Conciertos

Not dead yet (en español «Aún he no muerto» o «Aún no muerto» si nos ponemos literales) es el título del libro autobiográfico de Phil Collins, publicado en el año 2016. El lanzamiento editorial coincidió con una serie de problemas de salud que mellaron drásticamente su imagen pública. Desde que se difundieron las primeras noticias, allá por el 2000, de sus caídas y pérdidas de audición, múltiples operaciones y posteriores dificultades para mantenerse de pie y hablar con fluidez (sin mencionar la reincidencia en el alcoholismo tras su tercer divorcio), la sombra del retiro forzado era un tema recurrente entre los seguidores del extraordinario baterista, cantante y productor, uno de los músicos británicos de pop y rock más populares de la historia. Con solo mirarlo, lo más lógico era pensar que su final había llegado.

Sin embargo, ese mismo año, Collins sorprendió al mundo entero cuando anunció una gira mundial de despedida. Casi 100 conciertos en dos años y medio (entre junio del 2017 y octubre del 2019), en 25 países -entre ellos Perú, donde se presentó el 13 de marzo del 2018, en el Jockey Club– parecía un proyecto imposible de cumplir para quienes sabían de su fragilidad, especialmente si pensamos en los detalles: vuelos largos y pesados, entradas y salidas de aeropuertos y hoteles, extenuantes pruebas de sonido, conferencias de prensa y shows de dos horas cada uno, rigores comunes para el rockero activo que pueden volverse una tortura si estás ligeramente fuera de forma. Ese esfuerzo fue muy valorado por el público, que agotó las entradas apenas salieron a la venta. Y Phil Collins enfrentó, con enorme tenacidad, la doble exigencia: no solo luchaba contra su propia corporalidad sino que también se ponía en bandeja para que sus detractores lo destruyeran, acusándolo de dar un espectáculo patético cuando ya no estaba en capacidad de ser el dinámico showman de antes. Y, contra todo pronóstico, lo hizo muy bien. Entonces, surgió la interrogante: ¿Podría repetir la hazaña con Genesis, la banda que lo vio nacer artísticamente a finales de los años sesenta?

Formados en 1967 en los patios de una decimonónica escuela pública llamada Charterhouse, ubicada en Surrey, al sur de Inglaterra, Genesis lanzó su primer álbum, dos años después, From Genesis to Revelation (Decca Records), con carátula absolutamente negra y el nombre en tipografía antigua. Los empleados de las tiendas de discos de entonces, confundidos por el título y la ausencia de fotos, ubicaron aquel auroral LP en los anaqueles de música religiosa. La banda original, integrada por Peter Gabriel (voz, flauta, percusión), Tony Banks (teclados), Mike Rutherford (bajo, guitarra), Anthony Phillips (guitarra) y Chris Stewart (batería), tenía un estilo semi-acústico influenciado por el soul. Esta formación produjo un álbum más, Trespass (Charisma Records, 1970), donde comenzaron a aparecer elementos del estilo por el cual se harían conocidos posteriormente, en temas como The knife y Looking for someone

Con el ingreso, en 1971, de Steve Hackett (guitarra) y Phil Collins (batería, coros), en reemplazo de Phillips y John Mayhew, el segundo baterista, se iniciaría el periodo clásico del grupo. Sobre la base de complejas y extensas composiciones, de letras enigmáticas con referencias a la era victoriana y la mitología, Genesis se convirtió en uno de los principales exponentes del rock progresivo, con fabulosos álbumes como Nursery cryme (1971), Foxtrot (1972) o Selling England by the pound (1973). La personalidad creativa y extravagante de Gabriel, que sorprendía tanto por los textos que escribía como por su intensidad vocal, disfraces y caracterizaciones, combinada con la extremada destreza instrumental del resto, hacían de cada concierto de Genesis una experiencia audiovisual muy poderosa. Canciones como Supper’s ready (duración: 23 minutos y medio), The cinema show, Watcher of the skies, I know what I like (in your wadrobe) o The musical box son algunos ejemplos de aquella extraña propuesta que rompía con todos los paradigmas de la época y obtuvo particular éxito en Gran Bretaña, Francia e Italia, países donde rápidamente alcanzaron estatus de banda “de culto”.

