Día del trabajo

El investigador principal de Grade asegura que hay un exceso de autoempleo en el país y este se encuentra en una situación precaria. Afirma que al próximo gobernante le toca repensar los temas en materia laboral. Esta situación, dice, no puede seguir así

El investigador principal de Grade, Hugo Ñopo, recordó que una gran parte del empleo en el país es autogenerado. La mala noticia -asegura- es que este empleo resulta precario: La mitad de los hombres en el autoempleo ganan menos de una Remuneración Mínima Vital (RMV) al mes.

Más dramático -afirma- es entre las mujeres: 90% de las autoempleadas ganan menos de una RMV al mes.

A propósito del Día del Trabajo, ayer primero de mayo, analizamos los desafíos que tendrá el próximo presidente para la generación de empleo en medio de la crisis sanitaria.

En la actualidad ¿Cuál es el panorama del trabajo en el Perú?

Hay exceso de autoempleo. Además, tenemos un exceso de trabajo familiar no remunerado. La sumatoria de ambos son la mitad del empleo en el país. Y ambos son muy precarios. El autoempleo genera muy pocos ingresos para las personas que trabajan. Y el trabajo familiar no remunerado, como el mismo nombre lo dice, genera cero remuneraciones. Entonces es más precario. Tenemos un serio problema con el trabajo. Y no nos hemos dado la tarea de repensarlo. Debemos hacerlo profundamente. No puede seguir esta situación.

Los candidatos que pasaron a segunda vuelta tampoco han hecho muchos esfuerzos para tener propuestas concretas en material laboral.

Siendo justos, ninguno de los 18 candidatos tenía propuestas concretas. Esto es sintomático de lo siguiente: 1) No nos hemos dado la tarea de reformar, o sincerar la legislación laboral: ¿Qué se puede financiar y qué no? 2) Simplificar la legislación laboral. Esto no necesariamente significa recortar derechos. 3) Luego hacer más efectiva la fiscalización.

¿Cuánto ha cambiado la situación del empleo en el Perú comparada a la era prepandémica?

Este último año es bastante atípico y toca pensar en el mediano plazo. Así como hemos tenido dos o tres décadas de crecimiento económico, gracias a buenas políticas macro; toca pensar en buenas políticas micro para las siguientes dos o tres décadas.

¿Qué ha pasado? ¿Por qué en las últimas décadas se precarizó el trabajo y no se desarrollaron las condiciones para un trabajo digno?

Voy a la primera parte de la pregunta qué es muy importante. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué no nos damos a la tarea de repensar el mercado del trabajo? La discusión alrededor de esto es como estar en un campo minado. Es un terreno de posiciones dogmáticas en ambos extremos. Un ejemplo de eso son los planes de gobierno de los candidatos a la segunda vuelta. Cada uno se posiciona en un extremo dogmático y se ha abandonado el justo medio. Lo que necesitamos es que esas dos posiciones extremas y dogmáticas se acerquen. Cada una, un poquito, hacia un centro equilibrado y encuentren puntos de concordancia que hoy no la hay.

¿Por ejemplo?

Lo que para unos son derechos laborales, para otros son sobrecostos. Lo que para unos es estabilidad laboral, para otros es inflexibilidad de la contratación. Es verdad, son dos caras de una misma moneda. Lo que toca es reconciliar ambos para que se genera esta situación de gana-gana. Debe verse la integración. Y eso se consigue con diálogo, que hemos abandonado como sociedad. Necesitamos retomarlo.

Cómo usted lo ha señalado, pareciera que los planes de Perú Libre y de Fuerza Popular están mirando a la misma luna, pero siempre en dos caras opuestas. En esa línea ¿Cuán complicado es este diálogo? Parecería inviable…

Es complicado, pero no por eso vamos a abandonar la tarea. Toca enfrentarla. Que no sabemos dialogar, que no tenemos la institucionalidad para un buen diálogo, es cierto. Pero toca aprender y generar los espacios para ese buen diálogo.

Para darnos una cachetada de realidad, podría recordarnos ¿Cuáles son las condiciones de precariedad en las que están los trabajadores hoy en día?

Esto lo hemos visto múltiples veces. Con los jóvenes que murieron incendiados en Las Malvinas, con los jóvenes electrocutados en Mcdonalds. El afán desmedido de lucro en un contexto que la regulación no se fiscaliza adecuadamente hacen que tengamos esta situación tan precaria. Y cuando la situación es precaria, la pita se rompe por el lado más débil.

¿Por qué este crecimiento económico no ha servido para generar mejores condiciones laborales? ¿En qué hemos fallado todos?

Parte del diagnóstico de hace dos décadas era que los sindicatos eran una piedra en el zapato. Entonces la tarea consistió en minimizarlos. Eso se ha conseguido pero lo que hoy tenemos es un desbalance de poderes. Por eso estamos en esta situación. Esa es una de las razones. Puede haber una legislación, una normativa que equilibre un poco más la cancha. Lamentablemente, la normativa que hoy tenemos es abundante, de 1800 páginas. Y barroca. Cuando uno lee la legislación encuentra múltiples zonas grises, vacíos, contradicciones. Es muy compleja la legislación laboral. Toca simplificarla.

Pero no solo debe quedar en un tema de legislación…

Hay un tercer punto. Por más que la normativa sea perfecta. Aquí de lo que se trata es ser una mejor sociedad. Una donde todos nos podamos mirar como iguales. Y no una donde un empresario se sienta en condiciones o capacidad de explotar a sus operarios. Eso no debería suceder. Y más allá de cualquier legislación, debería estar en la consciencia de cada persona, de cada empresario que decide dar condiciones dignas de empleo, de cada empresario que juzga lo que han sido sus ganancias previas y después decide si pone en suspensión perfecta a sus empleados o no. Hace falta un poco más de consciencia. Eso se resuelve con que cada uno de nosotros cambie un poquito.

