina basado en la familia es tan fuerte, que resiste cualquier crisis y valida cualquier cambio. El medio rural es representado por la familia campesina, cuya lógica económica de producir bienes transables, en franca sumatoria con más familias, generan redes y podrían tener efecto quizás sobre los precios en los mercados locales y regionales y aunque parezca paradójico, la práctica económica tradicional campesina, que se basa en una unidad básica de producción, de trabajo familiar, se podría constituir en la base también de una futura economía de mercado muy aprovechable desde el sector rural.

En conclusión, volteando la mirada y reconociendo en la familia campesina, en el agro, en la práctica económica tradicional campesina, basada en su unidad básica de producción, el grupo familiar, es un aliado, en lo económico, de una entidad superior, la economía de mercado el verdadero significado y valor que posee el sector rural, se tendría la oportunidad de comenzar a trabajar varios temas con mayor firmeza, identificando una vez más, en este sector, su espíritu resiliente. La mirada hacia la agricultura debería ser renovada, el campo mismo es una necesidad, darle juventud a los que trabajan la chacra, (ahí vendrían políticas con respecto a este tema) construir y fortalecer la asociatividad, generar los péndulos económicos, aprovechando del fenómeno migratorio los retornos estacionarios, es decir, entender y fortalecer la mirada de la familia campesina emprendedora, darle mayor valor. El Pais es rural y urbano como muchos otros países, las redes están construidas, lo social es fundamental para la generación de propuestas, lo económico es la base para fortalecer y sustentar dichas propuestas, la articulación de instituciones, etc. Respetemos el campo, el sector rural es clave.

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agricultura, campesino, Economía, redes

La sociedad peruana en general se ha desarrollado a través de la historia con una serie de fenómenos sociales que han marcado mucho su devenir, y ha mostrado características muy particulares en los espacios urbanos que han visto este proceso. 

 Cuando observamos manifestaciones o acontecimientos que nos son rutinarios y los resultados son por decir lo menos novedosos y en parte comienza a generar impacto, estamos pues ante un fenómeno social, que, entre muchas definiciones con debate incluido, mis amigos sociólogos pueden resumirlo como “………todos aquellos eventos, tendencias o reacciones que tienen lugar dentro de una sociedad humana establecida. Se evidencian a través de modificaciones colectivas de conducta”

No hay duda de que los entornos influyen en cada persona y de alguna forma se encuentra explicación de cómo actuamos como sociedad. De lo individual a lo colectivo, se van gestando también los cambios sociales de un fenómeno más grande que trasgrede todo tipo de rubros, desde lo económico, cultural y propiamente social que incluye ideas, modas, hasta religión, como expresiones que se van dando y van acumulando tiempo. Todo esto nos lleva a pensar en abrir nuevas posibilidades para el desarrollo y crecimiento de los espacios involucrados, considerando la idea del progreso, de la productividad y quizás también del consumo. Es importante entonces considerar varios temas que aplican en este trastoque natural que provoca un fenómeno social, como por ejemplo educar para el trabajo para que todo lo que signifique una mirada productiva posibilite el desarrollo integral de la población, inmersa ya sea como hacedora o como resultado de un fenómeno social, generando algún tipo de valor económico, una mirada de mercado. Nuestra sociedad es diversa, pluricultural, multicultural, cada cultura que tenemos tiene el derecho a ser escuchada, respetada y también valorada, para que el desarrollo de la misma sociedad se dé dentro de la diversidad, permitiendo un éxito continuo y prometedor. 

