A la vez Piqué, que no es ningún santo de mi devoción, pues la verdad que ha quedado como un miserable machista y, como se dice en buen peruano, como todo un “pendex” posee una fortuna de «apenas» 80 milloncitos de dólares o algo por ahí.

Estos dos supermillonarios se agarran a trompadas mediáticas y ella se embolsica varios millones más por la nueva canción, que evoca muy bien el sentimiento de despecho y de dolor que encara Shakira no solamente como mujer, sino como madre. 

Con respecto a su posición ideológica sería bueno que optara por un bien social en lugar de brindar su apoyo a gente tan incoherente como a Álvaro Uribe, el funesto y derechista presidente colombiano de los paramilitares y la corrupción.

Por eso, está bien denunciar el machismo y la falta de lealtad, el oportunismo de muchos hombres (menos mal, no todos) y el arribismo de las “chibolas de quinta” por chapar un marido rico. En eso Shakira tiene razón. Pero a la vez no podemos ocultar con rabo de paja qué representa Shakira en la mentalidad consumista e individualista de las nuevas generaciones y lo que su ejemplo como ciudadana (tanto colombiana como española) significa para las jóvenes de hoy. No es ninguna santita ni menos una heroína o una mártir.  Pero sí, somos solidarias porque el dolor como mujer y madre que ella experimenta es mucho más fuerte que el lúdico placer del joven Piqué en su relación con la voluptuosa Clara.

Por todo lo dicho, prefiero identificarme mil veces antes con las campesinas aimaras, quechuas, huancas y de todas partes que han llegado a Lima a reclamar el derecho de tener un estado que las represente y que atienda a sus reclamos históricos, a buscar justicia por sus hijos y parientes asesinados. La posición de Shakira es un chancay de a medio al lado de muchas de las situaciones por las que las mujeres peruanas suelen pasar.

Nunca perdamos la perspectiva, mis queridas hermanas lobas.

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Piqué, Shakira

Algunos llegaron muy pequeños y crecieron con el inglés. Son los casos, por ejemplo, de Marie Arana y Alberto Alarcón. Otros llegaron adolescentes y aprendieron el inglés de manera muy fluida, y por lo tanto escriben tanto en español como en la lengua de Faulkner. Este sería el caso de Oswaldo Estrada.

Pero muchos llegaron ya adultos y mantienen su lealtad al español de manera insobornable, creando una riquísima veta de producción que a veces es poco conocida en el Perú y otros países hispanohablantes. Entre los narradores hay que mencionar, por ejemplo, a Eduardo González Viaña (aunque ahora en España), Isaac Goldemberg, José Castro Urioste, Peter Elmore, Miluska Benavides, Rossana Montoya, Rocío Quispe, Cesar Ruiz Ledesma, Claudia Salazar, Margarita Saona, Rocío Uchofen, Alberto Caballero, Alfredo M. Del Arroyo, Ani Palacios, Fernando Salmerón, Jerry Gómez Shor Jr., Julio Jesús Zelaya Simbrón, Luis Fernández-Zavala, Martín Balarezo García, Rina Soldevilla, Ricardo Vacca-Rodríguez, Ulises San Juan, Luis Hernán Castañeda, Alexis Iparraguirre, Carlos Villacorta, Christian Palacios y Enrique Cortez, entre otros. 

Los poetas no se quedan atrás. Hay poetas mayores, de la generación del 68, como Raúl Bueno, Rubén Urbizagástegui y José Cerna-Bazán. Otros ochenteros como el finado Eduardo Chirinos (muerto el 2016), José Antonio Mazzotti, José Bravo de Rueda, Carlos Orihuela, Mariela Dreyfus, José Serna, Roger Santiváñez y Miguel Ángel Zapata, y otros noventeros y más recientes como Ana Varela, Enrique Bernales, Chrystian Zegarra, Evgeni Bezzubikoff, Erika Almenara y muchos más. Que me disculpen si se me pasa algún nombre, como es casi seguro. Y no son menos importantes los poetas en quechua como Dora Caballero Hurtado, Fredy Roncalla, Odi Gonzales y la itinerante Ch’aska Anka Ninawaman.

