Podría decirse que las celebraciones por el Bicentenario de la independencia del Perú ni comienzan ni terminan. Nuestro país tiene una historia tan convulsa y tantos protagonistas en sus acontecimientos políticos que es difícil fijar de manera unívoca cuándo se dio la verdadera independencia y por lo tanto la fundación plena del estado-nación peruano.

La fecha oficial, como sabemos, es el 28 de julio de 1821, cuando el general José de San Martín proclamó la independencia en Lima con su famosa frase «El Perú es desde este momento libre e independiente por la voluntad general de sus pueblos y por la justicia de su causa que Dios defiende». Al menos así es como la aprendimos en la escuela. Pero el acta misma de la independencia se había firmado trece días antes, el 15 de julio.

Para colmo, San Martín ya había declarado la independencia el año previo, el 27 de noviembre de 1820, en Huaura, y hubo en esos meses iniciales de 1821 numerosas adhesiones que confirmaban el sentimiento de que los exsúbditos peruanos de la corona española empezaban a sentirse ciudadanos de un país independiente. O sea, una independencia subjetiva.

Sin embargo, el virrey La Serna mantenía la hegemonía militar en la sierra y es por eso que, en la práctica, aún no había completa independencia. En ese contexto, y caballerosamente, San Martín accede a dejarle el terreno libre a Simón Bolívar en el famoso encuentro de ambos gigantes de la historia en Guayaquil el 26 y 27 de julio de 1822. Bolívar, quizá más ambicioso, buscaba desde el norte consolidar la independencia de su patria, la Gran Colombia, con una derrota definitiva de cualquier rezago de presencia española en el vecino Perú.

El resto ya es conocido: las victorias patriotas fueron protagonizadas por peruanos, colombianos, argentinos, chilenos y soldados y oficiales de distintas procedencias. Junín el 6 de agosto de 1824 y Ayacucho, el 9 de diciembre de ese mismo año, obligaron al ejército español a capitular y reconocer el poder político de los rebeldes, que poco a poco irían organizando un nuevo estado bajo el mandato del «dictador» Bolívar, en medio de disputas locales y rencillas egoístas que hasta hoy no acaban.

Pasados casi doscientos años de esos enfrentamientos militares, de donde han surgido nombres ya legendarios como los de Córdova, Necochea, Miller, Sucre y varios más, inmortalizados en los versos de José Joaquín Olmedo en su canto a «La victoria de Junín», las regiones correspondientes de Junín y Ayacucho desafían hoy el centralismo limeño y se preparan a conmemorar los aniversarios de las gloriosas batallas en sus propios términos.

Por lo pronto, el gobierno regional de Junín ha organizado para el próximo miércoles 28 de febrero el «Primer Encuentro Internacional de Historiadores, Profesionales y Estudiantes de Latinoamérica: Junín Bicentenario, a 200 Años de la Libertad Americana». Se trata de un foro con algunos de los mayores especialistas de distintas disciplinas que animarán la reflexión y el debate sobre el acontecimiento histórico de Junín.

Participan Manuel Andrés García (desde España), Susana Aldana (desde Perú), Juan San Martín (también de Perú), Apolinario Mayta (ídem), José Antonio Mazzotti (Perú-EEUU), Francisco Quiroz Chueca (Perú) y Gustavo Montoya (ídem). Se trata de una pléyade de peruanistas de talla internacional que abordarán la batalla de Junín desde distintos ángulos, incluyendo el literario y el militar.

La cita es en la Sala Raúl Porras Barrenechea del Congreso de la República el miércoles 28 de febrero de 3 a 7 pm.

Ojalá sigan las conmemoraciones y que Ayacucho haga lo suyo.

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Ayacucho, Bicentenario, Junín

Tuve la gran oportunidad de vivir en una época maravillosa de cambios y transformaciones, de reivindicación y de fraternidad. Desde muy niña estuve expuesta a tíos jóvenes que querían cambiar el mundo, que querían revertir el orden y ofrecer otra perspectiva de vida. Ellos no escribieron textos, pero sí fueron grandes gestores al construir puentes para enlazar culturas en nuestro mismo país y hacernos creer que era posible realmente cambiar la historia y sembrar la equidad.

Mi relación con la muerte ha sido muy difícil desde niña, pero aprendí a ser resiliente. Sin embargo, todavía es muy triste y deprimente estar tan lejos de los seres queridos cuando algo de esta naturaleza sucede. Por eso, escribo para rendirle tributo a los míos, a personas que nos enseñaron y nos brindaron su amor de una manera sobrenatural hasta muchas veces mucho más que la familia de sangre.

Eran los 70, y en la esquina de Panamá con Ricardo Palma en un restaurante bastante conocido llamado el “¡Oh, Qué Bueno!” siempre se juntaban jóvenes, entre ellos, mis tíos, mi papá, mi familia. Tuve la oportunidad desde muy niña de conocer muchas personas buenas, pero mi tío Pedro Pablo era y es una gran influencia y por él empecé a conocer a gente extraordinaria, entre ellos al tío Italo Molinari.

