Ministerio de Cultura

Con nuevos aires y algunas sorpresas en el gabinete Bellido ingresa el abogado y escritor Ciro Gálvez para encabezar el Ministerio de Cultura, que pasará pronto a llamarse “Ministerio de las Culturas”. Las propuestas de la campaña por la inclusión de todas las regiones y provincias y así ayudar a cada ciudadano de nuestras tierras y llegar a cada rincón de nuestra población resultan coherentes con este nombramiento.  

 

Uno quisiera ver resultados y que empiece de una vez la representación de autores y productores culturales de todos lados para que sus nombres, estilos e historias sean reconocidos nacional e internacionalmente. Pero este proceso de democratización seguramente llevará algún tiempo. El Ministerio de Cultura, creado en 2009, ha sido un terreno muy controvertido por escándalos como el de Richard Swing y la repetitiva preferencia por autores y personajes de los círculos capitalinos que reciben becas, subvenciones, premios e invitaciones a eventos de manera visible.

 

Por eso es importante que haya también ciertos filtros para que autores de todo nuestro país puedan ir a representarnos en ferias del libro como la de Guadalajara, cuya lista de sesenta invitados contiene nombres de escritores y periodistas que ya han sido privilegiados en ferias anteriores y por lo tanto les quitan espacio y visibilidad a muchos creadores desconocidos de provincias. Entre los favorecidos se trata mayoritariamente de autores que provienen de las canteras de determinadas universidades limeñas y por lo tanto constituyen una élite cultural que suele identificarse con posiciones políticas que simpatizan con una izquierda moderada (léase “caviar”) en desmedro de escritores de otras opciones políticas o provenientes de provincias en mayor proporción.

 

Sería interesante saber cuál es el criterio que se utiliza para invitar o seleccionar a cada autor para que represente a nuestro diverso país. Así como el gabinete Bellido contiene un 70% de ministros de regiones del interior (hecho inédito en nuestra historia republicana), sería muy interesante que se preste más atención a los creadores que provienen de sectores tradicionalmente marginados, como los que producen sus obras en nuestras 48 lenguas originarias. En la lista de Guadalajara hay poquísimos quechuahablantes y los autores de lenguas amazónicas brillan por su ausencia. Los que abundan son intelectuales hispanohablantes entrenados dentro de la tradición europoide de nuestra literatura y por lo tanto continuadores de la colonialidad del poder literario.

 

Se trata, pues, de descolonizar el Ministerio de Cultura. Por eso me parece muy acertada la propuesta del presidente Pedro Castillo de cambiarle el nombre a ese Ministerio y que sea “de las Culturas”, pues hay muchas que rescatar fuera del ámbito limeño, clasemediero y blancoide.

 

Asimismo, la propuesta de convertir el Palacio de Pizarro en un museo (aún no sabemos de qué tipo) en manos del nuevo Ministerio de las Culturas representa un gesto de rechazo a la tradicional imagen “prestigiosa” de la herencia colonial.

 

Son cambios importantes los que se avecinan bajo la conducción de Ciro Gálvez. Esperemos que logre una verdadera democratización de esa importante cartera.

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Ciro Gálvez, Ministerio de Cultura