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Toqué la puerta cinco minutos antes de la hora, Hernando me había citado a las cuatro de la tarde y yo quise ser puntual. No quería darle al famoso gurú de la economía un motivo extra para hablar de su educación europea y de cómo sus años en Suiza lo hacían un tipo realmente excepcional y admirable, mucho más que cualquiera que yo pudiera conocer.  Me abrió la puerta una empleada vestida con un uniforme impecable, de estilo francés y quien sin mirarme a los ojos me dijo que la siguiera, y que don Hernando me esperaba en su oficina.

  • Sr Ferraro, right on time! Parece usted educado en Europa como yo. ¿Quiere un trago?
  • No gracias
  • Madeleine está por llegar, a ella la cité unos minutos más tarde, pensé que sería mejor que nosotros conversemos un ratito antes, to be on the same page, usted sabe, para discutir algunas cositas between us gentlemen, sin tanta histeria.
  • Suena bien, pero aun no me queda claro para que dos personas tan renombradas como usted y Madeleine quisieran conversar conmigo.

Hernando tocó una campanilla de plata que tenía sobre la mesa. Segundos después entró al despacho otra de las empleadas con traje francés. Hernando golpeó con sus uñas el vaso de vidrio que estaba vacío encima de su mesa y se quedó en silencio mientras ella lo llenaba de agua con una jarra del bar que se encontraba a un par de metros del escritorio.

  • Es muy simple estimado Jaime, el país, nuestro país está en peligro.
  • ¿Con lo del comunismo y eso?
  • Bueno sí, en parte, lo del comunismo es malo, pero no me refiero específicamente a eso.
  • ¿A qué se refiere con esa parte? Hasta donde yo tengo entendido, el comunismo es malo siempre.
  • Me refiero a que el comunismo es malo porque ha traído mucho atraso y pobreza en todos los lugares donde se ha intentado, pero también debemos admitir que en ningún lugar ha habido verdadero comunismo, bien implementado.
  • Ese es un argumento de izquierda don Hernando.
  • No es de izquierda, es mío
  • ¿Usted cree que hay una manera de instaurar un verdadero régimen comunista que funcione?
  • Si, yo estoy seguro de que podría, no creo que sería fácil, pero creo que yo si podría manejar un régimen comunista sostenible, si quisiera, y le cambiaría el nombre, porque eso de comunismo es como muy corriente, tendría que ser especialismo o algo así especial…. Where was I?
  • Me estaba diciendo que me ha llamado porque nuestro país está en peligro, por lo del comunismo, pero no tanto, sino más por otras cosas, que usted si podría manejar un régimen comunista si quisiera y de manera especial.
  • Exacto Sr. Ferraro, 

En ese momento la conversación fue interrumpida por tres golpes sutiles en la puerta.

