Crónica

Un día de sol en inverno. Mucho viento repentino. Lluvia un poco fuerte, sólo un poco más que la llovizna a la que estamos acostumbrados. Basta un poco de clima anómalo para sospechar que va a ocurrir un terremoto en cualquier momento. A pesar de que no tenga nada que ver una cosa con la otra, es verdad. Parte de la peligrosidad de un sismo es que no se puede predecir y debido a que nos encontramos sobre la convergencia de la placa de Nazca y la Continental suelen ocurrir. Es un miedo comunal y nunca falta quien cree que el siguiente va a ser catastrófico.  Yo comparto el temor. Si bien no vivo pensando en eso, sí me asustan. 

En el 2007, tenía 13 años cuando se dió el terremoto de Pisco. Me estaba alistando para mi clase de Karate y comenzó. Esperé unos segundos antes de salir disparado. Cuando me di cuenta de que estaba durando más de lo normal salí. Creo que me salté todas las escaleras porque llegué afuera en un segundo. Estábamos todos afuera, mi perro asustado a nuestro costado. Los vecinos también en la calle. No paraba. Las rejas temblaban y los carros parecían saltar. Las ventanas iban a explotar en cualquier momento. No podía creer cuánto estaba durando y lo peor era que había gente diciendo que todavía no comenzaba. Pensaba que si todavía faltaba se iba a caer la ciudad completa. Duró un poco más de tres minutos. Cuando se detuvo fuimos todos a la sala, cerca de la puerta, para esperar un rato. Hubo unas cuantas réplicas. Fue de 7.9 grados en Pisco. 

Francisco Tafur 

Al día siguiente todos hablábamos de eso en el colegio. Varios amigos me contaban que sus abuelas se tiraban al suelo para rezarle a dios, diciendo cosas como: Dios, ten piedad de nosotros. Eso me hubiera asustado más que el terremoto mismo. Mis padres y mi abuela me contaban del terremoto de 1974 que fue mucho más fuerte para los limeños porque el epicentro fue cerca de la ciudad y la magnitud fue mayor. Dicen que los árboles se tambaleaban como si fueran de plástico y que los vidrios sí reventaron. Da miedo pensar que eso puede ocurrir en cualquier momento y de magnitudes fuertísimas. Esta semana en Miami, donde estoy, hubo alertas de inundaciones por lluvias fuertes, pero se pueden prevenir. Te llegan mensajes de emergencia en el teléfono para avisarte. Lo mismo ocurre con los huracanes. A pesar de eso pueden ser letales. Yo que no estoy acostumbrado igual me asustaba con los truenos que parecen bombas y con el viento extremadamente fuerte. 

Todos hemos visto noticias sobre desastres naturales en los últimos años. A veces me pregunto si ahora son más frecuentes o simplemente hay más noticias. Los que más recuerdo fueron el terremoto en Chile el 2010 que tuvo una magnitud de 8.8; si ocurre eso en Lima, no quedaría nada en pie. En el 2004 los tsunamis que afectaron Indonesia, Tailandia, Malasia y más países de la zona fue terrible. En Perú, en teoría, también pueden ocurrir, pero nunca he escuchado. Y recientemente el terremoto en Turquía y Siria que arrasó con todo. 

En el 2017, viajé con un amigo a Tarapoto para hacer un trabajo en Chazuta, un pueblo a una hora de la ciudad. En el camino nos tuvimos que desviar porque una roca gigante había destruido la carretera. Felizmente no había nada alrededor porque se hubiera llevado lo que sea que esté delante. Había ocurrido durante los huaicos del mismo año. Los más cercano que vimos en Lima fue en Punta Hermosa. Un video se hizo famoso en todo el mundo donde una chica salía del huaico totalmente embarrada y herida. En ese viaje hicimos un tour hacia una catarata, pero no pudimos llegar debido a las fuertes lluvias. Nunca había estado tan asustado de caerme. Tengo miopía y un poco de astigmatismo así que no veo nada. La lluvia y el vapor empañaban mis lentes, no podía ver ni dónde pisaba. Fuimos irresponsables por ir en esa temporada. Estábamos caminando en un sendero angosto al costado de un acantilado, si te caías te ibas directo al río lleno de rocas. Lo peor es que cuando estábamos caminando se escuchó un trueno y le dijimos al guía, nos respondía que era un avión, lo quería matar. Puse la mano en el hombro de mi amigo y caminé casi ciego. Llegamos a bajar, pero el río había crecido y no podíamos cruzar. No nos importó y nadamos. Pusimos celulares y ropa en una bolsa y al agua. Después nos demoramos el doble en regresar por todo el barro y agua. Cortamos, cada uno, una rama y la usamos como bastón, si no hubiera sido imposible. Igual me caí como 5 veces. Fue divertido, pero pudo terminar mal. 

Francisco Tafur 

Espero no tener nunca una experiencia de un desastre natural fuerte. Ahora que ya conocí Japón donde todo está preparado para terremotos y tsunamis espero que en Perú tomen conciencia de lo que puede ocurrir. No seguir construyendo en lugares por donde pasan los huaicos y tener el equipamiento necesario para posibles daños de terremotos. No tener que esperar a que suceda una tragedia para recién pensar en qué hacer. 

Entre las redes sociales y la inteligencia artificial la gente parece estar volviéndose más tonta. El hecho de que crean todo lo que ven sumado a poder opinar bajo un perfil distinto al de su identidad ha creado una plataforma de opiniones vacías. La pregunta es qué tanto refleja esto de la sociedad. Si funciona como un espejo o sólo retrata un pequeño pedazo de la misma. Tendría que saber cuánta gente pierde el tiempo discutiendo en estos lugares virtuales.  Según las cifras, 6 de cada 10 personas las utiliza, pero todos le dan usos distintos. Actualmente, todo funciona a través de estas plataformas, al punto que es necesario tener una para los trabajos o estudios. En realidad, son muy útiles, pero como cualquier avance, también tiene efectos negativos. 

La principal conclusión a la que he llegado tras pasar un rato entre las publicaciones es que se siente un profundo descontento con todo. Siempre hay una queja o un reclamo hasta para el tema más insignificante. Estos lugares funcionan en base a un algoritmo que te va mostrando cosas que saben que te gustan. En mi caso aparecen videos y noticias de fútbol, historia, deporte en general, películas y animes. 

Ayer, antes de dormir, me apareció un video sobre el actor Tom Holland, más conocido por su rol como Spiderman, en la que explica su decisión de alejarse de las pantallas de Hollywood porque no siente pertenecer ahí y porque no le gusta todo lo que conlleva. También decidió alejarse de las redes sociales por temas de salud mental. Me parece admirable, no sólo es un buen actor, también parece ser una gran persona. Junto a esa noticia anunciaban una obra de teatro de Romeo y Julieta en la que el actor participaría junto con una actriz afroamericana. Entré a la sección de comentarios y la cantidad de personas racistas era algo repulsivo. Se ocultan tras la tendencia actual de estar en contra de la supuesta apropiación. Es decir, que el elenco de un espectáculo o película debe limitarse a la descripción física de un personaje. Francamente, es ridículo. Qué parte de la palabra actor o actriz no entienden. La sustancia de esa profesión es justamente tomar la personalidad de una persona que no es uno mismo, en eso consiste. Quien sea puede hacer el papel que quiera, la actriz podría ser Romeo y no debería haber problema. Lamentablemente, la necesidad de aprobación y la falta de tino e inteligencia conlleva a que las personas comenten tonterías ofensivas sin pensar en las consecuencias que puede traer para quien está implicado. 

