Shakira

A la vez Piqué, que no es ningún santo de mi devoción, pues la verdad que ha quedado como un miserable machista y, como se dice en buen peruano, como todo un “pendex” posee una fortuna de «apenas» 80 milloncitos de dólares o algo por ahí.

Estos dos supermillonarios se agarran a trompadas mediáticas y ella se embolsica varios millones más por la nueva canción, que evoca muy bien el sentimiento de despecho y de dolor que encara Shakira no solamente como mujer, sino como madre. 

Con respecto a su posición ideológica sería bueno que optara por un bien social en lugar de brindar su apoyo a gente tan incoherente como a Álvaro Uribe, el funesto y derechista presidente colombiano de los paramilitares y la corrupción.

Por eso, está bien denunciar el machismo y la falta de lealtad, el oportunismo de muchos hombres (menos mal, no todos) y el arribismo de las “chibolas de quinta” por chapar un marido rico. En eso Shakira tiene razón. Pero a la vez no podemos ocultar con rabo de paja qué representa Shakira en la mentalidad consumista e individualista de las nuevas generaciones y lo que su ejemplo como ciudadana (tanto colombiana como española) significa para las jóvenes de hoy. No es ninguna santita ni menos una heroína o una mártir.  Pero sí, somos solidarias porque el dolor como mujer y madre que ella experimenta es mucho más fuerte que el lúdico placer del joven Piqué en su relación con la voluptuosa Clara.

Por todo lo dicho, prefiero identificarme mil veces antes con las campesinas aimaras, quechuas, huancas y de todas partes que han llegado a Lima a reclamar el derecho de tener un estado que las represente y que atienda a sus reclamos históricos, a buscar justicia por sus hijos y parientes asesinados. La posición de Shakira es un chancay de a medio al lado de muchas de las situaciones por las que las mujeres peruanas suelen pasar.

Nunca perdamos la perspectiva, mis queridas hermanas lobas.

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