El 2015 la Asociación Internacional de Peruanistas, creada en 1995 para coordinar las actividades de los muchos estudiosos que se enfocan en el Perú, organizó el Primer Encuentro de Escritores Peruanos en los Estados Unidos en Washington, DC. Acudieron casi cien escritores y la cosa acabó en fraternal fiestón. 

El panorama es, pues, muy amplio. Se espera que pronto haya un Segundo Encuentro, ya que las masas lo exigen.

Escuchemos a nuestro Quinto Suyo, pues tiene mucho que decir.

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escritores peruanos, estados unidos

Un poeta que viene destacando en los últimos años por su compenetración con nuestras culturas originarias y el medio ambiente es Pedro Favarón, que publicó Inin Niwe y el mundo puro de los seres eternos, un libro heterodoxo entre la poesía, la autobiografía, el relato recreativo de la cultura shipibo-konibo (de la cual es miembro) y la reflexión filosófica. Asimismo, Favarón es responsable de una serie de eco-antologías (selecciones de poesía peruana y latinoamericana en clave ecológica), la última de la cuales apareció el 2022: Cantos del meandro: muestra de ecopoesía amazónica, descargable en esta página: https://bit.ly/3Z7dFIf

También fueron notables los aportes de Edián Novoa con su tercer libro, País milhojas (ver mi nota en https://bit.ly/3Q9m8Xe) y Guillermo Gutiérrez, con Infierno iluminado (del que escribí estas líneas: https://bit.ly/3WBLoI5). Debe recordarse que Novoa y Gutiérrez han sido dos de los pilares fundadores del Movimiento Kloaka desde 1982, grupo que ha celebrado el 2022 sus cuarenta años de vida en gran forma con múltiples recitales, luego de profilácticas expurgaciones que han dado como resultado la feliz renovación de su espíritu iconoclasta y nada sobón con el sistema. Kloaka sigue, así, tan joven como antes. 

Asimismo, sobresale La mitad de un destello que nos devuelve, del excelente poeta noventero Rubén Quiroz Ávila, una sentida reflexión en clave transbarroca sobre la muerte y la desaparición del ser amado. Quiroz además ha publicado una recopilación de sus artículos de opinión en diversos medios bajo el título de Opino, ergo sum, lo que confirma su prolífica vena en distintos géneros de escritura año tras año. 

Otros poetas de larga trayectoria que ofrecieron valiosos libros son Carlos López Degregori, (con Variaciones Victoria), Alejandro Susti (con Un reloj derramado en el desierto, que recibiera el Premio Internacional de Poesía Rubén Darío en Nicaragua el 2020), Jorge Eslava (con Gimnasium), Abelardo Sánchez León (con El tumulto del sueño) y Ana María Falconi (con Pedazo de casa).

También son interesantes Rocío Hervias Rodríguez (con Migrante), Paolo de Lima (con Ottawa) y la segunda edición de Apuntes del estudiante, de Piero Ramos Rasmussen.

Mención aparte merecen los primeros poemarios de cuatro voces que confirman que la buena poesía peruana tiene ya una innegable generación de recambio: Rodolfo de la Riva (con Transeúntes), Carla Valdivia (con Una casa que no existe), Omar Pinedo (con Diez toros) y Ximena López Bustamante (con Interior VI: técnica mixta). 

Obviamente, dejo fuera muchos libros, algunos de los cuales pululan entre las cópulas, así que mejor pasemos a ver qué nos trajeron los narradores.

Narrativa

Lo más notable ha sido la novela Kachkaniraqmi, Arguedas, de Eduardo González Viaña, narrador de talla internacional que ficcionaliza al amauta José María Arguedas desde la recreación de su infancia, el ensueño y el diálogo con los míticos zorros de arriba y de abajo, en un relato multiforme y cautivante que nos revela un Arguedas muy lejano de estar disecado, a diferencia de su detractor Mario Vargas Llosa, el de la «pichula seca» (son sus propias palabras en un cuento premonitorio, «Los vientos», sobre su vejez y su separación de la «socialite» Isabel Preysler, en lo que ha sido el chismorreo literario y farandulero de fin de año. El cuento puede leerse aquí: https://bit.ly/3YXHPhj). González Viaña también ha publicado sus divertidos artículos desde España en el volumen Correo de Asturias. 

