Keiko Fujimori

A mí me parecía claro que el ascenso de Keiko Fujimori en las encuestas iba a frenarse y revertirse, y que los números de las estadísticas iban a retomar una ventaja, más o menos holgada, en favor de Pedro Castillo. Fueron varios los motivos de mi razonamiento:

El primero es que entendí la arrolladora campaña contra Castillo y en favor de Fujimori como una ofensiva militar que me recordó bastante la estrategia de las trincheras de la Primera Guerra Mundial. En ella, las ofensivas podían durar meses pero finalmente se agotaban y daban lugar a la contraofensiva del contrario. En realidad, se trataba de ataques bastante inútiles. Las trincheras demostraron ser, para la época, una tecnología defensiva casi inexpugnable. El atacante, en su despliegue, apenas lograba avanzar unos metros sobre el frente enemigo y luego debía soportar su contrataque.

En nuestro caso, se ha atacado tanto, y de manera tan artera y sistemática a Pedro Castillo, que ya no hay mucho más que agregar que no suene a perogrullada. A esto se suma el tufillo clasista de la embestida que, llegado a un punto, lo que está motivando es la solidaridad de importantes sectores de la población, principalmente D y E, con un hombre que, no lo olvidemos, es visto como representante de los sectores populares, como un maestro de escuela rural pública. Un meme muy difundido pregunta peyorativamente ¿le entregarías la educación de tu hijo a un hombre como Pedro Castillo?, lo que ignoran los autores y difusores de ese meme es que la mayoría de profesores y profesoras de nuestras escuelas rurales son como Pedro Castillo, o son Pedro Castillo, y es allí donde se manifiesta, una vez más, nuestro secular desentendimiento.

Por otro lado, el fin de semana pasado, la actuación de los candidatos me pareció clave para motivar un cambio en las tendencias electorales. Vi a Keiko Fujimori solitaria en Santa Mónica, como coqueteando con el futuro, y a Pedro Castillo, medio triunfal, atravesando las calles de la Victoria, en olor a multitud; y vi algo más: las masas que acompañan a Castillo son masas convencidas, militantes de un instante, de la situación, de su oposición ocasional a los poderes fácticos, pero militantes al fin y al cabo, y en tanto que tales poseedoras de la voluntad de convencer a sus pares con mejores argumentos que el terror a que el profesor Tacabambino se metamorfosee en Abimael Guzmán si llega a Palacio.

Asimismo, la presentación de los equipos técnicos debe estar, en estos momentos, jugando un rol importante en todos aquellos, que militantes de la primera fuerza política del Perú (el antifujimorismo), conservadoramente no se animaban a apoyar al profesor Castillo, al verlo rodeado de esos hombres de camisa blanca y cuello rojo, encabezados por el inefable Vladimir Cerrón. Pero ahora están Modesto Montoya, Anahí Durand, Avelino Guillén, Juan Pari, Pedro Francke, la sorprendente Dina Boluarte y otros técnicos de primer nivel. Se trata de un equipo en el que, además, la apuesta por la ciencia y la educación se destaca nítidamente.

Finalmente, ayer marchó y se activó el antifujimorismo, que es el factor que debía presentarse tarde o temprano. Las manifestaciones han sido multitudinarias y es posible que terminen por decantar a la juventud que sacó a Merino de Palacio, en favor del profesor del lapicito. De alguna manera, los espíritus de Inti y de Brian se unen a la causa y poco podrá hacer Keiko Fujimori, en el tiempo que le queda, para convencernos de lo que tendría que convencernos: de que no es Keiko Fujimori.

El Perú no es la caja de pandora, es aún más enigmático, pero así como van las cosas, la suerte parece estar tan echada como lo estuvo al día siguiente de la primera vuelta del 11 de abril, cuando nada nos hacía pensar que Pedro Castillo pudiese perderse en su ruta hacia Palacio de Gobierno. La ofensiva de los poderes fácticos ha sido demoledora, pero su poder destructivo ya no es el de hace unas semanas. Tras su devastador bombardeo, las fuerzas del profesor comienzan a avanzar de nuevo.

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Elecciones 2021, Keiko Fujimori, Pedro Castillo

Junto a Alba Ñaupas

Luego de la actuación aplastante de su mayoría parlamentaria, la nueva bancada de Fuerza Popular dice querer enmendar los errores del pasado. ¿Qué hace para lograrlo? Buscan los consejos de quienes les hicieron ganarse a pulso la etiqueta de obstruccionistas.

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Congreso, Elecciones 2021, Fuerza Popular, Keiko Fujimori

Todos los días, de lunes a viernes, Alexandra Ames, David Rivera y Paolo Benza discuten los temas más importantes del día por Debate. En nuestro episodio número 132: Castillo logra aterrizar al menos un documento. ¿Fujimori aprovechó Santa Mónica? Vientos de cambio en Chile. Y varios seleccionados endosan la K: ¿es político el fútbol?

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Chile, Elecciones 2021, Keiko Fujimori, Pedro Castillo

Usted ha señalado en un tuit que, “sin duda, la dupla Castillo-Cerrón es una amenaza a nuestra libertad” y que “no existe ningún partido marxista-leninista que haya respetado la democracia”. Yo le planteo lo siguiente: ¿alguno de los fujimorismos que hemos padecido, el de los 90 o el de la mototaxi congresal, ha respetado la democracia?