Francisco Tafur 

Lo mismo ocurre en distintas bases de fans de distintas sagas de ficción. En las recientes secuelas de Star Wars o el Señor de los Anillos una de las principales quejas es poner un elenco inclusivo. Las series pueden ser fantásticas, pero eso no parece importarles. Dicen que es incongruente con las bases del mundo ficticio, pero la realidad es que sólo son racistas, homofóbicos o, en general, gente que discrimina por razones absurdas.  Felizmente, los actores generalmente no entran en rodeos y saben poner en su sitio a los consumidores. Tal fue el caso de Ewan Mcgregor, quien interpreta al famoso jedí Obi Wan Kenobi, que soltó un video en el que expresaba una profunda tristeza por las quejas y que quienes pensaban así no eran unos verdaderos fans de Star Wars. Bien hecho. Toda la vida estas historias han servido como refugio para todo tipo de personas, en la que yo me incluyo. No importan las diferencias, en estos mundos ficticios se puede encontrar consuelo, heroínas y héroes, compañía, escape e incluso un espacio terapéutico para personas a las que la realidad externa los ataca constantemente. Eso es lo importante y ningún fanático debería ir en contra. 

El odio desmedido se está saliendo de control. Las personas ni siquiera se toman el tiempo de enterarse antes de insultar. El internet está inundado de videos e imágenes creados por inteligencia artificial que simulan ser verdaderos. Están muy bien hechos y efectivamente parecen reales. Y si bien están hechos para engañar, estos no son los principales culpables. Ya me cansé de pensar que las personas son tan poco críticas. Es también culpa nuestra por dejarnos llevar por sinsentidos.  Casi todos deberían tener la capacidad de darse cuenta lo que leen y lo que escriben. Una cosa es que te engañen desde fuera y otra es engañarse a sí mismo. 

Francisco Tafur

Lo peor es ocultar este odio en coyunturas e ideologías políticas y sociales sobre hechos actuales. De lo más indignante que he visto en redes sociales ha sido en los comentarios de un video sobre Auschwitz. Unos viajeros contaban su experiencia en el museo del campo de concentración nazi y lo conmovidos que estaban al salir. Los comentarios con mayor cantidad de likes son los que insultan a los judíos echándoles la culpa de los atentados contra Palestina en la actualidad y, después, los que dicen ya no sentir tristeza por el Holocausto. Ya es patológico. 

Hablar en nombre de la justicia, moral y verdad es muy fácil cuando no muestras la cara. Nadie se debería apurar en determinar qué está bien y qué está mal. No existe peor obsesión que la justicia y verdad. Esa característica la comparten los dictadores y grupos terroristas. Yo no creo que todas las opiniones importen y lo he comprobado sólo viendo lo que dicen en internet. Si la gente se deja llevar por la tendencia en la opinión pública estamos recibiendo con aplausos una etapa oscura para la libertad. 

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Redes sociales

 

Me recibió un señor mayor, habrá tenido 65 años. En chanclas, short azul y un polo que parecía no habérselo quitado en un mes. Era flaco y chato, caminaba a su lado y le llevaba más de una cabeza. No le entendía nada. Yo pensé que después de ver tantos animes iba a entender algo de japonés, pero sólo me engañaba. Volteaba y me sonreía mientras me guiaba por un camino empedrado rodeado de arbustos. Llegamos a una casa sucia, abrió la puerta rota de madera y tras los chirridos dice: «mushi, mushi, mushi». Parecía que me iban a matar mientras dormía o que Samara, el fantasma de El aro, me iba a sorprender mientras caminaba. No creo mucho en los fantasmas, pero me gusta aventurar mis pensamientos por esos ámbitos. 

Dejé las zapatillas en la entrada y me ofrecieron unas pantuflas usadas. Me negué, prefería estar sin zapatos. Felizmente, llevó entrenando mis pies descalzos desde niño. Recordaba cuando, en la playa, junto a mi gran amigo «piraña» jugábamos a apagar cigarros con la planta del pie; despuésdel verano y la arena hirviendo no sentías nada. Me instalé en mi cuarto, no tenía luz y parecía el Japón antiguo. Las paredes de papel y la cama en el piso. Ese día tenía que escribir así que me quedé tranquilo. Lo más tranquilo que podía, por lo menos. 

Salí de mi cuarto unas horas después y me encontré con un perro enano que se chocaba con todo. Tenía los ojos blancos, estaba ciego. Entró una mujer flaquísima con el pelo largo y negro para recoger al pobre animal. Casi me da un infarto. Me miraba a los ojos, señalaba al perro y luego a mí. Hablaba en japonés así que no le podía responder. Luego de unos minutos entró un joven alto que sí hablaba inglés. Me explicó que la mujer era su mamá y que me estaba preguntando si tenía algún problema con el perro. Le conté sobre mis mascotas y que estaba acostumbrado a ellas. En el fondo pensaba que eso parecía más un monstruo que un perro. 

El miedo ya se había vuelto gracia. Era como estar en una comedia de humor negro. Justo en ese momento entró a la casa el señor que me recibió ofreciendo transporte a un 7 eleven. Fui con él porque no había comido ni tomado nada en todo el día. Al salir, levanta el dedo apuntando a las paredes y vuelve a decir «mushi, mushi, mushi». Este viejo me quiere asustar o tal vez el fantasma era él, pensaba, mi imaginación ya estaba al máximo

Francisco Tafur
Nos tomó como 20 minutos en carro
transitar entre la selva para llegar. Tenía todo el sentido. Para llegar a esa casa embrujada estuve más de una hora en un tren de solo 2 vagones que subía la montaña en zigzag. Llegaba a un punto, el conductor se bajaba y volvía a subir en el otro extremo para avanzar hacia el otro lado. El lugar era precioso, pero el hospedaje que había separado por error estaba en mitad de la nada. No había señal de vida, solo la trocha. Al regresar, la familia de dos me invitó a comer con ellos. Comíamosmientras me preguntaban sobre el Perú con el perrito ciego tropezándose con las patas de la mesa. 

Después de una copa de sake que me invitaron apagamos la luces y me fui a dormir al cuarto oscuro. Se llegaba a ver un poco de las paredes deslizables de papel. Podía imaginar a la mujer viéndome por un hueco que había en la pared. Nunca había estado tan agradecido de tomar pastillas para dormir. Ni siquiera destendí la cama por temor a encontrarme uno de los insectos que plagaban la casa. Sin darme cuenta me quedédormido y no abrí los ojos hasta que amaneció. así fue mi primera noche en la ciudad balneario de Hakone. 

Hakone es una pequeña ciudad situada al borde del lago Aishi y crece por las montañas boscosas. Es conocida por los numerosos onsen, baños termales, con vistas al famoso monte Fuji. No es un lugar para quedarse mucho tiempo, pero sirve para tomar un descanso de las multitudinarias ciudades japonesas. 

Francisco Tafur
Al
día siguiente, de regreso de una galería de arte al aire libre, paré en uno de los baños termales. Tienes que entrar sin ropa y me dieron unos parches para taparme los tatuajes. Mucha gente, sobre todo las generaciones mayores pueden considerarlo como algo impuro e incluso relacionarlo con la mafia de los yakuza. Estar sumergido en agua caliente, al aire libre, viendo el paisaje con un cielo de campo, lleno de estrellas, es sorprendente. Lamentablemente, no te puedes quedar mucho tiempo.

El agua supera los 40 grados centígrados. Me quedé menos de 5 minutos porque el calor llega a ser insoportable. Te puedes deshidratar y desmayar si exageras con el tiempo. Al salir, estas totalmente relajado. Los onsen son parte de la cultura de limpieza del país, es una actividad milenaria. Antes de entrar en el agua tienes que limpiarte ya que funciona como ritual de purificación espiritual y proceso curativo. 