Como colegiala y en mi juventud visitaba a mi tío Pedro en el Cuzco y eso significaba conocer gente preciosa que no juzgaba, sino que compartía. Siempre para el 16 de julio íbamos a la fiesta de la Virgen del Carmen en Paucartambo, nuestra gran Mamacha, y poco a poco conocí a cada amigo, a cada persona que componía esa gran familia comunitaria en el Cuzco entre ellos los tíos, Talo y Elisa.

Me fui del país, pero siempre volvía, todos los veranos gringos, regresaba y pasaba momentos increíbles, y veía en ellos que siempre estaban abriendo nuevas rutas, haciendo grandes proyectos. Realmente, fue por Talo y Pedro Pablo que conocí a los Ballumbrosio y cuando me casé con Filomeno, Talo siempre estuvo ahí, y para la familia.

Talo fue una persona que con su enorme amor llegaba hasta el sitio más recóndito, Él era la aventura personificada, era una persona que nos miraba desde lejos pero no perdía su objetivo, el de cuidarnos y protegernos. Realmente fue una época de nuevas conquistas y diferentes retos. Yo me enamoré de un afroperuano y para nosotros fue muy difícil convivir en el Perú por el racismo y clasismo que había. Talo nos enseñó que esas lacras sociales se combatían con amor, con convivir, con hacer sentir a otras personas lo equivocadas que estaban, y que la familia se hacía no solamente de sangre, sino de lazos más fuertes y poderosos. De ahí nació su gran amor por todos los Ballumbrosio, y claro para toda Chincha, para todo el Cuzco, para todo el Norte.

Hoy tío Talo ya no está con nosotros, trascendió y ahora se ha juntado con su Compadre Champita, con su Comadre Adelina y con su ahijado FIlomeno (quien fuera mi esposo, también fallecido). Desde esta esquina, le rindo homenaje a un Padrino-tío que ofreció todo su amor y que ahora está manejando su carro rojo a toda velocidad por el cielo. Gracias, tío Talo, por tus enseñanzas y sobre todo por tu amor.

Talo, ¡Presente!

A muchos nos agarró por sorpresa, justo entre Navidad y Año Nuevo, el 29 de diciembre último, la noticia de la súbita muerte de Iván Rodríguez Chávez (Cajamarca, 1941-Lima, 2023). Quizá su nombre no les suene a todos, pues no era amigo de salir en grandes medios de prensa ni de aspavientos políticos. Sin embargo, en el ámbito académico peruano e internacional se trataba de una figura que despertaba muchísimo respeto y admiración.

Iván Rodríguez Chávez era un académico y un humanista en el pleno sentido de la palabra. Se inició como educador en la década de 1960, llevado por su vocación de entrega al conocimiento y el aprendizaje en los más jóvenes. Sin embargo, por razones de diversa índole, entre otras el maltrato a los profesores durante la segunda fase del gobierno militar (1975-1980) optó por seguir estudios de Derecho y ejerció como jurista en los años posteriores. 

Esto no borró su vocación de maestro y su pasión por la literatura. Siempre mantuvo la mirada abierta hacia la magia de la creación verbal y hacia un entendimiento del Derecho más allá de las frías normas jurídicas y ese vocabulario muchas veces árido de las legislaciones.

Lo que el Dr. Rodríguez Chávez buscaba era el sentido primigenio de la ley, es decir, el objetivo principal, que debe ser siempre la justicia. Detrás de las constituciones, los códigos penales y civiles, los decretos y las normas vigentes, siempre debe prevalecer la idea del equilibrio entre las partes y del reconocimiento debido al mérito de cada uno.

Es así como empezó a elaborar ya desde esos años una serie de nexos que vincularían dos grandes disciplinas, sus pasiones: Derecho y Literatura como campos que tienen numerosos puntos de encuentro. Como el mismo Iván Rodríguez Chávez señaló en algún momento: «Si el Derecho se comprende como una normativa que se orienta a regular la vida social del hombre para alcanzar la justicia, y la Literatura como la expresión artística que simboliza los avatares sociales y culturales de la humanidad, de hecho que se advierte la importancia de una necesaria articulación entre ambas disciplinas para enriquecer el entendimiento del ser humano en sus distintas y complejas facetas de la vida social» (en su libro Vallejo para abogados, del 2014, p. 17).

Muchos de sus escritos han abordado esta zona altamente interdisciplinaria, siendo que Iván Rodríguez Chávez se convirtió muy pronto en uno de los pioneros de esta nueva área de estudios a nivel continental. Con ese motivo se realizó en noviembre del 2023 el «Primer Congreso Internacional sobre Derecho y Literatura en América Latina: Homenaje a Iván Rodríguez Chávez» en el campus de la Universidad Ricardo Palma, institución de la que fue rector durante los últimos diecisiete años hasta su fallecimiento.