No. Pero la diferencia es la siguiente: durante el fujimorismo, tanto el del absolutismo parlamentario como el de la etapa Fujimori-Montesinos, había espacios para una libertad. Mínima. En un sistema totalitario, en donde un partido marxista-leninista tiene el poder, ni siquiera hay ese espacio. No lo digo solo sobre modelos que ya han caído, lo vemos ahora en los rezagos: Cuba y Corea del Norte. Pero también lo apreciamos en procesos latinoamericanos como el de Venezuela, que es el caso más grave, donde casi no hay espacios para la libertad en general. Eso es lo que está en juego.

 

¿Cree que un gobierno de Castillo sea lo suficientemente robusto para lograr cualquier aspiración autoritaria?

Sin ninguna duda. Porque, además, su aparato, la plataforma que lo ha llevado a esta situación electoral, es del señor Cerrón, que abiertamente proclama que su partido es de izquierda socialista, marxista, leninista y mariateguista. Le da un toque de sabor nacional, pero es una ideología absolutamente totalitaria.

 

¿No confía en que los contrapesos hagan su trabajo? ¿Desde el Congreso, desde la calle…?

Por el contrario. Yo hago la siguiente pregunta: ¿qué pasa, en la eventualidad no deseada de que gane el señor Castillo y nombre Comandante General del Ejército a un general abiertamente con simpatías velasquistas? ¿Qué es lo que va a pasar?

 

Podría haber un conflicto interno en el Ejército.

Ningún conflicto interno. Porque los suboficiales obedecen al Comandante General del Ejército. Eso no se da. Lanzar esa hipótesis es no conocer la realidad del Ejército. Eso que para muchos parece que no va a ocurrir, es una posibilidad. Y de otro lado, abiertamente, Castillo y Cerrón están diciendo que van a convocar a una Asamblea Constituyente. O sea, se van a deshacer del Congreso. El país está notificado. Creer que el Congreso va a ser un contrapeso es realmente ingenuo

 

Usted también ha dicho en RPP que, a diferencia de Castillo, Keiko no ha planteado propuestas golpistas. Pero revisando sus declaraciones, en setiembre del 2017, frente a la cuestión de confianza pedida por el gabinete Zavala, usted comentó: “Keiko Fujimori quiere dar un golpe de Estado”. ¿No es suficiente ese antecedente para usted? ¿No es esa una manifestación de lo que puede hacer el fujimorismo?

Bueno, yo no estoy diciendo que Keiko Fujimori, de la noche a la mañana, se ha convertido en una beata. No. Yo he sufrido en carne propia y conozco perfectamente al fujimorismo. El fujimorismo me ha querido meter preso a mí. Soy plenamente consciente de los riesgos que implica. Pero a diferencia del gobierno de su padre, la señora Fujimori sí ha dado esa batalla dentro de la democracia y, bueno, se ha sometido, mal que bien. Ahora, son contextos absolutamente diferentes. No es comparable la actual coyuntura con la que yo atravesé. Cuando fui ministro no era un riesgo inminente la captura del poder por una agrupación marxista-leninista, que es precisamente lo que me ha hecho variar de posición. Usted comprenderá que para mí no ha sido fácil adoptar esta posición. Pero está en riesgo la libertad del país. No es, como dicen algunos, que estamos defendiendo el modelo económico.

 

Durante la primera vuelta, usted señaló que “los Fujimori manejan su partido en base primero a sus intereses personales y familiares”. Me imagino que eso no ha cambiado.

Yo calculo que eso tendrá que cambiar. Porque la señora Fujimori también tiene que interpretar lo que ha sido la votación: en primera vuelta la mayoría de los peruanos no ha votado por ella ni por el señor Castillo. Eso es algo que tienen que tener en cuenta ambos. Como consecuencia de ello, confío en que lo que viene anunciando sea una realidad, porque en la eventualidad de que ella gane, tendrá que plantear un gobierno abierto, diferente a lo que fue el poder del fujimorismo tanto en el Ejecutivo como en el Parlamento.

 

Entiendo entonces que las dudas existen en el caso de la señora Fujimori. Pero, ¿cómo es que ahora la candidata de Fuerza Popular puede ser una invitada de lujo a un supuesto evento por la libertad y la democracia organizado por Vargas Llosa? Si hay tantas dudas, ese paso no se entiende.

Bueno, el término “invitada de lujo” es suyo. Ha sido invitada precisamente para que tenga un compromiso a nivel internacional. Que ese compromiso que le estamos exigiendo interiormente tenga la oportunidad de exponerlo a nivel internacional. 

 

¿Participa usted de la organización de ese evento?

Yo soy miembro de la Fundación Internacional de la Libertad, pero no participo en la organización.

 

Que haya un cóctel después del evento parece cachita.

Bueno, cada uno interpreta las cosas a su manera. Así como usted dice “invitada de lujo”, “cóctel”… En ese sentido, aprovechemos el espacio de libertad que tenemos en este momento [para decirlo], que no existirá en un eventual gobierno de Castillo y Cerrón donde se implantará la censura como ocurrió en la dictadura de Velasco.

