Cultura

La Banda Elástica nació de una reunión entre Acher y el pianista Jorge Navarro, experimentado músico argentino que venía de tocar con grandes como Leandro «Gato» Barbieri, Bernardo Baraj, entre otros. Junto a ellos, Juan Carlos Amaral (bajo, voz), Ricardo Lew (guitarras), Enrique «Zurdo» Roizner (batería, percusión), Enrique Varela, Hugo Pierre (saxos, clarinetes) y Carlos Constantini (trompeta, voz), armaron un combo que pasaba del jazz más natural, como el Ragtime para tres, de Scott Joplin, a complejos arreglos de fusión como en los clásicos del folklore argentino Luna tucumana (Atahualpa Yupanqui) o Juana Azurduy (Ariel Ramírez) y hasta himnos del rock como Proud Mary, de C. C. Revival. Además de compartir la dirección musical y arreglos de La Banda Elástica con Navarro, Acher se encargó de tocar saxos y clarinetes, en especial el clarinete bajo. 

Las décadas siguientes, Ernesto Acher presentó diversos shows unipersonales -Humor con Acher, Veladas espeluznantes (1993), ¿Acher en serio? (2002), La orquesta va al colegio (2004), Humor a la carta (2016)-, además de incursionar en el mundo de la radio con el programa Los rincones de Acher, que se transmitió en distintas emisoras de Argentina y Chile, país donde residió muchos años con su familia, dedicándose paralelamente a la docencia en la Universidad Diego Portales de Santiago. En 1997 se unió a los pianistas Jorge Navarro y Rubén “Baby” López Fürst para el espectáculo Gershwin, el hombre que amamos, homenaje al célebre compositor de Rhapsody in blue (1924), una joya del jazz sinfónico. 

El show, en el que Acher dirige a una orquesta de 40 músicos, se presentó en varias ciudades de Argentina, Chile y Brasil, hasta el fallecimiento de López Fürst (2000). Poco antes de la pandemia, Acher y Navarro repusieron este concierto en los teatros más importantes de Argentina. También a fines de los noventa, Acher presentó el concierto para niños (y adultos) Los animales de la música, una creativa propuesta sinfónica en la que recopila obras con títulos de animales: El vuelo del abejorro, El zorro, Tiburón, La Pantera Rosa, El Cóndor Pasa, etc. El recital terminaba con Teresa y el Oso, otra de sus composiciones para Les Luthiers. La idea la concibió junto a su amigo Jorge de la Vega, flautista clásico, con quien estrenó La verdadera Cenicienta, otra exitosa parodia musical, en el 2017.   

Durante la primera visita de Les Luthiers a Cuba, en 1983, trabó amistad con el comediante y cantautor Alejandro García Villalón «Virulo», con quien inició una sociedad artística muchos años después, a través de los Juegos sinfoniquísimos (2014-2016), donde Acher dirigía a la orquesta e intercalaba sus divertidos monólogos con los del cubano, una dinámica que recuerda, por supuesto, a Les Luthiers pero también a otros humoristas hispanohablantes como el uruguayo Leo Maslíah o el argentino Luis Landriscina, exponentes de una comedia musical inteligente y contracultural, de finas ironías y elegante uso del idioma. Las creaciones de Ernesto Acher son un permanente homenaje a su pasado como integrante de Les Luthiers, experiencia que marcó por siempre su vida artística. «En Les Luthiers aprendí todo lo que sé y me da gusto el éxito que siguen teniendo», mencionó en una entrevista, no sin antes aclarar que no había posibilidad de reunirse con ellos, a pesar de ser un clamor constante de sus fans. 

