Ciro Gálvez

Vaya escandalete que se ha armado esta semana por la decisión de desembarcar a nueve de los invitados de la lista anterior de delegados a la FIL Guadalajara. Los desembarcados son los escritores Karina Pacheco, Katya Adaui, Gabriela Wiener, Jorge Eslava, Renato Cisneros y Cromwell Jara, el crítico Marcel Velásquez, la historiadora Carmen Mc Evoy y la especialista Nelly Luna, que en agosto ya había desistido de participar.

Se trata de nueve personalidades del mundo literario y cultural que han sido “desinvitadas” a la Feria de un total de sesenta. La nueva lista contiene 69 nombres. Es decir, que el ministro Gálvez logró su cometido de introducir 18 nombres nuevos, en su mayoría provenientes de provincias, según prometió al anunciar que revisaría la lista del ministro anterior, Alejandro Neyra, proclamada apresuradamente en los estertores del gobierno neoliberal de Sagasti, el 27 de julio último.

Ante el desembarco, una serie de los re-invitados decidieron declinar en solidaridad sobre todo con Karina Pacheco, Katya Adaui y Gabriela Wiener, supuestas representantes del feminismo local que incomoda al actual gobierno “machista y patriarcal”. (¿Será por eso que casi nadie puso la cara por los escritores varones bajados del avión?).

Sacando pechito, también “Renato Cisneros se solidarizó con sus compañeras [desembarcadas] y calificó la medida como como un maltrato lleno de torpeza y mezquindad por parte del ministro de cultura y el gobierno”, según dice en una entrevista el autor de Busco novia.

Por su lado, el periodista de La República Mirko Lauer apunta: “Pero la solución a la polémica no es el maltrato. Tampoco lo es introducir, o añadir, en el proceso de selección criterios que no son estrictamente literarios”, como si la lista anterior hubiera estado basada solamente en criterios literarios y no en la tradicional preferencia hacia la argolla del establishment culturoso limeño.

De este modo, y en contraste con esas lecturas, el autor disidente Rodolfo Ybarra afirma: “El caso más patético es el de escritores, hijitos de familias pudientes y/o criollos, que se han venido beneficiando todos estos años solo con el fin de apuntalar una especie de costra culturienta que clasista y racistamente invisibiliza a las provincias y le niega el paso a las nuevas generaciones”.

Asimismo, la actriz Andrea Patriau publicó en un tweet que: “Saltan todas las voces cuando tocan al establishment caserito del mincul. Pero cuando se denunciaron irregularidades en los concursos o asignaciones de dinero a dedo en las administraciones anteriores callaron en todos los idiomas. No llamen justicia a sus intereses personales”.

En efecto, “muches” de “les” renunciantes y denunciantes de la nueva lista son “les mismes” que firman comunicados contra el gobierno de Nicaragua y salen a defender al neoliberal y filogolpista Sergio Ramírez. Suelen ser Verolovers que han visto amenazada su entrada al Mincul y ahora pegan el grito en el cielo. Hasta “argolla minculera” los llama el periodista Gabriel Ruiz Ortega de Caretas, en tono coprolálico que no suscribimos. Sin embargo, una dramaturga renunciante calificó a los nuevos escritores de provincias como una sarta de “desconocidos”, en evidente expresión de clasismo y racismo limeñocéntrico, cuando en la nueva lista hay valiosos representantes de la literatura oral y escrita que simplemente no circulan en los medios de la capital. 

En suma, los testimonios de uno y otro lado abundan. Lo cierto es que el ministro Gálvez puso el dedo en la llaga, aunque quizá debió ser más radical y desembarcar a muchos otros y no solo a nueve de la primera lista, como lo propusimos en una columna pasada.

Que siga el circo. Lo cierto es que con las renuncias de algunos y no de otros que se quedaron en la segunda lista el “establishment” limeño comienza a resquebrajarse. Ya veremos hasta dónde llega la nueva política del Mincul bajo este gobierno de izquierda. Ojalá no decepcione.