 

Gustavo Gorriti escribió hace unas semanas un editorial sobre no regalar el voto. ¿No cree que se han apresurado en su apoyo a Keiko Fujimori? ¿No había que esperar un poco más para ver cómo se decantaba uno u otro lado?

Si hacemos una comparación, creo que el pronunciamiento de Mario Vargas Llosa fue un poco más tardío de cuando pidió el voto para Ollanta Humala, que fue al día siguiente de conocidos los resultados oficiales. Y es, calculo, por dos razones: porque el espacio que hay para hacer campaña en una segunda vuelta electoral es muy corto. En una recta final, revertir una tendencia es muy difícil. Y en segundo lugar, no hay que olvidar que Vargas Llosa ha sido comunista. Los conoce perfectamente desde que era estudiante universitario. Los ha enfrentado los últimos 50 años. Conoce cómo actúan cínicamente, cómo violan los principios democráticos. Porque es la misma técnica que usó Hugo Chávez. Ganó democráticamente las elecciones en Venezuela y dijo que iba a cumplir. Creo que Vargas Llosa no se ha equivocado.

 

¿Cuál es su opinión particular de la figura de Pedro Castillo?

Yo lo veo sumamente dúctil. Ha sido su forma de actuar en política. No tiene ningún reparo de hablar con extremistas, con el Movadef, con Cerrón, plantear el indulto a Antauro Humala. Es decir, el fin justifica los medios. Eso es Castillo. Y lo más grave: no tiene auténticas convicciones democráticas. Entonces, la noción básica de la democracia, de que la Constitución debe frenar el ejercicio del poder, no es algo que haya comprendido el señor Castillo. Por eso, en más de una oportunidad, he señalado que es necesario que tenga clases urgentes de derecho constitucional, porque en eso sí ha sido un mal alumno, por su desconocimiento de algo tan elemental como es el régimen constitucional.

 

¿Y Keiko Fujimori no necesita esas clases?

Bueno, Keiko Fujimori necesita esas clases también. Pero no tiene esas deficiencias o el conocimiento nulo de Castillo. Para no hablar de Cerrón, ciertamente. Porque Cerrón sería en este caso el alumno bandera de lo que significa el desconocimiento. 

 

¿Le cree a Keiko Fujimori cuando firma compromisos, como el que firmó el domingo pasado en Panorama?

No veo Panorama.

 

Bueno, le cuento entonces que firmó un compromiso…

No, sí lo leí. Creerle 100%, creerle ciegamente, fanáticamente, no. Pero frente a lo que tenemos al lado… En ellos [Castillo y Cerrón] simplemente no creo absolutamente nada. Keiko Fujimori va a tener un durísimo trabajo para generar credibilidad y construir confianza.

 

Ahora, Keiko sí tiene antecedentes de no cumplir con su palabra. El miércoles pasado en su programa, Rosa María Palacios detallaba punto por punto cómo Fujimori había vulnerado el acuerdo que firmó de cara a las elecciones del 2016. Básicamente eso nos asegura que va a mentir. ¿No coincide?

Vuelvo a lo mismo. Que le crea 100%, no. Pero ante Castillo y Cerrón, sin duda alguna, creo que más posibilidades de cumplir tiene Keiko Fujimori.

 

El día que manifestó su apoyo a Keiko Fujimori, usted dijo que la candidata lo llamó a agradecerle. ¿Conversaron algo más?

No suelo revelar conversaciones privadas.

 

¿No le ha soplado usted la idea del reparto del canon? Porque es una idea que usted ha lanzado antes.

El tema de que el canon minero, producto del esfuerzo de la inversión privada, genere bienestar no sólo a los empresarios sino a los trabajadores y a los pobladores de la zona de influencia de las minas, no es una novedad mía de esta campaña. Es algo que propugnamos desde la campaña presidencial de Mario Vargas Llosa. Mi propuesta no queda ahí: sino que, en el mediano y largo plazo, participen del accionariado de las empresas los trabajadores o cualquier peruano, como existe en un sistema de libre mercado. No en una lógica socialista, intervencionista, de Velasco. Lo que no planteamos es la captura política del poder, como sí lo quiere Castillo y Cerrón. Por eso se oponen a la asignación del canon minero, porque ellos tienen una concepción totalitaria del manejo del Estado. Ellos quieren las empresas del Estado para controlarlas políticamente, no para que la gente se beneficie económicamente.

 

Fujimori ha dicho que nombrará un gabinete no fujimorista, ¿usted se ve ahí?

No lo sé. Primero tiene que ganar las elecciones. Ella puede hacer propuestas.

 

Me refería si se imaginaba ser parte del gabinete de Keiko Fujimori, más allá de la apuesta que está haciendo por ella ahorita.

Yo estoy haciendo una apuesta no por Keiko Fujimori, estoy actuando en base a principios, defendiendo la libertad de mi país. Este no es un voto a favor de Keiko Fujimori, ni estoy pidiendo el apoyo político a Keiko ni a Fuerza Popular. No me he convertido de la noche a la mañana en un fujimorista fanático. Yo no voy a decir, pues, que el señor Becerril o la señora Martha Chávez son personas que admiro. No. Caer en esa caricaturización forma parte del juego de los adversarios en este momento. O de aquellos que antes me apoyaban y hoy me atacan, o de aquellos medios que antes me daban tribuna y hoy me silencian. Así es este proceso. Lo que yo creo es que en este momento nos debe animar la defensa de la libertad.