La primera publicación derivada de ese importante congreso, que reunió especialistas de Europa, América Latina y los Estados Unidos, es el volumen que se presenta en su homenaje este lunes 29 de enero a las 11 am en el mismo campus de la URP (Av. Benavides 5440, Surco, Lima). Ha sido editado diligentemente por la Dra. Gladys Flores Heredia, gran vallejóloga peruana, y el actual rector de la URP, el Dr. Félix Romero Revilla. Contiene sustanciosos artículos de destacados intelectuales peruanos y del exterior, como Francisco Távara Córdova, José Antonio Mazzotti, Javier Morales Mena, Gustavo Reynaldo Domínguez, Manuel de J. Jiménez Moreno, Ricardo González Vigil, Thomas Ward, Rosario Valdivia Paz-Soldán, Wilfredo Kapsoli, José Felix Palomino Manchego, Camilo Fernández Cozman, además de los mismos editores.

Iván Rodríguez Chávez ocupó también los cargos de Presidente de la Asamblea Nacional de Rectores del Perú (2004-2011), Presidente del Consejo Universitario Iberoamericano (2009-2010), Presidente del Consejo Universitario Andino (2009-2010) y Vocal en el Consejo Ejecutivo de la Unión de las Universidades de América Latina y el Caribe. Asimismo, en 2011 fue condecorado con las Palmas Magistrales con el grado de Amauta por el Ministerio de Educación del Perú.

Entre sus estudios académicos se cuentan La ortografía poética de Vallejo (1974), El derecho en «El mundo es ancho y ajeno» (1982), Entre la incomprensión y el deber. La universidad peruana hasta la década del 80 (1993), Introducción al Derecho (2002), Otra ventana sobre Ricardo Palma (2003), César Vallejo al pie del orbe (2006), Pensadores y forjadores de la universidad en el Perú (2009), Vallejo para abogados (2014), El pasado recurrente (2019) y Las buenas cuentas (2021). Además, publicó numerosos artículos en revistas profesionales del Perú y el extranjero.

Sus poemarios incluyen Melodía de la nostalgia (1999), Amortropía (compilación de varios libros inéditos, el 2005), Cusco, sinfonía pétrea en seis canciones y una melodía (2005), Vidamar, con pétalos de estrella en primavera (2009), Cardiomiel (2013), Jardín de cosas y de circunstancias (2017), entre otros. 

Si tiene  tiempo, vaya a la URP este lunes para empaparse de información sobre el creciente campo del Derecho y la Literatura y la gran figura de este peruano ejemplar que buena falta nos hará en el futuro.

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academico, Ivan rodriguez

[LA TANA ZURDA] Costa y sierra (o, léase mejor, el Perú criollo y el Perú indígena y mestizo) han sido dos aspectos que han convivido de manera asimétrica desde tiempos coloniales. Sabemos de sobra que el poder político y económico se ha ejercido desde entonces en la costa, específicamente Lima, cuando Pizarro decidió asentar su nueva sede de gobierno en el florido y poblado valle del río Rímac, usurpando sus derechos al cacique Taulichusco. Poco a poco el fértil valle fue depredado para construir casas y edificios convenientes a los conquistadores. Los árboles fueron desapareciendo y el descuido de los canales de regadío que por cientos de años habían hecho de este enclave un lugar productivo consiguió que poco a poco la población indígena se dispersara, quedando apenas algunos agrupamientos en lo que después fue llamado el «cercado» (hoy Barrios Altos), Magdalena, Ate y pocos más. El incremento continuo de españoles y el crecimiento de la población criolla empezó a configurar una ciudad que se pretendía blanca desde sus inicios, aunque sabemos que por igual se daban mezclas que les otorgan a los autoasumidos «blancos» peruanos sus rasgos amestizados hasta hoy. O sea, europeos bamba, pero con ínfulas de pureza racial.

Con la independencia formal de 1821 simplemente se renovó la dominación occidental y los indios y mestizos del interior siguieron viviendo casi en las mismas condiciones de antes, pues los corregimientos fueron sustituidos por las haciendas y cualquier intento de modernidad pasaba por cuentagotas por la redoma limeña. La historia es bien conocida y no sé si merece la pena resumirla una vez más, salvo para subrayar que de ese supuesto «atraso» de la provincia surgió en el siglo XX la mejor respuesta que pudieron dar los grupos históricamente dominados: uno de los mayores escritores peruanos, José María Arguedas, cuya grandeza consiste en haber sabido dar cuenta de la expresión del mundo quechua aprovechando la letra europea, uno de los mecanismos iniciales de la dominación occidental.

En el entonces pueblo de Andahuaylas, en 1911, como se ha dicho, nace este pequeño que pierde a su madre muy temprano y es obligado a vivir entre la servidumbre indígena. De ahí surge la figura maternal por excelencia, doña Cayetana, que lo criará como hijo propio y le enseñará el quechua con la ternura y la generosidad que todo niño merece.

José María no solo destacó como narrador, desde sus primeros cuentos publicados en 1933 (el entrañable «Warma kuyay», por ejemplo) y sus libros como Agua (1935), Canto quechwa (1938) y Yawar fiesta (1941), a los cuales seguirían otras notables novelas y numerosos artículos periodísticos y recopilaciones del saber oral de los pueblos andinos.