¿El emprendedurismo está muy romantizado en el Perú?

Exactamente. La legislación está hecha de forma tal que un microemprendedor no tiene incentivos para crecer, porque si crece ya le toca pagar más impuestos. Entonces la legislación pese a sus buenas intenciones termina condenando a las empresas al enanismo. Esto trae problemas de productividad. Ese es el problema.

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Día del trabajo, Grade, Hugo Ñopo, Trabajo

Irene Salvador y las mujeres de “La Masacre de Huacho”.

Las primeras décadas del siglo XX, tuvieron especial importancia en la historia del movimiento obrero peruano, pues son los años en los que confluyen las grandes reivindicaciones por los derechos de los y las trabajadoras. Este momento convulsionado por huelgas y movilizaciones, tiene como uno de sus grandes hitos, el derecho a la jornada laboral de ocho horas de trabajo, obtenido en 1919.

Esta victoria, sin embargo, fue producto de sostenidas huelgas en años previos, una de ellas, fue la huelga de Huacho en la que pierden la vida un grupo de mujeres, reconocidas como las primeras mártires del movimiento de trabajadores.

A inicios del 1900, las haciendas en Huacho, estuvieron caracterizadas por contar con trabajadores que, a la vez de jornaleros, eran pequeños propietarios de tierras. Esto significó que las mujeres tuvieran que participar activamente de las actividades agrícolas para cubrir las dobles jornadas necesarias, para cubrir el trabajo en sus tierras y las de las haaciendas.

Cabe señalar que, además de las labores del campo y las tareas domésticas, las mujeres también trabajaron como placeras o seroneras, comercializando su propia producción en el mercado de abastos.

La primera huelga de trabajadores agrícolas de Huacho se lleva a cabo en 1916, entre su pliego de demandas estaba la reducción de las horas de trabajo de 10 a 8 horas y el aumento de salario. Las exigencias de los jornaleros fueron aceptadas a cambio del cese del paro. Lamentablemente, los dueños de las haciendas no cumplieron ninguno de los acuerdos producto de la negociación.

Es así que el 7 de junio del 1917 se retoma la huelga en Huacho en la que las mujeres agricultoras y seroneras tendrían un rol protagónico. El 11 de junio y por decisión de la Sociedad Unión Jornaleros de Huacho se dio inicio a la Huelga de Placeras. Irene Salvador, dirigenta visible, organiza el cierre del mercado de abastos. De acuerdo a lo señalado por el Diario El Tiempo del 12 de junio de 1917, “esto se realizó para ejercer presión por medio del desabastecimiento de alimentos e influir en la terminación de la huelga”.

Otra labor importante que ejercieron las mujeres, fue gracias a su desplazamiento constantemente del campo a la ciudad en su labor de comerciantes. Durante la huelga, ellas se encargaron de recolectar las donaciones de las Sociedades Obreras y de los pequeños comerciantes de la ciudad, para garantizar el sostenimiento de la olla común.

El 14 de junio de 1917 se dio lugar lo que se conoce como La Masacre de Huacho. Ese día, debía llevarse a cabo una negociación entre los hacendados y los huelguistas, teniendo como mediador al subprefecto. Las mujeres, lideradas por Irene Salvador, se movilizaron en dirección a la subprefectura para exigir una intervención justa y pronta solución al conflicto, que para entonces ya llevaba varios días.

Las mujeres son reprimidas por aproximadamente 300 gendarmes armados. La dirigente Irene Salvador, solicita que le sea permitido entrevistarse con el subprefecto y ante la negativa se producen forcejeos y enfrentamientos.

Las fuerzas del orden, en clara posición de ventaja y abuso de poder, hacen uso de armas de fuego y bayonetas, una de ellas atraviesa en el pecho a Irene Salvador y seguidamente a la dirigenta Manuela Chaflojo, posteriormente, van cayendo muertas y heridas más seroneras.

El Diario El Tiempo del 16 de Junio de 1917 publicó la relación de nombres de las trabajadoras muertas en el enfrentamiento: “Luz Díaz (bala en el pecho), Margarita Estupiñan ( bala en el pecho), Isabel Rosadio (bala en el vientre), María liecho (atravesada por un bayenotazo), Jesús Muñoz (bala en el pecho), Micaela Estupiñan (bala en la cabeza), Ruperta Montes (atravesada por un bayenotazo)”.

María Jesús Alvarado, intelectual y activista por los derechos de las mujeres, levantó su voz de protesta y escribió en distintos periódicos anarcosindicalistas sobre la participación y masacre de las mujeres en la huelga de Huacho.

Señaló lo siguiente: “Mientras en la capital se respetaba el derecho de los huelguistas varones, fuesen justos o exagerados en sus reclamaciones, a un paso de la ciudad se mataban a las mujeres que por primera vez elevaban su voz al capitalismo, pidiéndole un trozo más de pan para acallar el hambre…”

Tenemos una gran deuda con la memoria de las mártires de la masacre de Huacho, su sacrificio ha quedado en el olvido, y tanto sus nombres como sus imágenes se han ido borrando con el tiempo.

No las olvidemos y sigamos su ejemplo, pues es gracias a estas valientes mujeres que hoy en día nosotros y nosotras tenemos condiciones laborales más dignas.

Sin luchas no hay victorias.

¡ Feliz día de las y los trabajadores !

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1 de mayo, Día del trabajo, Irene Salvador