Ya era mi última noche en esa casa y regresaba a Tokio. Ya no estaba la mamá, el chico ni el perro ciego. Al llegar, el señor me ofreció llevarme a la estación más cercana al día siguientepara volver en el mismo zigzag. Por curiosidad y para sacarme de las dudas le pregunté, a través del traductor de Google, qué significa «mushi» y entendí que se refería a los bichos. No regresaría a ese hospedaje, pero fue divertido como experiencia y, ahora que lo escribo, también es divertido. Como alguien cuyo pasatiempo favorito es la ficción, en cualquier plataforma, llenar las visitas turísticas de un poco de misticismo es lo mejor. No importa que lo haga a propósito

En el siglo XV un tsunami arrasó con la ciudad y el templo que contenía un enorme buda de 93 toneladas fue destruido. La gigantesca estatua sobrevivió y se mantiene ahora en la intemperie a la vista de todos. Imponente, frente a mí. prendí un incienso y lo coloqué frente al coloso de bronce conocido como Daibutsu. Las dos manos en forma de meditación superan en tamaño a cualquier ser humano. Te sientes pequeño y observado por unos ojos negros que parecen ver a través de ti. Me quedé un rato mirándolo fijamente y parecía cobrar vida. La sensación de volverte diminuto es bastante placentera. Cualquier problema desaparece y te camuflas dentro de una realidad infinita. Es una idea que se mantuvo constante en todo el viaje. Me atrevo a asegurar que un viaje a Japón implica un cambio definitivo.

Llegué a Yokohama esa mañana, donde la arquitectura parecía del futuro, abundaba la modernidad, pero orientada de manera distinta al resto de ciudades que estuve. Todo estaba más occidentalizado. Era como una ciudad europea, pero con una tecnología infinitamente superior. Aproveché mi último día del Japan Railpass, que sirve para moverte en cualquier tren con un solo pago, para viajar ida y vuelta hacia Kamakura. La ciudad está rodeada por montañas y una bahía. Al ser un fuerte natural, fue la capital del país durante el shogunato Kamakura entre 1185 y 1333. Este fue el primero de todos. El clan Minamoto estableció por primera vez a un shogun.

Francisco Tafur 

Después de rodear el templo abierto con el Buda de bronce caminé solo 20 minutos hasta llegar al templo budista Hase Dera. Toda la ciudad está repleta de santuarios y templos. Aproveché en comer un teppanyaki de carne y pulpo en un puesto justo afuera. Los lugares turísticos suelen estar rodeados por estos puestos sirviendo manjares.

El centro de peregrinaciones budistas se encuentra en la mitad del monte Kamakura. Fue construido a inicios del siglo VIII. Apenas entras te reciben árboles y piedras musgosas rodeando pequeñas lagunas y cataratas. Crecen plantas acuáticas en las fuentes de agua y te abres camino entre ellas. El lugar tiene dos niveles y mientras subes caminas rodeado de miles de estatuas jizo, representan a uno de los budas considerado una deidad protectora de los niños en el folklore japonés.  Fueron acumulándose de a pocos desde la segunda guerra mundial. Al llegar a la cima, puedes ver toda la bahía desde un mirador al costado del edificio principal.

Dentro del recinto principal, se encuentra una estatua de madera de Kannon, un monje que también es considerado un Buda. No es tan imponente como la de bronce que vi anteriormente, pero tiene una altura similar, esta tenía como 10 metros de alto. Ves a decenas de personas rezándole y no sabes bien dónde ver debido a que tiene 11 cabezas. Todo el templo está construido para venerar a esta figura. La leyenda cuenta que un monje hizo dos estatuas de un mismo árbol, una fue colocada en la ciudad de Nara y la otra fue soltada en el mar a la deriva hasta ser encontrada en las orillas de Kamakura.

Francisco Tafur 

Tal vez lo más impresionante de la ciudad es el santuario sintoísta Zeniarai Benzaiten Ugafuku por su extrañeza. Está un poco alejado de la zona más concurrida y la entrada es una cueva por la que tienes que pasar agachado y está antecedida por una puerta torii. Parece sacado de un videojuego o película de aventura. Al cruzar, llegas al santuario oculto en paredes de piedra altísimos. Todas las construcciones están irregulares en distintas alturas y mezclan elementos sintoístas con budistas. Es una fusión poco común. De hecho, el nombre se da por el sincretismo entre un espíritu sintoísta, Ugafukujin, y una diosa del budismo hindú, Benzaiten. 

En lo más profundo encuentras una grieta con una salida de agua subterránea. Había canastas de paja y la gente ponía billetes o monedas para luego enjuagarlas en el agua. Dudé al comienzo, pensaba que la plata se iba a deshacer. Pregunté y me dijeron que se secaba solo. recién ahí me enteré de que los billetes no están hechos de papel. Puse mil yenes y le chorreé agua encima. Supuestamente, al usar esa plata tus ingresos se verían multiplicados. Apenas salí me compré una coca cola. Todavía no me da suerte.

Francisco Tafur 

Es importante recalcar la diferencia entre sintoísmo y budismo. La primera es la religión nativa de Japón. Se le puede considerar un tipo de animismo y no tiene un dogma especifico, ni libro sagrado o algún rezo especifico. Enfatiza la relación del individuo con el mundo actual y en rituales, no piensan en una siguiente vida o fe. Adoran los procesos y objetos naturales: el sol o el monte Fuji son de los más importantes. El budismo tampoco tiene un dogma específico ni un enfoque teórico sobre textos religiosos. Este consiste en meditación diaria y, a través de ella, una experiencia de vida plena. 

En mi opinión la diferencia teológica entre este tipo de religiones y las monoteístas les ha permitido tener un desarrollo y mentalidad más progresista. La culpa no ocupa un gran espacio en su forma de pensar. Imaginar cómo afecta ese ámbito en el paso de las generaciones. Su funcionamiento es distinto. El mundo occidental debería tomar eso como ejemplo y de esa manera dejar de perder el tiempo en tonterías como la obsesión que tenemos por otorgarle un juicio moral a todo. Es como si necesitáramos que algo este bien o mal para que exista.

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Kamakura

Mi último destino dentro de Japón fue la pequeña ciudad de Nikko. A dos horas en tren de Tokio se encuentra este lugar en mitad de un bosque. Escribo esto en el avión, mientras me alejo del que definitivamente es mi país favorito. Siento que no voy a encontrar otro lugar con el nivel de cultura, educación y prosperidad del lugar que me estoy yendo. Parece que por un mes y medio hubiera salido de la realidad y recién estoy regresando.

Mientras iba a la ciudad de Nikko en el tren no podía evitar sentirme un poco mal por mi inminente partida. Te quedas alucinando de cómo funciona todo a la perfección, en cualquier lugar al que vayas encuentras un pedazo de historia. también, es de locos cómo han integrado el arte en casi todas sus costumbres. Desde los templos y ceremonias hasta la forma de cocinar. En algunas ciudades ves que las tapas del desagüe tienen diseños diferentes.

Llegué a la estación de mi destino un poco tarde así que fui directamente a almorzar en una tienda y a descansar un poco del cansancio. En todos los convinience store o konbini, en japonés, hay comida pre hecha bastante rica y barata, solo tienes que calentarla en un microondas. Estas tiendas tienen de todo. Puedes vivir tranquilo solo con estos lugares que están por todos lados. 

Esta ciudad se reduce prácticamente a solo una avenida, dos pequeñas estaciones y edificaciones chatas que han sido construidas alrededor. La modernidad llega a todos lados en este país y todo está extremadamente comunicado. En contraste, da la impresión de que Latinoamérica estuviera mal construido o se hubiera desarrollado de manera improvisada, sin planificación alguna. Y sin irnos al otro extremo, hasta Europa parece subdesarrollada al costado de Japón. Me hospedé cerca de la estación de tren que por cierto es la más antigua del país, construida en 1915. Al día siguiente, caminé media hora sobre la avenida principal hasta llegar a un puente rojo, de antigüedad visible. El paisaje de este puente sobre el rio, rodeado de montañas boscosas es impresionante. En un segundo te despeja de cualquier pensamiento nebuloso.