Pero donde Arguedas también renueva la literatura peruana es en la poesía, con sus contundentes poemas publicados en quechua y español en la década de 1960, luego recopilados póstumamente en 1972 bajo el título de Katatay.

Ahí Arguedas avizora la invasión migratoria de las ciudades costeras, en un desembalse incontenible que cambiaría el rostro del Perú, hasta el punto de que hoy Lima es la ciudad quechuahablante más grande del mundo.

Sin duda que al Perú le falta mucho aún para ser un país unitario y homogéneo, pero ejemplos como el de Arguedas nos hacen mantener una esperanza, no tanto hacia la mezcla y el discurso mestizófilo, sino hacia el cultivo y, sobre todo, el respeto de nuestras diferencias.

El 18 de enero, pues, es una fecha clave en el Perú. Que sirva para recordar cada año, como diría Vallejo, nuestro «trémulo, patriótico peinado».

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18 de enero, Arguedas, Lima, Pizarro

[LA TANA ZURDA]  La ola Arguedas sigue imparable

Siete ediciones en un año es un récord que pocos libros alcanzan. Kachkaniraqmi, Arguedas, la novela de Eduardo González Viaña, ha sido publicada en Madrid, Lima y Boston y ha completado 77 exitosas presentaciones en universidades, centros culturales y ferias de libros en el Perú y el extranjero.

La primera presentación fue hace un año en la Universidad Complutense de Madrid y la que sigue será en Hunan, China, donde la obra y el autor han sido seleccionados para un congreso sobre literatura mundial el próximo abril.

La novela narra la vida de José María Arguedas. González Viaña lo hace con una prosa que la crítica sin excepción califica de magnífica. Bryce decía que “dan ganas de cantar, mientras se lee a González Viaña”. Pero ¿quién cuenta la historia? Como ocurre siempre en el mundo andino, son las montañas, los zorros y los ríos quienes la entonan en un concierto armónico y poderoso.

Otro acontecimiento en el género novela fue Le dedico mi silencio, la última de nuestro Premio Nobel Mario Vargas Llosa. Sus obras siempre despiertan interés desde antes de que se hayan terminado de imprimir. Ese es el caso de esta historia de músicos y decepciones. En el Perú, su patria, como en el ámbito mundial, se ha esperado con pasión entreverada de angustia esta obra que se anuncia como el «ultimum opus» del gran autor. Las opiniones, sin embargo, están divididas entre quienes la consideran un viaje agradable por la cultura y la música peruana y quienes querían oír el canto final del cisne y no lo hallaron.

Entre los libros más vendidos del género novela figuran, además, Los genios, de Jaime Bayly (desigual pero divertida); El mundo que vimos arder, de Renato Cisneros; Cien cuyes, de Gustavo Rodríguez; Francisca, de Alonso Cueto; Cenizas en el cielo, de Juan Morillo Ganoza; Danza entre cenizas, de Fabiola Pinel; y El Camarada Jorge y el dragón, de Rafael Dummet.

Sobre algunos de estos libros y otros de años recientes sobresale el ensayo lapidario La guerra cultural de baja intensidad en la literatura peruana, de Miguel Arribasplata Cabanillas, que cuestiona la validez ideológica y formal de una buena parte de la que el crítico norteamericano Mark Cox llamó la «prosa pituca peruana». Recomendamos leer este ensayo para tener una visión menos celebratoria de algunos autores ensalzados por intereses editoriales y no por su calidad literaria.

En cuento solo puedo mencionar La rebelión, de Luis Fernando Cueto Chavarría, y Geografía de la oscuridad, de Katya Geraldine Adaui, como lo más legible que llegó a mis manos.

César Vallejo sigue siendo best-seller en 2023

El ilustre poeta peruano continúa impulsando a brillantes estudiosos para tratar de desentrañar su asombrosa obra, dado que el 2023 fue el año del centenario de Escalas y Fabla salvaje, los dos primeros textos narrativos del gran autor de Santiago de Chuco. Por eso, hay que mencionar la muy completa César Vallejo. Correspondencia, de los acuciosos investigadores Valentino Gianuzzi y Carlos Fernández, que contiene el recuento más completo de las cartas de Vallejo y un erudito aparato de notas. También sobresale Vallejo, a un siglo de Trilce: nuevos estudios, del poeta y catedrático peruano José Antonio Mazzotti, quien lee y relee Trilce y explica por qué es un clásico que traspasará los tiempos y las generaciones. El libro está conformado también por 27 artículos de los más destacados vallejólogos del mundo. Otro importante libro sobre el poeta es César Vallejo, Trilce y dadá París: huellas de un estímulo silenciado, del ya mencionado Carlos Fernández, que estudia la relación del primer vanguardismo europeo con la obra de Vallejo. Asimismo, hay que destacar Las mujeres de Vallejo, de Miguel Pachas Almeyda, uno de los mayores biógrafos del poeta, que nos cuenta la importancia de las musas y la madre de Vallejo tanto en su vida como en su poesía, y la edición facsimilar y los estudios que acompañan a Escalas, por el infatigable editor Jaime Chihuán y su sello Sinco Editores (sí, con S).