 

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Ciro Gálvez, escritores peruanos, FIL Guadalajara

Con nuevos aires y algunas sorpresas en el gabinete Bellido ingresa el abogado y escritor Ciro Gálvez para encabezar el Ministerio de Cultura, que pasará pronto a llamarse “Ministerio de las Culturas”. Las propuestas de la campaña por la inclusión de todas las regiones y provincias y así ayudar a cada ciudadano de nuestras tierras y llegar a cada rincón de nuestra población resultan coherentes con este nombramiento.  

 

Uno quisiera ver resultados y que empiece de una vez la representación de autores y productores culturales de todos lados para que sus nombres, estilos e historias sean reconocidos nacional e internacionalmente. Pero este proceso de democratización seguramente llevará algún tiempo. El Ministerio de Cultura, creado en 2009, ha sido un terreno muy controvertido por escándalos como el de Richard Swing y la repetitiva preferencia por autores y personajes de los círculos capitalinos que reciben becas, subvenciones, premios e invitaciones a eventos de manera visible.

 

Por eso es importante que haya también ciertos filtros para que autores de todo nuestro país puedan ir a representarnos en ferias del libro como la de Guadalajara, cuya lista de sesenta invitados contiene nombres de escritores y periodistas que ya han sido privilegiados en ferias anteriores y por lo tanto les quitan espacio y visibilidad a muchos creadores desconocidos de provincias. Entre los favorecidos se trata mayoritariamente de autores que provienen de las canteras de determinadas universidades limeñas y por lo tanto constituyen una élite cultural que suele identificarse con posiciones políticas que simpatizan con una izquierda moderada (léase “caviar”) en desmedro de escritores de otras opciones políticas o provenientes de provincias en mayor proporción.

 

Sería interesante saber cuál es el criterio que se utiliza para invitar o seleccionar a cada autor para que represente a nuestro diverso país. Así como el gabinete Bellido contiene un 70% de ministros de regiones del interior (hecho inédito en nuestra historia republicana), sería muy interesante que se preste más atención a los creadores que provienen de sectores tradicionalmente marginados, como los que producen sus obras en nuestras 48 lenguas originarias. En la lista de Guadalajara hay poquísimos quechuahablantes y los autores de lenguas amazónicas brillan por su ausencia. Los que abundan son intelectuales hispanohablantes entrenados dentro de la tradición europoide de nuestra literatura y por lo tanto continuadores de la colonialidad del poder literario.

 

Se trata, pues, de descolonizar el Ministerio de Cultura. Por eso me parece muy acertada la propuesta del presidente Pedro Castillo de cambiarle el nombre a ese Ministerio y que sea “de las Culturas”, pues hay muchas que rescatar fuera del ámbito limeño, clasemediero y blancoide.

 

Asimismo, la propuesta de convertir el Palacio de Pizarro en un museo (aún no sabemos de qué tipo) en manos del nuevo Ministerio de las Culturas representa un gesto de rechazo a la tradicional imagen “prestigiosa” de la herencia colonial.

 

Son cambios importantes los que se avecinan bajo la conducción de Ciro Gálvez. Esperemos que logre una verdadera democratización de esa importante cartera.

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Ciro Gálvez, Ministerio de Cultura

“Muchas gracias” o “se le acabó el tiempo”, fueron las únicas frases que le dedicaron los moderadores a Ciro Gálvez cuando terminaba cada una de sus intervenciones. Tampoco el traductor de lengua de señas supo cómo interpretar las palabras en quechua del candidato por el movimiento Renacimiento Unido Nacional (Runa). Gálvez fue ignorado porque, como gran parte de la población, sus interlocutores no conocían la lengua en la que hablaba. Pero el eterno candidato presidencial aprovechó eso y disparó verbalmente con plena libertad contra sus rivales.