 

¿Con eso de los medios que le daban tribuna antes y que ahora lo silencian se refiere a La República?

Eso lo dejo para que lo interprete usted.

 

¿Qué cree que pasará el próximo 6 de junio?

Yo he aprendido en política a no especular. Lo que sí deseo es que el país no cometa el suicidio de elegir democráticamente a un presidente que no cree en la democracia, que ha instaurado un camino golpista para instaurar una Asamblea Constituyente y perpetuarse en el poder acompañado de un partido marxista, leninista, mariateguista, como Perú Libre.

 

¿Haría un pronóstico de lo que se viene en los próximos cinco años?

Estos cinco años de confrontación política entre el Ejecutivo y el Legislativo, de inestabilidad, que además se ha dado en una crisis inimaginable para el mundo desde el punto de vista sanitario, económico… Que vayamos otros cinco años a continuar con este enfrentamiento, ciertamente sería tener una vocación suicida.

 

Para terminar, señor Cateriano: ¿se está tragando muchos sapos?

La política también consiste en saber tragar sapos. No es la primera vez que lo hago. Ahora: vaya sapo que me he tragado, ¿no?

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Elecciones 2021, Keiko Fujimori, Pedro Castillo, Pedro Cateriano

Por Alba Ñaupas y Paolo Benza

“Si votas en blanco, votas en rojo” es una de las frases que ha circulado por Facebook apoyando la candidatura de Keiko Fujimori. Al menos 27 anuncios similares fueron pagados por la agencia de publicidad Algoritmo, de acuerdo a la biblioteca de anuncios de Facebook. Esta misma empresa ha sido seleccionada por la ONPE como parte del plan de medios de la franja electoral, un mecanismo a través del cual los partidos políticos compran espacios publicitarios con fondos públicos.

 

Son tres las empresas postoras que ofrecen espacio en redes sociales: Radio Onda Sideral, Ozono Networks y Algoritmo. Perú Libre, quizá sin saber de los anuncios naranjas de la empresa, eligió solo a esta última. El monto: S/60 mil que le da la ONPE.

Fuerza Popular, por su lado, ha apostado por no tener presencia en redes sociales con dinero del Estado. No tiene porqué. El fujimorismo ya tiene aliados en ese espacio, la mayoría ‘anónimos’, que han impulsado las iniciativas “Por mi familia” y “Unidos por un Perú mejor”.

Uno de los financistas de la campaña “Por mi familia” es justamente Algoritmo, una empresa fundada en 2013 cuya razón social es Go Digital Perú S.A.C. La página, creada el 29 de abril pasado, promueve el voto a favor de Fujimori, a quien califican como el “mal menor”. En unos videos publicados el 10 y 11 de mayo, se puede ver a la bailarina Vania Masías asegurando que no es “pro Keiko” y que, aunque le va a costar, va a marcar la K “por mi familia, porque no quiero que pasen por lo que ya pasamos”.

En otro de los videos pagados por Go Digital y difundidos el pasado 7 de mayo, aparecen figuras conocidas como Inés Melchor y Renzo Reggiardo hablando sobre no perder lo que ya ganaron, en alusión al comunismo, y “no votar con odio, sino por el Perú”. 

No todos los videos publicados asociados a esta campaña fueron pagados por Algoritmo. Según el medio Ojo Público, la semana pasada Facebook eliminó tres anuncios virales en contra de Pedro Castillo −publicados en la página “Por mi familia”− porque no identificaron al financista detrás de la propaganda política.

Como explica Facebook en su biblioteca de anuncios, estas publicaciones pagadas se pusieron en circulación “sin un descargo de responsabilidad”, es decir, no se advirtió quién las había financiado. Una vez publicadas, se determinó que cada una de ellas “era un anuncio sobre temas sociales, elecciones o política, y que requerían la etiqueta [de propaganda política], así que lo quitamos”.

Los videos que no se eliminaron fueron los de Algoritmo, precisamente porque en ese caso sí se identificó que esta empresa fue la que pagó la pauta publicitaria a favor de Keiko Fujimori.

 

¿Confidencialidad?

Consultados por el financiamiento de los anuncios pro fujimoristas, Algoritmo respondió que ellos solo son “una agencia de compra de medios digitales”, que sirven como intermediarios y que la campaña “Por mi familia” no fue financiada por ellos, sino por un cliente, “el cual debemos mantener en confidencialidad por nuestras políticas internas”.

Iván Lanegra, secretario general de Transparencia, explica que las empresas están prohibidas de hacer aportes a las campañas electorales. Ante el argumento de que esta publicidad fue financiada por un tercero, Lanegra agrega que sería importante que la ONPE intervenga para conocer quién financió estos anuncios, tal como sucedió con el caso de los carteles de “No al comunismo”, por un tema de transparencia.

Hasta el cierre de esta edición, no recibimos respuesta de parte de la agencia de publicidad Algoritmo a la pregunta explícita de quién es el cliente que habría financiado los videos.

Aunque la ONPE es responsable de asegurar la neutralidad y transparencia en el proceso electoral, Benito Portocarrero, jefe de prensa del organismo estatal, nos respondió que “no habría ningún impedimento legal” para financiar particularmente la campaña publicitaria de un candidato y, al mismo tiempo, ser el encargado por la ONPE de la campaña del competidor.