Poesía, producto peruano de exportación

En poesía destacaron, sin duda, Murmullos del delfín Koshoshka (Antología mínima), de José Antonio Mazzotti, la edición inglés-español de Nawa Isko Iki / Amazonian Chants (en Nueva York) y la edición francés-español de Nawa Isko Iki / Chants Amazoniens (en París), del mismo autor. También Exhumaciones del colibrí, de Edián Novoa (otro destacado poeta del Movimiento Kloaka); Cosecha de invierno. 50 años de poesía 1973-2023, de Dante Lecca; Cenizas en la aurora, de Edwin Camasca (en tono ecológico); el regreso del noventero Xavier Echarri después de treinta años de silencio con Un ciervo en la carretera y la publicación de Enrique Bernales Albites con El lenguaje que la nombra; el notable Canta en mi nuca el ruiseñor, de la excelente Zoila Capristán; y Poesía reunida 1985-2016, que compila los cinco libros publicados de la poeta ochentera Rossella Di Paolo. Menciono también Cisnes del transbarroco José Morales Saravia y la antología que compilé del grupo La Huaca es Poesía, donde aparecen voces jóvenes como Valeria Chauvel, Brenda Vallejo, Lesley Costello, Sandra Luna, Yazmín Cuadros y Santiago Morales junto a los ya consagrados Rafael Hidalgo, José Antonio Mazzotti y Raúl Bueno.

Perú, país histórico y crítico

La historia y la crítica fueron foco de atención en libros como Presidentes por accidente, de Christopher Acosta; La guerra del Pacífico, de Carmen McEvoy; Yo tirano, yo ladrón: memorias del Presidente Leguía, de Augusto B. Leguía; Esclavos, jesuitas y el baratillo, de Zelmira Aguilar; Coros mestizos del Inca Garcilaso: resonancias andinas, segunda edición corregida y aumentada de este ya clásico de los estudios garcilasistas por José Antonio Mazzotti; Non onan Shina, libro de los artistas e investigadores Pedro Favaron y Chonon Bensho, con enfoque altamente interdisciplinario; la edición más completa hasta ahora de las Tradiciones cuzqueñas de Clorinda Matto de Turner, por el investigador peruano Christian Fernández Palacios; y sin duda Los incas, en la ruta del Antisuyo y el Atlántico, del reconocido antropólogo e historiador José Carlos Vilcapoma.

Dejo fuera muchas cosas, pero, como decía al principio, no se puede ser exhaustivo y completamente objetivo, ni a la vez ni por separado. Si quieren ver otras opiniones, vayan a los periódicos de la DBA y de la caviarada, donde abundan las componendas grupales y editoriales.

Feliz Año Nuevo y mucha lectura.

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Autores Destacados, Literatura peruana, Novelas 2023, poesía peruana

[LA TANA ZURDA]  En el Perú, diciembre quema, por el cariño, por el ambiente, por la comida, por las fiestas, pero también, literalmente, por la manera de festejar que tenemos, de comprar y reventar «cuetes», o sea, cohetes, cohetones, cohetecillos, ratablancas, rascapiés, mamarratas, calaveras, pokerratas, luces de Bengala, en fin, toda una variedad de explosivos de diversos tamaños, colores y sonidos. El problema no es solo la gran cantidad de heridos que causan, hasta el punto de llegar a mutilar dedos y manos, sobre todo de niños dejados al descuido, sino que esto cada vez perjudica más a otros seres que cohabitan con nosotros.

A menudo y por tradición se han festejado las celebraciones de fiestas religiosas, y días cívicos, así como feriados patrióticos con fuegos artificiales. La pirotecnia aparece en las celebraciones de fiestas patronales, aniversarios y hasta conciertos. Era lindo ver cómo el cielo se encendía con formas y figuras psicodélicas que formaban figuras espectaculares, pero ese festejo –como los de la Navidad y el Año Nuevo– trae como consecuencia muy malos efectos tanto a la tierra donde vivimos como a los seres vivos.

En la actualidad ya se han evidenciado los problemas que conlleva el uso de estos explosivos hacia las personas con condiciones diferentes, autistas y personas que sufren enfermedades respiratorias. Asimismo, las personas que tienen síndrome de Down o alguna condición mental sufren muchísimo por las explosiones que emiten estos festejos. Y ni mencionemos a perros, gatos y mascotas en general, que literalmente sufren dolor por los ruidos tan altos, que, a la larga, solo contribuyen a lo que se conoce como contaminación acústica.

Realmente es bien cuestionable la forma de expresar de esa manera nuestra devoción, nuestro cariño y nuestra lealtad hacia algo que queremos. Más bien, deberíamos expresarnos de una forma en la cual no se dañe a nadie y no se malgaste el dinero en algo tan dañino y perjudicial.