Francisco Tafur 

Casi todo resto histórico en Japón tiene una leyenda. Supuestamente, en el año 766, el sacerdote budista Shodo Shonin cruzó el rio Daiya sobre dos enormes serpientes y estas se convirtieron en el puente Shinkyo. El fundó los santuarios y templos de Nikko. Al estar aislado en lo profundo de las montañas, atrajo a varios estudiantes y monjes budistas para realizar entrenamientos ascéticos.

Después de 20 minutos viendo el puente y el paisaje me adentré en un bosque de cedros gigantes, no recuerdo haber visto arboles tan grandes en otro lugar. Fui sin saber exactamente qué encontrar. Luego de subir cientos de escaleras perdido en el infinito color verde del entorno, llegué a un área abierta con un enorme templo rojo budista. Me compré una coca cola y caminé sin rumbo específico mientras veía las edificaciones sagradas. Finalmente, uno sale a un camino amplio a la sombra de los cedros que cada vez parecían más altos. Seguí el camino, y me encontré con una puerta torii de piedra granito. Lo normal es que sean de madera y no tan altas como esta que mide casi 10 metros. Al cruzarla, una pagoda de 5 plantas se gana tu mirada inmediatamente.

Las pagodas son edificaciones sagradas de muchas religiones orientales y suelen guardar reliquias. En este caso el edificio donado por un daimyo o señor feudal en 1650 guarda sutras, transcripciones de discursos de Buda. Fue reconstruida en 1818 debido a un incendio, que son algo común en la historia japonesa porque la mayoría de edificaciones son de madera. En Kioto y otras ciudades importantes se han dado incendios masivos. 

A 50 metros de la pagoda hay unas escaleras que dan a un conjunto de construcciones religiosas en honor a Tokugawa Leyasu, el primer shogun de la familia Tokugawa que rigió por 4 siglos y medio. Estoy acostumbrado a visitar los lugares habiendo investigado antes, pero esta vez fui sin tener noción alguna de lo que estaba viendo. La experiencia se plaga de imaginación inocente. Interpretas cualquier cosa y llegas a conclusiones infantiles, erróneas y divertidas.

Francisco Tafur

Desde que cruzas la puerta te sientes en el pasado. No hay indicios de modernidad salvo los celulares de los turistas. Cada construcción está repleta de detalles tallados. Gatos, monos y elefantes adornan los frisos en los edificios. Más que un viaje en el tiempo es uno a otro mundo. En ese momento me daba gracia pensar que la puerta torii había cumplido su rol a la perfección. Estas representan el paso del mundo terrenal a uno divino. Efectivamente, parecía que en ese lugar vivían deidades. Ahora que escribo a posteridad mis recuerdos son abstractos, como si fueran de otras vidas, por más que no crea en la rencarnación.

Pasas por la puerta Niomon que está flanqueada por dos estatuas nio, figuras protectoras del budismo, y entras al primer patio. Las edificaciones adornadas que mencioné y una fuente sagrada usada para la purificación espiritual se encuentran en esta primera separación. La figura más famosa es un grabado en madera de los tres monos sabios. Uno tapándose los ojos, otro las orejas y el último la boca. Representan una enseñanza moral de China antigua: no ver el mal, no escuchar el mal y no decir el mal. Cuando lo vi solo pensaba que eran tres monos de adorno.

Al final del primer patio rodeado de enormes lámparas, hay dos pequeñas escalinatas que terminan en una puerta dorada con una de las columnas puesta al revés intencionalmente para evitar la perfección. Dan paso al último patio donde se encuentra el santuario principal. Todo el conjunto se llama Toshogu y el mausoleo del antiguo shogun está separado.

Seguí a la gente y tomé un camino que te desvía del santuario. Sales de la muralla por una puerta encabezada por la figura de un gato dormido. Subes unas escaleras de piedra empinadas. No sabía adónde me dirigía hasta que vi un cartel con la frase que se traduce: caminando lento y seguro se gana la carrera. Recién en ese momento me enteré de que en ese lugar estaban las cenizas de Tokugawa Leyasu. Todo gracias a un descanso de la caminata y al cartel informativo. Entendí la ostentosidad de la arquitectura, ya que era un recinto dedicado a una de las familias más importantes de la historia japonesa. El nivel de importancia de este shogun era tan alto y relevante que uno de los emperadores póstumos le otorgó el estatus de deidad. Es considerado el protector de toda la región de Kanto.

Francisco Tafur 

Tras las interminables escaleras te recibe un primer mausoleo para el nieto de Tokugawa Leyasu, quien mandó a construir el lugar, y adjunto, está el suyo. A pesar de tener un estilo con detalles en abundancia mantienen una simpleza peculiar que evita que te sientas saturado. Al rodear la pequeña pagoda, con las cenizas, acompañada de un inciensario metálico con forma de una grulla y un león te cruzas con un árbol que supuestamente otorga deseos. Después de todo el viaje ya estaba acostumbrado a estos lugares envueltos en folklore mágico. Me encantaba tener una experiencia inmersiva y jugar con los innumerables ritos de la suerte. En todo el viaje habré tirado como 20 monedas y pedido cientos de deseos, al final ya no sabía qué pedir así que repetía algunos.

Al bajar me dio un calambre en el muslo y me di cuenta de que ya estaba envejeciendo. Nunca me había pasado caminando. Vuelves a entrar en el conjunto principal y, tras quitarte los zapatos, entras al santuario principal por un costado ya que la puerta Yomei está cerrada, tal vez sea lo más bonito de todo el lugar. Tiene tantos elementos dorados que brilla. Me quedé maravillado por la belleza que veía. Tan solo en ese recinto hay 34 construcciones consideradas patrimonio cultural y 8 de ellas son parte del tesoro nacional. Di vueltas hasta el anochecer y regresé porque el frio se había vuelto intenso. Si viviera cerca lo visitaría constantemente. Ahora que a cada palabra que escribo me alejo más del país de mis sueños, como ya lo he dicho antes, solo sé que regresaré cada vez que sea posible.

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japon, Nikko, Tokugawa

La mezcla perfecta de cultura y tradiciones milenarias con modernidad. La antigua capital de Japón, Kioto, fue la única gran ciudad del país que durante la segunda guerra mundial no fue bombardeada por las fuerzas estadounidenses. Debido a esto el patrimonio histórico se encuentra casi intacto. Del año 794 al 1868, fue la sede de la corte imperial por lo que se encuentran palacios, castillos, templos y santuarios espectaculares y en estado perfecto. Es el paraíso para los amantes de la cultura oriental. Cuando el auge de los samuráis termina, con la apertura del mercado al mundo y a las olas migratoria de Europa, el nuevo emperador de la familia Meiji mudó la capital a Tokio. Cuando caminas por las calles de los viejos barrios quien sea que aún tenga un poco de espíritu infantil se siente un samurái. 

Francisco Tafur

 

Desde muy pequeño he querido usar una katana o espada samurái, de hecho, tengo un tatuaje de una de ellas en el brazo. En este viaje se hizo realidad gracias al museo Samurái-Ninja de Kioto.  Cuando era niño y veía todas las noches Samurái X me obsesioné con la historia de Japón y sus guerreros de élite. Este anime está ubicado en uno de los periodos más sangrientos en la historia del país. Los asesinatos y batallas en las calles de Kioto eran algo común durante el bakumatsu, periodo de declive del sogunato Tokugawa.  A fines de la era Tokugawa, se dieron innumerables revueltas y guerras internas para cambiar de shogun, el líder administrativo, y tener un gobierno menos conservador respecto del comercio exterior. 

En el centro de Kioto se encuentra el museo Samurai-Ninja. Te explican la diferencia entre ellos. Mientras que los samuráis eran nobles y de familias reconocidas que se especializaban en enfrentamientos cara a cara, ya sean duelos o guerras, los ninjas provenían de familias campesinas ya que debido a la naturaleza de sus actos no podían ser personajes conocidos, se especializaban en asesinatos clandestinos, espionaje y robos. Al finalizar el recorrido llegas a un piso donde puedes practicar el lanzamiento de shurikens, las famosas estrellas ninjas. Tirarlas y clavarlas en la pared es más fácil de lo que parece, pero dar en el blanco sí es difícil. A diferencia de las películas y animes no eran muy útiles para peleas, pero las usaban para facilitar los escapes. No puede matar a alguien, pero sí herir. 