 

Fotoportada: Leyla López

 

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Elecciones 2021, Keiko Fujimori, ONPE

El simulacro de votación de Datum arroja un 44% para Castillo y un 41% para Keiko, en la práctica un empate técnico, pero la encuesta de intención de voto es más reveladora porque nos permite comparar las tendencias con las anteriores mediciones de la misma encuestadora.

Y allí Castillo tiene 42% y Keiko 40%. Se acorta a 2 puntos la diferencia que en la medición anterior estaba en 5 puntos. Los múltiples errores de Castillo están haciéndole perder votos y, sobre todo, haciendo que los indecisos terminen sumándose al bando keikista (cae de 12% a 7% el “No sabe”).

Según la encuesta de Datum, donde más sube Castillo es en mujeres (+5), entre 45 y 54 años (+6), Lima (+6), Centro (+6) y sector C (+8). Keiko, en cambio, crece más en jóvenes entre 18 y 24 años (+6), de 55 a 70 años (+5), se dispara en el norte (+11), en el A/B (+8) y en el crucial sector E (+8).

Si las tendencias se mantienen es dable pronosticar un triunfo ajustado de Keiko. Cuenta con la ventaja de tener un equipo y una estrategia afinada, a diferencia de su contendor, que en esta semana ha dado un espectáculo superlativo de improvisación.

Castillo no solo no tiene un plan de marketing electoral sino que en términos de sus equipos técnicos ha armado un despelote descomunal, con grupos en disputa por adueñarse del programa, en un desenlace final que parece confirmará la línea radical cerronista, alguito atenuada por los técnicos de Juntos por el Perú, pero no tanto como para hablar de un Castillo con el polo blanco.

Ese Castillo radical, improvisado y soberbio, le va a costar la campaña. Va a ocurrir, según todo lo hace prever, lo mismo que en Ecuador, donde el candidato de la derecha ganó sobre todo por los gruesos yerros cometidos por el candidato correísta.

Se vienen tres semanas decisivas, donde el papel más crucial podrá jugarlo el desempeño de ambos en los dos debates ya acordados. Lo más probable es que allí se defina la elección. Keiko cuenta a su favor con una masa crítica centroderechista que debiera, al final, inclinarse por ella, pero todo hace suponer que igual va a ser una definición de fotografía que va a depender de quién cometa la menor cantidad de errores.

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Datum, Elecciones 2021, Keiko Fujimori

Si gana Keiko Fujimori, como todo lo hace prever, y no realiza un gobierno extraordinario, la derecha se podrá ir despidiendo por una buena cantidad de años de la posibilidad de acceder nuevamente al poder.

Un gobierno superlativo de derecha implica no solo efectuar un shock de inversiones privadas, un golpe capitalista a la vena, que saque al país de la recesión y lo lleve a tasas de crecimiento capaces de reducir la pobreza y las desigualdades de modo significativo.

Eso no basta. Lo que mejor lo demuestra es el gobierno de García, que tuvo eso, pero por no emprender ninguna sola reforma, le dejó el camino servido a un izquierdista como Ollanta Humala en el 2011.

Junto al shock capitalista mencionado deberá desplegarse una batería moderna y eficaz de programas sociales, capaces de aliviar rápidamente la pobreza generada por la pandemia y compensar la tragedia vivida por los peruanos más indefensos.

Implicará, además, reemprender una reforma del Estado, que incluye una reingeniería de sectores públicos básicos, como salud, educación y seguridad interna. Una salud que no ofenda a los millones de peruanos que acuden a ella y son tratados como ciudadanos de quinta categoría, como ilegales dentro de su propio país. La salud pública en el Perú genera disidencias y antisistemas.

Que continúe la reforma educativa, en el sentido de otorgarle infraestructura y apoyo logístico suficiente para que se convierta en herramienta de equidad y no de mayor diferencia social. Y una política agresiva de lucha contra la delincuencia, que a quienes más afecta es a los más pobres del país.

Si Keiko no hace todo ello en el lapso de cinco años, el 2026 seguramente veremos a Mario Vargas Llosa apoyando a una Indira Huillca para evitar que triunfe una opción ultrarradical como la de Antauro Humala.

El modelo necesita cambios con urgencia. Nos hemos pasado los 21 años de la transición democrática perdiendo el tiempo, sin hacer las reformas pertinentes. Y si bien también son corresponsables políticos originalmente de izquierda, como Ollanta Humala, claramente lo que ha salido perdiendo a ojos de la ciudadanía es el modelo estrenado en los 90, frente al que la gente de a pie muestra legítima insatisfacción e irritación. Si mañana vota por Keiko, será la última ocasión de la derecha para hacer lo que corresponde hacer si quiere mantener al país en la senda de las libertades económicas y políticas.

 

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Derecha, Elecciones 2021, Keiko Fujimori

Recientemente los dueños del Grupo El Comercio decidieron, por mayoría, renovar la dirección periodística de su brazo televisivo en busca de una cobertura más dura contra Pedro Castillo. El ala de la familia Miró Quesada que tomó esta decisión tiene entre sus principales temores un cambio radical en el modelo de libre mercado. Un modelo que redujo en 38,5 puntos porcentuales la incidencia de pobreza del país en los 16 últimos años. 