Para 1974, sin embargo, los excesos histriónicos de Peter Gabriel comenzaron a pasar factura a la armonía interna del quinteto. Tras la gira del álbum doble The lamb lies down on Broadway (aquí en versión animada del año 2020), Gabriel decidió renunciar a Genesis para iniciar su propio camino artístico. Como cuarteto, Genesis lanzó dos extraordinarios álbumes, A trick of the tail (1976) y Wind and wuthering (1977), con Phil Collins estrenándose como cantante y líder. Hackett, frustrado porque sus aportes como compositor no eran tomados en cuenta, también renunció, en 1977. Como trío, Genesis dio un viraje radical a su sonido, lo que le permitió acercarse a públicos más amplios. Aun cuando no abandonaron la sofisticación y complejidad instrumental, producciones como Duke (1980), Abacab (1981), Genesis (1983), Invisible touch (1986) o We can’t dance (1991) dividieron a sus seguidores, quienes consideraron que el grupo “se había vendido”, por el sonido más accesible de canciones como Turn it on again, That’s all, Illegal alien o Throwing it all away, influenciadas por la discografía en solitario de Collins. 

Como sabemos bien sus fanáticos, al tradicional debate sobre qué etapa fue mejor -con Peter Gabriel (1968-1975) o con Phil Collins al frente (1976-2007)- se añadió la esperanza de que los cinco integrantes de aquella primera época decidieran juntarse nuevamente. Después de todo, es una de las pocas bandas de los setenta que aún tiene vivos a sus integrantes y, hasta donde se ha sabido, no había mayores desencuentros personales entre ellos. Lo cierto es que, tras las salidas de Gabriel y Hackett, la formación del periodo clásico se ha reunido solo en dos ocasiones: en 1982, para el concierto Six of the Best; y en 1999, en que regrabaron The carpet crawlers, hipnótico tema de 1974, para el CD recopilatorio Turn it on again: The Hits.

Con la llegada del siglo 21, los rumores de una reunión se hicieron mucho más fuertes. Sin embargo, problemas de agenda impidieron que Hackett y Gabriel se comprometieran con tan ansiado proyecto. En cambio, Collins, Rutherford y Banks salieron al ruedo junto a sus habituales compañeros para las actuaciones en vivo, Daryl Stuermer (bajo, guitarra) y Chester Thompson (batería), para la gira Turn It On Again, 48 fechas alrededor de Europa y EE.UU., que incluyó un multitudinario show gratuito y al aire libre, ante medio millón de personas, en el Circus Maximus de Roma, Italia, registrado en el CD+DVD When in Rome (2007), en que hicieron un recorrido por su extenso catálogo, con excelentes versiones de clásicos como In the cage, Ripples, Follow you follow me, Home by the sea o Los endos. Aquella fue la última gira del grupo. Hasta ahora.

En años recientes, nuevos rumores comenzaron a circular por redes sociales. En el documental Genesis: Sum of the parts (BBC, 2014), Peter Gabriel (71) y Steve Hackett (71) manifestaron estar de acuerdo con la idea. Pero la cosa se cayó de nuevo, en especial por el malestar de Hackett tras ver la edición final del largometraje y por las dudas que generaba la salud de Collins. Una cosa era, decían algunos, presentarse como solista, interpretando sus éxitos radiales para públicos masivos y otra, muy distinta, comprometer el legado artístico de un grupo con seguidores extremadamente exigentes. ¿Podría el cantante de Sussudio con este nuevo reto?

Las dudas quedaron absueltas, en enero del 2020, con los primeros anuncios oficiales de The Last Domino?, gira que marcaría el retorno de Genesis a los escenarios, después de 13 largos años. La primera ronda de ensayos tuvo lugar en New York, poco antes del inicio de la pandemia. Precisamente, la crisis mundial del coronavirus hizo que se pospusieran las 20 fechas pactadas para Inglaterra, Canadá y Estados Unidos. Collins (70), Rutherford (70), Banks (71) y Stuermer (68) se han pasado casi todo este tiempo ensayando y cuadrando pruebas de sonido, iluminación y proyección de imágenes para los 37 shows que harán en total, como puede apreciarse en el documental estrenado el 5 de septiembre en YouTube, producido por PBS Network

Ante la ausencia de Chester Thompson (72) -quien no fue invitado a participar- y los problemas físicos de Phil Collins, la batería estará a cargo de Nic, su hijo de 20 años, una tarea que ya viene cumpliendo con la banda solista de su padre, desde el 2015. Otra novedad será la presencia de dos coristas, Daniel Pearce y Patrick Smyth, para apoyar vocalmente a Collins, quien canta desde hace varios años sentado en una silla. La gira The Last Domino? fue reprogramada en dos ocasiones: primero para abril de este año y luego, tras una segunda cancelación, ahora sí arrancará este lunes 20 de septiembre en Birmingham (Inglaterra) y se extenderá, si nada malo pasa, hasta el 15 de diciembre con dos shows en Boston, Massachusetts (EE.UU.) ¿Será la última oportunidad de verlos juntos? Todo parece indicar que sí.