Es ya una realidad en el mundo, el rescate y la valoración de las diferencias, donde lo singular, lo especifico de cada grupo es importante y útil, por persona, por comunidad o como un colectivo social. Las migraciones son fenómenos sociales plenos de toda investigación, adecuación, aceptación y acogida, donde exigimos todo un proceso de construcción de convivencia. En el Perú, lo pasamos (las migraciones campo-ciudad) y nos adecuamos o nos vamos adecuando a este fenómeno y ahora el espectro se amplia y comienza o quizás continua el reto haciéndose internacional. Muchos migrantes comienzan a cambiar escenarios y la cuestión se traslada a nivel nacional. Trastocando o poniendo la cuestión identitaria en cuestión, donde se revisan posesiones culturales que hagan frente a lo nuevo. Es un juego de costumbres legitimadas y asimiladas desde los espacios de acogida que se “fortalecen” naturalmente.  Sin embargo, es importante que el tema se comience a trabajar con detenimiento desde los lugares, distritos propiamente donde se percibe esta situación de encuentro de nacionalidades, de culturas y que la acogida que nos corresponde, permita un desarrollo y crecimiento armónico.

En otras palabras, es papel fundamental de los municipios, que, como gobiernos locales, tomen habida cuenta que el fenómeno social que estamos viviendo, presenta un escenario de convivencia, aprendizaje, enseñanza que permite se genere una realidad próspera, venciendo percepciones a priori. El Perú es un pais emprendedor, donde se nace emprendedor, por historia más que por necesidad, bueno, este detalle debería abrir las mentes para aprovechar lo nuevo y afianzar con el conocimiento una mayor competitividad para beneficio conjunto y crecimiento sostenido. La convivencia enseñará nuevas técnicas y potenciará la localidad utilizando la estrategia del conocimiento compartido.

Un enfoque migratorio, en las políticas nacionales tendría mejores resultados dada la coyuntura expuesta, la sensibilización de las autoridades y de la población de acogida con respecto a este tema, podría afianzar mejores emprendimientos, y considero que comenzar por los gobiernos locales con ordenanzas de acogida y tolerancia, seria de mucha utilidad. La violencia en las calles, podría reducirse, con la aceptación social y convivencia horizontal. La defensa de un espacio sería conjunta y los migrantes también se preocuparían por salvaguardarlo. Todo es cuestión de tomar el toro por las astas. Gracias.

En el artículo anterior reflexionábamos sobre la importancia de poder identificar cadenas de valor a nivel de regiones, teniendo como base todos los procesos de adaptabilidad social y cultural que ha tenido nuestro poblador en el Perú. Una cadena de producción genera empleo, fortalece las competitividades, aplaca las crisis, amortigua los conflictos. Pensarlo como estrategia no es descabellado y considerarla a nivel nacional menos. Es una posibilidad palpable, necesaria y posible, solo se necesita comenzar a concretar los procesos que nos lleven a dicha atención.

CEPAL ya en el año 2001 manejaba el concepto de cadenas productivas, considerándolas como una concentración de sectores a nivel geográfico con empresas dedicadas a las mismas actividades o actividades que están relacionadas, ya sea de atrás como para adelante, es decir desde la producción hasta la comercialización o viceversa (entendida como un circuito) y que cuenten con importantes economías externas, colectivizando el desarrollo. Este enfoque de cadena productiva, desarrollado en Europa en los años setenta, “ha permitido mejorar la competitividad de los productos y servicios de las empresas al promover la definición de políticas sectoriales consensuadas entre los diferentes actores de la cadena” (Carbajal y Tovar, 2009).

En esa línea, es importante considerar la idea de un encadenamiento industrial que como entidad socioeconómica permite a una comunidad social que está compuesta por organizaciones sociales, y con agentes económicos localizados en estrecha cercanía física dentro de una determinada región geográfica, generar un bien común en la forma de productos, tecnologías, valores y conocimiento organizacional que contribuye a la generación de productos y servicios altamente competitivos en el mercado global. De aquí se desprende la característica central que diferencia a los encadenamientos industriales competitivos de las simples e inevitables aglomeraciones geográficas de agentes económicos.  Es decir, una cadena de funciones que coordinen sistemáticamente.