  • ¡Come in! – Dijo Hernando, la puerta se abrió.
  • Ya llegó la señora Madeleine – Dijo la empleada mientras entraba a la habitación sosteniendo una bandeja de plata sobre la cual descansaba un iPad Pro último modelo en cuya pantalla se podía ver a Madeleine a través de una videollamada.
  • Maddie! So glad you could join us! – Exclamó Hernando
  • Wouldn’t miss it for the world Ernie! Hola James!
  • Hola…
  • Bueno, ¿Shall we begin?.
  • Go ahead Maddie, Norka, sube el volumen por favor – La sirvienta subió dos puntos el volumen del iPad y Madeleine empezó.
  • James, los he citado porque cómo usted habrá notado la política se ha salido un tanto de control y eso está teniendo terribles consecuencias en lo social. Muchos de mis familiares y amigos , como supongo que muchos de los suyos, están realmente preocupados, la clase dirigente de este país está asustada, los valores clásicos de pituquismo están siendo difamados y ese status social que durante tanto tiempo ha sido fuente de orgullo, ejemplo e inspiración para los peruanos, hoy para muchos es objeto de criticas y ataques. Hay gente que teme salir a las calles exhibiendo su cabellera rubia ¿No lo has notado?.
  • He notado que hay una enorme polarización, eso es definitivamente un problema
  • Eso es verdad, – Continuó Madeleine – la polarización está aumentando muchísimo, pero yo la veo más como una solución, cinco de mis amigos me han comentado que van a ponerle vidrios polarizados a sus autos, y entiendo que es por motivos de seguridad, pero también intuyo que ese orgullo de ser pituco, de inspirar al resto, pues no se va a exhibir con la misma fuerza. La gente mirará esos autos y no sabrá quien los maneja, ya no sabrán si quién va en ese auto es un empresario acaudalado que pueda dar ilusión a quienes lo vean, o un narcotraficante tal por cual.
  • Terrible realmente… – Respondí – pero ¿Qué podemos hacer?
  • Pues por eso los he citado. Creo que Ernie y yo somos figuras muy representativas del pituquismo, somos un faro solitario, listos para guiar a nuestra clases medias aspiracionales a través del océano de su pobreza. Hoy se necesita unidad más que nunca, hoy debemos dejar de lado las divisiones y unirnos todos, sin importar nuestras diferencias. No importa si eres un pituco clásico de San Isidro, del malecón de Miraflores, del malecón de Barranco o si vives en una mansión de la Planicie. Hoy debemos estar todos unidos, debemos dejar de lado la división para defendernos del resto del país.
  • ¿Y yo cómo puedo ayudarlos?
  • Madeleine y yo hemos decidido que necesitamos alguien con llegada a los jóvenes, y si bien yo tengo muchísima, es más, me atrevería a decir que si no fuera por mi edad, yo mismo sería la mayor joven promesa de este país, pero hay quienes no entienden la relatividad del tiempo, así que hemos decidido convocarlo a usted. 
  • Pero don Hernando, yo no soy joven, tengo casi cuarenta años.
  • Eso no importa, si te digo que tengo más de ochenta e igual soy más joven que tú.
  • ok…
  • Y además hemos visto que eres muy popular en Instagram and Tiktok, y que das muy buenos mensajes inspiradores para los jóvenes pitucos, eso es justo lo que necesitamos, tú nos ayudarás a encontrar el camino hacia un pituquismo fuerte, unido.
  • No lo sé Don Hernando, no lo veo muy claro.
  • Por supuesto que por esto te pagaríamos una suma de acorde a tu reputación.
  • Encantado, para servirles entonces, pero ¿Cómo haremos? ¿Tiene ya una estrategia clara?
  •  Maddie tiene una idea regia
  • Si te fijas James, la gente que nos envidia y nos resiente suele ser gente que no nos conoce de cerca, que nunca han podido ver con sus propios ojos la cantidad de virtudes que tiene la gente bien, y por eso luego no saben como imitarnos y se comportan como animalitos. Pero hay gente que podría ser resentida pero no lo es, y no lo es porque nos conoce de cerca, porque trabaja con nosotros.
  • ¿Se refiere al servicio doméstico?
  • Si, pero yo prefiero no llamarles así, porque en realidad son casi como familia, yo prefiero llamarles mi familia doméstica. 
  • Yo también tengo familia doméstica, tengo varias, una en cada una de mis casas, i love them all just the same. 
  • Déjame terminar de explicarle a James su misión Ernie… La idea James es hacer un video para tus redes en el cual las chicas de mi familia doméstica te reciben en mi nueva casa y te muestran todas sus habitaciones mientras cuentan lo buena que soy con ellas.
  • ¿Y qué buscan conseguir con eso?
  • Que los pitucos jóvenes entiendan que uno puede aspirar a tener cosas lindas al mismo tiempo que se preocupa de ayudar a los pobres, como hago yo, porque no quiero que se confundan y sus buenas intenciones los terminen llevando al caviarismo. Incluso en alguna parte del video podría aparecer yo muy rapidamente, a manera de cameo, sin hablar mucho, para mantenerme a la vista, yet still unreachable.

Debo admitir que al comienzo la oferta me dejó un poco abrumado, no sabía si realmente merecía la enorme oportunidad que estos dos gigantes del pituquismo me estaban dando, así que decidí escuchar a mi corazón, y en el fondo de este, un sentimiento muy puro se asomó y pude oir como claramente me decía : “Cóbrales un culo de plata cojudo”. Y Decidí aceptar

  • Me gusta la idea, igual dependerá del presupuesto que me guste más, pero estoy dispuesto a ayudarlos, creo que hay varias formas de hacerlo, pero lo importante es mostrarle a la gente que existe un mundo mejor, el mundo de los pitucos, y si bien ellos no pueden vivir en el, pues pueden aspirar a hacerlo y esa motivación los podría llevar muy lejos. Let’s do it!.