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Conciertos, Música, Phil Collins

La pandemia nos robó, entre muchas otras cosas, los conciertos. Esas masivas congregaciones en estadios o teatros, explanadas o auditorios, en que se producía una mágica comunión entre artista y público. Apretujados en las primeras filas o sentados en la parte más alta de una tribuna, los asistentes a conciertos nos olvidamos de todos los problemas y nos entregamos a esa catarsis colectiva, esa euforia que se desata cuando escuchas, en vivo y en directo, los acordes de tu(s) canciones(s) favorita(s) y das de gritos, así nadie te escuche.

Cuando el coronavirus se instaló en nuestro país, en marzo del 2020, ya tenía compradas mis entradas para la tercera vez de Guns ‘N Roses en Lima. Y se cayeron, como piezas de dominó, algunos otros a los que no pensaba faltar: Pat Metheny -extraordinario guitarrista de jazz, en su primera visita al Perú-, Martin Barre -legendario guitarrista de Jethro Tull, junto a Dee Palmer y Adam Wakeman, hijo de Rick, para celebrar 50 años del grupo-, Kiss -tras 11 años del explosivo concierto que ofreció en el Estadio Nacional. Todos, hasta nuevo aviso, cancelados. Dicho sea de paso, Teleticket aún no anuncia hasta ahora la devolución de lo pagado por GN’R, a pesar de que ya están publicitando algunos conciertos presenciales para la última parte de este año.

Esta semana se cumplen, para mí, 24 meses sin experimentar esa liberadora sensación, combinación de cansancio, satisfacción y deseos de seguir que se produce cuando las luces blancas se encienden y el estruendo de parlantes y destellos de pantallas LED son reemplazados por una tenue música de fondo y el murmullo del público que comienza a salir del recinto. Algunos, haciendo comentarios a grito y lisura pelada. Otros, sin poder hablar. Pero todos, como ocurre pocas veces en la vida, sintiendo y pensando lo mismo. El último concierto presencial en el que estuve fue el 17 de agosto del 2019, hace exactamente dos años y cuatro días.

Tres horas antes de la programada en aquel día soleado, el concierto ya había comenzado en la amplia explanada en las afueras del BB&T Center, un impresionante complejo deportivo y centro comercial en Fort Lauderdale, a 45 kilómetros de Miami. Cientos de fanáticos llegaban, solos o en parejas, grupos y familias completas, muchos con polos alusivos a la banda, esperando que se abran las puertas. Dos estaciones de radio prendían el ambiente desde inmensos parlantes, con las clásicas canciones que, algunas horas después, harían delirar a los enfervorizados seguidores de Queen. Nosotros -mi esposa y yo-, fanáticos y conocedores del grupo, habíamos volado seis horas la noche anterior, desde Lima, un viaje relámpago para hacer realidad, aunque sea de manera parcial, el sueño de ver, en vivo, a esa banda que habíamos escuchado hasta el cansancio, desde niños, por separado y juntos, desde que nos conocimos.

Por la mañana nos cruzamos, en el hotel, con grupos de personas que habían llegado desde distintos lugares del mundo para asistir a la fecha 21, en Norteamérica, de The Rhapsody Tour, gira organizada tras el éxito mundial de la película acerca de la vida de Freddie Mercury, el venerado compositor, pianista, cantante y líder de Queen, fallecido en 1991. La banda entraría en un pequeño receso para luego remecer Japón, Nueva Zelanda y Australia, en enero y febrero del 2020, con su espectacular show, cosa que lograron completar antes de las prohibiciones ocasionadas por el virus de Wuhán.

Afuera del BB&T Center, casa de los Florida Panthers, uno de los equipos de hockey sobre hielo más populares de la zona, el calor abrasador se fundía con la expectativa, que crecía a cada minuto. El puesto de merchandising no se daba abasto para atender los pedidos: polos, gorras, bolsos, tazas y libros con motivos de la gira. Adentro, una gran fiesta estaba por comenzar. A las 8:30pm., una versión orquestal de Innuendo, canto de cisne de la Reina, comenzó a sonar y el sitio se vino abajo cuando Brian May (74) y Roger Taylor (72) saltaron al escenario tocando Now I’m here, poderoso tema rockero del tercer LP, Sheer heart attack, de 1974. Ellos son el principal atractivo de esta nueva etapa de Queen, que se inició en el 2009 tras el intento de cubrir el espacio de Mercury con el legendario vocalista Free y Bad Company, Paul Rodgers (2004-2008).