Francisco Tafur

 

Saliendo, de casualidad, vi un folleto donde ofrecían aprender un poco de tamesgihiri, corte con espadas. Antiguamente era simplemente poner a prueba la calidad del filo con bambús o tatamis envueltos. A veces incluso usaban cadáveres de exconvictos para probarlas. En la actualidad, se pone a prueba al espadachín.  Reservé un turno para el día siguiente porque ya estaba todo copado. Tienes que llegar a la hora exacta, si llegas tarde tienes que esperar hasta la siguiente hora. 

Es una casa antigua de una familia samurái. Cuando entras tienes que sacarte los zapatos en la entrada y te dan un traje para ponerte encima de lo que lleves puesto. Es un pantalón ancho, que parece una falda a simple vista y una especie de kimono, pero más grueso. Aparte te ponen un protector debajo y en las canillas porque el filo de la espada es impresionante. Éramos como 10 personas, nos pusieron en 3 filas y con unas espadas de madera te enseñan solo un tipo de corte. Hay varios estilos y el más rápido es el batoujutsu que se hace desde la cintura con la espada en la vaina y se hace al desenvainar.  Requiere de mucha experiencia y puede ser peligroso probarlo cuando recién aprendes porque si la espada sale volando, literalmente, puedes matar a alguien. Durante toda la clase no sostienes una espada de verdad hasta el momento de cortar. Antes de que te den una para cortar unos tatamis envueltos, te hacen firmar un papel en el que certificas que ellos no se hacen responsables de cualquier accidente.

Francisco Tafur

 

Antes de llegar a Japón leí El libro de los cinco anillos de Miyamoto Musashi, un espadachín y escritor del siglo XV. Es considerado uno de los mejores de la historia y se dice que ganó 60 duelos y no perdió ninguno, casi siempre la derrota significaba morir. Aparte de ser uno de los espadachines más habilidosos, escribía poesía y pintaba en sus tiempos libres y en su vejez se dedicó a enseñar todo lo que había estudiado a lo largo de su vida. Antes de que sea mi turno de probar una katana pensaba en una de sus frases más conocidas:

La verdadera maestría radica en la simplicidad. Cuanto más simple y efectivo sea tu movimiento, más poderoso será.

Miyamoto Musashi

Ya habían pasado cinco personas y ninguna pudo cortar el tatami envuelto de un solo golpe y algunos lo cortaban de más y chocaban la baranda protectora por poner demasiada fuerza y no frenarlo antes.  Llegó mi turno, tienes que caminar tranquilo y hacer una reverencia al instructor. Te acercas al tatami que vas a cortar y te dan el sable. Era extramente ligero, no pesaba más de dos kilos. Al agarrar la empuñadura te sientes poderoso. Es un arma preciosa, pero no deja de ser un arma. La hoja de la espada brilla y el filo se puede ver a simple vista. Si se me ocurría pasar el dedo por la hoja me hubiera cortado apenas lo rozaba. Levantas el arma hasta que tus brazos estén a la altura de tus hombros. Respiras profundamente para mantener las pulsaciones calmadas. El truco está en el control más que en la fuerza, prácticamente no puse fuerza. Solo bajé la espada en un ángulo casi de 45 grados y corté por completo el tatami y frené justo a tiempo. Me sorprendí, fue más suave que cortar una mantequilla tibia. El profesor me dijo que excelente control y que con esa fuerza bastaba para cortar el pecho de una persona. No podía evitar sonreír porque uno de mis sueños se había cumplido. Al terminar la ronda, le pregunté al profesor si podía hacer un corte más y sí me dejó. Esta vez dejé que la emoción me gane y no pude cortarlo por completo. 

Al salir, estaba sonriendo como un niño. Pregunté cuánto cuesta una katana original con la esperanza de comprarme una, pero cuestan entre 10 mil y 30 mil dólares. Me quedé emocionado hasta unos días después. Al salir seguía en Kioto, pero sentía que me había transportado a otro lugar cuando estaba adentro. Era como un lugar sin tiempo. Lo que aprendí ahí me gustaría poder aplicarlo en cualquier cosa que haga en la vida. Nuestra vida es un camino largo y todo lo que haga no necesita prisas. Prefiero lograr sólo una cosa con la que me sienta satisfecho, yo y nadie más, que hacer mil cosas sin sentir satisfacción. La única manera de hacer algo de manera efectiva y con gratificación emocional es si lo hago tranquilo y sin apuros. 

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katana, Kioto, Samurái

Aún tenía tiempo entre mi llegada y el check in del hospedaje. Había sido un largo viaje y mi barriga ya estaba sonando del hambre. Apenas pisé las calles noté algo diferente con respecto a las otras ciudades japonesas en las que estuve. Todo era más sucio y se sentía un ambiente turbio. En ese momento no sabía la razón. Igual, comparada con las ciudades latinoamericanas que he estado seguía siendo mucho más limpio. Mientras caminaba buscando algún restaurante, veía como pasaban carros extremadamente lujosos: Ferrari, Lamborghini, Mazeratti y más. Luego de unas cuadras entré a un lugar donde servían la famosa carne de Kobe de manera certificada y te la cocinaban frente a ti. Es bastante caro, pagué 100 dólares por 120 gramos de carne. Te la muestran cruda junto a una estatuilla dorada que demuestra que efectivamente no te están sirviendo cualquier otra cosa. Soy bastante glotón y, mientras la cocinaban, el olor me hacía salivar.  Llegó el momento que tanto esperaba y te la sirven roja y jugosa con unos cuantos vegetales a la parrilla. A un costado, sal, wasabi y sillao para que la mezcles a tu gusto. Le di el primer bocado e inmediatamente me salió una sonrisa, una que permaneció durante todo el almuerzo. Parecía deshacerse dentro de tu boca. He vivido en Argentina y he probado la carne Angus de Estados Unidos, pero debo admitir que esta es la mejor que he comido en mi vida. 

Francisco Tafur 

La historia de este famoso manjar se remonta al siglo II cuando los vacunos tipo Wagyu fueron introducidos al país. Los granjeros que ahora tenían más dinero empezaron a contratar gente para que masajeen a las vacas y así consigan mayor suavidad en la carne. A principios del siglo XIX, el gobierno japonés impulsó la industria ganadera y, de esa manera, se convirtió en uno de los ingredientes básicos de la dieta del país. Las vacas Kobe se crían en circunstancias muy particulares y suelen estar en centros ganaderos apartados. Para empezar se las alimenta con cereales, heno y arroz de la más alta calidad. También, beben de las aguas más puras posibles, incluso beben sake. Aparte de lo contado, cada una de ellas cuenta con su propio corral para evitar algún potencial estrés por la presencia de otros animales. Se le suma que diariamente reciben un masaje especializado. Finalmente, cuando son sacrificadas dejan madurar la carne durante varios días y luego pasan a un proceso de selección. Solo la carne con textura marmoleada y mayor contenido de grasa intramuscular es escogida y se le considera auténticamente tipo Kobe. 

Al salir, al borde del empacho, me di unas vueltas por el centro de la ciudad, que vale recalcar, es más pequeño que el de Tokio u Osaka, pero aun así es la séptima más poblada del país con una población de un millón y medio de habitantes. Se respiraba algo extraño, la gente fumaba en las calles, que en teoría es prohibido, pero parecía no importarles. Había esquinas con bolsas de basura y entre las angostas calles encontrabas lugares de dudosa procedencia. Comencé a entender por qué se le conoce como la ciudad más occidentalizada de Japón. Me crucé con decenas de lugares donde mostraban, a la vista, a muchas mujeres en forma de catálogo y cada imagen con un precio en yenes. Pensaba que eran prostíbulos, pero al investigar me enteré como logran sacarle la vuelta a la ley que prohíbe la prostitución.