 

Sin embargo, el negocio de impresiones del grupo El Comercio −que en el 2019 facturó S/73,8 millones− no tiene un historial de cumplimiento de las reglas que deberían regir en un mercado que, por libre y competitivo, sirve al ciudadano. 

La Comisión de Defensa de la Libre Competencia del Indecopi (CLC) acaba de sancionar, el pasado 5 de mayo y en primera instancia, a la Empresa Editora El Comercio y a su subordinada Amauta Impresiones Comerciales. La infracción: coordinar y pactar ilegalmente con sus principales competidores y así repartirse las licitaciones de textos escolares lanzadas por el Ministerio de Educación. Las otras tres integrantes del cartel fueron Metrocolor, Navarrete y Quad Graphics.

La figura es semejante al reparto de licitaciones que efectuaron las compañías del Club de la Construcción, entre las que está Graña y Montero. 

Esta ilícita repartija ocurrió entre el 2009 y el 2016, durante gestiones ministeriales apristas y nacionalistas (desde la de José Antonio Chang hasta la de Jaime Saavedra). Nadie la tuvo en el radar hasta que El Comercio mismo decidió acogerse a la delación y pidió clemencia al Indecopi. Hoy, el conglomerado periodístico esgrime una defensa reputacional que busca capitalizar aquella veloz movida. Pero las razones que da son −cuando menos− cuestionables.

 

Manos invisibles

Aunque todavía queda un camino de apelación administrativa, las pruebas están al canto. A la resolución de la CLC le precede una gruesa recopilación de archivos, correos, cruces con documentos públicos y, especialmente, el testimonio de personas que aceptan lo que hicieron. Sudaca revisó el documento, difícilmente reversible en sus conclusiones esenciales en el tribunal de segunda instancia. 

El Comercio, Metrocolor, Navarrete y la estadounidense Quad Graphics eran cuatro de las cinco principales empresas de un mercado en el que no todos tienen la capacidad operativa para atender contratos gordos rápidamente. Aunque la industria peruana de la impresión recibe la mayoría de sus ingresos del sector privado, la tajada del negocio que representa el sector público no es nada despreciable. 

Según la investigación del Indecopi, las ventas al Estado de los miembros del cartel representaron, según cada empresa, entre el 14% y el 43% de sus ingresos totales en el período en que se coludieron. El Minedu y sus unidades ejecutoras licitaron en esos años más de S/850 millones en impresión de materiales. Más de 6 millones de alumnos acuden a la escuela pública en el Perú.

Si no es solo retórica, el modelo que defienden los dueños del grupo El Comercio presupone esta hipótesis: la libre competencia es buena porque obliga a bajar los precios, lo que se traduce en productos más baratos para el ciudadano y hace que las empresas busquen ser más eficientes para mantenerse en el mercado. Así, cuando un grupo de empresas compite por ganar una licitación pública, el monto que pagará el Estado tendría que tirar hacia abajo jalado por una mano invisible.

El problema ocurre cuando no hay verdadera competencia. Entonces el Estado desembolsa más dinero del que debería, de nuestros impuestos, mientras un grupo de empresas renuncia al esfuerzo de mantenerse a flote por sus méritos comerciales. La CLC calcula que el “beneficio extraordinario” que el cartel de las imprentas le quiso sacar al Estado −es decir, lo que esperaban ganar como miembros del pacto− suma más de S/55 millones. Solo en el caso de El Comercio, la cifra es de S/12,3 millones. El incentivo para operar ilícitamente no fue pequeño. 

El beneficio extraordinario que la CLC calcula que los miembros del cartel de las imprentas apostaron ganar durante toda su operación. Gráfico: Leyla López.

 

Indiscutible cartel

Hasta enero del 2014, El Comercio ofrecía sus servicios de impresión directamente, a través de su Gerencia Comercial de Impresiones. En febrero de ese año, dicha unidad fue absorbida junto a un bloque patrimonial por Amauta, pero esta nueva razón social quedó bajo el control de la misma oficina del grupo que controlaba a su predecesora: la Gerencia de Servicios Empresariales. Por encima de esta, solo está la gerencia general. Para el Indecopi, “Amauta y El Comercio son consideradas como un solo agente económico” respecto a la conducta ilícita sancionada.

El negocio de impresión de los Miró Quesada no tiene nada que ver con el despacho de sus periódicos, sino con venderle a clientes −públicos y privados− desde libros hasta fascículos publicitarios. Y los directivos del grupo tuvieron durante muchos años a un hombre fuerte encargado de eso: Renzo Mariátegui Bosse

Mariátegui Bosse fue gerente de Servicios Empresariales de El Comercio (o tuvo un cargo equivalente) durante todo el periodo en el que esta empresa se repartió las licitaciones del Minedu. Nieto de José Carlos Mariátegui, Renzo heredó de su familia la inclinación por el negocio de imprimir masivamente. En los años 20, su tío abuelo Julio César fundó junto al abuelo José Carlos la imprenta y editorial Minerva. Allí se editaron los 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana y una revista con un nombre recurrente: Amauta.

Renzo Mariátegui también es hermano del periodista Aldo Mariátegui, quien por lo demás no tiene otra vinculación con este caso.

Renzo Mariátegui Bosse, ex hombre fuerte del negocio de imprentas de El Comercio. Foto: Facebook.