 

En una entrevista realizada el pasado jueves, en el portal UCI Noticias, Gálvez intentó matizar sus palabras. “[No dije] nada malo. Son expresiones metafóricas que son abundantes en el idioma quechua. Hay muchos significados con la misma palabra, con la misma frase. El idioma quechua es bastante jocoso, irónico. Entonces, en momentos de euforia, efectivamente, salen; pero, con ese mensaje de idoneidad”, declaró. Ello es cierto.

 

Sin embargo, Gálvez –cuando menos– fue más agresivo de lo que intentó aparentar en aquella entrevista. “Nosotros somos buenos. A todos esos mentirosos y ladrones, los mataremos [en referencia, probablemente, a los otros candidatos, pues no menciona nombres]. Así será. Para que nuestras familias y nuestros hijos vivan bien”, dijo, de acuerdo a la traducción realizada por el diario El Comercio. “Sí, hermanos y hermanas. Paisanos, no, los ladrones no podrán con nosotros. A los mentirosos, con fuerza. Como la mano de un buen hombre, les haremos cualquier cosa a estos mentirosos”, fueron otros de sus latigazos verbales.

 

JNE

 

JNE 2
El candidato presidencial ha informado, en su hoja de vida remitida al Jurado Nacional de Elecciones (JNE), que posee 12 propiedades: 10 inmuebles en Huancayo; uno en Huancavelica y un departamento en Miraflores (Lima). Todos esos bienes están valorizados, según su propia manifestación, en S/8’653,966.

Ciro Gálvez, quien vestía una camisa de color blanco y portaba un chicote que le colgaba sobre su hombro derecho –tal como lo llevan ciertas autoridades indígenas de las zonas rurales del país–, disminuyó la rudeza de sus palabras en su mensaje final. “No, no hay que avergonzarse de dónde somos y de la lengua que hablamos. Ahora llegaremos al poder. Hermanos y hermanas, hay que fortalecernos bien para que este 11 de abril [y marcar] por Runa. Para que empecemos un nuevo tiempo”, dijo.

 

Ciro Alfredo Gálvez Herrera nació el 16 de enero de 1949 en el distrito de Surcubamba, en la provincia de Tayacaja (Huancavelica). Se graduó de abogado, según su sitio web, a los 29 años de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Sin embargo, en la Superintendencia Nacional de Educación Superior (Sunedu) solo figura registrado su título de magíster en Antropología Jurídica que obtuvo en la Universidad Nacional del Centro (Huancayo) el año 2015. Los títulos previos a esta fecha no necesariamente tienen que estar registrados en el buscador de la Sunedu.

 

El 5 de noviembre de 1976, a los 27 años de edad, se casó civilmente, en la municipalidad de La Victoria, con Angélica Delfina Rivas Carmona, de 20 años de edad. En ese tiempo, la mayoría de edad comenzaba a los 21 años, por eso en la partida de matrimonio ella figura como menor de edad. Después de 22 años de matrimonio, en 1998, la pareja decidió divorciarse. En el año 1985, funda la Notaría Gálvez, donde hasta ahora es propietario.

 

Gálvez es un viejo conocido en el Jurado Nacional de Elecciones (JNE). Es la tercera vez que postula a la presidencia. Ya lo hizo antes, sin éxito, en los años 2001 y 2006, por el partido Renacimiento Andino, hoy llamado Runa. En esa última aventura, consiguió el 0.18% de los votos.

 

Sobre «la muerte»

¿Qué piensa este redundante candidato presidencial que ganó la encuesta virtual de un medio en el tercer y último debate presidencial del JNE? Gálvez es autor de cuatro libros donde esboza sus ideas enraizadas en el Tahuantinsuyo. En su obra Predicciones del Renacimiento Andino (2003), por ejemplo, hace referencia, en varias oportunidades, a la muerte como un símbolo de castigo, incomprensión, lucha, tragedia o cambio. En la página 378, recuerda que en el ayllu, en la época incaica, el incesto y la infidelidad “era castigado” con esa pena máxima que le quitaba la vida al ser humano. La pena de muerte, de hecho, es una de sus propuestas bandera.