Yo solo caminaba intentando no mirar porque todo parecía estar resguardada por miembros de la reconocida mafia, los Yakuza. A lo largo de la historia, los burdeles abundaban en las afueras de las grandes ciudades. El siglo pasado se prohibió esta actividad, pero dejando una serie de vacíos legales. La ley especifica que el acto prohibido se reduce al coito y, por lo tanto, cualquier otra acción sexual se mantiene dentro del margen legal. La otra es respecto al consentimiento, al parecer cuando se dan estos encuentros, negociar con la persona también se mantiene dentro del margen legal. Claramente al ser manejado por mafias, la trata de personas y la explotación hacia las mujeres en situaciones vulnerables abundan y es lamentable. Ya he comentado anteriormente mi postura respecto a esta actividad y es negativa. Al no sentirme cómodo rodeado de estos lugares, me alejé, y me fui a un parque para continuar mi lectura sobre la historia japonesa. Es importante tener en cuenta que estos lugares no solo están focalizados en Kobe, sino en la mayoría de las ciudades del país. 

Francisco Tafur 

Kobe, cuya traducción literal es: puerta de los dioses o espíritus, es uno de los centros económicos más importantes de Japón. Cientos de grandes empresas extranjeras tienen su sede asiática en esta ciudad. Todo esto debido a que alberga uno de los principales puertos del país. Su historia como entidad política independiente es reciente, no fue hasta 1956 que fue asignada como una ciudad. Luego de la política de aislamiento que se dio en Japón, donde habían cerrado el comercio con el exterior, en 1853, el famoso puerto abrió sus puertas a occidente y obtuvo la cualidad de ser una ciudad cosmopolita. Claramente, durante la segunda guerra mundial fue brutalmente bombardeada y como dato curioso, esto inspiró a la famoso película del Estudio Ghibli, La tumba de las luciérnagas. Un hito en el cine animado que recomiendo altamente para entender el golpe social que se recibió durante este periodo.

En 1995 un fuerte terremoto destruyó gran parte de las instalaciones portuarias cuyas consecuencias afectaron el comercio de la ciudad hasta el día de hoy.  Como toda ciudad portuaria, las mafias y el contrabando son algo cotidiano. Mientras caminaba entre las enormes grúas y calles del puerto investigué rápidamente sobre los Yakuza. Leía entre el olor a deshechos y, siendo sincero, no me sentía tan seguro ni cómodo como el resto de las ciudades. Tanto fue mi desagrado que lo que supuestamente iba a ser una estadía de 3 días la reduje a solo uno. 

Francisco Tafur 

Mientras esperaba en uno de los semáforos, logré identificar lo que creo que era un miembro Yakuza, debido a sus tatuajes. Le tomé una foto irresponsablemente porque si se daba cuenta quién sabe lo que podía suceder. Lo miré fijamente a los ojos y poseía una mirada distinta a los demás japoneses con los que he interactuado. Había algo peculiar, una especie de oscuridad que opaca cualquier miedo. Le llevaba por lo menos una cabeza de altura, pero esta persona tenía una postura con la que aparentaba ser dueño de todo. Yo tampoco me intimido, pero debo admitir que preferiría evitar cualquier tipo de conflicto con estas personas. Suelo pensar que tengo la habilidad de ver a través de la gente, pero en él no podía leer absolutamente nada. Parecía un guerrero atrapado en el tiempo. No es cuestión de admiración debido a que esta mafia ha cometido atrocidades y en los últimos años se ha vuelto más violenta y desmedida. 

Entre la imponente modernidad del país oriental existe un mundo clandestino que es tan aterrador como fascinante. Un mundo gobernado por la mafia más antigua del mundo: Yakuza. Existen desde hace más de 4 siglos, cuando aún los señores feudales y sus samuráis regían el territorio. Esta mafia contiene una serie de códigos de honor, tradiciones y símbolos rituales que los distinguen de las diversas mafias del mundo.

Está compuesta por alrededor de 24 familias o sindicatos. 3 de ellas son las más poderosas y principales, mantienen una estricta jerarquía. El nombre proviene de los números 8, 9 y 3; ya-ku-za, respectivamente. Esta es la peor combinación de cartas en un juego tradicional japones y evoca al infortunio. La organización surge entre grupos marginales del Japón feudal y adoptan varios códigos del Bushido samurái. Entre estos, la lealtad absoluta a su líder denominado Oyabun. Los miembros suelen tener tatuajes de elementos tradicionales de su cultura, como dragones, dioses o guerreros samurái. Esto simbolizaba originalmente un juramento que implica jamás volver a ser un integrante común de la sociedad y vivir en calidad de Yakuza por el resto de sus vidas. Tal vez su característica más peculiar es que nunca han sido ilegales, por más que enfrenten constantemente las leyes que son cada vez más restrictivas para sus actividades. Los sindicatos de la organización acogen algo llamado: derecho a libre asociación; que se encuentra dentro de la constitución. 

Francisco Tafur 

Después de caminar por horas llegue al zoológico, Animal Kingdom Kobe. Realmente estoy en contra de los zoológicos porque me parece que cada animal debe estar en su hábitat y es un abuso que se mantengan en pequeñas simulaciones de su lugar natural. Aparte, un mundo donde solo puedas ver a estos animales en donde pertenecen les otorgaría la magia e imponencia que poseen. Obviamente, existen diferencias, si estoy de acuerdo con los centros de protección animal que se encargan de especies en peligro de extinción o de rehabilitación para ser regresados a su entorno.

Mis principios son ligeramente flexibles así que entré rápidamente solo para ver a la majestuosa ave conocida como Shoebill, proveniente de África. Había tres y son enormes. Tienen un plumaje azulado impresionante y un pico que ocupa la mitad de su cuerpo. Nunca había visto un animal tan extraño. Parece un dinosaurio. Me quedé observándolos por varios minutos. No se movían. Parecían de mentira. Después de verlos hacer movimientos sutiles me retiré. Regresé al hospedaje y me quedé dormido rápidamente por el agotamiento. Mi recomendación final es que no se queden en esta ciudad y la visiten desde Osaka para pasar el día y disfrutar de la exquisita carne. 

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japon, Kobe, Puerto, Shoebill, Yakuza

Aún tenía tiempo entre mi llegada y el check in del hospedaje. Había sido un largo viaje y mi barriga ya estaba sonando del hambre. Apenas pisé las calles noté algo diferente con respecto a las otras ciudades japonesas en las que estuve. Todo era más sucio y se sentía un ambiente turbio. En ese momento no sabía la razón. Igual, comparada con las ciudades latinoamericanas que he estado seguía siendo mucho más limpio. Mientras caminaba buscando algún restaurante, veía como pasaban carros extremadamente lujosos: Ferrari, Lamborghini, Mazeratti y más. Luego de unas cuadras entré a un lugar donde servían la famosa carne de Kobe de manera certificada y te la cocinaban frente a ti. Es bastante caro, pagué 100 dólares por 120 gramos de carne. Te la muestran cruda junto a una estatuilla dorada que demuestra que efectivamente no te están sirviendo cualquier otra cosa. Soy bastante glotón y, mientras la cocinaban, el olor me hacía salivar.  Llegó el momento que tanto esperaba y te la sirven roja y jugosa con unos cuantos vegetales a la parrilla. A un costado, sal, wasabi y sillao para que la mezcles a tu gusto. Le di el primer bocado e inmediatamente me salió una sonrisa, una que permaneció durante todo el almuerzo. Parecía deshacerse dentro de tu boca. He vivido en Argentina y he probado la carne Angus de Estados Unidos, pero debo admitir que esta es la mejor que he comido en mi vida. 