Tras los fallecimientos de Daniel Rabinovich (72) y Marcos Mundstock (78), los años 2015 y 2020; y el retiro voluntario de Carlos Núñez Cortés (80) el 2017, al cumplirse 50 años de Les Luthiers, esa reunión es definitivamente imposible. El grupo continúa activo con solo dos de sus integrantes originales, Jorge Maronna (74) y Carlos López Puccio (76) y cuatro nuevos músicos y actores. Ernesto Acher regresó a Argentina el 2017 para continuar con sus múltiples proyectos, uno de los cuales era una serie de conciertos con música de Antonio Carlos Jobim junto a su cómplice en La Banda Elástica, Jorge Navarro, pero la pandemia los retrasó. Actualmente tiene 82 años.

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Cultura, Ernesto Acher, Música

¿Cuánto se recicla en Perú?

Según las cifras oficiales, en el Perú se generan 21 mil toneladas de residuos diariamente (equivalente a 3 estadios nacionales llenos). Esto equivale a 0.8 kilogramos de generación de residuos por persona al día. ¡Esto es casi 300 kilos por persona al año! Una cifra bastante alta. ¿Y cuánto reciclamos? De acuerdo con información del Minam, las cifras están en 1% de reciclaje formal.

 

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Cultura, Reciclaje, sociedad

En el Perú el caso es más grave, pues con un 75% de economía informal, los derechos, ya no laborales, sino humanos de cientos de miles de trabajadores quedan en completo desamparo. ¿Cómo desear un Feliz Día de los Trabajadores a quienes son tratados sistemáticamente como máquinas y no como personas?

Y sin embargo no se pierde la esperanza. El trabajo es la verdadera fuente de riqueza y los obreros de todo tipo, formales e informales, amas de casas y trabajadoras domésticas, vendedores ambulantes y barrenderos, todos los que sostienen nuestra economía, algún día volverán a ganar sus derechos. De otro modo, nos seguimos encaminando al precipicio de una sociedad salvaje en la que la ley del más fuerte puede derivar en reacciones como las de los obreros de Chicago. Que Dios nos coja confesados.

 

 

 

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Cultura, Día del trabajo, sociedad

En suma, el perdón histórico y reivindicador a los mundos andino y amazónico secularmente explotados, su reparación e integración de pleno derecho al proyecto nacional, lo que implica la dotación de los servicios del Estado en condiciones de igualdad que al resto de los ciudadanos, deben constituirse en la base de una sociedad en la que la multiculturalidad y el multilingüismo no representen muros que nos separan sino riquezas que compartimos y nos proyectan hacia el mundo, y que hemos sabido hacer nuestros tendiendo puentes interregionales e interculturales a través de la escuela y potentes programas de intercambio infantiles y juveniles. Desde estas bases podemos comenzar a construir una sociedad libre y justa, que aprendió de su pasado, que maduró a pesar de él y que se enorgullece del entendimiento entre todos sus ciudadanos y ciudadanas sin importar su origen, raza, género o religión, habiendo desterrado el racismo en todas sus formas.

La utopía del centro es una nación que hoy no somos, pero resulta que hoy no somos ninguna y hay que comenzar por imaginarnos aquella que queremos ser.

P.S. Mi agradecimiento a mi amigo y filósofo Atilio Castro Gargurevich por su expertiz en temas de reconciliación y amazónicos, y por compartirla conmigo.

 

 

 

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Cultura, Gobierno, sociedad

Es cierto que la mente humana necesita cambio y variedad. La ausencia de ello enferma, literalmente enloquece. Pero también requiere estabilidad y predictibilidad. Sin ellas no se desarrolla la confianza básica en que el mundo es vivible. Creo que la  novedad se convirtió en una obsesión y se dejó de lado las maneras de sobrellevar cooperando y compartiendo, usando la tradición, turbulencias que no tienen nada que ver con el emprendedurismo.

¿Qué encuentran la guerra, la pandemia, la catástrofe natural, esas realidades que nadie quiso discutir en colegios y escuelas de negocios, que relegamos a películas de zombies, sectas de supervivientalistas o pájaros de mal agüero que no aceptaban ni entendían el progreso?