Numerosas cuentas en redes sociales se quejan de tener que compartir un espacio limitado donde se prenden castillos de fuego y entre las humaredas y los ruidos, la gente no puede hallar tranquilidad. Las autoridades tratan de vigilar estos actos, pues realmente debemos considerar si pertenecen a nuestro siglo o no. La Superintendencia Nacional de Control de Servicios de Seguridad, Armas, Municiones y Explosivos de Uso Civil (SUCAMEC) es la rama de la Policía Nacional que viene desde hace años tratando de controlar la fabricación y el comercio ilegal de estos explosivos de «entretenimiento». Y lo más importante, su uso, pues muchas veces este se hace sin supervisión alguna y de ahí es que surgen los accidentados, que terminan abarrotando las salas de emergencia de hospitales, clínicas y postas médicas. Y a veces hasta la morgue.

Nuestra falta de conciencia cívica a veces nos lleva a actuar de manera absurda y peligrosa, atropellando los derechos de los demás y poniendo nuestras vidas en riesgo.

Si queremos un Perú mejor, empecemos por apoyar y difundir las campañas de prevención. Manifestemos nuestro sentido de la Navidad y los augurios de Año Nuevo de manera más pacífica y menos peligrosa. En vez de comprar cohetones, compremos chocolates, demos un abrazo a quien lo necesita. Recuperemos el espíritu fraterno de la Navidad. La explosión de cariño debe ir por dentro.

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Consecuencias, Festividades Peruanas, Impacto Negativo, Pirotecnia

[LA TANA ZURDA] La razón de las diversas celebraciones en los Estados Unidos de América es que dos de sus miembros residen, trabajan y se dedican a la actividad creativa y de gestión cultural en universidades de ese país. Me refiero a Enrique Bernales Albites y a Chrystian Zegarra Benítez. Ellos forman parte de la gran diáspora peruana que se ha incrementado en proporciones geométricas desde la década del 80 y que hoy constituye una de las más interesantes manifestaciones de la creatividad de nuestra literatura, que añade el matiz de la migrancia externa a una ya múltiple y multilingüe tradición.

Los tres miembros sobrevivientes de Inmanencia (Enrique Bernales, Chrystian Zegarra y Florentino Díaz) se reunieron por primera vez en el extranjero en junio del año 2000 en México DF.   Más tarde y después de más de dos décadas se volvieron a reencontrar este último octubre del 2023 para seguir creando y compartiendo la poesía y el saber, la literatura y el sentir. La ocasión se presentó por una invitación de la Feria Internacional del Libro de Lawrence, Massachusetts, a la poeta Marilú Herrera Arone, para presentar su libro Secrets of Love in the Night junto a Florentino Díaz, editor de dicha publicación.

Aprovechando la estancia en Massachusetts, el poeta e investigador Chrystian Zegarra, en colaboración con la docente y gestora cultural Wendy Llorente, extendieron una invitación  a través de la Universidad de Colgate a Enrique Bernales, Marilú Herrera y Florentino Díaz para un encuentro de diálogo entre los actuales integrantes de Inmanencia y una presentación performática por parte de Marilú Herrera y Florentino Diaz en dicho espacio académico en la ciudad de Hamilton, en el estado de Nueva York.

Ahí se dieron tres días de reflexión, lecturas y compartir poético sobre cómo se formó Inmanencia y sobre las expectativas y sentires del grupo en la actualidad.  Asimismo, Marilú Herrera y Florentino Díaz presentaron la performance «Blue and Orange» sobre el libro Secrets of Love in the Night en la Universidad de Colgate.

Entre los días 26 y 28 de octubre se fue desarrollando la conversación e ideas en torno a Inmanencia en sus 25 años desde la publicación de su primer libro colectivo en octubre de 1998. Estas ideas vertidas en esos diálogos se pueden sintetizar del siguiente modo:

La situación de la humanidad se presenta en un contexto de crisis aún mayor que la de 1998. La crisis de lo humano y las amenazas transhumanistas y de violencia global se han agravado y actualizado en los últimos años.

La advertencia que precisó Inmanencia sobre la creciente deshumanización (desde su primera publicación en 1998 y en los distintos recitales performáticos realizados desde aquellos años) y su preocupación y búsqueda del mito –en la propuesta de retorno a una raíz originaria y espiritual de la creación en todas sus formas– es hoy en día una propuesta ya no sólo poética sino pedagógica y que se aúna a un «zeitgeist» global en cuanto a la urgencia de un cambio de paradigma de existencia en la comunidad humana.

La propuesta de Inmanencia se actualiza hoy en día en la amplificación del ámbito de creación poética como origen y fuente de una visión pedagógica. Es decir, no solamente es necesario expresar y manifestar creaciones poéticas, sino que la propia manera de transmitir formas de leer la realidad y maneras de concebir lo valioso de esta constituye también una necesidad a realizar. La creación es también pedagógica, formativa y lo formativo, lo educativo se convierte en una forma de creación.