 

“Muerte a la corrupción y la delincuencia, con una nueva Constitución que defienda la persona humana y el respeto a la propiedad privada, pública y comunitaria”, se lee en la página 3 del plan de gobierno de Runa.  En la página 10 es más específico sobre cómo, en un probable gobierno suyo, se terminaría con la vida de los antisociales peligrosos: “Pena de muerte para los delincuentes de alta peligrosidad y reincidentes; para ello es necesario un cambio de la Constitución”.

 

El candidato es un admirador de las luchas indígenas contemporáneas. En la página 104 de esa misma publicación resalta el levantamiento del año 1962 liderado por Hugo Blanco, con su lema “tierra o muerte”, quien estuvo en la cárcel acusado de asesinar a un policía. “Los campesinos colonos de las haciendas de los valles referidos fueron movilizados por sus respectivos sindicatos coordinados por Blanco, dirigente marxista de orientación trostkista que, desde el sindicato campesino de Chaupímayo, lanzó la consigna de «tierra o muerte», que se irradió rápidamente por los valles mencionados”, escribe Gálvez.

 

El candidato, exagricultor devenido en hombre de derecho, parece vivir sin sobresaltos. Más bien, uno diría que tiene una vida económicamente holgada. Gálvez declaró en su hoja de vida haber percibido ingresos –de cuarta y quinta categoría en la Sunat– por S/1.052.313 durante el 2019. También posee créditos financieros, según la central de riesgo de Infocorp, que superan la cifra del millón de soles. Es, según esta base de datos, un excelente pagador.

 

Según su hoja de vida, el candidato tiene 12 propiedades: 10 inmuebles en Huancayo, uno en Huancavelica y otro en Lima. Todos esos bienes están valorados, de acuerdo a su propia declaración, en S/8.653.966. El inmueble de mayor valor es un edificio ubicado en Huancayo, tazado en S/5 millones. Pero también registra una propiedad en pleno corazón Miraflores: un departamento valorizado en S/350 mil que adquirió el año 1998 y que está situado cerca al exclusivo malecón.

 

En el 2010, Gálvez fue gerente de la Sociedad Minera de Responsabilidad Limitada de Picuto. La empresa tenía como domicilio fiscal un inmueble de Pachacámac, al sur de Lima, y fue dada de baja apenas un año después de su creación.

 

El año 2012, Gálvez fue nombrado presidente de la Asociación Cultural Renacimiento Unido Nacional (Runa), que lleva el nombre de su actual partido y cuyo símbolo es la imagen de una persona levantando el brazo derecho y una bandera peruana detrás de esta.

 

El debate no fue el primer registro que se tiene del candidato en el que apunta su artillería contra la clase política en su idioma materno. En el 2017 publicó el video musical titulado ‘¿Dónde estará la justicia?’ en el que critica, también en quechua, el trabajo del abogado, del congresista y del alcalde. Los subtítulos del video, en el que él mismo es el protagonista y, además, compuso la letra, traducen al castellano su contenido. “Señor congresista. Hombre de dos caras. Cuando eres candidato, eres tan buenito; pero mentiste a mi pueblo, porque nunca regresaste por nosotros…” dice una parte de la letra. No obstante, llama la atención que no critique la labor del Presidente.

 

A nueve días de las elecciones, Ciro Gálvez, autor de poemas como ‘Volveré’ o ‘Ciudad Vacía’, ha asegurado que será el outsider que pasará a la segunda vuelta pese a que aparece, en las encuestas, en el rubro de “otros”. Soñar no cuesta nada. Y aún si costara, el hombre parece tener el capital para pagarlo.

 

 

(*) Fotocomposición: Leyla López

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Ciro Gálvez, Elecciones 2021, JNE, Pena de muerte, Quechua