La investigación del Indecopi está plagada de evidencia contra la que no hay mucho que refutar. Aquí dos ejemplos. “Renzo me acaban de llamar y quieren ir por inicial […] Hace 1 hora me dijo que sí y ahora dicen que no y que van por inicial y nos dejan Mat[emáticas] y Leng[uaje]”, le comunica a Mariátegui uno de sus entonces subordinados, Javier Wong, en febrero del 2010. Este correo se refiere a desavenencias momentáneas con Quad Graphics en la repartija de una licitación. 

Otro ejemplo. “Llama por favor a Perico [ejecutivo de Quad Graphics] y dile que no fue lo acordado conmigo!!!”, se queja Mariátegui en un correo de octubre del 2009 con otro subordinado. Su molestia responde a que la empresa estadounidense parecía incumplir un trato que él consideraba ya cerrado.  

Y sus subordinados también coordinaban sus propias fechorías entre ellos. “Hablé con Carlos [Ramos, de Metrocolor] va a suyo y al mío con 2175000 para pasar piola […] todos no tenemos idea de q hará Navarrete no contesta a nadie”, le advierte Brigitte Portocarrero a Guillermo Stanbury en diciembre del 2013. Ella era ejecutiva de ventas de El Comercio y él, gerente comercial de impresiones. En el organigrama, ambos están por debajo de Mariátegui. 

Todos los correos recopilados por el Indecopi fueron cruzados con las actas de los procesos de selección y las declaraciones de los involucrados. Las pruebas resultan irrefutables. En su declaración ante la Secretaría Técnica de la CLC, el 24 de junio del 2019, Mariátegui reconoció haber sido partícipe de la colusión. Otros exfuncionarios de El Comercio hicieron lo mismo.

¿Cómo operó el cartel? Dividiéndose la adjudicación de ‘ítems’ −los libros de Matemática o de Lenguaje, por ejemplo− en base a dos patrones. El primero, el de “autoeliminación”:  cuando las empresas a las que no les tocaba ganar presentaban propuestas no competitivas para quedar fuera. El segundo, el de “equivalencia”: implicaba que los montos repartidos debían ser equitativos entre las partes. 

Todo era coordinado mediante reuniones de los altos ejecutivos de las firmas en hoteles como El Golf los Incas y El Polo, o en restaurantes como el Café Arango. 

Según la resolución de la CLC, el cartel de las imprentas intentó adjudicarse la licitación de 87 ‘ítems’, con éxito en 63. Todo esto como parte de 20 proceso de licitación del Minedu y uno del INEI. Además de las cuatro empresas y Renzo Mariátegui, la Comisión ha sancionado a otros siete directivos de aquellas: Guillermo Stanbury, Javier Wong, Brigitte Portocarrero, Pedro Isasi, Emilio Presentación, Carlos Ramos y Juan José Monteverde. 

Las multas para las compañías calculadas en primera instancia superan los S/46 millones (10.460 UIT). Solo la de Amauta-El Comercio −la más alta luego de un ajuste por ingresos− fue estimada en más de S/20,5 millones. 

Tras los últimos años de operación del cartel de las imprentas, la facturación de Amauta al Estado cayó. Sin embargo, se recuperó durante el gobierno de Martín Vizcarra. Gráfico: Leyla López.

 

Si delaté, ¿soy inocente?

Pese a haber cometido sistemáticamente la infracción por la que ha sido sancionado, el Grupo El Comercio no tendrá que pagar la multa que se le ha impuesto. La razón: es el delator del grupo. En un Hecho de Importancia enviado a la Superintendencia del Mercado de Valores (SMV), El Comercio hizo público que era parte de un proceso sancionador por las prácticas anticompetitivas del cartel de las imprentas. 

En esa comunicación −cuyo correlato fue publicado en su web de noticias− El Comercio resalta que fue gracias a su delación que se pudo develar el esquema del que era parte. En comunicación con Sudaca, el actual gerente general del grupo, Mariano Nejamkis, alega algo similar. “Desde entonces hemos colaborado de manera proactiva con la autoridad. Además, ambas empresas [incluye a Amauta] reforzaron su ambiente de control y el programa de compliance”, agrega. Y no se olvida de dejar claro su “compromiso con el mercado”. 

Efectivamente, la investigación del Indecopi contra el cartel de las imprentas no se habría iniciado sin la alerta lanzada por El Comercio. La versión oficial del grupo es que, en setiembre del 2017, detectaron que sus directivos y empleados del negocio de impresiones podían estar incurriendo en una práctica anticompetitiva. Luego iniciaron una “pericia forense que confirmó” la infracción, por lo que fueron a denunciarla ante el Indecopi. 

Renzo Mariátegui dejó la Gerencia de Servicios Empresariales en octubre del 2017. 

Dos especialistas en derecho de la competencia que pidieron la reserva de su identidad por temor a represalias mediáticas aseguraron que la versión de El Comercio no es del todo verosímil por varias razones. La primera es que muy difícilmente los altos mandos de una empresa no están enterados, durante tanto tiempo, de la estrategia comercial de una de sus unidades.