La reflexión actual de Inmanencia se centra en la conceptualización de los elementos fundacionales de nuestra humanidad:

  1. La relación con la dimensión sagrada (su reconocimiento, su ejercicio, su operatividad transformadora).
  2. La recuperación de los valores de la amistad, la comunidad y el pensamiento creativo como aspectos necesarios para una convivencia evolutiva entre los seres humanos.
  3. El reconocimiento y profunda valoración de nuestra relación con el entorno viviente y dinámico expresado en la presencia del paisaje, de los árboles, de la naturaleza de los seres vivientes, de la tierra.

Según los tres integrantes de este gran grupo Inmanencia, en los próximos meses se irán definiendo acciones concretas que correspondan a la manifestación de estas ideas. ¡Mucha vida!

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Crisis global, Encuentro literario, Inmanencia, poesía, Reflexiones

[LA TANA ZURDA] Esta vez celebran su décimo aniversario con el XI Festival de Arte y Cultura, enfatizando su interés multiartístico y multimedial, pues no se trata de un simple festival de poesía –como hay tantos– en que los poetas se paran a leer sus versos en una maratón interminable. La Huaca es Poesía combina distintos lenguajes (música, teatro, danza, artes plásticas y arqueología) para brindar al público una imagen integral de lo que está pasando en distintas disciplinas y sus interesantes combinaciones.

Como se recordará, esta valiosa iniciativa surgió del encuentro feliz de un poeta, Rafael Hidalgo, y un arqueólogo, Santiago Morales que tuvieron la idea de llamar la atención sobre el Complejo Arqueológico Mateo Salado, en el límite del cercado de Lima con el distrito de Pueblo Libre, a media cuadra de la Plaza de la Bandera. Desde aquel ya lejano 2013 han convocado a decenas de artistas no solo en sus festivales previos, sino también en diversas actividades como conferencias académicas, entrevistas en línea, participación en eventos nacionales e internacionales y una larga lista de muestras de su vitalidad imparable.

El núcleo de La Huaca es Poesía lo conforman hoy los dos dos fundadores, Rafael Hidalgo y Santiago Morales, junto con los otros miembros de su Comité Central: Valeria Chauvel Moscoso, Brenda Vallejo Mezarina, Francesca Federico, Sandra Luna, Lesley Costello, Santiago Morales Erroch, Rafael Hidalgo Osorio, José Antonio Mazzotti y Raúl Bueno Chávez, a los que se han aunado recientemente el novelista Eduardo González Viaña y los músicos Yazmín Cuadros y Rudy Rivera. Todos ellos se organizan para cumplir diversas funciones, entre otras su primera publicación impresa, como fue la antología que compuse con sus textos este año y que dio a conocer en algunos casos la producción inédita de los más jóvenes del grupo. Y digo los más jóvenes porque algunos de los miembros de La Huaca son poetas mayores y consagrados como Raúl Bueno y José Antonio Mazzotti, que aportan una amplia experiencia internacional.

El XI Festival de La Huaca se realizará este sábado 25 y domingo 26 de noviembre en el ya mencionado recinto de Mateo Salado. Hay una multitud de poetas participantes, como José Aguirre, Úrsula Alvarado, Dina Ananco, Daysy Arévalo, Dalgys Bautista Sánchez, Alberto Benavides, Virginia Benavides, Chonon Bensho, Andrea Cabel, José Gabriel Cabrera Alva, Lesley Costello, Valeria Chauvel, Yazmín Cuadros, Rosa María Díaz, Pedro Favarón, Gabriel Gargurevich, Rafael Hidalgo, Milagritos Huertas, Manuel Kentore, Carlos López Degregori, Manuel Liendo, Sandra Luna, José Antonio Mazzotti, Alejandra Monterroso, Santiago Morales Erroch, Edián Novoa, Domingo de Ramos, Piero Ramos Rasmussen, Mercedes Tinoco, Rubén Quiroz Ávila, Enrique Sánchez Hernani, José Guillermo Saravia, Sixto Sarmiento, Becky Urbina y Brenda Vallejo.

Asimismo, se cuenta con la participación del artista plástico Alberto Huapaya y se rendirá un sentido homenaje-conversatorio al recientemente fallecido Luis Guillermo Lumbreras, extraordinario arqueólogo e historiador cuyo hijo, también arqueólogo y del mismo nombre, contribuirá con una semblanza de su padre.

La danza de las tijeras estará a cargo de los grupos Warmi Danzaq Killari y Puka Kichka de Andamarca; la danza folclórica correrá por cuenta del Club Provincial Canchis; el rock lo pone la Banda LSM; y los conciertos la Agrupación Pacha Wakay Munan, los cantautores e intérpretes Piero Bustos, Dante Ayala, Yazmín Cuadros, Rudy Rivera, Mauricio Moquillaza y MUKURA blues y cajón.

Como se ve, La Huaca es Poesía abarca una gran variedad de producciones culturales de diversas partes del Perú a través de sus increíbles manifestaciones verbales, musicales, plásticas y performáticas. Y todo esto lo hacen sin recibir un centavo del estado ni de instituciones privadas.

