Francisco Tafur

Kamakura: La ciudad santuario

"La culpa no ocupa un gran espacio en su forma de pensar. Imaginar cómo afecta ese ámbito en el paso de las generaciones. Su funcionamiento es distinto. El mundo occidental debería tomar eso como ejemplo y de esa manera dejar de perder el tiempo en tonterías como la obsesión que tenemos por otorgarle un juicio moral a todo. Es como si necesitáramos que algo esté bien o mal para que exista."

En el siglo XV un tsunami arrasó con la ciudad y el templo que contenía un enorme buda de 93 toneladas fue destruido. La gigantesca estatua sobrevivió y se mantiene ahora en la intemperie a la vista de todos. Imponente, frente a mí. prendí un incienso y lo coloqué frente al coloso de bronce conocido como Daibutsu. Las dos manos en forma de meditación superan en tamaño a cualquier ser humano. Te sientes pequeño y observado por unos ojos negros que parecen ver a través de ti. Me quedé un rato mirándolo fijamente y parecía cobrar vida. La sensación de volverte diminuto es bastante placentera. Cualquier problema desaparece y te camuflas dentro de una realidad infinita. Es una idea que se mantuvo constante en todo el viaje. Me atrevo a asegurar que un viaje a Japón implica un cambio definitivo.

Llegué a Yokohama esa mañana, donde la arquitectura parecía del futuro, abundaba la modernidad, pero orientada de manera distinta al resto de ciudades que estuve. Todo estaba más occidentalizado. Era como una ciudad europea, pero con una tecnología infinitamente superior. Aproveché mi último día del Japan Railpass, que sirve para moverte en cualquier tren con un solo pago, para viajar ida y vuelta hacia Kamakura. La ciudad está rodeada por montañas y una bahía. Al ser un fuerte natural, fue la capital del país durante el shogunato Kamakura entre 1185 y 1333. Este fue el primero de todos. El clan Minamoto estableció por primera vez a un shogun.

Francisco Tafur 

Después de rodear el templo abierto con el Buda de bronce caminé solo 20 minutos hasta llegar al templo budista Hase Dera. Toda la ciudad está repleta de santuarios y templos. Aproveché en comer un teppanyaki de carne y pulpo en un puesto justo afuera. Los lugares turísticos suelen estar rodeados por estos puestos sirviendo manjares.

El centro de peregrinaciones budistas se encuentra en la mitad del monte Kamakura. Fue construido a inicios del siglo VIII. Apenas entras te reciben árboles y piedras musgosas rodeando pequeñas lagunas y cataratas. Crecen plantas acuáticas en las fuentes de agua y te abres camino entre ellas. El lugar tiene dos niveles y mientras subes caminas rodeado de miles de estatuas jizo, representan a uno de los budas considerado una deidad protectora de los niños en el folklore japonés.  Fueron acumulándose de a pocos desde la segunda guerra mundial. Al llegar a la cima, puedes ver toda la bahía desde un mirador al costado del edificio principal.

Dentro del recinto principal, se encuentra una estatua de madera de Kannon, un monje que también es considerado un Buda. No es tan imponente como la de bronce que vi anteriormente, pero tiene una altura similar, esta tenía como 10 metros de alto. Ves a decenas de personas rezándole y no sabes bien dónde ver debido a que tiene 11 cabezas. Todo el templo está construido para venerar a esta figura. La leyenda cuenta que un monje hizo dos estatuas de un mismo árbol, una fue colocada en la ciudad de Nara y la otra fue soltada en el mar a la deriva hasta ser encontrada en las orillas de Kamakura.

Francisco Tafur 

Tal vez lo más impresionante de la ciudad es el santuario sintoísta Zeniarai Benzaiten Ugafuku por su extrañeza. Está un poco alejado de la zona más concurrida y la entrada es una cueva por la que tienes que pasar agachado y está antecedida por una puerta torii. Parece sacado de un videojuego o película de aventura. Al cruzar, llegas al santuario oculto en paredes de piedra altísimos. Todas las construcciones están irregulares en distintas alturas y mezclan elementos sintoístas con budistas. Es una fusión poco común. De hecho, el nombre se da por el sincretismo entre un espíritu sintoísta, Ugafukujin, y una diosa del budismo hindú, Benzaiten. 

En lo más profundo encuentras una grieta con una salida de agua subterránea. Había canastas de paja y la gente ponía billetes o monedas para luego enjuagarlas en el agua. Dudé al comienzo, pensaba que la plata se iba a deshacer. Pregunté y me dijeron que se secaba solo. recién ahí me enteré de que los billetes no están hechos de papel. Puse mil yenes y le chorreé agua encima. Supuestamente, al usar esa plata tus ingresos se verían multiplicados. Apenas salí me compré una coca cola. Todavía no me da suerte.

Francisco Tafur 

Es importante recalcar la diferencia entre sintoísmo y budismo. La primera es la religión nativa de Japón. Se le puede considerar un tipo de animismo y no tiene un dogma especifico, ni libro sagrado o algún rezo especifico. Enfatiza la relación del individuo con el mundo actual y en rituales, no piensan en una siguiente vida o fe. Adoran los procesos y objetos naturales: el sol o el monte Fuji son de los más importantes. El budismo tampoco tiene un dogma específico ni un enfoque teórico sobre textos religiosos. Este consiste en meditación diaria y, a través de ella, una experiencia de vida plena. 

En mi opinión la diferencia teológica entre este tipo de religiones y las monoteístas les ha permitido tener un desarrollo y mentalidad más progresista. La culpa no ocupa un gran espacio en su forma de pensar. Imaginar cómo afecta ese ámbito en el paso de las generaciones. Su funcionamiento es distinto. El mundo occidental debería tomar eso como ejemplo y de esa manera dejar de perder el tiempo en tonterías como la obsesión que tenemos por otorgarle un juicio moral a todo. Es como si necesitáramos que algo este bien o mal para que exista.

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