Además de gerente de línea en el grupo y hombre de confianza para el negocio de impresión, Mariátegui ha sido director de varias empresas de los Miró Quesada relacionadas al rubro. En un reporte a la SMV del 2014, por ejemplo, aparece como miembro de los directorios de Dataimágenes S.A.C. y Zetta Comunicadores del Perú S.A.C.

“En cuanto al segundo factor, vinculado con responsabilidad dentro de la empresa, el señor Renzo Mariátegui señaló que él ocupó un cargo de gerente de segunda línea y que solo cumplía órdenes. […] Durante todo este periodo, la Gerencia de Servicios Empresariales, en la que el señor Renzo Mariátegui se desempeñó, dependió de la Gerencia General de El Comercio”, asegura el punto 415 de la resolución de Indecopi. 

César Pardo Figueroa fue el gerente general de El Comercio por largos 20 años, entre diciembre de 1996 y febrero del 2017, lo que incluye a todo el periodo de colusión. Su figura dentro del grupo −como uno de los primeros gerentes que no pertenecía a la familia− tuvo un peso gravitante. 

“La presencia de Pardo Figueroa ha sido clave para las acciones emprendidas por el grupo El Comercio en las últimas dos décadas. Fue el periodo en el que el conglomerado mediático creció más −tanto en nuevos negocios como en lo que se refiere a sus ganancias”, escribió hace cuatro años en su blog José Alejandro Godoy, autor de “El Comercio y la política peruana del siglo XXI”.

“En rojo para Pardo Figueroa se encuentra el apoyo que dio, junto a algunos accionistas y algunos periodistas de El Comercio, a Keiko Fujimori en la campaña presidencial del 2011”, agrega Godoy, quien ha descrito al exhombre fuerte del grupo como una “bisagra” y con un rol activo en esa campaña. 

Pardo Figueroa no es nombrado en el proceso por las licitaciones con el Minedu, pero sí en la sanción espejo que la CLC emitió en el contra El Comercio-Amauta −entre otros− por haber hecho algo parecido con sus clientes privados. La comisión concluyó en el 2020 que la empresa participó también de una repartija de clientes del mercado privado junto a Quad Graphics, y señala a Pardo Figueroa como uno de los responsables. 

En noviembre del 2011, por ejemplo, este le envió un correo a Mariátegui consultándole si unos clientes ya estaban ‘separados’. “Favor ver si tienes algún conflicto con estos clientes”, le preguntó. A lo que Renzo respondió: “César, solo tendríamos conflicto con 4 clientes: Maestro, Metro, Boticas Arcángel y Supermercados Peruanos. Con el resto no habría problema”. Indecopi cotejó que esas cuatro empresas fueron atendidas exclusivamente por Quad Graphics. 

El propio Pardo Figueroa, hombre fuerte de todo el grupo, aceptó su participación en la repartija de empresas privadas. La CLC asegura que, aún si no hubiera tenido participación activa en la infracción, la conocía y “no ejecutó ninguna acción para detenerla”. Mariátegui alegó que Pardo Figueroa “era el que delineaba la política de acuerdos [colusorios]”. 

Sudaca buscó los descargos de Renzo Mariátegui por distintos canales, incluidas sus redes sociales, sin éxito. 

 

Clemencia y desfachatez

La figura de la ‘clemencia’ en los procesos administrativos ante Indecopi es similar a la de la ‘colaboración eficaz’ en el fuero penal. Es decir, la de un infractor que acepta su culpa y delata a sus cómplices para ganarse un beneficio: una pena menos grave. Es a lo que ha apelado El Comercio en este caso. Sin embargo, ello no lo exime de responsabilidad ni del golpe reputacional. 

Según una fuente consultada por Sudaca, la naturaleza misma de los programas de clemencia implica que su existencia impulse a alguno de los cómplices de un cartel a acusar al resto por miedo a ser traicionados primero. No solo por otra de las compañías concertadas, sino por funcionarios de su propia organización. Por ejemplo: un gerente que, ante el fastidio de ser removido de la compañía o al estar peleado con esta, pueda dar la voz de alerta.

La multa que fue calculada para Amauta-El Comercio por repartirse clientes privados fue de más de S/61 millones. Y aunque tampoco tenía que pagarla completa, porque ese proceso también se abrió a partir de sus delaciones, el conglomerado periodístico la apeló, sin éxito en segunda instancia. Fuentes expertas explican que esto se debería a que ese monto podría servir como base para que las empresas afectadas reclamen una indemnización fuera de la vía administrativa. Reducirlo es clave si no se quiere asumir ninguna responsabilidad 

“Ambas empresas [Amauta y El Comercio] asumirán las consecuencias que correspondan”, asegura Nejamkis a Sudaca. Sin embargo, dado que el Minedu también podría buscar una reparación, queda por ver si no apelarán la resolución del cartel de las imprentas, versión sector público. 

O si, en cambio, el grupo que ha decidido defender el modelo de libre mercado para afuera, pero que no lo pudo respetar hacia adentro, apelará con algún argumento similar al que esgrimió en primera instancia: que el monto de su multa −de la que igual estaba exonerado− debía ser menor porque parte de los beneficios ilícitos habían sido destinados a pagar el IGV y el Impuesto a la Renta. Habrase visto tamaña conchudez. 

 

*El autor de esta nota fue reportero de Política del diario El Comercio hasta hace 11 meses.

Fotoportada: Leyla López.

 

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