To be continued

 

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Así, en plural. Me refiero a la vuelta a la oficina, a la vuelta a los salones de clase, a esa tan mentada nueva normalidad, cuando la pandemia amaina y parece enfilarse hacia la endemia.

Se supone que todos estamos saltando en un pie: madres y padres hartos de actuar varios guiones distintos en el mismo escenario, por fin exonerados de ser asistentes de aula impagos. Los chicos eximidos de esa cercanía sofocante —he escuchado a varios que juran “la siguiente epidemia no me agarra ni de a vainas en la casa de mis viejos”— que puso entre paréntesis las promesas de independencia y autonomía.

Pero no…, por lo menos no así de sencillo, ni unánime.

Acompañé a pacientes de todas las edades en los varios matices del encierro y las múltiples tonalidades del miedo. Ahora voy siguiendo los sentimientos encontrados camino a los espacios pre covídicos, no solo de individuos, sino también de grupos de ejecutivos que trabajan en organizaciones de todo tipo y en varios países.

Los hay claustrofóbicos y otros claustrofílicos, los hay que se sienten cómodos con colegas bidimensionales y otros que añoran la carne y el hueso de los pasillos. Pero si los mandamases en los directorios y quienes dirigen los departamentos de recursos humanos creen que se va a imponer una talla única, se equivocan groseramente.

Muchos la tienen clara: el contacto importa, pero la reunionitis compulsiva es una pérdida de tiempo y energías. Nada justifica desplazamientos que en algunas ciudades se miden en horas. La identidad organizacional no depende de una sede central llena de rituales y señales que tienen que ver más con jerarquía y control que con innovación y productividad. Se puede trabajar desde cualquier lugar, por lo menos parte del tiempo.

Todos saben que lo que se extraña de las empresas y colegios —encuentros casuales, intercambio de información interpersonal, vale decir, chismes y recreos de todo tipo— es justamente lo que estará fuera de límites y que el resto es, más o menos, lo que se hacía en casa o cualquier otro lugar, solo que… con mascarilla.

Pero, sobre todo, un número apreciable de quienes estudian y trabajan, han comenzado a redefinir lo que significan esas dos actividades y su contribución a la identidad de las personas y están llegando a la conclusión de que por lo menos algunos protocolos educacionales y profesionales no son más que estupideces consagradas por la tradición y la autoridad.

Ya se dieron cuenta.

Los más creativos y capaces ofrecerán sus talentos a organizaciones —públicas y privadas, con y sin fines de lucro— que acepten lo anterior y ofrezcan flexibilidad, así como reconocimiento a maneras distintas de hacer las cosas; que combinen lo presencial con lo remoto, la circulación de personas e ideas por espacios diversos sin que dejen, por ello, de pertenecer a culturas institucionales vigorosas.

El COVID-19 causa una enfermedad, SARS-CoV-2, que se volvió pandemia. Habíamos olvidado que las pestes nos han acompañado desde que se nos ocurrió erigir la torre de Babel, mítico emprendimiento bíblico, símbolo de nuestra soberbia.

Hemos podido más que nuestros ancestros cuando sufrieron los embates de las plagas ateniense, antonina, justiniana, la muerte negra, la gripe rusa y la española, para solo mencionar algunas. Con celeridad extraordinaria desarrollamos vacunas eficaces y las venimos aplicando a pesar de las dificultades —que han terminado siendo más ideológicas, basadas en ideas, que logísticas—, así como estrategias comportamentales individuales y colectivas que limitan los contagios.

Sin embargo, no hay bala de plata: todos los países, no importa el sistema político que los gobierna ni los perfiles culturales que los definen, han pasado por cimas y simas en sus indicadores pandémicos.

Independientemente de lo anterior, el estado de ánimo colectivo —que ya venía groggy desde 2008— ha cambiado para peor. Sin entender los nuevos sentidos del trabajo, lo que esperamos de la vida, lo que define a los individuos, la identidad colectiva, el significado de salud y enfermedad, el balance entre protección y libertad, la palabra regreso es una cáscara vacía.

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Covid-19, sociedad

“Quiero abandonar este mundo como un comunista” le escribió, en octubre del 2020, Mikis Theodorakis a Dimitri Koutsoumbas, líder del KKE, la principal fuerza política de izquierda de Grecia, en una carta en la que dejaba indicaciones precisas sobre cómo y dónde debían ser sus funerales, un tema que, a una semana de su fallecimiento, ha desatado intensas polémicas que enfrentaron a cortes judiciales con los deudos del compositor y activista, quien dejó el mundo físico el pasado 2 de septiembre, un mes y medio después de cumplir 96 años de edad.