Ya es hora de que las autoridades reconozcan el valioso aporte y el esfuerzo de estos escritores y artistas y que tomen cartas en el asunto. Ya estuvo bueno, pues.

Vamos a La Huaca este fin de semana.

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[LA TANA ZURDA] Luego de su aparición el 2020 en Lima por el sello Hipocampo Editores, la reciente aparición en Nueva York del poemario Nawa Isko Iki / cantos amazónicos de José Antonio Mazzotti en edición bilingüe inglés-español (por Pro Latina Press) sitúa a su autor dentro de los grandes vates de la diáspora peruana en los Estados Unidos, aparte de su ya reconocida trayectoria en el contexto de la literatura latinoamericana. No solo eso: el prestigioso sello francés Éditions de l’Harmattan acaba de anunciar para dentro de muy poco una edición francés-español en París. Al llevar el mundo del Amazonas a un ámbito internacional, Mazzotti pone sobre el tapete la urgencia de una reflexión sobre esta vasta región amenazada por la deforestación y la extinción de grupos humanos y de una increíble diversidad biológica y cultural. Y lo hace con versos de impactantes imágenes que se originan dentro del ámbito de la misma selva para relatar leyendas y mitos e historias relacionadas con esta región.

Los poemas de Nawa Isko Iki derivan de un trabajo de campo de varios años con la comunidad iskonawa, en la selva de Ucayali. Hasta hace algunos años se pensaba que esta nación originaria estaba extinguida, pero gracias al equipo de investigación liderado por Mazzotti (en el que se cuenta el reconocido lingüista Roberto Zariquiey) se pudo hacer el primer trabajo de documentación amplia, que incluyó una pormenorizada gramática, el primer vocabulario y la primera recopilación de la tradición oral iskonawa. La lengua que hablan los miembros de esta comunidad es una de las diecisiete sobrevivientes de la familia pano, de notable importancia en nuestro territorio. Lamentablemente, el iskonawa, a diferencia de sus lenguas parientes como el shipibo-konibo y el cacataibo, cuenta con apenas unos veinte hablantes reconocidos y posiblemente un grupo más amplio (se calcula que unos 80) que aún viven en aislamiento voluntario en la Sierra del Divisor, su hábitat milenario, entre Perú y Brasil. Por eso, es absurdo hablar en Nawa Isko Iki de «apropiación cultural», como les gustaría decir a algunas «zorroras» que nunca han metido el pie en el barro de un río de la selva. Se trata de un trabajo consciente de recuperación, poetización y difusión aceptado por la comunidad porque eso empodera su agenda por la lucha de reconocimiento y mayores derechos. En ese sentido, Mazzotti se convierte en lo que los movimientos indígenas contemporáneos llamarían un aliado activista, estratégico en este caso por la visibilidad internacional del autor del poemario.

En Nawa isko Iki (que literalmente significa «soy del pueblo isko») la musicalidad del verso trasciende el lenguaje y lo reproduce también en el inglés, ya que Mazzotti mismo reescribió los poemas en la lengua de Whitman. Gran acierto es conservar en los poemas las palabras nativas que, pese a tener traducción al español y al inglés, connotan sabores, colores y sonidos inéditos en ambas lenguas. Asimismo, se logra con acierto en los versos en inglés la aliteración y la sutileza y sensualidad de las imágenes, muchas de ellas relacionadas con el carácter altamente erótico de las relaciones entre seres humanos y no humanos que habitan en la Amazonía. Al igual que en el castellano, donde la cadencia marca un ritmo propio del verso que le da gran vitalidad, en el inglés también se respeta esa intensidad para recrear el mundo mágico amazónico y la cosmovisión que privilegia la identificación entre humanos y otros seres vivientes.

Por ejemplo, mediante un lenguaje lúdico y elevado, el poeta recrea situaciones analógicas entre los animales para referirse a ciertos aprendizajes y valores. Así, aparecen el delfín de pecho rosado seductor de jóvenes mujeres, el Chullachaki o demonio multiforme que engaña a los extraviados y se los lleva al interior de la jungla, el perezoso que se embarca en una relación sodomítica con un hombre solitario, o el individuo que se transforma en huagana por amor. Cada uno de los poemas nos relata un origen, una experiencia de aprendizaje, un valor vital o una situación mundana donde los personajes son los que ofrecen alternativas y perspectivas para reflexionar sobre la vida misma.

La voz poética se identifica en su totalidad con la cosmovisión de la nación iskonawa, lo cual no es poco mérito. Como dijo en su momento el reconocido crítico Ricardo González Vigil, se trata de una de las mejores muestras de poesía latinoamericana con temática amazónica.

José Antonio Mazzotti estará visitando el Perú dentro de muy poco para realizar una serie de presentaciones, que incluyen también las de su nueva antología Murmullos del delfín Koshoshka, que edita el sello Némesis, dirigido por el poeta Manuel Kentore. Estemos atentos. Y salud (con masato) al poeta.

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Comunidad Iskonawa, Derechos Indígenas, José Antonio Mazzotti, Nawa Isko Iki
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