Francisco Tafur

 

La historia de este famoso manjar se remonta al siglo II cuando los vacunos tipo Wagyu fueron introducidos al país. Los granjeros que ahora tenían más dinero empezaron a contratar gente para que masajeen a las vacas y así consigan mayor suavidad en la carne. A principios del siglo XIX, el gobierno japonés impulsó la industria ganadera y, de esa manera, se convirtió en uno de los ingredientes básicos de la dieta del país. Las vacas Kobe se crían en circunstancias muy particulares y suelen estar en centros ganaderos apartados. Para empezar se las alimenta con cereales, heno y arroz de la más alta calidad. También, beben de las aguas más puras posibles, incluso beben sake. Aparte de lo contado, cada una de ellas cuenta con su propio corral para evitar algún potencial estrés por la presencia de otros animales. Se le suma que diariamente reciben un masaje especializado. Finalmente, cuando son sacrificadas dejan madurar la carne durante varios días y luego pasan a un proceso de selección. Solo la carne con textura marmoleada y mayor contenido de grasa intramuscular es escogida y se le considera auténticamente tipo Kobe. 

Al salir, al borde del empacho, me di unas vueltas por el centro de la ciudad, que vale recalcar, es más pequeño que el de Tokio u Osaka, pero aun así es la séptima más poblada del país con una población de un millón y medio de habitantes. Se respiraba algo extraño, la gente fumaba en las calles, que en teoría es prohibido, pero parecía no importarles. Había esquinas con bolsas de basura y entre las angostas calles encontrabas lugares de dudosa procedencia. Comencé a entender por qué se le conoce como la ciudad más occidentalizada de Japón. Me crucé con decenas de lugares donde mostraban, a la vista, a muchas mujeres en forma de catálogo y cada imagen con un precio en yenes. Pensaba que eran prostíbulos, pero al investigar me enteré como logran sacarle la vuelta a la ley que prohíbe la prostitución.

Yo solo caminaba intentando no mirar porque todo parecía estar resguardada por miembros de la reconocida mafia, los Yakuza. A lo largo de la historia, los burdeles abundaban en las afueras de las grandes ciudades. El siglo pasado se prohibió esta actividad, pero dejando una serie de vacíos legales. La ley especifica que el acto prohibido se reduce al coito y, por lo tanto, cualquier otra acción sexual se mantiene dentro del margen legal. La otra es respecto al consentimiento, al parecer cuando se dan estos encuentros, negociar con la persona también se mantiene dentro del margen legal. Claramente al ser manejado por mafias, la trata de personas y la explotación hacia las mujeres en situaciones vulnerables abundan y es lamentable. Ya he comentado anteriormente mi postura respecto a esta actividad y es negativa. Al no sentirme cómodo rodeado de estos lugares, me alejé, y me fui a un parque para continuar mi lectura sobre la historia japonesa. Es importante tener en cuenta que estos lugares no solo están focalizados en Kobe, sino en la mayoría de las ciudades del país. 

Francisco Tafur

 

Kobe, cuya traducción literal es: puerta de los dioses o espíritus, es uno de los centros económicos más importantes de Japón. Cientos de grandes empresas extranjeras tienen su sede asiática en esta ciudad. Todo esto debido a que alberga uno de los principales puertos del país. Su historia como entidad política independiente es reciente, no fue hasta 1956 que fue asignada como una ciudad. Luego de la política de aislamiento que se dio en Japón, donde habían cerrado el comercio con el exterior, en 1853, el famoso puerto abrió sus puertas a occidente y obtuvo la cualidad de ser una ciudad cosmopolita. Claramente, durante la segunda guerra mundial fue brutalmente bombardeada y como dato curioso, esto inspiró a la famoso película del Estudio Ghibli, La tumba de las luciérnagas. Un hito en el cine animado que recomiendo altamente para entender el golpe social que se recibió durante este periodo.

En 1995 un fuerte terremoto destruyó gran parte de las instalaciones portuarias cuyas consecuencias afectaron el comercio de la ciudad hasta el día de hoy.  Como toda ciudad portuaria, las mafias y el contrabando son algo cotidiano. Mientras caminaba entre las enormes grúas y calles del puerto investigué rápidamente sobre los Yakuza. Leía entre el olor a deshechos y, siendo sincero, no me sentía tan seguro ni cómodo como el resto de las ciudades. Tanto fue mi desagrado que lo que supuestamente iba a ser una estadía de 3 días la reduje a solo uno. 

Francisco Tafur

 

Mientras esperaba en uno de los semáforos, logré identificar lo que creo que era un miembro Yakuza, debido a sus tatuajes. Le tomé una foto irresponsablemente porque si se daba cuenta quién sabe lo que podía suceder. Lo miré fijamente a los ojos y poseía una mirada distinta a los demás japoneses con los que he interactuado. Había algo peculiar, una especie de oscuridad que opaca cualquier miedo. Le llevaba por lo menos una cabeza de altura, pero esta persona tenía una postura con la que aparentaba ser dueño de todo. Yo tampoco me intimido, pero debo admitir que preferiría evitar cualquier tipo de conflicto con estas personas. Suelo pensar que tengo la habilidad de ver a través de la gente, pero en él no podía leer absolutamente nada. Parecía un guerrero atrapado en el tiempo. No es cuestión de admiración debido a que esta mafia ha cometido atrocidades y en los últimos años se ha vuelto más violenta y desmedida. 

Entre la imponente modernidad del país oriental existe un mundo clandestino que es tan aterrador como fascinante. Un mundo gobernado por la mafia más antigua del mundo: Yakuza. Existen desde hace más de 4 siglos, cuando aún los señores feudales y sus samuráis regían el territorio. Esta mafia contiene una serie de códigos de honor, tradiciones y símbolos rituales que los distinguen de las diversas mafias del mundo.

Está compuesta por alrededor de 24 familias o sindicatos. 3 de ellas son las más poderosas y principales, mantienen una estricta jerarquía. El nombre proviene de los números 8, 9 y 3; ya-ku-za, respectivamente. Esta es la peor combinación de cartas en un juego tradicional japones y evoca al infortunio. La organización surge entre grupos marginales del Japón feudal y adoptan varios códigos del Bushido samurái. Entre estos, la lealtad absoluta a su líder denominado Oyabun. Los miembros suelen tener tatuajes de elementos tradicionales de su cultura, como dragones, dioses o guerreros samurái. Esto simbolizaba originalmente un juramento que implica jamás volver a ser un integrante común de la sociedad y vivir en calidad de Yakuza por el resto de sus vidas. Tal vez su característica más peculiar es que nunca han sido ilegales, por más que enfrenten constantemente las leyes que son cada vez más restrictivas para sus actividades. Los sindicatos de la organización acogen algo llamado: derecho a libre asociación; que se encuentra dentro de la constitución. 

Francisco Tafur

Después de caminar por horas llegue al zoológico, Animal Kingdom Kobe. Realmente estoy en contra de los zoológicos porque me parece que cada animal debe estar en su hábitat y es un abuso que se mantengan en pequeñas simulaciones de su lugar natural. Aparte, un mundo donde solo puedas ver a estos animales en donde pertenecen les otorgaría la magia e imponencia que poseen. Obviamente, existen diferencias, si estoy de acuerdo con los centros de protección animal que se encargan de especies en peligro de extinción o de rehabilitación para ser regresados a su entorno.

Mis principios son ligeramente flexibles así que entré rápidamente solo para ver a la majestuosa ave conocida como Shoebill, proveniente de África. Había tres y son enormes. Tienen un plumaje azulado impresionante y un pico que ocupa la mitad de su cuerpo. Nunca había visto un animal tan extraño. Parece un dinosaurio. Me quedé observándolos por varios minutos. No se movían. Parecían de mentira. Después de verlos hacer movimientos sutiles me retiré. Regresé al hospedaje y me quedé dormido rápidamente por el agotamiento. Mi recomendación final es que no se queden en esta ciudad y la visiten desde Osaka para pasar el día y disfrutar de la exquisita carne. 