En el Perú, cual pais diverso se presentan muchos ejemplos de posibles encadenamientos, especialmente alrededor de actividades de tipo artesanal y/o preindustrial, considerando las actividades textiles, agrícolas, ganaderas, acuícolas, etc., que son desarrolladas en estrecho trabajo comunal andino y amazónico. Estos encadenamientos tienen fuerte componente cultural que han sido desarrollados a lo largo del tiempo, y que pueden ser muy aprovechables, sin embargo, aun percibimos déficits de inversión, innovación y capacidad para gerenciar, que imposibilitan afianzar su competitividad. No podemos negar que existen agentes económicos que trabajan en estrecho vínculo geográfico, con capital fuerte y tecnología acorde a los tiempos, pero que siguen operando como islas, sin ejercer niveles profundos de cooperación entre las empresas y mucho menos con las comunidades involucradas en el primer escalón de la producción. He ahí nuestra debilidad, no identificar con seriedad esta realidad, teniendo todo para empilar un cambio económico y productivo, solo falta decisión. Existe entiendo una comisión congresal que ve estos temas, sería bueno mirar el tema. 

Con todo lo expuesto, esta estrategia pais planteada, hace posible imaginar lo interesante que sería considerar, las cadenas productivas como instrumentos de política pública que permitan fomentar y posibilitar el desarrollo económico en un determinado territorio geográfico. Permitir la integración de los actores involucrados en la producción y comercialización de un bien o servicio. De esta forma, se busca una mayor coordinación entre los productores, proveedores de insumos, empresas de servicios, comercializadores y consumidores finales.

En ese orden de ideas, el interés de formular la estrategia nacional para el desarrollo de las rutas productivas con base en las cadenas productivas nace que la gran mayoría de unidades económicas como las mypes, las asociaciones, las cooperativas y todas formas de instituciones socioeconómicas, para el cumplimiento de sus metas productivas necesitan de la contribución de actores públicos y privados, en las cuales se establecen complejas modalidades de colaboración, el Estado como tal y la inversión privada permitirá el desarrollo y crecimiento social y económico de una región respectivamente. El misterio del capital no es un misterio. Lo tenemos claro.

Es papel del Estado, comenzar el desarrollo de unas rutas productivas que definitivamente considere a todos los que quieran involucrarse como los emprendedores, las mujeres y hombres, (no existe exclusividad de género, es un error de siempre), los tecnológicos, los globales, es decir, las rutas de producción marcan el camino y acompaña nuevas intervenciones. Solo es cuestión de pensarlo. Con ferias y mercados asistidos no se soluciona nada, apostemos por más. Es el reto.

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Emprende

En muchos artículos he buscado dejar sentado lo importante que es tomar en cuenta las particularidades que los sistemas de adaptabilidad humana geográfica generan. La relación de lo ancestral cultural, con la productividad en las regiones es un tema clave que facilitaría un desarrollo y crecimiento cuasi integral. A ello se suma que somos un pais que ha visto en décadas del siglo pasado, movilizar poblaciones que ahora en la actualidad componen péndulos de comunicación económica, social, cultural coadyuvando a construir nuevos escenarios sociales y económicos que son importantes para la mirada de un país que busca crecer sistemáticamente.

La necesidad clara de nuestro país es fortalecer un desarrollo y crecimiento económico que permita no solo vislumbrar la solidez de un mercado interno sino también tener las herramientas suficientes para mirar hacia afuera y exportar. De tal forma, la sociedad, con la mirada rural productiva, con la necesidad de crecimiento de la agroindustria y también con el desarrollo de un circuito financiero que ayude a los empresarios populares, tendrá elementos para visionar el éxito.