Pues jóvenes que se sienten engañados, que no quieren ser incomodados, sumamente recelosos, cuando no abiertamente rabiosos, frente a autoridades de todo tipo —científicos, servidores públicos, representantes políticos, expertos y especialistas—, que buscan protección antes que experimentación, que quieren explicaciones sencillas y totales, que prefieren conductores recios e inescrupulosos.

Claro, es una tendencia, quizá pasajera, pero suficientemente marcada como para  recalibrar nuestros mensajes con respecto a lo constante y lo variable, sin ensalzar ni despreciar ninguna de esas dos dimensiones que dan sentido a todo.

 

 

 

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Cultura, sociedad

Martina Portocarrero nació en Ica, pero dedicó su vida al canto andino y específicamente ayacuchano, no solo interpretándolo sino también investigando sus raíces, significados y relevancias para la sensibilidad de las poblaciones apartadas del teje y maneje político. Como suele ocurrir con esta clase de artistas nacionales, no contamos con un registro formal y detallado de sus producciones musicales. Sus inicios se produjeron en la legendaria agrupación de música latinoamericana Tiempo Nuevo, en una de sus tantas e indeterminadas alineaciones, para luego comenzar su camino en solitario. 

Dicen que en total grabó cinco álbumes: Canto a la vida (1982), Martina en vivo (1987), Maíz (1993), El canto de las palomas (2001) y Carita de manzana (2012), todos con su propio emprendimiento discográfico, Discos Retama. En mis tiempos de vendedor de discos compactos, circulaban dos o tres CD en ediciones muy magras de sus recitales en el Teatro Municipal de Lima o recopilaciones salpicadas de aquellas canciones con las que se hizo conocida en el submundo del folklore: Maíz, Llanto por llanto, El hombre (del poeta ayacuchano Ranulfo Fuentes), Mamacha de las Mercedes (composición suya dedicada a José Valdivia Domínguez “Jovaldo”, el poeta presuntamente afiliado a Sendero Luminoso que falleció a los 31 años en la masacre de El Frontón, de 1986) y, por supuesto, Flor de retama, títulos por los cuales fue siempre asociada al pensamiento radical y violentista de aquel maldito movimiento terrorista, lo cual no le restó popularidad entre los conocedores y amantes del folklore andino peruano.

Portocarrero grabó por primera vez Flor de retama para un LP llamado Huaynos bien pegaditos (Discos Cosmos, 1971), como integrante del grupo Los Heraldos del Perú, dirigido por el músico e investigador huaracino Luis Espinoza Mejía, muchos años antes de que las asesinas huestes de Abimael Guzmán trataran de adueñarse de la dolorida canción. Algún agente desinformador repitió lo que Leyva dijo en su programa y, desde entonces, los ignorantes que pugnaban por hacer llegar a Keiko Fujimori al poder se lo creyeron y amplificaron la cantaleta cada vez que pudieron. Así, cantante y canción se convirtieron en “emblemas senderistas” y su sola mención volvió a encender las alarmas, las sospechas, las acusaciones, los memes.

Martina Portocarrero, como cantante, representa la continuidad del huayno tradicional cantado por mujeres, siguiendo el camino de sus antecesoras Pastorita Huaracina, Princesita de Yungay, Flor Pucarina, Bertha Barbarán, entre otras; y como parte de la siguiente generación de cultoras de la música popular andina como sus coetáneas Amanda Portales, Nelly Munguía, Doly Príncipe; pero siempre desde un punto de vista más político y social: “Los temas de la música andina se reducen al amor: que si me fui o te fuiste, que te amo, que se me fue la palomita. Esos textos son más de una balada que de un huayno…” solía decir. Así, la cantautora se apartó de las nuevas tendencias del huayno “moderno” representado por fenómenos masivos como Dina Páucar o Sonia Morales y, por ende, desapareció completamente del radar de las modas para unirse a esa larga lista de intérpretes que el poder prefiere mantener en silencio para que nada cambie, para que nada se cuestione, para que la fiesta no pare.

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Cultura, Martina Portocarrero, Música
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