Otra novela de carácter histórico es Muchas veces dudé, del narrador cusqueño Luis Nieto Degregori, alrededor de la figura de Guaman Poma de Ayala. También nos han regalado sabrosas novelas Mario Suárez Símich (El carnaval de los espíritus), Paul Baudry (La república de las chispas) y Lucía Charún Illescas (Malambo). 

Libros de cuentos hay varios interesantes, pero para no alargarme demasiado me quedo con Matusalén, de Giovanna Pollarolo y Las confesiones de un Dante de César Ruiz Ledesma. 

Ensayo 

Igualmente, hay mucha producción valiosa. El Perú siempre ha sido un país de una producción intelectual envidiable en la crítica literaria y las ciencias sociales. Por eso mismo, imposible abarcar todo, pero no pueden dejar de mencionarse Partera de la historia: violencia en literatura, performance y medios audiovisuales en Latinoamérica, coordinado por Osvaldo Sandoval-León y Chrystian Zegarra; El Inca Garcilaso y la Emancipación, editado por el imparable maestro Ricardo Gonzalez Vigil; Asháninkas. Entre la historia y el mito, de José Carlos Vilcapoma; Los juicios finales: cultura peruana moderna y mentalidades andinas, de Peter Elmore; Búfalos y zorros. José María Arguedas: acercamientos y desencuentros ideológicos y político partidarios, de Ernesto Toledo Bruckman; y el libro póstumo del historiador Teodoro Hampe Martínez, El hospital de San Andrés: Santuario Inca en Lima y eje de la historia de la medicina, sustanciosa recopilación de las investigaciones que dejara listas Hampe antes de su deceso el 2016, publicado por José Carlos Vilcapoma desde el Fondo Editorial de la Universidad Nacional Agraria La Molina. 

Como ya he advertido, hay mucho más que comentar, pero para «picor» (como dirían los mexicanos) ya tenemos bastante. 

¡Feliz Año Nuevo!

 

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2022, Literatura peruana, Perú

Lamentablemente, las manifestaciones de las últimas dos semanas en contra del gobierno de Dina Boluarte y del impopular actual congreso pueden verse como parte de un antiguo malestar de raíces centenarias. De igual manera puede verse la respuesta violenta del Estado.

Solo que esta vez no se trata solamente de un Estado basado en el colonialismo interno, sino en la rapiña de sus recursos por una clase política a la que hace rato se le ve el fundillo bajo una máscara democrática.

Pobre Perú, condenado a repetir su historia. Obviamente, la propuesta de una división territorial no progresará. Pero tampoco es bueno que el Estado asentado en Lima y los grupos dominantes olviden que tienen una papa caliente entre las manos. Nuestro sufrido país nunca saldrá del hoyo mientras se sigan olvidando esos reclamos.

 

El pueblo no es tonto y ya no aguanta. Después de dos años y medio de pandemia, la situación ha empeorado para muchos peruanos de a pie. La pobreza ha subido al 35%, la inflación continúa, muchos siguen luchando día a día para poder llevar un pan a la mesa y con suerte hasta fin de mes.

La esperanza que representó Castillo de acortar la brecha de la desigualdad se vio mutilada desde el primer día de su mandato con un hostigamiento brutal, como nunca antes se ha visto contra un presidente elegido. Obviamente, la poca preparación política de Castillo fue un factor a considerar, pero más grande ha sido el racismo y la lumpenería con que los congresistas y los medios masivos de comunicación han actuado, coactando cualquier iniciativa del Ejecutivo.

Lo que ahora tenemos de facto es una dictadura militar y policial que hace lo mismo que todas las dictaduras de ese tipo: reprimir por la violencia, usando la excusa del terruqueo y el vandalismo. Sin necesidad de justificar los desmanes de algunos de los airados en las calles (entre los que habría que ver cuántos son «ternas» de la misma policía), tampoco puede justificarse que miembros de las Fuerzas Armadas y la policía disparen a mansalva a manifestantes desarmados o armados con tremenda desigualdad de medios.