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Sol, frio y un parque japonés. La combinación perfecta para relajarte, tomarte una coca cola y admirar todo. Desde los árboles, piedras y mujeres que caminan por ahí. Obvio, siempre con respeto. Me quedé un rato frente a las ruinas del antiguo castillo de Hiroshima, destruido por la bomba atómica, y de pronto se llenó de niños. Todos con gorras del mismo color y el mismo uniforme. Jugaban sobre las bases que quedan del antiguo castillo. Fue la representación perfecta de prosperidad. Lo que una vez fue un completo desastre ahora es patio de contemplación y diversión para los niños. No es una falta de respeto.

La educación de este país tiene una calidad admirable y los niños pequeños solo dedican su tiempo al desarrollo de una personalidad propia e interiorizar principios morales necesarios para la convivencia. La mayor parte de su tiempo lo usan para jugar. El juego es algo desvalorizado en occidente, donde abruman a los pequeños con exámenes que no sirven para nada, cuando jugar en la infancia tiene una importancia fundamental. Al jugar uno aprende a ganar y a perder, ámbito totalmente imprescindible para desarrollar un carácter fuerte y positivo. Seguí caminando y me encontré con el nuevo castillo rodeado por canales y árboles de cerezo creando un ambiente atemporal. Todos los turistas se quedaban pasmados ante semejante belleza y todos sonreían o se sacaban fotos. Yo tuve que pedirle a alguien que me tome una. 

Francisco Tafur

Por solo 500 yenes, menos de 3 dólares, compras el ticket para acceder a la nueva estructura. Es un castillo moderno que honra al pasado, al ser una réplica exacta del antiguo que fue fundado incluso antes que la ciudad, a finales del siglo XVI. Cuenta con cinco pisos y cada uno explica distintos sucesos de su historia. Me di cuenta de que estaba sin físico porque llegué sudando a la cima.  Igual, en los viajes uno saca energía de donde puede. En los alrededores de la fortaleza hay tres árboles sagrados que sobrevivieron a la explosión y ahora son símbolos de fortaleza y superación. Al salir, me despedí con una reverencia como es costumbre acá y fui hacia la estación de tren con destino a Miyajima, pero antes disfruté de un Okonomiyaki. Este plato típico de Hiroshima consiste en una base de masa donde le ponen lo que tú quieras, la traducción literal del nombre es: cocinado a su gusto. Debo admitir que por miedo a que me dé una alergia no comí ostras, es casi un pecado ya que esta ciudad es la capital de este manjar. 

Luego de 30 minutos en metro, llegué a la estación de ferris que se dirigen a la isla de Miyajima. A bordo, en el transcurso de 10 minutos recordaba la primera vez que me subí a uno. Estaba con mi padre, en Brasil, por el mundial del 2014 y él insistió que esa isla, cuyo nombre no recuerdo, era un paraíso. Cuando llegamos estaba todo oscuro y la única impresión que tenía fue que en cualquier momento nos iban a robar. Claramente fue un error de mi padre y regresamos rápidamente después de una acelerada vuelta. Mientras te vas acercando a la isla, se logra visualizar la famosa puerta Otorii de color rojizo que aparenta estar flotando en el mar, es enorme. La verdad es que sus cimientos llegan hasta el piso y cuando la marea está baja se puede apreciar en su totalidad. 

Francisco Tafur 

Al llegar, sales de la estación, caminas unos pasos y te reciben decenas de venados sagrados que están tan acostumbrados a las personas que se acercan para jugar, ser acariciados y pedir comida. Son enormes, pero son tan dóciles que yo los veía como si fueran perros gigantes. Me quedé un rato jugando con ellos y me compré un teppanyaki de pulpo para comérmelo sentado en una banca. Fue un error, se me acercó uno de los venados y comenzó a mirar mi pulpo a la parrilla. No sabía si invitarle, tal vez le caía mal. Me lamió la cara, metió su hocico en mis bolsillos y hacia sonidos. Yo solo me mataba de risa. Lo acariciaba mientras le hablaba diciéndole que no le iba a dar mi pulpo. Me seguía a todos lados, así que compré un pepino y se lo di. Después de eso comimos juntos y me despedí de él con unas palmadas en la frente y lomo. Fue divertidísimo.

La isla, cuyo verdadero nombre es Itsukushima, ha sido venerada desde tiempos antiguos. Los arqueólogos han encontrado vestigios del año 500. El santuario del mismo nombre que la isla ha sido proclamado como patrimonio de la humanidad por la UNESCO, está construido sobre el mar y le rinde tributo a la deidad del océano. Suele ser adorado por pescadores, marineros y comerciantes. Al entrar se puede ver la puerta Otorii en su máximo esplendor. Caminas entre linternas de bronce y columnas, también rojizas. Todo parece estar en armonía con el paisaje. Este santuario se encuentra a pies de una cadena montañosa donde el pico más alto es el monte Misen de casi 600 metros. Todo lleno de árboles y miles de aves que cantan sobre uno. Parece que estás sumergido en las novelas de Osamu Dazai o de Ryunosuke Akuyagawa, famosos escritores japoneses que recomiendo bastante.

Francisco Tafur 

Al salir, por el otro extremo del santuario, encuentras unas escaleras, sí, más escaleras, mis piernas ya no daban más, pero encontré fuerza en mi alegría. Las escaleras se elevan hasta la cima del monte Misen y a mitad de camino está el templo Daisho-in, del año 806. Fue fundado por uno de los monjes más famosos de la historia japonesa llamado Kukai o Kobo-Daishi. Mientras subía arrastrándome, lleno de sudor, me crucé con una enorme campana, se les llama Furin o campanas de viento. Para mi suerte estaba permitido tocarla. Agarré una cuerda gruesa que estaba amarrada a un pedazo de tronco. Jalé la cuerda e impacté la campana con todas mis fuerzas, casi me quedo sordo, pero el sonido es peculiar, parece retumbar por toda la isla. 

Antes de llegar al templo, me desvié del camino para caminar por un jardín repleto de estatuas de Buda en piedra. De distintas formas y todas adornadas con gorros rojos. Estas son conocidas como estatuas Jizo y se les suele decorar con estos gorros y también baberos de este color. La razón es que en el folclore se considera que el rojo aleja a los demonios o yokais. También, se cree que espanta a las enfermedades. Se les considera guardianes de los niños y viajeros. Es por esto que en múltiples caminos a lo largo del país se encuentran estas figuras. Mientras caminaba por estos pequeños senderos regaban el jardín y parecía estar todo rodeado de niebla, le daba un toque místico que te atrapaba en el lugar por varios minutos. Retomé el camino y llegué al templo. Tomé de las fuentes de agua sagrada y, por si acaso, lancé unas monedas como ofrenda. No soy supersticioso, pero me compré un omamori, talismán de la suerte. 

Francisco Tafur

 

Después de varias horas en la isla, regresé a la estación de ferry para volver a Hiroshima. Me impresionó que salieron como 10 personas en las famosas motos deportivas, Kawasaki, reconocidas a nivel mundial. Existen distintos tipos de viajeros y los motociclistas son uno de ellos. Me encantaría hacerlo algún día, pero la única vez que manejé una casi me caigo, por suerte no pasó nada. Subí al ferri y miraba cómo la enorme puerta roja iba desapareciendo mientras el barco se alejaba. Me preguntaba si regresaría algún día o si esta sería la última vez que pise la isla sagrada. Una vez más, Japón, me sorprendió por su capacidad de hacerte creer que estas en una épica antigua. Es un territorio que contiene ese poder. La magia se entremezcla con la realidad y te invade de manera potente. Aprendes que hay mil mundos en uno solo y que conocerlos todos es imposible para una vida. Ya voy más de dos semanas aquí y la potencia del lugar hace que parezca que el tiempo vuela. Nunca había sentido mi espíritu viajero tan alimentado.

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japon, Miyajima, sagrado, santuarios, templos
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