Ministerio de Cultura

Se dirá que Nemesio Chupaca nació en un momento en que el indígena peruano apenas si tenía presencia en la televisión. Eran los años 60 y 70 del siglo pasado y el mencionado personaje destacaba como el «serrano pícaro» que podía hacer frente a los señorones criollos. Sin embargo, el acriollamiento de Chupaca era una reivindicación a medias, porque no dejaba de ser ridículo para lograr sus objetivos. Más bien se reforzaba la imagen del indígena ladino, oportunista, sin conciencia política y medroso finalmente del poder real. Es decir, la otra cara del estereotipo del indígena sumiso y llorón. Ambos, finalmente, resultan denigrantes, indignos: son creaciones desde una mentalidad colonial que sigue viendo en nuestros pueblos originarios a personas en condición de inferioridad moral.

En su propia defensa, el MinCul lanzó un comunicado que decía: “Precisamente, desarrolló un personaje basado en el perfil del típico inmigrante de provincia que llegó a la capital y lejos de ser pasivo e ingenuo, presentaba más bien actitudes de un burgués acriollado, avispado que no se dejaba ganar por nadie. Su fórmula original, de provinciano audaz, gustó mucho porque era algo que no se había hecho aún y que nadie imaginaba que podría existir algún día”. Vaya explicación. ¿O sea que ser «burgués acriollado y avispado» es un ideal al que aspirar? ¿Ese es el reconocimiento otorgado a nuestros milenarios pueblos andinos?

Para colmo de contradicciones, el derechismo de Loza es más que sabido, habiendo llamado al presidente Castillo un delincuente y comunista. O sea, el MinCul se hace de la vista gorda con respecto al trato denigrante que la derecha peruana viene machacando hasta el cansancio (golpismo y racismo de por medio) en la figura del primer mandatario.

Luego han surgido personajes como la Paisana Jacinta, el Negro Mama y la Chola Chabuca, que han continuado con diversos estereotipos. ¿Llegará también el día en que Jorge Benavides, el creador y actor que encarna a los dos primeros, y Ernesto Pimentel, a la tercera, reciban su reconocimiento por el MinCul?

Ya déjense de hacer el ridículo: el Ministerio De Cultura debería ser mucho más riguroso para entregar estas distinciones y mostrar más consecuencia en cuanto a qué se evalúa en la trayectoria perpetrada por distintas figuras de nuestra farándula. Qué tal manera de meterse autogol.

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Ministerio de Cultura

Acompañó a Mávila en este programa la Ministra de Cultura, Gisela Ortiz.

La Ministra Gisela Ortiz consideró que la censura al Ministro de Educación produce un debilitamiento del gabinete que se ha dado “en el marco de una polarización muy dura entre el Poder Legislativo y el Ejecutivo”. Además calificó de drástica y extrema la decisión tomada esta tarde por el Congreso. “Me parece una medida extrema del congreso, pero es un mecanismo que se respeta”, dijo. Sobre la investigación al ministro Gallardo expresó que “me cuesta creer que la hija del ministro esté involucrada en el tema” y agregó que el nuevo ministro de Educación debe no solamente tener un perfil técnico, sino político y dialogante. Finalmente, expresó que “desde el Congreso hay una permanente amenaza de la vacancia. Es irresponsable”.

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Lima – Perú

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Gisela Ortiz, Ministerio de Cultura, ministra

Con nuevos aires y algunas sorpresas en el gabinete Bellido ingresa el abogado y escritor Ciro Gálvez para encabezar el Ministerio de Cultura, que pasará pronto a llamarse “Ministerio de las Culturas”. Las propuestas de la campaña por la inclusión de todas las regiones y provincias y así ayudar a cada ciudadano de nuestras tierras y llegar a cada rincón de nuestra población resultan coherentes con este nombramiento.  

 

Uno quisiera ver resultados y que empiece de una vez la representación de autores y productores culturales de todos lados para que sus nombres, estilos e historias sean reconocidos nacional e internacionalmente. Pero este proceso de democratización seguramente llevará algún tiempo. El Ministerio de Cultura, creado en 2009, ha sido un terreno muy controvertido por escándalos como el de Richard Swing y la repetitiva preferencia por autores y personajes de los círculos capitalinos que reciben becas, subvenciones, premios e invitaciones a eventos de manera visible.

 

Por eso es importante que haya también ciertos filtros para que autores de todo nuestro país puedan ir a representarnos en ferias del libro como la de Guadalajara, cuya lista de sesenta invitados contiene nombres de escritores y periodistas que ya han sido privilegiados en ferias anteriores y por lo tanto les quitan espacio y visibilidad a muchos creadores desconocidos de provincias. Entre los favorecidos se trata mayoritariamente de autores que provienen de las canteras de determinadas universidades limeñas y por lo tanto constituyen una élite cultural que suele identificarse con posiciones políticas que simpatizan con una izquierda moderada (léase “caviar”) en desmedro de escritores de otras opciones políticas o provenientes de provincias en mayor proporción.

 

Sería interesante saber cuál es el criterio que se utiliza para invitar o seleccionar a cada autor para que represente a nuestro diverso país. Así como el gabinete Bellido contiene un 70% de ministros de regiones del interior (hecho inédito en nuestra historia republicana), sería muy interesante que se preste más atención a los creadores que provienen de sectores tradicionalmente marginados, como los que producen sus obras en nuestras 48 lenguas originarias. En la lista de Guadalajara hay poquísimos quechuahablantes y los autores de lenguas amazónicas brillan por su ausencia. Los que abundan son intelectuales hispanohablantes entrenados dentro de la tradición europoide de nuestra literatura y por lo tanto continuadores de la colonialidad del poder literario.

 

Se trata, pues, de descolonizar el Ministerio de Cultura. Por eso me parece muy acertada la propuesta del presidente Pedro Castillo de cambiarle el nombre a ese Ministerio y que sea “de las Culturas”, pues hay muchas que rescatar fuera del ámbito limeño, clasemediero y blancoide.

 

Asimismo, la propuesta de convertir el Palacio de Pizarro en un museo (aún no sabemos de qué tipo) en manos del nuevo Ministerio de las Culturas representa un gesto de rechazo a la tradicional imagen “prestigiosa” de la herencia colonial.

 

Son cambios importantes los que se avecinan bajo la conducción de Ciro Gálvez. Esperemos que logre una verdadera democratización de esa importante cartera.

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Ciro Gálvez, Ministerio de Cultura
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