Durante dos horas y media, más de veinte mil personas se estremecieron con los electrizantes riffs y solos de Brian May, disparados desde su inseparable Red Special. En el fondo, Roger Taylor sostiene el ritmo con contundencia y acompaña con su inconfundible voz, rasposa y aguda, las armonías vocales que hicieron famoso al cuarteto. Ambos han encontrado en Adam Lambert (39) a un talentoso “hermano menor” con estilo y personalidad propia. El joven norteamericano, quien saltó a la palestra tras quedar en segundo lugar en la octava temporada del programa concurso American Idol, es un eficiente intérprete que muestra un profundo respeto por Freddie Mercury, a quien describe como “irreemplazable”, toda una Verdad de Perogrullo. Con amplio dominio del escenario y una actitud natural y extravagante, Lambert supera el desafío de ponerse en los zapatos de Mercury (alcanza las notas más altas sin problema, lo cual no es moco de pavo) y lo hace a su manera, sin caer en la caricaturización o el disfuerzo por imitarlo.

La puesta en escena, un despliegue de elegantes decorados, sonido, luces y pantallas de alta resolución, resume todo lo que siempre fue Queen: teatralidad, sofisticación y energía, pero con los estándares del Siglo XXI. En reemplazo del elusivo John Deacon (70), quien decidió retirarse por completo de la música tras el fallecimiento de Freddie, el bajista Neil Fairclough hizo un trabajo impecable; Tyler Warren acompañó con percusiones y coros; mientras que un viejo conocido, Spike Edney, se encargó de pianos y teclados tal y como lo hizo con Queen en los ochenta. Desde himnos rockeros como Tie your mother down, Fat bottomed girls, I want it all o Hammer to fall hasta las infaltables Don’t stop me now, Somebody to love, Radio Ga Ga, I want to break free o Crazy little thing called love, Queen + Adam Lambert ofrecieron un alucinante setlist, basado en el soundtrack de la taquillera película Bohemian Rhapsody (Bryan Singer, 2018). Un momento especialmente emotivo fue cuando Brian May empuñó la guitarra acústica para entonar, junto al público, la romántica Love of my life, acompañado por la voz e imagen de Freddie Mercury proyectada en fondo negro.

El último show de The Rhapsody Tour fue el 29 de febrero del 2020 en Brisbane, Australia. La porción europea de la gira fue reprogramada, primero para este año –que habría coincidido con el 50 aniversario de la banda- pero, como las complicaciones del COVID-19 aún están lejos de desaparecer, tuvo que volver a posponerse para el 2022, comenzando el mes de mayo con varias fechas en Irlanda, Escocia e Inglaterra. May, Taylor y Lambert esperan con ansias ese momento: “Regresaremos mejor que nunca”, declararon en su página web.

Durante el aislamiento pandémico, Brian May publicó tutoriales de guitarra en sus redes sociales y participó de diversas conferencias científicas y ambientalistas; Roger Taylor lanzó un single, Isolation, y anuncia para este 1 de octubre su sexto disco como solista, Outsider. Por su parte, Lambert publicó, en marzo 2020, su cuarta producción, Velvet, en la onda pop discotequera que sigue como solista. Los tres lanzaron una nueva versión del clásico We are the champions, cuyas ventas fueron donadas a una fundación solidaria con los médicos de primera línea, promovida por la OMS. Y además produjeron el álbum y DVD Live around the world, disponible online, que recoge los mejores momentos de las cuatro giras que han realizado desde el 2009.

Pero volvamos al BB&T Center. Para su acostumbrada guitar stravaganza, el doctor en astrofísica Brian May integró música y astronomía en un espectáculo audiovisual grandioso: Montado en un asteroide lanzó sus fabulosas orquestaciones –que incluyeron extractos de la Sinfonía del Nuevo Mundo del checo Antonín Dvořák (1893)-, rodeado de planetas y estrellas que giraban en torno suyo. Por su parte, Taylor hizo de David Bowie en el clásico Under pressure, interpretó una versión algo contenida de su composición I’m in love with my car y cantó las primeras estrofas de Doing all right, una de las primeras canciones de Queen. Para Bohemian rhapsody, la sección operística sonó, como siempre, en su versión original, mientras la banda en pleno se preparaba para romper todo con el portentoso final. El fin de fiesta llegó, por supuesto, con We will rock you/We are the champions. Una noche inolvidable que aun tengo grabada en mis ojos y oídos.

Quizás nunca vuelva a asistir a aglomeraciones de esta naturaleza pero, de ser así, me siento afortunado de que, el de Queen, haya sido mi último concierto.

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Conciertos, Pandemia, Queen