El daño más grave que hizo Sendero Luminoso fue haber terminado, de formas sanguinarias y brutales, con la vida de decenas de miles de compatriotas en las zonas más pobres y abandonadas de nuestro país. Pero la estela de terror y barbarie de SL dejó, además de esa concreta sombra de muerte en familias que nunca hallaron paz ni justicia, un perjuicio subjetivo que viene afectando a prácticamente dos generaciones: la estigmatización de la izquierda como sinónimo de maldad, resentimiento y pobreza espiritual.

Cuando, en septiembre de 1992, vimos aquellas tomas borrosas de video casero en las que Abimael Guzmán y su cúpula de crápulas hacían la ronda y palmoteaban como oligrofrénicos al compás de Zorba El Griego, algo pasó en la mente de los jóvenes que observábamos esa danza, entre ridícula y macabra. En nuestras charlas de universidad, la alegre y mediterránea melodía ya no nos remitía a aquella entrañable película que protagonizó Anthony Quinn en 1964 sino que se volvió la banda sonora de la captura del esperpéntico líder terrorista.

Muchos salimos pronto de la oscuridad, a través de lecturas, películas y canciones. Pero muchos otros no lograron escapar de aquello y hoy llenan, con polos de la selección peruana y boqueando pestíferos prejuicios, las manifestaciones contra el comunismo como si tal sistema de ideas fuera equivalente del terrorismo ramplón y asesino, cosa imposible por muy anacrónicos y desfasados sean la mayoría de sus postulados. Y que celebrarían, en sus eventos auspiciados por Erasmo Wong, la muerte de Mikis Theodorakis, comunista hasta los huesos. Si supieran quién fue, por supuesto.

Esa ignorancia primordial es, además, acicateada por una élite que, desde los medios concentrados y asociados a la derecha más recalcitrante, se dedica a invisibilizar a aquellas personalidades que ensalzan a la izquierda, para evitar que toda esa masa, por lo menos, se entere de que también existen seres humanos valiosos formados desde un pensamiento “de ala zurda más que diestro”, parafraseando a Silvio Rodríguez.

La trayectoria personal, artística y política de Mikis Theodorakis (Chíos, 1925) plantea un grave problema a esa derecha bruta y embrutecedora. ¿Cómo criticar a un músico que enfrentó, cara a cara, una de las peores dictaduras del siglo 20 -la Junta Militar que aplastó los derechos civiles en Grecia de 1966 a 1974-, que lo encarceló, censuró y torturó? ¿Qué podrían reprocharle al artista que peleó contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial, que rechazó la Guerra del Golfo Pérsico, que tendió puentes de hermandad entre Grecia y Turquía y criticó al gobierno de su país por estrechar lazos con Benjamín Netanyahu?

Se me ocurre que, por esa imposibilidad de mencionar su nombre sin decir que se trataba de un hombre de izquierda, es que el fallecimiento de este músico universal desapareció de los medios locales al día siguiente, mientras sigue siendo noticia en Grecia y otros países de Europa, donde no cesan de reseñar hasta hoy su importancia como principal responsable de la internacionalización del folklore griego, además de impulsar ideas elevadas sobre cultura, humanismo, arte y su relación con la vida del pueblo. Como político, Theodorakis sirvió a su país como activista, parlamentario y ministro, durante el gobierno de Konstantinos Mitsotakis (1990-1993), padre del actual Primer Ministro de Grecia, Kyriakos Mitsotakis, quien decretó tres días de duelo nacional y acondicionó una capilla ardiente en la Catedral de Atenas, donde cientos de personas se hicieron presentes para despedir a su ídolo.

Para el mundo entero, el nombre de Mikis Theodorakis es sinónimo directo de Zorba, The Greek, la mencionada película (basada en libro epónimo de Nikos Kazantzakis), en que un rústico y desenfadado hombre cretense, Zorba, enseña a vivir a un acartonado señorito inglés. Michael Cacoyannis, director de la cinta, lo convocó también para su ciclo de largometrajes basados en clásicas tragedias griegas, entre las que destaca la sensacional partitura de The Trojan Women (1971), protagonizada por Katherine Hepburn. Además, puso música a dos importantes películas de su compatriota Costa-Gavras: Z (1969) y State de siege (1972), ambientada en Uruguay en tiempos de la guerrilla urbana de los Tupamaros. Aunque Hollywood también se rindió a los encantos de Zorba, su relación con el cine norteamericano fue más bien de distancia y hasta cierta hostilidad, con la excepción de su trabajo en Serpico (Sidney Lumet, 1973), en que Al Pacino encarna al valiente oficial de policía que desmontó, con sus denuncias, las redes corruptas del departamento de policía de New York.

