Francisco Tafur

Entre huaicos y terremotos

"Un día de sol en invierno. Mucho viento repentino. Lluvia un poco fuerte, sólo un poco más que la llovizna a la que estamos acostumbrados. Basta un poco de clima anómalo para sospechar que va a ocurrir un terremoto en cualquier momento."

Un día de sol en inverno. Mucho viento repentino. Lluvia un poco fuerte, sólo un poco más que la llovizna a la que estamos acostumbrados. Basta un poco de clima anómalo para sospechar que va a ocurrir un terremoto en cualquier momento. A pesar de que no tenga nada que ver una cosa con la otra, es verdad. Parte de la peligrosidad de un sismo es que no se puede predecir y debido a que nos encontramos sobre la convergencia de la placa de Nazca y la Continental suelen ocurrir. Es un miedo comunal y nunca falta quien cree que el siguiente va a ser catastrófico.  Yo comparto el temor. Si bien no vivo pensando en eso, sí me asustan. 

En el 2007, tenía 13 años cuando se dió el terremoto de Pisco. Me estaba alistando para mi clase de Karate y comenzó. Esperé unos segundos antes de salir disparado. Cuando me di cuenta de que estaba durando más de lo normal salí. Creo que me salté todas las escaleras porque llegué afuera en un segundo. Estábamos todos afuera, mi perro asustado a nuestro costado. Los vecinos también en la calle. No paraba. Las rejas temblaban y los carros parecían saltar. Las ventanas iban a explotar en cualquier momento. No podía creer cuánto estaba durando y lo peor era que había gente diciendo que todavía no comenzaba. Pensaba que si todavía faltaba se iba a caer la ciudad completa. Duró un poco más de tres minutos. Cuando se detuvo fuimos todos a la sala, cerca de la puerta, para esperar un rato. Hubo unas cuantas réplicas. Fue de 7.9 grados en Pisco. 

Francisco Tafur 

Al día siguiente todos hablábamos de eso en el colegio. Varios amigos me contaban que sus abuelas se tiraban al suelo para rezarle a dios, diciendo cosas como: Dios, ten piedad de nosotros. Eso me hubiera asustado más que el terremoto mismo. Mis padres y mi abuela me contaban del terremoto de 1974 que fue mucho más fuerte para los limeños porque el epicentro fue cerca de la ciudad y la magnitud fue mayor. Dicen que los árboles se tambaleaban como si fueran de plástico y que los vidrios sí reventaron. Da miedo pensar que eso puede ocurrir en cualquier momento y de magnitudes fuertísimas. Esta semana en Miami, donde estoy, hubo alertas de inundaciones por lluvias fuertes, pero se pueden prevenir. Te llegan mensajes de emergencia en el teléfono para avisarte. Lo mismo ocurre con los huracanes. A pesar de eso pueden ser letales. Yo que no estoy acostumbrado igual me asustaba con los truenos que parecen bombas y con el viento extremadamente fuerte. 

Todos hemos visto noticias sobre desastres naturales en los últimos años. A veces me pregunto si ahora son más frecuentes o simplemente hay más noticias. Los que más recuerdo fueron el terremoto en Chile el 2010 que tuvo una magnitud de 8.8; si ocurre eso en Lima, no quedaría nada en pie. En el 2004 los tsunamis que afectaron Indonesia, Tailandia, Malasia y más países de la zona fue terrible. En Perú, en teoría, también pueden ocurrir, pero nunca he escuchado. Y recientemente el terremoto en Turquía y Siria que arrasó con todo. 

En el 2017, viajé con un amigo a Tarapoto para hacer un trabajo en Chazuta, un pueblo a una hora de la ciudad. En el camino nos tuvimos que desviar porque una roca gigante había destruido la carretera. Felizmente no había nada alrededor porque se hubiera llevado lo que sea que esté delante. Había ocurrido durante los huaicos del mismo año. Los más cercano que vimos en Lima fue en Punta Hermosa. Un video se hizo famoso en todo el mundo donde una chica salía del huaico totalmente embarrada y herida. En ese viaje hicimos un tour hacia una catarata, pero no pudimos llegar debido a las fuertes lluvias. Nunca había estado tan asustado de caerme. Tengo miopía y un poco de astigmatismo así que no veo nada. La lluvia y el vapor empañaban mis lentes, no podía ver ni dónde pisaba. Fuimos irresponsables por ir en esa temporada. Estábamos caminando en un sendero angosto al costado de un acantilado, si te caías te ibas directo al río lleno de rocas. Lo peor es que cuando estábamos caminando se escuchó un trueno y le dijimos al guía, nos respondía que era un avión, lo quería matar. Puse la mano en el hombro de mi amigo y caminé casi ciego. Llegamos a bajar, pero el río había crecido y no podíamos cruzar. No nos importó y nadamos. Pusimos celulares y ropa en una bolsa y al agua. Después nos demoramos el doble en regresar por todo el barro y agua. Cortamos, cada uno, una rama y la usamos como bastón, si no hubiera sido imposible. Igual me caí como 5 veces. Fue divertido, pero pudo terminar mal. 

Francisco Tafur 

Espero no tener nunca una experiencia de un desastre natural fuerte. Ahora que ya conocí Japón donde todo está preparado para terremotos y tsunamis espero que en Perú tomen conciencia de lo que puede ocurrir. No seguir construyendo en lugares por donde pasan los huaicos y tener el equipamiento necesario para posibles daños de terremotos. No tener que esperar a que suceda una tragedia para recién pensar en qué hacer. 

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