En un contexto internacional y luego de diversos escenarios económicos y sociales vistos en el país, considero que el Estado Peruano está casi en la obligación de intervenir de manera sistémica desdesus distintos niveles orientando una reactivación que tenga en el tejido empresarial el aliado que coadyuve a concatenar procesos de desarrollo económico territorial basados en el fortalecimiento de cadenas productivas estratégicas que beneficien a corto plazo a las familias peruanas. Hay que identificar cadenas de valor a nivel de las regiones y construir un tejido de crecimiento productivo. Es una tarea de las instituciones del estado de manera articulada.

En los últimos años el concepto de cadenas productivas ha tomado relevancia debido a la capacidad que se genera al poder impulsar undesarrollo y crecimiento económico que permitan la competitividad entre los países. A nivel mundial se han implementado políticas nacionales que han buscado orientar estas cadenas de valor bajo estrategias que permiten a la larga el fortalecimiento de distintos sectores económicos.

Se necesita impulsar procesos de colaboración intersectoriales e intrasectoriales una vez identificadas las cadenas productivas que puedan generar una cadena de crecimiento desde todo el proceso productivo y que sean estratégicas en cuanto a la generación de empleo, y que avizore competitividad en el mercado nacional y mundial. En los casos como el agrícola, se entiende que hay quepensar en procesos que van desde la siembra hasta el mercado, por ejemplo; ahí se incluyen ministerios como el de Agricultura, luego el de la Producción y porque no pensar también en el del Mincetur. Lacolaboración y la comunicación entre los diferentes eslabones son fundamentales para garantizar la eficiencia y la calidad de todo el proceso productivo. No voy a negar que existen experiencias que buscan atender esta necesidad que expongo, pero, falta la coherencia que da una intervención consensuada y articulada. De verdad eso no hay.

Es urgente implementar intervenciones con enfoque de cadena de valor que incorporen en los procesos productivos nuevas herramientas tecnológicas, afinen las herramientas de gestión empresarial, programen actividades que no estén separadas de la mirada responsable con el medio ambiente; en fin, el acompañamiento en dichas intervenciones debe ser también constante a fin de articularse con los motores iniciales de estos procesos como lo son por ejemplo las MYPE, las cooperativas y los distintos modelos asociativos empresariales que existen.

Promoviendo una mayor participación de las unidades de negocio en las cadenas de valor a nivel local, regional, nacional y global pienso que las oportunidades puedan generar mejoras en la productividad, crear mayor innovación en productos; aumentar el empleo dando puestos de trabajo de mayor calidad; se debería fortalecer los eslabones de la producción hacia atrás y adelante; incluyendo, repito, a las micro y pequeñas empresas de bienes y servicios en las cadenas de valor sería una interesante apuesta; y, por ultimo no perder de vista la necesidad de fortalecer la capacidad exportadora de las empresas locales con su consiguiente inserción en cadenas globales. Propuesta global. (ONU, 2017). Además, la inclusión de micro y pequeñas empresas en las cadenas productivas estratégicas es fundamental para su éxito; ya que éstas suelen ser los principales generadores de empleo en los países y su participación en las cadenas productivas les permite acceder a nuevos mercados y mejorar su competitividad y productividad.

Lo expuesto en estas líneas analiza lo importante que es la identificación de las cadenas de valor a nivel de regiones, teniendo como base todos los procesos de adaptabilidad social y cultural que ha tenido nuestro poblador en el Perú. Una cadena de producción genera empleo, fortalece las competitividades, aplaca las crisis, amortigua los conflictos. Pensar en esta estrategia país no es descabellado. Los planificadores de todo pais en el mundo saben lo importante que es definir las metas a corto, largo y mediano plazos. Queda en nosotros darle la importancia y categorizar el tiempo para esta intervención para la productividad.  La agricultura, la acuicultura, la ganadería, y más lo esperan.