Pero la obra musical de Mikis Theodorakis trasciende, por mucho, a esta danza, también conocida como sirtaki. Theodorakis ha compuesto cientos de canciones, decenas de sinfonías, conciertos y óperas -la mayoría basadas en textos clásicos y modernos de la literatura griega- y obras cargadas de su ideología política. Por ejemplo, en Bulgaria se editó su obra Lithurgy of the children killed in the war (Balkanton Records, 1986), de gran impacto en este país de Europa Oriental. O la sobrecogedora Mauthausen Trilogy (1965), también conocida como The ballad of Mauthausen (con textos del poeta griego Iakovos Kambanellis). La suite, inspirada en los horrores del campo de concentración de Mauthausen, Austria, en el que fueron sacrificados casi 300,000 judíos, fue interpretada por famosos cantantes, entre ellos, la norteamericana Joan Baez

Luego de pasar cuatro años en prisión -y de recibir el apoyo de grandes nombres de la comunidad artística mundial como el compositor ruso Dmitri Shostakovich, el escritor inglés Arthur Miller, los músicos norteamericanos Leonard Bernstein y Harry Belafonte, entre otros-, se dedicó a escribir contundentes canciones de protesta que inspiraron a las juventudes que finalmente forzaron la caída del régimen militar. Estas canciones se hicieron muy populares en el área mediterránea, en las voces de María Farantouri y Antonis Kalogiannis (fallecido en febrero de este año) quienes, junto a Theodorakis, se convirtieron en la conciencia social del pueblo griego. En 1971 fue invitado a Chile por Salvador Allende y devolvió la cortesía musicalizando el Canto general de Pablo Neruda. Aquí podemos ver y oír al compositor dirigiendo a la orquesta y al grupo Quilapayún, en un programa especial realizado en España en 1981.

A diferencia de Vangelis -el otro gran músico griego del siglo 20-, la música de Theodorakis conecta a sus oyentes con el alma y espíritu del pueblo griego desde sus entrañas regionales, pero desde un punto de vista clásico, orquestal, sinfónico, donde violines y pianos se unen a bouzoukis y panderetas en comunión atemporal. Pero si de explorar sus amplios recursos se trata, una recomendación puede ser el álbum Song and guitar pieces (Columbia Records, 1967). En estas grabaciones participa el reconocido guitarrista australiano John Williams y contiene adaptaciones musicales del Romancero gitano de Federico García Lorca. 

Pero, además de Zorba, The Greek –aquí bailada de manera intensa por el compositor y Anthony Quinn, en 1995-, hay una melodía de Theodorakis que es muy conocida para nosotros. Una canción sinuosa y romántica, de quiebres ondulantes y bouzoukis picados, que hasta ha sido cantada por los Beatles. Se trata de la adaptación al español de The Honeymoon Song (título original: An thimithis t’oniro mou), un tema de 1959. Grabada en los setenta por la cantante Gloria Lasso, con textos del poeta Rafael de Penagos, se hizo muy popular en la voz de Paloma San Basilio, con el nombre de Luna de miel (LP Grande, 1987). Como Zorba, este tema universalizó el sonido del folklore griego y condicionó, para bien y para mal, su uso en el cine, la televisión y el turismo.

Como el macartismo más rancio e intolerante, el mundo occidental orientado a la derecha le ha dado la espalda al bagaje musical de uno de los compositores más prolíficos de música instrumental contemporánea, alumno del director de orquesta y compositor francés Olivier Messiaen (1908-1992) y constante animador del Epidaurus Festival, donde estrenó varias de sus obras. Este festival, que se celebra cada año desde 1955, ya anunció que la edición del 2022 tendrá un programa especial de homenaje a Mikis Theodorakis, a quien describen como “una figura icónica de la música, cuya obra visionaria y amplia muestra el lenguaje griego de forma única, con canciones que expresan apasionadamente las luchas de nuestro país por la libertad y la auto determinación”. 

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