Solo este hecho deslegitima al poder político actual. Cada muerto y cada herido es una mancha moral más en el prontuario de la clase política tradicional. «La cólera que parte al hombre en niños» está llegando a su límite. Qué pena, qué pena por el Perú. Muy mal Boluarte; muy mal los ambiciosos congresistas.

Sin embargo, nuestra caótica situación política, producto del golpe blando aplicado a Pedro Castillo, difícilmente apuntará a esa meta. Es obvio que a los congresistas solo les interesa seguir en sus jugosos puestos hasta el 2026 y, para sobrevivir, Dina Boluarte tendrá que contemporizar con ellos. 

En un sector de la prensa extranjera se habla de que Castillo quiso convertirse en dictador la mañana del 7 de diciembre. En otro sector se explica que ha triunfado el hostigamiento constante de la derecha contra Castillo, incluso desde antes de asumir el poder y pidiendo golpe con la excusa de un fraude que nunca existió. Ahora ya lograron su cometido. Sacaron al profesor cuando éste pisó el palito.

Lo que hemos visto esta semana es ya un mal que se repite a menudo en nuestra manera de llevar la política. En vez de luchar por las cosas simples de la vida, como el cumplimiento de una agenda con la que Castillo fue elegido democráticamente, los políticos andan muy preocupados en ver sus ganancias (aguinaldo navideño de por medio) y las de un sector minoritario bajo el mismo el sistema político y económico heredado de la dictadura fujimorista.  

Volvemos, pues, a lo mismo. El sueño de «no más pobres en un país rico» se fue a la cloaca. 

A menos que Dina me contradiga.

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6 presidentes, cero inclusión, inestabilidad política, política peruana

Esta semana, justamente, se realizó en la Universidad Complutense de Madrid el gran Encuentro Internacional «El mismo viento respiramos: el tinkuy andino en la herencia de José María Arguedas», un congreso donde se reunieron algunos de los mejores estudiosos de Arguedas y de la literatura quechua en general. Nombres como los de Martin Lienhard, José Carlos Vilcapoma, Julio Noriega, Juan Zevallos, Christian Fernández, José Antonio Mazzotti, Luis Andrade, Giovanna Pollarolo y muchos más dieron cuenta de múltiples aspectos de la obra de Arguedas. De paso, se estudió su obra poética y se presentó la nueva novela de nuestro narrador trujillano Eduardo González Viaña, titulada Kachkanirajmi, Arguedas, que recoge la expresión tan elocuente en quechua, que significa «a pesar de todo, sigo existiendo, sigo resistiendo». Se trata de una novela muy interesante que recrea la vida de Arguedas a través de la presencia de los zorros andinos que el mismo Arguedas actualizó en su última novela.

«Tinkuy» es una palabra que significa «encuentro», pero que puede incluir también un evento conflictivo, en busca de una resolución. Es uno de los grandes conceptos que gobiernan la organización de la vida y las comunidades andinas. La iniciativa del «tinkuy» de Madrid se la debemos a los jóvenes investigadores Francesca Federico, Giovanna Arias Carbone y Juan Manuel Díaz Ayuga, interesados en la cultura peruana y en la difusión de nuestra literatura en España.

Gracias a ellos y otros intelectuales que aman el Perú es que nuestro riquísimo legado cultural se mantiene vigente como un punto de referencia insoslayable en el panorama académico internacional.

Arguedas sigue viviendo. Después de 53 años de su muerte, su propuesta de modernidad alternativa parece ser el único camino viable para nuestra supervivencia. Hay que seguir leyéndolo e investigándolo. Ese es el mejor homenaje que podemos hacerle.

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Arguedas, Katatay, poesía peruana, tinkuy

Participó en distintos movimientos culturales, los cuales se dedicaron a llevar el arte musical afro peruano a diferentes recintos.  Docente encargada de motivar a estudiantes en cuanto a la percusión.   Kata ha hecho mucho por el arte negro, por las mujeres y es nuestra tarea y su legado continuar con su trayectoria como artista y maestra.  Vuela alto, Kata

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cajón, kata, percusión
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