Existe actualmente en la mayoría de jóvenes peruanos y quizás en el mundo, (no lo sé), la idea de “ser sus propios jefes”. El mercado ha calado de tal manera en las mentalidades de los jóvenes, sobre todo, que hace que les resulte atractivo emprender con los entusiasmos propios de la edad, negocios que busquen ser innovadores, competitivos, y que en el corto tiempo les permita la holgura de vida de un empresario exitoso. El filtro de la realidad es fuerte y solo los más preparados y consientes de las dificultades podrían comenzar la estabilidad deseada de un negocio que se emprende con fe y dedicación. 

En el mundo urbano, la competitividad es muy fuerte y los emprendimientos son más focalizados a necesidades ya estandarizadas, pues los servicios y las atenciones son ya parte del normal consumismo de la sociedad actual. Los jóvenes comienzan a madurar la idea de fortalecerse con las oportunidades comerciales que van identificando, creando sólidas bases para su desarrollo y crecimiento económico; Las redes económicas y sociales siguen funcionando en la ciudad y es muy importante canalizar los esfuerzos de muchos jóvenes con necesidades económicas o con visiones de oportunidad empresariales, para consolidar sus emprendimientos. Es el momento de los emprendedores y el Estado ha dejado de verlo como una realidad palpable, minimizando su importancia. Hay muchos ejemplos que confirman esta afirmación, las familias emprendedoras, o los jóvenes emprendedores dejados de lado.

Sin embargo, yo sigo insistiendo en que además del mundo urbano que emprende, sin dejar de ser importante, no perdamos de vista al sector llamado rural, pues ahí se sienta las bases para que se comiencen a gestar emprendimientos innovadores que se convertirán más adelante, en propulsores de una economía que genere grandes procesos de cambio, y de esta forma pase a ser determinante en la generación de riqueza y empleo. Esto es clave pues, para impulsar dinamismo en cualquier economía. Es allí donde comienza a ser muy importante el interés por analizar las dinámicas de los emprendimientos y sus implicaciones, tomando en cuenta las estructuras que generan la producción y su desarrollo, dando pase a la innovación y el crecimiento de cualquier ciudad.

Si del mundo rural se trata, el Perú que con su diversa geografía es lugar de, en todo sentido, muchas particularidades, se alimenta de un fuerte componente que solo es entendido con el estudio de los componentes culturales y que en jóvenes rurales van asociados a la fuerza de la edad y a los entusiasmos regionales. Por ende, corresponde destacar como en las regiones se releva la importancia de identificar y considerar emprendimientos individuales, asociados o comunales, que valiéndose de las redes sociales estampan fuerza en los espacios que se van generando a nivel económico, y donde la competitividad es un elemento determinante para el desarrollo. Se abre así, camino a una alternativa propia donde se comienza a acuñar el termino de emprendimiento rural como una posibilidad latente y casi nueva, los llevados a liderarlo son los jóvenes rurales, quienes son hijos de la mentalidad del retorno, del ida y vuelta, del campo y ciudad, son los elegidos. 

Las alternativas que se generan desde los emprendimientos rurales son muchas y van de la mano con el interés de muchos emprendedores que comienzan a identificar oportunidades de negocio en entornos alejados de las ciudades, y son los espacios rurales los que persiguen este fin, para ir adecuando su entorno a los cambios que el mercado presenta. No es una generalidad, pero son las mujeres rurales las que generan mayores posibilidades para emprender un negocio, vale decirlo rural. Es una tendencia no solo en el país sino en Latinoamérica o quizás el mundo. 

Habría mucho que decir, cuando se piensa en emprendimientos rurales, ya en muchos artículos lo he mencionado, se generaría cambios sociales, se afinaría las apuestas innovadoras, la competitividad regional sería saludable, en fin, los jóvenes rurales deben emprender, sabiendo que tienen como base su propia geografía y la diversidad de recursos que ello origina. Mercado hay, solo se espera que la mentalidad de ser sus propios jefes se consolide y se fortalezca en el campo con la m irada madura de emprender. Para ello, es necesario ir al campo para fortalecer esas capacidades innatas que la historia ha demostrado es real, sobre todo en los jóvenes del campo.

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